Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen, no lucro escribiendo historias ni tampoco intento hacerlos pasar por míos.
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Séptimo capítulo: Conflicto.
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Aunque los desayunos que servía Levi eran más que nada escuálidos, Eren los disfrutaba como hacía tiempo no lo hacía con una comida. Frente a él, como el día anterior, un poco de té con leche azucarada, y si levantaba un poco la vista encontraría a Levi, sentado tranquilamente con su taza de té negro en una mano y en la otra el periódico del día donde las noticias de la ciudad yacían impresas. No pudo evitar sonreír cuando Levi dirigió sus ojos hacia él, sabiendo que el chico le observaba atentamente.
Fue un desayuno lento y tranquilo, sin prisas, el sol recién comenzaba a aparecer, Levi tenía el hábito de levantarse muy temprano y apenas dejaba la cama, Eren despertaba sintiendo la falta de calor a su lado. Como un niño pequeño, se apresuraba en estar listo a tiempo, demorándose lo menos posible en el baño y bajando con prisas las escaleras, siendo de inmediato reprendido por Levi desde la cocina.
—¿Qué harás hoy? —preguntó Eren intentando sonar casual mientras ayudaba a levantar la mesa, dejando los platos sucios en el lavabo donde Levi esperaba.
—Trabajo.
—Claro —murmuró entrecerrando sus ojos, observando las baldosas del piso mientras se apoyaba en el mueble de cocina a un lado de Levi.
—Mañana tengo tiempo —adivinando desde un principio la idea de Eren, Levi decidió que perder tiempo con el chico no sería mala idea —. ¿Dónde quieres ir? —preguntó pasando la esponja sobre uno de los platos, se sentía extraño el lavar el doble de lo común.
—No tenía nada pensado —Eren sonrió sin atreverse a mirar al hombre a su lado, seguía observando las brillantes cerámicas del piso y las extrañas formas que éstas tenían —. Creo que cualquier lugar está bien para mí —susurró casi como si se tratara de un secreto queriendo morderse la lengua luego de soltarlo.
—Mañana será —sentenció Levi mirando directamente al chico, apreciando un leve sonrojo en las morenas mejillas. Pasando su pulgar sobre una de ellas logró que Eren le mirara de frente con sus grandes ojos atentos —. ¿Bien?
—Sí.
El estar en la cocina de ese hombre era una especie de sueño embriagador, como si el mundo afuera en verdad no existiera. Eren nunca pensó que esa clase de cosas podrían suceder tan temprano en una relación, pero los momentos que pasaron allí, de pie sobre el impecable y brillante suelo, solo conversando y esperando que el sol subiera lo suficiente habían pasado de manera tortuosamente rápida y mágica.
Los últimos instantes de Eren en esa cocina fueron precedidos por silencio, no había mucho que decir sobre algún tema en concreto, Levi había terminado de fregar los platos y luego de que Eren los secara, los habían guardado en las gavetas correspondientes. Pero no era un silencio incómodo, no era de esa clase de silencio a los que Eren había estado acostumbrado tanto tiempo, era más bien como si las palabras sobraran en ese momento y con solo mirarse el uno al otro tuvieran suficiente.
Luego de que Eren agachara la cabeza con una pequeña risilla saliendo de sus labios, Levi pareció despertar también de la ensoñación. Frunciendo ligeramente su ceño, se volteó hacia el lavabo para dejar el paño de loza que tenía en su mano colgando de un perchero en la pared. Debió volver a relajarse antes de mirar de nuevo a Eren, observando ese sonrojo leve y esa juguetona sonrisa que curvaba esos suaves labios.
Delineándolos con las yemas de sus dedos, acercó los suyos lentamente, disfrutando el instante, sin mucho apuro, dedicándose únicamente a observar el labio inferior de Eren, el cual temblaba de manera sutil, incluso divertida para Levi. Lo apresó suavemente con los suyos, tirando un poco de él, jugueteando antes de besarlo como era debido.
Odiaba aceptarlo, pero a veces eran necesarias ciertas personas en su vida y había terminado aprendiendo luego de esa noche que Eren se había vuelto una de ellas.
Mordiendo juguetonamente la quijada del muchacho, se retractó de marcarlo en el rostro, el chico tenía responsabilidades, además de alguien a quien darle explicaciones sobre ciertas cosas, por ello solo pasó suavemente sus labios por la zona. De todas maneras no tenía que dejar ningún rastro, nadie se atrevería a tocarlo solo por el hecho de que el chico se paseaba por la ciudad a un lado de él.
—Debería irme —suspiró Eren sobre los labios de Levi, quien asintió tranquilamente —. Nos vemos… más tarde… mañana.
Aturdido por un beso repleto de extrañas sensaciones, Eren dejó la casa siendo observado por Levi, quien se encontraba de pie en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la mirada fría de siempre. Antes de alejarse demasiado, Eren se volteó para ver al hombre por última vez ese día, se había acostumbrado a verlo siempre muy seguido que ahora dolía el saber que pasaría más de veinticuatro horas sin él.
Se preguntó qué clase de trabajo tendría ese día, pero el extraño escalofrío que recorrió su cuerpo luego de ello le hizo retractarse. De inmediato recordó el comportamiento que Levi había tenido la noche anterior, uno bastante distinto a lo que Eren pudiera esperar, prácticamente se había desmoronado una segunda vez sin que él mismo se diera cuenta, pero de una manera muy distinta.
