Hola cielo,
Primero de todo te mando un besazo enorme a ti y a tu hermano. Me alegra que me escribas, por aquí se te echa mucho de menos, cariño. Tu padre esta de los nervios, no para de pensar en que te has apuntado al Torneo y esta que no puede ni respirar jaja, pero no te preocupes amor lo superara. Por otra parte, yo estoy de lo más orgullosa de ti. No veo inconveniente para que te presentes.
Pero sí que hay un tema que me preocupa… Los chicos.
Espero fervientemente que me escribas sobre eso, ya sé que te cuesta expresar lo que sientes, pero no te preocupes yo te apoyare en todo.
Te echo de menos, Mama.
Rose cerro su portátil bajando lentamente la pantalla y salto de un brinco de la cama. Sam aun dormía como un tronco, Anthea y Ann ya estaban despiertas y paseando por la habitación buscando que ponerse. Entraban y salían del lavabo con la ropa en la mano.
Rose se acercó a la cama de Sam y se tumbó encima de ella dejando su cuerpo en peso muerto.
–¡Samantha, DESPIERTA! –Chillo Rose al oído de su amiga aun dormida–
Sam se giró en la cama y aparto de un golpe a Rose que estaba sobre ella, esta se calló hacia el costado. Y se levantó quedando justo al lado de Sam que se hacia la remolona en la cama.
–¿Pero a ti que demonios te pasa, estás loca?
–No, no me pasa nada, solo que hoy hace muy buen día, los pájaros cantan, el sauce Boxeador no boxea, y... Nos vamos a Hogsmeade. –Soltó un chillido ahogado de alegría–. Y lo mejor de todo es que luego dirán los campeones del Torneo. –Dio palmaditas–.
–Yuppie –rugió Sam, se dio la vuelta y puso la cabeza bajo la almohada.
–Vale, pues llegaras tarde. Tenemos que estar en 10 minutos en el comedor porque salimos en media hora, tú misma –Sam dio un fugaz salto de la cama y cogiendo su varita del suelo la agito, y grito–:
–Accio-ropa-para-el-fin-de-semana –Y en menos de dos segundos, del montón de ropa que había en los pies de la cama de Sam, llegaron volando unos vaqueros y una camiseta granate. Y en cuanto lo tubo en la mano se metió en el lavabo y cerró la puerta tras de sí.
–Nunca cambiara –Rose meneo la cabeza de lado a lado.
–Qué razón tienes –Dijo Anthea.–¿Iras así vestida Rose?
–Supongo que sí, no tengo nada especial.
–A mí me gusta, –Anthea se dirigía a la puerta de la habitación –Es muy tu–
–Tu sí que vas arreglada ¿vas a ver a alguien especia Anthea?
–Ojala, –se rio falsamente y miro hacia otro lado–
–Es una ligona la rubia esta, –dijo Ann, que se cepillaba su ondulado pelo–.
–Sois más raras, en fin –Anthea abrió la puerta– Me voy para abajo, os espero allí, tengo hambre.
Anthea llevaba una camisa estampada con flores de un tono apagado y una bonita falda roja, corta por encima de las rodillas que se ajustaba a su cintura y acentuaba en gran cantidad sus curvas. El pelo recogido en una coleta alta, como siempre.
Rose rodo los ojos, y vio salir a Anthea.
–¿Qué le debe pasar?
–Estará enamorada, –Ann y Anthea tenían una relación bastante estrecha, eran muy amigas y siempre se lo contaban todo, pero esta vez Anthea no había detallado nada con Ann, y por eso estaba preocupada. –Supongo–.
Sam salió efusivamente del lavabo.
El vaquero le quedaba como un guante, aunque tal vez demasiado apretado para sus piernas, aun así le quedaba bien. La camiseta granate resaltaba su oscuro pelo que le caía por los hombros desordenado.
–¿Tu has visto que pelos llevas?
–Si, Rose –Dijo con un suspiro– ¡¿Pero qué demonios hago!?
–Estas muy guapa, Sam –Ann se acercó a ella y le toco el pelo cariñosamente y dándole un beso en la mejilla se fue por la puerta. –Os veo abajo, voy a hablar con Anthea.
