Advertencia: Lemmon fuerte, groserías, blablabla, ya saben lo que hay :) Lamento la tardanza. Ojalá que les guste!

Los personajes le pertenecen a SM y el pequeño fic, a mí.

*Editado*


Suicida

Entré a su habitación abriendo la puerta de golpe y cuando noté que no estaba, me dirigí al baño. Esta vez nada me detendrá a decirle lo que le debía decir. Oh, claro que no, primero me escuchará sí o sí.

No escuché la ducha abierta, eso me confirmó que ya había terminado. Mejor.

— ¡Edward!—entré y lo encontré afeitándose la ligera barba que le había crecido en estos días.

Tan sexy que se veía con ella...

Sacudí la cabeza.

— Buenos días.—me dijo sin dejar de mirarse al espejo.

— ¿¡Has visto lo que tengo en el trasero!?—le pregunté molesta. En estos momentos me avergonzaba muy poco si estaba desnuda frente a él o no, total, anoche vio lugares de mi anatomía los cuales ni yo había visto.

Me miró de reojo por unos segundos y respondió divertido:

— Créeme que lo vi todo.—soltó unas carcajadas mientras continuaba afeitándose. Evité sonrojarme y aclaré mi pregunta.

— Me refiero a las marcas que me dejaste.—fruncí el ceño y me crucé de brazos.

En el fondo de mi cabeza, escuchaba una vocecita rogando porque la toalla que rodeaba sus caderas se caiga. Que esta vez sí suceda, por favor, decía.

— ¿Por qué crees que me disculpé anoche?—alzó una ceja confundido y cuando terminó, se echó una crema sobre su piel recién afeitada.

Ok, su respuesta me dejó estúpida. ¿Acaso él sabía lo que me iba a pasar en las nalgas? ¿Por qué no me avisó?

— Ah.—me quedé con la boca abierta por unos segundos ante lo que me dijo.— Aún así, no tenía ni la menor idea de la gran marca de tu mano en mi culo hasta hoy en la mañana.—mi ceño se fruncía más conforme hablaba y él seguía bañando su rostro y su pecho en cremas.— Ni siquiera me puedo sentar, ¿sabes?—le dije enojada.

— Lo lamento, cariño, pero cuando te iba a avisar de cómo era yo en la cama, no me diste chance para advertirte sobre las "consecuencias".—hizo las comillas en el aire y exhalé con fuerza ante su tono.

— Vale, y te perdono. Pero, ¡ni siquiera podré ir a la playa! ¿Cómo quieres que me ponga un bikini con tremenda mano en mi nalga?—me giré e hice que la vea.

— Oh.—comentó luego de mirarme de reojo.

— Sí, "oh".—lo imité y volví a encararlo.

Terminó con su sesión de "maquillaje" y comenzó a perfumarse. Genial, ni siquiera yo me demoraba tanto en el baño o a la hora de alistarme. Esperé a que diga algo más.

— Bien, bien, entendí. Hoy te compraré algo para la irritación.—rodó los ojos mientras se miraba al espejo.

En momentos como estos, Edward me caía peor que un chinche.

— No es eso, es solo que...—no pude terminar la oración.

¿Es solo que qué? Vale, yo estaba sorprendida por la gran marca de su mano y los cuantos hematomas que me había dejado por todo el cuerpo, pero... ¿Estaba realmente molesta como para pedirle que no lo vuelva a hacer? Yo quería que la mano de Edward se desgaste en mi culo mientras lo masajeaba como lo hizo hace unas horas. Quería que me agarre fuerte, como hombre, cuando mi cuerpo estaba entre sus manos. Quería que me apriete y me nalguea como se le pegue la gana.

Edward esperaba a que continúe. Pero yo tenía qué decir.

— ...Quería que veas cómo estaba.—fue lo único que se me ocurrió y me mordí el labio. Me di media vuelta para regresar a mi cuarto luego de mi papelón, pero mi torpeza tuvo que estar presente para avergonzarme una vez más. Me resbalé gracias al piso mojado y mis pies descalzos, pero antes de romperme la cabeza, Edward me sujetó de la cintura.