Aunque no quisiera aceptarlo, Eren había visto un comportamiento casi animalesco, una especie de actuación por instinto donde Levi se había limitado a saciarse y de esa manera olvidar algo importante. Por una parte, Eren podía imaginar la presión que tenía su pareja al trabajar en algo tan poco convencional, pero la otra parte le obligó a ponerse en alerta, Levi estaba frágil, Levi lo era en verdad porque era un ser humano como todos y, aunque era un mocoso que recién había conocido y al cual solo conocería por un corto tiempo, Eren quería ser capaz de ayudarle.
Tomó aire y volvió la vista hacia el campamento donde sólo algunos se habían levantado. Escabullirse entre los adormilados trabajadores no sería un verdadero problema para Eren, pero alejar su mente de las necesidades de Levi para concentrarse en esto sí lo sería.
Cuando finalmente llegó a su habitación, abrió la puerta tranquilamente, tenía todo planeado, se haría el dormido o algo si es que su padre iba a comprobar si estaba allí. También le pediría a Armin no decir ni una palabra sobre ello, podía confiar ciegamente en el rubio.
Pero Eren no previó que tal vez su padre podría adelantársele. De inmediato detrás de la puerta estaban las espaldas anchas de Grisha, cubiertas por su cabello suelto y largo. Antes de que siquiera pudiera darse la media vuelta y escapar, su padre le vio con ojos coléricos, frunciendo sus cejas y sus labios en lo que era claramente un rostro de reproche.
Aterrado, dirigió su mirada hacia su mejor amigo quien estaba de pie, aún con el pijama celeste, mirándole con cierto temor. Lo habían descubierto y Armin no había logrado mentirle como correspondía a Grisha, eso era lo que su amigo quería decirle con sus grandes ojos azules muy abiertos y sus labios apretados el uno contra el otro.
—¿Es necesaria esta conversación? —preguntó Eren cerrando la puerta tras sí, no quería dejar ir a Armin, era su garantía, una que prometía que su padre no sería tan duro.
—Sabes que lo es —respondió Grisha levantando el mentón, demostrando la gran diferencia de estatura entre ambos. Eren bufó y miró a un costado cruzándose de brazos mientras se apoyaba en la puerta —. Armin, ¿puedes dejarnos a solas un momento?
—Claro —respondió el rubio algo tembloroso, llegando a un lado de Eren quien parecía no querer moverse.
—Sigue en pijama, no debería salir —fue la excusa del castaño.
—Eren —y con sólo escuchar su nombre pronunciado de una manera dura por su padre, el chico aceptó derrotado haciéndose a un lado para dejar que Armin saliera y pudiera escaparse de ese momento tan incómodo.
—Yo no…
No alcanzó a seguir con su frase, la extraña mirada que Grisha tenía en sus ojos le hizo retroceder de inmediato, volviendo a cerrar la puerta para sentarse en la que era su cama, completamente estirada, hacía dos noches que no dormía en ella. Acariciando el cobertor, se dedicó a jugar con las extrañas formas de los bordados de éste, pasando sus dedos sobre los relieves y evitando a toda costa la inquisitoria mirada de su padre.
—Papá.
—¿Has estado esta noche también con él? —preguntó sin rodeos haciendo que su hijo de inmediato se sonrojara —Dímelo, Eren ¿sigues viéndolo por las noches?
Hubo un silencio en el momento en el cual Eren debía responder, reemplazando las palabras que debieron salir de los labios del chico con sonidos del exterior, de un campamento recién despertando.
—Te hablé sobre esto ¿no? Te he dado todas las libertades que un niño de quince años puede tener —la voz de Grisha se había suavizado un poco y sus hombros se iban relajando mediante hablaba, sonando ahora más que nada como un padre demasiado amable —. No puedes seguir haciendo lo que quieres todo el tiempo. Acepté que… tuvieras tu relación o como sea que se llame… ¡Eren, mírame! ¿Cuántos padres crees que hay allá a fuera dispuestos a que su hijo varón salga con otro hombre?
La pregunta que Grisha había hecho tomó por sorpresa a su hijo, quien solo entonces se atrevió a mirarle directo a la cara, abriendo sus grandes ojos verdes, Eren observó a su padre hablar, buscando en su mente palabras con las cuales defender su actuar.
—Dime siquiera cuántos años tiene él —pidió sosteniendo su tono de preocupación, demostrando una voz completamente distinta a la que el público conocía, una más real —. Dime en quién he depositado a mi hijo… —susurró apegando su espalda contra los muchos baúles apilados que había dentro de esa habitación.
Con ese silencio rebelde y adolorido, Eren mantuvo su postura, sintiendo la presión en su garganta, cómo ésta se le cerraba por la culpa.
—Ya —gruñó Grisha levantando su vista, frunciendo su entrecejo nuevamente y acercándose directamente a Eren —. Sabía que no me contestarías porque ni tú mismo lo sabes ¿no es así? No estoy diciendo que un hombre como él se vea como una mala persona, sabes que no juzgo a la gente sin conocerla. Pero este tipo te tiene en su casa durante las noches como si ignorara de que trata con un niño.
Niño.
