Capítulo 6. Ironía

La luz de la mañana alumbraba con esplendor las tranquilas calles de la Cuidad de Tomoeda, pacífica, en calma, en silencio. Un silencio que se rompe con el primer rose de las llantas de algún automóvil sobre el pavimento, un sedan rojo que salía del garage de una casa amarilla con tejado azul, mientras que un hombre de 26 años, tez trigueña, cabello y ojos oscuros, una sudadera blanca, unos jeans y tenis, alto y apuesto se despedía con la mano del conductor del auto observando como se perdía de vista al doblar la esquina. En eso, siente una suave vibración en la pierna, mete la mano a su bolsillo y encuentra un celular plateado.

"¿Sí? Habla Kinomoto"- contestó el joven trigueño.

"Buenos días Touya, mi vida, ¿como amaneciste?"- le comentó con dulzura.

"Hola Yuki"- dijo mientras una sonrisa se le dibujaba en sus labios- "Muy bien, mi padre se acaba de ir, y tu cielo, ¿como amaneciste?"

"Muy bien, gracias por preguntar. Por cierto, sabes que día es hoy ¿verdad?"- le dijo de manera pícara.

"Por supuesto, como olvidarlo. ¿Entonces que haremos?"- le dijo con alegría en su tono de voz, cosa rara en él, pues la mayor parte del tiempo era serio y su voz demostraba monotonía, en cambio, al hablar con el dueño de su corazón, parecía como si aquella fría manera de comportarse se esfumase por completo, dejando ver al dulce, tierno y amable hombre que se encontraba en su interior, un interior el cual solo Yukito Tsukishiro ha visto.

"Pues, estaba pensando en que podríamos ir un rato a patinar y después a comer, y después a algún lugar que se le ocurra a tu bella mente, amor."

"¿Eso lo pensaste tú o alguien te pidió que me dijeras eso?"- dijo con intriga, sabiendo bien que cuando el vacilaba un poco era por que alguien había intervenido en sus decisiones, en todo caso, un alguien con el nombre de Sakura a quien siempre acompañaba su cómplice Tomoyo. Lo conocía demasiado bien como para no saber que ocultaba algo- "Entonces, ¿que es lo que esta planeando el mounstro?"

"Touya se supone que debería de ser sorpresa, no puedo decirte o Sakura se enojará mucho por haberte revelado la sorpresa"- le dijo a modo de súplica.

"A pero no importa que yo me enoje ¿verdad?"- dijo de manera burlona.

"Claro que me importas cielo, mucho más que nadie. Pero es por que me importas no puedo revelarte la sorpresa o de lo contrario no te sorprenderás cuando la veas."- argumentó.

Touya suspiró- "Bien, seguiremos el plan de Sakura como si no supiera yo nada."

"Muchísimas gracias mi amor, entonces nos vemos en media hora. Todavía tengo que levantar al flojo de mi hermano"- comentó.

"De acuerdo, nos vemos en media hora. Cuídate mi amor. Por cierto, ya te dije ¿cuanto te extraño y cuanto te amo?"- preguntó.

.-.-.-.

En un cuarto amplio, de paredes en tonos pastel decorado con algunos muebles, que estaba aún a oscuras, se encontraban dos cuerpos, descansando como si nada más importase, como si realmente no hubiera nada que hacer aquel día. Pero ese es el problema, sí había que hacer y muchísimas cosas, y lo peor de todo, tenerlo listo antes de las 6 de la tarde, lo bueno era que apenas eran las 7 de la mañana, aún tenía 11 horas antes de ponerse ha preparar todo para aquella tarde.

Uno de los cuerpos, blanco cual porcelana y de exquisitas facciones que contrastaban perfectamente con su cabello aplomado, se levantaba con pereza, sabiendo lo que debía de hacer, era tal vez por eso que le costaba tanto trabajo salir de la cama, después de todo, se encontraba junto al cuerpo de una joven trigueña, muy bella a decir verdad, y cabellos castaños, con la que había pasado una noche fantástica, no quería dejar el calor de aquel cuerpo, pero debía hacerlo o de lo contrario, terminaría por lamentarlo.

Resuelta, se desperezó y paseó su cuerpo desnudo hacia el armario, tomó una bata de baño y se dirigió hacia la ducha, aún estaba con los ojos cerrados hasta que al pararse frente al espejo se obligó ha abrirlos, mostrando sus ojos de zafiro.

"Juró que no volveré a comer así"- pensó mientras se lavaba la cara- "¿Como fue posible que le dijera todo aquello a él? ¡Apenas lo conozco! Igual y es como todas las demás personas… De verdad, espero que no lo sea o me sentiré miserable"- durante dos días se había hecho aquella pregunta y aún no encontraba la respuesta, eso la inquietaba.

Sí, ya habían pasado dos días y lo más que había sabido de Eriol era que por el momento tenía muchas cosas que hacer por parte de su maestría y muchas más en su casa, información dada por el mismo Li, quien había encontrado el día anterior a Sakura. Después de aquella salida, los cuatro se habían mantenido lo suficientemente ocupados como para poder contactarse y ese día, no sería muy diferente por lo visto.

¿Ambas querían verlos? Sí, aún cuando Sakura haya visto al chino, sólo había sido de regreso a casa y le había ayudado con algunos víveres, porque fuera de eso, no habían coincidido en ningún lugar. Y a pesar de eso, sentían la necesidad de saber acerca de ellos.

"Malditos flechazos"- se quejó mentalmente la tanzanita.

"Tomoyo"- avisó Sakura desde fuera del baño después de bostezar.

"Dime Sakura"

"Debes… de…asoer oel postl"- le dijo bostezando la trigueña quien llevaba una bata rosada.

"¿Qué?"- preguntó enarcando una ceja.

"Dije…"- bostezó cual león- "Que debes de hacer el pastel, recuerda que tenemos de terminar de decorar la casa antes de las 6"- tallaba sus ojos con suavidad, como si fuera niña pequeña.

"Sí lo sé"- aseguró- "Lo bueno es que hoy no me toca ir a trabajar, pero recuerda que tengo entrenamiento de Kick, debo de llegar en… ¿Qué hora es?"- le preguntó apenas siendo consciente de que no sabía en realidad que hora era cuando despertó.

"No tengo la más mínima idea"- dijo mientras aún se tallaba los ojos, aún no se levantaba por completo, estaba más dormida que despierta y le costaba mucho ver bien.

"Las tres, treinta"- les dijo Touya al momento de pasar frente a la puerta del baño con la canasta de ropa sucia.

"¡LAS 3:30!"- gritaron al unísono Tomoyo y Sakura.

"No kaijuu y elfa. Son las 8 de la mañana, ya era hora de que se levantaran"- les dijo desde el cuarto de lavado.

"¡ONIISAN! ¡No me digas así! ¡¿Por que a ella le das un cumplido y a mí me dices algo horrible?!"- le dijo Sakura falsamente indignada.

"Por que ella no es un kaijuu tragón come almohadas, y además ¿quien dijo que me refería a ti?"- preguntó enarcando una ceja.

"Hmpf… eso no es justo. Ves te tiene preferencia, me debes un helado."- le dijo a Tomoyo al momento en que ella entraba al baño a lavarse la cara.

Tomoyo sacó el cepillo de dientes de su boca- "De acuerdo, pero tu me debes una salida al cine"- le dijo metiéndoselo de nuevo.

"¡¿Yo?!"- a lo que Tomoyo asintió ferviente- "Ah, sí, es verdad"- suspiró resignada.

