Cap VI
Respuestas del pasado
Harry observó fijamente a Kingsley. No le podía quitar los ojos de encima. El hombre, evidentemente más viejo de lo que recordaba, se acercó rengueando apoyado en un bastón de madera. Su túnica no era fina como las telas que solía vestir, era más sencilla y con menos adornos y pretensiones. No obstante, la sonrisa amable, dócil y benevolente, le hizo recordar al viejo ministro que tan bien conocía.
—Kinglsey…—susurró Harry. El hombre sonrió con los ojos tristes y se le acercó con lentitud mientras lo estudiaba y dejaba un viejo bolso gris en el suelo.
—El tiempo no ha sido justo…—reconoció el hombre notando obviamente las características físicas de Harry. Éste, incómodo, simplemente agachó la cabeza. No quería mirarlo, pero no sabía si por vergüenza o porque le tenía cierto rencor.
—Hay cosas más injustas que el paso del tiempo, Kingsley. —susurró con remordimiento. Kingsley agachó la cabeza y dio un paso.
—Lo sé, y créeme, nunca había sentido tanta rabia en mi vida…
Harry soltó una carcajada irónica, Malfoy encarnó las cejas e intercambió una mirada con Kinsgley. Era la hora de la verdad.
—¿Tu me hablas de rabia? —soltó Harry enojado— ¡Claro! Supongo que debes haber sufrido mucho después de estar diez años sin trabajar en el ministerio… pobre de ti.
—¿No le has contado todo? —le preguntó Kingsley a Malfoy evadiendo las acusaciones de Harry. El aludido levantó los hombros.
—Habíamos quedado en que tú le dirías. —Explicó Malfoy sirviéndose un poco más de vino, le hizo una seña a los otros dos hombres, pero ninguno aceptó una copa.
—¿Qué es lo que está pasando? —Se quejó Harry enojado—¿Qué tantos secretos hay entre ustedes dos?
—¡Calma Potter! —rió Malfoy bebiendo su vino—cualquiera diría que estás celoso.
—¡Cállate idiota! —masculló Harry enojado apretando los puños. Hizo rechinar los dientes preparándose para una nueva paliza, cuando sintió la mano de Kingsley en su hombro.
—Harry, de verdad lo lamento muchísimo, y me faltará vida para pedirte perdón, —susurró con verdadera melancolía— pero hay una larga historia detrás de todo esto, y si hay alguien que debe escucharla, ese eres tú.
—¿Qué sucede? —balbuceó sintiendo un nudo en su garganta— ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué me sacaron de Azkaban?
—Deberías sentarte…—le pidió Kingsley amablemente señalando el sofá donde había estado sentado antes de golpear la mesa. Harry frunció el ceño un instante y se sentó de golpe sobre el cojín.
—Soy todo oídos—dijo tajante. Kingsley suspiró y rengueando caminó hasta un tercer sofá que se encontraba a más distancia de ellos. Con la varita lo atrajo y quedó entre ambos hombres, el elegante y el preso.
—No sé por dónde comenzar…
—¿Qué te parece si me explicas por qué no me sacaste hace diecisiete años de Azkaban? —preguntó dolido, sabía que Kinglsey lo había notado, ya que la tristeza invadió su semblante rápidamente.
—Harry, —comenzó—el día del juicio yo iba a entrar para ser parte de tu defensa, ya que todo culpable necesita un defensor, pero cuando lo iba a hacer me lanzaron un hechizo confundus y me olvidé de lo que tenía que hacer.
Harry se tardó un momento en contestar, por su cabeza pasaba la imagen de Kingsley siendo atacado por un hechizo lanzado hacia su espalda, pero algo dentro de él no le dejaba creer esas palabras.
—¿Pretendes que crea semejante estupidez? —reprochó molesto, Kingsley suspiró e intercambió una mirada con Malfoy, quien levantó las cejas como diciéndole "te lo dije".
