CAPITULO VII

Damon no podía creer las palabras que salían de la boca de Elena. Había esperado tanto tiempo por ellas, que no supo reaccionar al oírlas. Solo miraba con sus enormes ojos azules la cara de la chica de la que tanto tiempo había estado prendado.

- Lo siento – soltó Elena de pronto

'¿Lo siento? ¿Pero porque me disculpo? Estúpidas palabras, salen sin que las piense… sonríe Elena, sonríe…'

- No te preocupes – dijo Damon mirándola fijamente – creo que será mejor que durmamos, después de todo lo que ha pasado debes estar agotada – observó.

- La verdad si, estoy algo cansada – contestó Elena – pero ¿si vuelven a atacar? – dijo algo asustada Elena

- No importa, no nos tomarán desprevenidos nuevamente – contestó Damon mientras señalaba algunas de las armas que pertenecieron a Alaric – algo de esto nos puede servir… ahora vete a la cama, yo me quedaré aquí contigo.

Elena sin reclamar se metió entre las sabanas de la cama de Damon. La verdad es que estaba demasiado cansada, cerró sus ojos y comenzó a dormitar. Al verla dormir, Damon se acercó a la cama y se recostó a su lado, acaricio su cabello y rodo su mano por la mejilla de la chica. Elena presa de un profundo sueño, se hizo un ovillo y se acurrucó al lado de Damon.


Caroline y Bonnie llegaron apoyadas la una en la otra a la habitación del hotel. El reloj marcaba casi las 6 de la mañana.

- Bonnie, junta las cortinas, entra demasiado sol – bramó Caroline achinando sus ojos.

- Cálmate Car, te hice un anillo para el sol – contestó Bonnie.

- Sí, pero el anillo no me protege contra la resaca – gritó Caroline, sacándole la lengua.

- No seas cría y trata de dormir un par de horas – dice fríamente Bonnie tratando de no enredar su borracha lengua – recuerda que tu vas a manejar…

- Mejor obligamos a alguien que nos lleve – rio Caroline – no llegaríamos a ningún lado, más que a estrellarnos contra un árbol – dice a chica antes de cerrar sus ojos y comenzar a dormir.

Bonnie la mira, sabe que cuando se entere de toda la verdad, Caroline jamás la va a perdonar. Tiene que continuar con su mentira, y engañar a Klaus en el camino.


Damon se levantó muy temprano aquella mañana. No había pegado ojo en toda la noche. Elena aun estaba dormida, acurrucada en su cama y con la polera que le había sacado la noche anterior. Damon pensaba en lo que ella le había dicho poco antes de dormirse 'Solo he sido una niñita estúpida queriendo ocultar lo que siente… y ahora… solo quiero estar contigo, Damon.' Con esas palabras lo sorprendió, él solo pudo abrazarla y acurrucarse a su lado hasta que ella cayó presa del cansancio.

Damon sabía que eso podía ser como el beso que se dieron en Denver, en el momento dinamita pura, y al día siguiente un secreto que ocultar. Probablemente sería mejor ser cauteloso, Elena le había demostrado una y otra vez que cada vez que pasaba algo entre ellos, los días siguientes lo trataba como si nada hubiera sucedido. Además se había disculpado… aunque aun no entendía porque.

Se levantó de la cama, se cambió de ropa y bajó las escaleras, sin despertar a Elena. Vio el desorden que había quedado en el salón y se dispuso a limpiarlo. Cogió cubeta y mopa, y empezó a trapear el piso donde estaba su sangre esparcida. No podía quitarse de la cabeza aquel fragmento de noche que le faltaba… quien lo atacó y porque. Claro, atendidas las circunstancias, solo podía ser obra de Rebecca, pero ella no era de aquellos que te obligaría a olvidar que te hizo daño, trataría que lo recordases a fuego en tu mente. Seguir dándole vueltas tampoco iba a ser beneficioso, con esos antecedentes lo mejor sería buscarse otro sitio donde vivir, para evitar que los pillasen por sorpresa nuevamente. Pensar en ello no sería sencillo, así que mientras trapeaba pensaba en las posibilidades con las que contaba. Podía buscar en las afueras de la ciudad algún sitio, pero en tanto no regresara Caroline, no podía dejar sola a Elena.