La palabra que Eren más había estado odiando los últimos días era niño. Niño acá, niño allá. Levi pensaba que él era un niño, siempre actuando como si tratara con uno, y ahora su padre hacía lo mismo, pronunciando esas despreciables sílabas.
—Ya no soy un niño.
—¿Es eso? ¿Eso es todo lo que tienes para defenderte? —preguntó irónico el padre tomando de los hombros a Eren, obligándolo a mantener contacto visual —. ¿Cómo piensas que me siento? ¿Sabiendo que te entregas a un hombre mucho mayor que tú? Tal vez no debí permitirte…
—¡No solo me tratas como un niño, sino que como una chica! —Eren se había dado cuenta de esto y ahora la discusión comenzaba en serio —. ¿Eh? ¿Qué? ¿Acaso terminaré con bebé dentro? ¿Qué dirán de mí las vecinas, que por cierto, no tenemos?
—¡Eren…!
—¡Soy un chico, papá! Si me gustan los hombres o las mujeres, esto es independiente. Sigo siendo un hombre —gruñó con cierta ira —. ¿Tanto te molesta? No me saldrá una maldita vagina porque un tipo me coja todas las noches. ¡Así que deberías dejar de preocuparte de toda esa mierda de una puta vez! —escupió ganándose una mirada desaprobatoria de inmediato.
—¡No estoy diciendo eso, Eren, quiero que entiendas…!
—¡Entiende tú! Tu hijo es un marica como dicen todos —siseó levantándose de la cama, encarando a su padre —. Tu problema es que no lo has aceptado y te comportas como si fueras un gran padre.
—¡Basta! Si sigues así no volverás a…
—¡A la mierda tú y tus malditas amenazas!
Y había sido suficiente. Esa discusión había sobrepasado todos los límites de paciencia que Grisha podía tener. La actitud rebelde de su hijo le había tomado por sorpresa, toda su vida Eren fue un buen chico, siempre obedeciendo al final, algunas veces algo más duro que otras, pero su cabeza terminaba por aceptar que su padre sabía qué era lo mejor para él. Y ahora actuaba de manera tan extraña que fue un dolor en el pecho para el preocupado padre, por eso había sido suficiente.
Eren únicamente sintió el sonido, el golpe al instante no pareció dolerle, la mano extendida de su padre había dado contra su mejilla, prácticamente volteándole la cara hacia un lado, pero no había dolido. En un estado de shock miró hacia todos los lados, buscando una explicación razonable. Su padre no solía golpearlo, tal vez nunca lo había hecho, por eso había sido inesperado.
Ladeando un poco su cabeza logró sentir el ardor en su mejilla que comenzaba a aparecer de a poco. Llevó su mano hacia la zona entrecerrando sus ojos confundido, encontrándose con la arrepentida mirada de su padre.
Era normal, se dijo, los padres solían golpear a sus hijos cuando éstos no entendían razones. Había padres mucho peores que él, había padres que maltrataban a sus pequeños con tan sólo unos cuantos años de vida, por lo que su golpe no había sido por violencia, sino que por disciplina, debía poner las cosas claras, debía demostrar quien mandaba.
Pero no había notado que era demasiado tarde. Eren se había puesto de pie y había corrido a la salida, dejándole sumido en sus pensamientos, dándose cuenta de que también había sido un mal padre por el hecho de querer ser amable. Los buenos padres no eran ni amigos ni enemigos, los buenos padres estaban allí como críticos y apoyo. Cuando por fin logró dar con ésta respuesta, su rebelde hijo se había marchado y él solo podía sentir la brisa helada de la mañana entrar por la puerta abierta que Eren había dejado.
Nadie se preguntó por qué el chico había salido corriendo tan rápido, nadie se preguntó la dirección de su carrera, todos en el circo pensaron que se trataba de un encargo como los que siempre Grisha le pedía a primera hora de la mañana a su hijo. Por eso, cuando Eren pasó atravesando el campamento en una dirección desconocida, nadie dijo nada, nadie se preocupó.
Llegado el punto en que las piernas de Eren no daban más, se detuvo a un lado de un estero de aguas transparentes casi a las afueras de la ciudad, donde muy pocas casas se divisaban metros atrás, pero desde allí no lograba verse ninguna, todas cubiertas por árboles de jóvenes y claras hojas primaverales. Se sentó en el enorme neumático de un tractor a la orilla y ocultó su rostro con sus manos. Necesitaba gritar, desesperadamente necesitaba desahogarse de alguna manera.
Pero no había nada que Eren quisiera hacer realmente. O mejor dicho, no había mucho que pudiera hacer. Visitar a Levi hubiera sido una buena idea, pero la desechó casi de inmediato, él no quería parecer un niño mimado y ahora lo estaba siendo, dejando a su padre en plena discusión, insultándolo de una manera impensable en el pasado, mostrándose como un maldito mocoso.
Sin embargo, para Eren, había sido culpa de Grisha…
¿Le estaba pidiendo dejar a Levi, verdad? Era eso lo que su padre quería, pero el joven ya se había encaprichado lo suficiente con ese extraño criminal que el solo recordar esa idea le provocaba ira. Él no quería hacer una cosa así, dejar de ver a Levi hubiera sido un pecado contra lo que sea que fuera su relación, algo imperdonable.
Y él no lo haría, aunque fuera su padre quien lo pidiera.
