Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en la historia me pertenecen, sino que son propiedad de Chinomiko y compañía.
Destinos no controlados
VI. ¡Kiki!
-Eh, bueno ¿ya qué? Lo hecho, hecho está. Así que-le entregué las galletas y señalé hacia la salida mientras me reía tontamente.
Era increíble lo que el pelirrojo me provocaba, y lo hacía porque justamente sabía cómo iba a reaccionar. Cómo desearía no ser así de predecible, pero no estaba precisamente acostumbrada a tener que lidiar con hombres tan intensos, más aún porque sólo lo veía como un amigo, nada más. Y era muy probable que él también pensara lo mismo, sólo que le gustaba tontear conmigo para pasar el rato.
-Eres muy bipolar, primero te enojas y ahora sales corriendo-dijo sonriendo socarronamente a la vez que caminábamos a la salida del instituto.
-Estamos en algo más importante. Hay un perro perdido que debemos encontrar a como dé lugar, sino… no quiero ni pensarlo.
-¿Señorita perfección no quiere una manchita en su perfecto expediente?
-Claro que no, ¿a ti sí? Y no soy perfecta por si acaso.
-Digamos que no tengo miedo a ensuciarme, princesa-me miró arrogantemente y yo atiné a reírme por lo ocurrente que era Castiel.
No fue ocurrente querida, fue obscenamente honesto.
Me sonrojé por encontrarle el doble sentido a las palabras de Castiel, y tosí nerviosamente. Él como siempre sonreía como si fuera el último hombre en la Tierra.
-En esta ocasión vamos a evitar una manchota, y vas a hacerlo diciéndome cuál es el plan para atrapar a Kiki.
-¿Es que nunca has tenido perro?-me quedé en silencio porque efectivamente nunca había tenido perro, era una verdadera pena porque amaba a los animales. Levantó una ceja y dijo de manera burlona-Eres la primera persona que conozco que nunca ha tenido perro.
-Quizás algún día lo tenga-susurré con molestia-Me conformo con tener a éste momentáneamente.
-Sí, lo que sea-movió su mano con despreocupación y fijó sus irises grises en todo el terreno del instituto.
Conté mentalmente para no irme de lengua y miré también todo el instituto tratando de analizar.
Al costado izquierdo de éste había un edificio grande con ventanas en la parte superior de las paredes así que asumí era el gimnasio, y al lado derecho había un invernadero inmenso con un pequeño jardín exterior muy hermoso. Kiki al ser pequeño podría esconderse en cualquier parte.
-Ya que las demás buscaron dentro del instituto y no vieron señales de vida, queda buscar en el invernadero o en el gimnasio-dijo pensativo el pelirrojo y se giró hacia mí-Escoge, invernadero o gimnasio.
En eso sonó fuertemente la bocina de un auto, y por reflejo miré hacia la calle. No me había dado cuenta de que aunque el tráfico no era mucho, una no despreciable cantidad de vehículos pasaban por fuera del instituto. Tragué saliva con dificultad por las mil escenas trágicas que desfilaban por mi cabeza relacionadas con el perro, y los mil finales que tendríamos nosotros. Era una posibilidad horrenda, pero todos los días se perdían perros en la calle.
-Oye, y no cabe la posibilidad de que se haya ido hacia…-
El pelirrojo siguió mi mirada y bufó por lo bajo.
-No seas tonta, ese perro es un marica, no se va hacia donde no se siente seguro.
-Que alivio-suspiré un poco más tranquila y miré las dos estructuras para explorar. Ya que no quería toparme con la sorpresa de encontrar algún chico a medio vestir pues me pondría en una situación bastante incómoda respondí sin dudar:-Iré al invernadero.
-Está bien. Ahora hay que dividirnos las galletas, pero te advierto que no huelen precisamente a flores.
Arqueé mis ojos por su advertencia tan boba. Aunque sonó serio una pequeña sonrisa lo delató.
-Es obvio, son golosinas para perro, tienen que ser asquerosas para los humanos.
-Después no andes vomitando por los rincones porque ya te lo advertí.
Abrió el paquete con galletas, e inmediatamente un olor nauseabundo perforó mis fosas nasales al punto de provocarme una pequeña arcada. Él me sonrió arqueando una ceja, y yo lo quise golpear para quitar la arrogancia de su rostro.
-¡Por dios! No me extrañaría que tu perro te odie por darle de comer eso.
