Ichimatsu aun seguía impresionado con las palabras escritas en el espejo, hasta que una voz lo asustó:
-¡¿Quién anda ahí?! – Su madre había despertado con el sonido seco, producto de la caída de Karamatsu.
-¡Soy yo! – Logró responder con un poco de desesperación, mientras limpiaba el espejo con agua y papel. Sentía los pasos aproximándose.
-¡Ichimatsu! ¡Casi le das un ataque cardiaco a tu madre! ¡Vete a dormir! – Sin entrar al baño, Matsuyo se alejó para el alivio del cuarto hijo.
Luego de arrastrar a Karamatsu (de nuevo) a la cama, limpiarle el dentífrico de los dedos y arroparlo sin ningún problema, el matsu de purpura se durmió con una palabra resonante en la mente.
"Gimi".
Al día siguiente, Ichimatsu nuevamente se debatió en contarle lo vivido la noche anterior a su hermano. Tenía que regresar al ciber café a buscar información, recordó en algún lugar de su búsqueda anterior había leído que en algunos casos, era mejor ahorrarse la angustia de decirle a la persona afectada que había hecho su personalidad.
Pero en realidad esa criatura… Gimi… No había hecho nada malo, solo le dijo su nombre. Confirmando el hecho que sí era una personalidad inteligente… O al menos razonable hasta cierto punto.
¿Por qué Gimi? ¿Cómo había elegido ese nombre?
Bueno, no se molestaría en averiguar eso ahora.
Esa mañana Karamatsu evadió el desayuno. Estaba solo en el cuarto, por lo que Ichimatsu aprovechó para desayunar antes y adelantarse.
Hablando en voz baja, le comentó lo sucedido.
-Espera, ¿dijiste "Gimi" o "Gimme"? – Preguntó su hermano mayor mientras ambos se vestían.
-Gi y Mi. - Le respondió, – Lo escribió con kanjis… ¿Qué es Gimme?
-Es como "dámelo", pero en ingles. Aunque se pronuncia un poco diferente.
¿"Dárselo"? ¿Acaso la personalidad quería algo?
Ichimatsu no pudo pensar más respecto a eso, porque el resto de sus hermanos habían ingresado a la habitación.
Durante el resto de la mañana, cada uno de los hermanos la pasaba a su manera en la casa.
Cuando se acercó la hora de almorzar, Karamatsu ya se preparaba listo para fingir un dolor de estomago y tener una excusa para no comer. Cuando entonces Ichimatsu le dio una idea.
-¡Mommy! – Llamó el de azul. – Ichimatsu y yo iremos a dar una vuelta. Volveremos en unas horas.
-Pero ya casi esta el almuerzo… – Les respondió asomándose por la cocina.
-Sí, pero tenemos algo que hacer…
-¿Algo que hacer? ¿Ichimatsu y tú? – Se metió a la conversación Osomatsu, quien había bajado de las escaleras. - ¿A dónde van?
-A un lugar que no te interesa. – Le respondió cortantemente el de purpura.
-¡Ahora sí me interesa! Iré con ustedes.
"Oh, no". Pensaron ambos hermanos. Pero el apoyo de su madre a que fueran los 3, hicieron que lo aceptaran.
Para decepción del mayor de todos, habían llegado a un cibercafé.
-¿Esto era lo que tenían que hacer? ¿Navegar en internet? Creí que era algo más divertido.
-Puedes irte si gustas. – Le contestó de mala gana Ichimatsu.
-No, ya estoy aquí. Además ya sé como quitarle el control parental a este lugar – E ingresó al sitio con una sonrisa.
Karamatsu solo quería saltearse el almuerzo, fue idea de Ichimatsu quien quería seguir buscando lo de las personalidades. Lo único que se dispuso a hacer en ese caso, fue buscar más información sobre los ghouls, lo que sea. Blogs, noticias, incluso la página oficial de los Doves.
Había pasado casi 2 semanas desde que comió aquella vez en el bosquecillo, y no tenía hambre aun. Quería saber todo del tema para ver si se podía sustituir de alguna manera su alimentación.