— ¿Sabes qué es bueno en ésos casos?—una mano suya bajó hacia una de mis nalgas y la masajeó suavemente. Algo que no era su mano rozó mi pierna. Algo duro... Bajé la mirada y noté que no había ninguna toalla entre nosotros. Tragué con fuerza y regresé la mirada a los faros azules.—No usar ropa.—su fresco aliento rozó en mis labios y me los lamí como si me hubiera besado.— Sigue mi consejo.—me guiñó un ojo mientras me ponía de pie.

Otra vez, no actuaba como el Edward que conocía.

— Lo haré.—asentí aún aturdida y traté de caminar lo más humano posible mientras dejaba atrás a una de las escenas más confusas junto a él.

Exhalé con un suspiro lo último que había inhalado de mi cigarro.

Había pasado toda la tarde fumando mientras miraba desde el balcón el hermoso día que hacía afuera. Obviamente, detestando a Edward cada minuto que pasaba y yo encerrada en el departamento. Mi nivel de desvergüenza no era tan alto, así que solo me puse bra y un hilo antes de salir a fumar. Cuando Cullen regrese tal vez siga su consejo a pie de letra.

Mi celular comenzó a sonar desde mi habitación y fui hacia él. Lo había lanzado debajo de mi cama cuando Alice me llamó para decirme que había visto cosas interesantes en lencería, pero no pude ir porque "estaba resfriada". En fin.

Me fijé en el número: era Jake.

Sonreí mientras contestaba.

— ¡Jake!—dije realmente contenta. Hace semanas que no conversaba con él.

— ¡Holi, Bells!—me respondió con el mismo tono. ¡Nos extrañábamos tanto...!

— ¿Cómo has estado? No he recibido ninguna llamada tuya, ¿sabes? Eres un ingrato.—fingí resentimiento mientras regresaba con mi cigarro en la otra mano al balcón. Al menos disfrutaría de la brisa que llegaba desde la playa.

— Oh, cielo, estoy bien, pero eso no importa.—hizo un mohín y exhalé.— ¡Te-tengo-la-última!—me dijo soltando unas carcajadas y con voz excitada. Eso significaba una noticia. Una muy buena.

— ¡Suéltala ahora mismo!—me mordí el labio emocionada mientras el humo salía por mi nariz.

— ¡Ya me dieron permiso en el trabajo para ir a la inauguración!—gritó tan fuerte que no escuché con claridad sus palabras, solo "ir a la inauguración". Suficiente para gritar con él.

— ¿¡Y cuándo estarás aquí, perra!?—le pregunté aún con voz alta luego de soltar un largo grito.

— ¡La próxima semana, pues!—podía imaginármelo brincar por todo el lugar.— Solo estaré dos días por allá, pero creo que los suficientes como para disfrutar del delicioso sol en Miami, dulzura... Y los cueros que hay ahí.—nos carcajeamos.

Continuamos conversando y poniéndonos de acuerdo. Le dije que yo iría a recogerlo, pero no quiso molestarme ya que llegaba en la madrugada, y por más que insistí, no me permitió hacerlo. En fin, lo tendría aquí por dos días e iba a disfrutar al máximo a mi mejor amigo. Debía avisarle a Edward que Jake se quedará a dormir...

¡Edward!, grité interiormente cuando corté la llamada. Jake era gay, Edward también... Tenerlos bajo el mismo techo por casi 48 horas, ¿no será incómodo? Y me refería a que al primero podría resultarle atractivo mi excitante nuevo amigo.

Y tendría más chances que yo en tener una relación con Edward. Claro, a escondidas, porque él aún sigue con James.

— ¡Auch!—exclamé cuando me quemé con el cigarro que tenía entre los dedos. En el instante que lo lancé por el balcón, sonó el timbre.

¿...? Se supone que Edward tiene llave..., pensé mientras me dirigía hacia la puerta. Miré, y al notar que era él, comencé a desnudarme rápidamente. Lancé todo al sofá y me acomodé el cabello antes de girar la perilla.

Cuando notó que estaba desnuda, abrió los ojos como platos.

— Oh. Hola.le dije fingiendo sorpresa y me di media vuelta para regresar al balcón. Exagerando el movimiento de mis caderas.

— Mmm, puedes caminar normal ahora sí.—rió y rodé los ojos.— Creí que no seguirías mi consejo, linda.—comentó mientras dejaba el maletín en el suelo.

