Glee y sus personajes no me pertenecen.

La verdad me reí cuando recibí el rw con la critica – no es que no me tome las cosas en serio – pero la realidad es que no soy escritora y que esto lo hago solo porque me entretiene y me gusta compartir cosas con ustedes. Pero, definitivamente, el rw donde alguien me defiende fue lo mejor. ¡Gracias! Se nota que sos de argentina jajajaja. Nadie esta obligado a leer, eso lo saben… y si mi redacción no es la mejor, lo siento… pero intento mejorar con el correr del tiempo.

No los aburro mas.. disfruten y tengan paciencia. La historia se va a ir acomodando con el correr de los caps.


Capitulo VII

Estaba terminando de cocinarme un poco de tocino cuando Rachel se arrastró hasta la cocina, con sus ojos todavía hinchados por el sueño y su cabello enredado alrededor de su cara. Se había puesto la muda de ropa que le ofrecí a los pies de la cama, la camiseta de mi equipo favorito le llegaba hasta donde terminaba su hermoso y redondo trasero. Sus piernas aun lucían infartantes. Un pequeño rastro de pasta dental en la comisura de sus labios me indico que había tomado prestado mi cepillo de dientes, que había dejado a la vista para que ella lo ocupara. Era la primera vez que no me escandalizaba por aquello, teniendo en cuenta que soy una maniaca egoísta sobre el cuidado y uso de mis cosas personales.

Extendí mi mano y agarre un gran puñado de su camiseta, logrando que se subiese un poco, arrastrándola cerca de mi cuerpo para probar su aliento fresco.

— Buenos días, princesa. — dije antes de llevar mi pulgar hacia su comisura y limpiar los restos de pasta.

— Buenos días… — murmuró algo mas despierta. — Gracias por… — se señalo el cuerpo indicando la ropa que se había colocado. Negué con mi cabeza — Y perdón…

Fruncí mi ceño — ¿Perdón? — Ella asintió — ¿Tan temprano pidiendo disculpas?

— He usado tu cepillo de dientes. — murmura cabizbaja.

Sonrío levantando su cabeza tomándola del mentón. No hay nada que me guste más cuando su boca su curva hacia arriba. — Lo mío es tuyo. No lo olvides. — Sin más beso nuevamente sus labios, que ahora me pertenecen. — ¿Café? — ofrezco luego de sentir sus manos en mis caderas. Debo parar de lo contrario le hare el amor aquí mismo.

— Dios, si. Por favor. — No paso por alto su gemido provocándole un leve rubor al darse cuenta.

Tomo la cafetera entre mis manos y comienzo a servirle en una taza mientras ella se desliza sobre una silla. Tomo una cuchara y le acerco la taza junto al azucarero probándola una vez más sin que ella sea consciente. Como lo esperaba, ella ni siquiera repara en el hecho de endulzar su café, levanto su taza y sus labios se abrieron para beber un sorbo conectando sus ojos a los míos.

— ¿Te parece bien un tazón de frutas? O… ¿Quieres alguna otra cosa? — pregunto luego de no recibir quejas sobre mi café. No es la gran cosa, cualquiera prepara algo así pero, en mi caso, aquello era bastante nuevo para mí.

— Suena genial. ¿Tienes un poco de zumo? — Empezó a tomar otro trago de café, y luego me dedico una mueca al ver lo que estaba por comer — Oh dios, dime que eso no es tocino.

Reí, por su cara y porque en verdad me sentía feliz teniendo a Rachel en mi cocina nuevamente luego de tanto tiempo separadas — Hay cosas que nunca cambiaran. — Dije camuflando un mensaje directo hacia ella. Podría decirme mil veces que la vieja Rachel no estaba, pero hoy, la que estaba sentada en mi cocina era mi pequeña Rachel, la que no le pone azúcar a su café.

Mientras batía dos huevos para hacerme un omelet, ella pinchaba sus jugosos trozos de fruta — ¿Realmente comerás todo eso? — me pregunta subiendo ambas cejas. Yo solo asiento sonriente mientras vierto los huevos en el sartén — Haría una protesta ahora mismo en tu cocina por tu alimentación asesina, pero aun queda restos de sueño en mi cuerpo.