Ann bajo las escaleras hasta la sala Común de Gryffindor y vio sentada a Anthea en el sofá rojo enfrente de la chimenea apagada.
Se acercó a su amiga y se sentó a su lado, con la piernas recogidas debajo de su cuerpo.
–¿Se puede saber qué te pasa Anthea Landry? Últimamente estas muy distante –Ann estaba realmente preocupada por su amiga–
–No me pasa nada Ann –Dijo Anthea sonriendo– ¿Estáis todas igual conmigo, o qué? Enserio Ann, no te preocupes.
–Cuéntamelo –Dijo Ann insistiendo, haciendo caso omiso a las palabras de su amiga–.
Anthea suspiro –Luego –Dijo–
–Lo sabía, sabía que te pasaba algo. –Ann dio saltitos en el sofá–.
Anthea esbozo una media sonrisa.
–Hola Morena –James apareció saltando en el sofá y, sentándose en medio de las dos chicas. Giró su cabeza hacia Ann poniendo un brazo sobre el respaldo –¿Qué tal?
–Ya estamos otra vez con el pesado de turno– dijo Ann entre dientes.
–Nunca te alegras de verme, al final me lo tomare como algo personal.
–Es que te tengo muy visto, Potter.
–¿Eso me lo tomo como un cumplido?
–Yo no lo haría. –Repuso Ann–
Anthea se sintió incomoda y se levantó del sofá.
–Bueno, os dejo aquí solos tortolitos. –Atravesando la sala común salió por el retrato de la señora gorda, y desapareció de la vista de Ann.
–Genial, mas intimidad –James se acercó más–
–Estamos en la sala común, no creo que tengamos mucha intimidad. –Dijo Ann
–Si quieres subimos a mi habitación pero... –Ann intento pegarle una bofetada pero, James la cogió repentinamente de la mano que iba a utilizar para pegarle y la entrelazo con la suya. –Vamos Prewett, que sé que te mueres por mí.
Con un grito ahogado Ann movió fuertemente la mano que había entrelazado con la de James y se levantó de seguida.
–Eres la persona más maleducada, y poco respetuosa que conozco Potter, no te acerques a mí, pesado. –Se dispuso a irse, pero se volvió a girar hacia él, James estaba aún sentado en el sofá– Y no me gustas, egocéntrico.
–Eso guarda un doble sentido –Susurró James, mientras vio como Ann caminaba hacia el retrato de la señora Gorda. –Es tan…
–¡James! –Will se acercó a su amigo y se sentó a su lado, –Ya te ha vuelto a dar calabazas.
–Supongo que sí, pero tu espera porque al final será mía. –Dijo James victorioso–.
–Pero Ann no es como las demás, ella es especial ¿no?
–Querido Will –James le puso una mano sobre el hombro– Ann Prewett es la única que se merece mi corazón, la única.
–Que curso… Ninguna chica se merece mi valioso corazón. –James le miro extrañado–, ninguna ya te lo aseguro. Antes me veras enloquecer de rabia, que morir de amor.
James rio.
–Otra cosa… ¿Qué le vas a decir a Rose cuando la veas?
–¿Qué le voy a decir? –James hizo una pausa y suspiró– Pues no lo sé.
–No te pases con ella –James le miro con cara asesina– Me cae bien.
–Y a mí, idiota, es mi prima. –James levanto la voz– Pero esto es una traición.
–Que melodramático eres –Will le sacudió el pelo–, ella es libre.
–Mira quien lo dice, quien por poco le da un ataque al verlo.
–Fue el subidón del momento, pero…
–Pero nada, –James le miro directamente a la cara– Se lo diré a mi tío y, seguro que mi hermano lo sabe, y les guarda el secreto. Luego hablare con él.
–¿A tu tío Ron? –Dijo Will abriendo mucho los ojos–. Merlín, quiero estar delante cuando se entere.
–Es que tiene tela, liarse con Scorpius… –Dijo James mirando al suelo y, sacudiendo la cabeza.
–Bueno…
–¡Es Malfoy!
