Capítulo 7: Nuestra vida (nuevamente narrado por Rika)

El tiempo pasaba cada vez más, y más rápido: ya era Enero, y yo estaba en mi séptimo mes de embarazo, en el que mi tripa parecía ir a explotar en cualquier momento. No obstante, el médico se sorprendía de lo poco que había engordado (aunque a mí me pareciese bastante). Dijo que en años había visto un caso como el mío.

Respecto a toda mi gente (ahora me gusta llamarles así, ya sé que suena cursi, pero es un antojo, hala) Takato sigue aún saliendo con Jen. Hace poco tuvieron una pequeña pelea (¡!) puesto que en la obra de teatro que estaban realizando en el último curso a Takato le tocaba besar a una chica que no era Jen... y a la pobre le sentó un poco mal. No obstante, Takato acabó por ceder su papel a otro chico, y todo se solucionó.

Alice sigue igual de sádica y continúa su noviazgo con Henry, el cual está mejorando cada vez más en las clases del maestro Cho. Ambos están sacando unas calificaciones envidiables en todos estos meses: al parecer estudian juntos.

A Kazu le ha cortado Jennifer, pero él dice que pronto se arreglará... yo no estaría tan segura. Me pregunto por qué demonios le habrá dejado...

Kenta sigue saliendo con Aísha y, atención, HA MADURADO. ¡En serio! Ya no es más un crío, como lo es Kazu (igual ésta es la razón por la que su novia le ha dejado). Aísha es cada vez más simpática, me cae genial. Creo que su relación con Kenta acabará en el altar.

Shiuchon y Makoto continúan juntos, aunque tuvieron un enfado que les duró un par de meses y del cual aún no tengo las causas del todo claras, pero creo que la que empezó todo el lío fue Shiuchon (en parte) puesto que Makoto la vio con Rintaro (abrazados, nada más) y ya se lo tomó por la tangente. Ai también se vio involucrada en el asunto. No obstante, al final todo resultó ser un malentendido y tanto Shiuchon como Ai siguen con sus respectivas parejas (Makoto y Rintaro, que por cierto, me sorprende mucho que sea tan maduro para lo joven que es, más siendo un chico. Él y Ai van muy en serio (aunque Makoto y Shiuchon también)).

El padre de Ryo continúa saliendo con mi madre. En el fondo, no me importa que lo hagan... ¡lo que sí me importa es que se lo monten delante mía! (ejem... sólo se besan, no penséis cosas raras). El otro día me los encontré en el salón, liándose y creo que tanto a mi futuro hijo como a mí nos dio un señor patatús.

Y por último (aunque el más importante) Ryo sigue trabajando en Hypnos. Dice que sospecha que le van a ascender, puesto que últimamente Yamaki-sama (-sama de jefe, no de semidiós), como él le llama, le está felicitando más que de costumbre. Además, el chico sonríe más a menudo de lo que ya lo hacía antes. Se ve que todo esto le ha acabado por hacer bien. Finalmente, he de admitir que ha madurado muchísimo: aquel poco de raciocinio que solía faltarle, ya la había logrado (aunque eso no resta que siga siendo un completo pirado, maduro, pero pirado).

En fin, tras este pequeño resumen sobre todo lo que ha acontecido a la gente más próxima a mí, comenzaré con la historia a la que hace referencia este capítulo.

Por aquélla época, lo que más hacía era reposar, comer y asistir junto a Ryo a los cursos de preparación al parto. El pobre, a veces, no sabía del todo ayudarme y gran parte de los días acababa las clases pidiéndome perdón. Algún día también apareció por ahí Reika, la mujer de Yamaki. No tantas veces apareció el propio Yamaki: se ve que tenía demasiado de qué preocupase.

Uno de aquellos días en los que Ryo no acabó pidiéndome perdón fuimos directamente a su casa a pasar la tarde puesto que Maoko no iba a estar y Ryo tenía la semana libre.

- ¿Quieres algo? – preguntó Ryo.

- Bebida de soja – contesté.

- ¿Estás seguro de que eso te va a sentar bien en tu estado?

- No sé a las demás, pero a mí me va de maravilla.

- De acuerdo – sonrió Ryo. Me senté en el sofá mientras él iba a la cocina. Al poco rato salió de la misma con mi bebida de soja, una coca cola para él y dos vasos. Vertió parte del contenido de mi bebida en mi vaso y parte de su bebida en el suyo. Se sentó en el sofá, se estiró, cogió su vaso, me dio el mío y comenzó a beber.

