Ataque y contraataque
Sora, Takeshi y Hayato acababan de llegar al edificio de Nami Chuu encontrándose a todos los alumnos en la puerta, juntos, la manera en la que iban hacía que parecieran una manada de "hervivoros asustados" tal y como diría el prefecto de Namimori. El mencionado estaba cerca, hablando con Kusakabe, su mano derecha del comité de disciplina, quien era un joven con un tupé negro al más puro estilo del cantante Elvis y que a la vez parecía un yakuza con las ropas negras que vestía.
La usuaria de la llama del cielo observaba el panorama con atención. Teniendo en cuenta el como les miraban los adultos durante el camino, lo que susuraban sobre ellos y el, increíble pero cierto, como estaban los alumnos en la puerta de la escuela sin que Hibari les atacara; eso significaba que algo grabe había pasado. Además a esto se le sumaba el hecho de que estaba preocupada por Fūta ya que hacía una semana que el pequeño estaba desaparecido.
Hibari se acercó con aparente tranquilidad, pero Sora notaba los hombros tensos del prefecto. Los guardianes y amigos de la heredera de Vongola se pusieron delante de la muchacha ya que no sabían, para nada, lo bién que su amiga se llevaba con el chico que era un año mayor que ellos.
Al prefecto no le importó la manera de actuar de los dos chicos y con aparente desinterés miró a la joven para decirle con voz monocorde:
— ¿No vas a ver al herbívoro gritón de tu manada?
Sora pudo ver que el comentario era por preocupación genuina hacía ella y sus propios amigos que tenía los cuales según Hibari eran su manada.
Por su propia parte y bajo sus propias experiencias el guardián de la tormenta y el de la lluvia pensaron que el prefecto lo había dicho burlándose de su amiga y por ello iniciaron un intento de ataque para defender a la chica. Siendo detenidos, para su asombro, por la misma persona a la que estaban protegiendo, dejando a Takeshi y a Hayato quietos y sin saber como actuar por la sorpresa.
Sora dirigió sus azules ojos a los orbes de un gris metálico de Hibari Kioya, si él le preguntaba por la salud de uno de sus amigos era claramente por que lo que fuera que pasara en la escuela había afectado a su famiglia de una u otra manera. ¿El herbívoro gritón? Eso significaba que era Sasagawa Ryohei el relacionado con el incidente sea este cual sea, ya que Hibari de sus guardianes solo sabía de las chicas que estudiaban en Nami chuu y los tres chicos que también estudiaban en el mismo cento.
Sora frunció el ceño, ella no sabía que le hubiera pasado algo a su guardián masculino del sol y eso hacía que se sintiera mal, ya que no había podido proteger a un miembro de su familia.
La joven miró en rededor para ubicar a su sensei, ya que le extrañaba que él no le dijera de lo que le pasaba a Ryohei y no la regañase por no estar atenta a sus "subordinados" como lo diria él, pero al parecer ocurría una de dos con Reborn, o no estaba cerca o no quería mostrarse en ese momento. Con el problema que parecía que la Uzumaki tenía encima, como fuese la secunda opción, le iba a gritar algunas cosas al hitman.
Sora le pidió indicaciones al prefecto del lugar en el que estaba Ryohei, con una promesa tácita de que le daría las gracias con una lucha en otro momento. Después de eso, salió corriendo al hospital en el que estaba ingresado su guardián del sol, a la vez que Hibari recibía una llamada que hizo que fuera rápidamente en una dirección concreta.
Al llegar al cuarto en el que Ryohei estaba, encontró a Kyoko curando a su hermano con sus llamas del sol. Hana estaba al lado de la puerta por si alguien que no tuviese conocimientos de las llamas intentará entrar, al verlos la usuaria de llamas de la nube se alejó un poco de la puerta para dejar pasar a su cielo y a dos de los guardianes principales, ya que siendo estos los más fuertes era ese el motivo de que fueran los guardianes oficiales.
Sora se acercó a su sereno (sol en italiano) y vió que gracias a kami la hermana de su sol ya lo había curado y no quedaba ninguna marca de la pelea en la que había sido derrotado.
— Sora, creo que esto lo ha hecho otra famiglia. — Fueron las primeras palabras que Kyoko le dijo en cuanto la vió.
— ¿Por qué? — La de cabellos dorados no separaba los ojos del cansado y recuperado rostro de su guardián, buscando la más mínima herida sin curar a la vez que cuestionaba a su interlocutora. Por suerte su otra guardiana del sol había hecho muy bien su trabajo.
