Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.


Sin Caer en el Amor


"Cobarde es aquella persona que despierta los sentimientos de otra, cuando no tiene intenciones de quererla."


SEIS

Dos semanas habían pasado desde que conocí a Juvia y nuestros encuentros cada vez eran más ¿calientes? ¿Llenos de deseos? Esa muchacha sabía lo que hacía y las armas con las que contaba, era impresionante como usaba su cuerpo para hacerme encender y lo lograba, con Juvia era incapaz de controlarme. El sexo con ella era simplemente fascinante. Respecto a sus sentimientos no volvió a tocar ese tema, no me había vuelto a decir que me quería o sentía amor hacia mí y realmente creo que en un principio estaba confundida, es decir, nadie siente amor a primera vista y mucho menos en un revolcón, esas cosas no existen, pero el ser humano es algo tan extraño y ni hablar de las mujeres, a veces me costaba demasiado entenderlas.

Me eché hacia atrás en la silla de mi escritorio relajándome por un instante, mi mirada se desvió hacia el calendario que tenía en la pared y dejé escapar un suspiro cargado de dolor al notar la fecha que se acercaba, las fiestas navideñas y el año nuevo, el invierno ya estaba presente en Japón, contrario a todo el mundo que en estas fechas que suelen estar en familia, los rodea un aura feliz cargada de deseos prósperos para el próximo año, yo solía encerrarme en mí mismo para no contagiar a nadie con el dolor que cargaba al pasar estas fechas y recordar a Ur.

A pesar de que los años pasaban, este sería el aniversario número cuatro, todos los veintiocho de diciembre dolían como si fueran el primero. Muchas personas me habían dicho que con el pasar el tiempo aquel dolor y vacío que sentía se iría, que ya no estaría y no me dolería como en aquel entonces. Solía mirarlos fijamente y pensar para mí: "¿Cómo sabes lo qué estoy sintiendo, cómo sabes qué mi dolor pasará? No eres tú el que lo está sintiendo." Al único que escuche en ese entonces fue a Natsu, él fue el que me pegó en la mejilla derecha y luego sujetándome de la camisa soltó: "Tu dolor nunca pasará, siempre estará ahí, solo que con el tiempo aprendes a convivir con él. Pero si te hundes en tu dolor Ur estará muy decepcionada de ti."

Nunca quise que Ur se decepcionara de mí. Tal vez en algún momento tuve decisiones equivocadas, era un niño cegado por un enorme dolor, ¿por qué tendría que saber tomar decisiones? Me confundí, estaba seguro de eso y cargué con las consecuencias solo, siempre solo. Y salí de ellas de la mejor forma que pude, nunca quede firmemente parado pero aquí estaba, y debía estar orgulloso de eso. No me hundí en mi dolor.

Miré mi monitor y mis apuntes, doscientas páginas que debía leer desde la computadora. ¿Quedaría ciego? Reí en mi interior y seguí leyendo, se suponía que a la noche me vería con Juvia, mañana era sábado y estaba encantado con la idea de pasar una tremenda noche con la muchachita de ojos azules.

Aparte mis orbes grises recién cuando el sonido de mi móvil me sacó de la concentración que tenía, llevaba leyendo ya un buen rato. Extrañado observé en la pantalla el nombre de Juvia, atendí, mi rostro efectuó una mueca al escucharla decir que no podría venir porque realmente se sentía enferma. — ¿Pero qué tienes? ¿Has ido al médico? —Su negativa no hizo más que preocuparme, mantenía fuertemente que la salud no era algo con lo que se podía jugar aunque sea apenas un leve resfriado. —Pásame tu dirección. —Rodé los ojos ante lo terca que se ponía Juvia. —Iré a verte nada más… —Murmuré. Anoté la dirección en un papel que tenía sobre el escritorio y me di cuenta que era cerca de la casa de Natsu, no sería complicado llegar.

.

Un enorme edificio de unos diez pisos, reluciente, saltaba a la vista de cualquiera que era costoso, toqué el timbre del 7C y pasado unos minutos recién escuche la voz de la peliceleste preguntando quién era.