- Está exquisito – sonreí.

- Mi coca-cola también está muy buena – sonrió él – Por cierto, Rika, acabo de acordarme de una cosa.

- ¿De qué se trata?

- De la conversación que mantuvimos hace ya más de año y medio, sobre qué íbamos a hacer con nuestro futuro.

- ¡Ah! – exclamé – Sí...

Flashback (narrador neutro)

Rika recostó su cabeza en el hombro de Ryo, en medio de un suspiro, y dijo:

- ¿De verdad somos tan pasionales, Ryo?

- Puede que un poco...

- Me preocupa lo que Jen ha dicho.

- ¿Qué parte?

- La de quedarme embarazada joven.

- Tranquila, eso no va a pasar. Tendremos hijos, pero más adelante.

- Según eso, nos casaremos ¿no?

- Claro.

- ¿Y si esto no sale bien?

- Soy un testarudo, saldrá bien.

- ¿Y si dejas de quererme?

- Si no he dejado de quererte tras todo lo que me has hecho, no te dejaré de querer nunca.

- Yo a ti tampoco.

- Entonces no hay problema.

- ¿Sobre qué edad nos casaremos?

- ¿Sobre cuál quieres tú?

- Veinte, o tal vez veintiuno.

- Entonces yo veinticuatro, o tal vez veinticinco. ¿Hijos?

- Dos.

- De acuerdo. ¿Niña y niño?

- Bien. ¿Prefieres niñas o niños?

- Siempre me han gustado las chicas. Además, siendo hija tuya y nuestra, será una auténtica monada de chica. ¿A qué edad quieres el primero?

- Como mínimo, quiero un año de feliz matrimonio. Y con feliz, quiero decir solitario. Pero no quiero retrasar demasiado el último, eso tenlo claro.

- ¡Por supuesto! ¿Y qué nombres de chico te gustan?

- Pues... Genki, es bonito, también Rai... y el tuyo, claro.

- Rai está bien. ¿De chica?

- Misao me encanta, pero también Leela, como mi tía. Y Yuriko, es muy bonito.

- Pues a mí... Rika... luego... Rika y por último... sí, creo que Rika.

- Pues ya puedes ir pensando otro nombre, porque no quiero tener una hija que se llame como yo.

- Joooo... ¿Y Megumi?

- Suena a arpía. No me gusta.

- No, si a mí tampoco, era por decir algo.

- Bueno, ya nos pondremos de acuerdo, que aún somos jóvenes, y falta muuuuuuuuuucho tiempo para eso.

- ¿Dónde te gustaría vivir?

- Aquí. Es un sitio precioso. Sería fantástico vivir en una casa, al lado de la bahía.

- A mí también me gusta.

- ¿Crees que lo conseguiremos?

- ¡Claro que sí!

- Entonces, no tendré niños antes de lo querido ¿verdad?

- No – sonrió Ryo – Seguro que no.

- Ya estoy más tranquila... esto de planear la vida, me gusta.

- A mí también, incluso tengo ganas de que todo eso llegue.

- Sí, yo también.

Fin del flashback

- Qué ignorantes éramos entonces – sonreí – Ahora, ya ves, todos nuestros planes se han ido al garete.

- Bueno, no tiene por qué ser así: una cosa es que haya fallado el momento en el que hemos comenzado los objetivos que nos habíamos propuesto, que hubiese fallado de todos modos; pero aun así podemos conseguirlo todavía. Nos tendremos que esforzar mucho más, y tal vez tengamos que renunciar a algún capricho, pero podemos lograrlo.

- ¿Qué propones? – inquirí, con interés.

- Lo que está claro es que hay que casarse ¿no crees? Después de todo, llevamos prometidos una buena temporada.

- Totalmente de acuerdo – contesté, asintiendo.

- Bueno, pues ¿cuándo crees que deberíamos casarnos? – inquirió, con cierta emoción - Porque a mí, al menos, lo de hacerlo dentro de tres años me parece excesivo, con todo lo que ha pasado.

- Opino que deberíamos casarnos cuando el bebé tenga ya unos meses, ya que al principio hay que estar muy pendiente de él.

- En ese caso... el bebé nacerá en marzo, o así... ¿qué te parecería casarnos en agosto? El niño tendrá unos cinco meses, más o menos.

- Sí, estaría bien – sonreí.

