Serie de drabbles u Oneshot RIREN, ERERI, etc. Reto1000K (TODO género de fanfic, estan advertidos. Si no te gusta alguno pasa al siguiente o anterior)


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LEVIATAN

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Levi demonio x Eren alma pura (Riren)

Summary:

Una serpiente blanca suele frecuentar el paraíso del enemigo para ver al alma Eren que vive bajo el árbol del viviente. La serpiente se ha enamorado. ¿La historia del Edén estará a punto de repetirse?

...

RIREN—Drama—Universo alterno—Romance—Hurt/confort—Un poco largo pero no pude evitarlo—Inmortalidad—Eren es un alma que fue abortada—Algunas citas que encontré por ahí.

Dedicado a Portgas D. Raven

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"Esa serpiente sinuosa, el dragón que se encuentra en el mar… De acuerdo a la leyenda hubo un Leviatán y su pareja. Esta es la reencarnación de la serpiente de Adán y Eva. Dios creó un Leviatán macho y una hembra, entonces mató a la hembra y la dio de comer para los honestos, ya que si los leviatanes llegaran a procrear, entonces el mundo no podría interponérseles."

-verso Rashi-

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Los ángeles caídos del inframundo vivían atormentando a otros, todos con un trabajo que hacer, una pesadilla más que cultivar dentro de la mente de algún humano y una muerte más que añadir a sus contribuciones.

Todos menos uno.

Un hombre de piel cremosa y escamas negras emplumadas a modo de alas en la espalda, él observaba todo aquel frenesí desde un ardiente risco en lo más profundo de la tierra.

Contemplando las almas de los caídos con sus ojos carmesí, cansado.

Años y años persiguiendo la misma rutina. Las mismas metas y el cielo era testigo de que cualquiera comenzaría a dudar de las metas de su Señor oscuro fueran convenientes. Incluso se preguntó, algunas veces, si aquel ex ángel de luz que se proclamaba rey del inframundo en realidad tenía una "meta" en concreto o tan solo los había arrastrado consigo hasta la tierra para no caer solo.

Egoísmo, por supuesto. ¿Qué más podría esperar en aquel lugar de tormento?

Levi no era un idiota. No expondría sus dudas y mucho menos mostraría abrumado por aquella verdad inminente.

El paraíso no perdonaba nunca.

El Señor de la luz tampoco.

Podría perdonar a los viles mortales pero a aquellos que cayeron junto con el Señor oscuro, jamás.

Un ángel caído no volvería a ser un ángel de luz, sus alas fueron cortadas cuando decidió partir. Y Levi ocultaría aquella pequeña bolita de arrepentimiento hasta el fin de sus días, porque él en verdad no tenía esperanza y en lo más profundo de su corazón…quería volver al paraíso.

Imposible. Su inmortalidad se basaba en un mar de imposibles y dolor.

Podía vivir con eso.

Podía hacerlo.

"Temer se debe sólo a aquellas cosas que pueden causar algún tipo de daño; mas a las otras no, pues mal no hacen."

Dante Alighieri; La Divina Comedia

-I-

Levi terminó la recolección de almas de esa noche, sin misericordia, tajante y eficaz. Escoltando a las malditas cosas transparentes hacia el inframundo.

¿Su vida tendría un propósito?

Tal vez.

Lo mejor era engañar a su mente.

Retornó a su forma animal. Una serpiente, blanca como la leche, con escamas plateadas.

Desplazándose por el suelo fue al bosque lejos del hedor humano. Hasta el mismo árbol del erebo si fuera necesario, atravesó un lago hirviente, dentro de la cascada siseó unas palabras y el portal oscuro se abrió al pie del dichoso árbol donde dormía Cerbero.

La serpiente comenzó a reptar con todas las fuerzas de su cuerpo, a través del túnel oscuro sin formas ni luz, como si de ellos dependiera su vida.

Nadie ni nada conocía aquel portal. Ni siquiera su Señor o El que mira en los cielos.

Y la blanca serpiente vislumbró una pequeñita luz al final del túnel, cada vez más cerca….

Levi no era una serpiente común, era la serpiente.

Por unos momentos un destello de innumerables recuerdos cruzó su mente, millones de seres de luz postrados a sus pies, un lago de cristal y palacios de oro, él mismo revestido de poder en toda su grandeza y luego todo fue oscuridad, triste y hueca oscuridad consumida por el fuego.

Hace millones de siglos y cientos de siglos, antes de la historia humana, una serpiente parlante también había hecho caer al hombre.

¿Recuerdas?

No, te equivocas.

¿Te contaron esa historia como si fuera la real? Te mintieron, pero la verdadera historia es esta: Hace millones de millones de años Dios creó al Leviatán en el quinto día de la creación para que este fuera el rey del mar, y en el sexto un hermoso ángel se reveló contra su creador y fue desterrado, pero ese ángel sembró cizaña en el corazón de la cuarta parte de los ángeles, arcángeles y demás bichos de luz; incluyendo algunos importantes (toma nota, esto te servirá) y se los llevó consigo con la mentira de que ellos crearían un nuevo reino. Uno donde no tuvieran que amntener la cabeza baja y obedecer las insípidas órdenes del creador. Y se fueron con él, en su caída aterrizando en un planeta, el favorito del Señor de la luz.

Entonces el Señor de la luz creó al hombre y el Caído, como entonces le llamaban, envío a su nueva mano derecha. La serpiente.

Se dice que esta hizo pecar al hombre y la mujer.