— Esto es una pirámide de poder, cariño. Los pollitos y el cerdo gordo están debajo de mí. Debo comerlos para no alterar la cadena.

Me apunta con un trozo de fruta pinchada por el tenedor — En el futuro no te salvare el culo cuando una banda de pollitos venga por ti.

— La boca, señorita Berry. Estamos en la mesa. — Lo que a mí me pareció gracioso, a ella no le causo en absoluto. Aclare mi garganta y decidí no darle vueltas al asunto para no retroceder casilleros con ella. De nada servía traer a colación el pasado, no así. — Hablando de futuro… — digo tomando asiento frente a ella en el desayunador.

— ¿Qué sucede? — me pregunta ya un poco más relajada pero aun manteniendo la vista en mi con su respiración algo agitada. Así la ponía hablar sobre aquello… futuro.

— Me ha salido un buen negocio en Europa. En unos meses abriré un negocio allí.

— ¿Si? — preguntó por cortesía volviendo a bajar la vista hacia el tazón. Su mandíbula comenzaba a tensarse.

— Si. En Florencia, Italia.

— Se donde queda, Quinn. — Me responde algo cortante — Me alegro por ti.

— La cosa es que debo irme lo antes posible.

— Entonces… ¿Te irás sola o le pedirás a tu hermano…?

— ¿Qué vaya conmigo? — complete.

Negué con mi cabeza. Estaba saturando la cabeza de Rachel para rebuscar en su mente si había una pisca de interés respecto a un futuro juntas, lo sabia pero me jugaría al límite. Tenía negocios en cualquier parte del mundo, mis casinos se habían mantenido y mis hoteles se habían incrementado con el correr de los años, no necesitaba irme con urgencia a Europa, pero si sacar a Rachel de aquí. Mi relación con Rachel aun se mantenía algo frágil y no quería forzarla a una nueva fisura.

— Charlie fue mi mano derecha — dije masticando un poco de tocino. Tenía su entera atención puesta en mí — Pero ahora está casado y no es mi intensión introducir a Katherine en mis negocios.

Rachel volvió a bajar su mirada buscando diferentes alternativas frente a mi noticia. Agarró su taza como si estuviera intentando calentarse las manos, mirando más allá de su café. Cuando volvió abrir la boca para emitir una oración completa yo ya estaba alerta a sus palabras. Exactamente como lo esperaba.

— Me alegro por ti, Quinn.

Haciendo a un lado mi plato dejando olvidado los huevos junto al tocino estire mi brazo sobre el desayunado para juguetear con algunos de sus dedos que aun se aferraban a la taza.

— Hay muy buenas escuelas para los niños y tú puedes abrir una…

— No — me interrumpió dejando escapar un suspiro tembloroso. Aparto mis dedos de los suyos y fijo una nueva distancia entre nosotras — No puedes volver aparecerte como si nada y pretender que iré detrás de ti nuevamente. Ya no debes tenerme en cuenta para cada decisión que tomes, Quinn.

— ¿Qué sucede si quiero tenerte en cuenta? — apreté mi mandíbula buscando paciencia y calma.

Abandono su silla parándose bruscamente y rodeó la barra del desayunador para detenerse frente a mí. Sentía que en cualquier momento uno de sus puños, o ambos, los apretujaría contra mi rostro. Mantenía ambos puños cerrados a los costados de su cuerpo. Sus profundos ojos chocolates ardían.

— No tienes derecho de hacerme esto. ¡No pienso dejarte regresar a mi vida solo para verte salir de ella por segunda vez! No le hare eso a mis hijos mucho menos a mí misma. — Lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas, apartándose rápidamente para no dejarse ver frágil, saliendo disparada lejos de mí.

— ¡Demonios! — Gruñí. El plan se me había vuelto en contra — ¡Rachel, espera!

La había perdido de vista pero por suerte la oí hurgar entre la ropa desparramada por la habitación y parte de la mesa de luz tomando sus pertenencias. Cuando llegue a su lado cojeando algo agitada y desesperada para no volver a perderla de vista, estaba frenética, temblando apurada por tomar sus posesiones y largarse de aquí.

