Cap. VII: "Con sabor a frutilla"

Rachel abrió la boca sorprendida cuando la imagen de Finn con una botella de vidrio, vacía, yacía en su mano derecha y la otra estaba dentro del bolsillo de su pantalón. Escondiendo algo.

Corrió los pasos que la separaban de sus amigos y se acercó al auto de la profesora. Caminó alrededor de él varias veces analizando su estado. Se llevó una mano a la frente y luego la pasó bruscamente por su rostro.

Infló su pecho con la mayor cantidad de aire posible y lo soltó cuando volvió a estar frente a Finn.

- ¿Qué hiciste?- preguntó aforrándose a la tira de color azul que salía de mochila para cuando la colgara sobre su espalda- Figgins va a salir y todos vamos a estar en problemas

- ¿Por qué? No he hecho nada malo.

- ¡Vaciaste el maldito contenedor de basura sobre el auto de una profesora!... ¿Es qué no piensas antes de hacer las cosas? … Mierda, allí vienen- dijo cubriéndose la cara con ambas manos y estirándose los labios en señal de molestia. Figgins y Quinn se acercaban con la mirada fija en ella-

- Jóvenes- escuchó Rachel a Figgins deteniéndose frente a ellos. Quinn a su lado la miraba de una extraña manera- ¿Quién ha cometido este desastre? -

- El tacho estaba estorbando, director- dijo Finn escondiendo la botella tras su espalda- quise patearlo y cayó sobre el auto de la señorita Fabray. Fue un accidente

- Puckerman ¿tu que tienes para decir?

- Hudson ya lo ha dicho todo- dijo Puck cuándo el director le preguntó a él-

- ¿Señorita Berry?

Rachel alzó la vista del suelo y la clavó sobre Quinn, la rubia la observaba con lo que percibió era temor, molestia y decepción. Tres palabras que a ella misma le molestaban porque a diario las sentía. Pero ahora alguien las estaba sintiendo por ella y eso era aun peor.

Desvió su vista a Puck que rápidamente le hizo una señal de silencio.

Nunca había delatado a sus compañeros, por nada ni en el más tonto de los casos, y nunca lo haría. A pesar de todo, Puck y Finn eran las personas más allegadas a ella y no quería que por unas palabras todo se terminara.

En el primer año de entrar al McKinley, Puck la había defendido de dos porristas cuando intentaron arrinconarla contra uno de los baños solo para encerrarla y dejarla, sabrá dios, cuanto tiempo allí dentro.

A finales de ese mismo, Finn se enfrentó con un tal Hunter que cuando la veía sola en los pasillos, se extralimitaba con sus preguntas, roces y acciones. Finn lo espero en el baño de hombres y arregló la situación en solo diez minutos.

Ahora, la suerte estaba rebotando y pedía por quedarse en ella.

- Como Finn dijo pasaron las cosas- dijo finalmente evitando la mirada de Quinn. Esta se acercó a su auto y comenzó a quitarle los papeles, vasos, y restos de comidas que lo cubría completamente-

- ¿Y la explosión?- preguntó Figgins con duda. Sabía que, como cada vez que hablaba con el trío, nunca obtenía las respuestas que buscaba- ¿Quién generó esa explosión?-

De reojo, notó como Quinn dejaba de quitar la basura y volteaba a verla.

- Esta mañana compré una botella de alcohol- respondió Rachel dando un paso hacia delante al notar la cercanía de Quinn tras ella- bebí un poco y la arrojé dentro del recipiente. Lo olvidé y cuando encendí un cigarrillo y luego lo boté… bueno, eso. Explotó- dijo pegándose a la espalda de Finn, retirándole la botella con disimulo y arrimándola contra su pecho-

- Bien, si a usted le parece, señorita Fabray, sus alumnos estarán en detención el resto de la mañana y llevarán una nota de comportamiento para sus padres- ofreció Figgins señalándole a Rachel que tire la botella-