—Si no me crees es cosa tuya, yo te estoy contando lo que sucedió.—respondió Kinglsey con cierta severidad, Harry resopló y se recostó en el respaldo del sofá con expresión de niño enfuruñado.
—Está bien, continúa.
Kingsley apretó los labios y se reacomodó en su lugar.
—Cuando supe lo de tu sentencia intenté hacer hasta lo imposible por apelar a tu favor, pero me mantuvieron aislado. Por supuesto como ministro intenté usar mis influencias, pero Henoc Gullier, ya sabes, el presidente del Wizengamot, no aprobó mi intromisión y me impidió cualquier acercamiento hacia ti.
—¡Pero eras el ministro!
—Pero el Wizengamot es una sociedad cuya jurisdicción está apartada de las propias leyes del ministerio. En pocas palabras, Gullier tenía sus propias reglas y como ministro no podía entrometerme ante una orden dada por él, sólo por el hecho de ser dos organizaciones distintas.
—¿Y acaso eso te impidió ir al menos a verme a Azkaban?
—En eso recae la peor de mis sospechas, Harry. —Explicó Kingsley—Gullier plantó la desconfianza al interior del ministerio. Sabían que éramos amigos así que finalmente dio la orden de que me prohibieran la entrada a Azkaban, que no tuviera ningún acercamiento a ti por seguridad nacional.
—Comprenderás Potter, que con esa idea al interior del ministerio Kingsley no duró mucho en su puesto. —interrumpió Malfoy cruzando una pierna, Harry lo miró curioso, aquello había comenzado extraño y seguro que terminaría con las mismas dudas.
—No comprendo porque Gullier tendría más importancia que tú, tú eras el que controlaba el mundo mágico. Tú tenías el poder absoluto.
—¿Qué no escuchas Potter? —se enojó Malfoy—el ministerio y el Wizengamot son dos cosas distintas, y por supuesto que Gullier tenía más poder, ¡porque estaban todos hechizados!
—¡Draco!
—¿Qué? ¡Ya basta de tanta palabrería y cuéntale lo que sabes!
—¿Cómo que estaban hechizados? —al interior de Harry se removió una fuerte descarga eléctrica que lo invadió de pánico.
—Harry…—intentó calmarlo Kingsley mientras observaba molesto a Malfoy—… Por lógica comprenderás que nada de lo que te sucedió fue normal. Desde la carta que recibió Arthur ese día, hasta el dolor de tu cicatriz y el encarcelamiento. Es obvio que hay un mortífago detrás de todo esto, y lo peor es que se las arregló bastante bien para manejar tu condena.
—No comprendo.
—Harry…—suspiró Kingsley—el día de la condena a todos quienes debían influir en el veredicto les hicieron algo. En todos estos años no hemos podido descubrir qué fue, pero sin dudas que cambió drásticamente la idea de todos sobre ti. De hecho te dejaron sin testigos.
—Lo recuerdo…—susurró Harry con tristeza al recordar el veredicto de ese día fatal. La imagen de Ginny gritándole su odio invadió su cabeza y las lágrimas amenazaron con asomarse.
—Hijo, mírame…—le pidió Kingsley inclinándose y tocándole el hombro. Tras él, Draco hizo un sonido extraño y vio que desviaba la mirada hacia el estante de libros. Volvió la vista al frente y sus ojos verdes y oscuros se posaron sobre los viejos y cansados de Kingsley. —Te voy a explicar qué sucedió en todos estos años, pero necesito que me pongas mucha atención y que te comprometas a no decir ni hacer nada sin antes haberme escuchado completamente.
—Lo dices como si me fueras a revelar que Voldemort está vivo. —dijo sarcástico, aunque su estomago se removió incómodo. Para su sorpresa, Kinglsey sonrió, pero con un dejo tristeza.
—No es eso lo que vas a escuchar, pero sí vas a saber cosas que te harán querer actuar como un lunático.