- Otra cosa que creo que tenemos que eliminar es lo de vivir en una casita junto a la bahía de Odaiba: nos arruinaríamos.

- Tienes razón – admití - ¿Qué te parecería buscar un piso pequeño, barato y que se pague a plazos? Aunque luego podamos permitirnos algo mejor, creo que sería mejor comenzar por eso.

- Sí, eso mismo había pensado yo... Por cierto, Rika ¿qué piensas hacer tú en lo concerniente a tus estudios?

- Mi madre dijo, hace algún tiempo, que me buscaría alguna academia o profesor particular para poder conseguir el diploma de bachillerato. No obstante, lo he pensado mejor y creo que será más rentable hacer otra cosa...

- ¿De qué se trata?

- En cuanto vuelva a estar como estaba antes, probaré a entrar a trabajar en la agencia de modelos de mi madre.

- Pero... me da pena: eres aún muy joven ¿no crees? No tienes por qué empezar a trabajar tan pronto.

- Pero... la verdad es que yo quiero hacerlo. Antes pensaba totalmente distinto, ni siquiera me puedo creer que mi opinión sobre ser modelo haya cambiado tanto... Tengo ganas de ver a dónde puedo llegar en ese trabajo.

- Haz lo que desees – sonrió Ryo – Pero no te alejes de mí – añadió.

- Claro que no - sonreí – Llegaré hasta donde pueda, pero trabajando siempre en Tokio.

- Menos mal – suspiró Ryo, con una sonrisa.

- De todos modos, si no me admiten en la agencia de mi madre, probaré a sacarme el título.

- De acuerdo. Por otra parte... cuando tengamos ya suficiente dinero, podríamos viajar a algún sitio ¿no crees?

- Sí – asentí - ¿A dónde te gustaría viajar?

- Tengo la ilusión de visitar Europa ¿y si viajamos a alguna ciudad en concreto?

- No sé... a mí me gustaría más hacer un tour por toda Europa.

- ¡Ah! – exclamó – Por mí perfecto: suele haber buenas ofertas. Con tal de visitar Londres, encantado.

- De acuerdo – sonreí.

- Pero para eso debemos aprovechar al máximo el dinero ¿eh?

- Sí – asentí – Y no usar tanta gomina – añadí, con cierta intención.

- ¿Por qué lo dices? – inquirió él, tratando de hacerse el inocente.

- No te hagas el tonto – contesté, sonriendo.

En resumen: aquella tarde habíamos hecho una remodelación de lo que habíamos ideado en un principio. El conseguirlo o no sería cuestión de suerte y de fuerza de voluntad. No obstante, no íbamos a ser sólo nosotros los que fuésemos a cargar con todo...

- Maoko – comenzó mi madre – he estado pensando en estos días en qué más podríamos hacer para ayudar a los chicos. Sé que les estamos echando un capote espiritualmente y hablándoles sobre lo que deberán hacer cuando su hijo nazca... pero tal vez tendríamos que ayudarles en lo que al lado económico se refiere ¿no crees? - Maoko asintió mientras bebía un trago de cerveza. Se encontraban sentados en la terraza de una cafetería - ¿Y tú, mamá? – mi abuela también asintió.

- Yo me encargaré de ayudar a Rika en lo más próximo a su hijo, es decir, le compraré ropa, alimento... – señaló mi abuela - También le ayudaré cuando tenga que cambiar pañales: dudo que sepa como se hace.

- Pues anda que Ryo... – comentó Maoko – A ése seguro que le das un pañal para que le cambie al niño y acaba poniéndoselo de gorra – ante aquello, mi madre se echó a reír y mi abuela sonrió ampliamente. Cuando mamá se hubo calmado un poco, añadió:

- Bueno, tampoco será para tanto.

- ¿Qué no? Ryo tendrá muy buena intención en todo lo que hace, pero es un poco-bastante-demasiado torpe. Con decirte que el otro día se puso a hacer tortillas dándoles la vuelta con la sartén... y que acabó pareciendo que teníamos estalactitas en el techo de la cocina... – finalizó, con una sonrisa. Mi madre y mi abuela volvieron a reírse.

- Pero es un buen chaval – sonrió mi abuela.

- Lo sé – asintió Maoko – Bueno ¿y en qué quieres ayudarle tú, Miyuki?

- Pues, ya que mi madre se va a encargar de la ropa y el alimento, podríamos pagar la boda entre los dos así como la entrada del piso que vayan a comprar... cuando se muden, claro está – añadió.

