Horas después, tanto Hinata como Naruto, fueron convocados por el líder del Clan Hyuga. Para una reunión, dijeron, que mantenía el carácter de urgencia, sobre un tema específicamente delicado. Algo que altero brevemente a la morena, pero que, y solo después de que el mensaje fuera remitido en su totalidad, Hanabi se apresuro a desmentir. Ya que en realidad la reunión no era ni tan urgente, ni tan grave, pero que de seguro los mantendría a los dos ocupados por días.

—Es una forma muy estúpida y dramática de hacer que vayas a visitarnos— le había dicho su hermana— .Ya sabes cómo es Padre. En serio, Hina, te digo que se está poniendo viejo. Demasiado sentimental para mi gusto

Aun si todo fuera una excusa, uno no podía ir por la vida negándose a asistir a las reuniones de carácter obligatorio que demandaba el líder de un Clan altamente poderoso.

Así que a la final terminaron asistiendo, por lo que sus planes con Sakura se fueron al caño.

Cosa que no hizo mucha gracia a la peli rosada.

Le había prometido a Hinata que la esperaría hasta entonces. Que no comenzaría escribir.

Pero la verdad es que había momentos, como el miércoles por la tarde y viernes por la mañana, en que los se arrepentía profundamente de andar prometiendo cosas.

Sakura contemplaba su reflejo en el espejo del baño, mientras sus manos tamborileaban levemente en el lavamanos. Estaba aburrida, condenadamente aburrida ¿Qué hacían las personas que no trabajaban para no morir de aburrimiento? ¿Cómo era posible no asfixiarse dentro de esas cuatro paredes a las que llamaban hogar?

Su semana había sido, hasta ese momento, bastante buena a decir verdad, aun con el pequeño accidente en casa de Sasuke.

Resulto que su remodelación no acabo tan bien como se esperaba, una pequeña tubería abollada era lo que se necesitaba para desatar una inundación a niveles catastróficos dentro de la casa. Jamás, en sus años de ninja, había presenciado tal espectáculo, prácticamente todo había acabado empapado.

—Mama se debe estar retorciendo en su tumba— mascullo Sasuke por lo bajo.

Aun cuando todo había sido un martirio y el chiste era bastante cruel, no pudo evitar reírse ante el recuerdo.

Sasuke pocas veces contaba chistes, mucho menos alguno que involucrara a su familia, pero cuando lo hacia los hacía valer.

Desde ese día el se estaba quedando en su pequeño departamento, y para que mentir, la situación le encantaba. Sobre todo por la parte en que el cocinaba. Justo esa mañana el había salido a comprar yo-no-se-que-especia dejándola sola y aburrida, pero tampoco ella era tan estúpida como para querer acompañarlo con el calor infernal que hacia afuera.

Después de hacerle al menos diez muecas diferentes al espejo, se decidió.

Basta de aburrimiento, se dijo.

Se saco la camiseta, se soltó un poco el sostén y camino hasta la pequeña nevera, de donde saco un helado de paleta, sabor a naranja, subió la velocidad de los ventiladores del techo y, con una mano en las caderas, tomo un profundo respiro.

Oculto tras una alfombra, y debajo de una tabla suelta, estaba su escondite secreto. Hay guardaba los kunais y pergaminos de emergencia, un pequeño botiquín de primeros auxilios, algunas fotos y un diario. Su diario.

Lo tomo con cuidado. Levantando disimuladamente la cabeza para asegurarse de que nadie estaba mirando, la casa se encontraba vacía y las ventanas de los departamentos de enfrente firmemente cerradas.

De entre las páginas brotaban algunas hojas sueltas, con memorias, frases, servilletas y folletos. Mirar dentro de su diario era como mirar parte de su alma. Era la prueba suficiente de que ella era más que solo fuerza bruta y una ferviente devoción a Sasuke.

Era más que la chica del equipo siete. La aprendiza de Tsunade. Una líder dentro de la clínica mental.

Sus sentimientos eran delicados, por eso coleccionaba flores secas.

Los niños eran más que pacientes para ella, por eso guardaba una hoja llena de pequeñas manitos selladas en todos colores.

El mundo la maravillaba a tal grado que, aun con el peso de la realidad y de todas su responsabilidades dentro de Konoha, su corazón seguía albergaba la esperanza de recorrer el mundo… y verlo. No con sus ojos de ninja, siempre cautelosos, si no con los ojos de exploradora, de turista, dejándose maravillar por todo. Por eso su diario tenia infinidades de mapas y lugares a los que algún día, o en otra vida, se arriesgaría a ir.