— A Ryohei le faltaban algunos dientes cuando llegó a este hospital — dijo Hana, introduciéndose por primera vez en la conversación.
— Khe, ¿y que? Un buen puñetazo puede arrancarte algunos dientes, eso no explica nada. — Hayato, como siempre intentando discutir con todos los que no fueran su adorada Sora.
— Pero no arrancan un número determinado en cada víctima, ¿o no? — Otra vez comentó la chica con llamas de la nube.
— ¿A que te refieres? — En esta ocasión fue el guardián de la lluvia el que habló, adelantandose a Gokudera para que el último no iniciara una pelea. Mientras que Sora estaba atenta a toda la conversación pasando los ojos de uno a otro y escuchaba con atención a todos sus amigos.
— Varios alumnos de Nami Chuu están en este hospital. A todos le han arrancado de uno a varios dientes por orden de cuando sufrieron el ataque. A cuantos más atacan más dientes les arrancan y lo hacen a conciencia, me parece que incluso usan alicates para ello — dijó Kyoko con la voz más calmada que pudo emplear —. Creo que buscan a Sora, por eso están atacando de manera indiscriminada por si asi dañan a algún miembro de la famiglia y que ella se muestre para defender a esa persona.
— Es que, en verdad, eso es lo que esta pasando.
Sora dirigió su mirada a un punto en especifico del techo, lugar del cual provenía la nueva y a la vez conocida voz. Mientras que sus amigos miraban a su alrededor ya que no notaban la presencia del nuevo visitante en el cuarto.
— Esta mañana, me llegó un mensaje del nono Vongola avisando de que un peligroso criminal se ha escapado de la prisión de Vendicare y que ha venido a Japón para atacar al decimo. El nombre de ese criminal es Rokudo Mukuro, lo acompañaban varias personas, por desgracia aún no conocemos el número exacto de personas ni sus nombres. Al parecer se están haciendo pasar por alumnos en la academia de Kokuyo. Por cierto, tenemos imágenes de cuando Mukuro fue apresado, así será más fácil localizarlo.
En el momento que termino de hablar, se abrió una pequeña compuerta justo en el mismo punto que Sora estaba observando y de esa puerta secreta salió Reborn con algunas fotos en la mano. Fue hay cuando el resto de los que estaban en el cuarto pudieron ver al hitman.
La heredera de Vongola miró a su sensei y le preguntó:
— ¿Por eso tú no nos acompañasté al colegio?
El bebé asintio con la cabeza a la pregunta de su alumna con una casi invisible sonrisa. Él podía notarlo, Sora estaba enfadada consigo misma. Siempre le pasaba cuando uno de sus guardianes y amigos acababa herido o algo por el estilo durante los entrenamientos. Je, Rokudo no sabía donde se había metido, había enfadado a una fiera guerrera entrenada desde muy joven para las peleas. Je je, como osasen tocar solo a uno más de los miembros de la familia de la chica estarían en una situación muy cruda; antes de volvel a la prisión tendrian que pasar por algún tiempo en la unidad de cuidados intensivos del hospital. Je, a Reborn le empezaba a dar pena el pobre idiota.
— ¡Ha!, ahora que lo pienso, Ryohei, ¿por que ha logrado dejarte en tal mal estado el enemigo si aparte de tus habilidades en el boxeo también sabes taijutsu y eres muy fuerte?
Reborn escucho como su alumna hacía esa pregunta justo en la puerta ya que se estaba marchando cuando ella recordó preguntar su duda.
— La verdad ha sido algo muy tonto, ya que el enemigo me tomó por sorpresa y no me dió tiempo a reaccionar, dado que yo solo ví a un alumno de Kokuyo, al cual no me hubiera importado incluir en mi .
Sora estaba algo más tranquila, pero eso no menguaba su furia. Y su ototou Fūta seguía desaparecido, el día no podía ir p... no, no pensaría así, no fuera que activara sin querer esa cosa de la ley de Murphy que decía "sí algo puede salir mal, pobrablemente saldrá mal".
Para la desgracia de la muchacha, por diferentes motivos, sus amigos habían tenido que irse por otros caminos. Por suerte de los que rondaban su edad; Takeshi era, de todos los chicos, el que más tiempo llevaba entrenando con ella y Hayato el que más experiencia de campo tenía al haber sido criado en la mafia. Sora confiaba en que ambos pudieran arreglarselas solos.
