Hola! bueno, pues el penúltimo capítulo, si todo va bien el viernes subiré el último, gracias a todas/os por leer y en especial a las que cada capítulo estais ahi dejándome vuestras opiniones, siempre se agradece saber vuestras ideas (Allison Marie Malfoy-Black, Dany de Criss, Adigium21, xonyaa11 ) saijouchi, cielo, me gustaría poder responderte mejor, pero al estar como anónimo me es imposible, pero gracias por tus palabras, yo también siento mucho cariño por Ron, y si te apetece un fic donde su "papel" es bastante más dulce, tengo uno en el que es un cielo, se llama "Siete Días" Y no me enrollo más, espero que os guste!
Aeren
Regresó al presente mientras tomaban una nueva ronda. Nostálgico observó el modo en que el cabello sedoso de Draco caía sobre su frente. Lo llevaba otra vez más corto y mientras repasaba el libro apartaba el flequillo de sus ojos con la mano libre. Harry tomó una patata del cestillo que compartían y giró el frasco, haciendo un esfuerzo por apartar los ojos de sus labios, o de la línea de su mandíbula. A veces aún tenía que recordarse que eran sólo amigos, tenía que decirse que eso, ser su compañero, era mejor que no tenerle.
—¿Qué tal está Ewan? —preguntó.
—Bien, en la típica fase de encoñamiento, ya sabes. —Encogió los hombros y se rió—. Ayer les pillé casi follando en el laboratorio, ¿puedes creerlo? No habían puesto ni protecciones.
Harry agitó la cabeza y sorbió. Ser amigo de Draco significó aprender a verle como pareja de otro hombre. Ewan era un buen tipo que jamás usó su relación para separarle del Slytherin y eso es algo que siempre le agradecería. Tras salir del hospital, los contactos entre ambos empezaron a ser frecuentes; primero inciertos, casi obligados y llenos de tensión. Llamadas a deshora que siempre le dejaban una sensación agridulce, notas sin respuesta en muchas ocasiones. Aprendió a vivir la vida en sus propios términos y llegó a valorarlo e incluso disfrutó la soledad, porque sabía que si quería al otro lado estaba Draco para escucharle, para apoyarle. Draco que era el novio de otro hombre, y tuvo que comprender que eso estaba bien. Harry le acompañó cuando la pareja empezó a distanciarse tras la decisión del Slytherin de hacer la especialidad en medicina muggle, aparcando en el proceso el puesto junto a Ewan en San Mungo. Tuvo que sofocar cada pensamiento esperanzado porque, si bien a esas alturas compartían una relación amigable, incluso íntima, nada le hacía pensar que tuviese posibilidades de empezar algo romántico con el médico.
Que Ewan y Draco acabasen su noviazgo fue un alivio y una tortura. Significó que, ahora que Draco disponía de más tiempo libre, sus encuentros con Harry fueron todavía más cotidianos y sus lazos se hicieron mucho más sólidos. Pronto verles juntos tanto en el mundo mágico como en el muggle dejó de ser noticia. Fue en esa época cuando empezaron a salir algunos fines de semana. Era extraño verle interactuar con otros hombres, pero el dolor que sentía acabó por convertirse en un malestar sordo y que quedaba empañado por los buenos ratos que compartían: viendo quidditch, leyendo en el apartamento que Draco aún compartía con Paul o charlando sobre las misiones en las que el Gryffindor se embarcaba con frecuencia. Harry recuperó su relación con Hermione, aunque la bruja, que vivía con Ron, se mantenía a una distancia prudencial de la intimidad del joven Auror. Draco, para bien o para mal, era una parte importante de su día a día y eso era algo que su amiga llegó a respetar.