Por eso nadie tenía permitido leer su diario. Era demasiado personal como para que ella se sintiera cómoda observando cómo alguien más chequeaba su alma, al desnudo, sin tapujes.

En la hoja mas reciente; había anotado ordenadamente una lista de temas, observaciones e ideas que podrían utilizarse en el libro. Era a lo que ella llamaba la investigación previa a la escritura. Y esperaba que a Hinata le gustase, pues había tardo bastante en colorearla para que se viera bonita y presentable. Había ideas, muchas ideas.

Justo en ese momento se le había ocurrido una, bastante extraña pero que valía la pena anotar.

Se le había ocurrido mientras hacía muecas en el baño. El "Y si…" había sido siempre el punto de partida de sus imaginaciones.

Y si…existiera un mundo mucho más avanzado que este. Donde la humanidad desarrollo una maquina lo más parecida a un humano. Pero destinada y entregada totalmente a obedecer a quien la compre— entre sus manos sostenía fuertemente un lápiz, que hacia recorrer ágilmente en la hoja. Con su mano izquierda sostenía la paleta que goteaba levemente y amenazaba con ensuciar sus escritos—…o en este caso a quien la controle. —dio una lamida a la paleta y la vuelta a la página para seguir escribiendo—. Y si…una de esas maquinas lograra sentir, algo completamente improbable claro está, pero allá todo es posible, claro, pero sería muy obvio si se enamora de su dueño. Umm ¿Por qué no enamorarse de a quien se supone que debes eliminar? Si, eso suena bien —una sonrisa se extendió por sus los labios y la chispa de la inspiración haciendo mella dentro de su organismo la hizo carcajear—. La típica maquina que se enamora de quien lo quiere destruir. Algo así como el síndrome de Estocolmo. Aunque estos deberían ser hombres, claro, para poder seguir el hilo de la historia origi…

El sonido de la puerta abriéndose de golpe la hizo dar un bote. La paleta acabo en el piso. Se reprendió mentalmente, se supone que era una ninja, no podía darse el lujo de que la sorprendieran de tal manera. Bufo. En tiempos de paz todos, y hasta los guerreros, parecían volverse unos vagos y flojos despreocupados. Comenzando por Shikamaru y Naruto y siguiendo con ella.

—¿Hablando sola otra vez? —pregunto una voz jadeante desde la puerta—Es la tercera vez que te encuentro así esta semana, dime ¿Tengo que empezar a preocuparme? ¿Llamar a doctores especializados, quizá?

Sasuke traía como mínimo diez bolsas encima, todas llenas de verduras, frutas y lo que parecían enlatados. Si había que darle crédito en algo sería en eso: el sabia como alimentarse y como alimentarla, su madre se sentía profundamente aliviada por eso. En cualquier otra vida el morocho podría haber sido un muy buen chef. Si en esta vida no fuera un ex criminal, altamente peligroso buscado por la ley, ellos podría haber hecho una fortuna vendiendo comida saludable, que era la inclinación de Sasuke.

—El otro día leí un libro sobre estudios Psicológicos. Al parecer es preferible que hable conmigo misma que con "Andy, el borrego". A él no le pareció tan buena idea como a la doctora del libro, pero no te preocupes, lo mande de vacaciones hace días con su novia Yui, la serpiente.

Sasuke deposito las bolsas en la encimera de la cocina, y se apresuro a guardar metódicamente todo en su lugar.

Ella se ocupo de limpiar el desastre que había dejado la paleta de forma presurosa, sus labios aun tenían el sabor dulzón de la naranja. Cerró con cuidado el tablón en el piso y coloco la alfombra en su lugar.

Si Sasuke se mostro curioso por el tablón o por la forma en que cuidaba de su diario no lo demostró. Jamás lo demostraba realmente. El sabía que ese era su diario y a lo largo de los meses la había visto escribir una y otra vez y, aun así, nunca pregunto, cosa que la chica agradeció. El sabía que eso era tremendamente personal y especial, y siempre trato de mantenerse al margen con respecto al tema.

Le entraron unas tremendas ganas de darle un beso.

—Sabes, estaba pensando—la voz de Sasuke resonó desde la cocina, que quedaba justo enfrente de la pequeña sala. En su departamento todo era pequeño— , soy partidario de las serpientes, pero la relación entre un borrego y una serpiente no me parece muy sana que digamos.

Sus labios se curvaron.