Lo miré sobre el hombro y sonreí.

— Te dije que lo haría.—continué caminando.— Yo también cumplo mis promesas.

Soltó unas risas y tomé mi encendedor para prender otro cigarrillo. Comencé a fumar mientras me cruzaba de brazos. Ahora sí era una sinvergüenza total. Felizmente ya estaba oscureciendo y nadie se percataría de mi desnudez.

Espero que Edward sí lo haga y me tome como anoche…

— Veo que tu culo está mejor...—me dio una suave nalgada donde había dejado su marca y brinqué del susto por su repentino movimiento. Ni lo había oído venir. Apreté los labios mientras exhalaba por la nariz y sonrió al ver mi enojo.

— Vale, lo siento.—se carcajeó mientras apoyaba sus antebrazos en el borde del balcón e inclinaba su cuerpo. Se había quitado la camiseta y ahora solo estaba con unas bermudas negras.

— ¿Trajiste mi crema para la irritación?—le pregunté en son de broma.

Abrió los ojos y se pasó las manos por el cabello.

— Lo olvidé.—chasqueó la lengua y cuando levantó la mirada fingí decepción.

— No cumpliste tu promesa, Cullen.—suspiré torciendo el gesto.

— Prometo recompensarlo con lo que quieras...—su mirada fue tan intensa que me distraje y no estuve segura si me lo dijo en doble sentido. Y como era una estúpida, no me arriesgué:

— Fuma conmigo, entonces.—le dije ofreciéndole la cajetilla cuando lo único que quería era ver a mi vagina fumando de su verga.

— No fumo.—negó mientras rodaba los ojos.

Doblemente estúpida.

— Ah.—inhalé de nuevo para no decir más. Soltó una carcajada.

— Veré si tengo algo con qué curarte.—se fue al interior del departamento sin percatarse de cómo mi mirada arañaba su musculosa espalda.

Mis pitadas ahora eran más rápidas. ¿Edward curando mi culo irritado por sus nalgadas? Oh, mierda, tengo que contarle a Alice todo esto..., pensé mordiéndome el labio. Pero, ¿cómo me curaría si no tiene la crema y aparte mi piel ya no está con la marca como hace unas horas? Pensé sobre eso por unos segundos, hasta que aquella voz que me hacía temblar las piernas -y no de miedo- se escuchó cerca de mi oído:

— Tal vez puedo curarte con unos masajes...—todo mi cuerpo se estremeció y exhalé el humo con fuerza cuando sentí la mano de Edward acariciando con suavidad mi nalga, como en la mañana.— Mientras, me explicas una duda que tengo.—continuó con el mismo tono, ése que me vuelve loca.

— ¿Qué...cosa?—le pregunté al sentir su pecho juntarse con mi espalda y cuando su verga rozó mi trasero... ¡Estaba desnudo! ¡Edward estaba desnudo! Y-para-mí. Porque no había nadie más entre nosotros, y si decidió estar desnudo solo porque quiso, podría haberlo estado en su habitación u otro lado, pero estaba aquí, en el balcón... Conmigo.

Retrocedí un poco para juntarme más hacia él.

— ¿Este es el conejo que te hace gritar tanto?—me preguntó mientras levantaba a Firuláis frente a mis ojos. Se me detuvo la respiración.

— ¡Firuláis!—exclamé en un susurro.

— ¿Qué?

— No, amm... Nada.—me sonrojé y agradecí que su rostro esté escondido en mi cabello mientras me masajeaba.— Sí, ése... es.

— ¿Te digo algo?—podía sentir su aliento rozar mi cuello y dejando mi piel erizada a su paso. También sentía algo endurarse entre mis nalgas.— Me ofende un poco que lo uses teniendo uno parecido y más grande en la otra habitación.—tragué con fuerza. Comencé a humedecerme y solo con sus palabras.

— Lástima que no esté... disponible.—cerré los ojos cuando su mano, sin despegarse de mi piel, subió por toda mi espalda -entre él y yo- para luego sujetar mi cuello con fuerza, pero sin hacerme daño. Volví a llevar el cigarrillo a mis labios con la mano temblorosa. Vamos, Edward, basta de jueguitos, entra ya...