-Cierto que eres experta en perros-sacó una servilleta y en su centro colocó un pequeño montón. No se inmutó a mis ojos llorosos ni a mi mueca de repugnancia, y me entregó las galletas con las puntas de la servilleta agarradas-No seas quejica y ofréceselas al chucho en todo momento. El olor te lo aguantas porque eso lo va a atraer.
Respiré hondo y tomé la servilleta ya no muy segura de que el plan fuese a funcionar. Pero dadas las circunstancias no quedaba más opción más que acatar lo que decía el pelirrojo.
-Por lo menos hubieras tenido la decencia de cederme a mí el paquete y tú quedarte con la servilleta.
-Soy el villano, Magda; no el príncipe azul. Ahora si me disculpas-hizo una reverencia exagerada que me hizo reír y enojar al mismo tiempo-, tengo que ir a recuperar y matar un maldito perro-me dedicó una significativa mirada y luego se fue en dirección al gimnasio.
No sabía qué pensar, en este momento lo único que sabía es que Castiel era un idiota maleducado, y que debía irme pronto al invernadero.
Caminé mirando en todas direcciones a ver si encontraba alguna señal del can. Pensándolo bien, ya que Castiel me dijo más o menos el comportamiento de Kiki, era muy probable que antes se haya escapado. Entonces habían dos posibilidades:
1) El perro era muy travieso.
2) Odiaba a su dueña.
No sé por qué tenía la impresión de que no le hacía mucha en gracia tener de ama a la directora, y por eso trataba siempre de escapar. Aunque tenía que agradecer que alguien se preocupara de él con tanto amor y dedicación… quizás demasiado, pero al fin y al cabo era querido.
A quién engañaba, hasta a mí me molestaba que la gente me tocase más tiempo del necesario, el pobre perro debía sentirse casi violado con tanto amor cuchi-cuchi. ¿Encima traerlo al instituto? Ni siquiera porque la señora trabajaba se salvaba. En estos casos es cuando ser hum…
-¡Ay!
Casi me caí de bruces al suelo debido a que tropecé con algo suave, pero afortunadamente logré recuperar el equilibrio. Algo asustada bajé la mirada para ver qué había pasado a llevar, y me avergoncé horriblemente de ver a un chico vestido de jardinero sobándose suavemente la parte trasera de una pierna. Me agaché y me arrepentí a medio camino de tantearlo para ver si estaba muy mal.
-Lo siento, lo siento, no lo hice a propósito. Soy una tonta por no fijarme en donde camino. ¿Te puedo…?
-Hey, no te preocupes-me sonrió afablemente. Levanté mi mirada y observé que tenía unos llamativos ojos verde agua a juego con su cabello-Estoy bien, el dolor pasará dentro de poco. ¿Tú estás bien?
-S-sí, estoy bien-mordí mi labio inferior con nerviosismo-Lo lamento en verdad, no pensé que alguien estaría en el suelo.
Él rio suavemente y se sentó en el suelo ya que antes estaba de rodillas.
-Es mi trabajo estar en suelo, soy el encargado del taller de jardinería. Por cierto soy Jade.
-Magdalene-emití una suave risa por su comentario, y me cayó bien al instante. Se notaba que era un buen chico.
-¿Puedo preguntar por qué no estás en tu salón de clases?
Exhalé un suspiro y me senté al lado de él acomodando las galletas en mi regazo. Esperaba que no me juzgase por lo que había hecho porque en lo personal no me avergonzaba totalmente, pero el pelear con otra persona en público no estaba muy bien visto.
-Tuve una pelea con Amber y por cosas extrañas del destino ahora debo encontrar a un perro.
El peliverde a mi lado se rio a carcajadas y yo esbocé una sonrisa debido a lo contagiosa que era. Al menos no me enjuició ni me miró mal.
-¿Kiki se perdió de nuevo? Que mala suerte.
-La verdad fue un problema caído del cielo porque si no habría sido suspensión inmediata.
-Ya veo-se secó unas pocas lagrimillas y me observó-Entonces te dieron la oportunidad de olvidar el incidente si encuentras a Kiki.
-Así es… pero a este paso no lo encontraré antes de que terminen las clases.
-Típico de Kiki.
-¿Es normal que la directora traiga a su perro y se pierda?
-Por desgracia sí, y no es que no me gusten los animales, es que a nosotros siempre nos toca recuperar el perro.
-Vaya-me quedé pasmada por lo excéntrica que al parecer era la directora. Tenía que hacer nota mental de evitar a toda costa toparme con Amber, y de esconderme si el perro a futuro llegaba a desaparecer.
