¡Hola! Antes de continuar, quisiera agradecer a todas aquellas personas que leen esta historia, que dejan reviews, y que la siguen entusiastamente… ¡gracias!

Bueno, ahora sigamos con la historia, ¡yo también quiero saber que va a pasar!

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Cita con el destino

Capítulo 7. Házme enojar

El ambiente en la biblioteca estaba bastante tranquilo y silencioso (bueno...es una biblioteca, ¿que más se podría esperar?). Inuyasha se hacía el que leía un libro, y Kagome sentada a su frente lo miraba, extrañada.

- ¿Sigues molesto por lo de Shippo?

- ¿El niño monstruo? No, ¿por qué habría de estar molesto? Tan solo me venció humillantemente en un juego de niños, se comió todos los chocolates que tanto trabajo me habían costado hacer y me quitó el tiempo de tutoría contigo que era MI tiempo.

- Bueno, pero no es para que te pongas así.

- ¿Cómo "así"? – Inuyasha devolvió la vista al libro y se escondió tras él.

- Molesto.

- Yo no estoy… - Kagome bajó el libro que le impedía ver a Inuyasha y lo miró frío – bueno, estoy algo molesto.

- Bien, entonces será mejor que dejes de pretender que lees "Pico, el patito feliz" y prestes atención porque si no mal recuerdo estoy aquí para darte clases.

- Está bien… -dijo, resignado.

- Por cierto – agregó, y suavizó la mirada – gracias por los chocolates, fue un lindo detalle.

Inuyasha no hizo más que subir el libro y ocultarse tras él debido al intenso rojo que cubría sus mejillas.

- De nada – murmuró.

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- Sanguito...

- ¿Qué? – su tono seco lo asustó un poco, pero decidió seguir hablando.

- ¿Puedes darme un consejo?

- ¿No es suficiente con haberme derramado todo tu jugo encima por examinar a esa chica de minifalda?

- Pero no fue mi intención…yo te invité un jugo porque quería que nos tomáramos un descanso en esta ajetreada tarde de viernes, y discutiéramos algunos temas de interés social. No entraba en mis planes que mi jugo de frutilla cayera accidentalmente sobre tu ropa, mientras yo miraba sorprendido cómo es que las mujeres de ahora se pueden vestir de esa manera tan…indignante.

- ¿Sí? – Miroku asintió – Bueno… - Sango agarró el jugo que había dejado en la barra. Lo miró unos momentos, misteriosamente. En un movimiento rápido y furioso lo vertió sobre la cabeza del chico de ojos azules – hasta luego, idiota.

- ¡Pero Sango! – intentando desesperadamente limpiar el jugo rosado de su pelo, su cabeza, y prácticamente todo su cuerpo, Miroku tomó sus cosas del mostrador de la pequeña tienda universitaria y fue tras ella.

- ¿Y quién me va a pagar los jugos? – exclamó el vendedor.

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Ya estaba atardeciendo. Los edificios del campus se iban iluminando, y ambos caminaban con paso lento, sin decir nada. El mal humor de Inuyasha ya se había pasado, así que había accedido acompañar a Kagome a su departamento y de paso prestarse de ella un libro sobre el tema que avanzaban ahora.

- ¿Vas a cuidar a ese niño? – dijo de repente.

- ¿Shippo?

- Si, ése.

- Hoy no, pero mañana en la tarde sí. ¿Por qué preguntas?

- Curiosidad… ¿no puedo preguntarte acerca de tu trabajo?

- Claro que lo puedes hacer – respondió ella – pero ya llega a parecer extraño cuando es la duodécima pregunta acerca de él.

Lo miró de frente y le regaló una sonrisa. Inconscientemente, e inspirado por el gesto, Inuyasha también sonrió.

- Me gusta cuando sonríes – dijo Kagome – deberías enojarte menos y sonreír más.

- ¿Estás insinuando que me enojo con frecuencia? – dijo algo molesto.

- No… solo digo que te enojas de todo y de nada.

Llegaron al bloque de apartamentos y empezaron a subir las escaleras.

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- ¡Deja de seguirme!! – gritó, cerrando la puerta en sus narices.

- ¡Espera, Sango!

- ¡Vete, me tienes harta! – escuchó a través de la puerta.

- Sólo quiero preguntarte algo, una cosita sencilla…

- Mmm…

- No te tomará más de un minuto, por favor...necesito de tu ayuda femenina.

Sango abrió la puerta, y vio a Miroku tirado de rodillas en el piso.