El de purpura seguía con su investigación, pero él sí tenía hambre (y recordando que también servían comida en el lugar) pidió unos sándwiches con un refresco.
Había hallado algo interesante: era verdad que existían las personalidades con características animalescas, encontró una página de un doctor americano que documentaba la diversidad de las personalidades, entre ellas, mencionaba una paciente de 40 años, madre de dos hijos, que teniendo el trastorno de personalidad múltiple, había desarrollado una de ellas un comportamiento salvaje, llegando a orinar sobre su familia para "marcarlos" y actuar de manera primitiva.
"Qué bueno que Kusomatsu no es de esos". Pensó al imaginar que hubiera pasado si encontraba al de azul orinándosele encima. Le daría un buen golpe, sea ghoul o no.
Lo que el texto terminaba es que el doctor no pudo determinar exactamente qué animal estaba comportándose similar, mencionaba que parecía una ardilla, a veces un perro, otras veces un gato. Pero al final, son muy pocos los casos así.
El de rojo estaba (desvergonzadamente) en un cubículo privado, visitando a sus novias regulares. También lo atacaron sus necesidades primarias y pidió lo mismo que su hermano menor, a excepción que pidió más servilletas extras.
No había necesidad de explicar que estaba haciendo…
Luego de un par de horas, los 3 salieron del local hacia casa.
La tarde trascurrió tranquila, la noche también. Durante la cena, Karamatsu hizo su performance planeado y pudo salirse con la suya.
Cuando todos los hermanos se acostaron a dormir, Ichimatsu pensaba en atar a su hermano de pies a cabeza para que no huyera. La primera vez que se despertó y descubrió que Karamatsu había desaparecido, se asustó mucho.
Pero no podía controlar a Gimi, solo bastaba que la otra personalidad entendiera que debe quedarse en casa.
El cuarto hijo despertó en la noche. Cuando notó que la ventana estaba abierta (se supone que debería estar cerrada). Volteo a su lado y encontró un espacio vacío…
"Gimi…"
Se levantó con cuidado y subió al tejado.
Ya estaba empezando a idear un patrón: Cuando Karamatsu duerme, Gimi despierta, pero no por mucho tiempo.
Y cuando subió, ahí estaba, sentado como la última vez que estuvo en el tejado.
Entonces, Ichimatsu notó algo: Karamatsu (o Gimi), tenía algo entre sus brazos.
Cuando se asomó lo suficiente, vio el gatito naranja con lentes. La criatura (que no era Karamatsu) estaba acariciándolo con su cabeza.
Ichimatsu no pensó que le haría nada malo, después de todo, el gato estaba ronroneando con los cariños del mitad-ghoul.
-Gimi… - Dijo el menor aproximándose a su lado.
El nombrado se dio vuelta y le clavó una mirada curiosa. Notó además que no tenía su ojo cambiado, estaba normal como un humano. El menor comprobó que si respondía a ese nombre, pero no pudo articular otra palabra. Luego de unos segundos de silencio, Gimi siguió acariciando al gato.
Ichimatsu esbozó una ligera sonrisa, al final sí podría convivir con esta personalidad, después de todo, alguien que es amigo de los gatos no debe ser un peligro…
-¿Qué están haciendo? – La voz perturbó a Ichimatsu. Cuando se dio cuenta que Jyushimatsu se aproximaba a ellos, ya estaba poniéndose nervioso. – Te vi salir de la cama, Ichimatsu-niisan… ¿Eh?
El quinto hermano había puesto una expresión de duda (aun con su sonrisa) al fijarse en Karamatsu, quien aun le daba la espalda. Había notado algo diferente en él, pero no sabía qué.
Gimi seguía ocupado con la mascota, y no le dio importancia al humano con olor a madera y tierra mojada que sintió aproximarse. Realmente le gustaba esa cosita peluda.
-¿Karamatsu-niisan? – Preguntó aproximándose hacia el mayor.
Ichimatsu no sabía qué era capaz Gimi con sus otros hermanos. Había aceptado que tenía un trato especial con él, pero dudaba completamente de sus cabales hacia los otros.
