Nota: personajes de Meyer, no? Lástima, pero ella lo pensó primero.
Niñas, al fin vengo. Dije la última vez que haría todo lo posible por subir capítulo antes de irme. Y bueno marcho mañana en la mañana así que estoy ahora a últimas horas de la noches haciendo los últimos arreglos y subiendo.
Hay más favoritos (que lindas que son!), alertas (qué ya sospecho para que sirven, que viva que soy XD) y también hubo reviews que me subieron muuuucho el ánimo. Que amor que les guste mi historia y la sigan, esa es la mejor recompensa después de pelear horas con la redacción de mis capítulos ^^ (ya dije que soy muy crítica con mi persona, no?)
Ahora, a lo importante, no?
Lean y disfruten montones de montones!
7. Triple sorpresa de cumpleaños
.
Si bien no se habían puesto de acuerdo, aquella mañana del jueves habían llegado todos a desayunar: Jasper, Alice, Rosalie, Edward y Bella estaban en la misma mesa conversando.
–Es terrible, es sólo la segunda semana y siento que me falta tiempo para todo lo que me exigen –se quejó Rosalie.
–Eso es porque estás en último año hermanita, ya quiero ver cuando nos toque a nosotros.
–Ay es cierto, me olvidaba que todos ustedes son unos niños –bromeó la rubia. Todos rieron en la mesa.
–Es entendible Rose, a tu edad es normal que se olviden las cosas –disparó Edward y las risas aumentaron.
De repente, el celular de Bella comenzó a sonar: era Reneé. De seguro llamaba para saludarla por su cumpleaños.
–¿No vas a contestar? –preguntó Alice al ver que el teléfono no dejaba de timbrar. Todos la miraron incluyendo a Edward quien no pudo contener un leve cosquilleo. Luego de pensarlo y repensarlo la noche anterior, Edward había concluido que las manifestaciones de su cuerpo en presencia de Bella no eran más que hormonales: Bella era la nueva chica linda del lugar así que era normal que se sintiera atraído hacia ella. Lo había dejado hasta ahí y no había querido darle más vueltas al asunto, no fuera ser que otras ideas peores vinieran a atormentarlo.
–Luego devuelvo el llamado –dijo Bella avergonzada. La llamada dejó de entrar y la chica aprovechó para silenciar el aparato. No estaba en los planes de ella convertirse ese día en el centro de atención por el simple hecho de estar de cumpleaños.
–Uy Bella, ¿a quién nos ocultas? –le inquirió Alice. Los "uhh" de Jasper y Rose se dejaron escuchar. Edward sintió otra vez un cosquilleo algo más intenso y lo volvió a ignorar olímpicamente. Esperaba intrigado la respuesta de Bella.
–Sólo es mi madre –respondió rápido mientras podía sentir su rostro arder y la vergüenza crecer.
–Así le dicen ahora, ¿no? –era el turno de Jasper. Alice y Rose no paraban de la risa.
–Sólo bromeamos Bella –dijo finalmente Rose. Bella se tranquilizó y Edward sonrió aliviado.
–El sábado hay fiesta –de forma rápida Alice cambió de tema–. Ilegal por supuesto, así que no podemos faltar –dijo esto último dirigiéndose a Bella.
–¿Ilegal? ¿y cómo es eso? –preguntó la chica extrañada. Era evidente que para el resto de los chicos aquello era normal.
–Bueno, no del todo ilegal pues los sábados hay permiso para "juntas" que no alteren el orden del instituto –se burló Alice y el brillo de picardía en sus ojos se evidenció–, y de vez en cuando se transforman en una… fiesta ilegal. Todos asisten –Bella debió suponer que aquel era uno de los tantos rituales del lugar. ¿Y ella? Ella no era del todo asidua a las fiestas de ese calibre así que luego tendría que buscar una buena excusa para librarse sin herir, por supuesto, los sentimientos de la pequeña Alice–. Es en el ala de los chicos esta vez, ¡lo pasaremos increíble! –su cumpleaños y ahora aquella fiesta. Era muy temprano para tener tantas ideas dando vueltas en su cabeza, pensó Bella.
–Voy a la biblioteca –dijo de repente Edward poniéndose de pie–. Debo ir por unos clásicos que tengo que mirar, si tengo suerte, aun encuentro una copia. Nos vemos.
El resto de los chicos también se puso de pie para dirigirse a sus salones.
* * *
–Billy llega en unos minutos y podemos marcharnos, ¿vale? –dijo Jacob mientras registraba los libros devueltos.
Eran pasadas las cinco de la tarde y Bella había ido a por la invitación que Jacob le había hecho el día anterior en virtud de la salida pendiente que tenían y, además, de su cumpleaños.
–No hay problema –Bella se volteó sonriente–. Yo puedo pasar horas aquí sin aburrirme –y volvió a hojear los libros de una mesa que había cercana al mostrador.