Sí, pero todavía queda algo oculto. Esa serpiente era astuta, demasiado. Tenía un plan, un extenso y amplio abanico de planes y mentiras y arrepentimiento, mucho arrepentimiento. Pedir perdón y volver al paraíso, pero su orgullo fue más grande y no lo hizo.

La tentación siempre es más grande. Siempre.

Han pasado miles de años. ¿Levi, aún te queda esperanza?

Error, mala pregunta. Corrijo. ¿Levi, aún eres la esperanza?

El Leviatán es sinónimo de esperanza.

La redención no existe.

No para él.

Mucho menos el amor.

Los pedazos podridos del corazón de Levi están llorando, pero no se darán el lujo de mostrarlos tan fácilmente.

El hombre más fuerte de la humanidad.

-II-

La serpiente blanca siguió reptando, ajeno a todo, con el único objetivo de llegar al final del portal.

Ahí estaba.

Otro árbol de ramas secas y hojas mustias, con frutos rojos y enormes. La serpiente atravesó el pasto marchito y cerró los ojos, le encantaba esta transición, poco a poco el olor a clorofila fresca invadió sus fosas nasales, el pasto cada vez más blando como la seda hasta chocar con un arbusto cargado de brillantes moras.

Este portal era único.

Luzbel había creado el lugar de tormento idéntico al Edén y el portal conectaba el árbol de muerte con el árbol de vida.

La serpiente blanca se quedó esperando. Disfrutando el fresco olor, aquella fragancia preciosa que era capaz de quitar todo rastro de tristeza o dolor.

Su forma animal sellaba su aura demoníaca.

Y entonces él apareció.

Un alma de cabellos castaños y ojos esmeralda. Desnudo, puro y de piel bronceada pero clara.

Al pie del árbol ahora fresco y apetitoso, tarareando una canción y viendo la fuente del lado izquierdo gotear.

Hermoso.

La serpiente Levi se enroscó bajo el matorral, tentando con la lengua el aire para sentir las radiaciones de calor que emanaba aquella alma. Levi sabía que aquella alma cantaba todas las mañanas y en la tarde comía con los ángeles guardianes.

Una pelinegra y el rubio de ojos celestes.

Le gustaba observar a SU alma.

Perfecto.

Bello.

Puro.

Su corazón comenzó a latir. Quien quiera que dijera que los seguidores del Señor oscuro no podían arrepentirse estaba equivocado o ebrio.

Pero esto era peor.

Diez mil veces peor que proclamar el nombre de algún santo en el inframundo.

Enamorarse del 'guardián del árbol' era infame.

Que alguien como él se enamorara del guardián del árbol era una aberración.

Merecedor de un castigo entre los 3 mundos.

Y Levi no se arrepentía de haberse dejado llevar por esa voz, esos ojos, esa boca, esa piel y esa sonrisa tan inocentes.

¿Había observado al ojiverde durante cuánto tiempo?

¿Diez mil años?

La inmortalidad se vuelve apática con el pasar de las décadas.

Los humanos no le llamaban la atención. Los demonios tampoco, los ángeles caídos mucho menos.

Y el paraíso le estaba vedado por la eternidad.

No podría hablar con Eren nunca. Nunca, ni en un millón de años. Había lavado su cuerpo en el Leteo (el río del olvido) hasta desgarrarlo pero aun así aquella alma taladraba su mente día y noche.

Entonces ¿Para qué esperar?

Chasqueando la lengua, Levi se deslizó fuera haciéndole frente a Eren, este se quedó mudo de la sorpresa, recorriendo sus enormes ojos el cuerpo ondulante de aquella serpiente blanca.

¿Serpientes en el paraíso? Sí.

¿Serpientes con ojos carmesí? Nope.

Eren se quedó quieto, deslumbrado por la visión.

Las frutas rojas brillaban, colgadas, relucientes burlándose de él.

"Hazlo Levi" la voz interna que le habló detuvo el avance del pelinegro "Hazlo caer como hiciste con los humanos"

"Destrúyelo, Levi, gran ex ángel al mando de legiones, el gran traidor…"

"Mata a esa puta alma, Levi, tus elecciones atraen a la muerte. Mátalo"

—Hola —la voz del castaño interrumpió su meditación— ¿te perdiste, pequeño?

Estiró una mano y Levi retrocedió.

Eren frunció el ceño, normalmente lo animales no se comportaban de esa forma en el Edén.

Levi estuvo tentado a morderlo.

Todo el odio de una vida excluida fluyó contra el alma del ojiverde. Levi tuvo que gastar media vida de autocontrol para no herirlo.

El ex ángel de luz, la serpiente blanca que en sus tiempos de gloria solía subir subía por el trono del Señor de la luz y enroscarse en su poderoso brazo…ahora tenía que apretar la boca que no tenía para calmar el odio que lo llenaba por dentro, que le quemaba las entrañas como ácido corrosivo.

Eren se puso de pie, tratando de tomarlo por segunda vez.

La serpiente abrió los ojos, sorprendida.

¡Por lucifer! El mocoso estaba desnudo. Ah, cierto. En el paraíso la vergüenza no existe. Pero los colmillos hinchados de Levi resplandecieron amenazantes y sus ojos se llenaron de lujuria pura.

Quería someter a ese castaño.

Quería matarlo.

Antes de saltar sobre él, Levi murmuró una maldición y desapareció de vuelta a su círculo infernal. Bajo el árbol seco de hojas mustias, junto al gran can Cerbero y con los tímpanos hinchados a causa del jodido alarido de los demonios que se torturaban entre ellos.