—Si, yo se lo he dicho muchas veces ya. Ella es toda una víbora ¿Sabes?

Sasuke hizo una mueca de disgusto. Sus ojos la perforaron.

—Te comiste todas las paletas—la acuso—. Allá afuera arde como un infierno y tu de comiste todas las paletas ¿No pensaste, quizá, en que yo llegaría medio derretido medio echo mierda?

De repente le pareció ver a su madre, alta y rubia, parada en la cocina, riñéndole por comerse las cosas de la nevera, y amenazándola con una cuchara gigante. Claro que era más fácil calmar a los novios que a las madres enfurecidas.

Con sus cejas fruncidas y una sonrisa de falso arrepentimiento se apresuro en llegar hasta él, antes de que este se decidiera y empezara a lanzarle verduras por la cabeza, por ser una inconsciente.

Sus manos se posaron a ambos lados de su rostro, acunándolo, y le planto un suave beso en los labios.

Sakura no se consideraba baja así misma, pero , oh, cuanto no daría en esos momentos por unos cuantos centímetros mas, así no tendría que pararse de puntillas cada que quería besarlo.

El la tomo por la cintura y la acerco un poco más. El beso seguía siendo suave y lento.

Sasuke sabía chocolate amargo, una cosa totalmente extraña. Ella enlazo sus manos tras la cabeza de él y jalo un mechón de su cabello azabache. Sasuke pareció darse cuentas del sabor cítrico de sus labios porque después de darle un breve mordisco los chupo un poco y se alejo de ella.

—Esto no está ayudando con el calor—comento.

La peli rosa ignoro su comentario y volvió a acercarse peligrosamente a su boca.

—Comiste chocolate y no me diste—le acuso ella.

—Error—replico el—. Comí chocolate y el tuyo está en una de las bolsas del mercado.

Esos pequeños detalles hacían que el corazón de Sakura explotara.

Sus ojos brillaron de felicidad y deseo. Le dio otro corto beso en la comisura, ya que él se alejo. Las cejas de Sasuke se arquearon.

—Creí que habíamos concordado que esto no ayuda en nada con el calor.

—Creíste mal, Uchiha.

—No ayuda al calor. Mi calor. —puntualizo

—No, pero ayuda con otras cosas—sonrió ella. Sus brazos volvieron a enrollarse tras el cuello del morocho, estaban lo suficientemente cerca pero sin llegar a besarse.

—Ino llego de su misión esta mañana. La vi en el mercado

Ella rodo los ojos.

—Puedo visitarla en la tarde, cuando no tenga tanto "calor".

El agarre en su cintura se intensifico.

—¿Eres consciente de que tu brazier ahora tiene manchas naranjas?

Sus ojos se llenaron de picardía.

—Puedo quitármelo si te molesta—respondió, acercándose un poco más a sus labios. El se alejo con una media sonrisa. — ¿Puedo besarte si o no? —pregunto con reproche.

—Como si tuvieras que pedirme permiso.

Sus labios se encontraron, esta vez un poco más agresivos y vivaces, mordiendo y saboreando al otro, con ansias de obtener todo y nada a la vez.

El sabor de la naranja y el chocolate permanecía entre sus labios, si de algo Sakura estaba segura, era de que ese sería el mejor postre.

Al caer la tarde se hicieron presentes las corrientes de brisa que hicieron falta durante todo el día; así que después de ver una película y tomar un poco de chocolate frio, Sakura decidió ir a ver a Ino, quien había salido de misión cuatro días atrás, con Sai de compañero.

Caminando por las calles de Konoha, llenas de niños jugando, con el cielo pintado de naranja y a sabiendas de que Sasuke estaba bien, en su departamento, disfrutando de lo que se le había negado hace tanto como vengador: Películas, maratones de ellas. Se sentía feliz. que eso de vacacionar de vez en cuando si ayudara.

Era difícil adaptarse a las nuevas formas de vida, a las nuevas rutinas. A sus quince jamás podría haberse imaginado un día sin entrenar, o un momento en el que bajara la guardia, todo eran apuros, entrenamientos y estrategias de guerra, disfrutar de la paz, era revitalizante.

A unas cuantas calles de la floristería Yamanaka, dentro de un puesto de Dangos, con un vestido de tiras color lila y su melena azabache firmemente recogida, estaba Hinata.

Era imposible confundirla.

Su piel era tan blanca y tersa, sus ojos grandes y violetas, sus cabellos tan negros como el ébano, era la personificación de una princesa de cuento de hadas.