El club estaba hasta los topes aquella calurosa noche de julio. El grupo de compañeros de Harry se les había unido en medio de risotadas, explicando que la mayoría de ellos jamás había acudido a una discoteca de ambiente gay, mucho menos en plena zona muggle. Vestido con un ajustado pantalón azul y una camiseta blanca, Draco era, a juicio de Harry, el hombre más atractivo del lugar. Desde la barra, observó los intentos de Roger por bailar y las risitas nerviosas de uno de los chicos de la oficina que miraba a una pareja devorarse contra uno de los pilares del fondo de la pista. Agitó la cabeza consternado, su veintinueve cumpleaños no iba a ser olvidado con facilidad en el cuartel. Asombrado, observó a Ewan y Cody, que se estaban enrollando a sólo unos pasos de donde todos podían verles. Ewan, bastante más alto que el menudo Cody, tenía una de las manos bajo el fino pantalón del Auror.
—Joder con tu amigo, le va a explorar a Ewan hasta lo que comió ayer.
Se giró y evaluó a Draco. No parecía para nada afectado por ver a su ex comiéndole a boca a otro tipo. Tomó un sorbo de su cerveza y ensayó una sonrisa.
—Ni siquiera sabía que Cody fuese gay —confesó.
—Por Merlín, Potter —se burló el médico, bebiendo de su vodka con lima y azúcar. Harry sabía que era su copa preferida—. Ese chico lleva enamorado de ti desde que le conozco.
Casi escupió la cerveza para observarle consternado: —¡Que dices! Cody jamás intentó nada... ni le he visto por ningún... sitio.
—Porque ni le miras —puntualizó. Le observó de reojo, burlándose del rostro estoico de Harry que a su pesar se había ruborizado. Volvió a sonreír con malicia—. ¿Lamentándote por no ser tú?
—¿Qué? —Sujetó el vaso y negó—. ¿Y tú? ¿No se te hace raro ver a Ewan con otro chico?
—No mucho, la verdad. —Draco paladeó el alcohol lentamente antes de apoyarse en la barra y pedir otro—. La verdad es que lo de Ewan fue más bien una amistad con algunos momentos... nada que ver con...
Harry se tensó, ahí estaba, uno de esos pequeños instantes, molestos, dolorosos, excitantes, que ambos evitaban mencionar a pesar de que hablaban de todo. Esos lapsus donde alguno de los dos mencionaba su pasado en común quedaban siempre en el olvido, como si no existiesen.
—Ya —acertó a decir mientras volvía a prestar atención a Roger, que parecía haber caído en manos de un par de muggles bastante decididos—. Oh, Godric, ¿crees que debería ir y...?
Draco bufó, el sonido era una mezcla de diversión y fastidio: —Déjale, igual le gusta.
—Draco, en serio —masculló preocupado—. No creo que Roger...
—¿Qué más te da? —preguntó, sus ojos grises escrutaron a su alrededor, melosos e invitadores. Harry se estremeció. Conocía esa mirada.
Iba por la tercera cerveza cuando, tras regresar del lavabo, se encontró a aquel hermoso moreno coqueteando con Draco. No le conocía y dudaba de que después de esa noche volviese a verlo. Con el estómago anudado por la inquietud, buscó con la mirada al resto del grupo. Los únicos a la vista eran Ewan y Cody, que seguían abrazados como si la vida se les fuera en ello. Ni pensar en acercarse.
Tomó su botella y se dispuso a dar una vuelta, consciente de que lo más sano era salir del local antes de encontrarse con que Draco estaba devorándole la boca al otro tipo. Su amigo no era promiscuo, pero tampoco un monje y desde que lo dejó con Ewan tenia una vida sexual bastante activa. Deambuló por la discoteca sintiéndose perdido. A veces extrañaba las largas charlas con Ron y Hermione frente al fuego. Incluso sopesaba la posibilidad de regresar a Grimmauld Place para intentar hacerla habitable y recuperar lo poco rescatable de su adolescencia; la herencia de su padrino. Agitó la cabeza y, disculpándose, se apartó de un muchacho al que había empujado.
—Hola —le saludó éste con una radiante sonrisa, recorriéndole de pies a cabeza con tanta atención que consiguió perturbarle—. No te había visto por aquí...
