HOLA! Primero que todo... SIENTO LA DEMORA! fue mas fuerte que yo.. de verdad lo lamento, pero para que me disculpen les traigo el FINAL de Invasores, en un capitulo XL como el anterior.

desde ya les digo q este cap esta algo empalagoso...o tal vez ante tanta accion de los capis anteriores, este se me hizo como mas romanticon Xd... puede ser no? El punto es que este capitulo en cuanto a suspenso y accion es muy distinto al anterior... aun asi espero que les guste como el termino de una historia

Les cuento que aqui respondo algunas interrogantes del capitulo anterior, por ejemplo: ¿Ciomo rayos Fergus logro domar a esos Skullions feroces? que rayos! el tipo era encantador de dragones (al mas puro estilo del encantador de perros? XD) bueno...lo sabremos en este cap. Tambien aqui explico algunas tradiciones vikingas sobre funerales y vemos que fue de los muertos, de los enemigos apresados, de Fergus (su cadaver) etc. Hay hartas explicaciones para que no queden con ninguna duda.

Esta vez, he decidido hacer todos los saludos antes el cap, asi al final, solo me dedico a darles mis opiniones sobre este... tons, aqui voy:

analuchera: querida, como siempre la primera. Gracias por todo tu apoyo a lo largo de esta historia y tambien las pasadas. Aprovecho de decirte q en este cap respondo por lo menos una de las preguntas que me planteaste en tu review.

Renton-torston: ¡X mi que Camicazi tambien muera en un rincon!¡YAY! XD... jeje..me emocione. Gracias por tu comentario ^^

belen flama bn ready: gracias querida, x tu comentario. Te adelanto que si pretendo seguir escribiendo.

saililove-chan: querida, fuiste la unica que manifesto su pena por Fergus XD..pero tienes razón...el muy desgraciado a pesar de todo se lo tenia bien merecido. Gracias por tu review ^^

alecandace: jeje, gracias...en este cap veremos que sera de Hipo y Astrid, espero q te guste.

Ragna Ferguson: X supuesto que lo segui! era mi deber y compromiso con todos ustedes como lectores...ademas, ademas de escribir yo tmb leo y muero de la pena (y rabia) cada vez que un autor no termina su obra. Si...y a ambas nos cae pesimo Camicazi...XD

Johnunoxx: en cuanto al NAdder...ni yo lo esperaba..pero como comente en el cap anterior, me llegaron tantos comentarios manifestando tristeza por ese hecho, que a mi tmb me termino dando pena, por lo que busque a Shenlong y le pedi de favor que me lo trajese de vuelta XD.

fanatico z: no tienes idea la cantidad de carcajadas (no risas, CARCAJADAS) que me saco tu comentario...en serio, fue epico! y bueno, aqui esta el final. No es tan emocionante como el anterior, pero da pie para que todos se hagan alguna impresion de lo que será la continuacion...xq pretendo continuarlo (cuando? ese es otro asunto)

Y a todos ustedes, mis lectores ninjas, muchos cariños y sludos tambien. Gracias por hacer subir el contador de visitas ^^ y por darle una oportunidad a esta historia que llega a su fin con este capitulo.

Sin mas que decir...

A LEER!


Capítulo VII

Había pasado ya una semana desde la muerte de Fergus. En cuanto el vikingo líder de la revuelta murió, la invasión se dio por terminada… pero eso no quiso decir que ya todos podían descansar. A la mañana siguiente de la gran batalla se vieron los daños provocados por la pelea. Casas medio quemadas o destruidas completamente, el muelle enteramente caído, la arena de formación destrozada, entre muchas otras cosas más. A eso había que agregarle la gran cantidad de caídos en batalla. Tristemente, producto de los cañones de fuego traídos por los invasores, muchos dragones murieron, sin mencionar la cantidad de vikingos heridos y muertos por los Skullions, de los cuales la gran mayoría habían sido apresados para ser entrenados posteriormente. Una de las grandes incógnitas para Hipo, y muchos otros, era como Fergus y sus hombres habían logrado domar a esos feroces dragones.

- Al parecer era una especie de droga – dijo Patapez luego de revisar exhaustivamente muchos de los cadáveres de los invasores, que estaban siendo amontonados en un gran y hondo agujero en lo profundo de la isla, para luego quemarlos y sepultar sus cenizas.

- ¿Una droga para los dragones? – pregunto Patán sin comprender nada, mientras seguía lanzando cuerpos al agujero.

- Seguramente, porque si no, no tiene sentido – interrumpió Brutacio.

Hipo, que también estaba presente, les hizo callar con un gesto, para dejar a Patapez continuar con su explicación.

- Realmente no – siguió Patapez – Era para humanos. Algo me dice que es alguna sustancia que se hacía con la propia esencia del Skullion y le daba la capacidad a quien la usara de hacerse… casi como un líder para ellos. Prueba de eso es la capacidad con la que Fergus los pudo mandar ese día en la arena de entrenamiento.