Casi todas las mañanas era lo mismo, al bajar a desayunar o a bañarse y Touya llegaba a verlas, a una le decía algo lindo, mientras que a la otra le decía algo horrible. Por lo regular era su hermana la que recibía un comentario horrible, sólo una vez fue Tomoyo la que recibió un comentario horrible y eso por que el día anterior había hecho competencias con Sakura de haber quien comía más rápido el helado, dándoles frío cerebral y dejándoles un leve dolor de cabeza durante varios minutos. Razón por la cual, desde entonces, hicieron una apuesta y por cada vez que Tomoyo recibiera un halago le compraría un helado a Sakura, mientras que por cada vez que Touya llamara kaijuu a su hermana, Sakura le pagaría una salida al cine.

Tomoyo tomó una toalla del armario de blancos y abrió la llave de la bañera.

"Sakura, ¿podrías cerrar la puerta?"- así lo hizo- "Bueno pues me queda 1 hora antes de ir al entrenamiento. Dime ¿de que hago el pastel?"- mientras que ella se metía a la bañera.

"Pues… Déjame pensar"- dijo al momento de sentarse en el piso frente a la bañera con las piernas cruzadas- "Que te parece si lo haces de vainilla con fresas y cubierto de mosse de fresa"

"Sí podría ser… Mmm, ¿y si lo hago de duraznos con vainilla cubierto de crema de vainilla?"- sugirió mientras trenzaba su cabello.

"Sí, podría ser…"- dudó la joven mirando al techo y aunque el tema principal era ese, en su mente, había otra cosa que la mantenía ocupada.

Flashback

"Muchas gracias"- respondió la castaña al recibir los víveres pero al colgar, el mismo peso de las verduras logró romper la bolsa- "¡Ay no!"- exclamó la joven al ver como comenzaban a rodar las cebollas por la calle y de inmediato, corría tras ellas.

Una mano levantó estas y las puso frente a ella cuando iba a agacharse por ellas- "Toma, Sakura"- la joven lo miró a los ojos y pudo reconocer esa profunda mirada ambarina- "¿Estás bien?"- preguntó al ver que no contestaba.

La joven se sonrojó y simplemente asintió- "Gra-gracias Syaoran"- agradeció de forma tímida.

El hombre miró las cuatro bolsas que llevaba en una mano y las tres que llevaba en la otra, por lo que tomó cuatro y después dos pero Sakura quiso jalar todas para evitar que las cargase.

"No es necesario"- decía apenada al tiempo de jalarlas.

"No es molestia"- aclaró el castaño intentando evitar que las rompiera.

Sakura jaló un poco más y logró que todos sus víveres cayeran al piso cuando estas se rompieron de las azas.

La cara de estupefacción de Sakura y sorpresa de Syaoran se hicieron mayores cuando un par de perros corrieron por la carne y el pan y comenzaron a devorarlos.

La ojiverde suspiró resignada- "Ahora tendré que comprar más"- se agachó y comenzó a recoger las pocas cosas que quedaban.

"Muchas gracias"- agradecía el chino desde afuera de la tienda con varias bolsas en los brazos, Sakura lo vio desconcertada y el joven sonrió- "Esta bolsa será menos probable que se rompa"- aseguró el joven al abrir una de color verde que parecía de tela.

La castaña miró la bolsa, al joven, a la bolsa de nuevo y gritó de sorpresa- "¡No, no era necesario!"- exclamó la joven moviendo sus brazos a sus costados.

Li sonrió y rió- "Eres muy bonita cuando haces pucheros"- comentó, no sólo sonrojándola a ella sino también a sí mismo- "Te acompaño a tu casa"- sugirió el chino queriendo obviar su coqueteo y la joven frente a él asintió siguiéndole la corriente.

Comenzaron a caminar en silencio y Sakura sentía un tremendo nudo en su interior pues aunque el gesto del chino le había encantado, debía admitir que no era correcto o al menos a ella, eso lo parecía. Buscó en su bolsa y tendió su mano.

"No"- le dijo al ver el dinero- "Fue en parte mi culpa por haber jalado las bolsas"- contestó el castaño, mirándola de reojo.

"Pero no es correcto que pagues por la comida"- aseguró- "Fue un descuido mío"

El joven la miró de reojo -"Pero aún así, debí haberte preguntado en un principio"- rebatió.

Sakura miró el dinero y después lo metió en la bolsa trasera del pantalón del chino -logrando que este sintiera un escalofrío y su rostro se tornara completamente rojo- sonriendo de forma triunfante, sin percatarse en realidad de lo que había hecho. Obviamente, Syaoran se quedó inmóvil unos segundos para después caminar forzadamente hacia ella.

"¿Y cómo han estado?"- preguntó la castaña y al no recibir respuesta, miró sobre su hombro a un sonrojado chino- "¿Estás bien?"- preguntó desconcertada y este asintió mecánicamente y la joven sonrió para preguntar de nuevo- "¿cómo han estado? Tiene un par de días que no nos vemos"- comentó como si nada.

El ambarino agitó su cabeza para despejar su mente- "Si, lo que pasa es que hemos estado bastante ocupados. Eriol con lo de su maestría y ambos con la casa, necesita muchas reparaciones y apenas nos damos abasto entre dos"- aclaró.

"Entiendo"- aseguró desanimada.

Syaoran la miró de reojo y un suave rubor le cubrió las mejillas- "Bue-bueno, a decir verdad, Eriol ha deseado ver a Tomoyo aunque ha sido difícil incluso poder comprar algo para comer"- comentó algo nervioso, Sakura le sonrió con dulzura, desconcertado un poco al chino- "¿Todo bien?"

La joven asintió- "Eriol parece interesado"

"Lo está"- aseguró- "Dice que quisiera ser algo más que un buen amigo"- le soltó pues al darse cuenta de ello.

La joven sonrió ampliamente antes de abrir el portón de su casa y saltar a las escaleras- "¿Quieres venir a cenar?"- preguntó de forma tímida, retorciendo sus manos.

El chino sonrió de lado pero suspiró desanimado- "Me encantaría, es sólo que... Hoy no puedo"

"Ya veo"- dijo en el mismo tono- "Entonces, supongo que mejor será otro día"

"Tal vez pase por aquí mañana"- comentó nervioso y por respuesta recibió un beso en la mejilla, para después ver desaparecer a toda prisa a la joven detrás de la puerta de su casa.

Fin del Flashback

Vaya que había sido un encuentro inesperado y el hecho de escuchar que el inglés tuviera interés en su prima, le hacía sonreir.

"Sakura, ¿estás bien?"- preguntó la pelinegra al ver que la joven no esuchaba sus sugerencias.

La joven la miró al rostro y se ruborizó al notar lo distraída que estaba-"Yo... eh.. si"- contestó nerviosa.

La pelinegra le miró desconcertada pero sonrió- "Supongo que pensabas en Li, ¿no es así?"- comentó y la esmeralda rió nerviosa.

"¿Tomoyo, puedo hacerte una pregunta?"- preguntó al sentirse examinada por su prima, desviando un poco su atención.

"Dime"- accedió mirándola con sospecha de arriba a abajo. Sabía que algo ocultaba, pero por lo visto no habría de decirle en ese momento.

"¿Por que sigues con Josh? Digo, tu ya no sientes nada así enorme por él."- preguntó curiosa y la pelinegra se limitó a rodear sus rodillas con sus brazos.

Lo cierto era, que sentía una confusión muy grande dentro de sí. Por un lado, Josh había sido su mundo por casi dos años y decirle adiós sin mayor pena ni gloria, le provocaba preguntarse ¿si alguna vez de verdad lo habrá amado? ó ¿si era un mero destello de lo que parecía amor y la fuerza de la costumbre había terminado por abrirle los ojos? Mientras que por el otro lado, estaba Eriol. Un hombre al que acababa de conocer, que no dejaba de pensar en él y con quien deseaba tener una relación de 'más que amigos', lo que la sorprendía y la confundía aún más, pues jamás pensó que sus sentimientos pudieran revelarse en su contra y la mostrase contra aquel extraño de esa forma.