Elena abrió los ojos y se dio vuelta en la cama. Notó que Damon ya no estaba. ¿Acaso se habría molestado por lo que le dijo la noche anterior? Quizás solo estaba un poco confundido, más que mal, jamás Elena le había dicho lo que realmente pensaba. ¿O sería que ahora que lo había escuchado había dejado de importarle?. Tal vez haberse disculpado lo dejó peor… Tendría que averiguarlo, pero ¿cómo sin quedar como una desesperada? Corrió a su habitación a tomar una ducha y cambiarse de ropa, si bien era lo más agradable del mundo estar con el aroma de Damon tan cerca de sí, debía vestirse normalmente para ver que tal estaban las cosas. Su reloj marcaba cerca de las 10 de la mañana. Tras la ducha escogió un short de mezclilla y una camiseta a rayas. Se puso perfume, se calzó sus zapatillas y se dispuso a afrontar un nuevo día. Sintió que Damon se encontraba en el salón limpiando el desastre de la noche anterior, cuando se dio el ánimo de bajar, el nerviosismo y la incertidumbre le jugaron una mala pasada: tropezó y rodó por las escaleras sin que nada pudiera detenerla.

Damon sintió el golpe y corrió a ver que sucedía. Cuando llegó encontró a Elena sin sentido y tirada en el descanso de la escalera. Damon la tomó en sus brazos y la llevó al sillón. La recostó y trató de despertarla. Elena no reaccionaba, pero por lo que el pudo notar, solo se encontraba desmayada. Decidió entonces esperar a que despertara. Apartó el cabello de su rostro y le acarició suavemente la mejilla.

Cuando terminaba de limpiar y ordenar la sala, la puerta de entrada se abrió y apareció una Caroline en deplorable estado.

- ¡¿Pero que te pasó Caroline?! – le gritó Damon

- Schhhhhhht! - dijo Caroline poniendo el dedo índice en su boca – No me hables tan fuerte, me duele la cabeza, tomé un poquito mucho, y ahora me duele todo

- Tremendo fiestón que te pegaste, Barbie – dijo Damon riendo – Ahora vete a bañar y duerme un rato, el olor a ginebra barata que traes me da asco.

- Hey! No era "barata", era buena ginebra, ok? – contestó Caroline – y para que sepas, no eres ni mi papá, ni nadie para darme órdenes – le grito

- Sé que no soy nada de eso, pero necesito que estés sobria para que te quedes a jugar a la niñera con Elena mientras yo salgo. En tanto no se te pase la borrachera es mejor que no bajes – dijo en un tono autoritario Damon

- Ok 'papá' – contestó Caroline mientras comenzaba a subir la escalera con cara de puchero.

Damon no pudo sino sonreír ante aquella escenita. Caroline le había puesto cara de niña recién regañada que le hizo soltar una sincera carcajada. Tomó su notebook y buscó por un par de horas en internet propiedades que le pudieran servir de refugio, pero ninguna parecía agradarle. Necesitaba una que tuviera varias habitaciones, y en lo posible alejada del pueblo. Como extrañaría el salir de su cama y entrar a su bañera. Aparte Caroline y Elena necesitaban un baño propio, para que se sintieran a gusto, lo cual hacia que las opciones se redujeran bastante. Escuchó a Elena quejarse, por lo cual se acercó al sillón para ver que tal estaba.

- Buenas tardes, parece que hoy no despertaste con el mejor pie – dijo Damon mostrando su habitual sonrisa.

- No te burles… auuuu… todavía me duele – dijo Elena sobándose la nuca – perdí el equilibrio y todo se fue a negro.

Elena obviamente mintió, ¿Cómo iba a reconocer que en realidad se tropezó por estar pensando en él? Primero tenía que ver que tal estaban las cosas, y claramente el mostrarse tan torpe, no haría que se viera mejor.

- Elena, ¿desde cuando no comes? – preguntó algo preocupado

- Sabes bien que desde ayer por la mañana – contestó la chica

- Puede ser eso entonces por lo que sigues tan débil, llevas poco más de un día sin comer. Anda, siéntate – dijo Damon mientras se subía la manga de su polera – Vamos, tienes que beber – dijo ofreciendo su antebrazo a Elena.

Elena comenzó a beber de Damon como lo llevaba haciendo desde hacía un tiempo. Cuando se sintió satisfecha, soltó el brazo del chico, sin presiones, sin que la obligaran, se limpió las comisuras de los labios y le agradeció.

- ¡Bien Elena! – sonrió Damon – creo que ya te estás controlado con todo esto. Se me ocurre una idea… en un rato saldremos juntos, así ponemos a prueba tu control. Si algo sale mal, te traigo de vuelta a la casa, ¿te parece?

- ¿Y donde se supone que vamos? – dijo entusiasmada Elena. Desde que se había convertido, no había salido de la casa a la luz del día.