Harry lo miró sobresaltado y Draco esbozó una sonrisa burlona, aunque se percató de que había vuelto a agarrar la varita.
—Te escucho.
Kinglsey cerró los ojos un instante y Harry se impresionó de lo viejo que se veía. La preocupación le había demacrado su rostro hasta el punto de parecer enfermo.
—Hace veinte años—comenzó— un joven entró a trabajar al ministerio. Era huérfano y había estudiado en Drumstang. Tenía un excelente historial, había sido el primero de su clase, e incluso inventó una poción que hoy se utiliza para rescatar los recuerdos olvidados. Era un genio en pociones, más que Snape, me atrevería a decir.
Malfoy soltó una risa sarcástica y Harry arqueó una ceja, Kingsley no compartía el chiste.
—¿A dónde quieres llegar? —le preguntó, pero Kinglsey le pidió silencio con su mano.
—Déjame continuar.—le dijo—Este muchacho entró al ministerio como asistente, estuvo un tiempo trabajando hasta que finalmente nos vimos obligado a ascenderlo por su brillantez. Era muy modesto, tranquilo y casi no hablaba, sólo escuchaba, era así como aprendía. —suspiró y apretó los labios, a Harry le extrañó que posara sus ojos sobre él como si le fuese a anunciar la muerte de alguien—El día de tu juicio Harry, descubrí que lo que había sucedido tenía que ver con él. Intenté buscar las pruebas y comprobar que estaba detrás de todo lo que te había sucedido, incluso de la muerte de Arthur, pero no dejó pistas, nada que lo delatara, por el contrario, su hechizo fue tan efectivo que nadie puede desconfiar en su palabra hasta el día de hoy. —tomó aire y prosiguió ante el desconcierto de Harry—A él, lo conoces perfectamente, probablemente no lo recuerdes, pero si lo viste minutos antes y después de que fuera proclamada la condena.
—¿De quién estás hablando, Kingsley? —preguntó Harry agarrándose a los brazos del sofá. El antiguo ministro inhaló profundamente, y después de intercambiar una nueva mirada con Draco, quien por primera vez parecía interesado en la conversación, dijo:
—De Athos Valmorian, Harry, el jefe del DUIM*.
—¡¿Qué?! —estalló Harry levantándose del asiento. Por supuesto que recordaba al sujeto, aunque para ese entonces tenía la apariencia de un hombre joven, cercano a su propia edad. —No puede ser… pero, ¿él? ¿Por qué él? ¿Qué tiene él? Yo, no…
—Siéntate Harry,—le pidió Kinglsey—te advertí que debías mantener el control, lo que te he contado no es nada.
—Es que… ¿él? Pero, no sé, es tan inverosímil. ¡Jamás tuve una relación cercana con él! ¡No tenía razones para haber hecho lo que hizo! ¿Por qué, Kinglsey?
—La respuesta está en las circunstancias. Tengo una teoría, pero no es avalada por nadie, es una de las razones por las que me echaron del ministerio.
—¿Qué respuestas? ¿Qué circunstancias?
—¿Por qué tanto rodeo? —resopló Malfoy— Deberías decirle todo de una vez.
—Todo a su tiempo, Draco. —Insistió Kingsley con los dientes apretados.
Draco resopló y frunció el ceño mirando al techo, como si con ello pudiese reprocharle a alguien lo que pensaba.
—¿Qué está ocurriendo, Kinglsey? ¿Por qué Athos me haría algo así a mí? ¡Jamás le hice daño!