–¿Qué pasa con Malfoy? –Rose oyó el grito de James desde las escaleras por donde bajaba con Sam. Se acercó al sofá ladeando la Sala Común. –¿James?
–Dímelo tú… –James se levantó del sofá y se puso al lado de Rose.
–¿Qué le habéis hecho ya? –La chica puso los brazos en jarra.
–En todo caso, ¿Qué le has hecho tú? –Dijo Will riendo entre dientes.
–¿De qué va esto?
–Dímelo tu… –Volvió a repetir James.
–Estas pesado hoy, ¿A ver James, que demonios quieres?
–Quiero que me expliques… –hizo una pausa– Díselo tú, Will.
–¿Qué? No me metas a mí en esta mierda, James.
–Eso… no metas al Prefecto William Bean en esto, James –Dijo Sam sarcástica–.
–¿Porque no te vas a pasear?... Hewit.
–Porque eso te haría feliz, y no quiero hacerte feliz, Bean…
–Tu siempre tan amable y gentil.
–No lo dudes.
–Podéis dejar vuestra tensión sexual para otro momentos, Sam –Dijo Rose nerviosa– James, por favor ¿me puedes decir que pasa con Malfoy?
–Te has liado con él, Rose ¿no es así? –Soltó James–.
Pom. El corazón de Rose dio un vuelco.
–¿Qué dices?
–Dudo que exista otra Rose Weasley en Hogwarts.
–¿Cómo lo sabes?
–O sea que es verdad… –Will estallo en carcajadas. –Pensé que sería una broma o algo.
–El mapa no miente, Will –Dijo James–.
Rose entendió, –¿El mapa? ¡El mapa del merodeador! –Rose puso cara asesina y miro a James– ¡Yo te mato!
–¡ROSE! –Sam la cogió antes de que se abalanzara sobre James– Rose, controla.
–¿Qué viste? –Pregunto Rose.
–Que casi te mete mano detrás de las columnas del pasillo de abajo.
–No puedes saber si me mete mano o no con ese mapa. –Dijo la pelirroja.
–Me lo imagine.
–Tiene mucha imaginación, aquí el amigo –Dijo Will.
–Que te cayes –Le grito Sam– Esto no va contigo Bean.
–¿Eres idiota o qué? –Dijo Will enfadado– Pasa de mi Sam. –Respondió, sin querer responder eso.
Rose rodo los ojos y volvió a mirar a James.
–Bueno, ¿y qué vas hacer al respecto?
–¿Que qué voy hacer al respecto? –Dijo James riendo entre dientes– Pues muy fácil, decírselo a tu padre…
–¿Qué? –Ese era un tema del cual Rose quería encargarse personalmente. Pero ese ahora no era el problema, el verdadero problema era que estaban hablando de un tema bastante pasado, ya que Scorpius había dejado de hablarle, desde que le dijo que él era el verdadero enemigo. Así que ahora no entendía porque estaba discutiendo eso con James, un tema que a él no le importaba. –Mira James, enserio, no te metas en mi vida. Bastantes problemas tengo ya.
–¿Problemas? ¿Cuáles? –Dijo James– ¿Qué Scorpius te deje? Ah claro… esta esa tal Eden ¿no?
–James, ¿porque no te vas un poco a la mierda?
–¿Acaso no sabes lo que hace con él en la sala común de Slytherin por las noches? Tengo el mapa, Rose y, lo veo.
Rose trago saliva, no quería escuchar lo que decía.
–Cállate –dijo Sam–. Iros a la mierda, los dos –Dijo mirando a James y a Will y, cogiendo a Rose del brazo se fueron de la Sala Común.
James grito a las espaldas de estas que se iban atravesando la Sala Común. –¡ALEJATE DE ÉL ROSE, NO ACABES COMO MI HERMANO!–
Sam la rodeo por los hombros y las dos salieron por el retrato de la señora Gorda haciendo caso omiso a lo que dijo James antes de que ellas atravesaran el retrato.