— No te vayas. — dije llegando a su lado.

La oí suspirar fuerte intentando meter su cuerpo dentro de camisa, abrochando desordenadamente los botones delanteros. Alejó sus manos olvidando su propósito y se enfoco en su jean. Se tambaleo en un pie al tratar de hacer equilibrio mientras metía el otro, sin dudarlo la tome de la cintura y la pegue a mi cuerpo cuando estuvo a punto de chocar su hermoso trasero con el suelo. Lucho por unos segundos para alejarme pero todo lo que logro fue que me aferrara aun mas a ella, dándose por vencida.

Cuando dejó de lugar por mantener la distancia entre nosotras, enterró su rostro en mi cuello dándome lugar para besar la coronilla de su cabeza.

— Pequeña, solo escúchame… — pedí cuidadosamente — No te estoy dejando de nuevo. Fui seria cuando dije que volví por ti ¿De acuerdo? Sé que metí la pata contigo y jodí lo que teníamos, pero necesito que confíes en mí y en que no voy a herirte otra vez. Pero para poder hacer eso tienes que dejarme estar alrededor de ti. Confía por favor. — Susurre con calma contra su pelo.

La sostuve contra mi cuerpo todo el tiempo que ella me lo permitió hasta sentir lentamente como buscaba la forma de alejarse de mí, pero de todas formas no la solté del todo.

— Le pondremos fin a todo esto ahora mismo, antes de que esto se vuelva más grande y se nos escape de las manos. Tú debes irte y no esperes de mi parte pedirte que te quedes aquí, si tengo que pedirte algo solo será respecto a Charlotte y su custodia. Si quieres tenerme de tu lado sabrás que hacer al respecto.

— Es mi hija también, tengo derechos sobre ella tanto o más que tú.

— Escúchame bien, Quinn. Aquí tengo cosas pendientes, no abandonare Nueva York por ir detrás de ti mucho menos alterare la vida de mis hijos, no nuevamente. Mi decisión está tomada.

— La mía también. — susurre en su oído.

Cuando no respondió a mi sentencia como solía hacerlo, comencé a besar su hombro corriendo parte de su camisa.

— No es justo que discutas esto temas entre besos, Quinn.

— Lo sé. Mi oferta de molerme a palos sigue en pie. — Sonreí contra su cuello provocándole cosquillas.

— Quizás ahora si tome esa opción. — Alejo su cuello de mis labios para pasar sus brazos detrás de mi cabeza — No me fuerces a ser la mala de esta historia. Sabes que no te hare elegir entre tus cosas y yo. No seré la razón por las que tus negocios flaqueen o se descuiden.

— Florencia tiene lindo paisajes ¿sabes? Mas precisamente la Toscana.

Frunció su ceño — Pues, envíame una foto cuando estés allí.

Rió por lo bajo antes de besar su boca — Maldición, pequeña. No te imaginas cuanto extrañe tu hermoso culo obstinado. — sonrío contra su pelo satisfecha. Me llevare a Rachel así sea a rastras o sobre mi hombro.


Durante el correr de la semana ambas cayeron en una clase de rutina secreta a los ojos de sus más allegados. Sexo, comida, siesta juntas y algunas veces Rachel acompañaba a Quinn a su rehabilitación sin dejar que la morena entrometiera mucho sus narices en el asunto. Quinn estaba realmente satisfecha con su avance, Rachel estaba ganando peso con el correr de los días y de a poco la vieja Rachel parecía mostrar pequeños trozos del pasado. ¿Cómo lo sabía? Su morena había retomado nuevamente sus actividades físicas. Su lista de actividades nuevamente habían llenado las hojas de su libreta.

Era viernes y el fin de semana estaba a un suspiro de comenzar. Había pedido que aquel día la mujer de la limpieza comenzara antes de lo previsto para limpiar mi piso aprovechando que me iría temprano. Claramente yo no me llevaba bien con la mañana, pero tener a Rachel bajo mí cuidado me lo había tomado muy en serio.