—Creo que has dado con el punto al que no sabía cómo llegar, Harry. —Kingsley se le acercó más y lo observó detenidamente. Harry intentó cobrar la calma, pero su corazón latiendo apresurado se lo impidió. —Durante el periodo que estuve investigando di con varias cosas, entre estas, la herencia archivada de Abraxas Malfoy, lo que me ayudó a trabajar en paralelo con tu salida de Azkaban mientras intentaba encontrar las pruebas que culparan a Athos. Tuve suerte al recordar que Draco te debía una mano, —Kinglsey le lanzó una mirada locuaz al aludido, pero éste sólo levantó los hombros—por lo que era muy probable que estuviese dispuesto a colaborar con tu escape si le entregaba las posesiones de Abraxas.
—Eso ya lo sabe Kingsley—le dijo Draco bostezando—le expliqué lo de mi abuelo antes de que llegaras.
Kingsley sonrió.
—Entonces, supongo que deberé explicarte finalmente lo que sucede…—suspiró nuevamente y Harry se hundió en su butaca, esperaba el golpe doloroso—. Harry, necesito que pongas mucha atención. —Harry lo miró fijamente, aunque no sabía si quería oír lo que pasaba—Mientras ayudaba a Draco a recuperar su herencia, di con un par de cosas que me parecieron sospechosas en Athos a los pocos meses de tu encarcelamiento. El día que te encerraron él se ofreció amablemente a darle cobijo a toda la familia Weasley, sobretodo a Ginny y a tu hijo, James.
—¿¡Qué?! —Gritó Harry irguiéndose de golpe en el sofá, Kingsley le hizo una ruda seña con la mirada.
—No me interrumpas, esto es importante, debes saberlo. —puntualizó con frialdad—. No lo encontré extraño al principio porque por lógica todo el mundo en esos momentos tenía los ojos puestos sobre los Weasley y tu propia familia, incluso yo mismo me ofrecí a darles cobijo. Sin embargo, lo extraño recae en ese punto.
—¿Por qué?¿Te hicieron algo?
—No, Harry. Pero la familia Weasley no confía en mí. No me dejaron acercarme a Ginny, y hasta el día de hoy sólo mantengo contacto con ella a través de cartas circunstanciales.
—¿A qué te refieres? ¿Cómo que circunstanciales?
Un suspiró proveniente de Malfoy le indicó a Harry que todo se estaba tornando más largo y lento de lo que suponían.
—Mira, no es fácil para mí contarte todo esto ¿sí? Prometo que te diré todo, pero debes mantenerte callado mientras te explico lo que sucede.
—Está bien. —obedeció Harry enfuruñado y preocupado.
Kingsley volvió a reacomodarse, y esta vez en lugar de mirar a Harry, se perdió en el suelo, observando la alfombra como si de un momento a otro se hubiese vuelto más interesante.
—Mis sospechas recayeron en Athos cuando con el tiempo comenzó a recurrir muy seguido a los Weasley. Sus excusas eran que necesitaban apoyo moral después del golpe, algo que todo el ministerio le brindó a la familia completa durante el primer mes. Luego, poco a poco todo volvió a la normalidad, excepto el comportamiento de Athos, quien siguió visitando a la familia. —Harry gruñó, pero no dijo nada, aunque se había mordido la lengua para no lanzar maldiciones contra Athos. —Al principio lo encontré amable, pero después, al ver que en el ministerio rondaba un aire de desconfianza hacia mi persona, y que por sobretodo existía esa prohibición de ir a visitarte, no me quedo otra opción que sospechar de algún posible hechizo de manipulación. —pausó y miró a Harry, quien se contenía con todas sus fuerzas para no hablar—Comencé a averiguar a escondidas, pero no encontré nada que lo probara. Finalmente desistí un tiempo y continué con el papeleo de Draco, ya que era mejor tenerte fuera que dentro de Azkaban. No obstante durante ese periodo vi cosas aún más extrañas, como las visitas constantes de Ginny al DUIM, junto con James.
Harry no lo pudo evitar, y antes de que Kingsley dijera algo más lanzó todo lo que pensaba.
—¿Qué hacía ella ahí? ¡No tenía nada que hacer ahí! ¿Con James? ¡Pero qué mierda significa esto!