Cuando el matsu de amarillo se aproximó lo suficiente, Gimi soltó al gato (que se alejó un poco), y para sorpresa de todos los presentes (y el tremendo susto de Ichimatsu en especifico), se dio vuelta rápido y se lanzó hacia Jyushimatsu, tirándolo hacia al suelo del tejado.
El de purpura se levantó exaltado, con mucho terror de que éste lo haya atacado, pero cuando estaba a punto de agarrar a esa cosa de su pijama y arrojarlo a la calle si fuera necesario, se dio cuenta que había ocultado su rostro en el estomago de Jyushimatsu, mientras se aferraba a él con fuerza.
El quinto hermano pareció entender la situación en un instante.
-¡Ya entendí! ¡Karamatsu-niisan tuvo una pesadilla! – Dijo correspondiendo el abrazo y acariciando al de azul en su cabeza. – Por eso es que lo sentía extraño.
Ichimatsu se relajó un poco al ver que Gimi solo se acomodaba mejor sobre el regazo del de amarillo mientras éste se sentaba.
Por uno momento, le dirigió una mirada a Ichimatsu, que no pudo descifrar que quería decirle.
Pero en estos casos, agradecía el cuarto hermano que esa personalidad no hablara.
Luego de eso, Gimi cerró los ojos dejándose llevar por los cariños del sonriente hermano.
"Ahora sí parece realmente un gato…" Pensó ante la situación.
Jyushimatsu seguía acariciando a su hermano, hasta unos minutos después, cuando se dio cuenta que estaba durmiendo.
Antes que pudiera decir algo ante el silencio de ambos hermanos despiertos, Karamatsu abrió los ojos lentamente.
-¿Qué…? – Pudo decir mientras se levantaba y veia a sus hermanos menores ante él.
-Karamatsu-niisan ¿Ya te sientes mejor?
Ante la expresión de duda del mencionado, Ichimatsu se adelantó.
-Vayámonos a dormir ahora, está haciendo frio. – Acto seguido, tiró de Jyushimatsu para llevarlo hacia la escalera. Se volteó un segundo para darle una seña con la cabeza al de azul, quien comprendió y los siguió detrás.
Estaba con dudas de lo que había pasado. Era obvio que "Gimi" había salido, pero no sabía como había terminado despertando en las piernas de su hermano menor.
Aun así, pudo cerrar los ojos y descansar.
Sin embargo, la verdadera pesadilla fue cuando Karamatsu se fue a dormir minutos después.
Karamatsu soñó que estaba en una especie de botecito de madera en el mar. Se sentía extrañado, mas aun cuando se dio cuenta que estaba desnudo.
Se asomó por la borda y contempló el mar, era hermoso.
El sol caía lentamente por el horizonte tiñendo el agua de colores cálidos.
El segundo hijo metió una mano en el agua, para descubrir con desagrado que estaba espesa. Arrugó el entrecejo (más de lo habitual) y retiró la mano, para ver con horror como se había manchado de un rojo brillante familiar…
Se alejó con asco al notar que los colores cálidos que antes había visto (como rojo y naranja) se convertían en un rojo carmesí fuerte.
Estaba asustándose, más aun cuando las olas, tranquilas y relajadas de antes, se hicieron más y más fuerte.
Se sostuvo como pudo, pero era difícil.
El apacible sol se apagó, y en su lugar rondaba una luz brillante como la luna. Las aguas escarlatas se hicieron más y más oscuras.
Después de unas barridas en contra de su bote, por fin cayó, adentrándose en una oscuridad rojiza y tenebrosa.
Karamatsu despertó sobresaltado, mucho antes que sus hermanos. El sol apenas se asomaba por la ventana.
Entonces sintió ese sonido inaudible pero reconocible, que solo significaba una cosa: Tenía hambre de nuevo.
Para su ¿suerte? Hoy es sábado, hoy vería a las chicas ghouls, y ellas le compartirían su comida. Solo rezaba que hoy no sería el día que le enseñarían a "cazar". No estaba listo para eso.
"¿Y algún día lo estaré? Pensó al recordar las palabras de Osoko, quien le aseguraba que tarde o temprano, tendría que matar a un humano para alimentarse.
