"Tomada la decisión, ambos jóvenes deciden partir en la búsqueda de la mujer que vieron en las visiones a espaldas de un padre y maestro. Mientras que por otro lado y completamente sola, la joven princesa vivirá uno de los momentos más desgarradores de su corta vida, dejándola si esperanza alguna de un futuro."
-Siento que lo que estoy a punto de hacer no es correcto. -Declaró el joven pelinegro mientras calentaba los motores de la nave.
Aquella nave era exactamente la misma en la viajó Sageki junto con su maestro, era vieja, pero con un buen motor.
-Mejor no pienses en eso. -Le dijo el rubio. -Recuerda porque lo haces.
Sageki sabía a lo que iba y porqué lo hacía, nada lo detendría. Ni siquiera su maestro.
Empezó a verificar que no hubieran errores en la nave para evitar cualquier problema en la partida.
-¿No podemos ver eso ya en el espacio? -lo cuestionó el rubio.
Sageki no lo miró, se limitó a responderle mientras revisaba el cableado bajo el panel de control.
-Si tenemos algún percance en el camino eso nos detendría, y tu padre se dará cuenta.
Boruto lo miró cuestionándolo.
-Pero de todos modos se dará cuenta que escapamos. -le dijo.
Sageki reordenó los cables y se levantó, luego volteó a mirar a su acompañante.
-Se dará cuenta, pero nos podría detener. -le contradijo el pelinegro.
-¿Eso es posible? Nosotros estaríamos ya en el cielo, ¿Qué podría hacer el viejo desde el suelo? -dijo resoplando Boruto.
-Inhibir el flujo de refrigeramiento en los motores. -el rubio lo miro sin entender. -Si él lo quiere, los motores podrían calentarse, y la nave detenerse.
-¿Eso es posible? - Preguntó el rubio asombrado.
-Ahora no, -Le dijo con orgullo el Uchiha, mientras colocaba sus manos en las caderas. -corte el circuito que servía de receptor para la señal, y el que inhibía el flujo de refrigeramiento.
Boruto quedó asombrado ante el conocimiento de su amigo, sabía mucho de maquinaria.
-Ahora podemos partir, no habrá problemas. -le dijo Sageki al rubio.
El joven Uchiha se sentó de piloto mientras que el rubio de copiloto. Los motores comenzaron a sonar y con ello, la ansiedad de los jóvenes.
En medio del plano terreno entre los bosques y no muy lejos de la casa de los Uzumaki's, una nave ascendió hasta quedar ya varios metros sobre la tierra provocando con ello un gran ruido, el cual alertó a los que se encontraban dentro de aquella rustica casa.
Naruto al escuchar aquel ruido corrió hasta salir de su hogar, al darse cuenta que era una de las naves que tenía entró a su casa y cogió el aparato que detenía para que se detuvieran los motores, sin embargo, la nave nunca se detuvo, el control no funcionaba.
Lo único que pudo hacer aquel Jedi fue apreciar como esa nave ya vieja salía directamente hacía el espacio.
Con frustración sintió la presencia de su hijo y de Sageki en aquella nave.
Nada bueno saldría de esto.
La nave en la que se encontraban aquellos jóvenes Jedis ya estaba instalada en el espacio por lo que el joven pelinegro comenzaba a colocar las coordenadas. Se detuvo un momento.
-...¿Hacia dónde? -le preguntó al rubio.
Este lo miro sin dar respuesta, luego comprendió.
-Busca en tu interior, tú fuiste quien tuvo esas visiones, solo tú puedes saber hacia dónde ir.
Sageki de cierta manera no quería volver a usar la fuerza para meditar, puesto que sentía miedo de usarla y volver a sentir aquel dolor insoportable como en aquel bosque. Entonces recordó el rostro de aquella mujer llorando, él no podía ser egoísta, no podía ser débil.