- Me parece bien – comentó Maoko, asintiendo.

- Bueno, pues ya se lo diremos – sonrió Miyuki.

- Hablando de decir cosas a gente, Maoko... ¿le dijiste a tu mujer que iba a ser abuela?

- Sí – asintió Maoko.

- Luego viene ¿no? – inquirió Miyuki.

- Exacto – sonrió el hombre – Estará al lleg...

- ¡¡¡MAOKOOOOOOOO!!! –gritó una voz a lo lejos: era Liujune, la antigua mujer de Maoko (Liu para los conocidos). Iba vestida con una falda roja oscura que le llegaba algo más por encima de la rodilla, unas botas altas de color beige, una camiseta del mismo tono y un abrigo del mismo rojo que la falda. Corrió hacia ellos y, al llegar, dijo - ¡Hola! Me alegro mucho de veros... ¿qué tal Miyuki?

- Muy bien – sonrió ella - ¿Y tú?

- También.

- ¿No viene tu marido? – inquirió Maoko.

- Oh, no, se ha quedado trabajando... – contestó, meneando la cabeza. Tras unos segundos observó a mi abuela y luego a mi madre - ¿Sois hermanas? – inquirió a esta última.

- ¡Oh, no! – exclamó mi madre – Es mi madre.

- ¡Ah! ¡Qué joven! – sonrió Liu, mientras se sentaba frente a Maoko y junto a mi abuela – Hablando de juventud... qué pronto va a ser padre Ryo, ¿no?

- No lo tenía premeditado – aclaró Maoko – Ni siquiera se ha casado. Fue todo un accidente.

- Ajá... la madre es tu hija ¿no, Miyuki?

- Sí.

- ¿Cuántos años tiene ella?

- Dieciocho.

- ¿¡Sólo!? – exclamó Liu – Vaya, lo debe de estar pasando fatal, la pobre...

- Bueno – comenzó mi madre – al principio lo llevaba de pena, pero ahora parece mucho más optimista.

- Pues no sabes cuánto me alegro – admitió Liu, endiñándose el bocadillo de tortilla de patata de Maoko.

- ¡Eh! ¡Mi bocata! – exclamó el hombre moreno.

- ¡Ah! – exclamó Liu, con una sonrisa – ¿Ibas a comerlo? – pronunció aún más su sonrisa – Estaba rico.

- ¡Tienes el mismo morro que Ryo! – exclamó Maoko, molesto.

- Venga, Maoko – comenzó Liu – No te pongas hecho un energúmeno delante de tu novia.

- Bah – replicó Maoko.

- Bueno – comenzó mi madre – Yo ya estoy acostumbrada – sonrió.

Y siguieron charlando durante largo rato. Acordaron con la madre de Ryo que la avisarían una semana antes de la fecha prevista para el parto, para que pudiese estar presente. Liu aceptó sin pensárselo dos veces. Algo más tarde, fue a vernos a mí y a Ryo a su casa. Dijo que viendo lo guapo que era su hijo y lo increíblemente preciosa que era yo, seguro que el niño o niña sería también una auténtica monada. Sonreí ante aquel comentario. Aquella mujer me caía bastante bien, a decir verdad.

*********************

Y volvió a pasar el tiempo. Ya eran principios de marzo, concretamente el día tres. Cada vez faltaba menos para el día esperado. Aquella mañana, puesto que Ryo no tenía que trabajar, fuimos a visitar en el recreo a Alice, Jen y los demás. Preguntamos a un par de alumnos de su curso que si los habían visto, pero respondieron que no... Enseguida nos dimos cuenta de por qué.

- ¡Ah! – exclamó una profesora – Si buscáis a Mc Coy, Matsuki, Wong, Katô... y, en fin, todos sus amigos, están bajo el porche. Me pidieron permiso para montar una tienda en los recreos. La regulo yo: soy su jefa de estudios.

- Así que una tienda... – comenzó Ryo - ¿Sería posible ir a verlos?

- ¡Claro que sí! – exclamó la mujer. Entramos en el colegio (con ella y los demás habíamos hablado a través de la verja) y nos condujo hasta el porche: ahí estaban nuestros amigos. Vendían cosas como pan y bollos, cuadernos, bolsas de patatas e incluso camisetas.

- ¡Vaya! – exclamó Alice, al vernos - ¡Nos han pillado, chicos!

