CAPITULO 7

Observó el paisaje que se presentaba a su alrededor, le era agradable, ojala, después de terminar con el entrenamiento, quedara tiempo para dar un paseo por los alrededores.

Se acercó a donde se encontraba su primer banderín, lo leyó, y comenzó a seguir las instrucciones.

Mientras el sol resplandecía sobre de él y el viento soplaba agitando las frondosas copas de los árboles.

-mierda, estúpido Dino, maldito entrenamiento- se quejaba el italiano de ojos verdes después de haber pasado unas cuantas pruebas, estaba exhausto, tenía una nueva cicatriz que adornaba su costado izquierdo y ya comenzaba a oscurecer.

Además de que su estómago le pedía a gritos algo de comida.

Dio un giro a la derecha, y cuando menos lo espero se encontraba atrapado entre un árbol y el cuerpo de su amante que reclamaba sus labios bajo su poder

-mnh… Hibari…- fue todo lo que logro decir.

-herbívoro, ¿por qué tardaste tanto?- preguntó el japonés una vez que se separó del cuerpo ajeno. Y lo devoraba con la mirada, con aquel brillo en sus orbes azules que solo podían significar deseo.

-tsk, cállate, que no puedo ir corriendo ni saltando por ahí por tu culpa- contestó mientras miraba el camino, le gustaba ser el quien despertaba aquellos deseos en el prefecto, pero no lo admitiría - ¿falta poco?-

-solo una vuelta más a la derecha y habremos llegado a la cima, vamos, tienes que vendarte esa herida-

Sin mas, comenzaron a caminar en silencio, ya habían pasado todas las pruebas que Dino les había puesto, para ser sinceros, no se las esperaban, y estaban totalmente agotados, claro, también a consecuencia de que apenas habían logrado dormir un poco la noche anterior y no habían ingerido alimento alguno en todo el día.

En cuanto llegaron observaron el lugar con atención, había una casa de acampar, una fogata y comida, lo que mas llamo su atención era la comida.

-vamos chicos, tardaron demasiado, ya ha oscurecido así que acamparemos aquí- dijo un sonriente rubio acostado cerca del fuego- dormiremos todos en la misma cabaña, puesto que, al parecer el señor carnívoro, no es capas de no tener sexo por una noche-

Ante este comentario los colores se le subieron al rostro al menor, aquello era vergonzoso, al parecer, después de todo, Dino si se había dado cuenta de la pequeña travesura de Hibari.

-¿Qué? ¿Te molesta que sea yo quien comparte la cama con hayato y no tú? – lo estaba retando, lo quería sacar de sus casillas, solo le estaba restregando en la cara algo que era mas que obvio.

-a decir verdad… si, pero pues, son jóvenes, cuando uno tiene tan corta edad tiende a cometer muchas estupidez de las que después se arrepiente-

Y eso fue todo, solo eso basto para dar inicio a una pelea entre la nube y el cielo.

Hayato pensó en intervenir, pero era tanto el cansancio y ellos lo tenían tan enfadado, que opto por comer algo y descansar.

Se encontraba dentro de la casa de acampar, mientras se vendaba la herida del costado, ¿Cómo había sido tan estúpido para lastimarse de tal forma?

Sintió unas manos rodearlo por la cintura y un caído aliento en su cuello.

-Hibari, quítate- dijo enojado el italiano, estaba molesto, él y Dino todo el tiempo peleaban y lo dejaban de lado, además de que solo lo avergonzaban con sus estúpidos y ridículos comentarios.

-tsk, ayer no querías que me quitara de en sima tuyo, parecías disfrutarlo de sobre manera-

-¡Hibari! Ya basta, odio que quieras besarme, abrazarme y tocarme cuando Dino está cerca, por momentos siento que solo soy un trofeo que te gusta presumir-

El joven de cabellos azabache no dijo nada, no tenia nada que decir… simplemente se acerco a el, lo recostó en el piso y lo besó

Un beso, feroz, necesitado, apasionado y lleno de amor, de un amor agresivo y violento, pero… así era su manera de amar, el no podía derramar miel como los demás, no podía endulzar todo como Dino, ni ser tan abierto con sus sentimiento, él era así… y así era su manera de amar.

Solo esperaba que el menor lo comprendiera y lo aceptara tal cual, que no le exigiera algo que no era capaz de cumplir.

-para mi no eres ningún trofeo, simple y sencillamente eres de mi propiedad hayato…-

Dino miraba a la joven pareja que yacía dormida a un costado suyo.