Hipo, Patan y Brutacio asintieron sorprendidos ante las declaraciones de Patapez.

- En otras palabras, lo que se echaron encima era excremento de dragón – finalizo el robusto vikingo.

De inmediato Patán y Brutacio, con gestos de asco y repudio, soltaron los cuerpos que llevaban.

- ¡QUE ASCO!¡Podrías habérnoslo dicho antes! – exclamo Patán sumamente molesto.

- ¡Tengo mierda de dragón en mis manos! – exclamo Brutacio limpiándose frenéticamente las manos en su ropa.

- No se quejen y continúen – mandó Hipo que estaba cerca de ellos.

- Eso dices porque no tienes mierda de dragón en tus manos – murmuro Patán resentido tomando nuevamente un cuerpo en sus manos para llevarlo al agujero.

Hipo le ignoro. Más interesado estaba en la información de Patapez. Ciertamente lo que aquellos hombres lograron fue muy inteligente, pero a la vez peligroso. Sin duda, una gran revelación.

- ¿Y cómo siguen los dragones heridos? – pregunto Patapez, sacando a Hipo de sus pensamientos.

- Están todos sanando muy bien –contestó Hipo con alegría – incluso el pequeño Ogg y el Nadder de Astrid, que estaban muy mal heridos.

- Es bueno escuchar eso – contestó Patapez.

Luego de la batalla, además de las reconstrucciones, había que encargarse de los heridos, tanto vikingos como dragones. De estos últimos, Bocón se estaba encargando. El viejo vikingo estaba haciendo una gran labor. En una semana y con ungüentos especiales, preparados por Patapez, ya tenía regenerándose las alas rotas del pequeño Ogg. En cuanto al Nadder de Astrid, también se estaba recuperando satisfactoriamente.

Por otra parte, en cuanto a los invasores, Hipo se enteró que no eran venidos todos del sur, sino que tan solo eran piratas del mar y saqueadores con los que Fergus tenía contactos y los convenció de atacar Berk, con el compromiso de dejarles un lugar estable para vivir y realizar todo tipo de fechorías, y por supuesto, debía enviar dragones cautivos hacia los bandidos del continente para seguir atemorizando allí a las personas. Pero la determinación del pueblo de Berk trunco todos sus planes.

Y ahora gran parte de los invasores estaban siendo amontonados en un gran agujero… ¿estaría Fergus también ahí? Se preguntó el chico mentalmente luego de meditarlo por algunos segundos.

- ¿Patapez? – llamó Hipo – Tú… sabes si… bueno si..

- ¿Si el cuerpo de Fergus está aquí? – terminó Patapez por él. Hipo asintió.

- ¡Si, aquí está! – intervino Brutacio – ¡y las vísceras se le salían del estómago! – exclamó como si fuera lo más genial del mundo. Hipo refreno un gran impulso de golpearlo y a la vez de vomitar.

- Por supuesto que si me lo hubieran dejado a mí, yo lo habría dejado en peores condiciones – se jactó Patán, sacando inmediatas carcajadas de Brutacio - ¡¿Que?!

Hipo negó con la cabeza y volvió su atención a Patapez, para continuar con su charla.

- ¿Astrid ha venido por aquí? – preguntó. Patapez asintió.

- Solo estuvo una vez aquí – contó Patapez – Le dije que estábamos enterrando a los invasores y que a su padre recién lo habíamos tirado con el resto. Le pregunte si quería darle una sepultura distinta, pero ella se negó y luego de eso dio media vuelta y regreso al pueblo – finalizo el vikingo – esto paso ayer en la tarde.

Hipo asintió. Luego de ese intercambio de palabras con Patapez, el chico subió a su Furia Nocturna y volvió al centro del pueblo, en donde Brutilda le esperaba.

- ¡Hey, Hipo! – llamó Brutilda - ¿Qué hacemos con estos? – pregunto indicando a cuatro sobrevivientes enemigos. Muchos de los invasores habían logrado escapar, sin embargo, Hipo se había encargado de darles un buen susto persiguiéndolos junto a otros dragones. Aquellos hombres terminaron jurando por sus vidas que nunca volverían, lo que Hipo creía en verdad, porque ciertamente tener a un feroz dragón a centímetros del rostro… no era para nada agradable.

No obstante, hubo otros vikingos invasores que quedaron atrapado en la isla, ya sea por sus heridas o porque sus amigos les dejaron a su suerte varados en el puerto. A esos, Hipo los mandó a encarcelar. Y solamente para asegurarse, el chico reunió a un grupo exploratorio para atrapar a cualquier rezagado que quisiera esconderse en la isla y en cuanto se asegurara de que ningún enemigo más quedara su territorio, los exiliaría a todos de Berk. El joven vikingo sabía muy bien que la pena correcta sería degollarlos o quemarlos vivos, sin embargo no estaba dispuesto a derramar más sangre, por lo que había decidido meterlos en un barco y mandarlos fuera de la isla y de sus alrededores. Y justamente estaba por responder a Brutilda, cuando otra voz femenina lo hizo por él.

