La chica en la ventana

- ¡Ichigo! ¡Ichigo! – gritaba Uryu mientras perseguía a un Ichigo desesperado, corriendo por las calles céntricas de París. ¿Y ahora qué le estaba sucediendo? Primero su obsesión por la chica que acompañaba a Abarai y ahora esa salida despavorida… Definitivamente algo raro estaba pasando… ¿realmente la conocería de algún lado?

Ichigo no escuchaba a Uryu, sólo pensaba en correr lo más rápido posible. ¿Cómo pudo irse de aquella forma sin pararla en medio de la escalera y preguntarle quién demonios era? ¿Cómo pudo dejar pasar su oportunidad de saber si no era ella la chica que tanto tiempo esperó desde su sofá rojo en la sala, frente a los robles? ¿Cómo no recordó en ese momento lo que tantos años no pudo olvidar?

Al fin, se detuvo frente a las escaleras de la mansión Urahara. Se escuchaba música y murmullo de gente. Entró con apuro y encontró a su padre charlando amigablemente con el Dr. Urahara, su esposa Yoruichi, la Sra. Matsumoto y el Sr. Inoue. Maldijo por lo bajo por tener que saludar a todo el mundo y dar excusas, pero era necesario, tenía que encontrarla.

- Buenas noches – saludó raudamente. Todos lo miraron sorprendidos por su agotamiento.

- Buenas noches, hijo, ¿dónde has estado? Te perdiste tu conferencia

- No hay tiempo de dar explicaciones, necesito preguntarte algo – le dijo tomándolo del brazo y alejándolo un poco del resto. Isshin lo miró con confusión.

- Dime… aunque no entiendo por qué tanto misterio – Isshin miraba de reojo a sus anteriores compañeros de charla, que seguían como si nada hubiera ocurrido.

- ¿Dónde está… Eh… - ¿cómo podía preguntar sin ponerse en evidencia? – El… Abarai? – preguntó al fin, intentando usar su tono habitual.

- ¿Abarai? ¿El Sr. Renji Abarai? ¿Y tú de dónde lo conoces?

- Eso no importa ahora, tú dime donde está

- Creo que ya se retiró – dijo de forma indiferente Isshin, mientras se acomodaba la camisa.

- ¿Quién era la chica que lo acompañaba? – se atrevió a preguntar, sin mirar a su padre, sino buscando nuevamente en la gran sala.

- ¿La chica? – sonrió – era Rukia Kuchiki

Ichigo volteó a ver a la cara a su padre, que inmediatamente volvió a su seriedad.

- ¿Kuchiki? – preguntó confundido… - Kuchiki… - repitió más bajo.

- Si te apuras, puede que los alcances… no hace mucho que se fueron… - Isshin volvió a sonreír mientras Ichigo comenzó a caminar hacia la salida.

En el camino se chocó con Uryu, que lo miraba anonadado. ¿A qué se debía su cara?

- Ey, Ichigo – lo llamó en vano, porque el pelinaranja siguió su camino hacia la salida. Cuando se dio vuelta, notó con sorpresa y después nerviosismo, que una chica se le acercaba. Se paró en seco y se acomodó los anteojos.

- Buenas noches, Messie Ishida – lo saludó formalmente la castaña.

- Buenas noches, Srta. Inoue – él le tomó la mano y se la besó, haciendo una reverencia.

- ¿Me acompañaría a visitar la muestra? – le preguntó ella con una sonrisa.

- Cómo no…

Uryu olvidó de pronto a su amigo y se dedicó a recorrer la muestra, después de todo, él había ido a hacer eso.


París, 23 de abril de 1926

- En fin, eso es todo – dijo Byakuya, levantándose de su cómodo sillón detrás del fino y amplio escritorio en su despacho.

- Hermano – lo llamó con delicadeza - ¿quieres decir que debo ir a ese lugar en representación de la familia? – le preguntó queriendo escuchar la confirmación de lo que sería su tortura.

- Si, eso he dicho – sentenció Byakuya. Luego detuvo su camino y volvió a sentarse.

- ¿Sucede algo? – preguntó Rukia con curiosidad, porque pensaba que Byakuya se iría de la habitación cuando se levantó.

- Antes de que lo olvide, o te vayas, quisiera entregarte los documentos que debes firmar para tu casamiento – la miró a los ojos.

- ¿Ya… ya han concretado una fecha? – le preguntó temerosa a la respuesta.

- Diecisiete de junio – le dijo fríamente, sin quitar sus ojos de los de ella. Rukia tragó saliva.

- Pero…

- Ya sé que falta poco, pero los preparativos ya están en marcha. Fue decisión del Sr. Abarai – quiso excusarse y Rukia lo miró con cierta sorpresa, esa conducta no era normal en su hermano. ¿Acaso él no estaba conforme con esa unión? No, seguramente fuera imaginación suya…

- ¿Qué día es la exposición?

- En tres días, en la Mansión Urahara. Irás con Renji. Es un evento importante, organizado por la empresa de la que es dueño Urahara

- ¿Exposición de Arte Moderno? – preguntó Rukia, tomando la invitación que estaba sobre el escritorio.

- Algunos nuevos pintores expondrán sus obras – comentó Byakuya, luego miró a Rukia nuevamente.

