Capítulo 7: Lujuria

Es extraño… que en tan poco tiempo todo mi cuerpo cobrara vida, comenzaba a sentirme muy acalorada a tal grado que sentí que tenía fiebre pero sabía muy bien que no era esa clase de temperatura, era como ese tipo de calor que te recorre por las venas y te despierta por completo, tan solo habían pasado unos minutos desde que entramos en contacto y difícilmente podía mantener el equilibrio aunque no iba a ser por mucho tiempo me costaba el poder respirar, era bastante agotador todo era salvaje y brutal como una lucha sin fin, ninguno de los dos quería retroceder, ninguno quería ceder, solo nos animábamos a seguir adelante, más más… no deseaba detenerme.

Sus manos recorrían la ceda de mi vestido subiendo hasta toparse con mis senos, ambos redondos y llenos, creyendo que nunca iban a ser tocados, pero ahí estaban jugando con ellos

— Yusei…

Soltaba pequeños y tímidos gemidos que jamás pensó que saldrían de su boca.

—...

Sus labios recorrieron su cuello lentamente de arriba abajo, planteando pequeños besos en su delicada piel, la cual no dejaba de temblar y eso le resultaba lindo. Sabía que ella no era una experta en el área y no es como si él también lo supiera, pero al entrar en ese estado de excitación su cuerpo se movía por si solo y eso era algo que no podía contener. Tal vez desde hace tiempo tenía esta atracción por su amiga, pero ¿desde cuándo empezó? Quizá cuando la salvo de las garras de Divine o…cuando finalmente dejo de ser la bruja de la rosa negra. No lo sabía con exactitud, pero le tenía un gran respecto a Aki, era alguien importante y no dejaría que nada le ocurriese.

— Yusei…—jadeo llamándolo con ansiedad.

— ¿Qué pasa? —susurro en un tono ronco.

— ¿Esta bien esto?

Realmente estaba un poco preocupada al respecto de lo que estaban haciendo.

— Ahora no es buen momento para pensar en eso.

— Pero…

Los labios del pelinegro tomaron posesión de los suyos, atrapándola completamente sin siquiera cederle algún movimiento, sabiendo que no podía oponerse contra él.

Ahora sabía muy bien que ella también quería eso, tanto como él lo deseaba, ella también y no planeaba detenerse.

Las piernas de la joven se mantuvieron cerradas, pero estas encontraban totalmente débiles y ante tales sensaciones que recorrían su cuerpo comenzaron a temblar poco a poco. Era extraño para ella sentir tales sensaciones desconocidas y al mismo tiempo, estaba empezando a dudar si lo iría a soportar, pero las manos de Yusei se sentían tan bien que no podía negarse a tal toque.

Nunca había experimentado el toque sexual con un hombre, no es que nunca le haya interesado intentarlo, pero cuando se trataba de alguien tan especial como el hombre que tenía enfrente, todo cambiaba.

— Aki…—murmuro sobre su cuello llegando hasta su oreja, lamiendo lentamente su pequeño lóbulo.

Provocándole una sensación tan intensa que su cuerpo se estremecía en cada rincón.

Pronto su cuerpo se centraba en un solo punto en el cual mas era su deseo por ser tocada. Era un lugar muy vergonzoso para ella, pero espero a que él no se diera cuenta de lo húmeda que se encontraba.

— Yusei…se siente raro... —murmuro entre palabras sintiendo como la lengua rasposa del pelinegro recorría su oreja.

— También me siento así… —respondió entre lamidas sin siquiera detenerse.

— ¿De verdad?...

Las manos del pelinegro descendieron hasta la abertura de su vestido donde introdujo lentamente su mano izquierda tocando la delgada seda de su ropa interior. Sintiendo la humedad a través de aquella pequeña tela, lo que más le sorprendió fue el hecho de que ella estaba tan mojada que algunos de sus fluidos estaban desbordando de los pliegues de sus muslos. Provocándole un dolor entre sus pantalones al saber el estado en el que se encontraba su compañera, lo cual le parecía muy atractivo de su parte, a pesar de ser la primera vez en verla en ese estado, estaba comenzando a experimentar una inquietante instantánea lujuria que iba más allá de su total conocimiento.

— Es vergonzoso…

— Luces muy linda así.

— ¿Linda? —lo miro algo sorprendida al saber que le parecía atractivo de su estado actual.

— Ahora, solo relájate…—murmuro en tono suave y tranquilizante.