–Hey Bella –la chica volvió a girarse. Tras la estampa segura que siempre acompañaba a Jacob, podía notarse cierto matiz de nerviosismo–. Se que dijimos nada de celebraciones pero… no puedes pasar por alto el día de tu cumpleaños así que… –buscó bajo el mesón de donde sacó un pequeño muffin glaseado que llevaba una velita encendida en medio– ¿te parece si apagas las velitas acá y nos olvidamos del tema?
Bella estaba sobrecogida. Aquella sorpresa había sido encantadora por parte de Jacob. Observó el muffin y corrigió:
–La velita –Jacob sonrió y se relajó.
–Cierto, la velita –Bella se acercó y luego de pedir un deseo, sopló. Respiró profundo. Aquello era muy lindo, pensó, pero su sonrisa se desvaneció en ese momento en el que inevitablemente permitió que el recuerdo de Nicholas inundara su cabeza y, peor, golpeara su corazón. Como siempre, disimuló.
–Y… ¿tienes novio o sales con alguien? –preguntó en una oportunidad el moreno mientras tomaban un helado en un lugar cercano. Bella suspiró sonriendo y dijo:
–Me acabo de mudar del otro lado del país y todos sabemos que las relaciones a distancia no funcionan. Por otro lado, llevo sólo 5 días aquí, te aseguro que he cruzado palabra no con más de tres chicos.
–Las relaciones a distancia claro que funcionan –exclamó como si lo dicho por la castaña fuera una terrible calumnia–, dímelo a mi que logré mantener una relación por correspondencia con una chica rusa por más de tres años –bromeó–. ¿Y dices que llevas 5 días acá? quitándole las horas de sueño y de colegio… fácilmente podrías haberte cogido al instituto completo si quisieras.
–Supongo que no sabes cuantos alumnos hay en ese instituto, ¿no? Porque si no es así, aquello habla muuuy mal de ti –Bella esperó sonriente que Jacob cayera en cuenta de su broma. Sólo bastaron unos segundos para que el chico enmendara su error.
–Es un colegio muy exclusivo así que no deben ser más de cien, ¿no? –Bella rió. Jacob esperó que las risas menguaran y agregó ahora algo más serio–: entonces… ¿no sales con nadie?
–Con nadie –respondió algo incómoda. Pudo notar un brillo en la mirada de Jacob.
Ahora Bella comenzaba a entender. De seguro ella le generaba algún tipo de atracción a Jacob y bueno, eso era muy alentador porque siempre era agradable saber que le gustas a alguien, pero en verdad ella no estaba buscando ningún tipo de relación en ese momento. Aceptaba las invitaciones de Jacob y se dejaba llevar estando con él sólo porque sentía, sin ninguna explicación racional que respaldara sus intuiciones, que Jacob se convertiría en un gran pilar de su estadía en Boston. Compartir con él la hacía olvidarse de todos sus dramas y hacia aquello no podía más que agradecer, era sólo que… lo veía desde el ángulo de la amistad.
Entre risas y chispas de chocolate las horas pasaron, Jacob regresó a la biblioteca y Bella marchó por los pasillos del instituto rumbo a su dormitorio, sólo que no sin antes cruzarse con…
* * *
¿Por qué el profesor Vulturi siempre les encargaba mirar los clásicos más obsoletos y de los que sólo tenían un par de copias en el instituto? Ahora, por culpa de su gran irresponsabilidad, tendría que ir al otro lado de la ciudad en busca de un tercer vídeo club que se dignara a distribuir ese tipo de filmes.
Y ahí había uno donde nunca había arrendado, al otro lado de la acera; quien sabe si encontraría lo que necesitaba. Iba a cruzar la calle pero no alcanzó a hacerlo pues sus ojos miraron algo que lo obligaron a detener su cuerpo y paralizar sus movimientos.
Dentro de aquella librería estaba Bella. Esa Bella que inconcientemente le provocaba mil y una sensaciones; aquella vez se convirtió en una más de la regla.
Y como nunca antes había experimentado su mente, Edward se vio envuelto en un dilema emocional: ¿qué hacer con Bella estando ahí, a sólo unos metros de él y sola por la ciudad de Boston? Tentativamente podría acercársele e intercambiar algo más que un saludo con ella, tal vez la acompañara camino de regreso al instituto y la conversación surgiera entre ellos, incluso podría sugerir un conveniente refresco y terminar horas charlando, o de hecho podría…. Y miles de situaciones donde él graciosamente hacía reír a Bella inundaron su mente buscando protagonismo. Lo primero al caso, se dijo: el primer movimiento era entrar a la librería y saludarla como si no fuera la cosa. Simple. Conciso. Él sabía de eso.
Fue solo que no pudo entrar por aquella puerta porque, otra vez, lo que vio lo dejó sin movimientos: Bella ¿soplando una vela en un pastel? ¿acaso Bella estaba de cumpleaños? y además ¿lo había ocultado? Tantas preguntas y tantas posibles respuestas que Edward ignoró cuando se fijó en alguien más: ¿quién era ese que la acompañaba?
¿Bella tenía conocidos en aquella ciudad? Su mente trabajaba a todas velocidad mientras se alejaba del lugar. Ella no había mencionado nada, es más, siempre pensó en ella como la nueva y solitaria chica del lugar. Pero había otra opción, y su mente trabajó más rápido aún: que Bella hubiera conocido al hombrecito aquel hacía poco. Muy poco.