Todavía anonadado por el drástico cambio.

Caronte lo esperaba.

—El Señor oscuro te llama —dijo el barquero.

—Enseguida —volvió a su forma semi humana sacudiendo los restos de pureza de sus hombros, atravesando el camino eterno y saboreando con la lengua el increíble olor a claveles de Eren que le quedaba en el recuerdo.

Aquella alma de ojos verdes sumaba otro sueño más a su lista de imposibles, aumentando su desdicha.

Levi se mordió el labio inferior, enojado consigo mismo por mostrar tales sentimientos.

Cualquiera que lo viera a lo lejos pensaría: "Este es el mayor demonio del mundo, la mano derecha de Lucifer, el gran Leviatán"

¿Pero sabes que estas ciego?

Te diré lo que yo veo.

Un ángel arrepentido.

Un pendejo enamorado.

¿Dios me escuchas? ¿Dios, perdonas?

A veces el amor puede cambiarlo todo, pero lo olvide, el perdón no existe.

-III-

Levi Rivaille tardó unos cuantos siglos en animarse a volver al Edén.

En ese tiempo, junto al Señor oscuro causaron la muerte de muchos y Levi no quiso profanar a su querida alma Eren con su inmundicia de sangre.

Pasaron los años, las décadas y el mundo fue cambiando hacia algo llamado 'tecnología'.

Pasó mucho tiempo.

Pero Levi volvió.

Eren continuaba ahí. Dormía.

Se acercó hasta rozar su mejilla suave con olor a fresas y claveles.

Hermoso.

Eren despertó sujetándolo por la cola, como si lo hubiera estado esperando.

—¡Te atrapé! —exclamó, contento.

"Que mierda..."

El pelinegro siseó desesperado, pero pudo controlar sus colmillos, estos ya no querían herir a Eren.

Eren sonrió, jugando. Colocándolo sobre su pecho.

—Creo que quieres hacerme compañía —le dijo a la serpiente.

Levi se quedó quieto sintiendo el pecho desnudo, los pezones rosados y la calidez del ojiverde.

—Me gusta eso —volvió a hablar el alma— pero a veces me siento solo.

Se sonrojó ante su confesión.

Tierno, hermoso.

Una brillante manzana flotaba arriba, en su rama.

Levi pudo ver su reflejo en aquel brillo hipnotizante.

"Asesínalo"

"Tiéntalo"

"Destrúyelo"

Su voluntad tembló.

—Me pregunto cómo es la tierra...

—Asquerosa —respondió la serpiente.

Eren abrió los ojos, con horror.

-Hace millones y millones de años se rumoraba que una serpiente también había hablado bajo su árbol-

—Que ¿Mocoso, te sorprende? —preguntó la serpiente blanca.

Eren tenía que llamar a Mikasa o Armin o un arcángel guardián.

Pero la tentación tentaba,te seducía, entraba en tu piel y no te dejaba.

Te corroía por dentro.

Te volvía vil...y curioso.

—¿Cómo es que hablas?

Levi se debatió entre decirle la verdad o no decirla.

—No hablo, esto es un sueño —mintió.

—Lo imaginaba.

—Mocoso, ingenuo —siseó— tus ojos son hermosos.

—Hermosa es la luz —los labios de Eren se curvaron hacia arriba, mostrándole a la serpiente una brillante sonrisa. Esperándo su respuesta.

Levi titubeó.

—Hermosa sea la luz y tus ojos —le siguió el juego.

¿¡Qué carajo!? ¿Acaso había dicho algo bueno del enemigo?

No importaba, esa sonrisa lo valía todo.

Por esa sonrisa lo daría todo.

—Bendita sea —finalizó Eren.

—¿Fuiste al mar de cristal? —le preguntó Levi de improviso, dejándose llevar. Tratando de que esos leves segundos junto a su querida alma fueran eternos.

—¿Qué? —el castaño pestañeó— Nunca ¿Cómo sabes de eso? Solo los ángeles superiores van ahí.

Si Levi tuviera labios de seguro el alma lo habría visto sonreír.

—Hace mucho tiempo mocoso —le explicó— incluso antes de que fueras creado. Yo ayudé a forjar ese mar.

Eren sonrió.

—Eres gracioso —le dijo— me caes bien.

Bajó a la serpiente y se quedaron en silencio un largo rato.

—Levi —susurró la serpiente

—…mmm

Se hecho a su lado. Iluminado sus ojos esmeralda con la luz.

En Edén no había sol. El Señor de luz lo iluminaba todo.

—Mi nombre es Levi —eliminó el nombre completo: Leviatán.

—Eren —dijo el alma— mi nombre es Eren.

—¿Eres un ángel? —Levi fingió no conocerlo.

—Un alma pura. Mis padres me enviaron al Edén antes de conocerme.

Bonita manera de decir que Eren fue un aborto. Humanos de mierda.

Más tarde mataría a sus padres.

—¿Cuidas del árbol?

Eren acarició la cabeza de la serpiente, mirando hacia el cielo celeste con espesos algodones blancos.

—El Señor de luz me envió aquí —contó—. Dijo que yo estaba destinado a una gran misión.

—¿Misión? ¿Qué misión?

Eren dejó que Levi se enredara su cuello, raspando sus finas escamas en su delicada piel.

—Esperanza.

Un zarpazo de angustia le desgarró el pecho, pero Levi ignoró la horrible sensación.

—¿Qué?

Traer a la esperanza de vuelta.