Aquella voz que la hacía sentir segura y protegida.

Sus dedos empezaron a explorar el área de sus bragas mojadas, por lo que la joven se arqueo contra su pecho soltando pequeños jadeos que salían desde el fondo de su garganta. Aquellos dedos tocaron los pliegues más sensibles de su cuerpo, la acariciaron, masajearon, tratándola con suma delicadeza que ella sentía que podía morir. Pero ahí no terminaba, pronto aquel tacto se hizo aún más profundo, escuchando el ligero y obsceno sonido que lograban emitir cada vez que él la tocaba: estaba avergonzada, pero quería que él siguiera tocando.

Más, Más, Más, Más, Más, Más…

— ¿Se siente bien?

Aquella voz varonil susurraba en su lóbulo sintiendo los mordiscos que daba en ella.

— Si… mucho.

Pronto las caderas de su compañera empezaron a balancearse de atrás hacia adelante, provocando un escalofrío en el pelinegro ante tal movimiento que lo sorprendió.

Todo comenzaba a dar vueltas a su alrededor, no sabía si detenerse o continuar, pero todas aquellas sensaciones provocaban que su cuerpo sintiera miles de cosas al mismo tiempo.

Los dedos del pelinegro se curveaban conforme acariciaba la intimidad de la joven, sintiéndola completamente mojada, tal resultado lo sorprendió de manera que comenzaba a sentir la misma temperatura que su compañera.

Sus pequeños gemidos se lograban escuchar por algunas zonas del jardín, para su suerte ellos estaban muy adentrados en él, por lo que encontrarlos sería muy difícil. A estas alturas les era difícil detenerse puesto que ambos se encontraban en estado de éxtasis del cual no podía controlar con facilidad. La joven continuaba moviendo sus caderas al ritmo que aquellos suaves y gruesos dedos tocaban cada zona sensible de su intimidad; jamás había imaginado que llegarían tan lejos, demasiado lejos para siquiera pensarlo.

— Yusei… no creo…poder resistir más. —murmuro entre jadeos mientras intentaba controlar su cuerpo.

El pelinegro se inclinó ligeramente para besar suavemente el cuello de su compañera.

— Yusei…

— Shh… o nos van a escuchar. —dijo en un tono muy bajo mientras continuaba con la cadena de besos.

— P-pero…—susurro tímidamente.

Por alguna extraña razón el azabache sintió una extraña sensación que le recorría por todo el cuerpo, deseaba anhelar más de Aki. En cierto momento la veía como una amiga, pero no pasaba a más, nunca tuvo la decencia de verla como una mujer como tal, se había dicho a sí mismo que era una extraordinaria mujer y una buena amiga, pero en ciertas ocasiones siempre pensó que algo de ella le atraía demasiado.

Ahora sabía el porqué.

— Yusei...—gimió de tal manera que provoco que el pelinegro perdiera el control de su cabeza.

Su dedo anular tomo el ligero borde de las bragas de su compañera las deslizo hacía un lado para así descubrir su intimidad mientras su índice se deslizaba para tocar la humedad que provenía de su sensible zona. Ambos dedos se adentraron explorando aquella área el cual despertó su interés en cuanto entro en contacto con ella; Aki respondió con gemidos placenteros que salían desde el fondo de su garganta al tiempo que sus caderas se movían torpemente por controlar aquellas sensaciones.

— N-no…Yusei, p-para…—trato de hablar, pero no podía lo que podía decir.

Los dedos inexpertos del azabache exploraron cada zona de la intimidad de su compañera, puesto nunca había tocado algo tan íntimo, le resulto muy curioso, pero de cierta manera interesante, no podía dejar de tocar por todos lados queriendo saber que parte era la más sensible de su cuerpo.

La joven se encontraba en un estado demasiado sensible, sus piernas temblaban, sus mejillas ardían como su tuviera 40 grados de temperatura, su cuerpo se encontraba sumamente débil, todas aquellas sensaciones provocaban un inexplicable calor que no podía siquiera describir. Y sin mencionar la parte más sensible de todo su cuerpo…

— Para…

Su cuerpo la estaba engañando, no podía evitar disfrutar de todas aquellas sensaciones. Todos sus impulsos gritaban la necesidad de seguir, pero su mente le indicaba que se detuviera antes de que fuese demasiado tarde.