- No veo por qué Puckerman debe quedarse- intervino Quinn volviendo a su auto y tomando el contenedor- Hudson limpiará mi auto y lo dejará como estaba- dijo con enojo golpeando el tacho contra el pecho del chico- Y la señorita Berry- dijo enfrentando a Rachel- ella pasará el castigo conmigo. Y luego yo misma escribiré esa nota para sus padres… ¿Puede ser, director?-

- Claro- respondió Figgins- Puckerman ve al salón a esperar la próxima clase. Hudson, has lo que la profesora dijo. Y Berry, usted acompañe a la señorita Fabray.


La caminata a lo largo del pasillo había sido más lenta de lo que su mente pudo jugarle. Quinn caminaba detrás y eso la ponía nerviosa. O tal vez el ruido que sus tacos producían al chocar contra la cerámica del piso, o tal vez el perfume con olor a durazno que la rubia producía y le provocaba una sensación en su estomago. O su respiración casi contenida acompañada de la respiración agitada de la rubia.

O tal vez si caminara sola las cosas serian más fáciles.

El camino al salón de castigos lo conocía de memoria. Lo transitaba los martes, con la profesora de matemática, cuando le pedía que pasara al pizarrón a hacer algún ejercicio y ella solo se hundía contra su silla y la miraba de mala manera. Aquella mujer, de baja estatura y sobrepeso, la acompañaba después de toque de timbre y pasaba allí dentro, al menos, una hora.

Los miércoles y jueves se repetía solo que por culpa de la profesora de historia. Esa costumbre que la señora Doperfold tenia de preguntarle por los revolucionistas de… Ya hasta había olvidado de que trataba la pregunta. Sumado a eso, Puck y ella armaban bolas de papel para entretenerse el resto de la hora.

Entre esos días, juntaba al menos ciento veinte minutos más de castigo. Lo bueno, es que el jueves se sumaban algunas de las porristas y algunos del equipo de fútbol. El tiempo se pasaba de manera mas divertida.

Cuando llegó al salón, como pocas veces hacía los lunes, el mismo estaba completamente vacío.

Se paró junto al marco de la puerta, apoyando su costado derecho contra él y esperando por Quinn que había cruzado dos palabras con otro profesor. Ella quitó un chicle de su campera y estaba abriéndolo cuando dio un pequeño brinco del susto.

- Entra- ordenó Quinn pegada a su cuerpo. Ella se balanceó hacia delante y caminó hasta el último banco- Aquí- la frenó Quinn señalando el primer banco de la fila del medio que daba justo frente a la pizarra. Rachel revoleó los ojos, explotó el globo de su chicle y, arrastrando la mochila, llegó hasta donde le señaló la rubia-

- ¿Contenta?- le preguntó con ironía al sentarse y cruzarse de brazos-

- ¿Crees que pueda estar contenta con lo qué le hiciste a mi auto?... Quítate ese gorro- le dijo entre dientes empuñando sus manos y colocando sus brazos en el banco que ocupaba la morena- ¡Ya!- le gritó cuando Rachel permanecía quieta sin ganas de hacer lo que le ordenó- Arroja ese chicle- Rachel juntó sus cejas confundida cuando la rubia estiró su mano en dirección a su boca- Ahora- ella suspiró antes de quitarlo y dejarlo sobre la palma de la rubia. Se lamió el labio inferior cuando la rubia caminó dándole la espalda hasta el tacho de basura - Siéntate correctamente

- Los castigos, señorita acabo de graduarme y no sé como dar una clase, son solo para pasar tiempo. No para acatar sus órdenes- le dijo Rachel cuando Quinn caminaba hacia su escritorio-

- Y eso haremos. Vas a decirme por qué explotaste ese contenedor sobre el capó de mi auto ¿Querías encender, acaso, el carro? ¿Qué pasa por tu cabeza? -

- ¿Quiere que le responda? ¿O qué olvide las preguntas a medidas que las va aumentando?