- Habla.

- ¿Cómo puedo conquistar a una supermodelo elegante, bella, y que no sabe que existo?

- ¡¡QUÉ!!¿Solo para eso has derramado jugo en mi ropa, me has perseguido toda la tarde, me hiciste vetar por toda la vida de mi café favorito, y casi logras que me metan a la cárcel? – la mirada asesina de Sango lo obligó a retroceder dos pasos.

- Si…

- Bueno – Sango trató de apaciguar su genio - hazte millonario, gana algo de clase, conviértete en un hombre importante, luego mátate "accidentalmente"; tu muerte y entierro saldrá en las noticias, asegúrate desde el infierno que ella los vea y entonces deseará haber estado casada contigo para luego quedarse con toda tu fortuna. Ahora ADIÓS – gritó, dando un terrible portazo.

Algo perplejo por la reacción, alcanzó a decir:

- Es una buena idea…

- Hola Miroku – Kagome terminaba de subir el último escalón cuando lo vio parado frente a la puerta.

- ¿Qué rayos haces aquí? – fue el saludo por parte de Inuyasha.

- ¿Yo? Tan solo aquí observando la majestuosidad de esta puerta de madera.

- ¿Por qué no tocas el timbre para que todos entremos? – dijo una extrañada Kagome - Sango debe estar ahí.

- Es por eso que no me conviene entrar.

- ¿Qué hiciste esta vez, Miroku? – Inuyasha se acercó y tocó el timbre por él.

- Oh…mejor me voy antes de que salga, tengo el ligero presentimiento de que sigue un poco enojada.

La puerta se abrió de golpe.

- ¡QUÉ QUIERES AHORA, MIROKU!! – gritó con todas sus fuerzas, pero cambio de humor al ver de quién se trataba - Ahh, son ustedes… lo siento si los asusté.

- Sí… bueno, pasemos adentro – dijo Kagome.

Inuyasha se dirigió en un susurro a una de las esquinas del piso en las que afortunadamente Miroku había podido ocultarse.

- Un "poco" enojada…si claro – dijo, y entró tras su tutora.

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Apenas se abrió la puerta, entró y le dio un gran abrazo.

- ¡Kagome!

- ¡Shippo! ¿Estás listo para divertirte?

- ¡Sí! ¿Qué vamos a hacer ahora?

- Vamos a pintar y colorear.

Ambos pasaron a la sala del departamento de Kagome y ella lo sentó en el sillón al frente de la mesita.

- Voy por unos refrescos – dijo la chica, y entró a la cocina.

Shippo comenzó a mirar el lugar con curiosidad.

- ¿Y Sango? – preguntó.

- Fue a su entrenamiento de básquet. Tiene un partido importante el lunes – respondió mientras traía los vasos en una bandeja.

- ¿Inuyasha?

- En su entrenamiento de fútbol, o de atletismo… uno de esos dos.

En ese momento tocaron el timbre, y ella se levantó para abrir la puerta.

- ¿Y Miroku?

- Él… - abrió la puerta y miró al visitante – está aquí…

- ¡Kagome! ¡No lo puedo creer! – entró sin permiso y con un aire triste y de derrota se derrumbó en el sillón al lado de Shippo.

- ¿Qué…qué pasa?

- ¡Está comprometida!

- ¿Qué?

- ¡No es posible! ¡Quise acercarme a ella, pero cuando lo hice un hombre la tomó de la mano y pude ver su anillo de compromiso!

- Me ayudarías a ayudarte si supiera de quien estás hablando.

- Sango…

- ¡¿Sango?!

- ¡No! Sango me dijo qué era lo que debía hacer…

- Ahh… - suspiró de alivio - Y no dio resultado… oh, pobre Miroku… ¿pero de quién estamos hablando?

- De la espléndida.

- ¿Ah?

- De una de esas supermodelos que se les dice espléndidas – intervino Shippo.

- Ah… ¿cómo sabes de eso, Shippo?

- Leo revistas, escucho radio y veo tv, ¿no es obvio?

- Bueno…de todos modos me imagino que venías buscando a Sango.

- Así es, ¿sigue enojada conmigo?

- Creo que sí, pero tal vez recupere su buen humor después de que sepa que te rompieron el corazón en mil pedazos – dijo Kagome, con una sonrisa inocente.

- Wow – dijo Shippo – eso realmente sube el ánimo.

- Oh…jeje…Miroku, ¿no tienes nada que hacer esta tarde? – dijo la chica.

