¡Piedad! ya era hora e que le quitaran el castigo, lee, y vas a entender que es lo que esta chica tiene de común con nuestro amigote.


De Regreso a la Acción

Cuando habían arribado a la mansión, Integra se dirigió a su recamara con cara de eterna satisfacción, que no duró mucho ya que cuando se disponía a quitarse el odioso vestido, Alucard entró sin pleno aviso, lo que le costó unas cuantas palabras.

- ¡Te he dicho mil veces que avises si vas a entrar¿Qué demonios haces en mi recámara maldito monstruo? – cubriéndose el busto con el mismo vestido.

- ¡Parece que no he podido llegar en momento mas espléndido! – rió acercándose a ella.

- ¡FUERA¡FUERA! – Gritó histérica, y no era para más, unos segundos mas tarde y la hubiera encontrado totalmente en ropa interior. Alucard paró su paso, justo frente a ella.

- ¿está usted segura que no prefiere que su humilde cachorro le acompañe? – dijo clavando sus ojos carmesí a la altura del pecho de su ama.

- ¡NO¡HE DICHO FUERA! – ordenó aún más fuerte, el grito retumbó en la habitación. Y sin duda pudo entrar en los oídos del no vivo.

- como ordene, mi ama – giró hacia la puerta – volveré en unos minutos, o talvez mañana por la noche, pero yo estoy seguro que hubiese sido mejor que me quedara. Pudimos habernos divertido unas cuantas horas – sonrió mientras una almohada golpeaba la pared que Alucard había atravesado segundos antes.

- Maldito vampiro, solo busca la forma de arruinar un buen día – pensó para ella.

En el otro extremo de la mansión, las mazmorras se llenaban de un silbido, particularmente burlón, era extraño escuchar el silbido recorrer el pasillo, como si quisiera jactarse de alguna proeza. No se oyó el rechinar de la puerta del calabozo del fondo, pero aún podía oírse el silbido muy tenue, a paso lento pero firme se sentó en su sillón. Se sirvió una copa de sangre envinada y sorbió con felicidad.

Después de unas horas el amanecer empezó a crecer, y Alucard comenzó a sentir un firme pesar en los parpados, dejó su copa vacía en la mesita de un lado, se acomodó el sombrero rojo sobre su cara y entrelazó los pies dejándolos extendidos en el suelo, puso sus manos sobre su abdomen y comenzó a dormir. Pasadas las horas del día, escuchó unos gritos que venían de la habitación vecina, se levantó y cruzó la pared que dividía su área de descanso con la de Helena, asomó la cabeza, en la cama vio aún dormida a la joven draculina, escurrían lágrimas por sus ojos cerrados "Papi" dijo muy sutilmente, lo cual llamó la atención de Alucard, jamás, en el tiempo que llevaba, la escuchó quejarse por la falta de su familia, a un mejor, jamás había escuchado hablar de su familia. Alucard se acercó a ella y miró dentro de su sueños, no logró entender muy bien, lo malo talvez ya se había ido, pero aún así, vio a un hombre robusto y fuerte abrazar a una pequeña de 10 años, estrechándola contra su pecho, mientras lloraba, por que un mal sueño la había visitado. Alucard regresó a tomar su siesta, lo cual lo puso a pensar¿hacía cuánto que no soñaba? Habían recuerdos, muy oscuros, o muy chistosos, burlas que le hacía a Lady Integra cuando podía; pero al parecer los sueños se habían escapado hacía ya, mucho tiempo.

Se dispuso a dormir, ahora sin comodidad alguna, igual en el sillón rojo, nunca dormía en su cama-ataúd, excepto, cuando realmente lo requería. Al fin quedó pesadamente dormido, sin ningún sueño que experimentar, podía descansar a gusto. En la habitación de Helena, no existía la misma quietud, Helena, se despertó sin poder atrapar nuevamente a Morfeo. Salió y caminó de lado a lado, entró a la habitación de Seras, no había remedio, estaba el ataúd cerrado, ni aunque gritara con un megáfono, podría escucharla, Walter se había encargado de eso. Recordando las ordenes, no podía salir a caminar a plena luz, la manda más se enojaría¿y quien pagaría los platos rotos? Si, pensamos lo mismo… Alucard. Así que hablando de él, decidió hacerle una visita, talvez estuviera despierto, era impreciso, pero posible al fin y al cabo.

Al entrar lo vio mal acomodado y pensó que talvez estaría incómodo, lo llevó hasta su cama, y ya ahí, le quitó las botas, el bordó y lo acomodó, cubriéndolo con una sabana negra, le quitó los lentes y salió de la habitación dejando al "bello durmiente" descansar entre los brazos de Morfeo. "quien dijera que el es el terror de la noche" pensó en sus adentros y sonrió al mismo tiempo que movía su cabeza. Regresó a su habitación y sacó uno de los tantos libros que tenia, era el turno de aprender acerca de los demonios. A unas cuantas hojas se durmió. Hasta la noche.

Aún con su sueño mal logrado, Helena se despertó tranquila, al abrir los ojos miró dos rubíes frente a ella.

- ¡Ahhh! - Se levantó en un movimiento, y sin medir la distancia, golpeó la cabeza de su amo - ¡Disculpe amo! Me espanté, ver dos ojos rojos, no fue precisamente lo más placentero en el mundo, sobre todo si te examina como si fuera un alien.