Estaría genial conseguir alimento a costa de esa familia, pero no podía vivir así, sería como estar aprovechándose de ellas. Tenía que meter el tema de que no quería lastimar a alguien, quizás comprenderían lo cruel que seria que alguien que fue un humano no podría matar a otro. Está bien, intentaría hablar de eso cuando vea la oportunidad.
Mientras tanto, se preparaba para irse. Eran casi las 10 am, solo tenía caminar unas pocas calles para llegar al punto de encuentro y ser recogido por Osoko. Aun no confiaban en él para ir directamente a su casa, aunque Karamatsu tenía una idea de donde podría estar ubicada.
Pensó cuidadosamente que ponerse. Quería llevarse bien con las chicas, especialmente con Ichiko, quien le pareció que había empezado su relación con el pie izquierdo. Quizás dio una mala impresión aparecer con un pijamas esa noche, pero lo compensaría con su perfect fashion.
Cuando Hattori vio a Karamatsu salir de su hogar con unos pantalones brillantes y ajustados, su típica chaqueta de cuero con una calavera, una camisa blanca, su cinturón con una hebilla grande (también de calavera), y esos lentes oscuros, no pudo evitar mirar hacia otro lado con dolor y suspirar:
-La juventud de hoy en día…
Los Doves Hattori y Takagi estaban en un auto estacionado, con vidrios polarizados cerca de la casa de los Matsuno.
-¿Por qué usa eso? – Preguntó el mayor pasándose los dedos por los parpados.
-Es la nueva tendencia de Estados Unidos. – Le contestó el menor siguiendo con la mirada a Karamatsu. – Ropas llamativas y calaveras.
-Oh. – Dijo con una sorpresa fingida - No sabía que tenías un gusto por la moda extranjera. – No lo sabía, pero la verdad es que no le importaba.
-Bueno, me gusta mucho ese estilo… - Confesó el inspector Takagi al sentir un poco de envidia por Karamatsu, él si podía vestir lo que quisiera y no ese aburrido traje blanco que lo obligaban a usar todo el día, todos los días.
Hattori levantó una ceja un poco consternado, él no entendía de modas, ni le interesaba, pero le pareció algo gracioso en su compañero.
Ambos inspectores habían investigado con detenimiento cada pista, cada evidencia y cada huella del caso de la suicida. Pero con frustración (más que todo de parte de Hattori), no habían llegado a nada concreto.
Cuando ya había terminado de leer el archivo del caso por 23° vez en su escritorio y contemplaba la idea de investigar al sextillizo que le había llamado la atención antes, llegó la alerta del ataque de un ghoul… Y esta vez, si era un ataque genuino.
Se lo dejaron a otros inspectores de la sede, pero eso no evitó que Hattori interviniera para verificar si el ghoul de ese caso estaría relacionado con el suyo. Esta clase de actividad de parte de estas criaturas en esa ciudad era anormal (según sus compañeros).
Con las evidencias de ambos casos, se comprobó (gracias a los moldes de dentadura hechos a partir de las mordidas en los huesos de ambas víctimas) que era dos ghouls diferentes. El más reciente tenía incluso una prueba de ADN y huellas. Pero nada más, ni testigos, ni videos de vigilancia, nada que pudieran conducirlo a ese monstruo.
De nuevo una decepción para el Dove veterano, porque al demostrar que los casos no estaba relacionados ya no había nada que hacer ahí. Pero al menos pudo disfrutar un poco la emoción de un ghoul nuevo para destripar a penas vea la ocasión.
Sin nada que los condujera al caso de la suicida, Hattori decidió ir ese sábado a la mañana a ver qué hacia la familia Matsuno, obviamente desde lejos. Aun no estaba seguro de querer entablar una conversación inútil.
Además, estaba usando su tiempo libre en realidad, técnicamente no estaba trabajando. Pero si mencionaba en la sede que quería investigar un posible sospechoso, habría mucho papeleo que hacer, muchos trámites y sellos… Para Hattori, era más fácil vigilar y atraparlos en la masa.
Aunque era su primer día de vigilancia, ya se esperaba que no pasara nada.