La lengua y ojos quietos de Levi lo miraron. Adorando su bella sonrisa. Perdido en esos verdes ojos como pozos de esmeralda, Levi le dio poca importancia a su historia.

—Alabado sea tu señor por ponerte aquí —siseó, pecando contra Luzbel por segunda vez, solo para complacer a Eren. Solo para ver su sonrisa.

Su hermosa y preciada sonrisa. Su mas grande tesoro.

Leviatán, gran Leviatán.

No hay poder sobre la tierra que se te compare.

¿Acaso estás enamorado?

-IV-

Andando por la tierra Levi dejó el auto negro en un estacionamiento clandestino.

Hoy le tocaba recolectar las almas, accidentes y sufrimiento en los humanos. Solo él los generaba.

Entró a un hotel destartalado donde varias mujeres se prostituían por unas monedas, pidió cinco de ellas y encerrado en aquel cuarto las asesinó a todas.

Pasada la media noche había logrado matar a la mitad de aquella gentuza, su trabajo estaba casi completo. Por sus finos dedos manaba sangre, roja sangre carmesí.

El perdón no existe.

No hay esperanza para el caído.

Esperanza.

Recordó a Eren.

Sonrió.

—Por Lucifer —exclamó uno de los demonios que fue con él— Leviatán ¿Qué demonios te pasa?

—Imagino que torturo gente —mintió el pelinegro.

—Pero lo estás haciendo ahora mismo.

Era cierto, soltó al hombre quien acababa de degollar y fue de vuelta al inframundo dejándole el trabajo sucio a su subalterno.

Tenía una gran cita esa noche y fue a su gran cita atravesando la orgia del infierno, hasta su árbol seco y muerto para dirigirse a su paraíso privado.

Al llegar tuvo que esconderse en su ya conocido matorral de moras, en el Edén era de día y una patrulla de ángeles caminó a paso rápido hacia el extremo norte.

A veces Levi se preguntaba porque el Señor de luz no hizo nada para detener su portal privado. Tal vez perdía sus poderes, no, eso era imposible. Una incógnita más para añadir a su lista.

Bufando internamente se deslizó hasta su árbol donde un sonriente Eren lo esperaba.

—¡Levi!

La serpiente levantó la cabeza.

Eren dejó que subiera por sus muslos y cuello.

Levi o hizo, tocado con su vientre de serpiente cada poro de aquella piel, ascendiendo con lentitud para disfrutar lo suave que era.

Lo amaba. Quería besar esos labios, lamerle toda la piel. Envilecerlo.

—Eren.

Se enroscó en su cuello y terminaron viendo el pasar de las nubes. Levi escuchaba hablar a Eren sobre la tierra, la tierra debe ser hermosa, la tierra tiene humanos, la tierra es especial, los ángeles siempre quieren bajar a la tierra a salvar humanos…

—La tierra que admiras —le interrumpió calmadamente— es odiosa.

—¿Cómo puedes saberlo?

"Porque yo provengo de allí"

—Solo lo sé —mintió—. Algún día será destruida, no te encariñes con algo que no conoces, Eren.

—Pero es hermosa, pude sentirla cuando me encontraba en el vientre de mi madre —dijo el ojiverde— escuché hablar acerca del mar, tan limpia y bonita...

Levi carcajeó con desdén. Casi mostrando su verdadera naturaleza llena de odio y resentimiento.

—No conoces a los humanos, Eren.

—Bueno, no quiero discutir contigo —Eren señaló al árbol— mira, Levi. Hoy dio un fruto nuevo. Es bastante inusual. Fue noticia en cada rincón del Edén. .

Levi no quiso mirar, conocía bastante bien aquel árbol como para odiarlo y desear arrancarlo de tajo.

—¿Levi?

—No deberías…mirarlo tanto —le susurró al oído.

—¡Pero es una fruta hermosa! —chilló Eren— tal vez… —su brillante mirada fue directamente al árbol— tal vez el Señor de luz la hizo brotar para mí.

—¡Eren! —el gritó sobresaltó al castaño, los ojos de la serpiente se encontraban más brillantes que de costumbre—. Nunca. Nunca la comas, nunca la toques —ordenó, exaltado—. No es tuya.

"Ironía, ironía, ironía, ironía.."

Vaga, asquerosa e inmunda ironía.

Hace horas mataba niños en medio de una violación, ahora sacaba su lado amable, retando al mocoso como si fuera un ángel de luz más en aquel paraíso.

Hipocresía

"Eres un hipócrita, Levi"

—Yo... —Eren bajó la cabeza, avergonzado— no sé qué me pasa.

—Solo no lo hagas —siseó.

—Nunca.

—Promételo —insistió la serpiente.

—Las promesas no se deben tomar a la ligera, Levi.

El pelinegro se deslizó rápidamente hacia el suelo, huyendo hacia los matorrales.

—Olvídalo —dijo sin mirar atrás.

—¿Ya te vas, Levi?

No respondió.

Nunca antes había visto a Eren tan atraído por aquel inmundo árbol.

¿Sería culpa suya? ¿Su presencia le hacía daño? ¿Lo estaba tentado?

Esa tarde volvió a casa, directamente hacia la salida del inframundo para salir de caza con otros demonios y desquitarse con varios mortales. Harto de sangre y horror tuvo que volver porque el Señor oscuro requería su presencia.

—Leviatán —pudo escuchar la voz a través de una sucia cortina de seda— siendo mis fuera acabadas.

"Púdrete, muere, déjanos vivir." pensó, agradecido porque nadie pudiera leer su mente.

—Mi Señor ordena.

