Ni Glee ni los personajes me pertenecen. Tampoco esta historia, yo solo la adapto. Novela de Kate Sweeney
Capítulo 7
A la mañana siguiente, Rachel estaba sentada con Skye en la cocina y vigilaba a su hija mientras esta hacía un desastre con las tortitas. Quinn estaba estudiando sus partituras en el piano. Apenas se habían dado los buenos días.
-Te llamaré.
- ¿Tienes que salir tan temprano? -le preguntó Rachel, al tiempo que le limpiaba la boca, las manos, los codos y las rodillas gordezuelas a Skye. ¿Cómo había llegado el sirope hasta allí? Ni idea.
-Bueno, tengo que reunirme con Santana, que estará en el estudio a las cuatro. Luego tengo un... compromiso para cenar. Mañana me pasaré todo el día en el estudio y pasado también -explicó Quinn, y metió las partituras en su maletín de piel.
Rachel se dio cuenta de que Skye no le quitaba ojo de encima a Quinn, y en cuanto la vio coger las llaves intentó bajar de la silla.
-Skye con Quinn…
Rachel tuvo que forcejear con ella para que se quedara sentada.
-No, pastelito. Quinn tiene que irse a trabajar -le explicó Rachel.
Skye hizo un puchero y Quinn se quedó mirándola, sin saber qué hacer.
-No pasa nada, Quinn-la tranquilizó Rachel, con una sonrisa-Vete.
- ¡Con Quinn! -gimoteó Skye, que agachó la cabecita y rompió a llorar.
Quinn dejó el maletín en el suelo e hizo una mueca, mirando a Rachel con expresión suplicante. Skye no estaba chillando ni se había puesto histérica, pero se la veía desolada. La pianista se acercó a la silla y se agachó.
-Oye, pitufa -le dijo.
Rachel esbozó una cálida sonrisa ante la ternura que Quinn le demostraba a su hija.
-No, tambén voy -insistió la niña, con la cabeza apoyada en la mesa.
Quinn torció el gesto, le puso la mano entre los rizos cafés y le acarició el cabello con cierta incomodidad.
-No estés triste, por favor. Volveré muy pronto. Y entonces iremos a nadar y a comer perritos calientes.
Skye levantó la cabeza, con las mejillas arreboladas y húmedas por el llanto. Quinn parecía conmocionada y Rachel habría jurado que se le escapaba una lágrima.
- ¿Lo prometes? -preguntó Skye, sorbiendo el llanto.
-Claro que sí. Hasta te traeré un regalo -afirmó Quinn, pese al gesto de negación de Rachel-. ¿Trato hecho? -propuso, extendiendo la mano.
Skye dejó escapar una risita, le puso la manita sobre la enorme palma a Quinn y la sacudió.
-Tato hecho -rio de nuevo y se le abrazó del cuello.
-Vale, me estás estrangulando -murmuró Quinn, algo avergonzada.
Skye la soltó. -Besito -pidió.
La pianista pestañeó-.
-Pofiii.
Quinn esbozó una sonrisa recelosa. -Como todas las mujeres que han pasado por mi vida. Se inclinó y la besó en la mejilla. -Pórtate bien con mamá -le ordenó, en un claro intento de sonar firme a pesar de la sonrisa de Rachel.
-Buen viaje -le deseó la embarazada, que se pasó los dedos por el pelo y la miró a los verdes ojos.
-Gracias -repuso Quinn-. Oye, siento lo de anoche. Todo esto es muy raro y supongo que aún estoy intentando hacerme a la idea.
Sonaba insegura, pero aun así Rachel creyó notar que la pianista tenía algo en mente.
-Nos va a costar adaptarnos a todas, Quinn.
-Mamá, besito a Quinn, que se va -ordenó Skye desde la silla.
Rachel abrió algo más los ojos y notó que le subían los colores. Con una risita nerviosa, se apartó de Quinn y se sentó con su hija.
-Acábate el desayuno.
-Ya toy, mamá.
Rachel vio que, en efecto, el plato de Skye estaba vacío, pero no fue capaz de mirar a Quinn. Eso sí, la oyó reírse al salir.
-Adiós, señoritas -se despidió por encima del hombro-Hasta dentro de unos días. No le prendan fuego a la casa.