—Gray… —Respondí enseguida. Y al instante me abrió la puerta. Salude al guardia y éste me dirigió a los ascensores. Estaba seguro que éstos no se rompían cada mes como el de mi edificio. En todo este tiempo jamás había ido al departamento de Loxar, no comprendía por qué. Me abrió la puerta, su cuerpo estaba cubierto por una bata de seda blanca con detalles en amarillo, creo que eran como pequeñas flores, su pelo estaba amarrado en una coleta baja, sus ojos estaban brillosos y sus ojeras se marcaban más de lo común. La punta de su nariz estaba roja y sus mejillas al verme se pusieron del mismo color. — ¿Puedo pasar? —Pregunté al ver que no se movía de la entrada.

— ¡C-claro! Disculpé Gray-sama. —Se hizo a un lado y di unos pasos dentro, ella cerró la puerta y se giró. —Perdón por el desorden, no tuve tiempo de acomodar…

—No te preocupes. —Volteé para verla y me acerqué a ella, mi mano se posó en su mejilla. Ardía. —Tienes fiebre… —Le reproché.

—Es solo un resfriado…

— ¿Has tomado algo para esa fiebre? —Negó con la cabeza y largué un bufido. — ¿Dónde está la cocina? —Ella me señalo hacia la izquierda. —Perfecto. —Me encamine hacia allí mientras me sacaba el abrigo, Juvia me siguió confundida. La miré con el entrecejo fruncido. —Tú vete a la cama, ahora voy.

—Pero…

— ¡A la cama!

La muchacha al final me hizo caso. Preparé una olla con agua fría, coloqué hielo, no solía cargar pastillas para la fiebre así que por ahora esto tenía que servir. Tarde un poco en ubicarme y encontrar la habitación de Juvia. Ella estaba acostada, realmente parecía débil. —¿Por qué no has ido al médico? —Pregunté mientras me sentaba en la cama y dejaba la olla en el suelo.

—A Juvia no le gustan las clínicas u hospitales.

—A mí tampoco me gustan pero cuando me siento mal no queda otra… —Me encogí de hombros. — ¿Dónde puedo encontrar una toalla? O algo para que te pongas en la frente.

—En aquel primer cajón…

—Aquel… —Me levanté y al abrir el cajón me encontré no solo con la toalla sino que también con la ropa interior de Juvia. Parpadeé y termine por cerrar el cajón nuevamente.

Con cuidado moje la pequeña toalla y se la coloqué en su frente. Ur solía hacerme esto cuando me dolía la cabeza o tenía fiebre y solía curarme.

—Juvia lamenta haber cancelado su cita de hoy… —Noté lo afligida que estaba en el tono de su voz.

—Estas enferma, no es tu culpa…

Camine hacia el otro lado de la cama y me acosté en lado izquierdo de la enorme dos plazas que Juvia tenía en su habitación, puse sobre mi abdomen su notebook, ella me miró sorprendida. Como si no esperará que me tomara ese atrevimiento. La miré divertido.

— ¿Es qué no puedo acostarme?

—Claro que Gray-sama puede… —Dijo y desvió su mirada cielo al frente.

— ¿Sabes por qué te enfermaste? Andas desabrigada todo el tiempo. No sé como serán los inviernos en Estados Unidos pero aquí son fríos.

—Allí también son fríos… —Río suavemente. —Juvia ha aprendido la lección.

—Mejor así… —Juvia estornudo y busco desesperadamente un pañuelo que tenía entre las sábanas. Su nariz se puso más roja al terminar de limpiarse. — ¿Quieres ver una película? —Volvió a mirarme sorprendida y yo caí en mis palabras, no, no es que buscará confundirla. —No me malinterpretes, me gusta pasar tiempo contigo y no tengo nada más que hacer…

—A Juvia le encantaría ver una película con Gray-sama…

Dejé que fuera Juvia quién eligiera el film, ella era la enferma. Pensé que como toda chica buscaría alguna romántica, alguna comedia o algún drama pero no, Juvia fue directo a las películas de terror y hasta me pidió que apagáramos las luces. "El Exorcista" es una película que jamás me gusto, en las partes más fuerte no podía evitar desviar la mirada y encontrarme con que mi compañera estaba de lo más emocionada. Por mi parte, aquella noche me costaría dormir. Al terminar la película la fiebre de Juvia ya había bajado, hasta se veía mejor. Me alegraba que así sea. Me quedé con ella un rato más y es que teníamos muchas cosas en común a la hora de hablar sobre gustos, era divertido hablar con Juvia, el simple hecho de pasar el rato con ella era algo diferente a los demás. Al final antes de que se hiciera más tarde decidí volver a mi departamento, me despedí, mañana nos volveríamos a ver pero en una reunión y ámbito diferente, Lucy nos había invitado a cenar y probablemente saldríamos a la noche. Aunque la peliceleste aún no estaba segura de poder asistir. Le mencione que cualquier cosa me mandará un mensaje.