Las oscuras garras tocaron su frente, aquellos brillantes ojos de fuego median la fuerza de su segundo al mando, calculatoriamente.

Cuando sintió que Levi estaba decidido a acatar cualquier orden, tiró la bomba.

—Trae un alma pura que el Señor de luz haya bendecido —los ojos grisazulado de Levi lo miraron estupefactos mas no se atrevió a interrumpirlo—. Hazlo caer para mí. Leviatán, la primera tentación del Edén. Hazlo caer como lo hiciste aquella vez.

Al parecer…ya habían descubierto su portal.

Sintió como su corazón se rompía, destrozado, en miles de pedazos.

—Como desee, mi Señor.

-V-

.

La Potestad suprema le arrojó de cabeza,

envuelto en llamas, desde la bóveda etérea.

Repugnante y ardiendo, cayó en el abismo sin fondo de la perdición,

para permanecer allí cargado de cadenas de diamante, en el fuego

que castiga; él, que había osado desafiar las

armas del Todopoderoso, permaneció tendido

y revolcándose en el abismo ardiente.

El perdón no existe para los exiliados.

-Paradise Lost-

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Eren fue a su árbol. Se sentía en paz.

Recordando a la extraña serpiente que hoy no fue a hablar con él.

Miraba la fruta pero habían tantas iguales, no podía codiciarla.

Aquello sería un pecado. Al igual que amar a una serpiente.

—No. Debo estar mal —se dijo oprimiendo la reluciente escama de Levi en su mano.

Desde que la tenía la vista del árbol y sus frutos se hizo cada vez más tentadora.

—Levi —susurró al viento y como si lo hubiera invocado la serpiente se deslizó desde el matorral de moras de siempre.

—Eren.

—Juega conmigo —pidió.

—Hoy debo ir a otra parte.

—¿Dónde?

—Reptar.

—¿Puedo ir?

—No.

Eren se quedó quieto, dolido por la negativa, plantado al pie de su árbol.

Tierra

Árbol

Levi.

Muchas tentaciones lo abrumaban.

Pensó en Levi, quería pedirle que se quedara con él bajo el árbol. Ahí tenía un hueco y ya no estaría tan solo nunca más.

Vivir con Levi.

¿Cómo sería aquello? Un calorcito se instaló en su pecho y se permitió sonreír.

Bajo la sombra del árbol, protegiendo su brillante escama y dándole un beso a escondidas.

Más tarde, a punto de dormir un griterío lo sacó de sus cavilaciones y un destello plateado de chispas hizo temblar el lado Norte del terreno.

Un ángel acababa de morir.

—¿Qué?

"Protege el árbol" le susurró una dulce voz.

Eren cerró los ojos y la luz dorada, que rodeaba al árbol de vez en cuando, formó una especie de capa protectora esférica a su alrededor. Nadie podría atravesarla, solo Dios, él y un ángel superior.

Y antes de que esta se cerrara algo blanco se deslizó dentro.

Eren reconoció a Levi y lo dejó entrar.

—¡Levi! —se arrodilló ante la serpiente cubierta de sangre que guardaba una bola de floreciente luz dentro de la boca.

Quiso levantarlo pero la figura de la serpiente se desvaneció y volvió a reaparecer, transformándose poco a poco

Cabellos negros, piel blanca, ropa negra, cuernos medianos, garras y un par de alas caídas.

El ojiverde iba a decir que aquel espectro era un demonio, pero las escamas de la espalda que se coloreaban como plumas indicaban otra cosa.

El Leviatán.

Ahogó un grito de terror.

Los gritos de los guardias lo alertaron, contra todo pronóstico Eren se las arregló para arrastrar el cuerpo inconsciente de Levi cerca del hoyo del árbol. Si el Señor de luz no descubría a Levi frente a sus ángeles…debía ser por algo.

"Trae a la esperanza de vuelta"

Eren se quedó hipnotizado por los carnosos labios de Levi, frente a él tenía a la tentación encarnada y realmente era tentadora.

Aquella electricidad recorriendo tu piel, nublándote la mente.

Estas cayendo.

Los ojos rojos de Levi.

Eren quiso besarlo.

Se inclinó y juntó su boca con la del demonio, dejándose caer, y cuando apenas se rozaron Levi se esfumó entre sus brazos.

Se hizo trizas.

Hace millones y millones de años. Antes de que el Edén fuera deshecho. El leviatán, la esperanza, fue arrastrado a la tierra con Luzbel.

-VI-

Levi despertó en el erebo.

Herido

Derrotado.

—Traje la esencia de ángel para mi Señor —dijo plantándose frente a la gran puerta del inframundo.

Un alma pura, eso es lo que debía de traer, pero se excusó diciendo que todas estaban guarnecidas en las ciudades de oro. Por nada del mundo iba a decirle al Señor oscuro algo sobre la existencia de Eren.

No sirvió de nada.

El espíritu del ángel no curaba del todo así que Levi fue castigado. El leviatán no se inmuto, se dejó hacer de todo como si no le importara. En su mente no dejaba de repetirse que el Señor oscuro estaba débil, tan débil como un moribundo.

A este paso sería muy fácil derrocarlo.

¿Y luego qué?

.

Pasaron un par de años para que encontrara el valor suficiente para volver al Edén.

Su corazón le decía que Eren lo miraría con asco, rechazándolo si no es que antes gritaba en busca de los odiosos ángeles.

Pero Eren lo miró de lejos, sin el disfraz de serpiente, Eren miró al demonio.