- Eso es una sorpresa, pero vístete como una señorita respetable – contestó riendo Damon


Bonnie caminaba a casa de su abuela con unos grandes anteojos de sol. La noche de fiesta con Caroline la había dejado peor de lo que esperaba. Sentía que su cabeza palpitaba y un dolor comparable solo con tener una estaca atravesada en el cerebro la tenía descolocada. Tenía una sed tremenda, que no calmaba ni con los tres litros de agua mineral que ya había consumido. La verdad, contra la resaca, sus dones de bruja no le servían de nada. Entró a la casa y cerró la puerta. Sintió que la tomaban del cuello y la tiraban contra la pared.

- ¿Porque no me dijiste que Elena había muerto, brujita? – preguntó un cabreado Klaus

- Porque yo tampoco lo sabía… lo supe hace poco Klaus – balbuceó Bonnie sobándose el cuello cuando Klaus la soltó – recuerda que estuve mucho tiempo contigo en el piso de Ric, y no cogía las llamadas telefónicas de mis amigos, a sugerencia tuya…

- Mmmm, ya veo – dijo Klaus dando unos pasos por la habitación – ¿y supiste como fue que murió?

- Bueno, después que la drenaste, tuvo un derrame cerebral y la doctora Fell le dio sangre de vampiro que tenía guardada… y la noche de tu "muerte" Rebecca la arrojo por el puente cuando iba en la camioneta de Matt. Eso es lo que yo supe.

- ¿Y sabes donde se metió mi hermanita? – preguntó

- Sé que se fue con Elijah, pero no tengo idea de donde – contestó Bonnie

- ¿Cómo van nuestros planes? – preguntó de pronto Klaus.

- 'Tus planes' querrás decir… bueno, Caroline me ayudará a encontrar a Abby, le dije que quizás podría traer de vuelta a Tyler

- O sea que no se espantaría demasiado si me ve por allí – sonrío Klaus

- Klaus, necesito que no te aparezcas por acá, Caroline vendrá de vez en cuando, y si te ve, tus planes se irán a la basura.

- Ok, no vendré, pero como me la juegues, te enterarás de lo que soy capaz – amenazó Klaus – Como no me cojas una sola llamada, me las pagarás.

- Créeme cuando digo que lo sé Klaus, solo quiero estar a solas con mi amiga para tratar de arreglar todo este tema, y que tu estés acá es un poco peligroso.

Klaus tomo su chaqueta y salió de la casa. No le faltaría con que entretenerse.


Elena ya estaba en su habitación buscando que ponerse. Eso de señorita respetable llamaba su atención. Por fortuna, Caroline se había encargado de llevar a la mansión toda su ropa y accesorios, así que ya tenía planeado como se vestiría. Miró hacia la cama, y Caroline seguía inmersa en su sueño. Elena buscó la ropa, maquillaje y joyas para obtener el atuendo perfecto. Se maquillo suavemente, y solo se puso brillo labial. Se vistió con un vestido tipo jumper hasta la rodilla en color gris, con un cinturón negro a la cintura, un chalequillo manga ¾ corto, en color marengo, zapatos y cartera negros. En cuanto a su joyería, optó por el conjunto de cuarzo turmalinado en cuentas circulares que pertenecía a su tía Jenna.

Caroline despertó y vio a Elena lista para salir.

- ¿Y tú? ¿Dónde crees que vas? – inquirió la rubia

- La verdad no tengo idea, Damon me pidió que me vistiera así, que había algo que teníamos que hacer – contestó Elena sin dejar de arreglar su cabello ante el espejo

- Woow! Salgo por una noche y ustedes parecen recién casados – bromeó Caroline - ¿hay algo de lo que quieras que conversemos?

Caroline notó como las mejillas de Elena se ruborizaban con furia.

-¡ELENA! ¿Qué pasó? – inquirió la rubia

- A la vuelta conversamos, pasaron muchas cosas anoche… - confesó Elena - Caroline, alguien entró anoche y atacó a Damon… no sabemos quien fue…

- ¡¿Qué?! ¿Cómo?

- Eso, anoche entraron y atacaron a Damon, él me dijo que me escondiera en la escotilla del pozo de cambio de aceite, y ahí espere, no vi ni escuche nada, pero cuando volví a la casa Damon estaba tirado en la sala y bañado en sangre – recordó Elena – y cuando le pregunté quien había sido, no podía recordarlo.