Tenía tan poco tiempo para pasar al lado de ese hombre que debía aprovecharlo al máximo, eso era lo único que su cabeza podía aceptar en ese momento, por ello, las órdenes de su padre fueron de inmediato anuladas, aunque hubiesen sido emitidas con la mejor de la intenciones.
—…Y luego ese hijo de puta se la cogió, ¿puedes creerlo? —Eren escuchó unas voces a lo lejos, eran de al menos tres jóvenes que pasaban por la rivera de ese canal. Eventualmente se encontrarían con él, pero esto en realidad no le preocupaba.
No había llorado como para que esos chicos que se acercaban le molestaran, así que solo abrazó sus piernas y esperó a que pasaran por su lado, analizándolos de pies a cabeza. Eran cuatro, podrían tener algunos años más que él, tal vez más de lo que demostraban, pero no parecían ningún tipo de amenaza, incluso sonaban alegres en ese momento, como si vinieran de alguna fiesta, charlando y jugueteando entre ellos con comentarios
Uno de ellos, el único que iba con un cigarrillo en la mano y completamente en silencio se detuvo al notarle. Le miró atentamente, como si intentara reconocerlo y al parecer dio con aquello que su mente buscaba porque de inmediato soltó el cigarro pisando la colilla mientras avanzaba hacia él, llamando la atención del resto de la pandilla quienes miraban sin comprender la escena.
—¿No eres tú ese amigo de Levi? —preguntó el joven ladeando la cabeza. Y como si ésta hubiera sido una invitación a comer, el resto de los chicos se acercó prácticamente como si de lobos al acecho se trataran —. Claro que eres tú. Qué oportuno, el encontrarme contigo aquí es bastante oportuno. Dime tu nombre.
—Eren —dijo fuerte y claro, poniéndose de pie con la cabeza en alto, listo para enfrentar a esos chicos si era necesario.
—¿Eren? Entonces, Eren —la pequeña sonrisa en los labios de ese muchacho de cabellos negros y brillantes estremeció un poco a Eren, obligándolo a buscar refugio en la mirada de algún otro de los chicos —. ¿Sabes que éste es mi territorio? ¿Sabes que ni Levi se atreve a pisar estas tierras porque son mías? —la pregunta le pareció increíblemente ridícula a Eren por lo que bufó con una sonrisa socarrona. Él sabía que Levi no le temería a un mocoso como ese.
—¿Eh? —uno de los chicos intervino por su amigo al observar la mueca de burla del extraño —¿De qué te burlas, hijo de…?
—¿De verdad piensas que Levi podrá salvarte de esta, Eren? —interrumpiendo a su defensor, el líder de los chicos avanzó nuevamente hasta quedar a solo un paso del intruso —. Aunque no soy como él —explicó encogiéndose de hombros —, siempre doy oportunidades.
—¿De qué mierda estás hablando? —preguntó Eren alzando una ceja y cruzándose de brazos.
El otro chico sonrió bastante complacido, le agradaba saber que había gente con espíritu dispuesta a enfrentarlo. Dedicó un par de miradas a su alrededor, a sus amigos y al lugar en el que se encontraban, ese era un buen escenario, pero como lo había dicho, él no era como Levi.
—Lo imaginaba —bufó Eren dispuesto a marcharse de inmediato, dejando caer los brazos a su lado y emprendiendo una improvisada huida. Él no era tonto, enfrentarse a todos esos chicos era una estupidez.
—Hablo en serio, Eren —la voz del muchacho lo detuvo al instante, otros dos chicos se habían interpuesto en su camino cerrándole el paso. Y él que deseaba evitar cualquier enfrentamiento.
Se volteó en dirección al joven líder, acercándose cuidadosamente, sabiendo que se le estaban cerrando las salidas, sabiendo que debía tomar la decisión de cómo actuar. Él no era un idiota, eso estaba claro, pero tampoco era un cobarde y si debía pelear contra los cuatro lo haría sin dudarlo. Eren Jaeger no era una especie de debilucho que se escudaba en el resto como ese tipo pensaba y si era necesario, se lo demostraría ahí mismo.
—Terminemos con esto ya.
—Vaya, ya entiendo por qué te llevas tan bien con Levi —el joven había sacado un cigarrillo y se encontraba encendiéndolo mientras decía éstas palabras, evitando el contacto visual con Eren por el momento —. Pero te he dicho que no quiero pelear ¿no? A menos que me des una razón para hacerlo…
—Puedo darte varias.
—Estoy intentando ser amable —gruñó el chico y de un zarpazo tomó varios cabellos de la nuca de Eren, halando su cabeza hacia atrás —. Sé lo que vales —sonrió desenfundando una pequeña navaja de bolsillo al mismo tiempo que soltaba el cigarro recién encendido, llevándola al cuello expuesto de Eren —, vales un buen trato para los míos ¿entiendes eso?
—¿Un buen trato? —preguntó con ironía el castaño llevando sus manos hacia la muñeca del otro chico, intentando alejar la navaja de él —. ¿Un trato con quién?
—Con Levi.
—¿Levi? —ahora la burla volvió a hacerse presente en el chico, aunque fue ínfima, estaba realmente preocupado por esa maldita hoja que parecía no querer dejar su cuello —. Creí que Levi te respetaba… ¿cómo lo habías dicho?
