SINFONÍA No.7 CONCIERTO FINAL

-Camus espera… te lastimarás… Camus detente…-

Le gritaba pero no me escuchaba, seguía corriendo cada vez más, podía ver su cabello agitarse contra el viento, brillaba como los rubíes en el sol, si seguía así iría a dar al acantilado. Lo alcance cuando este había llegado al acantilado y miraba con ojos desorbitados, una mirada perdida y a la vez de locos.

-¿Es tú amante verdad?.-

-Eso no importa Camus… regresa a casa por favor… hace frío y aún estás lastimado…- Me acerqué a él y le tomé la mano, aunque se rehusó me lo llevé a casa, acabé llevándomelo en los brazos, no dijo nada más ni una palabra, me miraba como si fuese un completo desconocido, yo tampoco sabía bien que decir o que pensar, ¿Qué le podía decir? ¿Qué era el niño glorioso que nunca me amaría? Lo senté en la cama y llevé una palangana con agua tibia para lavarle los pies, se había lastimado al correr así descalzo, Kostas se había marchado después de ese episodio. Camus seguía sin dirigirme la palabra, cuanto más delicado era yo con él, más brusco era conmigo, cuando terminaba de lavarle un pie lo retiro salpicándome, haciendo uno más de sus berrinches, fastidiado se lo regresé a la palangana, y trató de volverlo a quitar, empezamos a forcejear hasta que yo cansado de sus muchos desplantes a lo largo de los años tiré con tanta fuerza de su pie que cayó al piso volcando la palangana.

-¡Estúpido!.- Berreó como un animal salvaje, golpeándome con los puños, yo me limité a sujetarle el brazo sano y con más cuidado el brazo escayolado, acabamos en el piso forcejeando, tuve que someterlo poniéndome encima de él. –¡Suéltame, el piso está asqueroso!.-

-¡Ya me cansé…! ¡Ya me cansé de tus desplantes! Ya te he soportado muchos años ya estoy harto… ya te he demostrado no puedes avergonzarte de mí, soy rico, como querías, ¿Ya estamos contentos?.-

Le pregunté con ironía, me miró como si me reconociera después de muchos años de ausencia de verme, sus pupilas no me perdían de vista, sin darle tiempo a nada más lo besé… con tal pasión que ambos nos ahogábamos en nuestras propias emociones y sensaciones, sus manos tibias y musculosas, las manos de un artista, me acariciaban con frenesí, me despojaba de la ropa y yo a mí vez me deshacía de la suya… completamente desnudos explorándonos por primera vez, sorprendiéndonos a cada tacto, la primera vez por la cual tuve que esperar tantos años… el arrojo con el que habíamos empezado disminuyó, lo tocaba con suavidad, con la misma delicadeza con la que se trata a lo más amado… el sabor de su piel… enredaba sus dedos en mi cabello cuando mis labios buscaban satisfacerle… entre sus muslos.

-Quiero sentirte… dentro de mí…-

Me suplicó… ahí mismo en el piso sucio de aquella vieja casa le hice el amor por primera vez… cada instante era más dulce que el primero, dejaba en su piel tatuados mis labios y caricias mientras se agitaba debajo de mí, olvidando por completo todo aquello que nos separaba.

Agotado e invadido por el sopor que acompaña al placer me recosté sobre su pecho acariciándole aún y notando que él mismo jugaba con sus dedos en mi piel… en completo silencio, a oscuras, en el piso frío.

-Ahora comprendo…- Susurró.

-¿Qué cosa?.-

-Por qué eras tan popular…-

-¿De que hablas Camus?.-

-Por que eres un amante ardiente pero no salvaje… por que sabes como tratar a los demás con respeto y como algo preciado… por que tú haces el amor y no solo copulas…-

Me quedé mudo ante sus palabras, me apoyé en los brazos ligeramente levantado para verle a la cara, me miraba tan triste… pero me sonreía.

-Será mejor que te coloque en la cama… el piso es demasiado frío y sucio…-

-Si… muy sucio…- Afirmó, lo ayudé a levantarse y luego se dejó caer en la cama, lo cubrí con las ligeras cobijas y me dispuse a dejarlo descansar.

