Capítulo 6: Amor en la guardia
-¡Theo, Theo!- Un pequeño golpe en la nuca lo trajo de sus ensoñaciones
-¡Ajjj! ¡¿Qué quieres Dussel?!-
-¡Estamos de guardia, presta atención quieres!-
-¡Estoy prestando atención!-
-¿Piensas en tu hermana no?- el tono de su compañera se dulcificó un poco. Desde aquél día que casi mata a la patrulla completa por el amor y devoción a Amy, desde el día que encontraron a la Heraldo de Andraste, no volvió a separarse de él un instante. Tal vez fue coincidencia que los asignaran nuevamente juntos, tal vez obra del destino, lo cierto es que le había tomado un poco más que cariño después de tantas noches de guardia juntos, al abrigo del cielo.
-Amy… sé que descansa en paz, ya no me preocupo por ella, está junto al Hacedor.
-¿Entonces…? ¿Por qué te quedas mirando la nada con esa cara?
-La Heraldo, ella…
-¡Otra vez con eso!- dijo frunciendo el ceño y mordiéndose el labio inferior- "Esa no es una competencia justa ¡Por Andraste!"- pensaba con cierta angustia
-Sé que no crees en ella pero debes admitir que es impresionante-
-¡Sí, claro que creo en ella!, sólo es que…— "¿Cómo explicarle? ¡Imposible!"- sólo pudo girar su rostro y alejarse un poco. Su diálogo interior continuaba- "La Heraldo de Andraste, la enviada del cielo, la salvadora que estabilizó la Brecha, la ferviente maga que aseguró las Tierras Interiores…" "Realmente, ¡¿Cómo competir con eso?!"- sus pensamientos iban y venían como moscas de verano, exasperándola, provocándola- "¡Encima de noble cuna! O lo era antes de ser ser llevada al Círculo"- remató en su mente y dirigió su triste mirada hacia su compañero, su "amigo"- ¡Voy por algo de comer!, no te distraigas y grita si ves algo-
-Sí, sí, de paso tráeme algo de agua, por favor-
Dussel se dirigió hacia los andamios de madera que estaban al pasar la entrada de Refugio, ahí siempre tenían alguna que otra provisión para la guardia nocturna. "Un poco de pan y queso… y el agua, no debo olvidarla", se repetía a sí misma mientras hurgaba en la caja. Al girar la vio, ahí estaba, sentada en la escalera mirando el cielo, la bendita Heraldo… "hmpf… haré como si no la hubiera visto… despacio y en silencio, vuelvo con Theo y aquí nada ha pasado"
-Disculpa, veo que llevas un poco de agua, ¿serías tan amable de convidarme un poco?- escuchó Dussel a sus espaldas y se le heló la sangre, -"¿la Heraldo se dirige a mí? ¡Demonios!"- pensó
-¡Sí Señora! aquí tiene- le acercó la botella – "Ni loca le digo a Theo que ésta bebió de ahí, sería capaz de inclinarse ante el recipiente y adorarlo"- La imagen que se formó de esa situación hizo que sonriera levemente.
-Es una agradable noche, el cielo está increíblemente despejado- dijo Raziel sin despegar la mirada de las estrellas.
-Es una noche tranquila, sin novedades en los alrededores- contestó Dussel clarificando y endureciendo su voz
-¡Ja! ¿Acaso Cullen les enseña a hablar a todos así?- preguntó con cierta gracia en la voz ante una interlocutora que no entendía el comentario –No te preocupes, sólo fue una apreciación sin importancia- dijo, para no socavar la autoridad del Comandante.
-¿Necesita algo más "Madame"?- el tono de Dussel rozaba la impertinencia casi, se aseguró de caminar por esa delgada línea entre el respeto y el sarcasmo. Esto no pasó desapercibido por la Heraldo que, por primera vez, sintió que alguien la trataba como persona y no como santidad, por lo que decidió jugar un poco.
-Deje que la acompañe, no la distraeré demasiado durante su guardia, sólo me apetece algo de… compañía- dijo con una media sonrisa en su rostro y una fría y fija mirada en la soldado cuyo rostro se descompuso por la molestia.
-Como desee… 'mi señora'- definitivamente, ese tono reflejó desagrado para mayor gusto de Raziel.
Caminaron juntas, Dussel sólo pensaba en la cara que pondría Theo en unos instantes -"va a estar insoportable el resto de su vida", "¿Por qué se me ocurrió ir por comida?, ¡Fue peor el remedio que la enfermedad! Solo… sólo quería distraerme y no pensar en esta que ahora me acompaña"-, tras ese pensamiento, miró de reojo a la Heraldo que iba satisfecha por su maldad.
Al llegar junto a su compañero, éste se inclinó inmediatamente frente a 'su' Heraldo quién saludó inclinando su cabeza con levedad. La Heraldo lo reconocía, era su más ferviente devoto, por llamarlo de alguna manera, siempre estaba cerca como una sombra, atento a cualquier necesidad, llegaba a ser molesto y asfixiante. Los ojos de Dussel revolotearon hacia el cielo haciendo que Raziel se diera cuenta de la situación- "Con que es eso eh…"- pensó
-¿Cuales son su nombres soldados? si no les molesta decirlo-
-¡Cabo primero Theo! ¡A sus órdenes!- gritó el joven
-Disculpe la pasión de mi… compañero, soldado Dussel, para servirle- dijo con cansancio.