- Responde- dijo Quinn volviendo sobre sus pasos para cerrar la puerta. Después de eso, tomó la silla del escritorio y la puso delante de Rachel, sentándose frente a ella-

- Ya le dijimos que fue un accidente

- Claro… ¿Crees que soy tonta? Figgins puedo creérselo, pero yo no ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué es lo que te he hecho para no agradarte?

- Su sola presencia no me agrada

- ¿De qué hablas? ¿Nos conocemos de algún otro lado y de paso en un enfrentamiento? Porque no encuentro otra razón para tu comportamiento. Desde el viernes que solo me contestas mal y actúas de una manera poco respetuosa para mi.

- ¿No ha tenido, acaso, una profesora en su pasado que solo fuera un dolor de cabeza para usted? Porque yo tengo una. Justo en frente de mí ahora

- Las he tenido, pero créeme, nunca actué así

- Mmm- dijo Rachel volviendo a quitar su tableta de chicle. Quinn sentía ganas de arrebatársela y tirarla, pero sabía que debía contenerse- ¿Quiere uno?- un escalofrío invadió la piel da la rubia al escuchar la voz cálida e inocente que nunca había escuchado de Rachel. La morena estiró su brazo derecho y le ofreció dos sabores distintos- Lo tomaré como un no- se autorespondió al ver la mirada perdida de Quinn sobre su rostro.

- Si, gracias- dijo Quinn sosteniendo su mano antes de que guardara los dulces. Dos de sus dedos rozaron con los de Rachel y ambas alzaron la vista al instante- Frutilla ¿eh?... – dijo al tomar uno con envoltura rosada y observar el resto- ¿Qué sabor es el negro?

- Menta. Pero demasiado fuerte. Son casi desagradables

- ¿Y por qué los compras entonces?

- Finn me los regala. Todos los días me espera con uno en la puerta del Instituto.

- Tu novio – dijo Quinn y Rachel tuvo que volverla a ver porque no supo reconocer esa voz-

- ¿Finn?

- Estamos hablando de él

- ¿Usted cree que es mi novio?

- Él lo dijo

- Acostúmbrese a las estupideces de Finn- aseguró Rachel alzando su mochila y colocándola sobre su regazo mientras buscaba algo en su interior-

- Guarda eso- le ordenó Quinn al ver su celular-

- Solo mandaré un mensaje. Papá me espera para hacer unas compras, y cierta profesora me alargó la mañana en un castigo. No tardaré mucho… ¿Lo ve? Ya está – dijo volviendo el aparato dónde estaba- ¿Ya puedo irme?

- No

- ¿Por qué no? No estamos haciendo nada importante

- ¿Hay que hacerlo? Tu misma dijiste que el castigo solo era para pasar tiempo.

- ¿Puedo ir al baño?

- No

- ¿Qué pretende entonces que haga aquí dentro por una hora?

- Quiero que te disculpes

- ¿Quiere que me disculpe?... ¿Qué hice ahora?

- Por lo de mi auto, Rachel

- Está bien, Quinn- bromeó ella con el mismo tono de voz que la rubia había utilizado-

- No he escuchado lo que pedí – preguntó seriamente para ocultar la sonrisa que amenazaba con salir. ¿Cómo podía esa chica enojarla de una manera y divertirla de la misma? -

- No voy a disculparme por un accidente

- ¿Por qué en mi auto y no en el de otro profesor?... El auto de Sue estaba al lado

- No nos metemos con Sue. No estaríamos vivos si lo hiciéramos.

- ¿Por qué no alzaste la mano cuando pregunté por sus gustos?- cambió rápidamente Quinn el tema. No había encontrado la disculpa adecuada por parte de Rachel y no iba a perder tiempo en eso. La observó removerse con molestia volviendo a cruzarse de brazos y creyó que todo volvería a la situación de antes-

- Deje de indagar mi vida. No me gustaba nada de lo que dijo. Punto… ¿Ya puedo irme?