Cuando oyó que se cerraba la puerta, Rachel hundió el rostro entre las temblorosas manos.
Sentada en el estudio con los cascos puestos, Quinn escuchaba la grabación. Meneó la cabeza, airada.
- ¡No, no, no! -rugió, y se quitó los cascos-. Santana, ven aquí, por favor.
Santana entró en el estudio, se pasó la mano por el negro cabello y habló en tono paciente.
- ¿El segundo estribillo, ¿verdad?
-Sí, es demasiado rápido y los bronces están muy altos. ¿Podemos volver a traerlos para grabar otra vez?
-Claro, está previsto que vengan mañana por la mañana y los tendrás todo el día. Pero los productores quieren el trabajo para ayer -la advirtió.
-Lo sé.
Echó un vistazo a su reloj de pulsera: eran las cuatro y media y Skye ya debía de haberse levantado de la siesta. De repente deseaba estar allí y llevar al pequeño hobbit a nadar. Se le escapó una carcajada y Santana la miró con desconfianza.
- ¿Estás bien? Normalmente, cuando el director la jode tanto con la orquesta te pones echa una furia - observó.
-Es que me ha venido algo agradable a la cabeza.
- ¿Ah, ¿sí?
Quinn arqueó la ceja al detectar la incredulidad en el tono de Santana. Su amiga estaba apoyada en el escritorio, con los brazos cruzados.
- ¿Y qué es lo que te ha venido a la cabeza?
Al recordar los ojos cafés de Rachel Berry, se le aceleró el pulso un momento.
-¿En qué diantres estás pensando? Te has sonrojado -la informó Santana-. Como no me lo digas...
-Nos vemos mañana.
- ¿Has quedado con algún bombón?
Quinn se despidió con un gesto de la mano.
-Buenas noches, Santana-le dijo.
Y cerró la puerta de un portazo.
-Dios, te he echado de menos -ronroneó Alice en cuanto puso un pie en el apartamento de Quinn. Le rodeó el cuello con los brazos y la besó apasionadamente-. Mmm, qué bien sabes - murmuró contra sus labios.
-Es la pasta de dientes -contestó Quinn, cuyos verdes ojos relampagueaban, divertidos-. Adelante.
Quinn se apartó para dejarla entrar, pero Alice la atrajo de vuelta y empezó a desabrocharle la camisa. Con las cejas levantadas, le permitió desnudarla. -O podemos follar en el recibidor.
Al final lograron llegar al dormitorio, dejando un reguero de prendas de ropa desde la entrada principal, y cayeron desnudas sobre la cama. Realmente, Alice había añorado a Quinn y le comió el cuello a besos en cuanto se le puso encima.
-Tendré que subir al norte más a menudo -jadeó Quinn cuando la rubia se acomodó entre sus piernas.
La chelista agachó la cabeza y le besó el pecho, le hizo cosquillas en el ardiente pezón con la lengua y se lo lamió. Luego se lo metió entero en la boca y lo chupó con fruición mientras le acariciaba el torso con la mano libre. No hubo necesidad de palabras y, definitivamente, Alice se afanó a recuperar el tiempo perdido.
Mucho más tarde, cuando las dos mujeres tomaban champán en la cama, Alice comentó:
-Deberías quedarte en Chicago. Aquí hay muchas más cosas que hacer. En tus bosques hay muchos... árboles -señaló. Quinn la contemplaba, tumbada sobre el costado-. O podrías invitarme a subir más a menudo.
-Me gustan los árboles y me gusta la soledad -murmuró Quinn, dando un sorbo de champán. Antes de tragar, le comió el pecho a Alice y lamió sensualmente las burbujitas de la bebida-Esta es la única manera de beber champán.
Una vez más, sonó el teléfono.
-¿No pasó lo mismo la última vez? -refunfuñó la pianista. Alice fue a coger el teléfono, pero Quinn la advirtió:
-Ni se te ocurra.
-A lo mejor es Jeffrey -arguyó Alice, que llegó al teléfono antes que Quinn.
-¿Sí? -A Alice se le escapó un suspiro cuando la pianista le mordisqueó el hombro-. Sí, está aquí.
¿De parte de quién? - la morena se puso rígida y fulminó a Quinn con la mirada- Rachel Berry.