—Aquí no se comete ese pecado —dijo con una voz fingidamente rencorosa, poniéndose a la defensiva.

—¿Matar a un ángel? —la ironía en el tono de Levi fue como una estaca en su pecho. No pudo mirarlo a los ojos pero permitió que se sentara junto a él.

No supo cuando tiempo había pasado pero sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.

—¿Porque bajaste? —le preguntó Eren por primera vez.

Levi supo muy bien a que se refería.

¿Por qué bajaste con Luzbel? Dime Levi ¿Por qué lo hiciste?

—No lo sé —admitió— era tentador.

—Tú eres la tentación —le dijo Eren, sentado con las rodillas abrazadas contra su pecho— y también eres la esperanza. Y al bajar…asegurabas la esperanza para la gente. ¿Lo hiciste?

—Eso no es cierto —negó con rapidez.

—No. Levi, tú...no mereces...

—Te amo, mocoso.

El alma y el demonio se miraron largo rato, tratando de descifrar los misterios de cada uno. Tratando de ver a través de sus sentimientos.

—Quiero irme contigo —confesó Eren— yo siento algo aquí —tocó su pecho—cuando te veo.

Levi no pudo evitar subir una mano hasta la mejilla del ojiverde.

Le dio un beso.

Un corto y casto beso en los labios.

—Cumpliré tu deseo —le susurró— pero solo por unas horas.

Antes de que Eren le preguntara que era una hora, el pelinegro lo abrazó por la cintura dejándose caer en el portal que conectaba ambos mundos.

Esa era la primera vez que Eren observaba y sentía la oscuridad en carne propia. Pegó un grito.

El pelinegro tuvo que recordaré que la oscuridad, en teoría, es la ausencia de luz.

La oscuridad no existe.

Su pequeña clase fue interrumpida cuando de improviso la boca de Eren se estrelló con la suya y volvieron a besarse, esta vez fue diferente. Eren era torpe pero Levi lo llevó a otro mundo: el de los placeres de la carne.

Mordió sus labios con lujuria, introduciéndole la lengua hasta el fondo y rodeando la suya para iniciar un lento vaivén que asustó al ojiverde, pero Levi no iba a detenerse.

Buscó una cómoda posición para subirlo sobre sus piernas obligándolo a enredar aquellos bonitos muslos en su cadera.

¿Cuál es la gloria máxima de un demonio?

Tener sexo con un alma pura, hacer gemir a esa alma y correrse dentro de ella. Corromperla.

Corromper o no corromper. Ese era el dilema en cuestión.

—Te amo —volvió a repetir el pelinegro, más para sí mismo que para el otro.

—¿Amor?

—Sí, Eren, amor

Los demonios no sienten amor.

Pero Levi si lo sentía.

Chupó su cuello generando lascivos gemidos que salían de la boca del ojiverde, pasando la lengua por su clavícula y dándole mordidas eróticas.

Amor.

Eren se dejó hacer.

Fue sometido como un muñequito ante las millones de sensaciones que se desataban por todo su cuerpo.

—..e...espera —jadeó al sentir un par de manos tocando donde no debía— Levi..mngh, oh, si, si..

El demonio no dejaba de gruñir vagamente contra el cuello de Eren, jadeando sin control. Necesitaba tomarlo, necesitaba hacerlo suyo.

Unas cuantas caricias sirvieron para que Eren se corriera.

Entonces Levi se detuvo.

No podía hacerle eso a Eren, no podía condenarlo de la misma manera que se condenó a sí mismo.

Su respiración era fuerte, y al ver los moretones en el cuerpo de su Eren se alejó un poco.

—¿Levi?

—Tenemos que volver —dijo limpiando el cuerpo del castaño.

Eren vio el pesar en sus ojos, asintió y se dejó llevar de vuelta.

Lo dejó en su árbol, recostado y asustado.

Decidió quedarse. Con su forma de serpiente no sería descubierto y continuaron con sus escapadas de vez en cuando hasta que Levi decidió llegar al final y terminó lastimando a Eren.

No lo volvieron a hacer en mucho tiempo.

Era hora de volver.

No podía seguir corrompiéndolo.

No cuando lo amaba tanto.

La oportunidad para huir llegó un día cuando Eren le insinuó que debería pedir perdón para volver a ser acogido en el Edén.

—¿Perdón? —Levi dejó de acariciar los cabellos castaños— esa palabra no existe para un caído.

—Pero estas aquí.

—Porque tú me lo pediste.

—Leviatán.

—Solo Levi.

—Quiero ir a la tierra.

—¿Para qué?

—Quiero ir contigo a la tierra —insistió entrelazando los dedos con los del demonio— quiero vivir contigo.

—Estás loco —djo Levi, tirándo de su mano con brusquedad para que lo soltara.

El ojiverde sintió el picor de las lágrimas amenazando con escapar de sus párpados.

No volvieron a dirigirse palabra en mucho tiempo.

Arriba, en su confortable rama. Un fruto rojo brillaba cada día más, apetecible.

Levi se dio cuenta de eso y de cómo Eren lo miraba, al igual que un arcángel que lo vio todo.

-VII-

—Debería irme —dijo el pelinegro.

—¿A dónde?

—Se preguntaran dónde estoy.

Eren tembló.

—¿En...en el inframundo? —frunció las cejas— quiero ir contigo.

—Tu pureza con mi suciedad no combinan, mocoso.

—¡Siempre dices lo mismo! —estalló Eren.

—¡Es porque tu mente es tan pequeña que no comprende nimiedades!

—¡Comprendo que no quieres llevarme contigo!