Por su intuición, Uzumaki decidió ir a su habitación a recoger algunas de las armas shinobis que le enviaba Sakura por correspondencia para que no perdiera práctica al usarlas. Esos objetos eran pequeños shuriken, algunos kunai y cuatro pildoras de soldado, las últimas que le quedaban además de que venian muy bien no solo para reponer chakra sino que habián averiguado por casualidad que también servián también para las llamas de la última voluntad de muerte. Guardo todos los objetos mencionados en un sello que podía contener varios elementos distintos el cual estaba dibujado en la pieza izquierda de unas muñequeras que se había puesto.
Cuando ella terminó de prepararse, recibió una llamada de parte de Hayato. Le habían atacado, parecia que el chico era de Kokuyo, como ya sabían y había exigido que Gokudera le dijera quién era el decimo Vongola, información que claramente no dió ya que pudo derrotar al muchacho, pero cuando iba a apresarlo para obtener información de él apareció otro chico también de Kokuyo y se lo llevó. La única información valiosa que pudo obtener era que el grupo entero estaba escondido en el antiguo y cerrado parque de Kokuyo Land. Lugar al que se dirigieron algunos de los miembros de vongola, mientras que el resto se quedaba en Namimori por si atacaban a algún inocente más.
Sora decidió que Kyoko, Hana y Haru se quedarán en Namimori; ya que si el enemigo enviaba a sus hombres a atacar a más habitantes de la ciudad sería por que pertenecieran a Vongola para hacer un chantaje. Dado que de manera segura no se esperarían que los miembros dejados atras pudieran defenderse solos. I-Pin y Lambo también se quedarían, pero ellos por un motivo el cual era una importante misión, proteger al auténtito único miembro debil de la famiglia: Nana.
A Kokuyo Land iria un grupo conpuesto por Hayato, Takeshi, Bianchi, Reborn y la propia Sora. Los cuatro primeros nombrados rezaban por que no pasara nada que enfadara aún más a la Uzumaki, ya que distinto al usual naranja que aparecia en los ojos de la chica cuando la cosa se ponía seria ahora ella tenía los ojos rojos, y las marcas en sus mejillas estaban más marcadas que nunca. Incluso Reborn notaba el peligro emanando de su alumna, por lo cual durante el viaje intentó mantenerse alejado de ella.
Las ruinas de un antiguo centro de entretenimiento para toda la familia, el cual incluia un zoologico y un invernadero en el que antes se alojaban a algunos animales. Ahora era la sede de residencia del grupo Kokuyo, y como la tierra ocultaba la cupula del invernadero Takeshi había caido por un agujero que se había producido en el cristal.
Abajo le esperaba Joshima Ken, uno de los chicos que trabajaban para Mukuro. En realidad, incluso para sorpresa de Takeshi, fue una pelea corta. El guardián de la lluvia de Vongola no tuvo ni siquiera que usar el reciente estilo con la espada que le enseñara hace poco su padre, el legendario Shigure Soen Ryu.
La verdad, solo tuvo que cojer el bate que le dió Reborn durante un entrenamiento, ya que moviendo dicho objeto a más de trescientos kilometros hora se transforma en una espada, y herir algo, aúnque no mucho, a su enemigo de turno.
Así Ken quedó rapidamente fuera de combate y no pudo continuar.
Fué un combate muy fácil.
El segundo combate también fue bastante fácil de ganar, el grupo había parado a descansar ya que tenían hambre. Cuando fueron atacados por una joven.
Bianchi no quiso ayuda para acabar con la chica que se presentó con el nombre de M.M. y no la necesitó.
Usó una nueva habilidad que había obtenido durante el día que se celebró la boda falsa que en realidad no realizó.
Esa habilidad consistia en transformar los objetos que tocase en comida venenosa, por ello Bianchi tocó rapidamente con su nuevo poder el clarinete que era la arma de M.M. y la chica cayó envenenada al suelo.
El tercer enfrentamiento no podía ni considerarse eso.
Un viejo senil con gafas de nombre Birds y que tenía muchos canarios con él los atacó, o al menos hizó el intento. Ya que recurió al ya esperado chantaje.
Dos seres, hermanos gemelos, que no parecían pero eran humanos atacaron de uno en uno por separado, además de a escondidas al grupo compuesto por Hana, Kyoko y Haru por un lado, por el otro a Nana.