—Maldito maricón —gruñó guardando la navaja para darle un golpe directo en la cara sin soltar aún los castaños cabellos —. No te hagas el listo conmigo —Eren pudo ver la ira en esos ojos azulados, pero también pudo notar un deje de preocupación, como si en parte se encontrara perdido —. Vamos a hacer un trato.
—El trato que quieres hacer no es conmigo —se defendió Eren tomando los dedos que se alojaban en su cabellera para obligarlos a soltar —. No sé qué mierda está mal contigo.
—¡Eres mi maldita garantía! —explicó el chico tomándolo de la camisa mientras que el resto de la pandilla se agrupó alrededor de ambos, expectantes a cualquier reacción de Eren —. Necesito un trato con ese hijo de puta antes que esto se derrumba. Necesito aliarme con él y tú serás el puente…
—¿No lo has pensado muy bien, cierto? —preguntó Eren alzando una ceja, recibiendo de inmediato otro golpe en el pómulo y una patada directa en el costado del muslo.
—Es la única oportunidad que tengo —su voz se había vuelto temblorosa y sus ojos brillantes cada vez demostraban más sentimientos de desolación —. Solo irás y le dirás lo que ganaría si hace un trato con nosotros —le explicó soltándolo rápidamente, arrepentido de los dos golpes anteriores —. Le dirás que está bien hacer un pequeño trato con un grupo pequeño.
—Como si fuera tan fácil —se defendió Eren, siendo de inmediato sujetado por otros dos sujetos, cada uno tomándolo de un brazo.
Ellos no eran como los chicos con los que se había enfrentado antes, éstos eran completamente distintos. Se podía sentir la experiencia que tenían, ellos no buscaban una simple paliza, una pelea simple por razones poco realistas, ellos estaban allí casi como una organización, eran emprendedores en ese submundo. Y Eren lo sabía.
Si observaba bien a su alrededor se encontraría con un cuarto chico preparado para todo, tomando el mango de un cuchillo más grande de lo imaginado atado a su cinturón. El muchacho tendría unos diecisiete años, sus castaños cabellos eran cortos y sus blancas manos no temblaban, incluso cuando sostenía un arma listo para atacar con una de ellas. Eran ese tipo de comportamientos los que le decían a Eren que estaba en grave peligro.
Mordiendo su labio inferior agachó la mirada hacia el suelo, era una zona rural y varias ramillas y hojas cubrían la tierra suave y oscura bajo sus pies. Tenía solo una forma de salir de allí a salvo, con tan solo un par de moratones en sus mejillas, pero no estaba seguro de querer usarla.
Removiéndose un poco logró observar a los otros dos jóvenes, los que le sujetaban con maestría, de una manera muy distinta a la usada por los niños de la vez anterior. Una simple cortapluma estaba colgando del cinturón de uno de ellos, pero no por ello era menos peligroso. Del segundo no pudo ver nada, pero al moverse escuchó el sonido de cadenas proviniendo de él. ¿Por qué alguien usaría cadenas? ¿Qué era eso que podían hacer con ellas?
Suspiró entrecerrando los ojos, buscando la mirada del líder de esa joven y pequeña banda. Si bien se encontraba algo asustado, no lo demostró con sus actos y solo habló algo que ya había sido ensayado en su mente.
—Levi no hará tratos con ustedes —dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia a lo que el chico le había dicho —. ¿Por qué crees que lo haría? —se mofó sonriendo ligeramente, encontrando la desesperanza en los orbes contrarios —. ¿De verdad piensas que aceptará luego de que me golpeaste, imbécil?
Abriendo y cerrando su boca el muchacho le miró, completamente perdido. Eren había descubierto la debilidad de esos chicos, podían ser muy rudos y buenos con los golpes, pero estaban cagados de miedo por alguna razón y cualquier palabra que él dijera de la manera correcta los terminaría preocupando aún más.
Sonrió triunfal, sin embargo no fue soltado como esperaba, sino que el líder de esos chicos se acercó a él con una mirada colérica y lejana, similar a la que tienen aquellos que han perdido todo.
—¿No entiendes, verdad? En serio necesito la ayuda de Levi —pronunció tomando el rostro de Eren fuertemente con sus manos —. La necesito, entiende.
—Matamos a dos chicos —explicó el muchacho que sostenía el mango de su cuchillo, ahora desenvainándolo, mostrándolo como un niño que muestra un juguete nuevo —. Nos hemos deshecho del primer cuerpo, pero…
—¡Ya sabes que Levi es un experto en eso! —exclamó el líder hacia Eren —. No sé cómo lo hace, pero cuando él se deshace de una persona… ¡ellas desaparecen como si jamás hubieran existido! —sonrió temeroso —. La policía ya encontró al primer tipo. Es cosa de tiempo para que den con nosotros, pero si nos deshacemos de ese maldito, no tendrán pruebas contra nosotros —decía completamente seguro, sin siquiera notar la expresión en el rostro de Eren —. Levi puede ayudarnos, él puede hacer desaparecer a cualquiera, él nos va a salvar de la cárcel.
Toda esa información era nueva para Eren, todo eso que el otro chico le estaba contando era algo totalmente increíble. Por un momento entró en shock, prácticamente erizándose por completo, incluso sus captores lograron sentir sus músculos tensarse. Ellos necesitaban a Levi por una razón muy distinta a cualquiera que él hubiera creído, ellos querían un trato para deshacerse de alguien a quien habían asesinado.
Si eso era verdad, entonces Levi era más de lo que Eren había imaginado, Levi se convertiría en alguien indeseable, en una persona que tomaba la vida de los demás y luego los esfumaba en el aire. Levi era un asesino finalmente, uno que además era reconocido entre los de su clase.
Agachando de nuevo la mirada sopesó las alternativas que le quedaban. Si aceptaba creer en ellos no había escapatoria, él debería dejar de verlo y no porque se tratara de una orden de su padre, sino que porque simplemente no podía salir con alguien que hiciera una cosa así. Para Eren los asesinatos no tenían sentido, el que un humano tomara la vida de otro le parecía algo bestial, e iría contra el más fuerte de sus principios, el respeto a sus semejantes, el seguir con Levi luego de haberse enterado de lo que hacía.
Y estaba la otra opción, no creerle al chico e ir de plano a preguntarle su pareja si todo eso era verdad, si no era una invención de adolescentes desesperados. Bien él sabía que cuando la solución se veía lejana, la gente caía en engaños, posiblemente esos chicos estaban tan perdidos que habían creído alguna historia que se contaba sobre Levi y buscaban salvarse con ésta.
Y definitivamente no era por ser optimista que Eren creía en ésta opción. Esos chicos en verdad se mostraban preocupados por sus actos, incluso el líder parecía haber perdido la cabeza en algún momento de la discusión. No podía creerles a chicos que se comportaban de esa manera, ni siquiera estaba seguro de creerles sobre el doble asesinato.
Levantó la vista encontrándose con los desorbitados ojos azules que tenía el líder, su miedo era claro, ahora Eren sabía que sí habían cometido esos asesinatos, pero no por ello creería el resto de sus palabras. Suspiró aburrido, casi como si hubiera sido un resoplo y se zafó con facilidad del amarre de los otros dos, quienes estaban tan absortos en la escena que olvidaron mantener firme el agarre.
—Hablaré con él —dijo seriamente aunque fuera una mentira —. Prometo hablar con Levi, pero no puedo hacerlo si sigo aquí —gruñó esto último ya que uno de los muchachos volvió a tomarlo por los hombros —. ¿Y bien? —preguntó al joven que tenía en frente, aquél que tomaba las decisiones.
—¿Y si no lo haces?
—Solo te queda confiar.
Eren sabía que si les decía a los chicos que no trataría ese tema con Levi ellos no lo dejarían ir y probablemente él estuviera en problemas, así que les dio lo que querían escuchar. No tenía miedo ahora, ellos podían seguirle de cerca si querían porque él en verdad iría a hablar con Levi, pero no el tema que estaban pactando en esos momentos. Por eso, la seguridad en su voz y en sus ojos terminaron por convencer a los muchachos.
—Si no lo haces nos enteraremos —amenazó el joven dándole una orden a sus hombres para que soltaran definitivamente a Eren —. Prometo que nos vengaremos si tú no hablas con Levi…
—Lo haré ahora mismo.
—Más te vale.
Sintiéndose un paranoico, Eren prácticamente corrió lejos de esos árboles verdosos hacia la primera calle que encontró. El asfalto jamás se había sentido tan bien, los pequeños momentos de presión que había vivido por culpa de esos chicos se había terminado, y feliz por esto corrió en la dirección que ya conocía, la casa de Levi. Tenía que hablar con él con urgencia, debía cerciorarse de que ese hombre el cual tanto le gustaba no era un asesino y debía hacerlo rápidamente.
Sus pies le guiaron de manera casi instintiva, sin pensar prácticamente los caminos que debía tomar, incluso cuando no conocía bien las calles. Era casi como si estuviera unido por una fuerza más allá de lo común.
Todavía era temprano, aún faltaban varios minutos para las doce del día y el clima era perfecto. Las personas caminaban por las calles con bolsas de papel, Eren sabía que allí llevaban los productos para preparar sus almuerzos, tal vez unos pocos vegetales para una sopa o algunos granos de arroz para algo más contundente.
Y como si esa fuera una señal, recordó, era demasiado temprano, Levi debía seguir trabajando, le había dicho que se pasaría todo el día en ello y por eso no podían verse durante la noche. Se detuvo en seco frente a una plazoleta donde los niños pequeños jugaban a atraparse. No podía ir a su casa en esos momentos, no había nadie, ni tampoco podía ir al campamento, su padre no dejaría de reprenderle por lo que hizo. Por un momento en ese día, Eren se dio cuenta que no tenía un lugar para ir.
Molesto consigo mismo por sus actitudes inmaduras que lo habían llevado a una situación peligrosa, pateó la arena bajo sus zapatos, ensuciándolos. En verdad no tenía un lugar donde ir.
—¿Qué te pasó ahí? —preguntó una niñita pequeña tomándolo por sorpresa, apuntando a su propia mejilla, jalando con su otra mano la camisa de Eren.
—¿Qué? Oh, me he golpeado —respondió sonriendo con sutileza a la chiquilla.
—¿No duele?
—No.
—Toma —dijo la pequeña extendiendo su mano cerrada, había sacado algo de los bolsillos de su lindo vestido, algo que Eren no vio.
Aceptando el obsequio, él hizo lo mismo mostrando su mano estirada y la niña soltó sobre la palma un pequeño caramelo antes de sonreír e irse a jugar con el resto de los chiquillos. Eren quedó sorprendido unos instantes por ese acto, observando la pequeña bolita de azúcar verde envuelta en papel celofán. ¿Cómo había pasado eso? ¿Era alguna extraña señal del destino?
De una manera u otra, ese dulce acto de la pequeña niña pareció un momento de salvación y sonrió para sí, apretando el caramelo en su mano. Levantó la mirada directo hacia donde debía ir, tal vez Levi no estuviera en todo el día, pero él podía esperarlo en el pórtico, o a lo mejor en el patio trasero. En donde fuera, Eren estaría bien mientras se sintiera cerca de Levi.
Volviendo a caminar, se olvidó de lo que en la mañana había pasado con su padre, luego arreglaría eso, después de que hablara con Levi. Sabía que había hecho algo mal en ese momento, tal vez si hubiera tenido más madurez hubiera podido manejar la discusión a su favor y aunque sentía que ya era tarde, sabía que su padre siempre le daría una segunda oportunidad. Con esto en su mente, se había vuelto optimista en esa situación, ignorando a las personas que pasaban a su alrededor en la calle, y por culpa de eso también, su plan no funcionó exactamente como debía.
De improviso sintió que alguien tomaba su brazo con fuerzas y lo halaba hacia sí. Era Grisha, no tenía que verlo para saber que se trataba de él, su padre lo había encontrado antes de lo que había imaginado y solo a una cuadra de la casa de Levi.
Había decidido tomar otro camino, uno que no llevara por enfrente del circo y así se evitaría ese momento. Pero el destino ese día no parecía querer ser amable con él y por alguna extraña razón había terminado dando con su padre, arruinando con esto sus planes.
—¿Qué te ha pasado allí, Eren? —fue la primera pregunta que hizo, aunque el chico ya sabía que la haría —¿Qué ha pasado? ¿Hijo, dónde has ido? Mikasa y yo hemos estado muy preocupados, ella sigue buscándote… ¡¿Fuiste donde él?! —exclamó su padre abriendo mucho sus ojos, a tal punto que Eren incluso se incomodó —¿Has ido con él? ¿Él te hizo eso?
—Papá, no…
—¿Qué le has dicho exactamente? —la preocupación en la voz de su padre le molestó más de lo que estaba permitido, odiaba que se preocupara de esa manera todo el tiempo, detestaba ser el chico indefenso que su padre le creía —¡Eren, necesito que me lleves donde él! —lo había dicho de una manera firme y dura, con un tono que Eren jamás había escuchado en su vida, especialmente de su padre.
—Te estoy diciendo…
—¡Yo te estoy hablando a ti! Ahora, vas a llevarme a su casa, ¿lo has entendido? —preguntó apretando con fuerzas el antebrazo de su hijo, como si de esa manera lograra convencerlo por completo.
—Bien.
Hubo solo una razón por la cual el muchacho había aceptado de manera tan rápida y era el hecho de que confiaba que en esa casa no hubiera nadie. Por más que su padre golpeara la puerta tratando de echarla abajo, nadie la abriría ¿o no?
Pronto, del otro lado apareció una muchacha de cabellos claros y ojos color caramelo. Era pequeña y menuda, una chica muy guapa con al menos veinte años encima. Llevaba un overol oscuro puesto, amarrado a la cintura, como si fuera un pantalón, y una simple y ajustada camiseta sin mangas manchada con lo que parecía grasa o algún tipo de aceite. Ella les miró extrañada un momento y antes de que abriera la boca para preguntar qué querían se escuchó la voz de Levi al fondo.
—¿Quién es, Petra? —preguntó llegando a la escena con un paño blanco entre sus manos con el cual las limpiaba —. ¿Eren? ¿Qué demonios te pasó?
Hubo un momento de silencio e incomodidad, el cual pudo haber sido solo un segundo, pero para Eren fue eterno. Primero, no imaginaba que Levi se encontraría en su casa ese día, le había hecho saber que estaría trabajando todo el día, por eso esto fue lo primero que le sorprendió. Pero luego estaba esa chica en segundo lugar ¿quién era? ¿Por qué estaba con él allí? ¿Eso que llevaba en su mano izquierda era un anillo de compromiso?
Por un segundo Eren creyó que se había perdido por completo. No podía ser que en esa casa estuviera esa joven, Levi no tenía prometida, él estaba soltero y a él le gustaba Eren ¿o no? Mordiendo su labio inferior volvió a mirar el anillo reluciente que la joven traía. ¿Y si era verdad? ¿Y si Levi estaba comprometido con ella? Después de todo, hacían bonita pareja. Si era así, él estaba en medio y debía salir lo antes posible, porque…
—Te hice una pregunta, Eren —la voz de Levi interrumpió sus pensamientos, obligándolo a mirarle de frente aun cuando no estaba listo —. ¿Qué te ha pasado en la cara, niño?
—Disculpe, estoy aquí por la misma pregunta —se anunció Grisha —. Quiero saber qué es lo que le ha hecho a mi hijo.
—Eren, quiero que me digas ahora mismo quién te hizo eso —gruñó Levi ignorando la pregunta del padre del chico, entregándole el paño a la muchacha a su lado —. Ve con Hange —le dijo y ella asintió rápidamente —, terminen esto solas.
