Había vagado durante casi 4 horas.
Bill apretando su cuerpo contra el del batería. Sentía celos. Era una sensación rara sentir celos del moreno, porque nunca los había sentido.
Pero él apenas había podido rozar los labios con los de Gustav mientras dormía.
Y llevaba sentado ahí, ni sabía cuanto tiempo, ni siquiera sabía cuanto había pasado desde que llamó a Georg. Necesitaba un sitio donde quedarse, al menos un par de días.
No quería ver a su gemelo, porque sabía que de hacerlo acabaría dándole de patadas a lo skinhead antes de que pudiese siquiera pestañear.
Hacía frío, y restos de lagrimas se habían secado contra sus mejillas haciendo escocer aún sus ojos.
Cuanto podría tardar el castaño?
No traía nada de abrigo y se estaba quedando helado, de modo que se encogía tratando de calentar el tronco con sus brazos frotando fuerte.
-Hola- aquella voy le heló mas que el frío. Levantó los ojos.
-Déjame adivinar, no estás aquí por casualidad- el batería negó con la cabeza sin tener muy claro si debía acercarse o no- voy a matar a Georg dolorosamente- murmuró el de rastas con un suspiro.
-Quiero explicarte lo que viste- pero el guitarra no quería oír, no no no…había preferido una sesión de los grandes éxitos del cine musical de los años treinta a tener que oír aquello.
-Basta…por favor…yo no quiero oírlo…no quiero- se echó las rastas, sueltas, hacia atrás- por favor, tu solo…solo olvídalo.
Y el batería se acercó a él, quedándose a su lado como si temiese asustarlo con algún gesto brusco.
-Tom no puedo olvidarlo- le miró fijamente, ahí, de perfil, escondiéndose tras su pelo largo y sus hombros encorvados- Tom mírame- nada- Tom, te quiero.
Y se encontró entonces con sus ojos, al fin, que le miraban con confusión.
-Eso no es verdad, no puede serlo.
-Lo es- y esperó una sonrisa, una sorpresa, una reacción por parte del guitarra que se resistía a llegar- ¿Qué ocurre?
-No creo que…es solo que.
-Tú ¿me quieres?
-Deja de hacer eso- se giró violentamente a hablarle el guitarra- ¿Cómo puedes decir esas cosas tan tranquilo? ¿Cómo puedes plantarte ahí y preguntarme si siento algo por ti, así…como si fuera normal?
-Tom…por favor…
-No! No lo entiendo…no me quieres y dices que sí- se le encaró con un gesto rapido- siempre estás ahí,…eres como una puta piedra inamovible. ¿Cómo puede hablar de estas cosas con tanta frialdad?
- Tengo algún problema para expresar lo que siento. Perdona- sonrió con lentitud- Tal vez si que, a veces, puedo parecer un poco apático.
El de rastas le miraba sin saber que mas decir, aguantando las ganas de romper a llorar de desesperación y rabia contra aquel chico extraño por el que moría. Buscó y buscó palabras y, se le ocurrió algo mordaz, un buen reproche e iba a soltarlo cuando, de improviso el mayor le cogió la mano y la acercó a su propio pecho.
Y su corazón latía deprisa. Muy deprisa. Y se aceleraba bajo el contacto de los dedos del guitarra.
Le miró lentamente, confuso.
-Esto es…¿por mi?
-A mi no me es fácil tenerte tan cerca- murmuró con una media sonrisa que el de rastas no vio, porque seguía mirando fijamente a su pecho, sorprendido, confuso, curioso ante aquel ritmo acelerado que marcaba el corazón del batería bajo sus dedos.
-¿Estás nervioso?- murmuró una obviedad y después se dio cuenta. Parecía idiota.
Y el corazón se aceleró bajo su mano cuando los brazos del otro le rodearon la cintura. Cuan distintos eran de los brazos de una chica, pero por alguna razón no fue extraño. Por alguna razón sintió que debía ser así y apoyó la otra mano en el pecho de Gustav para sentirle mejor, casi sin fijarse en lo cerca que estaban ahora uno del otro.
-Tom acabo de declararme…por dios dame una respuesta.
-¿Y Bill?- fue todo lo que acertó a decir, viendo como el otro ponía los ojos en blanco.
-Por dios, le tienes como hermano! Aún no sabes lo que le gusta liarla?
-Pero tu le besabas!
-Le besaba porque pensé que…- y bajó el rostro ligeramente y al de rastas le pareció ver incluso cierto rubor en su piel- pensé que sería lo mas cerca que estaría de besarte.
Y tal vez porque ya no hacía frío, o porque le tenía tan cerca…o porque olía como a madera o a hierba o porque las mejillas algo rojas lo hacían mas niño…o tal vez solo porque el vaho que salía blanco entre sus dientes le llamaba puso sus labios sobre los de él como dándole permiso para comenzar y el otro no dudó, apretando el agarre de la cadera hasta que sus cuerpos estuvieron juntos del todo dejándole entrelazar sus manos en la nuca y meter los dedos entre su cabello. Tom nunca había besado a nadie que tuviese el cabello corto y era raro.
Todo era raro. Los brazos que prácticamente le sujetaban, los labios, mas duros que dominaban aquel beso por completo, la lengua…que recorría cada rincón de su boca sin darle oportunidad de protestar.
Se dejó hacer y el otro hizo. No trató de imponerse ni siquiera cuando los labios bajaron a su cuello haciéndole arder.
-No…no es la primera vez que me besas- confesó rojo de vergüenza. Y los besos pararon pero no apartó los labios de su cuello. Le sintió sonreír contra su piel.
-Entiendo- murmuró divertido.