—¡Eres estúpido, Eren!

La fruta los miraba, brillaba y brillaba. Burlándose de ellos, a punto de estallar.

—¡Yo solo quiero ir contigo!

—¡Tal vez solo quieras ir a tu preciada tierra, mocoso! —le gritó Levi— tal vez me sedujiste solo por esto.

Apenas dijo aquello, calló arrepentido.

Los esmeraldas ojos de Eren botaron lágrimas.

En estos tiempos las almas solo sabían llorar, inmundas cosas lloronas.

Levi bufó y le dio la espalda.

—¡No me dejes! —chilló Eren— ¡Estoy hablando contigo!

—No estás hablando —lo corrigió el pelinegro— estas gritando como una cabra enloquecida.

Luego de aquellas discusiones Levi tomaba forma de serpiente y se iba bufando por entre los arbustos.

En este caso prefirió caminar, dándole la espalda a Eren e ignorándolo. Conocía los puntos débiles del mocoso.

Lo dejo y dolió mucho.

Amor eso era amor.

Eren lloró más fuerte solo para molestarlo, lágrimas de cocodrilo.

La manzana brillaba, brillaba con un fulgor resplandeciente y antes de que Levi pudiera evitarlo Eren la tomó entre sus manos y rompió el tallo.

Chico impulsivo.

Manzana tentadora.

Aura de demonio.

Las circunstancias se mezclaron como un caldo pastoso inundando la mente de Eren.

"Si muerdes la fruta prohibida te concederá un deseo, de todas formas, nadie tiene porque enterarse"

Quiero ser de Levi. No puedo existir sin Levi.

"Eren, trae de vuelta a la esperanza"

Tenía todo a sus pies y una sola regla.

Nunca muerdas la manzana. Pero el Señor oscuro envió a su Leviatán, el único capaz de tentar sin darse cuenta. Tentar con su sola presencia, quitar la esperanza que el mismo era. El más fuerte de la humanidad, el más fuerte de los cielos, el que se condenó a sí mismo.

Nunca muerdas la manzana. No sabes que desgracia podrías traer a este mundo.

El Señor de luz mira está mirando pero no hace nada.

¿Qué espera?

O tal vez le quiera dar otra oportunidad a costa de Eren.

Sus métodos para redimir nunca fueron los más suaves que digamos.

Levi toma su forma de serpiente murmurando maldiciones mientras se prepara para una larga caminata.

—Leviatán.

Un arcángel se interpone en su camino.

Con la mirada oscurecida, no por el rencor sino por el deber.

—Solo eres un arcángel, quítate de en medio —le gruñe con desdén.

Pero Mikasa es más rápida, no le gusta ser nombrada solo como un arcángel y saca la luminosa espada para enviar de vuelta a ese demonio. Devuelta a donde pertenece.

Levi chasquea la lengua, fastidiado. Antes entrenaban mejor a sus arcángeles.

Pero no ataca.

Una fea sensación corroe su cuerpo y algo le dice que mire hacia atrás

Eren.

Mikasa comienza a forcejear con él pero Levi la manda a volar lejos de una sola patada, avanza rápidamente hacia donde esta Eren, el idiota de Eren, el impulsivo suicida.

Se supone que Levi volvería y la reconciliación iba a ser hermosa para ambos.

¿Qué mierda estaba pasando ahora?

A tan solo unos metros Mikasa lo detuvo esta vez arrojándole la espada.

Otra estúpida.

—¡Niña tonta! —bramó— mira a tu alma.

La pelinegra levantó la cabeza quedando horrorizada.

—¡Eren!

Levi rodó los ojos.

El ojiverde estaba a punto de posar los labios sobre la fruta, con la mirada perdida.

Le gritó a Eren que se detuviera pero no le hizo caso. Trató de caminar pero una fuerza invisible se lo impidió.

—¿Qué crees que estás haciendo? —dijo entonces mirando hacia el cielo.

No hubo respuesta.

No la necesitaba.

Al parecer, sus plegarias fueron escuchadas. Las plegarias que Levi decía en voz baja desde siempre. Las plegarias que nunca olvidó. Las plegarias para ser perdonado. Sí, lo quería, quería su puto perdón. ¡Pero no a este precio!

La tentación a cambio de la esperanza.

Si Eren mordía la manzana, cosa que nunca creyó que pasara, caería a la tierra y el Señor oscuro sería fuerte otra vez…luego de comérselo.

Los portales serian abiertos.

Destrucción, caos. La gran guerra.

Pero a Levi no le importaba aquello, lo que lo dejó sin habla, fue que sin darse cuenta esto era culpa suya.

Y su Eren sería devorado. Su Eren caería a su preciada tierra, caería como alguna vez él hubo caído y nadie…nadie se merecía aquello.

—Solo tú, él o un ángel superior puede atravesar esta cosa —dijo a la nada— yo soy…un demonio.

"Un demonio que quiere volver a su antiguo hogar."

Hogar.

Su corazón volvió a latir, frenético. Destrozado.

Realmente le hubiera gustado tener una despedida más apropiada.

Enserio.

Aún si las despedidas no eran lo suyo.

Levi tomó el impulso necesario y corrió. A veces todo el mundo tiene un suicida en su interior, y eso es bueno, solo a veces.

Golpeó la pared con la espalda, desgarrando sus negras alas escamosas. Una y otra y otra vez.

Hasta que no quedó nada.

Solo Dios, Eren y un ángel superior atravesarían el campo de fuerza.