De hecho, de sólo recordar la cercanía con la que se encontraban en la góndola, cuando le mostraba la ciudad desde aquella altura, le hacía sentir una especie de vacío y escalofrío en el interior de su estómago, su cuerpo se estremecía de sólo recordarlo.

Daidouji suspiró- "No lo sé Sakura, tal vez tome el consejo que Eriol me dio"- respondió algo taciturna.

"¿Eriol te dio un consejo?"- preguntó interesada.

Asintió- "Sip, me dijo que lo dejara"- comentó- "Que si no lo quería lastimar, que mejor dejara las cosas por la paz"- contestó- "¿Y por qué no? ¿Qué me detiene?"- se preguntaba.

"Al parecer Eriol quiere ir en serio con mi prima"- pensó más interesada, no sólo rectificando lo que decía Syaoran sino el actuar del inglés- "¿Y tu que piensas?"- cuestionó, sabía a la perfección lo complicada que podía ser su prima cuando se lo proponía y el punto de involucrar sus sentimientos, hacía de la situación mucho más delicada.

"Pues…"- suspiró- "No lo sé, tengo que pensarlo"- respondió evadiendo la mirada de Sakura, pues si bien una parte quería decir que 'SÍ' con todas sus fuerzas, había otra que le hacía cuestionar sus acciones, por muy mínimas que fueran e incluso, se sacaba de quicio ella sola.

"Tomoyo, ¿que tanto te gusta Eriol?"- puntualizó, sorprendiendo a su prima.

"Hmpf, ¿que-e quieres decir con eso?"- le miró desconcertada y levemente sonrojada.

"Tú sabes que quiero decir con eso"- acusó la castaña, mirándola con sus ojos entrecerrados.

"Ay Sakura, seamos coherentes, apenas lo conozco, hace dos días que no nos vemos y tú piensas en cosas ya formales"- dijo tratando de sonar indiferente.

"Bueno pues parece que a él le gustas mucho"- comentó con desdén, alzando sus hombros.

"¿En serio?"- le miró con atención.

Sakura alzó una ceja con escepticismo, pues no la conocía bien y sabía que mentía- "Tomoyo…"

"Sakura, yo no soy la que esta saliendo con el "hermano" de Eriol"- respondió burlona haciendo las comillas con sus manos.

"No, yo no salí con Syaoran, me lo encontré en la tienda y el me acompaño hasta acá"- argumentó sacando su lengua.

"Ajá"- dijo al momento que la salpicaba.

"¡Hey!"- Tomoyo soltó una risita y la miró de manera pícara- "Además ¿cual es el problema con que salga con él? después de todo yo no tengo novio"

.-.-.-.

"¿Qué sucede Syaoran?"- preguntó apurado, sujetando el celular entre el hombro y su rostro.

"Eh..."

"Syaoran, ya hablamos de esto"- aclaró- "Es completamente normal y sensato, no tiene nada que ver con el corazón"

"Claro, para ti es fácil decirlo"- resongó.

Eriol cambió los moldes y después alargó su mano para tomar la espátula- "No es eso Syaoran, es sólo que..."

"Señor Hiiragizawa, espero que esa llamada sea de vida o muerte, de lo contrario espero que de prioridad a la clase, terminándola en este instante"- advirtió el sensei.

"Te hablo luego"- dijo rápidamente antes de colgar sin darle tiempo al chino de replicar.

Syaoran miró el celular con desaliento y de inmediato lo dejó sobre la mesa de la cocina. No podía dejar de pensar en que el hecho de estar embobado por una niña de cara bonita y hermosos ojos verdes que le sorprendía con su inocente manera de ser, era una situación complicada. Primeramente, porque Sakura era menor que él por 6 años y lógicamente, sería como su novio-novio, tendría que actuar como algo que no había sido desde hacía mucho y que no estaba seguro que fuera bueno serlo. Segunda, el tenía un sin número de razones por las que no podía ser novio de la joven en cuestión y se resumían a 'no-volver-a-enamorarse', punto. Y tercero, para su desgracia, su cuerpo parecía estar reaccionando de forma positiva hacia la joven ojiverde, lo cual le sacaba de quicio de sobremanera pues no podía creer que no fuera capaz de mantenerse a raya y obligar a su cuerpo a hacerle caso, lo que le demostraba que su mente no era tan fuerte como quería mientras que su corazón cedía con placer y hasta con malicia.

"Estoy perdido"- dijo al dejar caer su cabeza sobre la encimera- "¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella?"- se reprochó mentalmente. Estaba más que harto de pensar en ello y Eriol le había un comentario bastante, eh, acertado- "¡Pareces una niña, Syaoran!"- le había dicho el pelinegro con cierta burla y de sólo recordarlo, estrujó con violencia el periódico que había comprado en la mañana- "Maldito Eriol"- murmuró molesto, con la barbilla sobre la mesa, viendo la textura de la misma, como si fuera lo más interesante del mundo.

Envidiaba al su idiota tío-primo, pues se tomaba las cosas con mucha tranquilidad ¡hasta con filosofía! y algo que a él, como este caso, lo sacaba de quicio; el mismo Eriol no enloquecía, sino que dejaba que fluyera tranquilamente hasta que se encontraba empapado y hundido. Pero no, no se caía, en cambio lo veía como un hecho para reflexionar y aprender de él, trataba de retroalimentarse de la experiencia, fuera buena o mala. Mientras que él...

El joven de ojos chocolate suspiró de nuevo y trato de buscar una solución sin tener que involucrarse demasiado. No quería lastimar a la joven y ciertamente no quería salir lastimado. Entonces, sus ojos se abrieron con sorpresa.

"¿No quiero lastimar a Sakura?"- se preguntó confundido y sorprendido- "¿Por qué no?¿Qué la hace tan diferente a las demás?¿Cuál es la diferencia entre ella y otra chica más?¿Por qué?¿Por qué me interesa?"- su frustración comenzaba a elevarse y mientras más preguntas se hacía, más se daba cuenta de las decisiones que inconscientemente estaba tomando y que su corazón hacía- "Demonios"- murmuró al darse en la cabeza contra la mesa, de nuevo- "Será mejor que me distraiga"- se dijo desesperado.

Caminó por toda la casa hasta llegar a la biblioteca, buscando algún libro que no haya leído y que pudiera captar toda su atención pero después de repasar el cuarto estante, suspiró desalentado.

"Sería fácil apartarme y simplemente dejarla de ver, pero..."- miró por la ventana y volvió a suspirar- "Al parecer, el destino se empeña en ponerla en mi camino"- se dijo al recordar su encuentro el día anterior.

Necesitaba aclarar sus ideas, poner las cartas sobre la mesa y decidirse. Salió de su casa y comenzó a caminar sin aparente dirección, aunque sus pies lo dirigían a cierta casa en específico.

.-.-.-.

Al salir del plantel, marcó varias veces al celular del chino pero constantemente le mandaba al buzón- "Seguramente esta lejos del celular o lo tiene apagado. Tanto drama para algo tan sencillo"- se dijo girando sus ojos con hastio. La noche anterior Syaoran le había platicado sobre su particular encuentro con la ojiverde, y el punto al que habían llegado era- "Simplemente quieres estar con ella"- algo que no dejó tranquilo al castaño y que provocó que empezara un monólogo sobre la diferencia de edades, culturas, las tradiciones de su familia, su edad, lo que habían acordado, su edad... Eriol suspiró- "No puedo creer que se esté ahogando en un vaso con agua"- y es que, a pesar de lo tranquilo que pueda verse, el también tenía sus dudas al respecto.

No era para menos, ni para tomarlo a la ligera, simple y sencillamente, quería dar un paso adelante pero sentía que no podía darlo, no aún. Que aún le faltaba mucho para poder hacerlo y esto lo mantenía en stand by, frustrado y deseando que por fin la joven se decidiera.

