Capitulo 7: Daños colaterales
La Guerra había acabado con todo. Del antiguo Taleb (por Dios, parecían haber pasado centurias desde su partida del califato!) solo quedaba el cascaron del mancebo que se fue lleno de miedo e inocencia, y que ahora volvía repleto de culpas y remordimientos. La única emoción que le mantenía aún vivo con terca obstinación, era el amor que sentía en cada parte de su ser por Karin, su hermosa habibi y aunque se sentía inmerecedor de amarla y desearla, la necesitaba como un animal hambriento que avista una presa a lo lejos. El camino hacia el feudo moro cada vez se volvía más corto y los recuerdos que lo atormentaban se turnaban con las dulces imágenes de la joven que lo esperaba en su anhelado hogar.
La guerra que pudo haberse prolongado quizá por años, terminó en poco más de un par de meses después del inesperado ataque de los jazaros al campamento vikingo. Taleb esa noche no durmió de la impresión que haber derramado sangre le había causado. No había gozo en la batalla, no había excitación en la matanza, solo era caos y terror los que lo motivaban a empuñar la cimitarra con fiereza. El instinto de conservación se apoderaba de su cuerpo mientras su mente se ahogaba en pánico. No, la idea romántica del guerrero que va con valor y emoción a la batalla solo era una falacia de los juglares, era un engaño para que los estúpidos corrieran felices al matadero.
El no era un asesino, punto, esa era la verdad. No tenía los instintos asesinos ni los arrebatos que los moros tanto presumían tener. Mientras más meditaba en lo que había ocurrido, más se negaba a la idea de seguirse exponiendo a matar y ser matado. Y su mente prodigiosamente brillante elaboró un plan para terminar rápidamente esa situación que amenazaba incluso su preciado hogar. Por su parte, Alberic observó a lo lejos al joven sentado en cuclillas mirando fija y obsesivamente la pira de fuego en el que ardían los cuerpos de los barbaros. Podía entender el conflicto por el que éste atravesaba, y aun más conociéndolo como era, joven, sensible e incluso mimado. A pesar de ello reconocía que para ser un adolescente inexperto, había luchado como un verdadero endemoniado, pensó para sí, y no le gustaría jamás tener que enfrentarse a él en un combate, por la forma como desolló con habilidad a los 9 jazaros que lo habían atacado uno tras otro hasta que el combate terminó.
Taleb no se movió de su punto aun cuando los rayos del sol del día siguiente lo bañaron, Alberic se sorprendió de verlo en el mismo lugar donde lo había visto por última vez antes de irse a descansar, nada más que el moro ya no estaba en cuclillas, ahora estaba parado de pie, y tallándose los ojos para deslagañarse, se acercó a su lado en silencio, Taleb de inmediato sintió su presencia.
-Problemas para dormir, Taleb?
-Envidio vuestra capacidad para poder cerrar los ojos y conciliar el sueño… La voz de Taleb se escuchó carrasposa y débil.
-Con semejantes acontecimientos? Apreciado amigo, no le resto valor a lo que acontece, es simplemente que la costumbre aturde los sentidos y las emociones.
Taleb lo miró de reojo, el rostro sereno del vikingo fue como una bocanada de aire limpio en medio de esa desesperanza en la que se hallaba hundido. Toda la noche pensó en la forma más viable para evitar el derramamiento de sangre en ese conflicto, y creía tener una posible solución.
-Pensaras que soy un cobarde…
-Al contrario, amigo mío, no imagino de donde habéis sacado esa idea absurda, pero, creedme, tenía años que no veía a un chaval blandir la espada con la letalidad con que lo habéis hecho vos. Os tengo en alta admiración, si eso le hace sentir mejor a vuestro animo.
Taleb bajó los ojos al suelo, si alguien podía ayudarlo a realizar su plan, sin duda era este hombre extraordinario, así que dándose la media vuelta e invitando al vikingo con un movimiento de cabeza, se dirigió hacia el campamento que ya comenzaba a dar señales de actividad febril.
-Alberic, os invito a tomar un Kaffe para aclarar la mente, hay algo que necesito comentaros.
Los dos se acercaron a la hoguera y uno de los sirvientes moros les acercó dos pequeñas tazas de metal con un oscuro contenido humeante y oloroso. Alberic ya se consideraba un admirador de la bebida árabe por excelencia, ya que la encontraba estimulante y deliciosa en toda la plenitud de su sabor amargo y potente. Una vez que dieron el primer sorbo, Taleb cortó tajante el silencio.
