¡Hola!

Muchas gracias a las dos chicas que dejaron reviews: jos Black y popblack, espero que con el tiempo más gente lea mi fic y dejen reviews.

Dado que es sábado y tengo tiempo, publicaré otro capi. Espero que les guste

Bye!

Y recuerden, haganme feliz con un review! ;D


Bella Traición

8.- Peleas y reconciliaciones.

- ¡Granger! – Gritó mientras que empezaba a golpear y patear mi puerta. Yo estaba esperando que llegara enojado, pero jamás a este extremo – ¡Abre la puerta!

- Estoy ocupada – Mentí, la verdad es que no estaba haciendo nada, estaba con pijama preparándome para dormir, porque ya se había hecho de noche.

- Granger, si no abres la puerta, juro que…

- ¿Qué? ¿Qué juras?

- Juro que te mato – Grito mientras seguía golpeando mi puerta.

- No quiero – Respondí. Estaba asustada y él se notaba que estaba enojado… su voz lo demostraba y sus golpes también. En ese momento me arrepentí de haber dejado mi nombre al descubierto.

- Granger, abre ahora ¡Te lo ordeno!

- Tú no me ordenas nada, ¡Hurón! – Grité poniéndome detrás de la puerta, afirmando la manilla con la mano.

- Granger - Dijo tranquilizándose – Abre ahora…

- ¿Qué quieres? – Abrí la puerta, pero antes tomé mi varita. Junté la puerta, poniendo atrás de ella mi cuerpo y mi pie. Solo se veía la mitad de mi rostro, pero el era mas fuerte que yo, a si que la empujo y me tiro hacia la cama.

- ¿Quién te crees que eres? ¡Maldita sangre sucia!

- Tú hiciste que en clases me retaran, Imbecil… te dije que me iba a vengar – Contesté levantándome de la cama, y alejándome de él. Mis ojos estaban desorbitados, y la mayor parte del cuerpo me temblaba, ahora que la cama se interponía entre nosotros, me sentía un poco… solo un poco, mas protegida.

- Granger, te equivocaste – Respondió pasando por la cama, y sin tiempo para correr me acorraló entre él y la pared. Rápidamente me tomo de las muñecas, poniendo estas apretadas también contra la pared. Miró mi mano derecha, la cual tenía la varita y la apretó. Poco a poco sentí como perdía sensibilidad y fuerza en esa mano, pero aún así pude sentir cuando mis dedos dejaron de presionar mi varita, cayendo esta al suelo.

- Suéltame, Maldito – Exigí con la voz cargada de impotencia por no tener la fuerza suficiente para defenderme y derribarlo.

- Olvídalo, Granger.

- Voy a gritar si no me sueltas – Advertí con palabras que se atropellaban las unas con las otras.

- Grita, nadie te va a escuchar - Dijo presionando con más ahínco mis muñecas. Estaba furioso y su respiración agitada - ¿Quién te crees que eres? ¿Todavía no aprendes quién manda aquí?

- Me creo Hermione Granger, y se bien quién manda aquí. Y no eres especialmente tú – Escupí.

- ¡Oh Hermione Granger! – Respondió con sarcasmo - La ratita de biblioteca, la sangre sucia, la sabelotodo. Y ahora una llorona.

- Suéltame, Malfoy.

- … La que engaña a su supuesto amigo, la que quiere dar pena, la que se queda sola. La estupida incapaz de salir adelante sin dos estúpidos que le sigan el paso.

- Malfoy, para ya – Dije notando que mi vista se empañaba por las lágrimas acumuladas – Sú-el-ta-me – Arrastré las palabras y tensé la mandíbula. Me dio miedo su mirada ¿Cómo era posible que no hubiera en sus ojos ni un destello de compasión?

- No quiero.

- No necesito que me hagan más daño. ¡No necesitas hacerme más daño! ¡Porque ya estoy bien podrida por dentro! ¡Por tu culpa y la de todos los demás! – Grité cerrando y apretando bien mis parpados - ¡Pero bravo, lo lograste! ¡Ahora déjame en PAZ! – Esperé un momento y sentí como mis muñecas dejaban de ser apretadas, y luego sentí un leve ardor en ellas. Ya no sentía su respiración marcada y exaltada, eso quería decir que había tomado distancia, o mejor… que se había marchado. Supe que mis pensamientos eran correctos, cuando luego escuche el portazo que daba al salir.