- Mételos en un barco con Skullions y que ellos se encarguen – dijo fríamente alguien a sus espaldas, sacándolo de sus pensamientos y llenando de terror a los cuatro hombres encadenados. Era sin duda Astrid.

- ¡Buena idea, Astrid! – apoyo Brutilda con entusiasmo.

- ¡Por favor, no nos mates! – exclamó uno de los hombres secundado por el resto – ten piedad de nosotros.

Astrid rió amargamente al escuchar esas palabras. Aquellos hombres… la joven vikinga los recordaba claramente. Brolk, Hakon, Snorri y Gaddar, los mismos hombres que unos días atrás casi la habían matado a golpes… que ironía, pensó ella...ahora ellos estaban pidiendo piedad.

- Por mi podrían pudrirse en lo profundo del mar – respondió la vikinga con furia contenida en cada palabra.

Hipo quedo algo sorprendido por las palabras de Astrid. Ella era agresiva la mayor parte del tiempo, pero ese odio con el que hablaba no era normal, por lo que decidió intervenir.

- Brutilda, enciérralos con el resto – mandó Hipo al mismo tiempo que se acercaba a Astrid – mañana a primera hora los desterraremos de Berk.

- Eso no nos asegura que no volverán – dijo Astrid manteniendo su mirada fija en esos cuatro hombres, mientras Brutilda se los llevaba.

- Si vuelven – comenzó a decir Hipo – serán castigados con la muerte.

Astrid no estaba contenta, pero tampoco tenía ni ganas, ni fuerzas para rebatir, por lo que en silencio volvió a sus tareas. La joven estaba ayudando en la preparación de la ceremonia de despedida a los caídos en batalla, tanto vikingos como dragones. En otras palabras estaba reuniendo lo necesario para el funeral de todos los muertos durante la invasión.

- Astrid… - llamó Hipo. La aludida no hizo ningún gesto de haber escuchado, en cambio continuó con su camino hacia el puerto para dejar las ofrendas que había reunido. Era común, en la cultura vikinga, dejar regalos junto al cadáver, cuya cantidad y valor no dependían del sexo sino únicamente de su posición social. A los hombres guerreros se les despedía junto a sus armas y armaduras. Los artesanos junto a todas sus herramientas, mientras que a las mujeres se las despedía con sus joyas y a veces con instrumentos para uso doméstico o parte del ajuar. Era una tradición y a la vez una ceremonia solemne hacia los muertos, en donde se les ponía en barcazas especialmente dispuestas, junto a todas sus pertenencias, o las más relevantes, y luego se les prendía fuego para finalmente dejarlos a la deriva en el mar, como una muestra al mundo de su valor y entrega por su pueblo.

- Astrid – volvió a llamarla, esta vez con algo más de potencia en su voz. La joven dejo de hacer lo que estaba haciendo y le miró evidentemente molesta.

- ¿Qué quieres Haddok? – preguntó con fastidio – hasta donde yo sé la ceremonia será esta misma tarde, por lo que si no pretendes ayudarme… mejor no molestes – dijo para finalmente retomar su camino hacia el puerto.

Hipo suspiro largamente. Estaba enfadado, cierto, pero también estaba sumamente triste y algo confundido. Desde la muerte de Fergus, Astrid no había vuelto a ser la misma. Estaba distante, distraída, callada e incluso más irascible que de costumbre. Había tratado de acercarse a ella en otras oportunidades, pero ella le evadía poniendo excusas o simplemente dejándole solo. Además, ya no se estaba quedando en su casa, lo que significaba que tampoco estaban durmiendo juntos, lo que particularmente estaba afectando a Hipo. Realmente la extrañaba mucho… el chico se había acostumbrado a dormir con su perfume y a despertar con sus besos. Deseaba poder abrazarla y besarla nuevamente… pero ella estaba tan ensimismada… tan distante… tan fría…

Hipo volvió suspirar. En lo más profundo de su corazón esperaba que la situación no se siguiera prolongando por mucho tiempo más.

- ¡Hey, chico! – llamó Bocón interrumpiendo sus pensamientos – ¡Tengo buenas noticias! – exclamó Bocón – ¡Los dragones están completamente recuperados!

- Eres excelente – lo halagó Hipo con una gran sonrisa.

- Y por cierto – comenzó a hablar Bocón nuevamente – ¿cómo esta Astrid? La he visto algo callada últimamente.

Hipo resopló con frustración.

- No sé qué le sucede y cuando intento hablar con ella… me manda a volar – contestó el chico pasándose una mano por la cabeza.