William era perfecto, joven, libre y guapo. Buscaba pasarlo bien sin complicaciones y, tras un par de copas, le demostró que poseía una muy talentosa lengua y que estaba dispuesto a usarla en su beneficio.
—Oye... —jadeó, apartando sus labios de los del chico—, vengo con más gente y no sé...
—Oh, vamos, Harry —ronroneó, mordisqueándole el cuello. Acunándole con la mano la tibia erección que presionaba contra los vaqueros—. Podríamos pasarlo tan bien... sé que serás un estupendo amante... vamos adentro y fóllame.
Maldecía su suerte cuando escuchó una risita a su espalda y con desgana atajó los avances del chico.
—Hey... en serio, ahora no puedo —se excusó. Mareado por la frustración, el humo, el calor de los cuerpos, el olor a sexo y a alcohol, decidió que ya era hora de regresar a su piso, darse una larga ducha y acostarse.
En la barra, Roger charlaba animado con varios de sus compañeros, de los que se despidió. No se molestó en buscar a Ewan, Cody o el resto, seguramente cada cual había encontrado como entretenerse por su cuenta. Casi estaba en la salida cuando el tirón del brazo le hizo trastabillar.
—Oye, William —empezó a excusarse cuando se detuvo. Draco le sujetaba, el pelo ligeramente revuelto y los labios enrojecidos. Cerró los ojos un instante y contuvo con mano de hierro el ramalazo de magia, que amenazaba con desbordarse. No era nadie para sentir aquellos celos, se dijo, componiendo su rostro más ecuánime.
—¿Te ibas? —Gesticuló, la música era demasiado alta como para poder hacerse oír.
—Si, estoy un poco cansado —explicó a gritos.
—Oh, vamos, es tu cumpleaños, Harry —objetó enredando sus dedos con los del Gryffindor, le condujo de vuelta a una de las barras más alejadas del bullicio. Dos copas fueron servidas mientras ocupaban sendos asientos.
—De verdad que no me apetece —negó. Apartó los ojos de la expresión satisfecha de su amigo, que sorbía su vodka ajeno al malestar que sentía. Odiaba no ser el causante de ese gesto en Draco, de que no fuesen sus labios los que hubiesen besado al chico hasta hacerle maullar de gusto.
Draco apoyó la barbilla en su mano y le contempló. Sus cejas doradas se fruncieron un segundo mientras suspiraba.
—¿Sabes? Es extraño, nunca te he visto irte con nadie, Harry. —Los ojos grises, inmensos, le escrutaron durante un largo silencio.
—¿Qué? —Nervioso, tomó su copa y bebió.
—Ya sabes, eres guapo y estás disponible. —Una nueva sonrisa, un leve encogimiento de hombros—. Hemos salido bastante veces juntos y nunca, jamás, te he visto enrollarte con ningún tío.
Harry pensó en qué responder. ¿La verdad? Si decía en voz alta que ver a Draco con otro le mataba la libido, su amistad acabaría tan rápido como él tardaba en conjurar un lumos.
—Igual no te has fijado, Draco —discutió.
—Yo siempre me fijo en todo, Potter —masculló, arrastrando las palabras. Por primera vez la duda sobre si estaría ebrio rondó a Harry, que ladeó la cabeza para examinarle.
—¿Estás borracho?
—¿Tengo que estarlo para preocuparme por ti? —Se dejó caer en su hombro, el sedoso cabello rubio cosquilleó en la nariz del Gryffindor.
—No, claro que no —rió incómodo—. Pero es extraño.
—Sólo es sexo, Potter —susurró en su oído—. Siempre fuiste demasiado intenso. Deberías relajarte.
—Ya lo sé —afirmó por lo bajo—. Pero soy así...
Los labios de Draco estaban cerca, no es que en aquel año y medio no se hubiesen tocado, pero había algo en la postura, en el modo en que el aliento candente le resbalaba por el cuello y la nuca, que le hizo evocar a aquellos momentos en que en el pasado hacían el amor. Sintió como su miembro se llenaba de sangre, pulsando con furia contra su ropa ajustada, haciéndolo sentir dolorosamente duro.