-Ahora que lo pienso, hace un rato vi al perro juguetear con una mariposa por aquí-lo observé con esperanzas renovadas, y creo iluminó todo mi rostro pues me sonrió amigablemente-Seguro está escondido por ahí.
-¡Muchas gracias!-me levanté inmediatamente por la emoción y ayudé a Jade a ponerse de pie-¿Seguro estás bien?
-Sí, ya pasó el dolor, no te preocupes.
Lo abracé por la euforia, y él me devolvió el abrazo algo sorprendido.
-Gracias por no juzgarme, Jade.
-Amber saca de sus casillas a cualquiera, además se ve eres alguien tranquila.
Le di las gracias nuevamente y me despedí yendo camino al invernadero. Al menos tenía una referencia de que el perro había estado cerca, y probablemente estuviera hambriento.
Caminé rápidamente hacia el invernadero, y tratando de no distraerme en exceso por las flores hermosas que me rodearon por todos lados al entrar, me ubiqué al centro de éste y coloqué un montoncito de galletas. Me tapé la nariz al instante pues el nauseabundo olor salió apenas abrí la servilleta, y retrocedí a esconderme entre unos arbustos para que Kiki no se asustara.
Esperé pacientemente unos cuantos minutos a ver si aparecía porque si hasta yo olía las galletas, un perro a ojos cerrados lo haría. Recé en silencio para que apareciera pronto nuestra carta de salvación, ya había pagado con creces el hecho de agredir a Amber con todo lo que había tenido que pasar durante el día.
Cuál fue mi sorpresa que Kiki llegó caminando grácilmente olisqueando las galletas primero, y luego dándoles mordidas cautelosas. Mi corazón se aceleró y mi cerebro se bloqueó momentáneamente. Por dios, ¿ahora qué tenía que hacer? No quería espantar al perro por lo que no podía aparecer por sorpresa… quizás si me acercaba de a poco podría estar a la distancia suficiente para atraparlo.
Sin pensarlo más salí de los arbustos lentamente y él como perro que era dejó de comer sus galletas y me miró fijamente. Le devolví la mirada tratando de parecer tranquila, a pesar de sentir que mi corazón bombeaba fuertemente. Comencé a avanzar hacia él observándolo en todo momento para ver cualquier indicio de que quisiese escapar, y como hasta ahora no lo había hecho seguí avanzando.
-Por favor, no te vayas…-susurré. Él ladeó su cabeza jadeando levemente-Eso es… buen chico…
Estaba a sólo medio metro de distancia, a medio metro de salvar el trasero de 10 personas y de paso ayudar a la directora. Casi, casi, casi…
-¡Tabla, ¿estás ahí?!
MALDITO SEAS PELIRROJO TEÑIDO.
Sentí que el alma se me iba a los pies cuando vi al perro correr mientras ladraba fuertemente, y yo ni corta ni perezosa salí corriendo detrás de él. Se escondía entre distintas matas, y se movía de un lado para otro, pero yo no le perdía pisada.
-¡Kiki! Por favor, Kiki, ven para acá. AHORA.
-Que diab… ¡El chucho!-de arrogante y malhumorado pasó a preocupado persiguiendo también a Kiki.
-Sí, el perro que espantaste-le dije entrecortado debido al esfuerzo. Estaba muy enfadada con él, pero ya después le reclamaría.
Ahora con Castiel tratando de atraparlo, Kiki sacó energías y se volvió más revoltoso si es que era posible. Corrió de un lado para el otro, se paseó entre diferentes macetas, e incluso no sé cómo escuché que activó la manguera de regadío. Casi podía tocar su cola, pero lamentablemente tarde me di cuenta que se había formado un charco de lodo que él salto fácilmente… y yo no.
-¡Perro de mierda!-golpeé con mis puños el charco, me senté en él y sobé un poco mi adolorido trasero.
Escuché a Castiel carcajearse y lo fulminé con la mirada. No era una persona vengativa, pero esperaba le pasara algo tragicómico para poder reírme yo también a destajo. Me levanté embarrada de pies a cabeza, y traté de localizar con la mirada dónde estaba el desastre andante; fue fácil hacerlo, el sonido de macetas quebrándose y maldiciones varias me guio hasta un rincón en donde giraban en círculos puesto que los separaba una gran maceta.
El pelirrojo tenía su ropa sucia con tierra, con raspones en su cara y manos, y su cabello con ramitas y hojas. En un momento se detuvieron y se miraron fijamente a los ojos, por mi lado no quise ni respirar por miedo a espantar a Kiki.