- Solo tenle paciencia, recuerda que todo lo que ha pasado ha sido especialmente fuerte para ella – dijo Bocón con sabiduría. Hipo asintió. No le quedaba otra que esperar a que la chica se dignara a hablarle.

Justo en ese momento una nube de humo comenzó a extenderse al pie de la montaña. De seguro eran Patán, Patapez y Brutacio quemando los cadáveres de los enemigos. Gracias a los dragones, en pocos minutos, todos los cuerpos fueron convertidos en cenizas, las cuales fueron tapadas por tierra y rocas. Hipo quedó sumamente satisfecho al constatar él mismo como había quedado la tumba de los invasores.

De vuelta al pueblo, Hipo pidió a los chicos que ayudaran con los últimos preparativos para la ceremonia fúnebre. Las barcazas estaban dispuestas con el difunto y sus objetos personales, solo faltaba preparar las de los dragones.

- Hipo, está todo preparado – informó Patapez al cabo de unos minutos – Todo el pueblo está reunido en el puerto y sus alrededores. Te esperan para comenzar con la ceremonia.

Hipo asintió. En muchas ocasiones había visto a su padre realizar ese tipo de ceremonias, pero jamás había realizado una él. Aunque claro… siempre había una primera vez para todo. Al llegar, no solo se encontró con toda la tribu, sino que también diviso a muchos dragones. En ese momento sintipo algo de nerviosismo, pero armándose de valor, lleno sus pulmones de aire y comenzó a hablar.

- Hoy despedimos a nuestros amigos, compañeros de batalla, familiares, esposos y esposas, sabiendo que nos esperan en el Valhalla. – conemzó a decir - No los veremos nuevamente en esta vida, pero cuando las Valquirias vengan por nuestras almas, allí estarán ellos en ese majestuoso salón dentro de Asgard – con un gesto indicó que prendieran fuego a las barcas. De inmediato una decena de luces encendieron el atardecer de Berk – Con este último acto, honramos sus vidas de guerreros en este mundo y les deseamos lo mejor para el camino siguiente. – dijo, dando la indicación para que, con ayuda de los dragones, pusieran en alta mar a los barcos– Que el fuego ilumine sus caminos, que sus almas puedan encontrar el descanso eterno y sus nombres queden grabados en la memoria de aquellos que les conocieron.

Luego de decir estar palabras un grito de guerra, con cuernos y tambores, resonó en toda la costa de la isla, seguido de un centenar de flores lanzadas por dragones desde los aires como último tributo.

- Bien dicho, chico – felicito Bocón mientras juntos volvían al pueblo, para continuar con la otra parte de la ceremonia que era el gran banquete, en donde se compartía con los familiares de los fallecidos y se narraban historias de todas las hazañas de estos. Solía durar hasta altas horas de la noche y usualmente casi la totalidad de los asistentes quedaba borracho…

- Quiero que mi padre se sienta orgulloso de mi – confesó Hipo a Bocón mientras se ubicaba en un lugar del gran salón.

- Créeme que lo estará, Hipo – aseguró el viejo vikingo llevándose una jarra llena de hidromiel a la boca – Por cierto ¿Dónde está Astrid? – preguntó el hombre de repente – no la vi en la ceremonia el puerto.

Hipo miro alrededor del salón buscando a la chica con la mirada. Había estado tan nervioso con la ceremonia que no había reparado en la ausencia de ella.

- ¡Hey, chicos! – llamó a sus amigos - ¿Alguno ha visto a Astrid? – pregunto Hipo preocupado.

- Realmente…no – contestó Brutacio.

- Lo siento amigo, pero tampoco la he visto – dijo Patapez.

- ¡Claro que la he visto! –exclamó Patán - ¡Y está bien buena! – dijo evidentemente ebrio.

Hipo tan solo negó con la cabeza y aunque sintió unas irresistibles ganas de golpearlo, se contuvo. En vez de eso, se giró hacia Brutilda, como su última opción.

- ¿La has visto? – pregunto casi suplicante. La aludida lo pensó por unos momentos hasta que finalmente contestó.

- Antes de la ceremonia la vi – dijo – Me pareció que iba hacia la arena de formación… pero no me imagino a que – comentó Brutilda.

Hipo asintió. ¿Astrid en la arena de formación? Lo único importante allí para ella… era su dragón…

Una loca idea comenzó a formarse en la cabeza del chico, pero para afirmarla o descartarla, primero debía cerciorarse de un par de cosas. Junto a Chimuelo, Hipo se dirigió rápidamente a la arena. Buscó con la mirada… pero le fue imposible encontrar al Nadder de Astrid.

- No esta… - murmuro. Chimuelo lo quedó mirando sin saber bien cuál era el significado de sus palabras – vamos amigo, busquemos a Astrid – dijo para subirse sobre su dragón y comenzar un sobre vuelo por la isla. De repente una mueca de Chimuelo le hizo saber que el dragón había visto algo, por lo que se dejo guiar hasta llegar a un extremo de la isla, en donde se encontraba una pequeña bahía bien cubierta desde tierra, pero muy visible desde el aire. En ese lugar, Hipo diviso a Astrid… ¿pero qué rayos estaba haciendo?