—¡Harry, cálmate! Te dije que sería difícil de asimilar.
—¿Qué es lo difícil? ¿Qué me estás ocultando Kingsley?
—¡Por los calzoncillos de Merlín, Kingsley, díselo de una vez y termina con esto para pasar a lo importante!
—¡Cállense los dos! —estalló Kingsley! —¡Es de suma importancia que mantengas la calma, Harry! ¡Y tú! —gritó señalando a Draco—¿Quieres callarte un segundo y dejar de meter la pata?
—Sólo quiero apresurar este maldito lío, ¡tengo cosas que hacer, ¿sabes?!
—Kingsley, por favor…—suplicó Harry con la voz quebrada, necesitaba respuestas y prontas.
—Harry, es verdad, Ginny recurría al ministerio para consolar su dolor con Athos, ya que fue el único hombre externo a la familia que se preocupó por ella; como te dije, a mí no me dejaron.
—¿Y qué se supone que significa eso…?
Kingsley suspiró.
—Pasaron muchos años Harry. A mi me echaron del ministerio poco después de que Draco recibió su posesión legalmente, así que perdí contacto con cualquier persona que se relacionara con tu familia.
—Pero Ginny, Kingsley, ¿qué pasó con mi mujer?
—Déjame terminar… —le pidió con tristeza, se notaba que ya no podía fingir su entereza—. Pasaron seis años después de que me echaron, Harry. Estuve trabajando en diferentes lugares durante un periodo bastante largo, cuando Mcgonagall me envió una lechuza pidiéndome ir a Hogwarts con urgencia. La pobre mujer estaba en sus últimos días y apenas podía mantener el colegio. A ella, tanto como a muchos profesores les pereció extraña tu condena, y así como a mí, el ministerio prohibió a cualquiera que te conociese o que tuviera una buena relación contigo, ir a visitarte. Comprenderás porque Draco pudo entrar entonces. —lanzó una risa lastimera que hizo gruñir a Draco, y prosiguió—. La visita a Mcgonagall sólo tenía un propósito. Así como yo, todos tenían sospechas de que tu encarcelamiento se debía a algún tipo de trampa, por lo que querían tener al frente de Hogwarts a alguien que se preocupara por proteger a tu descendencia.
Harry repentinamente se enderezó en el asiento, sorprendido.
—Eres el director de Hogwarts. —afirmó. Kingsley volvió a sonreír, pero esta vez con orgullo.
—Así es, hace diez años que estoy a la cabeza de Hogwarts. Aunque pasé por muchos problemas, ya que el ministerio no me quería trabajando ahí, por lo que cambiaron a varios profesores para que me vigilaran. Lo que más que beneficiarlos les resultó contraproducente. —Harry alzó las cejas curioso—Porque para su pesar, todos confían en ti.
Harry sonrió sonrojado, aunque por su corazón pesó la duda de qué habría pasado con los maestros que habían despedido. Sin embargo, sus miedos recaían con más fuerza en otra persona.
—¿Qué tiene que ver todo lo que me cuentas con Ginny? Dijiste que habías encontrado algo que culpaba realmente a Athos.
La sonrisa de Kingsley desapareció, y para su extrañeza Draco ahora estaba más serio de lo normal.
—"Show Time" —susurró. Kingsley frunció el ceño y Harry alzó las cejas.
—Harry, te dije que había perdido el contacto con tu familia, pero estando en Hogwarts volví a tener un acercamiento a ellos. ¿Comprendes ahora lo de las cartas circunstanciales?
El corazón de Harry se aceleró, ¡al fin sabría de sus hijos!
—¡Conoces a mis niños!¿Qué sabes de ellos? ¿Están bien?
—Harry, por favor…—suplicó Kingsley. Harry se asustó, aquella voz estrangulada sólo significaban malas noticias, sobretodo si venía de él.
—¿Kingsley?