Rose sollozaba rodeada por los brazos de Rose. Ninguna de las dos dijo nada mientras bajaban por las escaleras principales. Rose viajaba por su mente explorando cada momento vivido con James y lo maldecía. ¿Por qué alguien de su familia, que la quería y que ella quería, le hacía pasar por tal mal trago solo por estar enamorada o lo que fuera de Malfoy? No era justo, y eso le llevo a cuestionarse que pasaría cuando su padre se enterara…Merlín, no quería ni pensarlo. Recordó cuando Harry saco el tema de Scorpius en la cena anterior al primer día de clases. Cuando Ron hizo sentir tan mal a Albus por ser amigo de Scorpius. Si ella conseguía a Malfoy, y algún día su padre se enterara ¿Qué pasaría? ¿Acaso su padre se pegaría a ostias con Scorpius? Pero eso era pensar demasiado lejos, y demasiado en un futuro muy efímero. Pues Scorpius no la quería de verdad, al menos no como ella quería que la quisiera. Claramente después de lo que le dijo era obvio, pues admitía que se había pasado con él. Sinceramente se lo merecía, en parte, pero Rose se arrepentía.
Sin darse cuenta Rose y Sam habían llegado al Gran comedor. Entraron por la gran puerta y se acercaron a su habitual sitio de la mesa de Gryffindor, donde estaban Anthea y Ann.
No les dio tiempo a sentarse.
–Los alumnos con las autorizaciones para ir a Hogsmeade vayan rápidamente hacia la puerta principal, salimos en 5 minutos. –Sentencio la directora Mcgonagall.
Todos los alumnos empezaron a levantarse y a caminar hacia la puerta.
–¿Enserio? –Se quejó Sam. –No me dejéis sin almorzar, por favor.
–Come algo rápido –Dijo Anthea.
–Yo necesito mi tiempo.
–Que señorita… –Dijo Ann. –Venga comer algo rápido, os esperamos.
–No tranquila, ir si queréis.
–No, nos quedamos –Dijo Anthea seria, luego se rio. –Con esa cara corres peligro Samantha.
Sam puso mala cara y, comenzó a devorar una tostada de mantequilla que había sobre la mesa, una detrás de otra.
A todo eso Rose seguía de pie ante la mesa y observando como Sam devoraba una tostada tras otra. Le entraron ganas de vomitar. No quería comer nada ahora, sonaba extraño viniendo de ella, pero no tenía hambre después de todo.
–¿Rose no comes nada? –Pregunto Anthea
–No tengo hambre. –La miraron sorprendida–.
–¿La Weasley no tiene hambre? –dijo Anthea sarcástica. ¿En qué planeta estamos?
–Cuéntaselo tú, Sam. NO tengo ganas de hablar… –Dijo Rose en un hilo de voz–. Voy para allá, os veo en las tres escobas a las 11.
–Vale –Murmuro Ann. –¿Estas segura?
Pero Rose ya se había ido, y no la escucho.
Camino con rumbo a los carruajes que la llevarían al pueblo. La verdad, no tenía nada de ganas de ir. Si es cierto que se había levantado con ganas pero ahora se habían esfumado.
Se subió en el primer carruaje vació que vio, y sin decir nada se sentó cómodamente.
Los alumnos desfilaban por las hileras de carruajes que había en el patio. Rose observaba a cada uno, divisó a lo lejos a sus amigas que la buscaban. Aunque agradecía tal implicación por su parte, ahora quería estar sola, por lo que se hundió en el asiento para que no la vieran. Miro hacia el otro lado y le vio a é, Scorpius Malfoy. Con su habitual pelo despeinado de color oro, y sus ojos, aquellos ojos grises que tanto hacían enloquecer a Rose. Suspiro al ver que no iba con Eden. Y pensó en lo que le había dicho James '' –¿Acaso no sabes lo que hace con él en la sala común de Slytherin por las noches? Tengo el mapa, Rose y, lo veo–'' Eso le causo a Rose un escalofrió en la nuca. ¿Qué se suponía que hacían? No quiso saber la respuesta, la parte insana del cerebro se mantuvo apagada para no causarle dolor.
–Rose Weasley– Una voz apagada y dura hablo, Rose se giró y le vio.