- No. El amor me ha golpeado demasiado duro. Estoy de luto.

- Eh…seh…bueno, quizás puedas acompañarme a cuidar a Shippo.

- Me parece una buena idea – Miroku miró al niño.

- A mí se me hace que a alguien le molestaría – dijo éste, algo bajo.

- ¿Qué dijiste, Shippo? – preguntó Kagome.

- Que a mi no me molestaría.

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- Dime Kagome – Inuyasha subía con ella al apartamento de la chica - ¿como pudiste dejarlo solo? ¿Acaso eres cómplice del homicidio que encontraremos al llegar?

- No seas tonto, no podía suspender la tutoría por algo tan ridículo…además, ¿qué podría estar pasando? – sacó sus llaves y las metió en la cerradura de la puerta, cuando fue interrumpida.

¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF!

Ambos se quedaron sorprendidos ante el extraño ruido, y luego reaccionaron.

- ¡Kagome! ¡Abre la puerta, antes de que sea demasiado tarde!

Escucharon un grito ahogado, y se asustaron aún más.

- ¡Eso intento! – luchaba tratando de dar la vuelta a la llave lo más rápido posible.

¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF!

- Ya casi, ya casi… ¡Listo!

- ¡Miroku, allá vamos! – gritó Inuyasha.

Siguieron el sonido mientras todavía persistía en el departamento, y los guió hasta el cuarto de su amiga.

- ¡Sango déjalo! ¡él no te ha hecho nada! – gritó Kagome mientras abrían de golpe la puerta, y su respiración se encontraba agitada.

- Hola chicos – ella se dio la vuelta, y vieron que agarraba una almohada que hacía juego con la cama.

- ¡Lo ha ahogado! – gritó Inuyasha.

- Sango… suelta la almohada y déjanos verlo – dijo Kagome, acercándose a ella con cautela.

- ¿De qué rayos hablan? – preguntó extrañada.

- No puedo creer tu sarcasmo… - dijo Inuyasha - ¿Dónde está Miroku?

- Ahh… él ya se fue hace mucho tiempo…

- ¡Cómo pudiste! – exclamó Kagome, después de un triste silencio.

- Esperen un momento, ustedes piensan que… ¡no! - rió - ¿están locos? Puedo hacerle daño, pero lo quiero mucho como para matarlo.

Ambos suspiraron de alivio.

- Pero, ¿y los golpes?

- ¿Eso? Solo intentaba ponerle fundas a estas malditas almohadas.

- Ahh, es cierto – dijo Kagome – Sango las golpea contra el piso o la pared para que entren.

- ¿Y el grito? – preguntó Inuyasha.

- ¿Grito? Ahh sí, sin querer me golpeé mi mano contra la pared sacudiendo una almohada.

- Muy bien, eso lo explica todo – dijo Kagome – pero…temíamos que le hicieras algo a Miroku porque parecías muy enojada con él la otra noche.

- Ahh no… él me dijo lo del compromiso de la modelo, yo me reí en su cara, luego me encargué de consolarlo y el me invitó a salir – lo dijo sin darle importancia al asunto, mientras seguía su labor con las almohadas.

- Wowowow, espera un momento, ¿te invitó a salir? – preguntó su amiga, a lo que Sango afirmó con la cabeza – ¿y qué le dijiste?

- Le dije que sí.

Kagome se acercó a su amiga.

- ¡Que bien! - exclamó entusiasmada - Bueno…la verdad yo me lo esperaba.

Sango sonrió. Luego se escuchó la única voz masculina en ese cuarto.

- ¿Cómo "esperaba"? ¿Por qué? Yo no entiendo nada…

- Inuyasha no seas idiota – dijo Kagome en tono tajante, y luego miró su reloj dirigiéndose a Sango – Pero ahora debes alistarte para el partido de esta noche.

- Tienes razón…

- Dejaré que te cambies – Kagome salió del cuarto, y fue al suyo.

Sango iba a desvestirse cuando notó en el lugar una molestia que se rascaba la cabeza con la mirada perdida como si no entendiera nada de nada.

- Inuyasha, ¿podrías hacerme el favor de salir de mi habitación?

- Pero no respondier…

- ¡Ahora! – gritó.

- Está bien… - salió y la puerta fue cerrada tras él - …mujeres – masculló.

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Ah...bueno, aquí va otro capítulo…espero que les haya gustado.

Ya saben, cualquier comentario en un review!

Bye!