Cuando Rachel ajusto el iPod a su brazo decidí abrir la puerta trasera de mi coche. Lucia realmente apetecible vestida con unas calzas, zapatillas deportivas y una camiseta manga larga de algodón. Me recline contra el asiento de mi precioso Rolls Royce color champagne. Yo estaba vestida similar a ella a pesar de no poder hacer los mismos deportes.

El día acompañaba, perfecto para hacer deporte y no encerrarse en casa, algo anormal en la vida nueva de Rachel. Aquello tomo por sorpresa en la mansión Berry ya que normalmente no salía de su cama hasta la hora donde sus hijos requerían de su atención para el desayuno y luego ser llevados a la escuela, pero era demasiado temprano como para cuestionar ese tipo de comportamiento por parte de su madre.

— ¿Acaso estas completamente loca? — Chilló luego de estirar mi mano y tomar su muñeca para meterla en mi coche. Me acerque a ella para un beso rápido, luego me coloque mis anteojos e ignore completamente su rostro sorprendido.

— Central Park. — Dije mirando hacia delante pero fijando mi real atención en su reacción. Rachel frunció su ceño analizando el chofer que nos llevaba hacia nuestro destino. Tome su mano intentando tranquilizarla, no nos volvería a pasar lo mismo.

— No vuelvas aparecerte por casa, es muy peligroso que ellos te vean.

— Sabes que si por mi fuese ustedes ya estarían viviendo conmigo, pero respeto tus tiempos. — Intente sonreírle sacándole hierro al asunto. En verdad la paciencia se me estaba agotando.

— ¿Cómo sabes que corro en Central Park? — preguntó luego de unos minutos en silencio.

— ¿Es necesario que responda?

— No — Se sonrojo negando con su cabeza — No olvido quien eres. Así que preguntare ¿Dónde vamos?

— A Central Park.

— Eso le dijiste al chofer, pero yo quiero saber realmente donde me llevaras.

— Te gustará, lo prometo. Mientras dure el viaje puedes relajarte y regalarme algunos besos. ¿Qué dices?

— Eso suena bastante bien para mí. — dijo inclinando su cuerpo sobre el mío, apretujándome contra mi asiento de cuero. Esto se sentía realmente placentero y nostálgico. Últimamente todo me hacia revivir cosas con ella, y al separar sus labios de los míos mirándome intensamente, pareció sentir lo mismo que yo. No lo había provocado con intensiones, pero aquello parecía darse por sí solo.

Debo admitir que estar cerca de Rachel solo me provocaba tomarla de su trasero y subírmela a horcajadas, pero tras conectar sus ojos con los míos rápidamente se alejo volviendo a su asiento. No deje que soltara mi mano, no se la dejaría tan fácil.

Habíamos estado andando por más de quince minutos alejándonos del corazón de Manhattan cuando vi un cartel de madera indicándome que estábamos solo a unos minutos más cerca de mi campo. El verde ya había comenzado a verse a los costados de mi coche, y Rachel parecía entregada al hecho de pasar un día lejos de su lugar de trabajo.

Me baje primera una vez que estacionamos frente a una mediana casa de madera, extendiéndole mi mano para ayudarla a salir del auto.

— ¿Qué tal un poco de verde? — pregunte mirando a mi alrededor el hermoso campo que esperaba por nosotras.

— Siempre estoy a favor del aire puro.

— Esa es mi chica — levante mi mano para chocar los cinco. Ella imito el gesto con una sonrisa. Había logrado sacarle una sonrisa junto a sus mejillas ruborizadas por el término "mi chica" avanzando un paso más tras no oír su queja.

Me acerque una vez más a mi coche antes de cerrar la puerta para sacar dos gorras y gafas de sol.

— Ponte la gorra, el sol a esta hora es el peor — dije colocándola sobre su cabeza y acomodándola para robarle un beso desprevenido — Luces hermosa. — susurre.

Rachel volvió acomodarse la gorra intentando ocultar sus ojos chocolatosos debajo de la visera. Envolvió una mano alrededor de mi cuello para tirar de mí y darme el merecido beso por montar todo aquel romántico día. Gimió en mis labios algo frustrada por tener que detener aquel arranque de pasión tras escuchar la voz de unos de mis empleados.