–Hola, –Dijo ella alegrándose de verle, en parte–. Karl…
–¿Puedo subir, o vas con alguien? –Pregunto él poniendo una mano sobre el carruaje.
Rose se lo pensó, quería estar sola.
–Entonces me voy…–Dijo él dándosela vuelta.
–¡No! Un poco de compañía no me ira mal –Dijo Rose, haciendo que el retrocediera hacia el carruaje. –Sube, por favor.
El chico se acomodó en el asiento de alado de Rose.
El carruaje empezó a andar. El viento les da en la cara. El pelo de Rose, rojo y chillón se movía alborotado con la brisa otoñal.
–¿Y esos ojos rojos? –Pregunto el mirándola muy cerca.
Ella se sintió incomoda.
–¿Te has fijado?
–¿Cómo no verlo? –Dijo Karl. –¿Me lo contaras?
–Supongo que no… –Dijo Rose cortante. –¿Conoces Hogsmeade?
–Una de las cosas que me gustan de ti, es que tienes naturalidad para cambiar radicalmente el tema de la conversación.
Rose apretó los labios en una media sonrisa.
–No conozco el pueblo, a propósito. –Hizo una larga pausa– Supongo que tu me lo enseñaras ¿no?
–Ah –, ahogo una corta risa–, ¿Y porque debería hacerlo?
–Mm… quizás porque has aceptado que te acompañe en el carruaje, y porque no puedes dejar a un chico solo por ahí ¿no? –Alzo una ceja–.
–Solo hasta las 11 –Dijo Rose–, He quedado con mis amigas para tomas cervezas de Mantequilla.
–Me parece bien, –Hubo otra pausa larga– ¿Estas nerviosa?
–¿Por qué debería estarlo?
–El Torneo… –Con todo lo que Rose estaba pasando casi no tenía tiempo para pensar que había echado su nombre en un cáliz para tener una mínima posibilidad de salir seleccionada. –Echaste tu nombre.
–Sí, supongo… pero no lo estoy. –¿debería estarlo? –.
–¿No te causa pavor el saber que podrías ser tú la campeona de tu escuela?
–No, no tengo casi posibilidad. Hay alumnos mucho más preparados que yo.
–Por esa regla de tres, yo tampoco podría salir seleccionado.
–¿Tan seguro estas?
–Por supuesto…
–Entonces seremos enemigos, en el caso de que yo también salga seleccionada –Rose sonrió–. No sé si podrás soportarlo. –Dijo la pelirroja–.
–No… no sé si tú podrás soportarlo –dijo él, con un tono pícaro–. El enfrentarte a mí o hacerme daño.
Ella desvió la mirada. Se sintió incomoda.
–¿Tienes hambre? –pregunto Karl cambiando de tema.
–Admiro tu capacidad para cambiar de tema –Rose se rio–. La verdad, sí. Estoy muerta de hambre…
–Jaja, entonces me obligas a llevarte a tomar algo ¿no?
–¿No tienes nada que hacer? –Dijo ella– ¿Tienes que perder el tiempo conmigo?
–¿Perder el tiempo? –Soltó una risa ahogada– Contigo nunca pierdo el tiempo, Rose Weasley.
Rose se puso roja hasta el punto de la nariz. No estaba acostumbrada a recibir cumplido por parte de Scorpius así que eso era, en parte, nuevo.
–¿Y dónde podemos ir? –Dijo Rose–.
–Creo que se un lugar bastante agradable.
–Dijiste que no conocías el pueblo –Exclamo Rose.
–Digamos que me han hablado de él–.
Entonces Rose se dio cuenta de que estaban llegando. Vio Hogsmeade a lo lejos, el pequeño pueblo se dibujaba en la lejanía mientras el carruaje caminaba rápidamente.
¿A dónde la llevaría Karl? Quien lo supiera…
Bueno, así que aquí tienen el siguiente capítulo. Lo sé, un poco extraño quizás aburrido en algún momento, pero esto tenía que pasar. Porque esta es la primera parte de una visita a Hogsmeade de lo más interesante… En fin, no sean tacaños con los comentarios y dejarme algún que otro, para animar jajajajja.
Besos Lúthien.