Sageki comenzó a meditar, a pensar y a reflexionar. Callado y sereno sintió como su cuerpo helaba y su piel se erizaba, era la fuerza.
El tiempo para él era relativo en ese instante, no sabía si había pasado horas o tan solo segundos, pero ya sabía hacia dónde ir.
Boruto observó como Sageki tecleaba las coordenadas en la pantalla del panel y movió la palanca que activaba la entrada al hiperespacio.
-¿Estás seguro? -le preguntó el rubio.
Sageki lo miró sonriendo.
-Espero que sí.
En lo profundo de la galaxia se hallaban aquellas naves imperiales que tenían retenida a la princesa de Alderaan. Tras la huida de la flota rebelde, las naves imperiales viajaron hasta llegar a la base central, la cual era ni más ni menos que la mismísima Estrella de la muerte, la joven princesa era consciente de ello.
Aquella joven mujer era retenida por 5 soldados en una zona aislada, ya no era la celda blanca, sino una grisácea. Observó como los Stormtroopers estaban inmóviles, casi parecían estatuas.
Sarada sintió la llegada de alguien, desconocía como pero lo sentía. No fue hasta que pasaron poco más de 5 minutos que la llegada de Darth Vader se hiciera en aquella sala.
Aquel suceso le parecía de lo más asombroso, sin embargo, decidió dejarlo.
-Decidió hablar. -Le dijo el Lord oscuro con esa característica voz mecanizada. -Eso es bueno.
La joven decidió guardar silencio.
El Sith agarró firmemente el brazo izquierdo de la joven princesa para luego llevarla hacia lo que sería el centro de mando de la estación.
-¡Me duele! Idiota... -replicó la joven al Darth, él la miró de reojo.
-Que fina.
Sarada se quejó en su interior para luego centrarse en la gran estructura del lugar, era demasiado angular y neutro, no le gustaba en lo absoluto.
Llegaron a lo que era la sala de comando, allí se pudo observar un gran ventanal en el cual se podía ver el espacio y su infinidad, frente al ventanal había un hombre con un largo cabello,
Desde ya más cerca pudo ver que aquel hombre era el comandante Orochimaru, Sarada quedo aún más consternada por aquella situación.
-Estupendo Lord Vader. -le dijo aquel hombre de cabellera larga y ojos como una serpiente.
El comandante bien uniformado se colocó más cerca de la princesa.
-Tus amigos arrancaron. - Le dijo mientras le tocaba el mentón a la joven. -Igual que ratas.
Eso último le causó ira a la joven.
Vader se posicionó más apartado, quedando bastante atrás de la joven.
-Escuché que hablará. -Le dijo aquel hombre aun acariciando el rostro de aquella joven, quien lo miraba con repudio y asco.
Por alguna razón, el Sith no se sentía bien viendo como aquel hombre tocaba a la joven, de hecho sentía molestia.
-Habla. -le exigió el comandante, a lo que la joven solo calló. -No te hagas la desentendida, necesito esos planos.
-Y yo la paz. -le encaró la joven. -Pero no todo se obtiene en esta vida, tal parece.
Aquello sacó una sonrisa al comandante, luego le golpeó en el rostro con tal fuerza a la joven princesa, que la dejó en el suelo.
Sarada tras sentir el repentino golpe que le propicio el comandante en su cara se la tocó, sintiendo en su mejilla izquierda un ardor y picazón, tocó su labio y sintió un poco de líquido, vio que era sangre. El infeliz la había golpeado.
Orochimaru le agarró de uno de sus moños en su cabello, tirándolo hasta que ella lo mirase.
-¡¿Dónde?! -le gritó cerca de su rostro, ella le desafiaba con la mirada. - ¡Dilo!
Aquel hombre que la tenía agarrada de sus cabellos levantó su mano derecha dispuesto a golpearla nuevamente, sin embargo, su acción no pudo realizarse. El Sith agarro firmemente la mano derecha del comandante impidiendo así que este la golpeara, la joven quedo confundida ante lo apreciado.