No, definitivamente no quería hacer lo que a él le habían hecho y por eso estaba dando el espacio necesario para que terminase con esa situación. Él a diferencia de Syaoran, había hecho frente a sus sentimientos en cuanto se dio cuenta y eso fue precisamente aquella noche que llegaron a casa después de cenar, bueno, Sakura le había ayudado un poco...

Si, le parecía extremadamente rápido pero no podía evitarlo, la atracción que sentía por la joven era muy fuerte, incluso, le parecía irreal, ilógico. Pero al día siguiente, pudo comprobar que lo que sentía, esas mariposas, ese nerviosismo, ese deseo. Todo, todo le indicaba que algo muy fuerte sentía por ella y que no podía evitarlo por más que quisiera.

Pensar en la joven Daidouji le hacía entrar en una especie de letargo que lo mantenía en una especie de nube voladora y que en sus clases, muchas veces no le ayudaba. Ahora, pensar que ella pensaba en él... bueno, el rumbo de esos pensamientos le abrían un mundo de especulaciones que le hacían soñar y desear situaciones que jamás había pensado, o bueno, no desde hacía bastante y quizá, lo más sorprendente era que todo parecía como un fresco viento que se llevaba las cosas oscuras y tensas en su vida.

Quizá el cambio era bueno y ta lvez, sólo tal vez, esta vez, las cosas serían muy diferentes a lo que le sucedió hace algún tiempo.

"¿Diga?"- preguntó al contestar el celular- "Oh, Hola"- contestó con una sonrisa- "Estoy en el Centro Culinario de Tokyo, puedo llegar en veinte minutos"- comentó mirando su reloj- "Muy bien, nos veremos allá"- cortó la llamada y se encaminó a su auto.

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"Kyaaaaaaaa"- gritó Tomoyo al momento de golpear debajo de las costillas a su pareja de entrenamiento, una joven menuda, de unos 25 años, tez clara, cabello dorado y ojos purpúreos, provocando que la chica diera la vuelta un tanto adolorida, se puso de nuevo frente a Tomoyo y le lanzó un izquierdazo directo a su rostro que pudo esquivar con facilidad, dejando desprotegida a su oponente y pegándole en el estómago con el otro puño, sacándole el aire y dejándola tumbada en el piso- "¿Estas bien Akane?"- preguntó al agacharse junto a ella, a lo que la chica de cabello dorado asintió respirando con dificultad, ambas llevaban el mismo uniforme -una camiseta y un short, cubiertas con una pechera, una con un círculo rojo y la otra con uno azul en el centro y guantes al mismo color que el círculo- la única diferencia era que Akane había entrado hace 2 años y Tomoyo apenas hace 3 meses.

"Bien Tomoyo"- le dijo su entrenador, un hombre canoso, alto y fornido, de aspecto rudo que al hablar sonaba demasiado gentil como para ser dueño de aquel cuerpo, pero cuando se disponía a entrenar o a pelear, su aspecto realmente era inquietante, imponente- "Bien hecho Akane"- le dijo a la rubia ayudándola a pararse- "De verdad te has puesto muy fuerte, a pesar de ser tu tercer mes aquí, vas muy bien, ¿no es así Shaktie?"

"Uh… Seee"- contestó tratando de recuperar el aliento e intentando mantener la compostura pero el tratar de enderezarse le provocaba grandes nauseas.

"¿Segura?"- preguntó la pelinegra al ver que su rostro se notaba enfermo y parecía querer vomitar en cualquier momento.

La ojiviolácea asintió con dificultad- "No hay problema"- respondió su voz estrangulada.

"Bueno chicas, será mejor que terminemos por hoy, claro después de que tú recuperes el aliento y me hagas 20 abdominales"- a lo que Akane se le quedó mirando como diciendo: "¡Estás completamente loco!"- "Ah sí señorita, sabes bien que eso es de ley al terminar el entrenamiento."- le dijo mirándola- "Y tú Tomoyo, sabes que debes de entrenar más con el balón rápido, te falta más agilidad y aparte de todo tienes que hacer tus abdominales"- dijo mirándola con una sonrisa, a lo que ella se limitó a asentir.

El entrenamiento era difícil, mucho más si no se estaba acostumbrado a hacer largas jornadas de ejercicio o por lo menos, a salir a correr por las mañanas. Para Tomoyo fue un tanto difícil, había dejado de hacer ejercicio desde hacía un año y ahora el volver a hacerlo le costó algo de trabajo, sobretodo las dos primeras semanas en las que casi no se pudo ni parar pues no era ese tipo de entrenamientos al que estaba acostumbrada, pero después tomó el ritmo bastante bien, apenas llevaba 3 meses y ya se sabía defender y golpear sin ser herida, o bueno, casi siempre.

Ese día se sentía con todas la energías del mundo, capaz de derrotar a cualquiera, aunque a veces ese enorme ego le hacía perder más que una simple pelea. El entrenamiento solía hacerla sentir hambre, por lo que siempre después de salir, pasaba a la tienda a comprarse una hamburguesa, unas galletas, unas papas o algún alimento que su estómago pidiera.

"Nos vemos luego Tomoyo"- le dijo Akane al salir de aquel edificio blanco en el que entrenaban.

"Hasta luego Akane"- dijo despidiéndose con la mano de la chica, dirigiéndose a la tienda, ese día tenía ganas de una hamburguesa y estaba dispuesta a derribar a cualquiera que se lo impidiera.

Ya estando en la tienda, sólo era cuestión de ir a la caja y pedir una hamburguesa, si claro, era cuestión de esperar. La cola a la caja estaba largísima, por lo que tendría que esperar, lo bueno era que se movía rápido, lo malo era que al parecer una señora gorda estaba decidiendo entre una bebida de dieta y un helado triple de chocolate con vainilla. La cola siguió avanzando, ya estaba cerca de la caja, tan solo dos personas más y estaría cerca de su tan suculenta hamburguesa. Pero el hombre de enfrente aún no se decidía que comprar y una pareja que estaba atrás de ella hacía demasiado ruido, apenas había controlado su carácter pero no sabía por cuanto tiempo podría.

.-.-.-.-.

Al llegar a la dirección indicada, aparcó el auto y salió de él. No podía creer que una tienda de tarjetas fuera tan grande o bueno, en realidad tenía mucho tiempo que no entraba a una.

"¡Eriol!"- le grito una joven de cabello marrón, haciéndole señas al verlo.

"Mariposa loca"- le dijo al saludarla, tenía mucho tiempo que no las veía- "¿Cómo estas?"

La joven asintió con una sonrisa, más su mirada no podía reflejar felicidad- "Estoy bien, mejorando"- asintió.

Eriol la abrazó con fuerza y ella correspondió el abrazo, buscando un comfort a pesar de sus palabras.

"¿Y yo estoy pintada o qué?"- reprochó una joven a su espalda.

"Por supuesto que no"- dijo entre risas el varón al verla con el ceño bien fruncido, siempre glamurosa y de aspecto más serio que su hermana- "¿Cómo has estado? ¿Qué tal van los preparativos?"- preguntó interesado.

La joven de cabello rojizo destellaba alegría y más cuando hablaban de cierto tema- "Perfecto"- dijo aplaudiendo- "Ya faltan pocas cosas. Mi vestido está prácticamente listo, el bufet, el lugar, los invitados"- iba marcando con sus dedos y volteó a ver a Eriol- "Por cierto Eriol, ¿irán solos tu y Syaoran o ya hay alguien?"- preguntó interesada, después de todo, tenía que estar segura de la cantidad de invitados que habría para tener en cuenta cuantos platos serían servidos, así como de que forma acomodaría las mesas.

"Bueno..."- dijo inseguro, en realidad no había pensado en llevarla.