— Anoche lo estuvo.—dio una ligera embestida con su cadera y abrí los ojos de golpe.— Solo debes pedírmelo y ya.

Apreté los párpados con fuerza, si los abría estaba perdida.

— Sujétate bien, no quiero morir en estos momentos.—comentó Edward con la voz ronca y divertida.

Maldito, quise decirle, pero lo único que salió de mi boca fue un fuerte jadeo cuando sentí su verga llenando por completo mi culo al mismo tiempo que él movía a Firuláis dentro de mi coño. Claro, hubiera preferido infinitas veces que sea al revés, pero...

¡Ohhh, joder!, me mordí el labio al punto de casi rompérmelo. Edward entraba y salía lentamente (no muy fuerte porque sino saldríamos volando desde el 6to piso del edificio y no me gustaría morir antes de que me folle por donde debe) con su polla en mi asterisco, pero sacudía a Firuláis frenéticamente en mi vagina. Su otra mano me agarraba muy fuerte de la cadera para controlar -con dificultad- sus empujes contra mi trasero.

— Ahh, mierda, Edward...—jadeé y mis piernas temblaron. La sensación era indescriptible, no solo por el hecho de que sienta dos cosas a la vez, sino que era Edward quien me follaba el culo y me masturbaba al mismo tiempo. ¡Moría por aferrarme a su espalda! ¿Podemos cambiar de posición? Esta me da un poco de vértigo..., estúpidamente abrí los ojos y miré toda la ciudad borrosa debido a nuestros movimientos. ¡La puta madre!

Solté un grito cuando Cullen me dio una fuerte embestida y me agarré con todas mis fuerzas del borde del balcón. Vale, estaba perdiendo el control, ya ni hablaba con claridad y notaba puntos blancos detrás de los párpados. Me iba a correr antes de lo esperado...

— ¿Mmm?—gruñó y soltó a Firuláis para agarrarme con ambas manos. ¿¡Pero qué mierda!? ¿Me iba a dejar clavado el conejo en el coño? Me gustaba más cuando él lo movía a su gusto.

— Me... corro...—apreté los dientes cuando sentía mis paredes apretarse alrededor del maldito vibrador mientras el grueso bate de Edward salía de mí.

— Espérate.—lanzó un latigazo con su pedazo de carne en mis nalgas y mi cabeza cayó entre mis bazos estirados. Ya no puedo más, no si sigue así...

— ¡Edward!—grité cuando empujó más a Firuláis en mi interior, llevó ambas manos otra vez a mi cadera para acomodarse y entrar en mí con fuerza. Mucha fuerza. ¡MIERDA!, las manos ya me dolían por sujetarme tan fuerte. La verdad, ésa sensación de adrenalina y placer a la vez mientras follábamos al borde de la muerte era algo que nunca había sentido. Y tal vez no volveré a sentirlo, así que traté de aguantar mi orgasmo un poco más.

— Aguanta... un poco, Bella...—rugió mientras hacía cortos movimientos pero rápidos. Empiné mi trasero para que me clave con más profundidad y así lo hizo.

Me importó un carajo que posiblemente varias personas nos vean follando como animales en el balcón (estoy segura que más de uno nos vio) pero no podía quejarme de haberme expuesto de esta manera. Estaba con el hombre más sexy que haya visto en Miami e incluso en los pocos lugares que he estado, así que ¿por qué ocultarme? Al contrario: ¡Mírennos!

Mi jadeo salió mezclado con una risa.

Si Edward no me estuviera sujetando con fuerza en estos momentos, tal vez yo estaría tirada en el piso o cayendo por los aires. Mis piernas ya no podían más, mis brazos estaban débiles por el extremo placer que había sentido y la cintura ya me dolía como mierda. Dejando a un lado el vértigo que sentía por estar follando en un balcón; conociendo lo torpe que soy...

— ¡Ya no puedo más, ya no puedo más!—repetí en voz alta. Eché la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados cuando sentí mi orgasmo venir con furia. Mi coño apretó a Firuláis y algo parecido pasó en mi ano mientras Edward explotaba. No pude sentir su corrida porque estaba con el preservativo, pero una pregunta fugaz vino a mi mente: ¿Qué se sentirá que me rellene el culo con su leche cuando llegue...?

