Second Meeting

Capítulo 6: Arrepentimiento

Ya casi no recordaba lo que era soñar. Aquella habilidad que poseía una vez cada cientos de años, era algo extraño. Sebastian abandonó la cama, apartando las sábanas de un manotazo, y comenzó a andar. Quien sabe a dónde. Solo necesitaba andar por la que actualmente era su casa.

Observó al pequeño dormitar en uno de los amplios sofás de su salón. Sonrió. Y es que aunque Ciel hubiese crecido en edad, seguía siendo pequeño.

El adolescente se encogió, tal vez de frío, y Sebastian se reclamó a si mismo mentalmente por haberlo tapado con una manta cercana.

Debía ignorarlo tal y como había decidido hacerlo. Aunque esto pareciese imposible.

Avanzó hasta el balcón y observó las luces nocturnas de la ciudad, recordando poco a poco aquel sueño extraño que le había inundado hacía pocos minutos. Y aunque fuese un sueño, también podía llamarlo recuerdo. Pues lo recordaba como si hubiese ocurrido hacía pocos días, aunque lo cierto era que ya hacía siglos de eso.

Recordaba como, tras aquel fatídico viaje en barco, tras aquel suceso inoportuno que casi le cuesta la vida al pasado mayordomo, su joven amo le miraba con sus grandes ojos brillantes llenos de emociones pero ausentes de lágrimas. Recordó como había agarrado la parte trasera de su traje, tal y como lo hizo la primera vez que se conocieron. Recordó como el pequeño se fue acercando poco a poco hasta rodearlo con sus brazos. Recordó como dijo "por favor, no me dejes". Y recordó finalmente, como en un arrebato, poco digno de un demonio de su alcurnia, lo había elevado en volandas y arrastrado hasta la habitación más cercana.

Se había arrepentido de lo ocurrido esa noche durante siglos. Aún ahora se arrepentía. Y, sobretodo, se arrepentía de como a esa noche le habían sucedido muchas otras.

Suspiró resignado y fijo su vista de nuevo en el pequeño adolescente evocando otros tiempos.

Odiaba esto.

Llovía.


— ¿Piensas hablarme de una vez? —le dijo Ciel horas más tarde.

Había amanecido sin que él lo hubiese notado en aquel balcón, pensando.

— No lo sé.

— Esto es absurdo —dijo medio sonriendo.

— Un poco —respondió a su vez con otra sonrisa.

Ciel toco la barandilla del elevado balcón, tocando las gotitas que había dejado atrás la lluvia.

— Juguemos a algo —dijo.

Sebastian lo miró medio extrañado.

— Verdad o mentira —continuó—, así podremos saber lo que piensa el otro sin necesidad de entablar una conversación seria.

El demonio enmudeció durante unos segundos, recapacitando sobre la situación.

— Me parece bien.

El adolescente sonrió orgulloso de que su plan diese resultado.

— Empiezo yo —dijo, Sebastian avanzó hasta la sala de estar, tomando asiento. El juego iba para largo.

— Te escucho.

Ciel pensó detenidamente su pregunta.

— ¿Por qué me seguiste la primera vez que nos encontramos?

Sebastian sonreía.

— Aburrimiento.

— Mentiroso —Ciel tomó asiento frente de él con una sonrisa mordaz.

— Mi turno —dijo el demonio— ¿Es cierto que recuerdas todo lo ocurrido en tu anterior vida?

— Sí.

Sebastian apoyó la cabeza en el respaldo del sillón.

— ¿Verdad o mentira, Sebastian?

— Verdad, es de lógica que lo recuerda todo, si no... no estaría aquí —susurró.

— Cierto —Ciel sonrió— Mi turno. ¿Es verdad que sales con ese shinigami?

Sebastian rió.

— ¿Salir? ¿En qué sentido de la palabra?

— En el sentido amoroso.

— ¿De verdad me cree capaz de eso? —Sebastian hizo una mueca de asco— ¡Claro que no!

Ahora era Ciel el que reía.

— Debe de ser verdad por tu cara —continuó riendo.

— ¿Se ha sentido celoso por salir con otra persona que no fuese usted? —Sebastian sonrió socarronamente.

Ciel ya no reía.

— ¡Cla-claro que no!

— Mentiroso.

— Me toca —dijo Ciel minutos más tarde, tras un pesado silencio— ¿Me has echado de menos, aunque solo sea un poquito?

Sebastian reflexionó en silencio, preguntándose a si mismo que responder. Ni el mismo lo sabía.

— Sí —dijo al fin.

El adolescente apartó su mirada en silencio.

— ¿Verdad o mentira, joven amo?

— No me llames así —susurró frustrado— Ni siquiera lo sé, no se si mientes o no.

El de ojos rojos continuó.

— Eso significa que tengo dos turnos —sonrió—, así que mi pregunta es... ¿Disfrutaba acostándose conmigo?

Ciel abrió los ojos de par en par, sonrojándose un poco más a cada segundo que pasaba. Había creído que eso sería un tema tabú. Odiaba equivocarse.

El adolescente tartamudeo sin saber que responder.

— ¡No! —dijo.

— ¡Mentiroso! —le respondió Sebastian, disfrutando de la situación.

Ciel se acurrucó en el sofá avergonzado.

— Me toca de nuevo, joven amo.

— ¡Te he dicho que no me llames así!

— Mi pregunta es: ¿Estaría dispuesto a acostarse conmigo otra vez?

Sebastian sonreía satisfecho. Ciel respiraba abochornado observando las brillantes losetas del suelo de aquella habitación, maldiciendose internamente por haber comenzado ese juego. Ya debería saber que no era recomendable jugar con demonios.

— ¿Cuál es su respuesta?

Ciel dirigió su mirada azulina a la rojiza por una milésima de segundo, y hubiera jurado que algo en el interior de ambos hacía click, porque sin saber quién había dado el primer paso, ambos se encontraban uno frente al otro, devorándose con los labios y descubriendo tiempos pasados, y tiempos futuros.

— ¿Eso es un sí? —cuestionó el demonio de ojos rojos separándose por una milésima de segundo de aquellos labios que ya había degustado hace siglos.

Y, misteriosamente, esta vez no se arrepentiría de lo que estaba a punto de hacer.


¡No me he muerto! ¡Sigo viva yo y mis fanfics!

Como ya dije, ninguno de mis fics va a quedarse sin continuación, porque todos están planeados desde hace mucho tiempo y sé lo odioso que es que un fic que te gusta no se continue.

Más tarde o más temprano voy a continuarlos todos, así que espero vuestra paciencia, y por supuesto vuestros reviews ya que son mi inspiración.

¡Muchísimas gracias a todos!