Sus piernas temblaban, pronto estaría por llegar a si límite. Todas aquellas sensaciones se mezclaban unas con las otras, por un momento su mente se puso en blanco y solo pensaba en lo bien que se estaba sintiendo; ahora no podía parar, sus caderas se movían al tiempo que aquellos inexpertos dedos llegaron hasta su pequeño clítoris, y masajeo de este con una delicadeza que la hizo estremecerse.

— Yusei…—gimoteo una y otra vez.

Claramente estaba llegando a su límite.

— Aki…—murmuro entrecorto mientras sus dedos seguían moviéndose con más rapidez.

— No… para… no podré contenerme más.

— No tienes que hacerlo.

— Pero…—respondió apenada por su petición.

Los dedos del pelinegro se movieron con cierta profundidad en la parte superior de su pequeño clítoris, sus gemidos aumentaron a medida que su toque se hacía aún más rápido; su cuerpo se tensó por completo mientras llegaba al clímax gritando placenteramente el nombre del pelinegro derramándose por completo en los dedos de su amigo. Dejando salir un tembloroso y débil gemido mientras su cuerpo decaía poco a poco.

Su cuerpo se relajó lentamente poco a poco hasta caer sobre el pecho del joven quien a su vez se encontró respirando con pesadez, a causa de ese intenso placer que encontró al haber tocado a la mujer que tenía en sus brazos.

Aun no se hacía la idea de que había tenido este tipo de intimidad con una amiga suya, y más si se trataba de Aki. Ahora su cuerpo se haya en cierta dificultad, ya que una parte de su cuerpo brincaba por sentir más de ella; era una extraña sensación de placer. No tenía suficiente con solo tocarla, quería hacerle otras cosas, como explorar su cuerpo sentirla y adentrarse en ella, de solo pensarlo aquel bulto que se asomaba en sus pantalones brincaba de ansiedad.

— Yusei… —susurro entre jadeos Aki.

— ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó en un tono un poco preocupante.

— Yo… —sus mejillas ardieron sintiendo su cuerpo temblar un poco.

El azabache tuvo que morderse la mejilla para no tener que soltar algún sonido, ella estaba temblado sobre su cuerpo y justo su parte trasera estaba en la zona donde más le dolía.

— Lo siento… —murmuro apenada mientras se removía un poco.

— ¿Lo sientes?

No comprendió del todo lo que había dicho.

— Me refiero a que abajo… lo siento…

Fue en ese momento que se dio cuenta de que podía sentir el gran bulto que se había acumulado en sus pantalones. Aquello lo avergonzó un poco, se había sonrojado ligeramente mientras desviaba su mirada.

— Perdón… no fue mi intención.

— No…

De cierta manera le alegro sentir a su amigo de esa manera, es decir, le hacía sentir muy atractiva. Y sobre todo deseada…

Se había corrido en lo dedos de Yusei y eso le excitaba aún más, pero lo que más le hacía sentir deseosa, fue la prueba de que no era la única en sentirse de tal manera ya que debajo de su cuerpo podía sentir el miembro del pelinegro, estaba muy hinchado y no podía evitar hacerse la idea de quitarle ese dolor de encima. Sus pensamientos la estaban llevando a otro lado, y no le desagrado, todo lo contrario, quería adentrarse aún más en ellos. El simple hecho de haber puesto a su amigo en ese estado, la hacía sentir que tenía un poder sobre él, y eso le gustaba, después de todo era la primera vez que ambos había cruzado la línea.

Justo cuando su cuerpo estaba por corresponder el toque del suyo, escucho algunas personas pasar por el jardín, no se encontraba cerca de ellos, pero se estaban aproximando.

— Es mejor regresar a la fiesta.

Murmuro el azabache en un tono oscuro pero calmado.

— Ah… si —asintió algo desilusionada por el hecho de que su pequeña aventura había llegado a su fin.

Lentamente ella se levantó de sus piernas mientras él la ayudaba a ponerse de pie con cuidado de que no cayera. Una vez que se mantuvo en pie, se inclinó para subir sus bragas, observando de reojo como él se alineaba el traje, desviando su mirada hacía el bulto que se había acumulado en sus pantalones; tuvo que resistir las ganas de querer tocarlo. Mordió su labio inferior resistiéndose a ir hacía él.

En cuanto estuvo lista, pudo notar que los dedos de su mano derecha estaban repletos de los fluidos de ella, lo cual la avergonzó hasta el punto de evitar gritar de la vergüenza.