Cuando estaba a punto de ceder, unos fuertes brazos me tomaron de la cintura y Edward salió de mí con delicadeza. Rodé los ojos.

— Ven. —me ayudó a sentarme encima de él en la cómoda silla que había en el mismo balcón.

Nos quedamos en silencio por unos minutos mientras tratábamos de regular nuestra respiración. Podía notar que la suya iba a ritmo con la mía, a pesar de estar aceleradas, y eso fue… extraño.

— Esto es extraño. —dije en voz alta mi pensamiento mientras miraba la oscura pero hermosa vista desde nuestro departamento. Ya había anochecido, pero no hacía frío así que no era necesario abrigarnos… o vestirnos.

Su mano acariciaba mi cabello.

— Veo que sirvió el tip que te di. —comentó para sí mismo y sonreí.— ¿Qué es extraño?

Lo miré esperando que cambie otra pregunta. ¿En serio Edward? ¿No tienes idea de qué es extraño en esta escena?

— Que tú y yo…—fruncí el ceño. "Tú y yo"… Piensa antes de hablar, Bella. Nada de sentimientos, eh. — Teniendo en cuenta nuestros gustos…—moví mis manos mientras hablaba debido a lo nerviosa que estaba. ¿Qué carajos? Arg, entiéndeme de una puta vez, Cullen, no te hagas el loco.— Nosotros…—"Nosotros", genial. Mejor se la chupo para callarme de una vez.

— Somos amigos y solo buscamos algo de diversión, ¿no? —revisó las puntas de un mechón de mi cabello y suspiré aliviada interiormente. Diversión.

— Claro, eso es. —sonreí mientras lo miraba.

— Y, respecto a nuestros gustos…—me puse alerta.— A ti te gustan los hombres y a mí también.—rió y lo imité segundos después.

— Eso lo entiendo muy bien, pero…—me mordí el labio a no encontrar las palabras que tenía pensado decir. — ¿Por qué a mí?—susurré no muy segura de lo que había dicho.

Me miró extrañado por unos segundos y pensé seriamente en lanzarme del balcón.

— Porque eres mi amiga. —dijo lentamente, como explicándole a una niña pequeña aquel hecho tan obvio.

Carajo.

— Ujum.—asentí lentamente con la cabeza mientras detestaba este silencio incómodo, el peor de toda mi existencia.

— Eres la única amiga que tengo, ¿sabes? Es imposible tener una relación con una cuando lo primero que hacen es lanzarse encima tuyo —sacudió la cabeza con el ceño fruncido. Me mordí el labio. ¿Qué mujer no lo haría? Yo me controlé en hacerlo la primera vez que lo vi porque era una quedada, pero sí lo habría hecho.— Así que, cuando me lo pediste antes de hacerlo, me dije "¿por qué no?" eres atractiva, fuiste educada al preguntármelo si podía o no…—se encojó de hombros sin notar lo roja que estaba mi cara.— Si no fuera gay, estaría con una chica como tú. —me abrazó unos segundos.

Friendzone!, sonó en mi cabeza repetidas veces.

— Eso es muy…—jugué con mi lengua antes de hablar.— bueno de tu parte. —traté de sonreír.

— Claro. Recuerda que estaré ahí cuando me necesites…—rió por el doble sentido de sus palabras. Me mordí el labio. Eso no estaba nada mal…

— Iré a tomar una ducha.—me puse de pie y miré toda la ciudad antes de caminar.

Todo esto fue muy extraño, pero guardaré mis instintos suicidas –excepto el de la posición sexual- para más tarde. Aún mi coño debía sentir a la anaconda Cullen antes pasar a otra vida, así que podía vivir con lo del amigo-gay-con-derechos por mucho tiempo.

— ¿Cómo está tu culo?—me preguntó desde el balcón mientras ingresaba al living.

— ¡Perfecto!—le respondí antes de entrar a mi habitación.— Mejor que nunca.—susurré y sonreí.


Yaaa, al fin. Como siempre, espero haberles sacado una sonrisa :D Al menos yo me río un poco cuando escribo cada locura que piensa Bella...

Gracias por sus reviews! Si no les contesto es porque ando algo ocupada, pero en fin. Desde aquí, un abrazo a todas :) Tal vez actualizo mañana o más seguro el lunes. Chau!