—Conocí a tus hijos y a tus sobrinos. —contó—James y Albus salieron del colegio hace un par de años, pero Lily, Hugo, Molly y Dominique siguen ahí.
Los ojos de Harry se aguaron, su pequeña princesa estaba en Hogwarts. Aún recordaba la vez que Albus le preguntó sobre que pasaría si Lily no tenía magia, y su respuesta era que la amaría igual. Pero ahora, que escuchaba su nombre, sentía que la amaba más que nunca.
—Mis niños…—susurró. Kingsley continuó con la voz cargada de tristeza.
—Cuando conocí a James, él estaba en su tercer año. Era un chico amargado. Sus primeros años de colegio no fueron fáciles porque sus compañeros no sabían si tratarlo como un héroe o como un traidor. Me pareció extraña su actitud con respecto a su familia en comparación con Albus y Lily, a quienes sí les afectaba que hablaran mal de su padre.
—¿A James no le afectaba?
—Aunque no te guste oírlo, James estaba a favor de aquellos comentarios, y cada vez que alguien defendía tu nombre, bueno… los acallaba con una maldición o con un golpe.
—¿Qué…?—susurró bajito, pasmado.
—De hecho, algo similar ocurrió con Ted Lupin. Aunque su personalidad era más tranquila y hablaba menos.
—¿Pero, por qué? ¿Por qué me odiaría tanto? Si ya tenía la madurez para discernir lo que vio, ¿no le habrán metido en la cabeza ideas que no eran?
Kingsley se mantuvo callado y lo miró fijamente durante un instante.
—Estar en Hogwarts me acercó a tu familia, y por supuesto que a James le metieron ideas en la cabeza, Harry. Sólo una persona podría haberlo hecho.
—Athos…—susurró con odio. —¿No le bastó con mandarme a Azkaban sino que también envenenó a mis hijos?
—Fue más que envenenarlos, Harry…
La voz de Kingsley tomó un extraño tono que lo embargó en un frío temor. Malfoy se inclinó hacia delante, como si esperara a ver la reacción de Harry ante lo que fuera revelado.
—¿A qué te refieres?
—Trabajando de director me entere… que Ginny y Athos están juntos hace ya nueve años.
Harry no sintió nada más después de aquello. La sangre se le fue de la cabeza y del corazón causándole un extraño entumecimiento en las extremidades. Intentó gritar, decir algo, pero simplemente su cerebro no procesaba nada más allá de lo que había escuchado.
—No… puede ser…—sollozó temblando, cuando por fin pudo mover los labios y procesar las palabras.
—Harry, escucha…
—¡No! ¿Cómo pudo? ¿Por eso me envió a Azkaban? ¡Para quedarse con mi mujer y mis hijos! ¡MALDITO HIJO DE PUTA! ¡Me arruinó la vida Kingsley!
Harry se levantó del sofá arrojando lo poco que quedaba de la botella de vino al suelo. Kingsley y Draco se levantaron junto con él, mientras el segundo lo apuntaba con la varita.
—¡Draco, basta!
—¡Mi familia, maldita sea! ¡Quiero mi vida de vuelta! —lloró cayendo de rodillas al suelo, y con tanta desesperación que llegó a ahogarse.
—¡Harry, por favor! —lo zamarreó Kingsley levantándolo a la fuerza. Lo sujetó por los hombros y le agarró la cara barbuda para que lo mirara a los ojos.—Harry, no puedo hacer esto solo. Te necesito despierto, y con todas tus energías puestas en esto. ¿Quieres salvar a tu familia? ¡Entonces escucha!
Harry gruñó pero no le quitó los ojos de encima. Tras Kingsley, Draco aún lo apuntaba con la varita, aunque la tenía sutilmente camuflada a un lado de su pierna.
—Kingsley, por favor…—balbuceó.