Hipo, desde el cielo, vio a la joven subiendo algunas cosas sobre una barca de madera, en la cual ya estaba instalado su dragón. A medida que iba subiendo paquetes envueltos en piel, Hipo notó que la joven los acomodaba en la embarcación y una vez estuvo todo listo vio como ella daba el último vistazo hacia el pueblo.

Fue en ese momento en el que Hipo comprendió lo que la joven hacía. Sin pensarlo dos veces se lanzó en picada hasta la playa aterrizando a espaldas de Astrid, la que solo se dio cuenta de su presencia al voltearse y quedar frente a la penetrante mirada del Furia Nocturna.

- ¿A dónde rayos piensas que vas? – pregunto Hipo bajándose de su dragón, quedando frente a Astrid.

Astrid se dirigía hacia el puerto, cuando a mitad de camino se encontró con Brutilda e Hipo. Vio claramente la cadena que sobresalía de las manos de la vikinga, la que terminaba en el cuello, manos y pies de cuatro hombres, que para asombro de Astrid, eran los mismo cuatro que días atrás casi la muelen a golpes. La ira y la rabia corrieron de inmediato por sus venas.

- Mételos en un barco con Skullions y que ellos se encarguen – dijo fríamente Astrid, tratando al máximo de controlar su creciente odio, interrumpiendo la conversación entre Hipo y Brutilda.

- ¡Buena idea, Astrid! – apoyo Brutilda con entusiasmo.

- ¡Por favor, no nos mates! – exclamó uno de los hombres, que Astrid reconoció de inmediato como Gaddar, el jefe - ten piedad de nosotros – dijo nuevamente, siendo apoyado por el resto.

Astrid no puedo evitar reír ante la ironía de la situación.

- Por mi podrían pudrirse en lo profundo del mar – respondió ella dirigiendo su mirada iracunda a cada uno de ellos, los que temblaron de terror.

La joven vikinga no solo estaba furiosa, sino que deseaba venganza, pero un rápido vistazo al rostro de Hipo, hizo que todos esos pensamientos se esfumaran por completo. En sus ojos vio sorpresa, mezclada con miedo. Seguramente estaba muy confundido con su actitud.

- Brutilda, enciérralos con el resto – ordenó Hipo, sacando a Astrid de sus pensamientos – mañana a primera hora los desterraremos de Berk – dijo Hipo nuevamente, pero esta vez dirigiéndose a ella.

- Eso no nos asegura que no volverán –rebatió Astrid evitando mirar a Hipo y dirigiendo, en cambio, su mirada hacia los cuatro hombres apresados.

- Si vuelven – comenzó a decir Hipo – serán castigados con la muerte – finalizó haciéndole un gesto a Brutilda para que se llevara a esos hombres a las mazmorras con el resto.

Astrid quedó indignada con la decisión de Hipo. Para ella encerrarlos y luego liberarlos al mar con una simple advertencia era una burla y casi un premio para ellos. A veces ese chico era demasiado benévolo… algo que ciertamente Astrid veía como una atractiva cualidad, pero que en esos momentos solo le traían ganas de golpearlo fuertemente. Sin embargo, la joven se contuvo. No tenía ningún tipo de ganas de comenzar una pelea en medio del pueblo, por lo que decidió seguir con sus labores, hasta que escucho la voz de Hipo nuevamente.

- Astrid… - llamó el chico.

La vikinga prefirió hacerse la desentendida y continuar con su trabajo. Realmente no tenía ganas de hablar con él.

- Astrid – volvió a escuchar que la llamaban, esta vez más fuerte.

- ¿Qué quieres Haddok? – Respondió finalmente Astrid con fastidio – hasta donde yo sé la ceremonia será esta misma tarde, por lo que si no pretendes ayudarme… mejor no molestes –

Dicho eso último, Astrid siguió su camino hacia el puerto, dejando a Hipo sumamente sorprendido y enfadado por su reacción.

Astrid sabía lo injusta que estaba siendo al descargar toda su ira y frustración sobre Hipo, sin embargo, también sabía que era la mejor forma de alejarse de el sin dar muchas explicaciones. La joven, luego de pensarlo durante muchos días, llego a la conclusión de que era tiempo de migrar de la isla y buscar su propio camino. Esa había sido su tribu durante toda su vida, pero la triste realidad le decía que ya no quedaba ningún vikingo en aquel pedazo de tierra que compartiera algún lazo sanguíneo con ella… pero tal vez…y solo tal vez en alguna parte de ese basto mar… había un hombre al cual su madre amo más que nada en el mundo… un hombre que desilusionado, un día se fue de Berk y nunca más regreso, por lo que nunca se enteró de que tenía una hija.