-Podemos ubicar el campamento jazaro…?
-Si, será difícil pero no imposible, son muy hábiles para esconderse sin dejar rastros. Si lo que quiereis es que venguemos el ataque de ayer…
-No, creo que no me he explicado correctamente, no pregunto por los milicianos, pregunto por la horda. Dónde se encuentra el pueblo que los acompaña. Según se, la acampada viaja algunos kilómetros atrás de la avanzada guerrera. No es así?
Alberic parpadeó queriendo interpretar las preguntas del joven. Era muy común que la población bárbara, cualesquiera fuera su tribu o procedencia, siguiera a relativa distancia a la milicia para poder disfrutar de los botines que los atracos de los guerreros les traía en beneficio, pero él no veía la importancia en eso, no al menos en los usos y costumbres de la guerra. Aun así, pero con mucha curiosidad, contestó afirmativamente a la pregunta con un leve movimiento de cabeza.
-Mi padre cuenta con un cargamento de pólvora bastante grande, tengo una idea que quizás nos ayude a detener a estos malparidos de una vez y para siempre. Habéis oído hablar de las bolas de fuego chinas, Alberick?
-No, nunca.
-Muy bien, esto es lo que haremos una vez que ubiquemos la villa jazara…
Karin despertó cubierta en llanto, conforme pasaban los días una sensación de ahogo angustioso le oprimía el pecho y poblaba sus noches de pesadillas y desvelos. Continuamente la imagen de Taleb cubierto en sangre la asaltaba en medio de la noche y esa imagen la aterrorizaba. En ocasiones lo veía caer abatido por una espada en el centro del pecho y alejarse inerte en un pozo de densa oscuridad y en otras ocasiones lo veía transformado en un ser de gestos monstruosos, que arrancaba corazones de cuerpos aun vivientes mientras sonreía perversamente. Karin no sabía cual imagen la aterraba más. Ansiosa veía la luz del sol que la despertaba de esas noches sin descanso y de inmediato traía a su pensamiento los recuerdos de los que se alimentaba cada instante consciente de sus días. Aprendió a vivir en un estado casi catatónico, ajetreada en sus muchas tareas y ocupaciones como esclava pero viviendo un mundo interno intenso y apasionado. Los besos de su ángel le recorrían la piel erizándosela, y ya no solo eran simples recuerdos, eran ensoñaciones que la llevaban más allá de sus vivencias, eran lapsos en los que las memorias tomaban vida propia y los besos y caricias iban más allá de lo que ella había experimentado, las manos de Taleb iban a lugares prohibidos y profanos, y las sensaciones eróticas en su cuerpo la llenaban de vergüenza ruborizándola frente a quien se encontrara. Muchas ocasiones Doña Irene la vio ponerse roja como el carmín, y ella se moría de la pena. La mujer intuía lo que ocurría en el corazón de esa sencilla jovencita, incluso sentía lástima de ver como esa niña realmente amaba a un joven que estaba más allá de sus sueños más locos.
Mayra se daba cuenta de que algo muy raro pasaba con su esclava, la veía ir y venir perdida en pensamientos que transmutaban su rostro y hasta lo embellecían aun más de lo que ya era en si. La belleza de Karin cada vez era más difícil de ignorar, aun para los que no vivían en el feudo. Y de no haber sido por el cariño y lealtad callados que Mayra sentía por su salvadora, esa misma belleza la hubiera llevado lejos de ese castillo que a pesar de ser su cautiva sentía como su hogar y el lugar al que pertenecía.
Un día que Karin bajó al pozo a llenar los cantaros para la recamara de sus amas, un hombre la vio con mucho interés. Era el traficante Saleem, que esa ocasión llegó a vender especias al feudo. El pícaro no solamente se dedicaba al transporte y venta de mercancías, también era el dueño de un serrallo en la villa cercana que estaba a unos kilómetros tierra adentro. Al mirar la belleza de la jovencita y ver por sus prendas que se trataba de una esclava, de inmediato hizo averiguaciones con los habitantes del feudo. Solicitó a los guardias le pidieran de su parte audiencia con la dueña de la esclava rubia. La señora Mahdi acudió acompañada por su hija al llamado del traficante, con quien ya había tenido tratos por la compra de telas preciosas. Interesada por la solicitud, llegó 1 hora después al atrio del palacete. Saleem le saludo con efusividad, Mayra se quedó unos pasos más atrás. Después de unas cuantas frases de cortesía, el traficante fue al grano expresando sus intenciones.