Derrotada, me tiré al piso. Ya no lloraba, pero aún así sentía mis mejillas mojadas. Nunca había llegado a ese extremo de gritarme tan cerca y… causarme un leve daño físico. "Yo nunca golpearía a una mujer, Potter" Era lo que había dicho cuando Harry me había "visitado" horas después de haberlo dejado plantado en el altar. Pero Malfoy había hecho lo mismo hace unos momentos. No me había golpeado, sé que no sería capaz de aquello, pero había hecho lo mismo que Harry. Tomarme de un brazo o muñeca, apretarlo y zamarrearme.

Sus palabras siempre habían sido hirientes, pero jamás eran verdad, y en ese momento lo había sido. Cuando me dijo que yo no podía salir adelante sin mis amigos. El motivo era que no me gustaba estar sola, sola de no tener alguien más. De no poder contar con nadie.

Un "Hermione" me sacó de mis cavilaciones. Giré rápidamente la cabeza hacía la puerta de mi habitación y allí estaba una persona que no esperaba. Una niña de pelo colorín, pecas en su rostro y unos ojos que me miraban esperanzados.

- ¿Puedo hablar contigo? – Preguntó Ginny tocándose una mano con la otra.

- ¿Cómo entraste aquí? – Interrogué levantándome del piso y secándome el rastro de lágrimas que había en mi rostro.

- Estaba afuera, y justo salió Malfoy, que por cierto estaba enojadísimo. Se podría decir que echaba humo hasta por las orejas.

- Ah – Suspiré.

- Bueno, yo… - Empezó la pelirroja.

- ¿Ginny que quieres? – Directo al grano.

- Yo vengo a…

- ¿Vienes a decirme que Harry está mal, que se quiere suicidar o que me odia? O mejor… ¿Qué todos me odian? ¿A qué viniste, ah? – Pregunté enojada. En ese momento me era imposible mirarla sin desprecio. "Me dejó sola, cuando mas la necesitaba…" Pensé.

- Yo vine a tratar de arreglar las cosas entre nosotras.

- ¡Ah! ¡A si que la niña se digno a dejar de ignorarme! – Dije con sarcasmo y alcé las manos - ¿Ahora? ¿Después que me trataste de insensible, después que me dejaste sola y que no te preocupo lo que me pasaba? ¿Qué no te interesaste en mi versión? Dime Ginny, ¿ahora? ¿Por qué?

- Si ahora – Contestó con los ojos vidriosos – Sé que no estuvo bien lo que hice, pero entiende… Harry es mi amigo, y él es el más afectado con todo esto.

- ¡Mentira! – Acusé – Ambos somos los más perjudicados ¡Y además tú no eres nadie para juzgar eso! ¡Tú no sabes lo que se siente cargar por dos años una mentira para no hacerles daño a los demás!

- ¡Pero podías terminar esa mentira antes! ¡Antes de todo eso!

- ¡No pude! ¡No era fácil!

- ¡Ah! ¿Entonces el día de tu matrimonio si fue fácil…?

- ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Querías que me casara sabiendo que no lo amaba? Cualquier momento era mejor, que decírselo después cuando no hubiese vuelta atrás. ¡Porque lo odiaría! ¡Lo aborrecería!

- Hermione, ¿perdóname sí?

- Confiaba en ti, y me dejaste sola – Entrecerré los ojos y caminé hasta llegar a mi cama. Me senté a los pies de esta junto donde estaba Ginny.

- Yo también confiaba en ti, y me dolió mucho que no me contaras lo que sentías – Confesó – Lo que te pasaba, que era lo que te inquietaba. Yo sabía que algo raro te pasaba, pero tú nunca me quisiste decir.

- Habrías sido mi cómplice, y Harry se habría enojado contigo también. El problema era mío.

- Aún así… me habría gustado ayudarte.

- Y ahora Harry se enojaría contigo ¿o me equivoco?

- Se molestaría, pero que importa. Es mi amigo, pero tu sigues siendo mi mejor amiga – Ginny tomo mi mano y me miró a los ojos – Nuestra amistad por sobre todo, disculpa si lo olvide Hermione.

- Antes no te importó darme la espalda.

- No seas terca, y perdóname –Retiró la mano – Ya te dije que estoy arrepentida, además yo se que estar triste y que necesitas compañía.

- Estoy bien – Mentí.

- No te creo.

- No me creas, pero es así…

- ¿Segura?

- ¡Ya te dije que sí! – Grité mordiéndome el labio inferior y tratando de no pestañar, porque si lo hacia dejaría caer algunas lágrimas.

- No es lo que veo en tus ojos…

- ¡Ok ok! ¡No estoy bien! – Confesé dejando salir toda mi pena. A los pocos segundos me abrazó y me susurró palabras alentadoras. Se me había olvidado como era llorar en un hombro amigo.