- Te dije que no. Dame tu cuaderno. Escribiré la nota para tus padres- después de suspirar con molestia, Rachel tomó el cuaderno y se lo entregó. Quinn quitó una lapicera color roja del bolsillo de su camisa y, alzando el cuaderno para que la morena no observara, comenzó a escribir- Diez minutos mas y puedes irte- le dijo al devolverle el cuaderno cerrado y evitando que lo abriera-

- ¡Rachel!- una chica, que Quinn notó era porrista, entró al salón llamando a la morena- ¿Qué demonios haces aquí? Tienes que ir a entrenar

- Señorita- intervino Quinn al ver a la morena alzar la mochila y ponerse de pie- Este es salón de castigo

- ¿Y?- dijo la chica con molestia. Rachel era la capitana del equipo de atletismo. Junto con Marley, la capitana de las porristas, coreografiaban a ambos equipos para las competencias a lo largo del año. Los entrenamientos eran compartidos debido a la escasez de lugar y profesor. La entrenadora Silvester se hacia cargo de ambos y terminaba siendo mejor que cualquiera otros dos más- Rachel, camina- insistió la porrista.

- Hasta mañana, profesora- saludó entre risas irónicas Rachel mientras se iba. Quinn la llamaba pero ella decidió ignorarla.


- ¡¿Dónde demonios estabas, Berry?!- preguntó Sue por el altavoz. El resto de las chicas volteó a verla -

- En detención, ¿Dónde mas?- dijo aquella porrista que había ido a buscarla-

- Kitty, cierra la boca y muévete con tu equipo. ¿Dónde está tu uniforme, Berry?

- En mi mochila- dijo con timidez e mientras quitaba la ropa deportiva de otra pequeña bolsa-

- ¿Pues que esperas? ¡Ve a cambiarte, maldición!... Te quiero aquí en cinco y más te vale que con energias


Cuando Quinn salió del Instituto y se paró frente a su auto, una molestia recorrió cada esquina de su cuerpo. Aquella mini Cooper lucia más sucia que al principio, inclusive ahora tenia barro pegado en las manijas de las puertas y en el parabrisas de atrás. Rebanadas de fruta y sándwiches colgaban del techo y una hoja de papel esperaba en la puerta del conductor.

"No vuelva a dejar a Rachel en castigo"

Estupido, Finn. Pensó ella, era más que obvio que el chico tenía sentimientos por la líder del salón pero al parecer no eran correspondidos. O eso entendió ella en la charla que tuvo con Rachel.

Cuando ella comenzó sus estudios en la Universidad esperando ser profesora, siempre soñaba con que sus alumnos la esperarían sentados, con la tarea resuelta y un cordial saludo a la salida.

Pero nada de eso estaba pasando y no podía negarse a si misma, era realmente doloroso no vivir de la manera en que uno sueña. Santana y Brittany siempre halagaban de sus títulos, inclusive la rubia, antes de graduarse como profesora, ya impartía clases de baile y con un buen sueldo y buen ambiente. Y buenos alumnos.

- ¡3, 2, 1, Salto!... ¡Pésimo Berry!... ¡Otra vez!- escuchó Quinn una voz femenina alterada a través de un altoparlante. Guió su vista hacia su costado izquierdo y caminó apenas unos cortos pasos para descubrir a un grupo, grande, femenino realizando actividades físicas.

Una débil sonrisa apareció en su rostro cuando vió a Rachel a la lejanía, inhalando aire, reteniéndolo y luego corriendo unos metros para saltar unas vallas de madera. Sonrió con ingenuidad al ver el salto casi perfecto de la chica.

- ¡Asco, Berry!... ¡Otra vez!- su mirada se enfocó en la mujer mayor que días atrás se presentó ante ella como Sue Silvester y que solo se saludaban en la entrada ¿Qué le pasaba y por qué trataba así a la morena? Para su criterio lo estaba haciendo fantástico.