La pelirroja le miró sorprendida y de inmediato comenzó a sacudirlo por el cuello de su camisa- "No me digas que regresaste con esa, no puedo creer que después de todo lo que te hizo, vayas a regresar con ella. Estás mal de tu cabeza. No lo permitiré"- reprochaba furiosa.

"¡Tarada!"- le gritó su hermana al ver la cara de un muy atolondrado Eriol, señalándolo para que esta se diera cuenta.

.-.

"Entonces no saben que hacer"- señaló la pelirroja una vez más tranquila, los tres sentados en el cofre del auto.

La castaña cruzó sus brazos y miró al cielo pensativa pero no demasiado seria- "Bueno, en realidad no es mucho problema, sólo basta con que ustedes decidan dar el siguiente paso"- señaló.

El inglés suspiró- "No es tan simple"- aseguró pensativo. Sabía que quizá ella pudieran darle un buen consejo para la situación pero, justamente pensaban algo parecido a lo que él le había planteado a Syaoran.

"Bueno, esta claro que se gustan, ¿por qué no intentarlo?"- preguntó la pelirroja.

"Hay muchas razones de por medio"- aseguró el joven- "Y créeme, no soy yo el mayor problema esta vez"

"Pues..."- el gruñido del estómago de la castaña interrumpió su dialogo y esta comenzó a reír- "¿Les parece si compramos algo de comer? porque la verdad me estoy muriendo de hambre"- comentó algo avergonzada.

Ambos asintieron divertidos y comenzaron a caminar en dirección a la tienda que había sobre la misma calle.

La castaña iba tarareando sobre lo rico que son los dulces y la comida, mientras que la pelirroja la veía con una sonrisa pues sabía que la actitud infantil de su hermana, era más un modo de defensa que un acto de inmadurez, por su parte, el ojigris la miraba divertido pues a pesar de los años y las situaciones, esta trataba de comportarse lo más alegre que podía y esa chispa que tenía, muchas veces se la contagiaba, logrando sacar de quicio a la pelirroja.

Al llegar al local, vieron con asombro la larga fila que estaba formada.

"Supongo que tardaremos un rato"- comentó el pelinegro, ellas asintieron.

.-.

"Maldición, como se tardan"- se quejó mentalmente la pelinegra, mordiéndose una uña por las ansias. No podía creer que tardaran tanto en decidirse por algo- "Ni que fuera tan complicado"- se dijo impaciente.

"¡Y cuando vamos a ver tu casa!"- le preguntó entre risas una chica de tez clara, largos cabellos cafés oscuros y ojos cual ruby, vestida con una blusa blanca y una falda azul arriba de las rodillas con unas sandalias blancas, abrazaba por el cuello a un chico alto de cabellos negro azulados y ojos plateados protegidos por unos lentes, vestido con un sweter negro del que sobresalía el cuello blanco de la camisa, un pantalón beige y zapatos formales- "¿Y cuando me vas a invitar a comer?"

La pelinegra escuchó a su espalda algo de escándalo, que tan sólo escucharla, le irritaba. Con quien quiera que estuviera hablando, estaba más que segura de que no estaba sordo o sorda y por supuesto, la demás gente dentro del local, tampoco.

"No lo sé, pronto, pronto, puede que hoy."- respondió con calma el hombre.

"No hoy no puedo tengo cosas que hacer"- aseguró la joven.

"Entonces será mañana"- sugirió la joven.

"Sí tal vez sea mañana…"- respondió tranquilamente.

"¿Y que vas a comprar?"- preguntó interesada.

Ya por fin, sólo quedaba una persona antes de que ella pudiera obtener su alimento, sólo una más para dejar de soportar a aquel rayito de sol que no paraba de reír. El joven frente a ella aún no se movía, estaba tardando bastante, ya debía de moverse. Un poco irritada se volvió para saber quien era la dueña de aquella toda felicidad y encontró a una morena encima de un chico de cabellos negro azulados, se le hacía familiar ese chico, en algún lugar lo había visto antes, pero ¿en donde?

"¡Eriol! Claro, por que no lo imaginé, es obvio que tenga novia"- pensó decepcionada, se giró hacia la caja registradora, pidió su hamburguesa y salió a paso rápido después de haberla recibido. Sin querer golpeo a Eriol en el brazo debido a la gente que se amontonaba en la entrada, provocando que tanto la chica como Eriol voltearon a verla.

"Tomoyo…"- musitó desconcertado al verla salir de la tienda.

"¡¿Es ella?!"- preguntó la chica entre sorprendida y confundida.

"Si, es ella Nakuru."- aseguró el hombre, mirando aún por donde se había ido, sin prestar verdadera atención a la castaña.

"Mmm pues se veía un poco, enojada."- comentó la joven algo desconcertada pues conocía a la joven y sabía que a pesar de mostrarse fría e indiferente, era buena persona.

"¿Tu crees?"- a lo que la morena asintió-"Pues no sé, supongo que algo no le habrá salido bien el día de hoy."

"¿De quien hablan?"- preguntó la pelirroja al regresar, había recibido una llamada de su prometido y tuvo que salir del local debido al bullicio de la gente.

"Tomoyo"- contestó su hermana.

"¿Es ella?"- preguntó interesada y el ojigris asintió- "A decir verdad, jamás pensé que te fijarías en alguien como ella"- comentó bajando sus lentes de sol.

Eriol volteó a verla ofendido- "¿Qué quieres decir con eso?"

La pelirroja rió nerviosa- "Bueno..."- vaciló pues no había que ser un genio para saber por donde iba el comentario- "Y eh... ¿que vas a comprar?"- preguntó intentando desviar el tema.

.-.

"Ya lo decía yo, ¿cuando tendría una oportunidad con él? !NUNCA! Era demasiado bueno como para ser verdad, ya sabía yo que algún defecto debía de tener"- pensaba malhumorada al caminar aprisa por la acera- "¡Tomoyo como puedes ser tan tonta! ¿Pero que esperabas Tomoyo?, !era más que obvio!"- abrió el empaque de su hamburguesa y la devoró con cizaña.

"¡Eriol!"- escuchó de repente, obligándola a voltear, no estaba muy lejos de la tienda y logró observar una chica de tez clara, pelirroja y de ojos ruby, muy parecida a la que se había encontrado en la tienda con Eriol, vestida con una blusa púrpura que se amarra del cuello, una falda negra corta recta y unas botas a mitad de la pantorrilla. La chica tomó del otro brazo al chico cuando salió de la tienda.

"¡Y son dos, esto no es posible!"- Tomoyo se había quedado estática al verlos, se giró y siguió caminando.- "¡No sólo tiene una, sino que dos! Sabía que no debía de involucrarme con él"- se regañó- "¡Y lo peor es que las conozco, esto no puede ser posible!"

"¡Tomoyo!"- escuchó de repente, obligándola a voltear, sabiendo que tendría aquella molesta visión de nuevo, se detuvo en seco y suspiró.

"Seee"- dijo de manera fría.

"Hola, ¿como estas?"- le preguntó Eriol quien había corrido hacia ella, su prima le había hecho el favor de ir afuera y checar que la pelinegra estuviera cerca para poder hablar con ella, algo que de verdad le agradecía y en el momento en que la vio, no dudo en ir hacia ella.

"Bien"- dijo de manera cortante.

"¿Segura que estas bien?"- preguntó arqueando una ceja, confundido pues le sonaba incluso agresiva.

"Claro, por que no habría de estarlo"- respondió sarcástica, barriéndolo con la mirada- "¡¿Por que no te vas con ellas y te pierdes de mi vista?!"- pensó irritada, quiso decirlo pero prefirió mantenerse a raya pues ella no tenía derecho a reclamarle nada, puesto que no eran nada. Apenas podían decir que eran amigos y una amiga, jamás le reclamaría sobre sus relaciones, en cambio, lo apoyaría.