Y a su lado estaba Naruto, hablando con la vendedora, escandaloso como siempre, llamando la tención de los transeúntes con su risa infernalmente contagiosa y sus ademanes llenos de entusiasmo. Cargaba consigo una bolsa llena de ramen instantáneo.

Si, era imposible confundirlos.

Troto un poco para cruzar la calle, y sigilosamente estampo su puño en el hombro del rubio callando así el bullicio que este mantenía.

—Dios, hablas más que un radio—bufo, acomodo un mechón rosa detrás de la oreja y sonrió a Hinata—. Estoy tan feliz de verte ¿Cómo estás? ¿Qué tal os fue en la reunión? ¿Tu padre y Naruto siguen siendo los mejores amigos?

Hinata le devolvió la sonrisa. Naruto le dio una retahíla de protestas por lo bajo.

—Siempre es bueno verte a ti también, Sakura-san.

—A ti y a tu enorme frente—mascullo Naruto. Hinata le lanzo una mirada acusadora—. ..Ah, porque claro, detrás de una gran frente se esconde un gran cerebro, uno brillante ´ttebayo.

—Y es por eso que insultar a mi frente no hará que tu cerebro crezca… bestia.

El chillo de indignación.

—¡Vea usted misma, Señora! Vea como se me maltrata física, verbal y psicológicamente. ¡Delitos! ¡Esos son delitos! Lo sé por qué tuve que leerme un libro completo sobre ellos.

—Ojala la idiotez fuera un delito. Sería tan fácil deshacernos de ti entonces. Hinata podría buscar un nuevo marido, uno más guapo y brillante.

La señora del tenderete soltó una carcajada. Las mejillas de Hinata se encendieron de vergüenza. Esos dos fácilmente podrían trabajar en escribir una novela, como esas de la televisión, llenas de batallas fingidas y escenas absurdamente dramáticas.

Sakura y Naruto seguían enfrascados en un absurdo pero cómico dialogo sobre cómo conseguirle a ella un buen marido, lleno de ademanes dramáticos por parte de Naruto, y frases terriblemente ingeniosas por parte de Sakura.

Hinata se aseguro de pagar todo y de dar unas disculpas por el escándalo, algo a lo que la señora le resto importancia con una sacudida de manos para seguir al corriente de lo que hablaban esos dos.

Esos eran ellos siendo eso, mejores amigos. Insultándose el uno al otro pero sin pensarlo realmente. Ellos dos haciendo el tonto en medio de la calle, pero juntos. Siempre juntos. Hinata sonrió por eso.

—Okey, listo, ya tengo lo que necesitaba. Vamos, andando, Naruto-kun, Sakura-san.

Ojos verdes y azules se posaron en ella, y un coro de protestas por parte de los espectadores de alrededor.

—Esta iba a ser la mejor parte—susurro el rubio— , estaba a punto de insultar su gusto en novios.

Sakura parpadeo, arreglo su cabello otra vez detrás de las orejas, y empezó a caminar

—¿Novios? Solo tengo uno. Uno bastante guapo si se me permite alardear.

—Uno que era un criminal,

—Cambia el "criminal" por un " guapo héroe de la guerra que, además, cocina delicioso".

Naruto tomo las bolsas que cargaba Hinata y le guiño un ojo. Hinata paró en seco. Naruto estaba a punto de tocar una llaga de irritabilidad en la personalidad explosiva y divertida de la peli rosada.

—Sakura, cualquiera cocina mejor que tu. Hasta un ex criminal que aprendió a alimentarse dentro de la naturaleza con cero posibilidades de conseguir una hornilla a gas.

—¡Eres un maldito desagradecido!¡No cocino tan mal! —replico ella, roja de furia.

—¡La última vez que te vi me serviste un vaso de agua y casi muero!

—¡Esas son solo calumnias!

Naruto puso los ojos en blanco.

—Yo que tu no me preocuparía. Tienes a Sasuke metido entre tus faldas, nadie además de ti podría amarlo y soportarlo lo suficiente, puedes vivir de su comida.

—Vete al infierno, Naruto. —bufo ella, sonrojada.

—Ayer creí estar en uno.

Los ojos de Hinata se agrandaron, y un brillo extraño se extendió por sus pálidas pupilas. Sakura no pudo evitar darse cuenta de esto.

El viaje a casa de los Hiuga no había ido muy bien, al parecer. Hinata necesitaba apoyo, eso estaba claro.