— Yusei…. —se acercó rápidamente al joven.

— ¿Qué pasa?

Aki saco un pañuelo de su vestido mientras tomaba la mano derecha del pelinegro y limpiaba de sus dedos con cuidado.

— Perdón… —murmuro avergonzada.

El azabache ladeo su rostro algo confundido por aquel acto de su amiga. Pero cuando vio sus manos limpiar sus dedos, recordó donde se habían encontrado

— Esta bien… no importa. —susurro bajando su mirada viendo como aquellos delicados dedos limpiaban de los suyos, aun no podía hacerse la idea de lo que habían hecho.

Habían cruzado la línea que se habían planeado, pero… fue algo que no se pudo evitar. Y, a decir verdad, no le incomodaba, solo quería adentrarse aún más en esto. Pero no sabía si Aki se sentía de esa manera, estaba algo confundido y no quería presionarla, pero tampoco no podían pasar por alto lo que habían hecho.

Por ahora se mantendría como un secreto, no era necesario decirlo, pero ambos estaban seguros de que no querían compartir esto con nadie, ni siquiera con sus amigos.

— Listo… —susurro la joven mientras soltaba lentamente su mano.

Habiendo deseado sostenerla un poco más.

— Gracias…

El silencio cayó sobre ambos.

— Debemos volver, tus padres han de preguntarse dónde estás.

— Si… es verdad.

Ambos se quedaron un rato más en silencio.

— Vamos…

Ella asintió mientras salían de aquel jardín de rosas, nunca iba a olvidar lo que había sucedido. Solo quería que se volviera a repetir una vez más…


— Querido, ¿has visto a Aki y Yusei? —preguntó la madre con preocupación— no los he visto desde hace un rato.

— Los vi caminar hacía el jardín, supongo que fueron a tomar un poco de aire. Aun son jóvenes para estas fiestas.

— Es verdad.

Entre todas las personas pudo ver como la pareja se acercaban sin rumbo entre las personas.

— ¡Ah! Ahí están.

Se alegró la madre de Aki, al verlos llegar, aunque estaban algo diferentes a cuando entraron.

— Aki, querida, Yusei. —los llamo mientras se acercaba a ellos.

La voz de su madre hizo que Aki despertara de sus pensamientos, sin haberse dado cuenta se había adentrado en ellos desde que salieron del jardín.

— Madre. ¿Qué pasa?

— Querida, te estuve buscando por todos lados. ¿Dónde estuviste?

— Ah…bueno… —tartamudeo algo nervioso al recordar lo que habían hecho.

— Estuvimos en el jardín, Aki necesitaba algo de aire. Estar entre tantas personas la sofoco un poco. —respondió el pelinegro con total naturalidad.

— Oh ya veo. Si necesitas algo no dudes en decírmelo ¿sí?

—Gracias madre. Te lo haré saber. —esbozo una sonrisa, al saber que su madre la comprendía.

— ¡Yusei, Aki. ¡Aquí están!

Anunció el padre de Aki con felicidad mientras llegaba a su lado.

— ¿Se están divirtiendo?

— Si. Es una buena fiesta, gracias por invitarme, senador Izayoi. —respondió el azabache con una sonrisa.

— Me alegra que te diviertas Yusei. Eres el indicado para ser la pareja de nuestra Aki. Estábamos seguros de que ustedes harían una gran pareja.

— Padre… —murmuro algo avergonzada la joven al escuchar a su padre hablar tanto de ellos como "pareja".

— No es nada, senador. Es un placer para mí, acompañar a Aki en esta velada.

Las mejillas de Aki se ruborizaron al escucharlo.

— Bien entonces, sigan divirtiéndose. No sean tímidos y beban un poco.

Llamo a un mesero, quien llego inmediatamente con una bandeja de copas llenas de champan. Se acercó mientras el senador tomaba dos copas y se las ofrecía a los dos jóvenes, quienes aceptaron con gusto.

— Gracias, senador. —asintió el pelinegro al aceptar la copa.

— Bien. —sonrió el padre de Aki mientras tomaba de la mano a su esposa y acercaban a saludar a algunas personas.

Ambos se volvieron a quedar solos, bebiendo de sus copas.

El resto de la noche fue bastante tranquilo para ambos, estuvieron conversando con ciertas personas, algunos de los reporteros y periodistas los fotografiaron juntos y les pidieron algunos comentarios acerca de la ceremonia. Todo había salido muy bien, tanto uno como el otro se mantuvo ocupado para no tener que pensar en lo que habían pasado hace unas horas.