Con la fuerte convicción de que lo encontraría, Astrid tomó la decisión de marcharse de Berk con el objetivo de no volver, hasta encontrar a su verdadero padre… y si eso significaba pasarse el resto de su vida buscando… así sería. Con esa motivación en su corazón, la joven, desde días atrás, había comenzado a preparar una mediana embarcación con provisiones y suministros para un viaje largo. En un lugar bien apartado de la ciudad, en una bahía escondida entre la vegetación, Astrid tenía alistado un navío que la llevaría a su nueva aventura, junto a su dragón. Ciertamente, sería mucho más fácil y rápido ir volando, pero ella no tenía ni idea de cuánto se demoraría en tocar tierra nuevamente y tampoco podía exigirle a su Nadder que realizara un viaje tan largo, si tan solo días antes había estado tan gravemente herido. Por lo que Astrid había decidido tomar un barco prestado y llenarlo de provisiones para ella y su dragón, y así partir ese mismo día, en cuanto todos estuvieran embriagándose en el banquete. Claro que primeramente debía ir en busca de su dragón.

La vikinga, casi al atardecer, se dirigió a la arena de formación en busca de su dragón, al que encontró sin ningún problema. Con sigilo se acercó a este y le indico que debían irse. El dragón no cuestiono sus órdenes y la siguió.

Astrid, acompañada de su dragón, no pudo evitar la curiosidad de echarle un vistazo a la ceremonia. Discretamente se ubicó detrás de unos galpones, en una posición que le permitió ver todas las barcazas dispuestas a lo largo del puerto. Vio también a todos sus amigos pendientes de las palabras de quien estaba en medio de todos, dirigiendo la ceremonia; Hipo. Algo en el corazón de Astrid se oprimió al pensar que ese podía ser el último momento en ver al chico. Hubiese deseado despedirse de él, pero para eso tendría que haberle contado todo su plan… el jamás lo habría aceptado y seguramente se habría ofrecido a acompañarla. Pero ella no podía permitir eso. Ahora más que nunca el pueblo de BerK necesitaba de un líder como Hipo. Con algo de melancolía dio un último vistazo al chico antes de marcharse.

Sería lo mejor para ambos, pensó la joven de camino a su escondite. Al llegar, rápidamente terminó de ubicar los últimos suministros. Ya terminada la tarea, solo le quedaba subirse al navío y marcharse.

Un largo suspiro salió de sus labios al dar el último vistazo a Berk.

- Adiós a todos – murmuro, para finalmente darse la media vuelta dispuesta a subir a su embarcación, cuando de repente unos penetrantes, grandes y molestos ojos verdosos y brillantes se aparecieron en su camino. El grito de sorpresa y susto de la joven no se hizo esperar.

- ¿A dónde rayos piensas que vas? – preguntó una voz, que por unos momentos Astrid no supo de dónde provenía hasta que vio a una figura bajar del lomo del dragón. La joven no cabía en sorpresa al darse cuenta de que aquella figura no era nada más ni nada menos que Hipo.

- ¿Hipo? – pregunto Astrid casi en un susurro sin poderse creer que realmente el chico estuviera ahí.

- ¿A dónde pensabas ir? –hablo nuevamente el chico ignorando su pregunta - ¡¿Qué rayos piensas que estás haciendo?! – preguntó esta vez en un tomo aun más fuerte.

- Yo… no… no tengo porque darte explicaciones – exclamó Astrid en su defensa. Hipo la miró con enfado y tomándola por los hombros la acercó a su rostro.

- ¿Pretendías irte? – preguntó el chico a milímetros de ella - ¿A dónde y por qué?

Astrid no pudo evitar desviar su rostro ante la penetrante mirada de Hipo.

- ¡Astrid, contesta!– exclamó el vikingo de ojos verdes en apenas un susurro que denotaba mucho dolor y algo de rencor.

Astrid trató de zafarse de su agarre, pero Hipo la sostenía fuertemente, por lo que no lo logró. Era increíble lo que el entrenamiento con dragones había hecho en los últimos años con ese escuálido chico, que ya de escuálido tenía bien poco.

- Hipo, vete – logró decir la vikinga– vuelve a Berk, continua tu vida y déjame ir en paz.

- ¡¿O sea que realmente pretendías irte a escondidas de todos y sin despedirte?! – exclamó Hipo sumamente enojado - ¡¿Por qué?!

- ¡Yo… tengo una misión que cumplir y ni tu ni nadie puede ayudarme en esto! – contestó Astrid finalmente – Vuelve a Berk. Ellos te necesitan.

- ¿Y tú… no me necesitas? – preguntó Hipo volviendo al susurro.

- Yo… - Astrid no sabía cómo responder. Haber evitado a Hipo todos esos días había impedido que dudase de sus decisiones, pero… tenerlo nuevamente cerca y escuchar tanto dolor en su voz la estaban haciendo titubear en gran manera.