Takagi insistió en acompañarlo, por un lado para entablar una buena relación de compañeros y por el otro para vigilarlo que no cometa alguna locura. Su jefe le había llamado en privado para advertirle que si Hattori tenía alguna actitud "peculiar", que se lo informara.
El inspector novato no entendía por qué tanto secreto ante Hattori, era raro, de acuerdo, pero le molestaba no saber qué pasaba en la sede respecto a su persona.
-¿Vas a seguirlo? – Preguntó curioso cuando Karamatsu ya estaba cruzando la calle.
-Hoy no, me interesa más el de purpura. – Le contestó acomodándose la corbata mientras miraba por la ventana. – Mañana quizás.
-¿Harás esto todos los días? – Le preguntó un poco sorprendido, ¿en serio vigilaría a todos sextillos y sus padres incluyendo el fin de semana?
-No tengo nada que hacer. – Dijo desinteresadamente - ¿Y tú?
-Bueno... – Takagi no quería decir que tampoco tenía nada que hacer, pero no le apetecía estar más de 14 horas en un auto todos los días con su poco sociable compañero. – No es que tenga algo que hacer… Pero… Seguramente te aburrirías mucho si estas solo, ¿verdad? – Dijo con una sonrisa comprensiva.
-No realmente… Pienso mejor cuando estoy solo. – Aun no apartaba la vista de la ventana del auto.
-Oh… - No sabía si eso significaba quería que se fuera, pero no se iría. El Dove novato no abandonaría a su compañero. Además, si tenía razón después de todo, necesitaba aprender de él todo lo que pudiera.
Sin nada más que decir, ambos hombres se consumieron en un silencio que duró hasta el almuerzo, luego un intento de conversación de parte de Takagi (que fue en vano porque Hattori era cortante y silencioso), y hasta la noche cuando vieron las luces apagarse de la casa y cada uno fue a su hogar para repetir lo mismo a la mañana siguiente.
Karamatsu llegaba al centro comercial, no se había tardado casi nada.
A pesar de la cantidad de gente que había, pudo divisar a Osoko por ese delicioso aroma a fresas cerca de la fuente del centro, tenía puesto una blusa a rayas rojizas y bordó, y unos jeans simples. Estaba sentada en una banca con una botella de agua en mano.
Cuando ella posó su mirada en Karamatsu, hizo un movimiento para mirar hacia otro lado como si de pronto le doliera algo. Para Karamatsu, esa fue una reacción positiva, seguramente la había "deslumbrado".
Se aceró lo suficiente y Osoko aun se rehusaba a verlo a los ojos, miraba hacia el suelo con un poco de temblor.
-¡Osoko-san! – Exclamó acercándose rápidamente. La nombrada saltó un poco de su asiento.
-¡Llámame solo Osoko por favor! Me hace sentir vieja cuando le agregas el "-san"… - Karamatsu asintió, recordó que Osoko tenía 26 años, era algunos años mayor y creía que tenía que llamarla con respeto. Le hacía sentir un poco más confiado al permitir que la llamara por su nombre en general. - Este… Karamatsu-kun… - Dijo tratando de sonar respetuosa. - ¿Por qué llevas puesto esa ropa?
-¿No te gusta? – El de azul hizo una pose sacándose los lentes y mirando hacia un punto vacio con resplandor (que Osoko ignoró).
-Escucha. – Finalmente lo miró. – Creo que no entendiste, la idea es ir a casa sin llamar la atención… Y lo estás haciendo…
Karamatsu sabía que podía llamar la atención con sus atuendos (por eso los llevaba), pero creo que para la mujer de castaño "llamar la atención" tenía otro significado.
Hubo un momento de silencio incomodo hasta que Osoko se levantó de la banca de golpe.
-Ya es tarde para mis ojos, pero puedo salvar los de mis hermanas... – Dijo más para ella que para Karamatsu.
Agarró sin avisar la mano del de azul y lo arrastró a una tienda de ropa.
El segundo matsu había entendido que no debía llamar la atención en esos casos. No debía distraer a nadie con sus "encantos sobresalientes".