- ¿Eh? – contestó Jen, girándose - ¡Rika, Ryo! - exclamó - ¿Qué hacéis aquí?

- Veníamos a visitaros – contesté.

- Pues vaya – comenzó Henry – Queríamos que fuese una sorpresa.

- ¿Qué sorpresa? – preguntó Ryo.

- Estamos reuniendo dinero para dároslo a vosotros – explicó Takato, con una sonrisa – Lo vais a necesitar.

- ¿De verdad? – sonreí. Alice asintió - ¡No hacía falta, pero muchas gracias!

- No hay de qué – sonrió Jen.

- ¿Queréis un bollo? – dijo Jennifer, que se acercaba a nosotros junto a Kazu: iban de la mano.

- Vosotros... – comencé: no podía reprimir mi curiosidad - ¿No os habíais peleado?

- Bueno – sonrió Kazu – Se ha solucionado ¿verdad, Jen?

- Sí – sonrió la chica rubia - ¡Tomad! – añadió, ofreciéndonos un bollo a mí y otro a Ryo – El tuyo es más grande, Rika: después de todo estás comiendo por dos.

- ¡Está exquisito! – exclamé.

- ¡Ya lo creo! – añadió Ryo.

- Por cierto – comencé - ¿Y Kenta y Aísha?

- Tenían que quedarse a cumplir un castigo – sonrió Alice – El director les pilló liándose en el cambio de clase.

- Es una pena... – comencé – Quería ver a Aísha. ¿La saludaréis de mi parte? – pedí.

- Claro – dijo Jennifer.

- Y de la mía – añadió Ryo.

- ¡Por supuesto! – volvió a exclamar la chica rubia.

- Por cierto, Ryo – comenzó Henry - ¿Qué tal en tu trabajo?

- Bueno – comenzó él – He tenido un pequeño bache: el otro día me petó un ordenador... no sé si me ascenderán.

- ¿Te echó la bronca Yamaki? – inquirió Alice.

- ¡No! Yamaki-sama dijo que no ocurría nada... pero sigo preocupado.

- Si no te dijo nada olvídate de ello – sonrió la chica – Por cierto, Henry: mañana no hagas planes para el recreo porque vas a estar castigado conmigo, ¿eh?

- Estooo... aunque creo saber la respuesta... ¿por qué lo dices? – inquirió Henry, temiéndose algo de su novia.

- Bueno – contestó Alice, acercándose peligrosamente a Henry e inclinándose sobre él – Si quieres que nos castiguen ahora...

- ¡No, no! – exclamó Henry – Ya nos castigarán en el recreo de mañana, ya...

- ¿No lo harás porque no quieres besarme? – preguntó Alice.

- ¡Qué va! – exclamó él.

- Lo haces por eso...

- ¡Alice, que no...

- ¡Has picado! – sonrió Alice.

- ... mira que eres mala – suspiró Henry – Entonces... no habrá castigo ¿no?

- Bueno... depende de cómo me dé – volvió a sonreír.

- Ay, ay, ay... – dijo Henry, alejándose algo de Alice.

- ¡Wongy! – exclamó Alice, abrazándose a su brazo y sonriendo - ¡Pero qué pirado estás, cariñín!

- Qué prontos te dan, hija... – suspiró Henry. En aquel momento tocó el timbre – Bueno – comenzó a decir – tenemos que irnos.

- De acuerdo – dije. Ryo asintió. Tras decirles adiós, cada uno se fue por su lado, yo con Ryo. Me giré cuando estábamos a punto de entrar y pude ver cómo Alice y Henry se sonreían y se daban un corto beso.

- Esos dos serán los próximos en casarse – sonreí.

- ¿Tú crees? – dijo Ryo. Asentí – Ojalá sea verdad – sonrió. Noté cómo algo en mi interior me daba una patadita en la tripa. Sonreí. Aquello, seguramente, era una señal de lo que ocurriría en un tiempo. Ryo me rodeó con su brazo y proseguimos nuestro camino, que cada vez se acercaba más a la nueva vida que llenaría nuestros días en breve.

Continuará...

Respuestas a reviews!

Osiris, muchas gracias por estar siguiendo este fic, me alegro de que te esté gustando *-* Yo también adoro esta pareja n.n Pronto llegará el final del fic ^^

WhisperInTheSilence, gracias a ti también n.n Me alegra que te esté gustando la trama. Seguiré subiendo el resto de caps que quedan n.n

Gracias a todos ^^