- ¡Vamos, Rach. Tu puedes!- con rapidez, giró su rostro para notar que Finn, detrás de aquel alambrado del que ella tambien se sostenía, le daba ánimos a la chica. Volvió a ver a Rachel, la morena le sonrió al chico y luego clavó su mirada en ella. Quinn apretó el alambre con sus uñas para apaciguar los nervios. Rachel, mientras esperaba su turno para volver a saltar, solo la miraba a ella.

- No has dejado mi auto como acordamos, Hudson- habló Quinn sin dejar de ver a la morena-

- No. Lo dejé aun mejor.

- Para el viernes, traerás leída una obra completa de tu autor favorito, aunque dudo que lo tengas. Y una conclusión.

- ¿¡Qué?!

-Ya lo dije.

- ¡Berry!... ¡Muévete, no tengo todo el día! – la voz de Sue obligó a la morena a concentrarse. Quinn la observó tomar ventaja, trotar con facilidad, tomar carrera y, finalmente, impulsarse sobrela valla.

- ¡Rachel!- gritó inconscientemente cuando la morena dobló su tobillo y cayó estrepitosamente al piso. Golpeó el alambrado cuando Finn lo cruzó sin problemas y corría hacia la morena. El resto de porristas y atletas la rodeaban por lo que una impotencia la invadió al no poder ver mas allá de lo posible y que no quería.

- ¿Señorita Fabray?- volteó con lentitud al escuchar la voz de Figgins tras ella- Su hora ha terminado, mas profesores llegaran y necesitan el estacionamiento. Seria tan amable de…

- Ya, ya me voy- dijo con brusquedad mientras se aferraba a su maletín y pasaba a su lado- Hasta el miércoles.

Al abrir la puerta de su auto, dirigió una última mirada hacia el campo de entrenamiento, pero el grupo se había dispersado y pocas chicas quedaban. Y Rachel no estaba entre ellas. Finn tampoco.

Cerró la puerta con un golpe violento y encendió el motor.

Solo había andado dos cuadras cuando aminoró la velocidad y terminó deteniéndose en medio de la calle.

De su chaqueta, quitó aquel dulce que Rachel le había regalado en el salón de castigo.

Lo tomó, lo observó, lo estudió y, después de darle una rara caricia con el dedo pulgar, terminó abriéndolo y lo quitó de su envoltura. Misma que no tiró, estiró su brazo y la acomodó dentro de la guantera.

Cuando el chicle se pegó a su paladar, un sabor a frutilla inundó su boca llenándola de satisfacción y robándole una sonrisa. Nunca había sido amante de ese tipos de dulces, de hecho, solo comía los animales de gomitas que Brittany siempre le ofrecía y no podía decirle que no porque Santana la golpearía.

Movió una sola vez y de manera lenta su mandíbula hacia uno de sus lados para que el sabor comenzara a extenderse, se sentía como aquellas adolescentes que fumaban por primera vez y la experiencia les resultaba agradable.

Rachel Berry tenía un lado agradable. Y ella acababa de contemplarlo.

- ¡Muévete!- un taxi pasó a su lado y fue cuando ella salió de su trance.

¿Cuánto tiempo le había dedicado a un acto tan infantil y casi tonto del que alguna vez creyó desistir?

No lo sabía. Pero tampoco se arrepentía.


Prox cap: un poco de la vida de Quinn y sus problemas.

No saquen conclusiones sobre si Rachel fue violada o no. Aun falta para aclarar eso, de hecho será en una charla a solas con Quinn.

Volvieron a preguntar las edades: Rachel 16. Quinn 22. No me pareció poner a Rachel con 17, eso implica que solo faltaria un año( o talvez menos) para la mayoria de edad y eso haria las cosas (entre ellas) demasiado faciles.

Nuevamente, gracias por comentar. ¡Saludos!

Ni glee ni sus personajes me pertenecen