-Esto es interesante, un nombre… un apellido… juntos en la noche- Raziel decidió molestar a ambos, todo estaba tranquilo y había otras patrullas en las inmediaciones, nadie iba a salir herido por distraerlos de sus obligaciones. Además, no podían llamarles la atención, después de todo, estaban con la Heraldo.
-¿Disculpe mi señora?- preguntó Theo con timidez y un poco de temor
-Ah, no temas, sólo me ha llamado la atención que tú te presentes con tu nombre y ella con su apellido, nada más-
-¡Oh! es que… usted verá… ella… yo- empezó a decir nerviosamente, respiró y concluyó- Soy de Linde Sur y mi familia no es tan importante como para llevar un apellido, en cambio ella es…- y señaló a su compañera para que continuara-
-¡Soy nadie Theo! ¡Ya te lo he dicho mil veces!- se indignó
-¡Claro que eres alguien! ¡Tu abuelo trabaja para los Cousland de Pináculo!-
-¡Claro! ¡Porque ser el secretario del secretario del secretario del Senescal es muuuy importante!- dijo con enojo
-¡Por supuesto que sí lo es! ¡No sabes lo que es estar abajo, por eso es que piensas que somos iguales!-
-¡Somos iguales!, ¡Somos soldados de la Inquisición! ¡Incluso tu rango es más alto que el mío! ¡Eres más importante!
-¡Entonces debes obedecerme y reconocer que eres alguien!
La discusión había dado un giro absurdo para Raziel o para cualquiera. Ella los estaba observando con suficiencia pero, luego de unos minutos, llegó a aburrirse por lo que intervino:
-¡Ambos, silencio!- definitivamente, tenía voz de comando porque los dos callaron de inmediato, Dussel temió por un instante haber metido la pata. Estaban frente a la Heraldo y peleaban como niños.
-¡Señora! Disculpe- expresaron los soldados y miraron el suelo con vergüenza.
Tras un momento de silencio, Raziel serenó su voz y les dijo:
-Origen humilde, origen noble… ¿acaso importa? ¿Sangran menos unos u otros? ¡No! ¿Verdad? La espada mata con igual frialdad a cualquiera- concluyó entrecerrando los ojos. Suspiró y dijo a Theo, apoyando la mano derecha en el hombro del joven -Tu familia no tiene un apellido por el que se la conmemore pero ellos te recuerdan a ti cada día, como tú los recuerdas a ellos, ¿Puede algo tener más valor que eso?. Forja tu propio nombre para su orgullo, con tus acciones, con tu valor y coraje- luego, en dirección a la chica dijo -y Dussel ¿no?, no importa el lugar que ocupemos en la infinita sucesión de responsabilidades, ser el último secretario o el rey en persona. Somos eslabones de una larga cadena que sostiene nuestro mundo, quiebra una sola y verás cómo se desploma todo ¿Qué sería el Comandante sin sus soldados, el Ruiseñor sin sus hombres, Josephine sin sus contactos…, cada uno de nosotros desempeña un rol en este mundo- finalizó y el silencio entre ellos dejó lugar para el sonar de los grillos a la distancia-
-Heraldo, yo… nosotros… no sé qué decirle, no sé cómo disculparme- apuntó Dussel, después de todo, ella había perdido primero la compostura.
-No deben disculparse, sólo no olviden que nuestra importancia se mide en relación a nuestras acciones y al trato hacia quienes nos rodean-
-Janet… mi nombre es Janet Madame- dijo tras un breve silencio
-Bien Janet, ahora… dile lo que sientes, tal vez sólo no se ha dado cuenta y necesita de tu ayuda- dijo señalando con la cabeza a Theo.
Decir que la soldado pasó por la amplia paleta de colores es poco, la Heraldo se había dado cuenta de sus sentimientos, -"tan evidente soy"- pensó.
-Aún no Madame, no es momento… creo-
-No logro entender mi Señora…- dijo Theo con la duda dibujada en el rostro
-Ves, te lo dije… no sabe- inquirió Raziel
-Nada tonto, sólo que me siento mal por… por no darme cuenta que… que…- comenzó a tartamudear
- Por no darse cuenta que son las personas las que hacen que sus nombres tengan valor… en especial para alguien- remató la Heraldo, ya había hecho suficiente maldad por una noche
Tras despedirse, Raziel se dirigió a su cabaña fuera de Refugio. Con ese pequeño incidente logró borrar de su mente las preocupaciones, las preguntas sin respuesta que había empezado a formularse y que se acumulaban en su corazón. Cuando salga el sol, comenzaría su búsqueda por saber quién es ella, qué es más allá del título y del apellido que dicen que lleva. Pensaba que no debía olvidar sus propias palabras porque temía que, sea lo que sea que encontrara, la llevaría a caer en los planteos de aquellos soldados.
