Crónica siete

Married—

Personaje (s): -Yuki-Eiri Uesugi, Ayaka Usami.

Pareja: Ninguna.

Categoría: No menores de 13 años.

Notas: POV (Point of view) de Yuki Eiri.

Desde los dieciocho años supe que me casaría con Usami Ayaka, la joven hija del mejor amigo de mi padre, pero ciertamente jamás pensé que tendría demasiado cerca ese compromiso como para palparlo.

Ella nunca me cayó bien. Tuvo la mala suerte de ser presentada ante mí cuando yo ya era un soplanucas de renombre. Nunca le presté demasiada atención en sí. Sólo iba a verla para beber té caro.

Hace tiempo, cuando nuestro compromiso pareció algo inminente de una vez por todas, me di cuenta de que no odiaba tanto a Ayaka como me parecía creer. Realmente, la chica no tenía ni tiene, ahora, algo que yo sea capaz de odiar: ella es muy parecida a Shuichi, sólo que sumándole un par de pechos y cabello largo.

El día de la boda, el corazón estaba latiéndome desbocado: iba a impedirla me costara lo que me costara, aún si esto era un eterno dolor de cojones y cabeza cuando mi padre soltara la cantinela de «¡Mal hijo!, ¡Insensato!, ¡¿En dónde dejas el honor de tu familia?! Bla, bla, bla». Jamás pensé… Jamás pensé que las cosas terminarían como lo hicieron. Jamás creí volver a ver a la persona que pensé haber dejado en mi pasado, junto a Kitazawa.

«¡Maldito imbécil!» pero internamente estaba riéndome aun si lo había golpeado, estampando su cabeza de nabo contra la pared del templo.

Ayaka… Ayaka ya lo había comprendido ¿Cierto? Que no estaba con ella en esos momentos porque quien me importaba era él. Perdón, perdón, perdón era lo único que se me pasaba por la cabeza al respecto de ella, porque yo mejor que nadie sé lo que es sufrir por un amor no correspondido que se esfuma ante tus ojos con un infeliz soplo de viento.

Y esa persona, esa persona que había impedido que me mirara frente a un espejo con el letrero de «Casado» en la frente, había cambiado completamente mi forma de ver el mundo, de comprender a la gente que me rodea…

«Buenas tardes, Eiri-san»

«Ajibana-san»

Ella comenzó a reír mientras el niño que llevaba en brazos se colgaba de su cuello para jugar con sus pendientes.

«No hay necesidad de ser tan serios, somos viejos amigos, Eiri-san, puedes llamarme por mi nombre con confianza»

Calé el cigarrillo por última vez y lo lancé a la fuente del parque central mientras cerraba bien el libro abandonado sobre mis piernas.

«Ayaka-chan»

«¡Anda! ¡No te burles así de mí! Los sufijos no se te dan»

Ella tiene razón.

«Así que con Nakano no se dio, te casaste con Ajibana-san y terminaste con un monstruo a tu cuidado ¿No? Vaya suerte la de ustedes las damas»

Ella volvió a reír.

«Pero así soy feliz»

Bueno, eso puedo comprenderlo.