Alice le dedicó una sonrisa edulcorada y le tiró el teléfono.
Quinn lo atrapó como si fuera una patata caliente y le regaló a la una mirada furibunda. -¿Rachel? ¿Va todo bien? ¿Está bien la pitufa?
-Sí... todo bien. Sé que interrumpo, pero solo son las seis y no creí que... bueno, me pareció que podía llamar...
-No pasa nada, ¿qué sucede? -preguntó Quinn.
Por el rabillo del ojo vio a Alice apurando una copa de champán.
-Me siento muy estúpida. Está lloviendo y se ha ido la luz. He llamado a Marge, pero no contesta.
-Mierda, lo siento. Mira en la cocina: está la caja de fusibles.
Hubo silencio un momento y luego Rachel informó.
-Vale, la tengo.
-Dale al diferencial. -Esperó un segundo-. ¿Ha funcionado?
-No, le he dado y no ha pasado nada.
-Vale, no es algo inusual. Debe de estar lloviendo mucho.
-A cántaros.
Quinn se sentó en el borde de la cama. Notaba que Rachel estaba asustada.
-Vale, voy para allá.
-No, no lo hagas. Dios, parezco idiota llamándote -interpuso Rachel enseguida-. Espera.
- ¿Rachel?
No le respondió y Quinn se levantó de un salto y empezó a pasear en cueros al lado de la cama.
- Rachel, joder.
Se le ocurría todo tipo de situaciones horribles que podían estar pasando, sobre todo cuando oyó llorar a Skye a lo lejos.
-Sabía que no debía dejarlas -se dijo, con el corazón desbocado.
-¿Quinn? -habló Rachel de nuevo, a través de las interferencias de la línea.
-¿Qué pasa, cariño?
-No pasa nada, ha venido Marge. Es que no sé dónde están las cosas. Estamos bien, por favor tú vuelve con... -No terminó la frase, pero Quinn se ruborizó igual-. Estamos bien. Siento mucho haberte molestado.
-Llámame, me da igual a qué hora -le ordenó Quinn con firmeza-. ¿Entendido?
-Sí, sí. Lo haré. Gracias, Quinn, adiós. Ah, espera. Skye quiere hablar contigo, ¿te parece bien?
-Claro, que se ponga -contestó Quinn, con una gran sonrisa.
Miró a Alice, que levantó su copa de champán antes de darle la espalda.
-Quinn, no hay lus. Skye miedo -susurró la pequeña-Mamá miedo. Mamá dice jodé.
Quinn soltó una sonora carcajada. -No tengas miedo, pitufa. Volverá la luz cuando deje de llover. Cuida a mamá, ¿vale?
-Vale. Ven a casa -le rogó-. Pofiii.
-Lo... lo haré. ¿Vas a portarte bien por mí?
-Vale.
-Pásame a mamá, cielo -le dijo Quinn.
Quería decirle «te quiero». ¿Por qué no lo había hecho? ¿Y por qué iba a hacerlo? ¿Qué derecho tenía a.…?
-Quinn, de verdad, lo siento mucho -habló Rachel, en tono acongojado.
-No te preocupes, no pasa nada.
Se produjo un silencio momentáneo y a Quinn se le secó la garganta. Tragó saliva, pero no dijo nada.
-Skye te echa de menos.
Quinn percibió la ternura en la voz de Rachel y se le disparó el corazón.
-Eso es porque quiere su regalo. Las dos se rieron y la tensión se desvaneció.
-Conoces muy bien a mi hija, Fabray -afirmó Rachel, entre risas
-. Bueno, te dejo. Nos vemos dentro de unos días, ¿verdad?
-Sí, volveré pronto. Adiós, Rachel.
Quinn colgó el teléfono y se lo quedó mirando unos instantes antes de volverse hacia Alice, que sostenía la botella de champán vacía.
-Alice, pequeña, deja eso -le ordenó Quinn lentamente.
-Debería protestar -suspiró ella cuando Quinn entró a gatas en la cama y le quitó la botella de la mano.
-No se acepta, letrada -le aseguró la rubia, mordisqueándole el torso en toda su longitud.