—Estás muy tenso —observó el Slytherin, hundiendo los dedos en la base del cuello, deslizando los pulgares por la zona tras la oreja, apartando los gruesos mechones—. Mucho.
—Estoy cansado —reiteró—. Tengo ganas de irme a la cama y dormir. Ya sabes que a veces me cuesta...
Draco siguió masajeándole la nuca, insistiendo en las zonas más prietas, para luego subir y frotarle el cuero cabelludo. Cerró los párpados, sintiendo cómo se derretía bajo aquel delicioso toque. Dejó escapar un suave quejido. Merlín querido, añoraba tanto sus manos.
—Oye, guapo, no me habías dicho que tenías novio.
Abrió los ojos con fastidio y decepción para observar al chico de antes, examinándoles como si fuesen parte de algún tipo de menú.
—Porque no lo es, Jack —aclaró Draco de buen humor—. Es sólo mi amigo. Mi mejor amigo, así que sé bueno y no le desnudes con los ojos —canturreó, con la copa de nuevo vacía en las manos.
—Tengo que irme —anunció Harry—; nos vemos, Draco.
Les saludó mientras se alejaba, con el estómago revuelto. Deseando estar solo en su casa, donde al fin podría dejar de aparentar que ver al hombre que amaba con otros no le importaba. "Es sólo mi amigo". Esa frase, que tanto significaba, de pronto dolió con intensidad. Casi lloró al sentir cómo volvían a sujetarle por el codo.
—Oye, no tienes que irte, ¿sabes? Puedo decirle que se esfume.
—¡No! —Se pasó la mano por el cuello y miró con ansiedad la puerta de salida—. Pasadlo bien, en serio. ¿Nos vemos el martes para escuchar el quiddicht?
—Vale entonces —aceptó. Con un gesto suave, se inclinó y rozó los labios de Harry con los suyos—. Que duermas bien.
—Cuídate —Apretó los puños, diciéndose que había visto ese gesto las suficientes veces en Draco como para saber que aquel beso no iba más allá del cariño fraternal—. Adiós... Draco.
Kirk les dejó un plato de humeante estofado y una nueva ronda de fría cerveza. Draco guardó con cuidado su libro, levantó la cabeza, descansó el codo en la mesa y apoyó la barbilla en su mano, en un gesto tan suyo que Harry no pudo evitar sonreír, mientras le miraba.
—¿Qué te pasa?
—¿A mi? Nada —agitó la cabeza y escudándose tras su vaso, bebió sin ganas.
—Potter... —Draco se enderezó y alargando la mano, tomó la de Harry—. Tenemos que hablar.
Era tonto, se dijo el Gryffindor, dentro de unos meses cumpliría treinta años, los dos, él y Draco, habían pasado por mucho hasta llegar al punto de amistad, confianza e intimidad que ahora compartían, pero no pudo evitar enrojecer con tanta furia que le dolieron las orejas.
—No quiero que pienses que quiero agobiarte.
Draco tamborileó con los dedos en la mesa, enarcando una ceja.
—Por favor, Potter, no seas idiota. Lo del otro día pasó porque quise, ¿por quién me tomas?
—Vale, está bien. —Se mordió un labio, recordándose que aquella noche no había significado lo mismo para Draco que para él.
—¿Y qué, no vas a decir nada? ¿Qué piensas de eso? —Se burló, cruzando los brazos.
Harry siempre había sido impulsivo, a veces esa forma de ser le había causado problemas, otras le había salvado la vida, literalmente. Observar el gesto ligeramente cínico del Slytherin le superó. Dejó la pinta y sin decir nada se cambió de asiento, para acomodarse en el que tenía ocupado con sus cosas. Apartó a un lado los cachivaches y le besó. No fue dulce, ni apasionado, hubo miedo, dudas, labios entreabiertos, lengua, su aliento mezclándose con el de Draco, que le había aferrado por la camisa para evitar que se alejase.
—Eso pienso... —jadeó.
