Capítulo 7
Un Día de campo
A la mañana siguiente Makino se puso un par de jeans azul oscuros, una polerita de algodón con la leyenda "Rock´n´roll is dead" y unas zapatillas de vestir. Luego de su desayuno Makino preparó un bolso en donde echó un estuche con sus discos favoritos, el almuerzo que había preparado, un tradicional bento, un mantel y una botella de agua mineral junto a dos vasos plásticos. Enrrolló una chaqueta y también la metió. En eso sonó el timbre.
No estaba seguro de si debía venir.- le dijo Tsukasa a manera de saludo. Llevaba también jeans y una camisa de algodón ligera y zapatillas.
No te preocupes, no hay nada que temer.- Y tomándolo por el brazo lo llevó al ascensor, el cual no se detuvo en la recepción del primer piso, sino en el subterráneo en dónde Makino lo forzó a subirse al exótico carro del que era dueña. – Ponte el cinturón de seguridad ya que en este momento comienza el tour por el infierno.- dijo y luego comenzó a reír con grandes carcajadas.
Espero que no pongas esa música de locos que pusiste la otra vez- le dijo Tsukasa preocupado.
No te preocupes. Esta vez tú podrás elegir la música. Toma- y sacando del bolso el estuche de Cds se lo pasó.
Green Day, Gwen Stephani, Red Hot Chilli Peppers. ¿Quién demonios son éstos?- le dijo Tsukasa mientras repasaba los Cds.
Al final están los clásicos. A ver si encuentras alguno que te guste.- dijo mientras encendía el auto y salía del estacionamiento a la calle lateral.
George Michel. Creo haberlo escuchado alguna vez. Pongámoslo.
Te autorizo a poner ese CD. Pon la canción 4, es mi favorita.
Cómo usted ordene, señora. ¿Dónde regulo el volumen a un nivel normal?
Ya está en un nivel normal, sólo utilizo la súper potencia de los parlantes para intimidar a uno que otro estúpido.
Mientras entraban en la autopista que va hacia el Sur, empezaron a sonar los compases de Careless Whispers. La dulce voz de George Michel sonaba mientras dejaban atrás la ciudad y los espacios abiertos iban agrandándose cada vez más.
¿A dónde vamos?.
A un templo. Pero ya verás. Disfruta del paisaje que no podrás volver a ver una vez que te vayas a América.- le dijo Makino y ambos se sumergieron en el camino con George Michel cantándoles sobre amor y traición.
Después de una hora de viaje y luego de que Tsukasa cambiara de disco "Es demasiado romántico, me da escalofríos" argumentó, llegaron aun pequeño poblado rural llamado Utsunomiya, conocido por un santuario Shinto que databa de la época kamakura.
Estacionó el automóvil en un estacionamiento habilitado justo a los pies de una cerro y comenzaron a subir por un sendero de cemento. Makino le pasó el bolso a Tsukasa.
- Llévalo tú, me pesa mucho.
Y empezó a subir rápidamente. Al llegar al templo, ambos respiraban agitadamente. Era un templo magnífico. Antiquísimo, era bastante sencillo comparado con templos posteriores, pero tenía la dignidad que solo adquiere lo que ha visto el paso del tiempo.
Luego de pasar por los portales ingresaron al templo, sacándose los zapatos y dejando el bolso junto a ellos. Ambos aplaudieron tres veces y se inclinaron. Makino se sentó junto a un pilar mirando al gran altar. Se quedó largo rato allí mirando hacia el frente y Tsukasa la imitó. La paz del lugar los inundó. De repente Tsukasa despertó de su ensimismamiento y no fue capaz de decir cuanto tiempo había estado así. Makino giró la cabeza hacia él y le sonrió. – Vamos- le dijo.
Ambos se pararon. Tenían las piernas entumecidas por haber estado tanto tiempo sentados en el duro piso. Salieron del templo y se encontraron con un sacerdote que se acercaba a ellos.
Han estado largo rato. Todos los visitantes coinciden en que la paz del templo les hace perder la noción del tiempo.- dijo el sacerdote amablemente.
Así es. ¿Podemos pasear por los jardines y el bosque?- preguntó Makino.
Los jardines fueron hechos para su contemplación y el bosque es un santuario de la naturaleza. Procuren no perturbar la paz del lugar y disfruten de su tranquilidad.- respondió el sacerdote de blanca túnica indicándoles un sendero que se internaba en el bosque.
Makino caminó seguida de Tsukasa quien llevaba el bolso. El bosque era espeso y de pronto Makino decidió meterse entre los árboles, abandonando el sendero.
No iremos a peder el camino de regreso.- le dijo Tsukasa.
No te preocupes, tienes que confiar en mi inigualable sentido de orientación.- respondió con un guiño.
Luego de un rato de marcha en sentido perpendicular al sendero encontraron un pequeño claro en donde Makino instaló el mantel que había traído en el bolso. Luego empezó a desarmar el bento que había preparado y sirvió dos vasos de agua.
¿No vas a sentarte?- le preguntó Makino enseñándole el lugar frente a ella.
No entiendo que pretendes con todo esto.- le dijo Tsukasa sentándose cansadamente.
Pretendo conocerte un poco mejor. Eso es todo. Me intriga saber el verdadero porqué de tu reacción tan violenta el otro día. La única forma de averiguarlo es pasando un poco de tiempo contigo, así que te extorsioné para que me acompañaras. Hacía tiempo que tenía ganas de venir a este lugar, pero no se me antojaba venir sola.- respondió Makino, mientras habría la cajita que contenías sus palillos. Tsukasa hizo lo mismo y dijo:
Itadakimasu.
Ambos empezaron a comer. La comida estaba exquisita. Desde pequeña Makino había tenido que cocinar en su casa y de los trabajos hogareños era su favorito.