-Milo…-

-¿Qué pasa?.-

-Toca para mí…-

-¿Qué? Pero si me has escuchado ya muchas veces.-

-Pero tocas para los demás, no para mí… toca para mí por favor…- Me pidió en voz baja y quebradiza… fui por mi violín y me senté a su lado completamente desnudo, empecé a tocar tal como me lo pedía… The Kiss… una vez más aquella pieza intensa que siempre se me antojaba para los enamorados… la pieza que toqué la primera vez… cerré los ojos y no supe más hasta que terminó la melodía… cuando abrí los ojos Camus estaba llorando en silencio.

-Esa pieza… la tocaste cuando entraste al conservatorio… aún la recuerdo…-

-Sí es la misma.-

-Es hermosa… ¿Milo?.-

-Dime…-

-Quédate conmigo… por favor…-

Asentí y me acosté a su lado, simplemente me abrazó y se quedó dormido, aún sentía escurrir sobre mi pecho desnudo sus lágrimas tibias.

Abrí los ojos pues el sol me daba de lleno en el rostro, me estiré olvidándome de donde estaba, estiré un brazo para tocar el cuerpo de Camus pero no estaba… sobresaltado me levante para buscarlo pero no lo encontré… observé el reloj y vi que pasaba del medio día. Me puse un pantalón ligero de lino y unas sandalias, no me preocupé en ponerme camisa, en la mesa de la cocina había algunas frutas en bolsas y tirada ahí estaba la escayola del brazo de Camus… muy propio de él dejar las cosas tiradas y que alguien más las recogiera… supuse que había salido temprano a pasear, me dio ansiedad el no verle llegar y salí a buscarlo, sabía dónde podría estar… sintiendo el la brisa marina dejé que mi cabello se agitara, a paso lento fui al acantilado, no tardé mucho en divisarlo, su cabello rojo lo evidenciaba… estaba ahí solo, sentado en una roca mirando al mar, triste y pensativo, como yo nunca lo había visto… estaba llorando…

-Camus…- dije con suavidad, el se volvió y aunque quiso sonreír no pudo, me senté a su lado en el piso y esperé… pasaron varios minutos antes de que dijera algo.

-Me enseñaron a ser así… me enseñaron a despreciar la pobreza y aquellos sentimientos que surgían de ello… por que confunden y solo nacen cuando no se tiene todo… me enseñaron a desear ante todo la perfección y a destruir todo aquello que no fuera perfecto… y aprendí bien…- Sollozó abrazando sus propias piernas, me quedé boquiabierto… por eso me había destrozado a mí… conmigo había sido la prueba de fuego y él había aprobado su propio curso de crueldad y superioridad… me tragué mi propio dolor y orgullo y le levanté el rostro por la barbilla, yo estaba de pie delante de él… le mostré el pañuelo de seda con su nombre bordado, él abrió los ojos desmesuradamente y los labios le temblaron cuando lo tomó en una mano.

-Milo… tú… eras ese niño… tú eras ese niño que me encontré hace años… cuando vine aquí por primera vez… siempre fuiste tú…- Dijo incrédulo haciendo un torrente de sus lágrimas en aquel rostro de alabastro.

Tomé su mano y la levanté colocándola en mi corazón.

-Es mi corazón… y está roto….-

Camus guardó silencio temblando, el dolor en su mirada me hería profundamente, se dejó caer de rodillas abrazando mis piernas, llorando cada vez más.

-Si… yo lo hice… Milo por favor… perdóname… te he destrozado tanto… perdóname por favor… yo… te amo… te amo tanto… y te he lastimado tanto… perdóname… algún día…-

Me agaché poniéndome de rodillas igual que él y le levante el rostro otra vez.

-Parece que no me conoces… te perdoné hace mucho… es fácil cuando se quiere de verdad… te amé desde el instante en que te vi, nadie te conoce como yo y nadie me conoce como tú… lo que pasó… es ahora como una historia vieja, todo ha quedado atrás… ahora es un nuevo comienzo de la misma historia…- Quité de su mano el viejo pañuelo y lo dejé irse con el viento, lentamente caía por el acantilado hasta perderse… acaricié sus cejas tan peculiares y le besé con ternura… ternura… algo que él no conocía y yo estaba dispuesto a enseñarle… aunque tardara otros 10 años más…

FIN

ESCRITO POR HOKUTO SEXY