—¡Escucha! —lo zamarreó— las pruebas que necesito para enviar a Athos a la cárcel están ahí. ¡Hace diez años que lo investigo! ¿No crees que si Ginny realmente amara a Athos ya se habría casado con él? ¡Pero ella no quiere! Lily cuenta muchas cosas a las paredes, y lamentablemente éstas tienen oídos. Ginny no ama a Athos, Harry. Así como la actitud insulsa de James sus primeros años de vida, Ginny pasa por el mismo tipo de actitud. Los únicos que se han mantenido contra la corriente son Albus y Lily. De hecho, Albus ha sido medianamente conquistado por Athos, quien aún busca la forma de borrarte de su mente. Pero Lily, Harry, que no te recuerda, odia a Athos como a nadie en el mundo. ¡No lo soporta, Harry!
—No… no te entiendo…
—Harry…—respiró Kingsley hondamente—Athos le hizo algo a tu familia y las pruebas para comprobar que él es el culpable de la muerte de Arthur están frente a los ojos de todo el mundo, sólo que nadie las ve. Athos y Ginny llevan una relación que es puramente social. Por alguna razón ella no ha aceptado ningún compromiso, y sigue sin quererlo, aunque eso no evita que convivan. —Harry hizo una mueca de dolor demasiado notoria bajo su barba— Por otro lado, James adora a Athos y le insiste a Ginny en que se debiesen casar, pero la negación de sus hermanos también lo ha impedido. Estoy seguro que algo les hizo, pero aquello no afectó a Lily y a Albus, lo que los mantiene apegados a Hogwarts más que a su casa.
—¿Qué quieres decir?
—Lily ha pasado las últimas seis navidades en Hogwarts, y Albus hizo lo mismo. Ahora trabaja fuera del país y tampoco tiene contacto con Athos.
—No entiendo como vas a encontrar en aquellas suposiciones pruebas para culpar a Athos de la muerte de Arthur.
—Lo sé, sólo me baso en mis suposiciones, pero aquello ha impedido que Ginny y Athos se comprometan.
—¿A qué te refieres?
—¡Merlín Potter, qué lento eres! —gritó Malfoy sacudiendo la varita en el aire que destelló chispas rojas—Kingsley cree que Athos quiere acabar con todo lo que te rodea. Comenzó contigo y ahora lo quiere hacer con tu mujer y tus hijos. Si algo lo ha retrasado es el no tener hechizados a Albus y a Lily, porque Kingsley piensa que Ginny y James están bajo el mismo hechizo que Gullier, quien por cierto es el ministro de magia hace once años.
—¿Qué…?
—Cómo sea, —prosiguió Malfoy con rapidez—el plan de Kingsley es proteger a tus hijos para que Athos no se les acerque y de ese modo retrasar más sus planes hasta descubrir las pruebas que lo culpen de lo que tú no hiciste.
—¿Tenías todo planeado, no? —susurró mirando a Kinglsey a los ojos.
—Hace diecisiete años que estoy intentando buscar el modo de salvar a tu familia, y a ti, Harry.
Harry se dejó caer sobre el sofá, su cabeza no quería seguir procesando ideas, porque su corazón le enviaba demasiadas sensaciones negativas cómo para querer procesarlas.
—Al menos mis hijos no están cerca de él… Pero Ginny…
Kingsley y Draco intercambiaron una mirada, entonces algo apreció brillar en sus ojos, y no era de temer.
—La cosa es, Harry, —dijo Kingsley—que no puedo hacer esto solo. Hice mucho durante todos estos años hasta que finalmente dieron sus frutos: te sacamos de Azkaban. Pero ahora falta la parte más difícil.
—Descubrir a Athos…—murmuró Harry con los dientes y los puños apretados.
—Exacto, y para hacerlo, necesitamos una sola cosa…
Harry los miró, moviendo su cabeza de Kinglsey a Draco de manera intermitente. Se levantó lentamente y sintió que la boca se le secaba. Al humedecerla para hablar, comprendió finalmente lo que había visto en los ojos de los dos hombres, pero temía que fuera cierto.