Es un lugar maravilloso. Deja más que comprobado que tranquilidad no es sinónimo de aburrimiento. ¿o acaso estás aburrido?
No.- dijo Tsukasa. No supo que más decir y siguió comiendo.
Dios Santo. De tanto estar callado o decir cosas sin sentido se te ha olvidado como hablar. Yo te explicaré como funciona. Es bastante simple. Cuando uno siente algo lo dice. Es súper fácil. Por ejemplo. Me gusta este lugar. Es agradable escuchar el trinar de los pájaros, desde mi departamento en el centro lo único que se escucha al abrir las ventana es el tráfico de los autos. Aunque no tienen para qué ser puras cosas buenas. Tengo una piedra clavada en el trasero que me molesta.- dijo Makino riendo ante su comentario.- Ahora inténtalo tú. Di algo.
Eso es ridículo. No puedes enseñarme a hablar. Yo ya sé cómo hablar- respondió Tsukasa un poco molesto.
Pero no hablas en serio. No hablas lo que quieres decir. Dices lo que debes decir. Como esa vez en que te pregunté sobre lo que era reemplazable y lo que no. Entiendo que en ese momento no pudieses ser completamente sincero. Pero sin embargo, nunca eres sincero en el sentido completo de la palabra.- dijo Makino mirándolo a los ojos.
Increíble. Nos conocemos hace menos de una semana y ya puedes decir como soy a la perfección- dijo Tsukasa con tono irónico. Makino no pudo responderle que ella era una profesional en leer la conducta de la gente y descifrar el tipo de personalidad que tenía. Sintió un poco de pena. Podía ser un hombre encantador si se lo propusiera. Si no se reprimiese todo el tiempo.
Digamos que mis ojos ven más allá de las apariencias y que mis oídos escuchan más allá de las palabras que se dicen.- respondió Makino con aire misterioso.- Pero algo de razón tengo en todo esto. Estoy segura de que estás disfrutando el paseo, pero no has dicho ninguna palabra de agradecimiento o para expresar como te sientes. Es extraño. Estoy segura de que la comida te gustó, pero no lo dijiste. Vives como una caja cerrada sin dejar salir nada de tu interior. Si sigues guardándote tus cosas un día vas a explo...
Me gusta estar contigo- la interrumpió Tsukasa.- Y si me gustó tu comida. Y también me gustó la tranquilidad del lugar y también estoy sentado sobre una piedra que me molesta en el trasero.- Makino lo miró sorprendida y se echó a reír.
Aprendes a hablar rápido. A mí no me interesan las charlas triviales sobre la importancia de la economía, ni de la última película de moda ni si sobre fulanita se casó con menganito. Cuando quieras hablar conmigo procura hablar de verdad y yo siempre te escucharé.- Ambos se quedaron en silencio por un rato.
¿Te fijaste en que al sacerdote le faltaba un dedo?- le dijo Makino a Tsukasa de pronto.
¿Qué? ¿Un dedo?
Sí, en la mano izquierda, el anular. ¿Habrá sido de la Yakuza?
Quizás participó en la guerra y un enemigo se lo cortó.- y continuando con las suposiciones desarmaron el improvisado comedor y se pararon.
Vamos a buscar un mirador.- dijo Makino y partieron en busca del sendero. Después de un rato lo encontraron y siguieron hasta encontrar una explanada al final del camino, en la misma cima del cerro. Había un arco y unos asientos de roca. Desde allí podían observarse los campos y los poblados. Pronto comenzó a atardecer.
Makino, lo siento.- dijo Domyouji de improviso.
¿De qué estás hablando?- dijo Makino sin entender mucho.
Sobre lo de la otra noche. Sobre-reaccioné. Me pasé de la raya. Creo que estaba un poco celoso.
¿Celoso de Rui?
No. De ti misma. Te veías tan feliz, tan libre. No pude evitar amargarme al verte bailar.
¿Libre? ¿Por qué te parecía libre?- Makino no entendía lo que Tsukasa intentaba decirle.
Libre. Dijiste vamos a bailar y te fuiste a bailar. Yo eso no puedo hacerlo. No tengo a nadie con quien bailar.
¿De qué hablas? Cualquier chica habría aceptado bailar contigo.
Si pero no hay nadie con quien yo quisiera bailar. Y en ese momento sí la había pero estaba bailando con Rui.
Debiste habérmelo pedido.
¿Habrías aceptado?
No lo creo. Mmm... Era una situación un poco complicada.
Además eres completamente libre de hacer lo que quieras con quién quieras. Yo no tengo esa libertad- dijo Tsukasa un tanto triste.
Claro que tienes toda la libertad del mundo. Puedes hacer lo que te plazca. Puedes tomar mañana mismo un avión a Tahiti si así lo quisieras.
Pero no es eso lo que quiero. Y tendría que ir solo.
¿Y qué es lo que quieres entonces?- preguntó Makino. Tsukasa lo pensó durante un momento.
En realidad no lo sé. No sé bien qué es lo que quiero.
Bueno, el día que lo decidas avísame y yo te acompañaré porque hoy tú me acompañaste a mí. Y mejor bajamos pronto o ya no seremos capaces de ver el camino de regreso.
Ambos bajaron en silencio. Al llegar al automóvil Makino puso uno de sus discos de Madonna el último y subió bastante el volumen. Dejó a Tsukasa en el centro de la ciudad.
Dile a Shigeru que me vaya a ver mañana. Lo pasé genial. Nos vemos- dijo mientras Tsukasa se bajaba del auto.
Adiós.- dijo Tsukasa y le hizo un gesto de despedida con la mano. Ya no estaba tan seguro si quería que ella y Shigeru fuesen amigas.
Fin del Capítulo 7