Las siguientes horas fueron un tanto agotadoras para Yusei, teniendo que lidiar con ciertos reporteros y periodistas sobre su carrera como duelista, no es como si no estuviera listo para dar aquellas respuestas, simplemente aún estaba pensando en los proyectos que tenía en mente ya que no estaba listo para compartirlos en público, al menos no por ahora.

Desde la distancia podía apreciar a su amiga, a lo largo de la noche se habían separado, mientras él atendía a algunos de los reporteros, Aki se encontraba hablando con algunas chicas y de cierta manera eso le alegro, tener que verla convivir con otras chicas, las únicas con las que mantenía contacto eran Ruka, Carly y la señorita Mikage.

El resto de la noche paso demasiado rápido, entre algunas platicas con ciertas personas ambos se mantuvieron separados por un rato, ya que deseaban asimilar un poco lo que había sucedido con anterioridad. Por ratos sus miradas se habían cruzado, pero inmediatamente la desviaron, un tanto avergonzados al verse a la cara. Eran aproximadamente las 2:00 de la madrugada, el pelinegro se dio cuenta de lo tarde que se había hecho puesto que por la mañana tenía un par de pendientes que arreglar en su trabajo. Para cuando le aviso a su compañera de su retirada, lo acompaño hasta la salida donde su D-Wheel lo estaba esperando.

— Realmente agradezco que me hayas acompañado, Yusei. —esbozo una pequeña sonrisa.

— No es nada, Aki. De verdad lo pase muy bien, gracias por haberme invitado. —le devolvió la sonrisa.

Hubo un pequeño silencio entre ambos.

— Entonces, me voy. Despide a tus padres de mi parte.

Arranco el motor de su D-Wheel.

— Ah, sí. Lo haré, gracias Yusei. Nos vemos luego.

Coloco su casco sobre su cabeza mientras se ponía en posición, pero justo antes de irse, volteo y la miro una última vez.

— Nos vemos, Aki.

Y sin más, se retiró.


Sus labios se encontraron con desesperación, aquellas grandes manos tomaron sus caderas con firmeza atrayéndola hacía su cuerpo, pegándola directamente contra su erección, donde yacía su excitación hacía la fémina. Sus lenguas se encontraron en una lucha por ganar, las manos de ella desgarro sus ropas hasta que finalmente toco su pecho desnudo, estudio sus pectorales recorriendo hasta su abdomen. Lo escucho soltar un pequeño suspiro sobre sus labios, volvió a capturarlos profundizando cada beso que se daban.

Escucho sus suaves jadeos a medida que sus caderas se movían con inquietud mientras su vientre se frotaba contra su eje, provocando a su creciente erección luchando contra el deseo de salirse de las prendas.

— Aki, espera… —murmuro ronco sorprendiéndose de su propio tono.

— No puedo esperar… —susurro jadeante.

Aun no podía hacerse la idea de estar en con su amiga, en una situación así. Estaba perdiendo lo estribos si no le ponía un alto a sus impulsos, pero como hacerlo cuando tenía el cuerpo de ella sobre suyo, sintiendo cada atribuyo de su perfecta figura.

— Yusei…

Su voz estaba llena de lujuria.

— Por favor…

No puedo, no puedo…

— Yusei…

Esto estaba mal, era su amiga. Estaba confundido y el deseo de tocarla estaba cegando todos sus sentidos, pronto caería en ella y no estaba seguro de volver a reponerse.

— ¿No me deseas? —dijo ella en un tono desanimado.

¡Diablos sí! La deseaba más de lo que podía pensar.

— Yusei… —su voz lloriqueaba ansiosa por ser tocada.

— Aki… —estaba confundido, luchando contra sus impulsos.

Ya podía evitarlo más, tenía que tenerla antes de que perdiera la razón.

— Yus-…

No pudo terminar de llamarlo ya que sus labios estaban reclamando los suyos sin piedad. Sus respiraciones estaban sumamente agitadas luchando por tomar aire, pero ninguno de los dos sedo el paso; las manos de él tomaron sus pechos masajeándolos lentamente, sintiendo la suavidad de ellos provocando un tímido gemido sobre sus labios al hacerla sentir débil. Sin pensarlo dos veces, bajo el pequeño escote que se asomaba entre sus pechos liberándolos de un golpe estos salieron en un pequeño salto, haciendo que ella se arqueara contra su pecho haciéndola sentir la pequeña brisa que corría. La levanto del suelo mientras ella rodeaba sus piernas alrededor de su cintura, pronto sus intimidades se frotaron en busca de encontrarse.