Alice se abrió de piernas y Quinn se acomodó entre ellas, le besó su parte íntima y le arrancó un profundo gruñido de placer. Entonces le besó la Alice interna del muslo y saboreó los jadeos de la morena con cada mordisquito que le daba. La chelista se aferraba al cabezal con todas sus fuerzas y susurraba palabras de aliento a su amante, que se inclinó, le separó los pliegues húmedos con la lengua y la lamió de arriba abajo. De improviso le vino el rostro de Rachel Berry a la cabeza y se quedó quieta a medio comer. Pestañeó unas cuantas veces y sacudió la cabeza. Alice dejó escapar un quejido.
-No pares.
Quinn intentó recuperar la concentración desesperadamente. Al final fue Alice la que reaccionó, se apartó de golpe, y solo pudo levantar la vista, perpleja.
-Se acabó. Te conozco, Quinn Fabray-dijo en voz calma, mientras recogía su ropa.
Quinn seguía estupefacta y se limitó a sentarse y contemplarla.
- ¿Por qué no te vuelves al bosque y haces lo que tengas que hacer? La seduces, te acuestas con ella, lo que quieras, pero te la sacas de la cabeza -continuó, cada vez más enfadada-. Tú y yo no tenemos compromisos y es como a mí me gusta, en serio, pero eso sí... -empezó a vestirse-, al menos me gusta pensar que, cuando me follas, es en mí en quién piensas.
Quinn abrió unos ojos como platos.
-Espera, no es eso. Quiero decir que sí, que me vino su cara a la cabeza, pero, Alice, está embarazada.
- ¿Qué? -rugió esta, y la miró asqueada-. ¿Fantaseas con una mujer embarazada? Quinn puso los ojos en blanco ante el tono horrorizado de Alice.
-No se trata de eso. Tiene una niña pequeña.
- ¿Qué? -volvió a escandalizarse la rubia, llevándose las manos a la cabeza-. ¿Está embarazada y tiene una hija? ¿Estás loca?
Ahora era Quinn la que empezaba a cabrearse.
-No -le dijo, batallando por recobrar algo de credibilidad-. No estoy loca. No es lo que piensas. Es muy atractiva, pero a.… a mí no me atrae.
Alice puso los ojos en blanco y se abrochó la blusa.
-Fabray, no me tomes por imbécil. Si te la quieres follar...
-No hables así de ella.
Alice enarcó una ceja.
-Acabas de confirmar mis sospechas -rio, y se puso los zapatos-. Esto te lo tienes que pensar mejor, Quinn. No es un rollo típico de los que te van a ti. Se volvió una última vez antes de marcharse. -Embarazada y con una hija. ¿Es lesbiana?
Quinn asintió, aun tratando de organizar sus pensamientos. Alice la estaba bombardeando con demasiadas verdades a la vez.
-Bueno, eso ya es un punto a tu favor -opinó Alice.
Al reparar en la Alice de confusión de Quinn, añadió:
-Nunca te había visto ni confundida ni desconcertada. Pareces... -se interrumpió, y adoptó una expresión pensativa-Vulnerable -lo dijo como si fuera una palabra vulgar-. Nos vemos mañana en el ensayo. Y esta vez no me grites. Solo porque seamos amantes no quiere decir que tengas que meterte con mi interpretación.
Quinn le devolvió una mirada serena.
-Solo porque duermas con la compositora no significa que puedas tocar el chelo de pena -espetó, completamente seria, con la mirada retadora clavada en la airada chelista.
-La has llamado «cariño» -soltó Alice.
Quinn hizo una mueca de dolor y la morena salió de la casa hecha una furia, dando un portazo. La pianista se quedó sentada en la cama, con la mirada perdida.
-Vale, hace tres días no tenía ninguna preocupación, follaba de maravilla con una mujer preciosa y mi vida era solo mía. Ahora estoy aquí sola, sentada en cueros y tengo a una mujer embarazada y a su hija en mi cabaña -se dijo. Meneó la cabeza-. Necesito una copa.
Cogió la botella de champán... pero estaba vacía, así que se dejó caer sobre la cama de nuevo y se quedó mirando al techo.
- ¿La he llamado «cariño»?
Hola de nuevo, aquí el capítulo 7, espero que les haya gustado :'V. Disculpen si hay errores o algo así. Nos leemos pronto :3
May We Meet Again