Vader tiró de Orochimaru lo suficiente para dejarlo lejos de la joven princesa, el comandante sin entender quitó el brazo del agarre de Vader bruscamente.
-Comandante, no se desvíe. -le dijo el Lord.
Este lo miró con ira. Vader al ver que aún la joven seguía en el suelo le ofreció su mano, a lo que ella rotundamente rechazo.
-Bien. -el comandante se dirigió a la joven. -Supongo que sabes la capacidad que tiene esta estación.
La joven solo miraba con veneno a aquel hombre.
-Pero, ¿Has visto con tus propios ojos como destruye un planeta?
Sarada no comprendía el punto al que quería llegar.
-¿Quiere ver un espectáculo? -le ofreció
Entonces la joven comprendió aquello.
-¡Son vidas! ¡Son personas! -le gritó con ira y desesperación.
-Los planos.
Sarada sabía que el haría lo que fuera, que sacrificaría millones de vidas, por unos planos.
Planos que revelarían como destruir el destructor de planetas.
La princesa bajo su rostro, negándolo todo.
-Que cruel. -le dijo aquel hombre, la joven se alteró.
-Los crueles son ustedes, no yo. -le recriminó la joven.
-¿No me dirás? -le replanteó a la joven, ella negó con pesar y dolor aquello. -¿Y Alderaan?
La joven levantó inmediatamente la mirada, el comandante sonrió.
-Porfav-
-Todo depende de usted, majestad. -aquel hombre se acercó nuevamente a la joven y le acarició la mejilla donde él le había propiciado el golpe. -Su familia vivirá, sus conocidos vivirán.
Sarada estaba en un terrible conflicto, sabía que la misión siempre era primera, sus padres le inculcaron eso con mucho esmero. Sin embargo, ¿La misión realmente valía tantas vidas?
¿Lo valía?
-...¿Y? -Insistió el comandante.
Sarada recordó a quienes la criaron, su madre Ino y padre Sai eran virreyes de Alderaan, ella sabía que era adoptada, pera para ella, ellos eran sus padres.
Y si tomaba la decisión correcta, ellos morirían.
-...Le diré. —decidió Sarada.
Los ojos del comandante brillaron como nunca.
-Perfecto.
Sarada lo miro fijamente, con rencor e ira.
-Los planos fueron enviados hacia la base rebelde ubicada en Inro. —Orochimaru la miró con insistencia, analizado sus palabras. —ya le dije todo, ahora, cumpla su palabra.
-¿Mi palabra? ¿Tú crees que yo soy un hombre de palabra? —Sarada estaba en atonita. -Yo soy un hombre de acciones, no de palabras.
Dicho eso, el comandante se giró hacia el gran ventanal y dictó.
-Disparen.
-!No!
La gran estación espacial comenzó a girar lentamente hasta enfocar el planeta de crianza de Sarada.
Un gran brillo verde comenzó a notarse como reflejo desde arriba de la nave, luego un gran rayo del mismo color fue disparado directamente hacia el planta, envolviéndolo en una capa semitransparente colocar verde, hasta que el planeta fue destruido, explotó en mil pedazos.
La princesa cayó de rodillas, sin creer que el planeta fue destruido, junto con todo aquello que llamaba familia.
El comandante sonrió y Vader contemplo aquella triste imagen, sintió como algo molestaba dentro de él.
En ese instante Sarada perdió toda esperanza, junto con su familia.
Entonces lloró, lloró por lo que perdió, por engañar y lloró por creer en lo justo.
La nave en la que se encontraban los jóvenes Jedis había llegado a su destino, ambos quedaron asombrados con la panorámica del momento; tres cruceros imperiales posicionados estratégicamente rodeando lo que parecía ser un planeta pequeño, o una gigante estación espacial.
-...La estrella de la muerte...