— Yusei… —jadeo retorciéndose entre sus brazos.

— No puedo más… —gruño.

— Hazlo… por favor...

Yusei…

El pelinegro despertó de golpe con su cuerpo bañado en sudor, trato de normalizar su respiración mientras parpadeaba lentamente observando el techo de la casa por un momento, se encontró recostado sobre su cama mientras la luz del sol entraba por la ventana.

— ¿Un sueño?...

Su cuerpo se enderezo lentamente hasta sentarse sobre la cama alzando una mano para poder limpiar su frente sudorosa.

— ¿Qué fue eso? —murmuro confundido.

Su cuerpo se sentía extrañamente caliente, era la primera vez que le sucedía. Observo su habitación notado en una silla el traje que había usado la noche anterior recordando su velada con Aki, lo cual hizo que su cuerpo reaccionara ante las imágenes que llegaban a su cabeza cuando recordó sus labios sobre los suyos, su cuerpo meciéndose contra el suyo exigiendo ser tocado, sus pequeños gemidos que salían de su boca…

Tenía que detenerse, sus pensamientos lo estaban llevando a otro lado.

Se levantó de la cama dirigiéndose directamente al baño.

Realmente necesitaba una ducha con agua muy fría.


— Aki, querida. Apenas tocaste tu desayuno ¿Estas bien? —dijo su madre en un tono preocupante.

— Ah sí. Perdón, madre. No tengo mucho apetito esta mañana. —contesto con una sonrisa despreocupante.

La verdad es que no había dormido muy bien durante toda la noche, no después de lo que sucedió la noche anterior, no podía dejar de darle vueltas a todas aquellas escenas que cruzaban por su cabeza.

— ¿Estas segura de que te sientes bien, hija? —dijo su padre mientras la examinaba un tanto preocupado.

— Estoy bien padre, lamento hacerlos preocuparlos. Es solo que, los exámenes se acercan y me tienen algo preocupada. —contesto con una mentira esperando que creyeran de esta.

— Oh, ya veo. Pero aun así no debes presionarte demasiado, querida. Tu salud es muy importante.

— Gracias madre. Procurare no esforzarme demasiado.

— Si te sientes mal, hazlo saber. —dijo su padre mientras tomaba el vaso de jugo que tenía aun lado.

— Si. Gracias. —asintió levantándose de la mesa— por ahora tengo que retirarme, necesito hacer un par de cosas.

— Ten cuidado querida.

— Lo tendré, los veré después. —dijo la joven mientras despedía de sus padres y se dirigía directamente a su habitación.

Mientras los padres de Aki continuaban con el desayuno, en cuanto la joven entro a su habitación cerro las cortinas de las ventanas, dejándola en completa oscuridad donde solo podía visualizar un poco la iluminación de la habitación a través de a tenue luz que entraba atravesaba la tela de las cortinas. Una vez de asegurarse de estar completamente sola, se dejó caer sobre la cama donde su cuerpo reboto ligeramente; se quitó las zapatillas recostándose de forma fetal, mirando hacía el vació. Recordando algunas escenas de la noche anterior, cerro sus muslos provocando un pequeño cosquilleo entre sus piernas, su cuerpo comenzaba a sentirse caliente ante la serie de sensaciones que volvía a recordar cuando los dedos de su él exploraron cada parte de su sensibilidad.

— ¿Por qué?... —susurro respirando profundamente, mientras llevaba una de sus manos por debajo de su cuello se deslizo por uno de sus pechos ladeando su rostro, siguió bajando hasta llegar a su falda—. ¿Por qué me siento de esta manera?

Sus piernas permanecieron cerradas hasta que las abría lentamente dejando que su mano se deslizara entre sus piernas tocando por encima de su prenda inferior su intimidad, provocando que jadeara ante la sensación.

— Yusei…

Se colocó boca arriba mientras su cuerpo se arqueaba al tiempo que sus dedos jugueteaban con su sensibilidad, provocando la humedad que crecía en ella.