—Yo llego hasta acá, vine para chismear con Ino, no para discutir mis dotes culinarios contigo, idiota. —Naruto le sonrió— ¿Vienes Hinata? Hace una semana que no te veo, hay que ponernos al día—sentencio.

—Claro, me encantaría.

—Si lo estás haciendo por obligación parpadea una vez—dijo Naruto, su cara todavía llena de diversión. Sakura le dio una patada mental, el no se había dado cuenta del repentino cambio de aptitud en Hinata—. Nos sacare de aquí tan rápido como quieras.

Hinata le planto un beso en la mejilla y le susurro algo que no llego hasta los odios de la peli rosa.

Naruto le hizo una seña despidiéndose y las dos entraron por fin a la floristería de Ino.

Ino estaba saliendo de la ducha, con una gabardina azul y una toalla enrollada en la cabeza, cuando escucho la puerta de la planta baja abrirse "silenciosamente".

Su madre había cerrado la puerta con todo y seguro al salir de la casa veinte minuto antes, rumbo a casa de los Nara. Y Sai probablemente había caído medio muerto al llegar a su casa. Más nadie tenía copia de las llaves. Pero claro que eso no era impedimento para abrir una puerta.

Con sus dedos completamente arrugados, a causa de una hora completa dentro de la bañera, cogió un kunai que yacía escondido dentro de una lámpara. Puede que la misión y la falta de sueño la dejaran un poco paranoica, pero más valía prevenir que lamentar.

Coloco un poco de chakra en sus pies para silenciar sus pasos.

A medida que bajaba las escaleras el escándalo de abajo se hacía cada vez más fuerte, susurros y risas, y un jarrón que se estrello contra el piso.

Con el kunai balanceándose en una mano le dio una patada a la puerta para abrirla y blandió la hoja de acero hacia adelante.

La hoja se detuvo a mitad de camino impactando con una pálida mano, por la que resbalo un hilito de sangre. Grandes ojos verdes brillaron en la oscuridad de la tienda, furiosos.

—¡¿Qué demonios sucede contigo, puerca?! —ladró Sakura, su mano brillo en color mentol y la herida se cerro, deteniendo el sangrado.

Bueno, quizás si estuviera paranoica, nada que una buena manzanilla caliente no arreglara.

Ino suspiro con sorna y coloco el kunai en el mostrador de la tienda. A unos metros de ella Hinata prendió la luz, y le dio una sonrisa apenada.

—Lamentamos haberte sorprendido, Ino-san. No queríamos asustarte. También lamentamos lo del jarrón, estábamos buscando donde se encendía la luz.

—Oh, no te preocupes, preciosa—respondió la rubia, restándole importancia con una mano—. Ese jarrón era espantoso. Regalo de Sakura por cierto.

Sakura sentada encima del mostrador le dio una sonrisa condescendiente.

—Era un jarrón de puerquitos, no puedes negar a tu familia, Ino-pig.

—Oh, cállate, frentesota —Ino no estaba mirando a Sakura, pero sentía como está la taladraba con la mirada. Sonrió dulcemente a la morena— ¿Cómo estas Hinata?¿Qué tal la reunión con tu padre?

La morena en vez de responder atino con otra pregunta.

—Creo que eso te lo deberíamos preguntar a ti, Ino-san. Hace un momento casi apuñalas a Sakura ¿Qué tal te fue en la misión?

Ino se mostro sorprendida. Hinata nunca evadía las preguntas, menos si estas venían de ella. Con disimulo interrogo a la peli rosa con la mirada, quien solo se encogió de hombros y negó levemente con la cabeza.

Así que ella tampoco sabía que le sucedía a Hinata. Pues bien, sería su deber descubrirlo.

Renovó su sonrisa y la curiosidad la asistio como fuente de energía. Se sentó en el sillón detrás del mostrador, Hinata se recargo en uno de los pilares de la puerta, y Sakura yacía encaramada en el mostrador, justo al lado de donde antes había estado el jarrón de puerquitos.

—No es nada. La misión se nos complico un poco a Sai y a mi. Nada que destacar. Solo que no he dormido en casi tres días y mi nivel de chaka no es el mas optimo en este momento.

—Aja, y casi me matas, te falto decir eso.

—El kunai no estaba destinado a matar, sino a lastimar a lo que sea que estuviera detrás de la puerta. —explico.

—Y eso, justamente, era yo. Que coincidencia. Si sigues comportándote de esa forma tan fiera conmigo empezare a pensar que todo eso fue premeditado.

—¿Qué forma fiera? —pregunto la morena.

Sakura puso una mano sobre su cara en señal de falsa tristeza.