- Eso significa que un original estuvo aquí – contestó Caroline – maldita la hora en la que salí anoche, al menos sabríamos a quien nos enfrentamos ahora…

- Probablemente Rebecca… por eso cuídate Car, no quiero que te pase nada – dijo Elena

- No te preocupes – yo estaré bien - ¿Le avisaron a Stefan?

Stefan… recién ahora Elena se acordaba de Stefan… ¿acaso no habría llegado la noche anterior?. Quizás pasó la noche fuera, la verdad hasta ese momento ni siquiera se había detenido a pensar en él.

- No Caroline, creo que no llegó anoche – soltó la chica

- ¿Crees o no llegó? – volvió a preguntar Caroline

- No lo sé Car, no he ido a espiar a su habitación – contestó Elena

- Bien, si lo veo le cuento. Ahora ve con Damon, romperá el piso de tanto paseo a un lado y otro – bromeó Caroline

Elena dio un beso en la mejilla de su amiga y se dispuso a bajar para acompañar a Damon. Bajó la escalera tranquilamente, y se encontró con Damon vestido con un traje negro y camisa gris sin corbata.

Damon no pudo ocultar la sonrisa al ver a Elena. Se veía muy bella con aquella ropa.

- ¿Estás lista? – preguntó el chico ofreciendo su brazo

- Si, pero aun no me dices donde vamos – contestó Elena

- Bueno, hoy jugaremos a buscar un nuevo hogar – sonrío Damon – tengo algunas propiedades vistas, así que te toca tomar la decisión final.

Elena rio. Hacía mucho tiempo que estaba encerrada en aquella casa, y no quería que nada le estropeara esta salida. Además, se había vuelto una casa insegura para ellos. No sabían quien atacó ni que quería. Caroline se asomó a despedirse de los chicos. Cuando volvía a su habitación su teléfono comenzó a repicar.

- Caroline, tengo todo listo, ¿puedes venir a verme? – pregunto Bonnie desde el otro lado de la línea

- Salgo de inmediato – contesto Caroline colgando la llamada al instante.


Matt recibió a Jeremy con una sonrisa. Ya había vuelto a trabajar en el Grill, y ver a Stefan solo y bebiendo lo alarmó. Llamó a Jeremy para que tratara de hablar con el. No era normal que comenzara a beber tan temprano.

- Hola Stefan – saludó Jeremy

- Que quieres Jeremy, vete de aquí, quiero estar solo – gruñó el vampiro.

- ¿Stefan que paso? ¿Elena está bien? – preguntó preocupado el chico

- Mas que bien, pero ¿porque no le preguntas a Damon? El de seguro te puede dar mejores informes de tu hermanita – contestó crudamente Stefan.

- ¿Qué quieres decir? ¿Elena y Damon están juntos? – inquirió Jeremy.

- Si… están juntos… muy juntos… - contestó Stefan – no es como que me extrañe demasiado, fue mi culpa por todo lo que hice, Damon solo aprovechó su oportunidad…

- Ni que lo digas – soltó Jeremy – me temía algo así después de lo que vi en el motel de Denver

Stefan tomo la botella de whisky y tomo directamente desde ella. Soltó un gran suspiro y se levantó de la mesa.

- Tengo que irme Jeremy – dijo con tristeza – gracias por abrirme los ojos.

Jeremy se quedó sentado un par de segundos hasta que pudo reaccionar. Stefan estaba cabreado… y ebrio. Esa no era la mejor combinación, hizo una seña a Matt y salió corriendo tras él. Lo vio irse tambaleando por las calles, y decidió seguirlo con cuidado.

Stefan entró en la casa que había pertenecido a la familia Jones. Hacía muchos años había muerto la señora Jones, y allí ya nadie habitaba, lo cual lo hacia la casa perfecta para un vampiro. Jeremy se acercó un poco más y vio como Stefan besaba febrilmente a Elena. ¿Acaso no le había dicho recién que ella estaba con Damon? Jeremy se acercó un poco más para poder escuchar lo que estaban hablando.

- Tenías razón Kat… Elena eligió a Damon – dijo con tristeza Stefan

- Te lo dije cariño, pero tu sabes, yo siempre te escogeré a ti – dijo la vampiresa mientras estampaba un beso en los labios del chico.

Jeremy no podía dar crédito a lo que veía, ¿acaso Stefan estaba con Katherine? ¿Acaso eran ellos quienes aparecían en sus visiones? Decidió volver para contar a Matt todo lo que había visto. Si buscaba a Damon, probablemente todos acabarían muertos… No, tendría que correr por su cuenta, y buscar apoyo en Matt… ahora no podía contar con nadie más.


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