"Mmm, no sé, te escuchas rara."- aseguró vacilante.

"¿Y tú que sabes?"- espetó.

"Yo…"- de acuerdo, le había dejado más confundido que al principio, no entendía el porque de su actitud tan descortés.

"¡Eriol!"- gritó Nakuru acercándose a toda velocidad hacia ellos, mientras que la pelirroja se acercaba con calma.- "Es ella a quien vimos en la tienda, ¿verdad?"- dijo alegre y aún sorprendida, confirmando la identidad de la joven a quien conocía bastante.

"¡Ay, demonios, porque no me dejan en paz!"- se sentía irritada al escuchar de nuevo aquel rayito de sol, otros días podía soportarla pero ese preciso día, no quería ni verla.

"Sí, Tomoyo te presento a mis primas, Nakuru y Ruby Akisuki"- dijo con una sonrisa.

"Tus... ¿primas?"- esa simple palabra resonó en su cabeza- "¡Tragáme tierra, trágame tierra!"- se sentía avergonzada por aquello, porque siempre debía de ser así de impulsiva.

"¿Siiiii?"- alargó la palabra a modo de pregunta, no muy seguro. Tomoyo soltó una risa nerviosa y Eriol de inmediato comprendió el porque del mal humor de la chica, riéndose un poco por aquello- "¿Siempre eres así o solo a veces?"-dijo de manera pícara.

.-.-.-.

Sakura había pasado todo el día evitando a su hermano, suerte para ella que Yukito se encargó de sacarlo de la casa, mala suerte por que no había quien le ayudara y por lo tanto tenía que decorar todo ella sola, o al menos eso pensó.

"¡Claro, todos tienen cosas que hacer menos la floja de yo!"-dijo cargando una de las 6 cajas que se encontraban frente a su casa. Estaba bastante pesada y por lo tanto le estaba costando trabajo sostenerla. De repente, sintió una punzada en el pecho, obligándola a dejar la caja en el piso, se agarró la blusa del pecho y respiró con dificultad- "Tranquila Sakura…"- cuando se le pasó el dolor, volvió a cargar la pesada caja- "¡AY PORQUE NADIE SE QUEDÓ A AYUDARME!"- se quejó, pisó el primer escalón y lo subió sin dificultad, al momento de pisar el segundo escalón se fue hacia atrás, cayendo de espaldas sobre algo firme más no duro-"¿Huh?"- volteó hacia arriba y logró ver el rostro de un sonriente Syaoran, poniéndose algo roja al darse cuenta donde había aterrizado, o más bien, quien había evitado que cayera al piso- "Sya- Syaoran…"

"¿Necesitas ayuda?"- le dijo al momento de pararla.

De acuerdo, su mente decía una cosa y obviamente, su corazón decía otra y este terminaba guiando a su cuerpo, en contra de su voluntad. Lo que había empezado con una tranquila caminata, había terminado en el instante en el que se encontró cruzando el portón de la casa de Sakura. Había evitado acercarse a su casa y había dado varias vueltas en círculos, pero a pesar de todo, siempre terminaba frente a su casa. Y justamente al verla, no lo pensó y sólo entró.

Tomo la caja y le sonrió. Era encantador.

"S-Sí"- dijo observando al apuesto hombre de camisa beige, jeans y botas, se veía sumamente sexy- "Un bombón de chocolate, que lindo está"- estaba embobada con aquella magnífica visión.

"¿Sakura?"- le llamó desconcertado, viendo a la hermosa joven de blusa rosada, jeans y tenis, su rostro estaba sonrojado pero su mirada estaba perdida. Se acercó a ella y pasó su mano frente a su rostro, logrando que la joven despertara de su trance.

"Eh…"-dejo salir una risita nerviosa al ver la preocupación en su rostro- "Que mensa, me quedé pensando cuando no debía"- se reprochó- "Gra-gracias Syaoran."- respondió sin más.

"De nada."- dijo con alegría. No pudo evitarlo, pues en el instante que la vio, sintió una tranquilidad y una felicidad que hacía mucho no sentía, incluso se atrevería a decir, que jamás había sentido tanto por alguien y tan pronto.

Syaoran le ayudó a meter todas y cada una de las cajas que se encontraban afuera de la casa. Aún no entendía que estaría haciendo ella con tantas cosas que era obvio, apenas podía levantar y su hermano no le ayudaba en lo más mínimo- "¿Qué clase de idiota deja que su hermanita haga todo el trabajo?"- pensó molesto.

Ambos caminaron a la sala y de inmediato, notó que había otras cajas un poco más pequeñas en ese lugar.

"¿Y puedo preguntar para que es todo esto?"- preguntó con curiosidad al ver que Sakura abría una caja y sacaba una bolsa de globos. El chino se acercó y comenzó a estirar los globos para después inflarlos.

"Pues… Ehm…"- vaciló un poco, no tenía nada de malo en decir que era un aniversario, lo que no sabía era como decirle que su hermano era gay y no por vergüenza, sino más bien, por prejuicios ajenos a ella.

"¿Celebran algo?"- a lo que Sakura asintió, ella esperaba que no fuera un tipo de mente cerrada- "¿Algo importante?"

"Sí, mucho."- aseguró aún estirando el mismo globo.

Syaoran le miró interesado pues podía notar sus nervios y no entendía el porque de que fuera tan secreto aquello, tampoco creía que se tratase de algo malo o vergonzoso- "¿Y tiene que ver contigo o con tu hermano o con Tomoyo?"- probó, tal vez Sakura era tímida pero meterse en los asuntos de los demás, no iba con él.

"Mi hermano"- contestó sin más, inflando al fin el globo.

"¿Su cumpleaños?"- preguntó más curioso, inflando otro globo y para después amarrarlo y dejarlo a un lado.

Sakura le miró inquieta- "No, su… Aniversario…"- comentó mordiéndose los labios algo nerviosa, no sabía como callarlo y evitar que siguiera preguntando. Es más ¿Qué tal si se quedaba hasta tarde? ¿Qué haría?

"¿Boda?"- ella negó con lentitud- "¿Noviazgo?"- Sakura asintió- "¿Te da pena decirme? ¿Es algo de lo que no deba enterarme? o ¿es algo que supones no entenderé?"- preguntó mucho más curioso que al principio pues si bien, la joven se había puesto anormalmente callada al intentar establecer una conversación, jamás pensó que prácticamente quedaría muda.

Miró a la joven a su lado, sopesando sus palabras y sintió que tal vez, había sido demasiado duro con ella, demasiado metiche.

"Pues… Si te dijera que mi hermano anda con un hombre ¿que dirías?"- preguntó cerrando sus ojos.

La esmeralda le había evitado pedir perdón por su intromisión, pero al escuchar su declaración, simplemente sonrió de lado, mucho más tranquilo.

"Diría que espero su hermana no ande con una mujer"- le dijo con una sonrisa y guiñándole jugetonamente, provocando que Sakura se sonrojase ante aquello- "¿Es en serio?"- preguntó más serio al notar que la joven no se reía, y ella asintió-"Pues tengo amigos homosexuales, si lo que te preocupaba es que fuera homofóbico, pues la verdad no lo soy. O si en todo caso, pensabas que era demasiado prejuicioso, tampoco. Trato de mantener la mente muy abierta."- aseguró- "Sobretodo después de aquello"- se dijo, tal vez, por eso había pasado.

"Me alegra escuchar eso"- respondió más tranquila, inflando más globos- "pero sí, mi hermano y Yukito llevan 6 años saliendo juntos. La verdad es que me siento muy feliz por ellos, sólo espero encontrar a alguien así algún día…"- susurró entristecida algo que no pasó desapercibido para el chino- "Espero que se antes de que eso pase"- ese pensamiento de tristeza la abordaba de vez en cuando, pero trataba de alejarlo viviendo cada día con la misma alegría que siempre. Suspiró y tiró el globo inflado a su lado.