Lo que escucho de los labios de su amigo confirmó lo temido, aquella gran estación era el destructor de planetas, tan grande e imponente como jamás lo imaginó. Y podía sentir que aquella mujer estaba allí.
En la estrella de la muerte.
El pelinegro con suma rapidez comenzó a apagar motores, confundiendo a su amigo.
-¿Qué crees que haces? –cuestionó el rubio.
-Ella está allí, la siento. –le respondió a su amigo sin mirarlo, continuando con su acción.
-¿¡Estás loco?! ¡¿Allí?! –se levantó el rubio consternado y horrorizado por lo que veía. -¡Nos van a matar!
Sageki asegurándose de que todo quedara en estado de suspensión miró a su compañero, a paso firme se le colocó encima sin dejas espacio personal al rubio, este lo miró incómodo y confundido.
-Te lo había dicho, no seas cobarde ahora.
Luego de aquella escena poco humilladora el rubio lo miro con indignación, de cierto modo se sintió presionado, no podía declinar, no ahora.
-¿Crees que nos detectaron? –preguntó Boruto a su amigo, se posiciono a su lado.
-Espero que no.
-Qué extraño...
El soldado miraba extrañado el monitor frente a él, preguntándose qué había sucedido.
-¿Sucede algo soldado? –el teniente a cargo de la zona inspeccionaba el lugar, junto con sus soldados y los reportes.
-¡Nada señor! –El hombre con el uniforme gris observó nuevamente la pantalla. –solo creí haber visto algo, pero es una falla técnica.
-¿Qué vio? –cuestionó.
-Los sensores captaron energía proveniente del exterior, a unos kilómetros de la estación, pero solo permaneció menos de un segundo.
El teniente dirigió su vista al gran ventanal, luego volvió a dirigirse al soldado.
-Alguna falla debe ser, han habido bastantes en este tiempo. –Continuó su paso por la gran sala. –sigue en lo tuyo.
-Sí señor.
El teniente caminó por la gran sala observando los monitores, pensando en lo que le dijo su soldado. En susurro habló para si mismo.
-Nadie sería tan estúpido.
-¡¿Serás estúpido?! –Le gritaba el rubio a su amigo por la temeraria acción.
Luego de apagar todo generador de energía la nave se dirigió hasta la parte inferior de la estación espacial, quedando anclada a ella.
-Nadie nos ha captado aún, todo irá bien.
Mientras el pelinegro preparaba todo para poder lograr ingresar al interior de la nave el rubio empezaba a arrepentirse.
-...Debí hacerle caso al viejo... -Boruto dejo de mirar a su amigo. –Voy a morir aquí, ni siquiera tengo novia...
El pelinegro colmado de paciencia se dirigió a él.
-¡Oh por favor, cállate! –El rubio lo miro con sorpresa, puesto que jamás lo había escuchado maldiciendo. –Tú querías venir ¡Tú! – Sageki volvió a hacer sus cosas. –Tendrás algo que contar cuando seas viejo.
-Si salimos de aquí. –Sageki lo miro de reojo con cierta rabia. –Ya relájate, solo me gusta expresarme, me ayuda a calmar la ansiedad.
-Que dramático, diablos.
Con el anclaje preparado la compuerta de salida de la nave ascendió hasta quedar abierta, dando con la pared de la estación espacial. El Uchiha le hizo una señal a su compañero para que lo ayudara, y en esos momentos ambos jóvenes aprendices Jedi con sus sables de luz en sus manos los enterraron en la pared para crear un agujero y lograr ingresar.
-Estás loco, -Le dijo Boruto mirándolo. –Me alegra que seas mi amigo.
El joven pelinegro no entendía sus palabras, sin embargo las tomo como un alago.
Ambos jóvenes habían logrado crear ese agujero dando hacía el interior de la Estrella de la muerte. Entraron a lo que parecía ser un pasillo completamente de blanco y lleno de luz, piso con rendijas de metal.
En ese momento comenzaría todo.