- Astrid, por favor dime que no te estas yendo por mi culpa – pidió Hipo casi en una suplica.

- Por supuesto que no – contesto Astrid de inmediato – tu… no tienes nada que ver en mi decisión.

- Entonces, explícame por favor… ¿por qué? – preguntó el chico nuevamente. Sinceramente no entendía las motivaciones de su novia… porque era su novia aun, ¿no?

- Yo… he decidido irme de Berk y no volver… hasta encontrar a mi padre – contestó Astrid – mi verdadero padre.

Esas palabras tomaron por sorpresa a Hipo. Se esperaba muchas cosas… pero esa…definitivamente no estaba entre sus hipótesis.

- ¿Tu… padre? – repitió el jinete.

- Si… y no espero que lo entiendas – dijo Astrid zafándose del agarre de Hipo – Lo siento mucho, pero debo hacerlo. Él es lo único que me queda en este mundo y… tengo la necesidad de encontrarlo, así tenga que remover cada piedra sobre la tierra – concluyó con convicción.

- Entonces iré contigo – respondió Hipo inmediatamente – te acompañare a donde vayas, incluso al fin del mundo si es necesario, pero no dejare por ningún motivo que viajes sola.

Esas palabras conmovieron el corazón de Astrid.

- Hipo…

- Astrid, tú sabes lo que siento por ti y estos días separados solo me han hecho extrañarte y quererte aun más – continuó hablando – en ningún caso podría permitir que te alejes de mí. No puedo… no lo acepto…

- No es tu decisión – contestó Astrid con un hilo de voz, tratando de ser fuerte – tú debes quedarte en el pueblo. Eres su líder.

- No… aun no – contestó el chico atrapando nuevamente a Astrid en sus brazos – yo aun no soy el líder… solo soy el suplente – Astrid lo miró sin comprender sus palabras – Lo que trato de decir es que mi padre es el jefe. Él es la cabeza de esta tribu y en cuanto el vuelva yo quedare libre…

Hipo tomó las manos de Astrid entre las suyas dándoles un suave apretón, mientras la joven aun lo observaba sin comprenderlo.

- Astrid… permíteme acompañarte en este viaje – pidió el joven vikingo – deseo ir contigo en esta aventura… estar contigo, ser tu apoyo… no me pidas que me quede aquí tranquilo, porque sabes que no podre. Primero muerto antes de separarme de ti - dijo provocando un leve sonrojo en Astrid – Pero… solo te pido que esperes a que mi padre regrese. Como tú has manifestado, soy el responsable de todo lo que acontezca en el pueblo mientras mi padre no este, por lo que debo quedarme hasta que él vuelva.

- Hipo… tu… realmente… ¿deseas ir conmigo? – preguntó Astrid sumamente sorprendida, no solo por el hecho de que él quisiese acompañarla, sino por todas las palabras que le expreso anterior a eso – estarías dispuesto a embarcarte conmigo, aun sabiendo que quizás no vuelvas a ver a tu padre en mucho tiempo.

- Te amo y nada ni nadie va a separarme te ti – confesó Hipo solemnemente. Astrid no pudo controlar más sus impulsos y terminó besando a Hipo, el cual recibió gustoso el gesto.

Chimuelo, que no había perdido detalle de la conversación, se limitó a rodar los ojos al ver a su jinete y a Astrid besarse con tanta pasión. Y es que era inevitable luego de pasar más de una semana de casi sin hablarse. Ambos llevaban mucho tiempo conteniéndose y de no ser por el fuerte resoplido de Chimuelo, las cosas seguramente hubieran pasado a segundo grado.

- En cuanto… llegue… mi padre… - logró decir Hipo entre bocanadas de aire – partiremos en la... búsqueda del tuyo – dijo.

Astrid sonrió, pero con esa sonrisa llena de segundas intenciones que Hipo ya conocía muy bien.

- Pensé que cuando llegara tu padre… tu y yo nos casaríamos Haddock – dijo en un falso tono de inocencia dejando a Hipo muy sorprendido.

El recordaba esa proposición. La había realizado una noche antes de la emboscada y no habían vuelto a tocar el tema, es más, Astrid en ningún momento le había contestado… ¿serían esas palabras… un si?

- ¿Eso… eso… es… quiere decir… que... tú… quieres casarte conmigo? – logró preguntar con mucha dificultad. Astrid no pudo evitar reír. Toda esa situación le hacía recordar acontecimientos que sucedieron meses atrás, cuando un nervioso Hipo le preguntaba si eran o no novios.

Con un profundo y apasionado beso, Astrid decidió poner fin a la agónica espera de Hipo ante una respuesta.

- Por supuesto – susurro separándose tan solo unos milímetros – Hipo… yo… te amo. – dijo sonrojándose. Era la primera vez que le confesaba con palabras sus sentimientos al joven vikingo.