-Muy bien, pequeño bastardo-susurró Castiel, respiró hondo y le sonrió falsamente-Entiende que no quiero hacerte daño, sólo quiero llevarte con la vieja bruja para que cuide tu peludo trasero-el perro ladró fuertemente al parecer en protesta, Castiel movió sus manos tratando de calmarlo-Shh, está bien. Sé que debes tener hambre…-sacó del bolsillo de su chaqueta el paquete de galletas y lo agitó levemente. Kiki levantó sus orejas y ladró-Toma, son tuyas, chucho asqueroso-rodeó lentamente la maceta acercándole las galletas. El perro movió el trasero en el sitio y salió corriendo con Castiel siguiéndole el paso, a lo que yo también los seguí en la hilera paralela.
Lo que vi a continuación me dejó completamente perpleja, anonadada y asustada al principio, pero luego me reí tanto que se me resintieron por varios minutos los músculos de mi estómago y boca.
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-Así que tuvieron problemas en atrapar a mi Kiki-dijo la directora acariciando a su perro repetidamente mientras le daba varios besos en la coronilla-Pobrecito mi bebé, debes estar muy cansado.
-Tiene un perro bastante… saludable, si me permite decirlo, directora-dije lo más serena posible. Una serie de emociones bullían en mi interior, pero el alivio de recuperar el perro a tiempo era lo que más predominaba. Miré disimuladamente a un costado y casi aseguraba que Castiel no podía decir precisamente lo mismo.
-Bien, les diría que tomaran asiento, pero creo no sería lo más conveniente-lo dejó en el suelo de la oficina rosa, y nos miró a ambos fijamente. Miré mi cuerpo y el de Castiel, y opiné exactamente lo mismo que la directora-Agradezco se hayan esforzado tanto por atrapar a Kiki, pero debieron hacerlo debido al grave escándalo que ustedes provocaron.
-Pero si…
-No hable señor Laserre, lo estoy haciendo yo-lo acalló nuevamente levantando el dedo índice, y el pelirrojo no tuvo más remedio que callarse y cruzarse de brazos-Como decía, estoy al tanto de lo que pasó en la cafetería, y todos los que participaron debían ser suspendidos inmediatamente y quedar con matrícula condicional. Usted sabe bien a lo que me refiero con eso, Castiel-él bufó por lo bajo y miró hacia un lado. Yo me asusté porque no sabía lo grave que conllevaría lo que ocurrió-Pero por ser primera semana, se los perdonaré gracias a Kiki. Eso sí que no se vuelva a repetir, señorita Prideux.
Una sonrisa iluminó mi rostro, y llevé mis manos a mi boca tratando de que mi alegría no fuera tan evidente, aunque fue algo un poco inevitable porque la directora sonrió débilmente. Miré al pelirrojo a mi lado y soltó un suspiro cansado, creo que era su manera de exteriorizar de que también estaba aliviado.
-Ahora váyanse a sus casas, tienen el resto del día libre.
-Gracias directora, con permiso-escuché a Castiel dar un gruñido y me siguió en dirección a la puerta. Sin embargo, el pelirrojo casi choca conmigo porque me detuve abruptamente al recordar lo que había hablado con mis amigas-Hum, directora…
-Aah sí, una cosa más, jóvenes-ambos nos dimos la vuelta y la observamos atentamente-Todos los que estuvieron involucrados en este embrollo quedarán en el mismo curso, a ver si aprender a convivir de manera civilizada.
-¿Con Amber? No no, con esa niñata, ¡ay!-le pegué una pequeña patada disimulada y sonreí ampliamente, mientras él me fulminaba con la mirada. Justamente ese tema quería tocar con la directora, aunque no con el trío maravilla, pero de igual manera estaba bien si estábamos todos juntos.
-Me parece bien, directora. Haremos lo posible para no dar más problemas.
-Así me gusta-dijo con una sonrisa la directora-Si me permite un consejo, fíjese mejor con quien se junta… y Castiel, haga el favor de no meterse en más problemas, y sobre todo de no meter en problemas a la gente-abrí los ojos sorprendida ante el tono suave pero acusador de la señora, y Castiel la observó seriamente, frunciendo el ceño más y más. Por un momento tuve miedo de que explotara y se metiera en graves problemas, mas repentinamente su rostro se relajó e incluso esbozó una sonrisa tétrica.
-Y si me permite a mí un consejo-usó un tono tan suavemente sarcástico que me tuve que tapar la boca para que no se viera mi sonrisa-, no asfixie con tantos arrumacos al chucho porque apostaría a que en este preciso momento está planeando cómo escaparse definitivamente de su lado-y se fue así sin más.