Aunque sí se había apenado de que Osoko le comprara ropa nueva, pero ella solo decía que no había problema, "ahorras mucho dinero cuando no gastas en comida".
Le había dejado conservar su chaqueta de cuero porque sí combinaba al menos con un pantalón de mezclilla café y una camiseta de algodón azul francia. Los lentes los tenía guardados en el bolsillo, el resto en una bolsa de la tienda.
Ambos subieron al auto blanco y fueron hasta parar enfrente de la casa que se leía "Matsuno" en la entrada.
No se había fijado mucho la última vez que estuvo ahí, pero ahora notaba que era una casa amplia, más grande que la suya, con dos pisos y una arquitectónica diferente a las casas japonesas.
-Te dije que se ahorra mucho si no compras comida humana. – Le dijo mientras bajaban del auto. – Esta casa la compramos a un buen precio, la hizo un arquitecto americano, quizás por eso se ve diferente.
-Se ve preciosa. – Le dijo sonriendo, Osoko solo le devolvió la sonrisa y caminaron hacia la puerta.
Antes de entrar, Karamatsu sintió un molestia en su estomago, recordando algo importante.
-Osoko... – Dijo respetosamente. - Crees que antes de practicar de nuevo con los sándwiches, puedas… ¿darme algo para comer? – Dijo un poco nervioso.
La de fresas aguardó un poco antes de contestar:
-Por supuesto, pero entonces tendremos que practicar a la tarde. Seria molesto que después de comer, tengas ganas de vomitar o nauseas… Vamos, comeremos todos. – Abrió la puerta e ingresaron.
Pasaron por el recibidor y llegaron a la sala, donde estaban Jyushiko y Todoko viendo la televisión, Choroko leía un libro en uno de los sofás.
-¡Oigan! – Llamó Osoko – Pongan la mesa, comeremos ahora.
Las tres presentes saludaron a Karamatsu y se movieron inmediatamente.
-¿Por qué hoy? – Preguntó Todoko, quien usaba un vestido rosa simple de tiras. Sacaba los cubiertos.
-A mi no me molesta. – Se unió Jyushiko quien tenía un apretado short de algodón y una blusa sin mangas, Karamatsu se hizo el desentendido para mirar hacia otro lado. – Siempre espero este día cada semana. – Dijo sonriendo al poner el mantel.
-Karamatsu. – Le llamó Choroko, solo tenía una playera blanca que le quedaba algo grande y una falda verde. - Normalmente comemos los domingos, una vez a la semana. – Le informó al dirigirse a la cocina. – Osoko, Ichiko trajo estos recién. – Karamatsu vio como la de verde levantaba una bolsa grande de supermercado con un contenido rojizo. Sintió un vacio en el estomago.
-Comamos esos, están más frescos. – Le contestó acomodándose en la cabecera de la mesa.
El de azul ya no estaba seguro de poder hacer eso. ¿Acaso esa carne era de un humano que habían asesinado hace poco? "Asesinar" sonaba cruel… Y Karamatsu sabía que lo hacían para sobrevivir, no lo hacían realmente por maldad…
¿Pero si esa persona tenía una familia? Una que lo esperaría en vano, porque ese hombre o mujer que estaban desempacando en la cocina nunca volvería a casa…
Era difícil…
Pero solo tenía que recordar cómo se había sentido antes cuando pasó hambre… hambre de carne humana… Fue muy horrible… Entonces creía que podía llevar esto. Al menos no era una persona servida en la mesa…
Choroko silbó a sus hermanas menores y uno por uno, iban trayendo de la cocina un plato con un filete rojo y crudo, aun rebosado en sangre. Karamatsu se impresionó con el tamaño de la carne. ¿Cuánto sería? ¿Alrededor de medio kilo? Incluso vio que en otros platos había filetes más pequeños pero agrupados para que todos los platos tengan más o menos la misma cantidad.
Cuando todos los platos fueron servidos, Osoko llamó al de azul y le indicó que se sentara a su lado.
El olor lo estaba traicionando, ahora sentía incluso más hambre que antes. No le importaba que la carne estuviera cruda, podía fingir que era de ternera o buey.