"Que extraño, su ánimo descendió de pronto…"- pensó inquieto, pues el hecho de verla cabizbaja, en lo poco que llevaba de conocerla y lo que le había contado Eriol, podía notar que ella era una luz, cálida y brillante que alegraba la vida de los demás, incluyéndose. Por lo que al notar como su mirada se entristecía, no pudo evitar preocuparse por ella- "Ya verás que lo encontrarás, de eso estoy seguro. Aunque quien sabe, quizás ya lo encontraste, solo que aún no te has dado cuenta"- sí le gustaba aquella joven dulce, sincera, simpática, hermosa, tierna. Sí le encantaría ser aquella persona por la cual ella se desviviera, quisiera ser esa persona con quien despertara cada día a su lado, por quien querer ser mejor, con quien reír, llorar, vivir...- "Creo que no es momento de divagar"- se dijo tratando de apartar esos lindos pensamientos de su cabeza- "Caray, estoy peor de lo que imaginé"- pensó derrotado.

Ambos estuvieron inflando globos cerca de media hora hasta que tuvieron que descansar por falta de aire y era una suerte que también hubieran terminado la bolsa. Tomaron algunos listones blancos, dorados y azules que habían dentro de la caja y los colgaron en forma de U sobre las cortinas, para después colgar los globos que habían inflado, amarándolos a los listones.

Ambos se encontraban analizando sus pensamientos, pues por más que lo pensaban, más sorprendente les parecía lo que sentían.

La verdad era que agradecía el que Syaoran hubiese pasado por ahí en ese momento, pero agradecía más verlo; por alguna extraña razón, no había dejado de pensar en el desde que lo había conocido, era como si estuvieran destinados a conocerse o al menos, así lo sentía.

Aún así, no podía estar segura que fuera lo que llamaban un flechazo, pues aunque pareciera 'amor a primera vista' dejaba que las dudas corrompieran la poca lógica de la que era dueña pues entre su familia era famosa por ver el lado positivo de la vida y estar siempre sonriente, creyendo que el destino lograría que su vida diera un giro y fuera mejor de lo que ya la consideraba.

Destino… siempre que pensaba en esa posibilidad se le hacía algo sumamente bizarro, para nada podía ser aquello, de ser así, con que fin haber estado con tantos chicos antes de el, no tendría sentido. Bueno, bien dicen que uno se cansa de besar sapos, pero el punto era que ¿aparecer ahora? cuando cierta situación se hacía más que presente y sus deseos por permanecer desapercibida en ese aspecto empezara a ser más que imposible.

Imposible, si eso es lo que pensaba en ese instante Syaoran, porque por más que le diera vueltas al asunto, lo dejaba completamente descolocado el echo de que reaccionara tan empático, incluso protector con ella. No era algo que hacía a menudo, no después de su última relación seria. De hecho se había propuesto a no volverlo a hacer, porque se lo debía a su cordura y sobretodo, a su corazón. No estaba dispuesto a pasar por lo mismo y aunque sabía que debía subir sus barreras en contra de lo que le parecía algo completamente absurdo. No podía. No contra ella.

La miró de soslayo y suspiró ¿Por qué no podía contra ella?

Miró como Sakura estaba colocando un globo sobre la unión del listón con la cortina y después esta bajaba a buscar otro en el piso, por lo que comenzó a recolectar los globos y ponerlos en una caja para poder tendérsela y que esta simplemente los tomase y los pusiera.

La ojiverde le miró en agradecimiento cuando vio que recolectaba los globos, mientras ella colgaba algunos y sentía que su mano izquierda comenzaba a cosquillear. De repente, sintió una punzada muy fuerte en el pecho, le hizo aspirar con fuerza al sentir aquel dolor, se puso una mano sobre el pecho y volteó a ver a Syaoran esperando que no la hubiese visto, suerte para ella, no la vio, seguía entretenido en los globos. Trató de relajarse y seguir adornando, pero el dolor persistía, era mucho más intenso que antes, hizo una aspiración profunda, alzó las manos y esta vez no fue un aviso, simplemente fue un golpe seco, se le cortó la respiración de repente y todo le dio vueltas antes de escuchar que alguien le gritaba y se perdía en la oscuridad.

.-.

Despertó poco después, estaba recostada en el sillón, recorrió la habitación con la mirada y se dio cuenta de que la sala estaba completamente decorada, después se topó con un par profundos y preocupados ojos cafés que al verla despertar sonrieron. Syaoran se encontraba a su lado, la había estado cuidando desde que se desmayó, se había preocupado mucho al ver que caía de espaldas del banquillo y había sido una suerte que la hubiera atrapado justo antes de tocar el piso.

"¿Estas bien?"- le preguntó preocupado, no sabía que pudo haberle pasado para que de repente desfalleciera así.

"Sí"- dijo algo triste- "Syaoran… Te he de pedir que no digas nada, por favor."

"¿Que?"

"Si alguien lo llegase a saber se pondrían muy preocupados y la verdad es que no quiero que lo hagan, me sentiría mal al pensar que sólo soy una carga para ellos."

"Sakura…"- suspiró- "¿Me vas a decir que tu padre ni tu hermano saben que te desmayas?"- preguntó sin creerlo.

La joven negó suavemente- "Ellos... saben, sólo... no saben cuantas veces ha sucedido"- comentó no muy segura de querer decirle y provocar en él, la misma cara de lástima que había visto en el doctor al darle el diagnóstico.

El chino quiso preguntarle más, pero su razón le indicaba que lo más sano para él, era no inmiscuirse en los problemas de aquella chica si no quería volver a quedar destrozado- "Descuida, sino quieres que diga, no lo haré"- aseguró más tranquilo pero sus ojos le indicaban que la preocupación seguía latente. No quería decir nada, es más, su cerebro le indicaba que cerrara la maldita boca y se alejara de ella- "Me preocupaste mucho sabes. Estabas muy pálida y respirabas muy leve, creí que no despertarías"- le dijo de manera gentil, ignorando por completo a su cerebro y hablando sin darse cuenta de lo que había dicho hasta que vio los asombrados ojos verdes.

"¿En serio?"- preguntó sin creerlo la japonesa, ¿de verdad se preocupaba por ella?- "Disculpa, no era mi intención que te sintieras responsable"- dijo con timidez tratando de evitar aquellos cautivadores ojos cafés, la verdad era que no quería la lástima de nadie, mucho menos de él y que sucediera aquello justo frente a él, le molestaba, pues ahora aquel se sentía responsable por ella y ella quería evitarlo.

"No es eso... yo"- le miró sin poder encontrar las palabras adecuadas- "Descuida"- respondió no queriendo darle importancia, deseando desentenderse. Se miraron por unos segundos que les pareció eternos, intentando descifrar lo que sus ojos no podía ocultar y a sabiendas de que empezaría a ceder ante sus sentimientos, le dijo con una sonrisa- "Sabes… Nunca pensé que me interesaría tanto por alguien. No de nuevo, Sakura…"- Syaoran posó su mano sobre la suave mejilla de Sakura y para sorpresa de la joven, simplemente cerró sus esmeraldas al rocé de esta, era tan dulce su tacto, tan gentil.

Syaoran se acercó un poco más a ella y Sakura pudo sentir su suave respiración, estaba demasiado cerca, abrió sus ojos y pudo notar como el estaba mirándola con ambrosia y dulzura, sintió perderse en la profundidad de aquellos ojos cafés, cerró sus ojos y sintió el suave rocé de los labios de Syaoran posarse sobre los suyos, con delicadeza la poseyó con ese beso. Era dulce pero a la vez decidido, gentil pero que consumía con el simple movimiento, sutil; poco después se separó de él, dejándola deseosa de más.