Tanto la directora como yo abrimos la boca grandemente. Musité un "disculpe, con permiso" y salí rápidamente para soltar un poco mi carcajada reprimida, mientras la mujer mayor refunfuñaba furiosa hasta afuera de la oficina.
Apresuré el paso para llegar al lado del pelirrojo rebelde el cual estaba en su casillero sacando su mochila y cuadernos.
-No debiste ser tan grosero, nos salvamos de un problema gordo completamente ilesos.
-Ni tanto princesa porque tendremos siempre en las narices a las tontas super-fastidiosas, sin contar que estoy hecho un completo asco-dijo enojado mientras cerraba de manera seca su casillero.
Flash Back
-Muy bien, pequeño bastardo-susurró Castiel. Respiró hondo y le sonrió falsamente-Entiende que no quiero hacerte daño, sólo quiero llevarte con la vieja bruja para que cuide tu peludo trasero-el perro ladró fuertemente al parecer en protesta, Castiel movió sus manos tratando de calmarlo-Shh, está bien. Sé que debes tener hambre…-sacó del bolsillo de su chaqueta el paquete de galletas y lo agitó levemente. Kiki levantó sus orejas y ladró-Toma, son tuyas, chucho asqueroso-rodeó lentamente la maceta acercándole las galletas. El perro movió el trasero en el sitio y salió corriendo con Castiel siguiéndole el paso, a lo que yo también los seguí en la hilera paralela.
Corrí con dificultad porque el invernadero era un desastre porque habían macetas rotas, plantas esparcidas, hasta un pozo de barro que esta vez logré ver a la distancia ya que no corría demasiado rápido y ahora era notoriamente más grande.
Asustada miré hacia un costado porque intuía Castiel no se había dado cuenta ya que estaba preocupado de alcanzar a como dé lugar a Kiki. Iba a gritarle que se detuviera cuando vi que el perro saltaba gloriosamente alto, y para no creerlo Castiel también lo siguió. Observé en cámara lenta cómo los rayos de sol proyectaron las figuras de ambos mientras formaban un arco perfecto en el aire, uno tocando con la punta de los dedos la esperanza de librarse de una suspensión segura, y el otro luchando por mantener una efímera y hermosa libertad.
El futuro lo vi claro.
Kiki saltó impecablemente la poza, y Castiel... se dio un planchazo de aquellos salpicando por todas partes cuan largo era, quedando su cabeza sumergida en el barro.
Me congelé entre asustada y anonadada por presenciar algo tan increíble que ahora pude comprobar no sólo pasaba en la televisión, y no supe si correr a socorrer al pelirrojo o hacer como que recién llegaba para no abochornarlo más.
Para alivio mío levantó lentamente su cabeza, obviamente embarrada, a la vez que Kiki de manera elegante se situaba al lado de él comiendo las galletas que se habían esparcido durante el vuelo. Se miraron intensamente, y a los segundos escuché un susurro presuntamente despectivo debido al tono letal que ocupó el pelirrojo. El perro ni corto ni perezoso levantó su pata y orinó su cabello, o lo que pudo porque Castiel se levantó rápidamente tomándolo del lomo orinando posteriormente su ropa.
El movimiento involuntario e inmediato de mi estómago me provocó una risa visceral que no pude controlar y salió a flote llenando todo el invernadero por unos buenos segundos.
-¡MALDITA SEAS, MAGDA! Y TÚ HIJO DE PERRA, DEBERÍA ROMPERTE EL MALDITO PESCUEZO AHORA MISMO.
Entre risas corrí hasta ellos evitando que el pelirrojo siguiera zarandeando a Kiki, mientras éste ladraba a todo lo que daban sus pequeños pulmones.
Fin flash back
-A ver cómo te las arreglas sola la próxima vez, tonta-dijo obviamente abochornado y enojado porque la risa me invadió otra vez sin poder pararla.
Respiré hondo y toqué su muñeca, pero él rehuyó mi contacto yéndose directo hacia la salida. Me dolió rechazara mi contacto, aunque lo creí comprensible pues no a muchos les gusta que los demás se rían a expensas de uno.
-Espera, espera-aún me faltaba el aire debido a la risa, pero ya estaba más seria. Me puse al frente de él y le sonreí agradecida a pesar de su rictus serio-Gracias por ayudarme, sé perfectamente que no tuviste nada que ver y que pudiste salir perjudicado-él suspiró cansado y miró hacia otro lado-¿Por qué no me esperas y vamos juntos a casa? Así la gente…
-No, sólo quiero largarme de aquí. Ya tuve suficiente de escándalos y embrollos.