-¡Ichiko! – Llamó Jyushiko desde las escaleras - ¡Vamos a comer! – Dicho esto, se fue corriendo a sentarse a lado de Karamatsu. Le dedicó una sonrisa risueña que hizo que el de azul se sonrojara un poco.
Tenía que admitirlo, estar rodeado de mujeres hermosas era acogedor… Lástima que el hecho de que fueran ghouls o de que el hambre lo estaba devorando desde adentro no lo dejaba disfrutarlo del todo.
Todos ya estaban listos para comer, pero nadie había empezado aun,
La del aroma a girasoles, ya se le notaba su ansiedad, tanto, que Karamatsu vio como sus ojos se empezaban a tornar rojos.
-Contrólate Jyushiko – Le dijo Osoko mirando el pedazo de carne enfrente suyo.
-Pero tengo hambreeeee... – Dijo encaprichándose.
En ese momento bajaba Ichiko, quien tenía una camiseta de mangas largas negro con unos pantalones cortos. No se sorprendió al ver a Karamatsu, después de todo, ya pudo sentirlo desde el momento que entró a la casa. Solo le dedicó una mirada dura unos instantes.
Caminó en silencio, sin saludar hasta su asiento, la cabecera opuesta a Osoko, con Todoko y Jyushiko en cada lado.
-Bueno, ya pueden comer. – Sentenció la mayor del lugar. E inmediatamente, los cubiertos empezaron a sonar.
Karamatsu veia como todas habían adquirido su rostro de ghoul: pupilas rojas y venas oscuras naciéndoles desde los ojos.
Osoko y Choroko comían lentamente, cortando la carne con los cubiertos y llevándosela delicadamente a su boca.
Todoko también comía con los cubiertos, pero parecía que le costaba de alguna manera, porque era visible el ligero temblor de sus manos, haciendo que se le manchara las mejillas y alrededor de la boca con la sangre. Cuando la de rosa notó la mirada de Karamatsu sobre ella y le sonrió tiernamente con esos salpicones rojos.
Jyushiko también temblaba al comer, pero no tuvo paciencia como su hermana menor, soltó los cubiertos y agarró con su mano un filete fino.
Ichiko en cambio miraba la carne sin tocarla aun. Tenía una mirada perdida y triste.
-Oh, ¡Jyushiko! – Llamó Osoko. – ¿No puedes mantener los modales con un invitado presente? – Le cuestionó al verla comer con las manos.
-Perdona… - Dijo sin apenarse realmente. – Pero sabes que me cuesta controlarme cuando tengo carne tan fresca cerca… - La del aroma a girasoles también tenía el rostro manchado de sangre.
-¿Pasa algo Karamatsu? – Le preguntó Choroko cuando vio que su porción seguía intacta.
-Quizás le moleste que lo miren cuando come… - Sugirió Jyushiko aun masticando su alimento.
-SI quieres puedo llevarte a otra habitación. – Le dijo Osoko con una voz comprensiva.
-No. – Contestó velozmente. – Estoy bien, es solo que…
"¿Qué? ¿Qué pasa Karamatsu?" Se preguntó internamente, tenía hambre, tenía su comida enfrente, pero de alguna manera le costaba agarrar si quiera los cubiertos.
Su mayor temor era que Gimi saliera si se llegara a alimentar, como había pasado la última vez. Había decidido en el camino no contarles a las chicas sobre su otra personalidad, no quería darles una mala impresión, ya era suficiente con ser lo que sea que era ahora.
Cuando posó la mano sobre el tenedor, se dio cuenta que temblaba un poco, se sentía con mucha agua en la boca y con todas las miradas sobre él, se le hacía más difícil.
-Solo cómelo como lo hizo Jyushiko. – Soltó inesperadamente Ichiko, quien ya había salido de su letargo para agarrar su filete y devorarlo como su hermana de amarrillo.
Nadie comentó más y siguieron en lo suyo.
Karamatsu agarró con un poco de desesperación la carne, como si se le llegara a escapar, y con el ojo izquierdo volviéndose rojo y las líneas características negruzcas, siendo esta vez Karamatsu y no Gimi, comió con mucho placer el alimento ofrecido, mordida a mordida.