- No te preocupes, no estoy intentando escapar – dijo sin saber por qué, con el tono más helado que encontró.

- Rukia, espero no me decepciones – le dijo duramente. Ella lo miró y luego bajó su vista.


- Definitivamente me rehúso a poner mi firma en el cuadro – dijo Ichigo con enojo – una cosa es que haya aceptado presentarlo en esa maldita exposición y otra muy distinta es poner mi nombre en él – siguió refunfuñando.

- Hijo, no es cuestión de que quieras o no, es cuestión de ética – Isshin intentaba mantenerse serio ante el comentario enojoso de su hijo. Uryu los miraba desde un rincón, con un cigarrillo en la mano.

- ¿Ética? – Ichigo lo miró mal - ¿Me hablas de ética cuando me arrastraste hasta aquí con ese pedazo de tela? ¡No quiero presentar mi nombre junto a eso! – se cruzó de brazos.

- ¿Has pensado en un nombre para la obra? – preguntó Uryu. Los dos Kurosaki lo miraron, Ichigo algo irritado e Isshin con una sonrisa.

- ¿Cómo quieres que piense en un nombre para la 'obra' si ni siquiera quiero que la vean? – espetó Ichigo. Luego se acercó al cuadro, que permanecía en un atril.

- ¿Qué sucede? ¿Ahora comenzaste a interesarte? – bromeó Isshin, pero inmediatamente cayó su risa, al ver la expresión seria de Ichigo.

Parado frente a la pintura, la miraba con curiosidad, como si nunca la hubiera visto antes. Miraba cada pincelada, cada toque, cada color. Se detuvo en la ventana abierta, y volvió a mirar a la chica en su interior… ¿Por qué la había pintado? ¿Por qué había encerrado a esa chica de cabello negro y rostro sombrío en esa habitación de la casa?

En realidad, era lo único irreal del cuadro, porque lo demás era una escena que recordaba de su niñez, cuando él y su padre se mudaron a vivir a Mitry Mory. La casa cubierta con la enredadera con flores azules, la mesa del patio, el café, Uryu, Yuzu, Karin y él jugando en el patio, intentando no pensar que hacía poco más de un año que habían perdido a su madre…

Pero, el bosque de robles y esa niña encerrada… tenían un significado especial, que sólo él conocía…

Ese atardecer entre el frío y la penumbra, donde, entre los árboles vacíos de hojas, la vio. La vio y no se atrevió a buscarla, a encontrarla… ¿ella era real? ¿Era ella la niña en la ventana? Parecía tan triste, tan distante… como si estuviera detrás de un cristal y no pudiera salir… no pudiera tocarla…

- ¡Ichigo! – le gritó Isshin, al ver que no salía del trance en el que había entrado. Ichigo arrugó nuevamente su ceño y miró con odio a su padre, que había vuelto a su sonrisa habitual.

- Solitude – murmuró Ichigo. Uryu lo miró y se acomodó los lentes.

- ¿Soledad? ¿Ese es el nombre? – Ichigo lo miró a los ojos en silencio. Isshin se acercó con una pluma y se la dio a Ichigo.

- Fírmalo, por favor – le dijo Isshin. Ichigo tomó la pluma y puso sus iniciales en la pintura.

- No me pidas más que eso, viejo


De vuelta en: París, 27 de abril de 1926

Rukia caminaba del brazo de Renji a paso lento. Miraba cada uno de los detalles de la calle por la que iban, que no tenía idea cuál era. Sólo podía notar que estaban en un barrio de los más ricos de París, debido a las enormes casas y a los encantadores alumbrados.

Miró a Renji, y se dio cuenta que iba metido dentro de sus pensamientos. Pensar que pronto se casarían y tendría que transformarse en la Sra. Abarai… ¿Quería hacerlo? No estaba segura de lo que iba a hacer pero sabía que Renji quería casarse con ella…

Suspiró y miró hacia arriba, logrando ver algunas estrellas que ya habían salido… y se cruzó por su mente el cuadro… Ichigo… ¿Sería él el chico de pelo naranja que vio en el bosque? ¿Podría ser eso posible? ¿Tendría que haberse quedado en la exposición hasta que él apareciera? Bajó la vista y luego miró a Renji, que ahora la miraba con una sonrisa. Pero ella, no podía sonreír…

Ichigo corría desesperadamente hasta que se detuvo en seco al cruzar una esquina. Volvió sobre sus propios pasos y miró con detenimiento el cabello colorado de un hombre que caminaba hacia delante con una mujer bajita del brazo. No había ninguna duda, ese era el colorado que le habían dicho se llamaba Renji Abarai.

Le temblaban las manos, estaba tieso y quieto en esa maldita esquina mirando las luces destellantes de los faroles. Miraba el cabello de Renji y luego a Rukia, notando cómo se alejaban cada vez más de él. ¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿Ir e interceptarlos? ¿Pero qué les tenía que decir? Si… ¡si ni siquiera se conocían realmente!

¿Era ella la chica que pintó en su cuadro? ¿Era ella la chica que encontró aquella tarde en el bosque? ¿Tenía que comprobarlo o debía dejar pasar ese momento? Suspiró, cerró los ojos unos segundos, los volvió a abrir y comenzó a caminar.