Segun las palabras del hombre, si no se rendian y Sora se suicidaba, ambos hermanos matarían a sus presas.
Grande fue la sorpresa, del anciano, cuando las chicas se protegieron solas acabando sin ayuda con uno de los dos gemelos. A la vez que las versiones adultas de I-Pin y Lambo, traidas por el pequeño al usar la bazooka de los diez años, acababan con el hermano que amenazaba la vida de Nana.
Sora, con el iris rojo y la pupila alargada de un animal, descargó un poco de su ira en ese estupido señor que se había atrevido a atacar lo más amado por la heredera de Vongola.
Su familia.
Se le pasó la mano, Hayato y Takeshi no sorportaron muy bien ver el cadaver del anciano, por lo que lo poco que habían comido acabó en el suelo, al lado de esos restos despedazados solo a base de golpes: patadas, puñetazos...
La sangre del muerto cubría los nudillos, las dos manos enteras para ser más exactos, los puños de Sora ahora estaban bañados en sangre. Sus ojos otra vez azules obsevaban con notable horror lo que ella misma había hecho.
Reborn miró la escena ante él sin sorprenderse. Después de todo la joven Uzumaki haría lo que fuera por sus seres queridos aún cuando después se arrepintíese de lo que ella misma había hecho.
—Lo sabía, era de esperarse que esto pasara teniendo en cuenta los variados ataques que ya han sufido los miembros de tu familia. Pero, recuerda Sora, a Rokudo por mucho que quieras matarlo, si o si, debemos capturarlo vivo.
Seguían avanzando, Hayato y Takeshi ya recuperados de su primera visión de la muerte. Ambos comprendian el mundo en el que uno de ellos había crecido y en el cual el otro entró al querer estar con la chica rubia.
Esa misma chica, Sora, estaba callada y algo apartada del grupo. Desde pequeña la instruyeron en el arte de matar, vió morir delante suya a algunas personas durante una misión en Nami no Kuni (País de las olas), pero ella nunca había matado. Nunca, hasta ahora. Además lo que peor le sentaba, era que no se arrepentía. Ella siempre pensó que sí algún día tuviera que matar a una persona, no pararía de llorar del dolor hasta que sus lágrimas se secaran. Y le daba miedo, ya que sabía que de ser necesario, volveria a hacerlo. Ese señor amenazó la vida de su famiglia, se merecia eso... y más.
Al alzar la mirada, Sora se dió cuenta de que tan metida estaba dentro de su pesar por haber matado sin arrepentirse que no notó cuando sin querer se separó de sus amigos.
Empezó ha mirar los arboles que la rodeaban, cuando vió un objeto que ella conocia muy bien y hacía más o menos que no veía. Y como siempre, ese objeto al ser una bufanda iba enrrollado en el cuello de su propietario. ¿Qué hacía su ototou en el bosque de Kokuyo Land?
El libro, el maldito libro de los rankings gracias al cual conoció a Fūta y a la vez el mismo desgraciado libro cuya existencia hizo que muchas familias mafiosas se pelearan entre ellas intentando obtener al niño para ascender en importancia. Ya que quien usase ese libro para si mismo, si sabía usarlo bien, podría llegar incluso a dominar el mundo.
Por eso su ototou no aparecía, por eso su intuición estaba volviendose loca aún cuando ella no entendia lo que quería decir. Mukuro Rokudo debía seguir vivo cuando lo atraparan, ¿no? ¡Ho! Pero no le habían dicho nada de que no pudíera ser enviado al hospital en una emergencia de vida o muerte antes. ¿O no? Je, el idiota tenía todas las cartas para que ella le diera una paliza.
Sora siguío avanzando, se había vuelto a distraer y había perdido de vista a su ototou, por eso ahora tenía que buscarlo, hasta llegar a un claro. Allí vio a una persona, un joven.
Sus cabellos eran azules y estaban recogidos en la parte de atras de su cabeza dandole la forma de una piña, durante un segundo a Sora ese peinado le recordo en parte a su amigo de la aldea de Konoha, Shikamaru. El chico era alto, bastante alto. Además tenía heterocromía, ya que uno de sus ojos era azul y el otro era rojo, lo que más asombraba a Sora era que en el orbe de tono carmín podía verse que la pupila era el número seis escrito en japones. Vestía el mismo uniforme que los del grupo de Kokuyo, y por ello Sora no podía saber si era un rehén o un miembro de ese grupo. Además de que a simple vista él parecia tener más o menos la edad de Kioya.