Observé que me pasaba por un costado y salía del instituto sin mirar atrás en ningún momento. Debió dolerle en su orgullo el exponerse de manera tan bochornosa frente a otra persona, y en parte lo entendía pero él sabía que a toda costa teníamos que atrapar a Kiki.
Suspiré enojada por la actitud tan tosca del pelirrojo, y me devolví a los casilleros. Saqué mis cosas y mi celular para ver la hora y mensajear a las chicas de que todo había salido bien. Mañana me bombardearían con preguntas, pero ya sería otro día. Por el momento me conformaba con ir a mi casa rápidamente para que la gente no me criticara tanto, tomar una ducha, comerme una ballena, y dormir plácidamente.
A final de cuentas el encuentro de Castiel quedó en nada, pero mejor así. No me interesaba hacer amistades con alguien tan intransigente, enojón, burlesco, poco caballero y lindo como él.
¿Ahora quién es la obtusa?
Me sonrojé por el pensamiento y lo aparté de mi cabeza caminando más aprisa a mi casa. Esperaba ya para mañana se relajase porque detestaba quedar en malos términos con la gente.
Admítelo, ese chico te está revolucionando poco a poco.
-Ya cállate, no tengo cabeza para rebatirte, conciencia.
22/04/2014: Vergüenza nacional, no tengo palabras. La verdad sí. En vacaciones tuve un revés que me deprimió bastante a pesar que tenía más de la mitad del capítulo escrito, pero simplemente no me pude animar a terminarlo. Encima (ni yo puedo creerlo), me pasó lo impensable tiempo después… se me quemó el pc e implosioné de tristeza y frustración. Les prometo no es mentira (siempre pensaba que lo era cuando las escritoras lo decían xD), y eso me entristeció más aún, y ya al final hizo de las suyas la pereza en mi vida, así que igual no tengo excusa que valga.
En compensación el capítulo es algo más largo, y nos quedamos en stand-by del encuentro entre la ojiverde y nuestro rebelde favorito, pero es sólo por mientras… culpen al perro e.e jajajaja.
Muchas gracias a quienes siguen leyendo la historia, colocándola en favoritos y alertas. Muchos abrazos para ustedes, que aunque no me escriben, son un apoyo para mí como seudo-escritora.
Y, les dejo un mega saludo-beso-abrazo-muack-squichi a:
the killer of the full moon: Aaaah, como los profesores me memoricé tu nickname :O Siempre espero me escribas algo porque sino se me hace extraño. Muchas gracias por dejarme tu saludito y tu apoyo en los capítulos, eres un sol con patitas que me ilumina cada vez que te leo 3.
SLO (Guest): Muchas gracias por dejarme tu saludo, y que bueno te haya gustado la historia. No llegó muy pronto la actualización, pero aquí y ahora está. Si me sigues leyendo espero disfrutes el capi ^^, besotes.
amu neko-nya: A ti chica si pudiera te regalaría galletitas caseras por lo apañadora y constante que has sido con la historia. Has sido la persona que me ha escrito en todos los capítulos, y te lo agradezco en el fondo de mi corazón. *Abrazos y besos por mil hasta que te dé diabetes*.
LoKa13: No te respondí el segundo mensaje, pero me emocionaste mucho con tus palabras. No sabes (o quizás sí xD) la emoción que se siente cuando sabes que alguien, aunque sea a la distancia, te apoya y cree en ti en algo en que le pones tantas ganas y corazón. Bienvenida a Destinos no controlados, espero me sigas leyendo.
Son mi combustible de amor y ternura chicas, sus palabras me hacen completamente feliz y acompañada en esta travesía. Les pido disculpas por ser algo inconstante, pero prefiero escribir cuando mi musa me regala su inspiración, a escribir obligada y puede que sin mucha calidad o dedicación.
Ojo, esta vez me nació dedicarles unas palabras en la nota de autor que me dejaron review porque se me dio la gana simplemente, no quiero que las chicas que me escribieron en los otros capítulos y justo no en el anterior se sientan mal, yo soy así de espontánea e impredecible. Para ustedes mis amores les dejo igual muchos cariños, porque a todas (las que tienen cuenta) les respondo internamente sus reviews.
Las y los quiero hasta el infinito, les mando besos y abrazos desde la distancia.~