—¿Qué están pensando?
—Harry, si saliste de Azkaban no fue solamente para quedarte aquí esperando a que las cosas se solucionen solas ¿o sí? —dijo Kinglsey con una sonrisa enigmática. Harry frunció la ceja izquierda y sonrió a medias.
—Te escucho…
Kingsley se hizo a un lado dejando ver a Draco, quien al captar la señal se acercó sacando de su bolsillo una minúscula botellita.
—Gracias a esto hallarás todas las respuestas que necesitamos. —explicó Kingsley, Harry la miró curioso. Se parecía mucho al líquido que había tomado en la cárcel.
—¿Para qué es?
Draco y Kingsley sonrieron al mismo tiempo, pero fue el primero quién habló. Su voz arrastrada se transformó hasta adquirir un tono divertido y enigmático.
—Vas a trabajar en Hogwarts para estar cerca de tu hija. —le explicó Malfoy balanceando el frasquito, produciendo que el líquido se batiera de manera lenta dejando una estela brillante.
Harry creyó que aquello debía ser una broma. El sólo hecho de imaginarse cerca de su hija le infló el pecho con una alegría que no esperaba sentir.
—Pero, ¿en Hogwarts? —preguntó dándose cuenta de las muchas fallas que tenía el plan— ¿Cómo pretendes que entre a Hogwarts? —le preguntó a Kingsley— ¡Me van a reconocer!
—¿Y para qué crees que es la poción, Potter? —Bufó Malfoy acercándole el frasco a los ojos, a tal punto que le tocó la nariz.
—¿Qué pretenden? —preguntó con lentitud, Kingsley sonrió.
—Vas a ser profesor de Defensas Harry, aquella poción te va a transformar en una persona indetectable a los hechizos del colegio.
—Calidad Malfoy. —Dijo Draco con orgullo guardando el frasco en el bolsillo. Harry levantó ambas cejas y miró a Kingsley.
—Es parte del plan. —le dijo colocándole una mano en el hombro—Lo primero que hay que hacer para desenmascarar a Athos, es llegar a tus hijos, uno, por uno…
—Hasta llegar a Ginny…
—Exacto.
—Pero primero debes hacerlo con tu hija, debes ganarte su confianza Potter. —dijo Draco dándole la espalda y alejándose hasta la chimenea. —Al menos para alejarla de mi casa un tiempo…—masculló muy bajo.
Harry lo miró ceñudo y su curiosidad fue en aumento cuando Kingsley puso cara de exasperación.
—¿A qué te refieres? —preguntó con lentitud, Draco levantó los hombros hundiendo la cabeza, pero no se giró a verlo.
—Harry, por ahora es mejor pensar en lo que vas a hacer para entrar a Hogwarts. Hay mucho que hacer—dijo Kingsley tomándolo por el hombro para obligarle a verlo. Harry lo quedó mirando con una expresión de absoluta desorientación, su cabeza intentaba unir piezas, pero nada le sonaba lógico. Aunque bueno, con Malfoy nunca lo era.
—Está bien… Dime qué tengo que hacer.
—Primero, debes cortarte ese pelo y darte un baño.
Harry sonrió, y antes de que se diera cuenta ya iba camino escaleras arriba en dirección al baño para comenzar su nueva vida.
Notas:
Chicos, ¡lamento mucho el retraso! De verdad, lo siento.
He tenido demasiadas cosas en qué pensar y qué hacer que no tuve tiempo de acabar con el capítulo a tiempo. Espero no demorarme con el próximo. Mi prioridad siguen siendo los viernes, es la única forma de organizarme.
Ah, y *DUIM es: "Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia." (Sale más fácil abreviarlo que escribirlo completo).
Espero que la historia les esté gustando. Gracias a todos los que me siguen.
Anya.