—Levi —lo llamó Grisha y solo en ese momento el hombre le miró, pensando durante un instante de que había sido el padre quien había golpeado a su Eren.
—Puedes decírmelo, ¿quién ha sido? —volvió a repetir, entrecerrando sus ojos.
—¿Quién era ella? —preguntó Eren llamando la atención de los hombres que se culpaban entre sí —¿Por qué traía un anillo, Levi? Dime, ¿quién era ella?
—Eren, no es momento —soltó furibundo por las preguntas que el joven le había hecho, no era ese el tema que quería tratar —. No es mi prometida, si lo estás pensando —explicó, sabiendo que el chico no dejaría de cuestionarse hasta que le dijera la verdad —. Ella está con uno de mis colegas y no estamos solos en casa, así que deja de comportarte de esa manera y dime qué te ha pasado.
—No.
—¡Eren, dímelo! —demandó frunciendo su entrecejo, sorprendiendo por la rudeza a Grisha quien miraba con ojo crítico la escena —. Necesito que me lo digas.
Llevando una de sus manos hasta su boca, cubriéndola, Grisha Jaeger decidió salir de la escena, alejándose a unos metros de esa puerta. Tal vez se estaba equivocando, tal vez ese hombre no era como se lo había terminado pintado. Pudo sentir la preocupación de Levi y no solo eso, pudo verla reflejado en esos fríos ojos grises que parecieron tomar vida de inmediato al ver a Eren, mostrando una clara preocupación por el estado de su hijo.
Entrecerró sus oscuros ojos observando las flores que tenía ese pequeño antejardín, Levi era un hombre muy minucioso para mantener toda esas cosas en orden, incluso las flores estaban bien organizadas por color, yendo en un hermoso degradé desde el rosa fuerte hasta el pálido amarillo.
Estaba aceptándolo, costaba, pero lo hacía de a poco. Se había equivocado con el hombre, no era como lo había imaginado, sino todo lo contrario. Él había creído que le había hecho algo a su hijo, pero ahora estaba seguro de que no era así, sino lo contrario, y no fueron exactamente las palabras de Levi las que lo convencieron, sino que ese tono de voz tan profundo usado. A ese tipo su hijo le importaba y quiso creer durante esa tarde que eso era todo lo que necesitaba, después de todo, él también había estado enamorado.
De pronto vio a Levi dejar la casa seguido por la muchacha de un principio, la que todavía llevaba el overol, pero a la que tampoco parecía importarle mucho esto. Ambos caminaban decididos, como si se tratara de algo muy importante y Grisha lo agradeció, se trataba de su hijo.
Finalmente salió corriendo Eren detrás de ellos, tomando la mano de Levi para detenerlo antes que fuera demasiado tarde, diciendo unas palabras para tranquilizarlo al mismo tiempo que la muchacha recibía órdenes de Levi. El hombre solo soltó un par de palabras y la chica se fue corriendo, dejando a los amantes en medio de la calle ese medio día de primavera, sin saber que en ese preciso instante su relación había sido aceptada por la única persona que podía hacer algo en contra de ella.
Grisha sonrió levemente y comenzó a caminar en dirección contraria, ya encontraría la forma de volver al circo, pero no molestaría más a esos jóvenes por el momento. Aunque debía vigilar de cerca a Levi, algo en su ocupación, la cual en verdad desconocía, no le estaba pareciendo correcto, por algo su hijo le había mentido sobre este tema.
…
…
Continuará.
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Hola, mundo.
¡Actualicé por fin!
Ya, de nuevo tengo que pedir disculpas por la tardanza (aquí sí me fui a la…), nunca fue mi intensión demorar tanto en este capítulo, pero la verdad es que quedé en blanco. O sea, sí tenía la idea antes de salir de vacaciones (uff, tiempo atrás) pero luego la olvidé. Se los he dicho, soy medio estúpida.
Como yo soy una chica Tumblr (¿?), hoy, revisando el blog de una niña que traduce, me encontré con la sorpresa de que lo que tiene Levi bajo sus ojos son arrugas. Está viejo el compadre, pero tomaré la traducción como líneas de expresión :'D
Por leer eso modifiqué un poco la historia y luego… ¡voilá! Se me ocurrió algo con que reemplazar la primera idea de este capítulo (no iba a recordarla, créame), y entré en la "zona" que es como llamo al momento de inspiración donde escribo como mala de la cabeza. Así que le debo mucho a un post de Tumblr (como siempre).
Por último, comenten algo :D no sé, especialmente si no les gustó algo pueden ponerlo aquí con sus respectivas explicaciones o algo. Pucha, necesito interactuar xd.
Ya, eso, me iré a pensar en los siguientes capítulos de mis fics.
PD: Me está gustando este fic (¿?). Siempre quise saber cómo sería la relación entre Eren y Grisha :3 En verdad no sé cómo reaccionan los padres a que sus hijos sean gays, hablo de hijos hombres. Pienso que tal vez es más delicado para la mayoría, más en esa época, por eso me pareció justa la escena.
PD2: Saben que jamás he dejado nada porque sí ni hechos al azar :'D He metido a los asesinos del tipo del capítulo anterior en éste. Soy tan poco pro.
PD3: No está editado, probablemente lo haga durante los próximos días, pero serán sólo los dedazos, nada de contenido, o si lo es, será muy poco.
Besos.