Tomé un taxi hasta mi edificio y apenas baje de éste me topé con una bebida Meredy que se tambaleaba sobre sus tacones. Me acerqué a ella y agarré su brazo para que no cayera sobre el suelo, en consecuencia termino sobre mi pecho.

— ¿Estas bien? —Creo que alguien había tomado un poquito de más.

— ¡Gray! —Dijo al alzar la vista y verme luego mordió su labio sensualmente. —He querido verte en todos estos días, ¿dónde estabas?

—Ocupado. —Respondí. — ¿Para qué querías verme?

—No hemos terminado lo de la otra vez… —Me dijo mientras sus manos recorrían mi espalda.

—¿Quieres subir a mi depto.? —Sonreí. Aquella noche terminaría de la mejor manera…

Y nuevamente mi habitación fue testigo de lo que solía hacer una y otra vez, darle placer a una dama, hacerla gritar desesperadamente, marcar su cuerpo, intentar llenar un vacío que jamás se llenaba…

. . . . . .

Me removí en la cama, recordaba perfectamente que estaba solo, Meredy se había ido después de haber tenido el mejor sexo de su vida, lo sé, sus uñas en mi espalda y los gritos de la madrugada lo confirmaban. Solté un suspiro cargado de pereza, los sábados eran para dormir todo el día, estar en pijama y seguir durmiendo. Tenía un lado perezoso que muy pocos conocían, me gustaba tomarme mi tiempo en levantarme de la cama. Busqué mi celular en la mesa de noche, eran cerca de las dos de la tarde, tenía un mensaje sin leer:

"Gray, ¿cómo has estado? Estoy de vuelta en Japón. Los negocios fueron bien en América del Sur. ¡Tengo muchas ganas de verte! Quiero contarte todo, te he traído hasta regalos. Mándame un mensaje y nos encontramos o voy a tu departamento.

Te quiero.

Zero."

Zero había vuelto a Japón, pensé que se tardaría más de dos meses en terminar las negociaciones. Era un hombre que me caía bien, al tiempo que Ur me adoptará ella me lo presentó como su amigo, siempre se comportó muy bien con nosotros, cuando era niño solía malcriarme mucho. Zero no tiene hijos, su esposa falleció hace veinte años y desde ahí jamás estuvo con alguien más, me ha dicho que no volvería a tener una relación formal con nadie, que a la única que le había jurado amor por siempre era a su mujer y que allí permanecía todo lo que él era. Era una lástima porque a Ur se la veía muy enamorada. Aunque jamás me metí en su relación. La empresa que maneja Zero tiene apenas quince años y en más de una ocasión me ha querido convencer para que me haga cargo, he desistido totalmente de la oferta y es que por más que quisiera no lograba imaginarme como el presidente de algo tan importante y grande. Aparte no es como si algún lazo especial nos uniera, él era muy fraternal conmigo pero de ahí a hacerme cargo de su empresa… Eran cosas muy diferentes.

"¿Ya has regresado, viejo? Pensé que tardarías más. Te espero en mi depto. Si quieres, la verdad es que no tengo ganas de salir. Si vienes antes de las ocho me encontrarás luego salgo con amigos."

Sabía que Zero estaría aquí apenas leyera el mensaje, él era así, jamás me hacía esperar.

Al rato los ruidos en la puerta me avisaron que ya estaba aquí, dejé mi comida a medio terminar y me levanté a abrirle la puerta. Zero vestía un traje normal color gris, una camisa blanca, sin corbata y cargaba como cinco bolsas en cada mano. No sabía cómo Zero era capaz de mantenerse tan bien, es decir, nadie le daba la edad que en realidad tenía. Supuse que andaría por los cuarenta y cinco pero podría salir a ligar conmigo sin problemas. Sin ninguna duda en algún momento, tal vez cuando este cerca de los treinta, empezaría a pedirle su secreto.