- Pido disculpas por espantarte, a la mitad del día, sollozabas y llorabas, vine a ver si aún estabas bien, supongo que te despertaste y tomaste un libro de demonios, es complicado, ni aún yo me considero diestro en ese tema – dijo mientras se paraba. – bien, me alegro que estés mejor, llorabas como una niña de diez años – argumentó, no dijo ni una palabra de quién pudo haberlo movido de su sillón rojo. Tal parecía que ya supiera quién era el culpable.

- Se estiró, y sin más se quitó la bata blanca con la que siempre dormía. Y se puso unos jeans, una blusa rosa sin mangas, arriba un abrigo de color blanco con franjas horizontales verdes, tenis y se dispuso a salir, sin siquiera mirarse al espejo.

Caminó sin rumbo, con el gran libro en brazos. Instintivamente, llegó a la cocina, donde Seras, Walter y hasta el mismísimo Alucard estaban sentados, El Nosferatu decía algo en voz baja, que paró cuando ella pasó por el umbral de la puerta.

- Si algo desean saber, pueden preguntar – dejó el librote en la mesa, abrió el refrigerador y sacó una bolsita de sangre, la abrió y sorbió un trago esperando al valiente.

- Hay una misión, y estoy considerando incluirte otra vez en el equipo de asesinos, Mi ama está contenta con tu trabajo con la reina, no creo que se oponga – dijo Alucard evidentemente escondía algo. Helena sorbió rápidamente y terminó antes que cualquiera (claro que Walter no) salió de la cocina dejando olvidado el libro, evidentemente, molesta, por la falta de sinceridad en las palabras del hombre alto.

Salió a caminar a los jardines frontales, se sentó bajo uno de los árboles más grandes que cubrían la majestuosa fachada, miró al cielo y en un intento tonto trató de contar las estrellas, por supuesto que perdió la cuenta.

- ¿Haz logrado saber cuantas hay esta noche? – preguntó Alucard desde la sombra más oscura que pudo encontrar, sus lentes brillaban por el brillo de la luna.

- muchas. – dijo sin más.

-Noté un poco de hostilidad en la cocina. Dejó olvidado su libro – lo entregó a su dueña y luego, aún parado dijo – Las estrellas son hermosas, aun después de 577 años.

- supongo que el mundo no ha cambiado mucho desde que usted fue humano – miró a Alucard - ¿por qué no se sienta?

- mentí y tu te diste cuenta – se sentó a su lado, quitándose el sombrero, bordó y las gafas. – eso realmente me sorprendió¿hace cuanto te convertiste en un ser tan fuerte? Jamás lo noté, lees la mente. Pensé que serías un poco más fuerte que Seras, pero ahora te veo como a mi igual. – Se talló los ojos y volteó a verla – háblame de tu familia, quienes eran.

- no veo lo relevante en saber mi línea consanguínea – comento sin ganas – Pero bien. Yo soy hija única, tenía el carácter menos capaz del mundo, me espantaban hasta las sombras, mi madre, una mujer mexicana, empeñada siempre en su trabajo y en mí, pese a toda su falta de tiempo, siempre me dio lo que me gustaba, arte, música…

- Tu primera tabla de surf – interrumpió Alucard – tu surfeabas. Leí tu mente varías veces, jamás encontré una queja tuya sobre tu familia.

- y el surf, lo que más me gustaba, siempre surfeaba cuando me sentía mal, mi mejor amigo, siempre me acompañaba. Cuando me veía en una pesadilla, antes que yo despertara, mi padre, siempre me tenía en su regazo y me abrazaba, para que al abrir los ojos, lo primero que viera fuera a él. Mi padre era Londinense, sutil, jamás me dijo nada que no pudiera beneficiarme, me alentó hasta su último día – unas lágrimas rodaron por su mejilla – Caminábamos después de unas compras nocturnas, yo tenia, tan solo diez años, y un hombre sin más disparó al pecho de mi padre y corrió como una rata hacia la oscuridad, donde jamás pudieran encontrarlo.

- Diez años – le secó las lágrimas con sus guantes blancos – ambos hemos tenido amargas experiencias, y eso forma nuestro carácter, tu amabas a tu padre y lo hiciste hasta su muerte, bendita seas – Helena miró con asombro, jamás había escuchado al amo hablar así – yo, en cambio. Odié a mi padre y le desee la muerte, mal por mí, lo sé, pero jamás perdonaré el haberme vendido, como ganado a cambio de su libertad.

- sé su historia, mi padre todas las noches me contaba una historia más acerca de usted – dijo Helena. – Eso lloraba en la tarde, recordé el viento helado que recorrió mi cuerpo cuando lo vi caer al piso inerte. Jamás perdone a aquel sujeto, lloré mucho por mi padre, y no imagino como mi madre tomo "mi muerte" – miró al cielo nuevamente.

- me están hablando, ven conmigo – se paró y desapareció. Helena hizo lo mismo, ambos aparecieron en la oficina de sir integra.

- Bienvenida a la Organización Hellsing – dijo integra- es el segundo asesino de mi organización, el chupa sangre, me pidió que te tomara en cuenta pese a lo logrado durante la reunión. Me avisan de un posible "monstruo" que ataca sin piedad, Alucard, no saben el tipo de monstruo que es, investiga e informa. Sin ataques, debemos conocer quien es. Helena, creo que es conveniente que vayas con tu amo, así si le hierve la sangre, tírale un vaso con agua fría. – Helena sonrió, levemente.

- Vamos, Helena, la noche comienza, y quién sabe hoy que nos trae la suerte.