— Gracias por este día. — dijo en voz baja.

— Y apenas ha comenzado.

Una vez que me asegure que ambas estábamos lista, tome su mano y comenzamos a recorrer el camino que mi empleado marcaba delante de nosotras. Los ojos de Rachel estaban perdidos en la extensa alfombra verde de césped. En verdad daban ganas de tumbarse allí y mirar las nubes por horas como un par de adolescentes. Cinco años parecían desvanecerse entre nosotras.

De repente Rachel apretó mi mano mientras varios jinetes se agrupaban por color de casacas con sus respectivos palos y cascos. Se aferraba a mí como si temiera que el pasado viniera detrás de ella.

Ahora mismo, yo le devolvía el apretón llamando la atención de Rachel. Estaba consciente de lo que podía llegar a provocar en ella y aun así seguía arriesgándome. Podía sentir como las partes congeladas de su corazón comenzaban a descongelarse con el correr de los días y mis acciones, sabía bien que ahora solo quedaban dos o tres trozos mas por solucionar. Cuando decidiera a escucharme y pudiera contarle lo que había sucedido, esos trozos terminarían por unirse a su maltratado corazón.

Rachel dejó escapar un suspiro cuando ambas tomamos asiento en nuestros lugares. Aquello solo era una práctica, pero aun así había logrado poner brillo en sus ojos. Ambos equipos estaba en el campo calentando, preparando sus caballos y algunos probando sus palos.

— Bien hecho, señorita Fabray. He entendido tu punto.

— No sé de qué me hablas. — Dije sonriéndole cómplice de sus pensamientos antes de besarle su sien.

— Se nota que el tiempo no ha pasado aquí. Vamos, atiende esa llamada.

Hace referencia a mi móvil que tuvo el coraje de interrumpir nuestro momento.

Fruncí mi ceño al mirar la pantalla tras sacarlo de mi bolsillo — Un momento — le pedí a Rachel y ella solo asintió prestando su entera atención al partido de polo que ya había comenzado.

Me levante de mi asiento alejándome como pude tras no tener mi bastón. Cada día se me estaba complicando aun más.

Deslice mi dedo sobre la pantalla y lleve el móvil hacia mi oreja.

Una reclusa del servicio penitenciario de Ohio desea comunicarse con usted. Para aceptar la llamada por favor presione uno…

Corte rápidamente el mensaje apretando la tecla uno. No era la primera llamada que recibía desde allí.

Quinn, tengo malas noticias.

Suéltalo de una vez.

Acaba de tener su audiencia. Le han dado la condicional.

Pero había arreglado para que se quedara dentro más tiempo. — Aprieto mis dientes para no levantar mi voz y que Rachel pudiera oírme.

Lo sé, pero no seré yo quien te diga cómo funciona esto. Ella no perderá su tiempo, Quinn.

El estomago se me revolvió de solo pensar en el riesgo que corría de ahora en mas no solo Rachel, sino los niños. Mi mirada se perdió en el cuerpo de Rachel, que atenta al partido se mantenía en su asiento pero sintiendo como mis ojos estaban sobre ella. Giró su rostro y frunció su ceño, debe haberse dado cuenta de mi estado.

¿Quinn?... ¿me has oído?

Si, si. — Balbuceo nerviosa — Termina con tu trabajo.

Quinn… — Intenta recuperar mi atención en la conversación pero mi mente ya se adelanta a los posibles escenarios para solucionar todo este tema.

Dime…

Esta vez Julia no está sola. Cuida tus espaldas y desconfía de todos. — No sé a qué venía aquello pero solo asentí con mi cabeza como si ella pudiese verme decidiendo cortar la llamada al ver que Rachel emprendía camino hacia mí.

Mantenme informada, Kid.

Sin más corte antes de que pudiera responderme.

— ¿Todo bien? — me preguntó Rachel acariciando dudosa mi brazo una vez que llegó a mi lado.

— Todo perfecto. — Bese sus labios y la envolví entre mis brazos.

Nadie tocara lo que es mío.