—Ey viejo…

No pude seguir hablando, Zero dio varios pasos dentro de mi departamento dejando caer las bolsas al piso y rodeó con sus brazos mi cuerpo estrechándome en un fuerte abrazo.

— ¡Gray!

Traté de apartarlo, odiaba cuando se ponía tan cariñoso y demostrativo, solo hacía un mes que no nos veíamos pero Zero era así, siempre tan… raro.

Nuestros encuentros se basaban en comentar cosas del día al día del uno o del otro, comentarios graciosos, comentarios de alguna que otra mujer, no era muy diferente a una relación de amistad de hace varios años.

Había dejado de lado mi almuerzo-merienda para tomar un café con mi visita, nos habíamos sentado en la mesa que tenía cerca de la cocina, los curiosos ojos de Zero se mantenían en mí después de haberme contado brevemente los lugares que había visitado en América.

— ¿Y tú? ¿Qué novedades tienes para mí?

—Ninguna. Sigo con la suplencia en aquel Instituto que te comente anteriormente, los chicos son muy buenos.

—Es interesante que te guste la docencia.

—Solo eso. —Me encogí de hombros.

— ¿Y a dónde sales esta noche? ¿Sigues con tus reuniones nocturnas con mujeres desconocidas?

—Salgo con amigos. —No pude evitar reír. —No es como si mis reuniones variaran de las tuyas… Nos juntamos en la casa de Lucy. —Agregué al notar que Zero no confiaba del todo en mis palabras.

—La amiga rubia de Natsu. ¿Y luego?

—Su novia…—Corregí. —… Y luego será lo que tenga que ser.

— ¿Natsu está de novio?

—Pensé que te lo había dicho… Supongo que me habré olvidado.

—No pensé que sentaría cabeza antes que tú… Tienes que apresurarte y conseguir una novia, Gray. Quiero nietos.

— ¿Nietos? —Hice una mueca.

—Sabes que te quiero como un hijo.

—Jamás te he dicho padre… —Recalqué y reí.

—No me molestaría que lo hagas en todo caso.

— ¿Estás de bromas?! —Reí más fuerte pero no obtuve respuesta. Hubo un silencio que yo mismo quise cortar. —De todas formas no pienso ponerme en una relación formal. ¿Por qué todo el mundo quiere verme amarrado a una mujer?

—Queremos verte enamorado, no amarrado. Vamos Gray, el tiempo pasa… ¿En serio te ves haciendo esto dentro de unos diez años? No quiero esto para tu vida, te mereces mucho más.

—Estoy bien como estoy. —Solté, algo molesto. No me gustaba que me juzgaran, por más que Zero me conocía muy bien y sabía que decía todo aquello por mi bien, sus palabras, no quería aceptar sus palabras. —No necesito una mujer a mi lado para nada. Tengo sexo de sobra con la mujer que yo quiera, y todo lo demás en la vida viene solo.

— ¿Tienes ese estúpido pensamiento por Ultear? Tu relación con ella no funcionó pero ella no te merecía y…

— ¡Nada tiene que ver con Ultear! ¡No sé porque demonios siempre la traen a este tipo de conversaciones!

—Porque ella te lastimo, hijo. Puedo entender que en su momento estuviste dolido pero cuando tiempo ha pasado, ¿dos, tres años? El amor no es eso que viviste con ella, ella se aprovechó de ti en tu peor momento.

—No quiero hablar de esto.

—Eres chico para comprender en su magnitud al amor pero algún día lo entenderás y me terminarás dando la razón.

Mi respuesta fue una mueca con los labios, de verdad no quería hablar de eso. Sabía que mi vida era un caos desde hace dos años, desde los dieciocho que nadie podía controlarme por así decirlo. Hacia lo que quería, cuando quería, dónde quería. Zero me había encontrado en más de una ocasión ebrio o vomitando, con diferentes mujeres en la cama, con olor a yerbas raras, actualmente no caía tan bajo, me saciaba de lo que más me interesaba, mi placer y necesidad humana, los demás con el tiempo había perdido sentido, supongo que eso era lo que algunos llamaban ¿madurar?