— ¿Qué estoy haciendo? —murmuro entre pequeños jadeos siguiendo sus movimientos—. No… debo… debo detenerme…

Sus dedos siguieron jugueteando con su pequeño clítoris a pesar de llevar puestas sus bragas, aun se sentía muy bien al tocar esa parte de su cuerpo, jadeo con deseo. De pronto se sintió más caliente de lo usual, justo como lo había estado cuando Yusei la tocaba, pero la sensación era diferente, debido a que era él quien la tocaba y de solo imaginar eso su ansiedad crecía aún más.

— Yusei… Yusei… —gimió mientras sus dedos hacían aun lado sus bragas para tocar directamente sobre la piel, dejando salir un quejido placentero.

Ahora bien, podía sentir como la humedad se había convertido en fluidos, sus dedos estaban repleto de ellos, ahora sabía lo que él estaba sintiendo cuando la había tocado de esa manera, de solo pensarlo la avergonzó, pero de cierta manera… la excitaba.

Si tan solo hubiera sido en otro lugar su encuentro, todo hubiera terminado de otra manera…

Pero… ¿En que estaba pensando? ¿Cómo hubiera terminado si no hubiese sido en el jardín? Tal vez en una cama donde…

Basta… estos pensamientos la estaban llevando a otro lado.

Su mente decía que estaba mal pero su cuerpo, le decía a gritos que quería esto.

— ¡Yusei!

Sus gemidos aumentaron frotando con profundidad su clítoris, mientras su cuerpo se arqueaba contra la cama, sus pies se encontraron de punta contra las esquinas de la cama, moviendo sus caderas a medida que aumentaba el ritmo.

— De nuevo… no… de nuevo estoy por… ¡Yusei! —dejo salir un gemido placentero mientras llegaba al orgasmo, dejando salir toda su ansiedad. Estaba avergonzada de sí misma, pero a la vez se sentía excitada.

Mientras sus dedos se hacían aun lado su cuerpo cayó sobre la cama, completamente exhausta.

Sus mejillas estaban completamente rojas, aun no podía creer que estuviera haciéndose esto a sí misma. Pero como podía evitarlo deseando a su amigo con tanta ansiedad, era tan atractivo, casi podía ver lo que estaba detrás de su camisa, siempre había imaginado su espectacular pecho, las marcas de su abdomen llegando hasta su pelvis donde apreciaba la forma de V donde sus pantalones yacían colgando de sus caderas. Casi podía sentir su piel rozar con la suya, sus bocas chocaban en busca de comerse el uno al otro, sus enormes manos… sabía bien que no eran tan suaves como creía, lo había sentido cuando sus dedos jugaron con ella. Era rasposos y callosos, lo cual revelaba el duro trabajo que había llevado en su vida, todo por lo que trabajo era la prueba de que sus manos eran como las de un hombre. Y de solo imaginar de nuevo esa sensación contra su cuerpo, la hacía sentir como toda una mujer. A decir verdad, desde que despertó ese interés por él, todo lo que le hacía era comportarse como una mujer.

Esto había sobrepasado la línea, pero lo que más le impresionaba es que le había gustado.

¿En que se había convertido?

¿Qué clase de mujer haría esto?

Ahora sabía perfectamente que deseaba a Yusei tanto como él la deseaba a ella.

— ¿Él…se sentirá de la misma forma? —susurro combatiendo por recuperar su respiración.

Se halló en un completo vació del cual aun desconocía.


¡Buenas! He regresado...(?)
Quiero darles una enorme, enorme disculpa a todos los fans que me han estado mandando mensajes, realmente ha sido un año difícil, y bueno a causa de eso es fue mi falta de inspiración. Realmente lamento no haber actualizado antes, estoy bien si por algunos se preguntan. Intentaré seguir actualizando el fanfic, realmente quiero terminarlo y me alegra tanto saber que tengo su apoyo, que les guste mucho, significa mucho para mi, también el que estén pendientes de si lo estoy actualizando a pesar de que llevo bastante sin llevarlo a cabo.

Gracias a todos aquellos que mandaron un mensaje, quiero dedicarles este capitulo. Es especial y espero que lo hayan disfrutado, gracias por seguir esperando.

Ahora sobre este capitulo, lo se...lo quise hacer mas intenso jajajaja bueno la verdad ya era hora, ya tenía planeado esto desde hace bastante tiempo, solo que no me llegaba bien la idea. ¡Espero realmente que les haya gustado!

¡Muchísimas gracias por seguir leyendo, sigan al pendiente que no lo he terminado! o-ó