Hipo no cabía en felicidad. En un arranque de alegría, el chico tomó a su novia y futura esposa por la cintura, elevándola del suelo para dar vueltas y vueltas con ella en sus brazos, situación que se extendió por varios minutos. Finalmente ambos, rendidos por el cansancio, se sentaron juntos en la arena a observar las estrellas.

- ¿Crees que lo encontremos? – preguntó Astrid. Hipo comprendió que hablaba de su verdadero padre.

- Estoy seguro – contestó el chico – además… no estaremos nosotros solos. Tu Nadder y Chimuelo vendrán con nosotros, ¿no es así, amigo? – el Furia Nocturna asintió entusiasta.

- Storm – dijo Astrid de repente tomando por sorpresa a Hipo – He decidido llamar a mi dragón Storm.

El Nadder pareció muy contento ante el nombre otorgado por su jinete y con un cariñoso empujón demostró a Astrid su alegría.

- Storm… genial – musito Hipo contento – Entonces Storm, Chimuelo, tú y yo buscaremos a tu padre… y te prometo que lo encontraremos – dijo el Hipo sellando su promesa con un dulce beso de amor.


GRACIAS A TODOS POR LEER EL ULTIMO CAPITULO DE INVASORES, HISTORIA QUE CREE A PARTR DE MI PROPIA IMAGINACION, PERO QUE SOLO GRACIAS A SU CONSTANTE APOYO PUDO LLEGAR HASTA EL FINAL!

Creo que hasta me estoy emocionando. A todos ustedes un fuerte abrazo y muxos cariños. Les aviso desde ya que habra una continuacion, aunque no se bien cuando la publicare (ni siquiera la he comenzado, pero la tengo en mi cabeza)...ya saben mas menos de que ira.. ^^ pero no crean que mi imainacion se ha secado...ya tengo varias ideas para sorprenderlos en lo que venga, pero x ahora me concentrare en este cap.

Como se habran dadon cuenta aqui se explica que fue lo q Fergus uso para conseguir domar a los Skullions...sip...sus desechos...o como Patan lo expreso..."¡mierda de dragon!" XD...

En cuanto al ritual de los barcos funebres, eso si existio en la era vikinga (como tambien se hab encontrado vestigios en otras civilizaciones), en cuanto al agujero en donde se quemaron los cadaveres de los enemigos, ese acto en particular se realizaba con los esclavos. En aquellas civilizaciones se solia enterrar bien profundo a los esclavos de modo que las almas de estos no volvieran a atormentar a sus amos. En el fanfic es mas menos la misma idea...enterrar bien profundo a los traidores para que no vuelvan como animas a molestar a la isla de Berk.

En el discurso de Hipo este menciona varios terminos de mitologia nordica. En breves palabras los definire a continuacion para aquellos que no los conoscan:

Vallhala: es un enorme y majestuoso salón ubicado en la ciudad de Asgard gobernada por Odín. Elegidos por Odín, la mitad de los muertos en combate viajan al Valhalla tras su fallecimiento guiados por las valquirias, mientras que la otra mitad van al Fólkvangr de la diosa Freyja.

Asgard: es el mundo de los Æsir, gobernado por Odín y su esposa Frigg y rodeado por una muralla incompleta, atribuida a un anónimo hrimthurs, amo del caballo semental Svaðilfari, de acuerdo a Gylfaginning. Dentro de Asgard, se encuentra el Valhalla.

Valquirias: deidades femeninas menores que servían a Odínbajo el mando de Freyja, en la mitología nórdica. Su propósito era elegir a los más heroicos de aquellos caídos en batalla y llevarlos al Valhalla donde se convertían eneinherjar.

Fuente: Wikipedia (q todo lo sbe y si no lo invnta XD)

Bien...vemos tmb q Astrid desea buscar a su padre... chan chan...algo q nos dice hacia donde va el siguiente fanfic, pero les repito, no se confien q mi mente alocada ya esta ideando nuevas aventuras para nuestros heroes jejeje...

Y lo ultimo...q tal el nombre del Nadder? realmente eso me tenia ultra estresada xq no se me ocurria nada! fue horrible! y cuando pensaba en algo...nu se..lo desechaba xq era raro o muy rebuscado y finalmente me decidi x casi la cosa mas obvia en el mundo (y de paso aburrida)...STORM...y ya se que me van a decir...¿que eso no se parece a Tormentula?...y sip, toda la razon, pero en vista del tiempo ya no podia darme el lujo de seguir aplazando la publicacion del cap x lo q termine dejandolo con la opcion obvia...Bueno, siento si les ha desepcionado.

Muchas gracias nuevamente por su fidelidad con el fanfic y tmb desde ya gracias x todos sus reviews ^^

Cariños y saludos a todos!

ATTE

VEDDARTHA