Al joven de plateados cabellos acurrucado junto a su sádico alumno, mientras este lo abrazaba por la cintura.

Se veían tan…. Tan bien… pereciera que todo el tiempo estuvieron destinados a conocerse, pero, el destino no existe, nada está escrito, la vida es tan solo un juego de ajedrez, con cada acción vas avanzando en el tablero, solo al final, te darás cuenta si tu jugada a vencido, o si tu enemigo a logrado vencer.

Solo tenia que esperar, hacer un poco de presión y estar ahí para cuando Hibari hiciera una mala jugada, solo debería de tener paciencia.

Y si la oportunidad no llegaba, quería decir que aquel joven japonés había jugado a la perfección y había ganado la partida.

Después de todo la meta no es llegar arriba, si no quedarse ahí toda la vida

Pero es difícil…

Hayato había empujado a Hibari dentro de su habitación, había cerrado la puerta con llave no pensaba salir pronto.

15 días, quince estúpidos días en los que estuvieron entrenando con el caballo salvaje haya arriba, en los que estuvieron acampando al aire libre y durmiendo en el mismo sitio, tanto tiempo, y el lo único que quería era sentir a su amante dentro suyo de nuevo.

Se había burlado de Hibari al principio, pensó que no soportaría aquella abstinencia de sexo, pero el que no la soportaba mas era el.

Así que, apenas pusieron un pie de nuevo en la cabaña y el capo italiano se marcho por provisiones, comenzó su plan, no podía esperar más y poco le importaba si el rubio los descubría.

Se sentó sobre las caderas del japonés mientras este baja sus manos de su cintura, hasta sus músculos traseros, tocándolos con desesperación

Hibari no decía nada, se mantenía callado, pues eran pocas las veces que el menor se armaba de valor para comenzar el con el acto sexual, además, de que le gustaba molestarlo después al recordándoselo.

Se besaron con desesperación, tenían la necesidad de sentir al ser opuesto, de besarle, tocarle y escucharle.

Sus manos se colaron dentro de los Levis negros del menor y descendieron hasta la entrada de este, comenzando con los preparativos para recibirlo después

Miro a su alrededor nuevamente, comprobando que nadie le hubiese seguido de camino aquí, tenia pavor, miedo a que Hibari lo descubriera.

No podía seguir con aquel secreto por mas tiempo, esperaba que las cosas se solucionaran lo antes posible, aquello había sido un error, él se encontraba borracho y estaba resentido con el japonés, pero el jamás quiso hacerlo jamás quiso acostarse con el rubio, nunca fue su intención engañar a Hibari, simplemente… las cosas sucedieron y no puedo evitarlo.

Entró a la habitación del hotel acordada, el rubio ya se encontraba ahí, sentado en el borde de la cama, tomando un whisky con tres cubos de hielo, con los primeros botones de su camisa desabrochados y con su look de un autentico mafioso

-hayato... pensé que jamás llegarías.-

-Dino… esto, está mal, esa noche… estaba borracho y molesto, nunca debió de haber pasado aquello-

-¿seguro? Dime que no le das importancia a esa noche, dime que olvidaste mi tacto por tu piel y la sensación al tenerme dentro tuyo, dime que aquello no fue nada para ti, y me marchare, regresare a Italia, dejare que tú y Hibari continúen su vida juntos…-

No hubo respuesta, pues… no el menor no estaba seguro de que hubiese alguna, se arrepentía de ello, pero simplemente no era capaz de olvidarlo, es que simplemente… lo disfruto tanto…

El rubio se levantó, se acercó al menor y le besó, un beso tan único… cargado de ternura, delicadeza, tan dulce y puro, con un ligero sabor a alcohol que se mezcló con el de sus cigarrillos.

Un roce que le provocaba cierta adicción

-Sé que por las noches susurras mi nombre, tienes miedo a la soledad, a mí me duele que estés solo, y yo aquí queriéndote amar… vámonos hayato... ven conmigo…-

Tampoco hubo respuesta, el joven albino fue depositado en la cama de aquel lujoso hotel mientras su acompañante se acostaba a un lado suyo, abrazándolo, acogiéndolo en su regazo.

Simplemente… durmieron… soñaron, recordaron.

Y es que… como olvidar aquella noche…

¿Qué responder a aquella propuesta?

Japón o Italia

En ambos sitios encontraría amor, sexo, placer, en ambos países continuaría siendo un Vongola… pero… ¿dónde quería estar él?

Hibari Kyoya o Dino Cavallone

….