Pero no me agradaba que me lo estuvieran echando en cara una y otra vez, remarcando mi error como si no supiera lo que yo mismo me había hecho en un pasado no muy lejano.

Dejamos el tema de lado, sinceramente lo menos que quería era pelear con Zero y menos por cosas del pasado, ¿por qué el pasado no podía quedarse en el pasado? ¿Por qué siempre tenía que aparecer y molestar en mi presente? Bufé. Zero sacó los regalos que me trajo de América. Me distraje todo ese tiempo luego se fue, diciendo que tenía una reunión a la noche. Lo entendí, él tenía muchas más responsabilidades que yo, me dio un abrazo y lo único que atine a hacer fue palmear su espalda.

En la soledad de mi tres ambientes se podía escuchar solo el ruido del reloj, avanzando cada minuto, la canilla de la cocina que no dejaba de gotear también a cierto ritmo. Me removí en el sillón, estaba en ropa interior esperando que se hiciera más tarde para poder empezar a cambiarme. No tenía ganas de hacer algo en específico así que deje que mi tiempo muriera en esos minutos perdidos. Miré mi móvil pero sin mirarlo realmente, mi cabeza estaba perdida en las palabras dichas por Zero. No deseaba darle una segunda oportunidad al amor, el amor duele demasiado pero… ¿Qué se sentía amar? ¿Era cuándo la otra persona te hacía sentir totalmente completo, verdad? Era como si no necesitarás más nada en el mundo, rodear con tus brazos a alguien que amas de verdad no se compara con un revolcón del momento, una calentura sin sentido. Suspiré. "Juvia ama a Gray-sama…" "Pero Juvia entiende que Gray-sama no la ama…" "Juvia quiere a Gray-sama, ella quiere estar con Gray-sama…" Volví a suspirar. ¿Amor, eh? ¿Hasta dónde es capaz el ser humano a llegar por amor? Él definitivamente no estaba enamorado de Juvia. Se había prohibido volver a sentir amor pero aquella muchacha tenía algo… Tenía algo que le preocupaba.

Abrí la aplicación para mandar mensajes por el móvil y escribí:

"Buenas Juvia, ¿cómo te sientes hoy? Espero que te encuentres mejor de tu resfrió.

Gray.

PD: ¿Nos vemos esta noche?"

Lo envié sintiéndome arrepentido a los cinco segundos. ¿Qué demonios hice?! La respuesta sonó de inmediato:

"Gray-sama! Juvia se encuentra mucho mejor. Gracias por preocuparse y cuidarla anoche.

Juvia.

PD: Sí, Gray-sama."

Me alivié al leer que se sentía mejor, me alegre al saber que esa noche la vería, me daba miedo esa preocupación que demostraba sin temor por ella. Era mi compañera de revolcón, era mi compañera de trabajo, podía hasta considerarla una amiga pero… Nada más. No podía dejar que esto avanzará más o todo se vería complicado en algún momento, y lo menos que quiero es complicarme la vida.

.

.

.


...Lo que Gray no sabe que el amor no es algo que él pueda manejar (?)

Buenas!

Primero que nada quiero aclarar algo para aquellos que no se dieron cuenta: Zero es Silver. Y si, sí es el padre biológico de Gray pero esa es una parte de la historia que se verá mucho más adelante sin embargo es un dato que puede ser confuso y quería aclararlo.

¿Cómo han estado? Me alegra demasiado que el capítulo anterior haya gustado tanto, cumplí mi objetivo de hacer desangrar a más de una jaja Y si tengo algún lector hombre lamento haberte hecho leer eso de Gray pero, ¿ha qué fue sensual? Asdf

lebyrinth: De nada! Gracias a vos por dejarme siempre tus opiniones. Y sí, con un chico como Gray hay que tener paciencia pero mientras Juvia vea interés en sus ojos seguirá queriendo ganarse su corazón. Poco a poco. El amor verdadero no es algo que nace de un día para el otro. Aunque ella se sienta enamorada, es más su intuición femenina, aquella que le dice: "Ey, este chico es para tí"... Ambos tienen que ganarse el corazón del otro todavía. Y Natsu jajaja lamento si esperabas la reacción en este capítulo prometo que pronto aparecerá! Un beso grande (: Feliz año!

¡Gracias a todos los que leen!

Sugar.