-Mi gentil Señora, es mi deseo solicitar acepte mi oferta de compra, le ofrezco 10 ciclos de plata por su esclava rubia.
Mayra contuvo el aliento cuando escuchó semejantes palabras, era algo que de ninguna manera le había pasado en serio por la cabeza y teniendo en cuenta el hecho de que se sentía en deuda con Karin, no estaba ni remotamente de acuerdo con la idea de venderla, mucho menos a un tipo de la calaña de Saleem el traficante. Acercándose a la señora Mahdi y al tipo, faltando a lo que se habituaba, le jaló la túnica a su madre para llamar su atención, mientras la mujer parecía ignorarla.
-Señor mio, debo rechazar su oferta ya que la cantidad que usted ofrece no cubre ni la mitad del valor de esa joven. Como ha podido ver, es una muchacha además de sana, bien alimentada, fuerte y hacendosa, de muy buen ver. 10 ciclos de plata es muy poca cosa siquiera para tomarme la molestia de discutirlo con usted. Con permiso…
La mujer hizo el ademan de retirarse ante el beneplácito de su hija y la angustia de Saleem, quien volvió a atacar alzando el valor de la oferta.
-Veinte! Veinte ciclos de plata mi Señora, es una oferta que quizá no vuelva a repetirse, ni de mi parte ni de algún otro…
-No, señor, disculpe usted, pero no…
-Veinticinco ciclos y 20 brazos de seda de la india!
La mujer se detuvo en seco y volteó con gracia hacia el traficante mientras le brindaba una seductora sonrisa. El hombre se dio cuenta que había dado en el blanco, Mayra miro a su madre con inquietud mientras negaba débilmente con la cabeza. La mujer la miró con frialdad mientras se dirigía por última vez a Saleem.
-Venga mañana, consultaré con el Divino esta decisión por la noche. Le recomiendo que…. venga preparado.
Una vez que perdieron de vista al traficante, Mayra increpó con ansiedad a su madre.
-Pero por que le has hecho creer a ese hombre que venderás a Karin? Tu no puedes hacer eso!
-Y por que no habría de hacerlo, Mayra? Yo soy dueña de esa esclava y puedo hacer lo que me plazca con ella…!
-No puedes! Ella me salvó la vida! Que acaso no le tienes agradecimiento?
-No seas absurda, hija, ella no es igual a nosotros ante los ojos de Alá, es una propiedad con la que tengo el pleno derecho de hacer lo que deba para nuestro beneficio!
-Pero madre, no tenemos necesidades materiales, si voy a casarme con el heredero, yo tendré montañas de ciclos de plata y monedas de oro, te lo ruego, no vendas a Karin, si me amas!
La señora Mahdi guardó silencio mientras miraba fijamente a los ojos de su hija. No podía negarle muchas cosas, ya tanto era su amor por ella.
-Esta bien, amada, será como tú lo deseas. Mañana los guardias le darán la noticia a Saleem por mi.
Ese atardecer, Mayra vio llegar a Karin de los aposentos de Doña Irene como todos los días y mirarla la llenó de una alegría sosegada, casi beata. Un calor suave reconfortaba su joven y malcriado corazón de saber que había hecho algo bueno por esa insignificante esclava que le había salvado la vida. Mientras la rubia peinaba los negros y sedosos cabellos de la joven mora, Mayra sonreía feliz de saberse capaz de hacer el bien sin interés alguno de por medio, y esperó que esa acción le trajera dicha y felicidad cuando el momento de desposarse con Taleb al fin llegara a su vida.
Continuará...
Quiero agradecer con muuucho amor la paciencia, el cariño, el tiempo que le han dedicado a esta historia. Dios les bendiga hoy y siempre queridas lectoras, ustedes son las que no me permiten abandonar mis sueños y mis compromisos! Quiero mandarles especialmente un abrazo a mis lectoras que han dejado sus comentarios: Myrslayer, Lucero, annima, grisel, Lucy, rosatella, YEYAHO, Terry780716, Terry´s Girl, Arual, Oligranchester, leonore18, naye, mapi, Yut Grandchester, Monserrat Mancillacruz y por última mi amada Florentina, que siempre está ahi cuando necesito su consejo y guía. Te quiero mi reina!
El siguiente capitulo lo subo esta misma semana, de hecho preferí hacer este corto y continuar con el que sigue por que iba a estar muy largo y no quiero que la historia pierda su ritmo (gulp, vaya ritmo con semejantes pausas, prometo que esto no vuelve a pasar, jijijiji)
Gracias de antemano por su compañía y sus comentarios, son verdaderas joyas para mi.