Hablaron, ella le advirtió de que si no estaba con Rokudo debía huir del lugar, el chico actuaba como si quisiera que la heredera de Vongola lo tomara como un rehén, y eso era una actitud sospechosa. La intuición que ella heredó le indicaba que ese muchacho tenía algo importante que decirle, que no debía juzgarle solo por sus actos. Por lo que en ese momento la única cuestión era que actos había hecho por los cuales no debía juzgarlo.
Sora se acordó que sus amigos y ella estaban en territorio enemigo, debía regresar pronto a su lado por si estaban en peligro. Volvío una última vez los ojos para reflejarse en los del contrario, dandose cuenta de que él ya había desaparecido. Era raro, si fuera un rehén no estaría libre, sino que estaría encerrado en alguna habitación y si se hubiese liberado lo primero que intentaría sería escapar, cosa que no estaba haciendo. Pero, su intuición estaba diciéndole algo, no entendía el que en ese momento.
El enemigo estaba en el suelo, por fin. Ese hombre, moreno de ojos negros como dos túneles vacíos de todo sentimiento. Era muy alto y bastante musculoso, además de que vestía el mismo uniforme escolar de Kokuyo que el resto de enemigos.
Ese hombre era el que salía en la foto de Rokudo Mukuro.
Hayato estaba sorprendido, si juudaime sama no los hubiera entrenado en el uso del chakra, no sabía como hubiera terminado este combate. Pero lo más probable es que estaría todos en peor estado
Por suerte pudieron romper, entre Takeshi y él, la bola gigante que Rokudo usaba para atacarles.
Ambos guardianes cayeron agotados a suelo. Al terminar el último ataque combinado.
Al alzar la vista, maldijeron a todo lo vivo. Ese hombre, que parecía una bestia, se había vuelto a levantar. Ninguno de los dos podía más. Junto a que Reborn no podía intervenir en los combates ya que solo estaba de sensei y Bianchi que tampoco podía mucho con su cuerpo al haber sido sorprendida por uno de los primeros ataques del actual enemigo.
Así fue como los encontró Sora, agotados, sin fuerza. A punto de perecer entre las manos de Mukuro.
Un destello rojo en sus ojos, y al notar el aumento de poder Sora se detuvo en seco ya que ella pudo notar que esa nueva fuerza era en parte maligna. Tenía que dominarse. Sacudío la cabeza e intento tranquilizarse. En ese momento, con los mismos sentimientos pero más dominada, sus ojos se volvieron naranjas y sus habilidades se incrementaron de manera exponencial, pero de una manera que la tranquilizaba y la alegraba.
Con un solo golpe, Sora alejó al enemigo de sus amigos caidos. Ella sacó tres pildoras de soldado y se las entrego a los tres debilitados advirtiendoles: "usadlas solo en un momento de crisis, ya que después sereis incapaces de siquiera parpadear".
La Uzumaki se volvió otra vez al hombre, que se volvía a levantar, cuestionandole:
— ¿Quién te crees que eres para atacar así a mi famiglia Rokudo?
— Tu sola te has respondido niña, soy Rokudo Mukuro y si ataco a tu familia es para poder cumplir mi sueño. — Mientras que el hombre contestaba, con voz monotona, a las pregunta Sora miró a sus ojos. Vacíos, sin vida, así es como estaban las negras orbes de ese señor.
— No le creo señor, sus ojos están vacíos como los de alguien que está muerto en vida. Y créame Rokudo, se de lo que hablo cuando digo que entiendo de no tener vida.
Sora esperaba a que Mukuro contestara, pero si no hubíera sido por su intuición que la instó a alejarse ella habría recibido un golpe en el estomago por parte de ese hombre. Fue un breve combate, que hizo que Sora se diera cuenta del hecho de que el señor no atacaba con toda su fuerza.
— ¿Quién fue señor? ¿Quién lo controlo? — preguntó Sora con la mirada decidida y brillando con tonos naranja —. ¿A quién o quienes mató?, ya que eso acabó con usted. Por lo que no puede ser Rokudo, lo que me han contado él es que no muestra misericordia. ¿Era usted el chivo expiatorio?
En ese momento Sora se dió cuenta, solo podía ser eso.