—El otro día me lanzo un rosa en la cara. Y el lunes, cuando vine a tomar café en la tarde, le hecho sal en vez de azúcar. Y eso por no mencionar el incidente en la clínica.

Ino chillo indignada. Hinata parpadeo en confusión

—¿No que tenias prohibida la entrada a la clínica?

—La tiene—replico Ino—, el incidente ocurrió el día en que le dieron vacaciones.

Sakura se carcajeo.

—Pego todas mis cosas con cemento ¡Al piso! ¿Puedes creerlo?

—¡Me hiciste redactar el informe del presupuesto para el orfanato, dos veces! ¡Dos! No se tu, pero yo necesitaba ver correr tu sangre. Lo peor es que después me toco quitarlo todo yo sola, porque ese estúpido engendro fue sacado a patadas del lugar.

Los ojos de la Haruno se suavizaron

—No era mi intención perder el primero informe.

—Lo sé—contesto la rubia. Sakura le lanzo un beso que ella fingió esquivar.

Hinata carraspeo y le dio una extraña mirada a Sakura que Ino no supo descifrar.

—De todas formas—continuo ella— ¿Qué se traen vosotras dos?

—Si, sobre eso—hablo tímidamente Hinata—, nosotras queríamos pedirte un favor Ino-san.

La Yamanaka enarco una ceja.

—¿Cómo cual? —pregunto suspicaz.

—Queremos que nos des unas clases—respondió Sakura, saltando del mostrador— . Unas clases de…

—¡De moda!¡Un cambio de look completo! —Interrumpió Ino emocionada—Oh, kami, Sabía yo que este día llegaría. Después de que termine con ustedes las dos dejaran de vestir esos trapos a los que llaman ropa.

—¿Qué tiene de malo mi ropa? —murmuro Hinata con ojos inquisitivos.

—Oh, no están tan mal, cariño, es solo que…

—¡No queremos un cambio de look! —gruño la otra—Queremos que nos prestes unos cuantos libros de esos que escondes de Sai y que nos enseñes un poco de esos términos extraños que usas todo el tiempo…el fanton y ese otro, que el chapoteo…el shinteo…el yo-no-se-que, que suena como "peo"

Ino chillo, una sonrisa psicópata se extendió por su cara. Empezó a golpear sus manos, aplaudiendo y dando saltitos. Hinata la miro horrorizada

—Okey, primero, no es "fanton" es Fandom; y no es ni chapoteo ni shinteo es "Shippeo" con ese y dos pe. Términos básicos, chicas —sus largas uñas se tocaban cómicamente entre sí—Si lo que querían era aprender el arte del fangirleo ¡Haberlo dicho antes! Vamos, caminen, vuestro material de estudio está en mi habitación.

Hinata y Sakura compartieron una mirada de duda antes de encaminarse a la habitación de Ino.

N/A: ¡Hola de nuevo! Primero que todo ¡Lamento tanto la tardanza! De verdad, lo siento. Los últimos meses no he estado muy conectada por acá y se que algunas creen que abandonare la historia, pero no, eso no pasara. El fic esta completico en mi cabeza, ya solo me hace falta escribirlo.

Tratare de traerles la continuación lo más rápido posible.

Se que este capítulo, al igual que el anterior, parecen más relleno que nada, pero la verdad es que he estado dándole vueltas al fic una y otra vez en mi cabeza, y hay ciertas sub-tramas que voy a abordar.

Las relaciones de las parejas y sus inseguridades por ejemplo.

Como se habrán dado cuenta, acá los personajes tienen algo, o bastantico, de occ en sus personalidades; son más tranquilos y relajados, culpen a los tiempos de paz, un poco más seguros, maduros…y hablan más, en caso de Sasuke . Espero eso no os moleste.

Lo hice así porque tengo cierto descontento con las personalidades originales planteadas por Kishimoto…también tengo un gran resentimiento por la forma en que trabajo las relaciones de los personajes, se que según él es un penoso a la hora de escribir sobre amor; Una cosa es ser penoso, otra es no saber cómo construir una relación.

Mejor dejo esto hasta acá, porque si no me sulfuro.

¿Qué tal les pareció el capitulo?¿Algo que me recomienden mejorar?¿Que creen que le pase a Hinata?¿Como logro Ino quitar las cosas del suelo si las pego con cemento?¿Que maratón de películas veía Sasuke? Eso y mucho más, en el próximo capítulo. Okno.

Me despido por hoy, GardenTheSecret.