"Creo… que, no debí hacerlo."- dijo Syaoran algo sonrojado con una sonrisa tímida en su rostro- "Maldición, estoy perdiendo. No debería haberlo hecho"- se reprochó.

"No, estuvo bien."- le dijo con un sonrisa pícara, ella tampoco estaba segura del porque, pero en ese instante le interesaba muy poco pensar, sólo quería sentir lo que unos momentos atrás había sentido y que ni siquiera los labios de su prima había conseguido.

"¿Tú crees?"- le miró vacilante. No podía creer lo que había hecho y la sonrisa que le había dado la joven no le ayudaba en lo más mínimo.

"Sí"- respondió con un hilo de voz, mirándolo con deseo y suspirando.

Syaoran no quería ceder, pero al verla expectante, dudo en volver a hacerlo. Se acercó un poco a su rostro, mordió sus labios y centró su vista en los rosados y suaves de ella, después la miró a los ojos y sin procesarlo, cerró el espacio entre ellos dando paso a un nuevo beso, mucho mas perfecto que el anterior, sintiéndose incapaz de dejar de besar aquellos labios que la habían cautivado, le habían enajenado mucho más que antes; sentía como su corazón iba al mil por hora.

Por un lado, Syaoran quería dejar de besarla pues su mente constantemente le recordaba que era más joven que él, que eran diferentes, que no podía ser su novio; mientras que su corazón le hacía sentír que el dejar de besarla era como dejar de respirar, comer, dormir... No podía hacerlo por mucho que su mente se lo exigía, su corazón era mucho más fuerte y eso lo desconcertaba. Jamás había sentido esa imperiosa necesidad de estar con alguien, se sentía perdido sin aquella chica, ¿como lo había cautivado? ¿Cómo era posible que tuviera ese efecto en él? Esa era quizás una de las preguntas que resolvería con el tiempo, siempre y cuando ella estuviera para siempre a su lado.

.-.

Tomoyo, Eriol, Nakuru y Ruby habían llegado hace apenas unos momentos, pues aquel compromiso que tenían las hermanas Akisuki esa tarde no era nada menos que la celebración del aniversario de Touya y Yukito, y Eriol había sido invitado de último momento, realmente no creían que fuera un problema. Habían pasado a casa de Eriol por Syaoran pero al notar su ausencia y que este había dejado el celular sobre la mesa de la cocina, decidieron ir a casa de Kinomoto, esperando que se encontrase en ese lugar. Al llegar, se habían quedado impresionados ante tal escena, era evidente que ni Syaoran ni mucho menos Sakura se habían percatado de que ellos habían llegado pues podían ver como Syaoran, quien había estado hincado a un lado de la japonesa, ahora estaba sentado a su lado y prácticamente sobre ella, besándola como si no hubiera un mañana. Tampoco es como si Sakura lo fuese a dejar ir, pues lo mantenía abrazado por el cuello y evitaba que pudiera soltarse.

Tomoyo se aclaró la garganta y tanto Sakura como Syaoran se separaron de inmediato, se pusieron completamente rojos al observar la audiencia que tenían en la entrada de la sala.

Tanto Tomoyo como Eriol se pusieron a reír al ver sus rostros, era evidente que los habían encontrado in fraganti. Ambos se miraron con algo de vergüenza, más por las explicaciones que deberían de dar que por el hecho de haberse besado.

Eriol y los demás asediaron a Sakura y Syaoran por completo con millones de preguntas, a las cuales ellos simplemente no sabían que responder, haciendo que Syaoran se pusiera cual volcán y Sakura se limitara a reir de nervios.

"Pero el señor 'Soy demasido grande y racional para muestras empalagosas e irracionales que suponen es amor', jamás cedería ¿Verdad?"- le dijo con una mirada suspicaz mientras que Syaoran se limitaba a entrecerrar sus ojos en forma de reproche.

Al tiempo que Tomoyo se dio una ducha, no podía evitar sentirse avergonzada de su comportamiento porque si bien, Eriol no era nada suyo, tampoco pudo evitar mostrar su inconformidad con la situación, la cual puntualizó el pelinegro con aquella sencilla frase.

No podía evitar que su corazón latiera desbocado mientras veía como Nakuru le abrazaba con fuerza y le hablaba así de cerca, aunque no fuera consciente de lo que los celos significasen, si era bien consciente que en ese preciso instante, quería sacarle los ojos y la lengua a la castaña.

"Estoy loca"- se dijo al recargar su frente en la fría superficie de la bañera, al tiempo que sentía como le caía el agua.

.-.-.-.

La fiesta comenzó a las 6, tal y como habían tenido planeado, Yukito y Touya habían llegado a la casa después de haber estado todo el día afuera, divirtiéndose, aunque también viendo algunas cosas relacionadas a sus respectivos trabajos. Los dos se la habían pasado sumamente felices al estar juntos, sin interrupciones inesperadas por parte de su hermana o de Nakuru, quien tenía un afán por molestar a Touya y a Yukito cuando se encontraba cerca de ellos, y a pesar de que Touya no le gustaba, ni mucho menos Yukito, disfrutaba hacer rabiar a Touya, era simple diversión para ella.

Con ellos, había llegado un chico muy parecido a Yukito, de aspecto frío y duro, bastante apuesto -quien llevaba una camisa blanca y un pantalón de vestir azul celeste- pero a pesar de su exterior, su interior era dulce con quien lo conocía y demasiado atento o de lo contrario jamás hubiese sido cautivado por una linda pelirroja que se encontraba en ese momento en aquella casa, el nombre del chico, Yue, mellizo de Yukito –quien vestía una camisa gris con cuello de tortuga y un pantalón negro ajustado- que a pesar de serlo, se parecían muy poco en apariencia pero fuera de eso, nada más.

"¡Yue!"- gritó Ruby al verlo llegar, abrazándolo con fuerza y plantándole un beso.

"Hola mi amor, ¿como estas?"- dijo con voz suave, algo que no pasó desapercibido para los demás pues era raro ver afectuoso al cerúleo.

"Muy bien ahora que llegaste"- dijo con una enorme sonrisa.

Las presentaciones se habían hecho y la mirada fulminante de Touya para Syaoran no se hizo esperar, pues ni siquiera sabía lo que había sucedido entre su hermana y el chino, pero tenía un sexto sentido para los 'imbéciles' que iban tras su hermana y eso lo notó en seguida.

La fiesta continuó hasta cerca de las 11:30 p.m., todos se habían divertido mucho, comiendo pastel –terminó haciendo el mismo que Eriol compró- brindando con sidra y charlando sobre como se la habían pasado aquel día Yukito y Touya, sin los fastidiosos momentos de Nakuru y también sobre lo que habían hecho los demás aquel día.

Tanto unos como otros, quedaron sorprendidos de lo pequeño que podía llegar a ser el mundo pues ni los Kinomoto ni Tomoyo conocían a Eriol o Syaron con anterioridad y ambos eran parientes de las hermanas Akizuki, mientras que a ellas también les sorprendió que estos hubiesen conocido precisamente a esas dos jóvenes, de entre todas las personas.

"Que asombrosa coincidencia"- comentó Yukito con alegría.

Coincidencia, esa palabra resonó en la cabeza de cuatro personas y entre ellos se miraron, sorprendidos pero a la vez, identificados. Parecía una señal y de serlo, sería perfecto para ellos. Sólo había que dejar que todo fluyera.

Sí aquel día había sido perfecto para más de uno.

¿O No?

Afuera, en la oscuridad de la noche, se podía observar un par de ojos miel que atentamente veían a través de la ventana con resentimiento, a las personas que celebraban con alegría y era consciente de que no era una persona bienvenida.

"Ríe Tomoyo"- pensó con ira- "Ríe mientras puedas, porque cuando menos te lo esperes, seré yo el que ría por tu insolencia".