Y el cielo era testigo de que Levi fue el ángel superior más venerado de toda la maldita galaxia. El gran Leviatán, el hombre mas fuerte de la humanidad, el que se encuentra enroscado en el brazo del Supremo. Millones de arcángeles lo adoraban.

Perdóname.

Al séptimo golpe de las heridas de su espalda brotaron plumas.

Plumas blancas, brillantes como el mismo sol, como lo fueron alguna vez.

Los refuerzos de Mikasa se alejaron, espantados.

Más y más plumas que formaron un par de alas.

—Eren...

Corrió hacia el ojiverde.

—No seas idiota.

Cuatro palabras. La despedida mejor formulada y pensada del Leviatán, merecía un Oscar, pensó, irónico. Uno de los grandes.

Tiró a la tonta alma a un lado al mismo tiempo que el esperado rayo caía sobre ellos. Antes de convertirse en cenizas, Levi tuvo que admitir que los nuevos mecanismos de defensa del árbol eran efectivos. Demasiado.

Todo fue muy rápido.

El destello de luz desapareció y Eren se mostró sorprendido.

Arrodillado, cubriendo su cara junto a la manzana intacta que era recogida por la madre-rama de su árbol volviéndo a insertarse en su rama

—¿Levi? —llamó.

Nada.

Solo plumas, plumas blancas tan brillantes como la misma luz que bajaban suavemente sobre el suelo.

Las despedidas son tristes. ¿Cierto?

Pues este es el final.

—¿Levi? —los desorbitados ojos de Eren parecían gritar: "Que he hecho".

Las plumas se arremolinaron a su alrededor y una inmensa y chispeante luz ascendió a una increíble velocidad hacia lo alto, esa magnífica luz era Levi.

Había sido perdonado.

La luz subió arriba, muy arriba.

Sacrificio.

El sacrificio trae consigo el perdón.

—...no —Eren se sintió solo— ...Le..levi..

Recogió las plumas con las manos, intentando recomponer algo que ya estaba roto.

Eren se sintió abrumado.

—Levi —dijo, herido— no...¡No! —gritó cuando su montoncito de plumas volvieron a caer— quiero ir contigo…quiero ir…contigo, llévame contigo.

La esperanza había sido devuelta al cielo.

Su misión estaba cumplida.

—¡Nooo!

Eren se sintió usado.

—¡Levi, egoísta!

Eren se sentía triste y lamentablemente no pudo disfrutar mucho de aquel tiempo de luto. Un terremoto invadió el Edén moviéndolo desde sus más profundos cimientos.

"El señor oscuro viene por su Leviatán"

La oscuridad era pequeña a comparación del Edén, varios ángeles fueron a "recibir" a sus invitados.

—Eren —una cosa brillante nada parecida a los ángeles se paró a su lado— Acompáñanos.

El ojiverde volvió a organizar las plumas en la pequeña montaña que había formado. Miró hacia arriba, con desdén, con una cara guerrera y enojada.

—¿Porque querría hacerlo?

Eso es lo que necesitarían ahora. Esa decisión.

El ángel sonrió con bondad. Normalmente los ángeles eran pacientes, nunca se exasperaban pero a cambió podían tratarte como si fueras un crío de dos años, testarudo y emberrinchado. En conclusión, te sacaban de quicio sin siquiera proponerselo.

—No podemos dejar que el Señor oscuro se lleve a Levi ¿Verdad?

—¿Él está vivo? —preguntó Eren, olvidándose por un momento de sus plumas y el molesto tono de voz de aquel ángel.

—Sí.

—¿Dónde?

—Ahí arriba, donde las almas humanas no pueden verlo. Eren.

—¿Podre verlo alguna vez?

—Siempre hay esperanza —le extendieron la mano— ahora te toca luchar por Levi.

Ahora te toca defender a Levi.

Eren lo miró con expectación, hace unos momentos tenía una discusión con Levi, ahora, le estaban pidiendo que se una a ellos para volver a verlo. Para exigirle una despedida más bonita, al menos.

—Lo haré.

Decidido fue a hacerle frente a la oscuridad junto con millones y millones de "bichos de luz" que marchaban junto a la oscuridad que venía a reclamar lo que era suyo con la excusa de que el perdón no era opción para el Leviatán.

Pero Eren era testigo de que Levi merecía una segunda oportunidad.

Convencido de que iba a participar en aquella disputa solo para verlo una vez mas, donde quiera y como quiera que se encontrara y luego...siempre hay esperanza

¿Cierto?

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

.

Ven acuestate conmigo en la mañana del roció verde.

Mírame a los ojos, las nubes se dibujan a lo lejos

y me gustaría que nos fuéramos con ellas, a donde nadie nos pueda seguir

donde nadie nos vaya a encontrar y seamos libres…

algún día…

Y nadie nos pueda separar, ningún peligro nos amenazará

Ni la traición, ni un mal hechizo, ni el diablo, ni la muerte

Cuando nadie te reconozca, si nadie te ve.

Mi corazón, siempre te reconocerá.

Pase lo que pase…

-ASP : Meine Herz Erkennt Dich Immer - Sub. Español-

FIN


Ya sé que están pensando: "Ola, que te fumaste para escribir esto".

Bueno, estaba leyendo la biblia, me enviaron un pedido de una imagen bien chida XD Escribí un drabble, genial. Con el pasar de los días fui aumentando algunos detalles y una cosa llevó a la otra. Fue lo más confortable, divertido e icónico que haya escrito.

Me gustó, me gustó mucho a pesar de que betearlo me llevó cinco horas.

Nos leemos.