Luego de terminar su búsqueda del tesoro volvió con los dvds al instituto. Ya en su habitación decidió mirar una de las películas para mantener su mente ocupada pues desde que había presenciado aquello no hacía más que pensar en todos los posibles hechos que unieran a Bella con ese chico. Hechos que, comenzaran con lo que comenzaran, siempre terminaban con los ojos del intruso casi comiéndose a Bella y con un odio inexplicable creciendo en su interior.
Pero tal y como Edward sabía, la película no duró eternamente y su mente volvió a trabajar en lo que había dejado pendiente. Y sí que trabajaba. Estaba Alice, pensó de repente y la pequeña bombilla sobre su cabeza brilló. Siempre podía preguntarle a Alice. Dejar escapar en frente de ella algo relacionado con "cumpleaños" y averiguar si Alice estaba o no enterada. Era una opción. La única opción por el momento y como su mente reclamaba por una explicación, salió del cuarto rumbo a la habitación de su querida hermana.
Iba a golpear la puerta cuando recordó que aquella también era la habitación de Bella: la tan esencial Bella. No lo pensó dos veces y giró en su lugar para emprender el regreso sobre sus propios pasos, no quería más tortura. Era cierto, no sabía que tan malo había hecho pero ahora su cabeza sólo buscaba torturarlo. Siempre hubiera preferido cualquier tradicional método de calvario antes que estar ¿sintiendo? sí, sintiendo todo eso.
¿Acaso no estaban satisfechos ya? ¿o era que su mente había adquirido un poder extraordinario y exteriorizaba todo lo que pensaba? Si no era eso, entonces significaba que su vida simplemente había decidido complicarse a los 17… y todo porque Bella apareció al fondo del pasillo con dirección a su habitación.
¿Podían ser quince? No, definitivamente eran diez. Doce tal vez, pero quince nunca. De forma veloz su mente calculaba cuantos segundos tendría antes de cruzarse con Bella. Pero… ¿qué mierda hacía perdiendo tiempo en eso? Ahora claramente eran sólo cinco, resolvió enfadado. Cinco segundos para asimilar, pensar y actuar frente a la chica. ¿Sentía nervios? No había tiempo para eso.
Y solo pudo sonreír. Cuando Bella pasó a su lado sólo pudo sonreír. La chica le respondió con una grata sonrisa también y siguió su camino.
–Hey Bella –la llamó. Se había girado a verla pero seguía con su paso; ella detenida en su lugar, volteó. Había necesitado un segundo para aclararse lo esencial: él tenía experiencia y, si el sujeto que había llegado a ocupar su cuerpo hacía unos días necesitaba de Bella de una extraña manera que a él le costaba comprender y ciertamente no quería comprender, eso tendría; mas el Edward original actuaría– Se que solo quedan unas pocas horas pero… Feliz cumpleaños –hizo un ademán con la mano hacia ella acompañado del guiño de su ojo mientras sonreía torcido y volvía a girar sobre sus pasos para seguir con su camino.
Sabía. Él sabía que eso daría vueltas en la cabeza de la castaña por unas horas. Y sacaría algo de ventaja pues serían horas en las que ella sólo podría pensar en él. Supo del éxito de su plan cuando comprobó que sólo eran sus pisadas las que se oían en el corredor.
La cabeza de Bella podría haberse llenado de miles de preguntas con respecto al cómo Edward se había enterado de su cumpleaños, que no era algo menor y, aún así, su no- reacción corporal se debía a la forma en cómo Edward le había hablado de su cumpleaños.
¿Era idea suya o él…? ¿acaso entre ellos había habido…? ¿podía decir que eso…? Tres respiros profundos y recordó como mover los pies justo cuando en su cabeza sus pensamientos, acelerados a 140 kms/seg frenaron en seco: Edward había realmente… ¿flirteado con ella?
El vibrar de su celular en el bolsillo la alertó de volver a la tierra. Edward no supo ni sabría que su plan de revolotear discretamente en los pensamientos de Bella por algunas horas no podría ser, por lo menos no esa noche
Hacía meses que Bella había borrado aquel contacto y, aún así, fácilmente podía reconocer ese número sin la necesidad de estar registrado. Ese número telefónico que gritaba en silencio "Nicholas llamando".
Ahora les comento, no saben lo difícil que fue escribir este capítulo contra el tiempo y con la presión de regirme a los límites de extensión que me he impuesto (igual salió más largo que de costumbre), pero es sólo que me vuelo cuando escribo percepciones, y la de Edward se redujo bastante de la original.
Les gustó??? Les agrada como avanza la cosa? o no? En verdad es bueno que me lo hagan saber y ya conocen el medio. Quiero que me sigan dando sus opiniones y también espero sus sugerencias, claro que si!
Así que ya saben, a opinar! que las encomiendas de cariños de azúcar van viajando a sus hogares, y con extra de dulce esta vez!
Amores y cuidense!
Ah y vuelvo el martes (:
