Después de arreglar algunos asuntos personales, vuelvo a escribir, pensaba subir este capitulo ayer pero por unos problemas tan solo subí una pequeña introducción a esta pequeña continuación que se dividirá en cuatro capítulos, este es tan solo el primero, apropósito de una vez doy aviso, al acabar estos cuatro capítulos, abra una segunda parte, sin mas que informar o avisar, les dejo leer.


Kung Fu panda es propiedad de Dreamworks


La Corriente que Fluye

"El Emblema del Dragón, otorgador de poder, reconocimiento, omnipotencia, inmortalidad, ¿pero a que precio?, a uno tan grande que nadie podría siquiera imaginar, ¿Qué tanto había que sacrificar?, ¿cuantas sacrificios?, ¿cuantas vidas?; aquel que fuera su portador, aquel que fuera conocido como "El Dragón", ¿Qué peso tenia que soportar?, un peso sobre tan grande que ni los mismos dioses se atreverían a cargar sobre sus propios hombros…"

La lluvia caía en la oscuridad de la noche, suave y tenue, constante, mojando la tierra, la hierba y los arboles, la luz de los rayos que caían lo lejos iluminaban fugazmente el cielo, cuyos truenos lejanos apenas perturbaban aquella aparente calma; a lo lejos, sobre una desierta y sombría colina, llena de piedras y tierra, era visible una gran cabaña de madera vieja, un poco desgastada por el tiempo.

La luz de las velas iluminaba levemente y aportaba a las sombras, brindando un leve calor dentro de aquella cabaña, iluminando un poco aquellas imágenes talladas, pequeñas figuras de madera que representaban a diversos animales, personajes de su pasado, un Mono, una Grulla, una Mantis y una Víbora, un panda rojo, un Panda y otros mas, regados en el suelo, junto a las velas, frente a ellas, recargada contra la pared, cubierta por una larga y desgarrada capa café, que cubría su cuerpo completamente a excepción de su rostro, descuidado, su pelaje anaranjado bastante largo, desalineado, manchado, con los ojos cerrados y respirando tranquilamente, parecía dormir, parecía estar soñando…

"EL sol ardiente brillaba y resplandecía en lo alto del cielo azul, despejado y sin nube alguna que le cubriera, que aportara sombra sobre aquel largo puente de madera que atravesaba el enorme lago de agua cristalina, con tal tranquilidad deambulaba aquella figura, cubierta por una túnica roja, con el rostro oculto entre la sombra de una capucha, a paso lento y calmado, sin preocupación alguna, podía respirar el fresco aire, sentir la brisa golpear su rostro, acariciar sus bigotes, la madera crujía a cada paso que daba y de pronto un extraño ruido le hizo detenerse, dos espadas atravesaron el piso, dirigiéndose a su cabeza con tremenda velocidad, aquellos aceros filosos por poco la matan de no haberse inclinado hacia atrás, le pasaron rosando las mejillas y las orejas, atravesando su capucha y desgarrándola, dejando al descubierto aquel pelaje naranja con rayas negras, y aquellos ojos carmesí, resplandecientes como el fuego mismo, mostro los colmillos gruñendo por tal atrevimiento, los tablones se partieron y salieron volando, del suelo del puente surgieron dos sujetos, con sable en mano y apuntándole, desafiantes y con grandes sonrisas en su rostro, a simple vista se podía ver que eran hermanos aquellos dos cocodrilos, de semejante altura y tamaño, mismo color de ojos y esa mirada.

-Ese bonito emblema…- se colocaron en posición, coordinándose, como reflejos en un espejo, apuntaron sus sables a la altura del cuello de la felina.

-¡Debería ser nuestra!- se lanzaron al ataque, su velocidad era impresionante, casi inigualable, la felina tuvo que retroceder, no tuvo tiempo de reaccionar correctamente y ahora estaba acorralada, solo le quedaba esquivar y avanzar hacia atrás, aquellos aceros de filo cortante pasaban tan cerca que podía observar tan solo el brillo de las armas pasar frente a sus ojos apunto de degollarla, a punto de atravesarla, aquellos dos eran impresionantes, dando giros y lanzando ataques precisos y rápidos, sin detenerse sin descansar, sin siquiera sentir piedad, estaban seguros de matarla, de vencerla y de arrebatarle el emblema, los pasos suaves de ella, se movían con gracia y agilidad como danzando, bailando, moviéndose al ritmo del viento, con la misma habilidad de cambiar de dirección de un momento a otro, esquivando cada espadazo, mas la madera le jugo una trampa, tropezando cayo de espaldas y los dos cocodrilos aprovecharon esa oportunidad.

-¡Ese emblema…!-

-¡Ya es nuestra!- ambos levantaron sus sables y buscaron atravesar su cuerpo, como rayos que caen del cielo, con tremenda rapidez, la felina freno ambos ataques deteniendo los aceros entre las palmas de sus patas, rugió llena de furia y molestia, de una patada desarmo a los dos hermanos y en un rápido movimiento clavo sus propios sables en su abdomen dejándolos en shock mirándose entre los dos con caras de estupefacción y asombro, la tenían donde querían y ella en un simple momento cambio la situación a su favor, los dos la miraron de pie frente a ellos, con una mirada digna del mismísimo diablo, no pudieron reaccionar, tan solo vieron el brillo de sus filosas garras frente a sus caras, para después observar como ella ya estaba detrás de ellos, no sintieron los cortes, solo quedaron inmóviles para tan solo segundos después, caer al suelo de madera hechos pedazos, sin saber siquiera que los había golpeado.

-¡Hay esta, "La muerte Carmesí", tras ella!- varias flechas cruzaron el aire y se impactaron a escasos centímetros de ella, frunció el ceño y gruño con fuerza mostrando cada ves mas sus afilados colmillos, apretó sus puños y de un poderoso salto en el aire se aproximo a entablar batalla con esos asesinos idiotas.

-¡Entréganos el emblema del Guerrero!- gritaron si n darse cuenta que ya no estaba frente a ellos, mas bien, estaba sobre ellos, cuando esos enormes y grotescos cerdos y los gorilas que les acompañaban miraron al cielo, se dieron cuenta muy tarde de que… ya estaban perdidos; aterrizo sobre el rostro de uno de los gorilas estrellándolo contra los tablones de madera, quebrándolos y acabando con el, extendió sus garras y de un poderoso giro corto a través de los cuerpos que le rodeaban y así fue avanzando, cortando y despedazando a quien se le pusiera enfrente, no podían tocarla ni detenerla, solo mirar como los acababa uno por uno.

Llego al otro lado del puente, con la mirada llena de furia pero ya mas tranquila, respirando algo agitada, continúo avanzando, mientras que detrás de ella, se observaban los cadáveres y los muertos de los pobres idiotas, dementes e imprudentes asesinos.

Por unos segundos se sintió nuevamente tranquila, hasta que un viento rojizo le golpeo de frente, cegándola momentáneamente y transportándola a un paisaje desolado y perturbador, con el suelo desértico y ardiente, las rocas prendidas al rojo vivo y un calor infernal en el ambiente, sintió el fuerte olor del humo negro y la ceniza quemándole las fosas nasales y apunto de prenderle los bigotes, su pelaje ardía y su piel parecía quemarse, miro con temor y desconcierto aquel lugar, ¿Cómo había llegado hasta ahí?, se giro y se horrorizo al ver a quien alguna ves fue su única compañía, su única familia.

-¡¿ma… madre?!- sujeta por largas y pesadas cadenas atadas a piedras enormes, con el acero al rojo vivo por incesantes llamas, siendo su cuerpo atravesado por cientos de largas, grandes y gruesas agujas de metal, mirándola con una expresión de sufrimiento y un terrible dolor, la miraba como si su alma misma fuera desgarrada.

-Ti… Ti… Tigre…sa- con un enorme esfuerzo movió su pata encadenada, acercándola lenta y dolorosamente hacia ella, mientras que Tigresa la miraba con horror.

-Madre… ¡Madre!- intento acercar su pata a la de ella, intentando alcanzarla vio como el viento rojo le cegaba nuevamente y esa escena se desvanecía en una niebla rojiza, mezcla de fuego y cenia, podía sentirla quemándole la cara"

Abrió sus ojos y se percato que todo había sido un sueño, ahora solo miraba la llama de la vela frente a ella, respiro hondo y se calmo, sostenía fuertemente algo entre las patas, era una figurilla de madera aun incompleta, aun sin terminar, de una Tigre, esbelta y joven, como ella la recordaba, saco una de sus garras y continuo tallándola, buscando olvidar aquella pesadilla, aquel sueño.

Dos figuras oscuras se movían con tremenda rapidez bajo la lluvia, resguardados bajo el manto negro de la noche, se acercaban a aquella cabaña, una de ellas se detuvo al pie de la colina mientras que la otra continuo, dando un gran salto aterrizo sobre el techo.

Tallaba una nueva figura de madera, aun no tenia una forma bien definida, pero el contorno del rostro y un poco del cuerpo dejaban ver a un corpulento leopardo de las nieves, lo sostuvo entre sus patas mirándolo con nostalgia y melancolía hasta que un gran estruendo proveniente del techo la alerto, miro hacia arriba alarmada y vio como el techo caía hecho pedazos y de los escombros aparecía una sombra, le miro confundida, el extraño se movió rápido y le golpeo en el rostro con fuerza, hundiéndose su puño en su mejilla izquierda, lanzándola contra el suelo.

-¿Quién… eres… tú?- pregunto sobando se la mejilla, sintió su mirada, sus ojos clavarse en ella, mirándola atravez de esa capa y capucha, alzo lo que serian sus patas y lentamente se descubrió la cabeza, los ojos de ella se abrieron enormemente llenos de asombro e impresión, en estado de shock y sin poder articular bien palabra alguna, con la boca un poco abierta, le miraba inmóvil desde el suelo.

-Tai… Tai… Tai… Lung- tartamudeo incrédula de verle de pie frente a ella, el no contesto ni mostro emoción alguna en su rostro, la tomo por el cuello y de una patada la mando contra el techo, haciéndola que lo atravesara, ¿Qué era lo que pasaba?, no entendía y no reaccionaba, estaba siendo apaleada sin que pudiera hacer algo, de sus patas se soltó aquella figurilla de madera, tan parecida al leopardo, a Tai Lung, esta cayo al suelo, perdiéndose entre los destrozos; pudo observar el cielo negro, pudo sentir la lluvia mojar su cuerpo y de repente se vio cayendo al suelo nuevamente, aterrizando duramente contra la tierra y algunas piedras, un quejido de dolor broto de sus labios, no se pudo levantar, solo observo como el felino se e acercaba y tomándola por el cuello la arrastro colina abajo.

-Ha pasado mucho tiempo, "Muerte Carmesí"- la segunda sombra revelo su rostro, quitándose la capucha para después deshacerse de su capa, dejando ver a una Zorra joven de pelaje negro, algo extremadamente extraño, su pelaje tenia un brillo inusual, parecía demencial, sus ojos azules estaban clavados en los carmesí de ella, llevaba un largo vestido de fina seda, de color azul oscuro, con algunos detalles bordados con finos hilos de plata, misteriosa y sombría era ella, como un fantasma, un espíritu, o un demonio.

-¿Me recuerdas?- pregunto con esa ligera y demente sonrisa, el brillo en su mirada, su expresión, aterraba; ella no respondió, simplemente la miro.

-Mírate ahora, tan decadente, tan patética, alguna vez fuiste conocida como una poderosa asesina, como un monstruo- Tai Lung la soltó dejándola caer a los pies de aquella Zorra mientras que el se apartaba un poco y se acercaba a un montículo de piedras cerca de ahí.

-Cuanto sufrimiento has causado, cuanto dolor, el dolor de padres, de madres, de hijos, ¿a cuantos has matado?, sin importarte en lo absoluto sus vidas, ¿Cuántas familias destruidas?, pero no mas, ahora te toca sufrir a ti, ahora se lo único que te importa, la única que realmente te importo- el leopardo pateo las rocas mandándolas a volar y descubriendo lo que yacía debajo, un gran ataúd de madera.

-Y cuando la traiga de entre los muertos jugare con ella- rompió la tapa de madera arrancándola de un golpe y extendiendo su pata hacia su interior extrajo un pedazo del esqueleto; la Zorra pateo a la felina en el rostro y se acerco, desprendió la túnica café de su cuerpo dejando ver…

-"El emblema del Dragón"- lo tomo entre sus patas arrebatándoselo.

-Aplastare tus huesos y moleré tu cuerpo, te are sufrir como nadie nunca lo ha hecho, así pagaras por tus pecados, por lo que me hiciste en el pasado; si aun tienes las fuerzas, si aun tienes voluntad, entonces deberás conseguir "EL emblema de Guerrero" una vez mas y buscaras detenerme- ella se ato el Emblema al hombro, orgullosa y arrogante, mirándola con superioridad, la levanto del suelo y de un puñetazo la mando a volar hasta llegar a impactarse contra la cabaña, atravesando sus muros y quedando inconsciente, mientras que el fuego generado por las flamas de las velas comenzaba a consumir el lugar.

Aquellos dos miraron como todo ardía y se volvía cenizas y con una sonrisa de satisfacción se marcharon de la misma manera en que llegaron, entre las sombras.

Solo quedaron pedazos de madera negra, quemada, aun salía un leve humo de los escombros, de las cenizas, ella sentada en el centro de aquel lugar, frente a lo que quedaba de aquellas figuras talladas por sus garras. Sosteniendo una en especial entre sus patas, mirándola ya terminada, recorriendo delicadamente cada detalle con sus dedos, era la figura de aquella joven Tigre.

-Madre…- pronuncio en un susurro, sereno su mirada y cambio la expresión de melancolía y nostalgia por esa tan característica de ella, se levanto del polvoso suelo y comenzó a caminar bajo el sol.

"Yo solo quería vengar su muerte, nada mas…"

Se acerco al rio, mirando su reflejo en el agua, desarreglado, sucio, descuidado completamente, su pelaje anaranjado estaba casi café, largo y enredado, comenzó a desvestirse, dejando sus prendas en la orilla, y una vez desnuda se metió al agua, sumergiéndose completamente en ella, sintiendo la corriente, el agua fresca recorrerla.

"Mi madre debe descansar en paz..."

Limpio su cuerpo, lavo su ropa, se preparo para el largo y pesado viaje que le aguardaba, llevando simple y sencillamente, unos pantalones negros sueltos y una camisa roja sin mangas con diseños de flores en dorado; se quedo de pie frente al rio, contemplando su reflejo, era la primera vez en mucho tiempo que se veía sin alguno de los dos emblemas en su hombro, suspiro y comenzó a caminar a un rumbo desconocido, tenia que buscar al que ahora era "El Guerrero", al que ahora portaba el emblema, pero encontrarlo seria un verdadero problema, no sabia quien lo tenia, mucho menos donde encontrarlo, lo único que tenia claro era que iba a necesitar algo, una herramienta, y para eso necesitaba buscar a alguien que se la diera.

Las nubes que cruzaban por el cielo brindaban sombra a los viajeros, cubriéndolos de los poderosos rayos del sol, la hierba fresca, un poco húmeda aun a causa de la lluvia de la noche anterior, las copas de los arboles se movían con el viento, generando un suave sonido al chocar las hojas una contra otras, se respiraba una extraña tranquilidad, una calma un poco inusual considerando la fama que tenia ese lugar.

La felina avanzaba con los ojos entrecerrados, a paso lento pero constante, sin prisa alguna, sin detenerse. A lo lejos, oculto entre los arboles, se escuchaba el incesante golpeteo de un martillo contra el metal que poco a poco se intensificaba y se escuchaba mas fuerte y cercano, no tardo mucho en poder observar un pequeño pueblo, rodeada de muros altos de madera, con grandes estandartes en lo alto, por la puerta se podía ver que muchos comerciantes y viajeros entraban y salían apresurados, con mercancías, con alimentos, ropas y otras cosas, sin duda ese pequeño pueblo era un lugar de mercadeo, un lugar de paso; sin detenerse se fue acercando y pronto el ruido de la multitud se apago y solo quedo el sonido del golpe del martillo, conforme pasaba todos la miraban, incrédulos y con miedo, con temor, uno de los gansos que estaba de pie junto a la entrada salió corriendo despavorido, los demás solo quedaron inmóviles.

-¡Ahí viene, ahí viene, es "La muerte Carmesí"!- grito con todas sus fuerzas aquel ganso tropezándose y cayéndose.

-Así que aquí esta, por fin nos podremos vengar- dijo seriamente un Búfalo que sostenía una espada.

-Si, es el momento de hacerle pagar por el sufrimiento que nos ha hecho sentir al matar a nuestros seres queridos- continuo un credo.

A lo lejos se veía la silueta de la felina acercándose, lentamente hasta donde varios sujetos le esperaban, un Búfalo, un cerdo, un viejo ganso y algunos otros animales; pronto se encontró frente a ellos y se vio rodeada en tan solo segundos, el ambiente estaba tenso, todos la miraban con odio y repugnancia, ella seguía calmada y serena, esperando el ataque.

-¡Esto es por mi hermano!- grito el Búfalo empuñando su espada.

-¡Esto por mi mejor amigo!- grito el cerdo apunto de golpearla con un mazo.

-¡Esto es por mi único hijo!- grito el viejo ganso empuñando una lanza.

El resto se le vino encima con los tres animales antes mencionados a la cabeza del ataque, la felina no lo dudo, esquivo el espadazo del búfalo y dio un poderoso golpe justo en su muñeca, este esbozo una mueca de dolor acompañada de un quejido y soltó su espada dejándola caer al suelo, ella dio un salto en el aire esquivando el gran mazo del cerdo y aprovechando que estaba justo sobre el le lanzo una patada mandándolo hacia atrás con gran velocidad derribando a los atacantes detrás de el, finalmente quebró la lanza del viejo ganso de un golpe con su palma y lo arrojo al suelo, el resto de animales estaba temblando del miedo, habían entrado en pánico, ella los miro seriamente y siguió avanzando, los demás se apartaron de su camino, el viejo ganso que aun estaba en el suelo, comenzó a llorar, debido a la impotencia de poder vengar a su hijo.

-¡Maldita asesina, no eres mas que un monstruo, no te importa nadie mas que tu propia sed de sangre, ¿Cuántas vidas mas vas a arrebatarnos?, ¿Cuántas?, arderas en el infierno, te ahogaras en los Ríos de Sangre que has creado, sufrirás tu castigo incluso después de que nosotros hayamos muerto; YO TE MALDIGO "MUERTE CARMESI", TE MALDIGO!- hizo como que no escucho aquellas palabras, trato de ignorarlo, pero no pudo, simplemente no pudo, aquellas palabras, quedaron grabadas en lo mas profundo de su cabeza.

Todos la miraban con temor, de reojo, observando sus acciones, preguntándose ¿Qué tramaba aquella bestia?; ella seguía el incesante sonido del golpe del martillo que se hacia cada vez mas fuerte hasta que pudo divisar una modesta cabaña de donde salía humo proveniente de una chimenea, se acerco y pudo leer en el letrero "Herrería", aparto las cortinas rojas que servían de puerta cubriendo la entrada, miro al interior y pudo observar a un viejo lobo trabajar en la forja, de pelaje ya gris por los años, pero con un cuerpo musculoso y bien marcado producto de su pesado trabajo, con el brillo de las brasas y el fuego marcado en los ojos, concentrado en su trabajo parecía no haber prestado atención a su llegada.

-Buenas tardes ¿que desea?- le pregunto sin voltear a verla, ella se sentó en el suelo en posición de loto.

-Una espada- respondió fríamente.

-Jajá, lo siento pero hace mucho tiempo que ya no hago armas, ¿puedo hacer algo mas por usted?-

-No, de verdad necesito una espada- respondió de la misma manera, seria y fría, el lobo suspiro.

-¿Para que necesita un arma?, la mejor asesina del mundo ya es de por si un arma mortal, ¿o me equivoco?- la felina gruño fuerte y se levanto de un salto queriendo amenazarlo con sus garras, mas él se adelanto, tomo uno de los pedazos de metal calientes y le apunto con el, el acero al rojo vivo se aproximo al cuello de ella.

-Las cosas se piden por favor, no con amenazas- Tigresa retrajo sus garras y se calmo, serenando su expresión, mas el lobo no aparto el metal ardiente.

-La necesito, de verdad que la necesito, por favor- el lobo sonrió ligeramente de manera burlona.

-Puede conseguir mejores herreros por aquí- contesto mientras que regresaba a su trabajo.

-Lo dudo-

-¿A si?, ¿Por qué?- pregunto con sarcasmo.

-Los dos sabemos por que-

-Jajá, ya se lo dije, hace mucho que no hago armas-

-Entonces tomare la ultima arma que creo- se disponía a salir cuando nuevamente el viejo lobo le apunto con aquel pedazo de metal caliente.

-Atrévase a tomar esa espada de la tumba de mis hermanos y le voy a demostrar lo que este viejo herrero puede hacer con un simple trozo de metal ardiente- sintió un fuerte escalofrió cruzarle la espalda al escuchar aquella amenaza, los ojos negros y oscuros del lobo se clavaron sobre los de ella, era atemorizante, no había sentido eso desde hacia mucho tiempo.

-Entonces… hágame una espada, fabríqueme un arma- respondió con cierto nerviosismo en su voz, el lobo hizo una mueca de desaprobación.

-¡Esta bien!- grito fastidiado.

-Le hare una espada, ahora ¡largo!, déjeme trabajar y no me venga a molestar, yo la buscare cuando este lista, ¿entendido?- ella asintió y después salió de la cabaña, apenas puso un pie fuera, suspiro fuertemente, aliviada, Yuanjia tenia fama no solo de Gran Herrero, también de poderoso luchado, prefería evitar un enfrentamiento; decidió deambular por el pueblo por un rato, probablemente el viejo lobo no solo le haría esperar unas cuantas horas, seria capaz de hacerla esperar días de ser necesario, eso le molestaba, pero no podía hacer nada.

Sobre aquellas grandes y rocosas montañas, en lo mas alto de aquellos picos, se encontraban aquellos dos, la Zorra y el leopardo, en lo que parecía ser lo que quedaba de un viejo y gran castillo, su vieja gloria y sus lujos parecían haber desaparecido, aunque aun quedaba algo; alumbrados por la luz de las lámparas de papel siguieron su camino atravez de los viejos pasillos, hasta llegar a un gran y enorme salón que aun conservaba cierto encanto, en el se encontraban tres figuras, enmascaradas, dos de ellas sumamente altas, la otra mas pequeña, algo encorvadas, cubiertas por largas túnicas negras, la mas grande llevaba una amplia mascara de demonio negra con líneas rojas, con un amplio cuerno en la frente, con una ensanchada sonrisa que mostraba una larga hilera de dientes, la segunda sombra llevaba una mascara blanca, con dos enromes cuernos a los lados y lo que parecía ser una larga barba, la tercera y mas pequeña no llevaba mascara alguna, simplemente estaba cubierto de pies a cabeza por aquella larga túnica.

-Hemos vuelto- exclamo la Zorra de pelaje negro con suma felicidad de verlos, entrando acompañada de un silencioso Tai Lung.

-Nos alegra su regreso Señorita Nora, de verdad que nos alegra- contesto con una voz seca y gruesa el encapuchado más alto, pero con un cierto tono de felicidad, lo que decía parecía ser verdad.

-¿Dónde esta?- pregunto ella a los tres presentes.

-Abajo, Trabajando como siempre- respondió el encapuchado más pequeño.

-Discúlpenos, tenemos que hablar con el- contesto sonriente.

El lugar era oscuro y solo estaba alumbrado por algunas cuantas velas, una mesa de trabajo amplia y a su alrededor cientos de pedazos de metal, madera y otros materiales regados por el suelo, en el centro frente a la mesa, dándole la espalda a la entrada se encontraba un pavorreal blanco, al parecer trabajando en algo.

-Hola Lord Shen- hablo con un tono de voz seductor, acercándose mientras movía la cintura y meneaba su cola suavemente, el pavorreal se giro de inmediato con una ancha sonrisa y una mirada lujuriosa.

-Hola Señorita Nora, ¿Qué tal su viaje?- pregunto con curiosidad, Tal Lung arrojo aquel pedazo de hueso sobre la mesa en la que Shen trabajaba, miro con una sonrisa demencial y se aproximo a observarla de cerca.

-Es perfecta, mas que perfecta, será mas que suficiente para nuestros planes- respondió exaltado.

-Entonces usted y su compañera pónganse a trabajar- dijo en un tono serio.

-Debería decir por favor, lo que nos pide llevara su tiempo- Detrás de ellos, aproximándose, estaba una pavorreal de plumaje azul oscuro, vestida con una larga túnica purpura, caminando lentamente hacia ellos, la Zorra rio con la boca cerrada.

-Lo siento Yueci, tienes razón, debí decir por favor-

-No se preocupe señorita Nora, con el intelecto de Lord Shen y mis "Habilidades" podremos alcanzar nuestro objetivo- Nora sonrió y felizmente salió de ahí acompañada por el leopardo.

-Pongamos manos a la obra Shen- la pavorreal a de plumaje azul tomo el pedazo de hueso de la mesa y sosteniéndolo entre sus alas se dirigió a una puerta oculta en la oscuridad, al abrirla un gran resplandor cubrió el lugar, en el centro de aquella habitación un enorme estanque de agua, aquellas aguas emitían un brillo, un resplandor demoniaco, maléfico, desquiciado, el vapor que emitía tenia un olor fuerte y repugnante, Shen se llevo un ala al pico, tratando de evitar oler aquel aroma; la pavorreal se acerco y deposito el hueso en las aguas del estanque, dejando que se sumergiera en ellas, un extraño burbujeo apareció, rodeándolo, como si un extraño efecto comenzara a llevarse acabo sobre el.

-¿Estas segura de que podrás hacerlo?- pregunto Shen mirándola.

-Mi magia esta fuera de tu comprendimiento, en vez de dudar de mi, deberías dar por seguro lo que prometí hacer; Pronto este simple pedazo de hueso será la primera piedra para la creación de un nuevo ser, ahora ve a preparar lo demás, yo me encargare de esto- la pavorreal se sentó frente al estanque pronunciando palabras desconocidas, de un lenguaje antiguo y seguramente muerto, sin duda Shen tenia escalofríos al verla así, pero que mas se podía esperar de una poderosa hechicera como ella.

Estaba sentada, oculta éntrelos arboles, había decidido alejarse un poco del pueblo, después del enfrentamiento que tuvo al llegar, prefería no causar mas problemas, se alejo, y se decidió a meditar un rato, a concentrarse y poner en claro sus ideas, su mente.

"El paisaje ardiente, el suelo árido y caliente, ese calor en el ambiente, y ese color rojizo en el la tierra y en el viento, ella estaba de pie frente a ella, nuevamente mirándola sufrir, encadenada y siendo atravesada por aquellas agujas enormes, clavadas en sus brazos, en sus piernas, en su pecho y cuello, su mirada de dolor, sus ojos apagados.

-¿Por qué no llevas "el emblema del Dragón"?- pregunto con una voz seca, apagada pero firme.

-Yo… yo solo quería vengarte… vengar tu muerte…- respondió aun en estado de shock, con cierta timidez.

-No puedes huir, no puedes renunciar al emblema, al titulo, una vez que el emblema llega a ti, una vez que el titulo te pertenece, no hay vuelta atrás, no puedes escapar del circulo de odio y violencia, no puedes salir de los Ríos de Sangre, no hay escapatoria, ni salida algunas… lo tienes que aceptar-pronto su imagen se fue desvaneciendo, perdiéndose entre la niebla rojiza.

-Pero madre… ¡madre!...- grito, intentando alcanzarla mas fue en vano, la perdió de vista y todo se desvaneció."

Abrió sus ojos y miro el cielo en busca de claridad, lo único que vio fue la calma del cielo y eso, por ahora, fue suficiente, se levanto del suelo, y se puso a caminar por el campo, sintiéndola hierba bajo sus pies y escuchando el silbido del viento, cerrando sus ojos y buscando paz espiritual, de pronto, escucho un golpe, acero contra acero, ese no era el sonido de un herrero, era el de una espada, chocando contra otra, una y otra vez, con fuerza y furia, algo sucedía, siguió el sonido hasta llegar al pueblo nuevamente, las calles estaban vacías, muchos estaban escondidos en sus casas, con puertas y ventanas cerradas, el sonido de hoque de espadas se hacia mas fuerte y pronto llego a donde se desataba el duelo, cinco leopardos se encontraban frente a un pobre y viejo cerdo, el armado con una espada corta vieja y algo oxidada, ellos, con unas extrañas, largas y delgadas espadas.

-Vamos anciano, ¿quieres defender tu propiedad?, entonces levántate- dijo uno de ellos, al parecer el líder, un leopardo de unos dos metros de estatura, bastante delgado, vestido con unos pantalones rojos, una camisa blanca y un cinturón grueso de color negro, con la funda del arma atada a la cintura y espada en mano, amenazando al anciano, que no dispuesto a perder, se levantaba y empuñaba su arma, de pronto los cuatro leopardos restantes callaron sus risa y miraron a la felina, con caras de sorpresa, el líder, se sintió extrañado y rápidamente busco con la mirada cual era su causa, cuando se topo con ella.

-¿pero que tenemos aquí?- pregunto con asombro, ella no respondió.

-Pero si es la mayor asesina del mundo, pero que honor- apunto con su espada a la Tigre de bengala.

-¿Dónde esta ese bonito emblema preciosa?, ¿eh?- al darse cuenta de que no estaba aquel trozo de tela dorado, se extraño y sintió curiosidad por saberlo.

-Así que los rumores son ciertos…- abrió enormemente los ojos y bajo su arma, incrédulo ante tal posibilidad, sus compañeros comenzaron a susurrar entre ellos.

-Es cierto, perdiste… perdiste el emblema, por algunos lugares se dice que tu… perdiste y ahora hay un nuevo "Dragón", JAJAJAJAJAJA- todos estallaron a carcajadas.

-Increíble, increíble, quizá no seas ya "El Dragón", pero aun así, no perderé la oportunidad de matar a la que alguna vez fue un Dios-

-Entonces mas te vale saber mi nombre, me llamo Tigresa, espero que estés listo- se coloco en posición de ataque, con sus garras listas para contratacar, para repeler el filo del acero, el leopardo y sus compañeros rieron.

-¿Crees que tus habilidades físicas podrán contra mis habilidades con esta espada?, esto es acero Japonés, esta espada se llama Katana y es tan filosa que puede cortar montañas, así que fue un placer conocerla Tigresa, ahora… ¡Muera!-

Los golpes eran rápidos y muy precisos, esa arma, ese acero Japonés, era sin dudas único, increíble, filoso, Tigresa estaba en clara desventaja, se había lastimado sus garras al frenarla, arriesgarse a detenerla con sus palmas seria una verdadera estupidez, esquivar seria todo lo que podría hacer, buscar una apertura y atacar, el único problema era que sus habilidades estaban tan mermadas, tan débiles, que realmente no estaba al mismo nivel que hacia varios meses.

-¿Qué pasa?, ¿A dónde se fue toda esa confianza, esa arrogancia?- enfundo su espada y se acerco corriendo a ella, Tigresa intento atacarlo con un puñetazo directo, el se agacho esquivando y acercándose.

-¡Laido!- desenfundo su espada a la velocidad el viento, golpeándola en el estomago con la Tsuka en el abdomen tan fuerte que la hizo retroceder y caer al suelo, tan rápido como desenfundo, enfundo la espada, ¿Qué clase de estilo era ese?, nunca antes había visto a nadie pelear con un sable de esa manera.

-Tu estilo de pelea esta oxidado, viejo y acabado, no puedes vencer a alguien que empuña una espada en la forma en que yo la empuño; eres patética, tan solo mírate, acabada, no eres ni la sombra de lo que fuiste, ahora no eres nada, es una lastima "Muerte Carmesí", pero tu camino termina aquí…- un gran martillo se estampo contra su rostro a alta velocidad, aplastándole el hocico de una forma algo cómica y arrojándolo al suelo.

-Deberías tener mejores modales con las damas- Tigresa miro hacia atrás topándose con el viejo lobo canoso, con una expresión seria y neutra.

-¡Maldito anciano, ya te enseñare!- el leopardo se levanto y empuño su espada con furia mientras que los demás felinos que el acompañaban, el anciano sonrió y se coloco en posición.

-Adelante mocosos- dijo arrogantemente, los cinco corrieron a atacarlo pero pronto se vieron derrotados sin siquiera saber que había pasado, desarmados, golpeados, confundidos y en estado de pánico los cinco felinos se miraron entre si.

-pero… ¡¿Qué sucedió?!- pregunto asustado completamente el leopardo líder.

-Su estilo es bueno, pero no se puede golpear lo que no se puede tocar- respondió burlándose de los cinco el viejo lobo, Tigresa estaba asombrada por tal despliegue de velocidad y fuerza, debido a su ojos experto pudo ver, los rápidos y poderosos movimientos.

-Tu estilo de Kenjutsu es bueno, el de tus compañeros es pésimo, pero no se comparan con mi forma de pelear, ¿dices que el estilo de pelea sin armas es obsoleto?, ¿acabado?, te equivocas mocoso, "El que desea sacar la espada es un novato, el que desenfunda la espada es un experto, el que es la espada misma es el maestro" deberías aprenderlo, tu estilo de Itto Ryu es bueno, pero no es perfecto-

-¡Maldito Viejo!- grito furioso el leopardo antes de callarse al verse amenazado por su propia espada.

-Cuida tus modales mocoso, yo soy viejo y deberías tener respeto a tus mayores- le golpeo el hocico con la Tsuka de la Katana para después arrojarla a sus pies.

-¡Ahora lárguense!- los cinco se levantaron tan rápido como sus golpeados cuerpos se lo permitieron.

-¡Volveremos!- grito el líder mientras corría.

-Yuanjia…- al escuchar su nombre se giro y vio ya de pie a la felina.

-Gracias- dijo en un tono de agradecimiento y a la vez de vergüenza, no solo había sido herida físicamente, su orgullo también fue golpeado.

-No tienes nada que agradecer, solo hice lo correcto, ya se ha derramado mucha sangre-

-Creí que ya no luchabas-

-Mis hermanos habrán muerto, seré viejo y tendré el pelaje canoso, pero aun hay cosas que me incitan a luchar-

Ambos caminaron de regreso a la cabaña del lobo, donde el continuo trabajando en el arma que la felina le pidió, mientras que ella se recostó en una especie de banca dentro de la cabaña; Tigresa estaba recostada de lado mirando a Yuanjia trabajar en la forja, con la mirada seria y fija en el.

-¿Qué sucedió?- Yuanjia lanzo una pregunta a la felina.

-¿A que te refieres?- pregunto queriendo evitar el tema.

-Ya lo sabes, no por nada estas aquí, sin el emblema en tu hombro, pidiéndome un arma, así que dime, ¿que sucedió?-

-No es de tu incumbencia- respondió cortante, apartando su vista de el y girándose aun estando acostada, dándole la espalda y mirando a la pared, Yuanjia se percato de eso.

-Se que no nos conocemos, pero no hay nada de malo en que le cuentes a este viejo lo sucedido en tu vida, después de todo, me debes la vida-

-¡No te debo nada!- grito con fuerza levantándose de golpe y encarándolo, Yuanjia dejo de trabajar y la miro.

-Pues yo tampoco te debo nada y sin embargo te salve de esos idiotas, y sin embargo forjo esta arma por que tú me lo pediste, si no me debes nada, yo tampoco te debo nada- Tigresa suavizo su expresión, bajo su mirada apenada y se dejo caer sentándose sobre una silla, Yuanjia la miro buscando comprenderla.

-Es una historia… muy larga…- dijo tímidamente.

-No es necesario que me cuentes desde el principio-

-Créeme, lo es- como quien confiesa todos sus pecados completamente arrepentido, Tigresa conto su historia, desde el inicio.

Yuanjia continuo trabajando, meditando sobre lo que la felina le había contado, hacia unos minutos que reinaba el silencio entre los dos, solo el ruido generado por su trabajo con el metal, suspiro.

-Has pasado por mucho-

-La vida es triste, cruel-

-No siempre es así, me gustaría decirte lo que hubiera sido de tomar mejores decisiones, pero el hubiera no existe, estamos aquí, y no nos queda otra cosa que hacer que avanzar y decidir que hacer con el rumbo que tomamos- Tigresa siguió en silencio, con la mirada fija en el suelo.

-Voy a salir- fue todo lo que dijo, se levanto, y salió de ahí, el anciano continuo martillando, pensando.

Le recordaba tanto a él, le entristecía realmente, el pensar en lo que había sucedido, con él, "Lupo… no sabes cuanto me arrepiento, cuanto… lo siento… de haber te hecho caso, de haberme apartado de ese camino, lo siento… no pude cumplir con mi promesa, te he fallado, he fallado…"

Tigresa deambulo por los caminos mas alejados del pueblo, buscando ocultarse entre los arboles que rodeaban el lugar, buscaba apartarse para que nadie la molestara, al encontrarse a solas, comenzó a entrenar, necesitaba entrenarse nuevamente, volver a fortalecer su cuerpo, aquel leopardo se lo había demostrado, se había ablandado, en ese lapso de tiempo se había vuelto débil, ¿cuantos meses habían pasado?, y ano lo recordaba, pero muchos días y noches habían pasado, demasiado tiempo, demasiado.

"-No tengas miedo- decía la Tigre, encadenada, condenada a pagar por toda la eternidad.

.No tengo miedo, no lo tengo madre-respondió ella.

-No temas, acéptalo, tienes que aceptarlo, es tu destino… no puedes mirar atrás- dijo una ultima vez, mirando a su hija, para después desvanecerse en la niebla."

El sol salía por el horizonte, tan rápido había pasado el tiempo, tan rápido había pasado un día, Yuanjia miraba desde la entrada, el cielo azul con tinte anaranjado por los rayos del sol que brindaban calor, el movimiento del pueblo comenzó desde temprano, mucho antes del amanecer, el ruido de la gente, de los comerciantes, de las carretas, inhalo el fresco aire de la mañana, preguntándose por ella, decidió comenzar a trabajar nuevamente.

Escuchaba el ruido del martillo nuevamente, mientras se acercaba, al entrar por la puerta apartando las cortinas fue recibida con un "Hola" de parte del lobo, Tigresa no contesto, solo se sentó en una silla sin decir nada.

-¿Qué tal la noche?, viste las estrellas, en este lugar el cielo se observa hermosamente-

-Quiero que me entrenes- dijo firmemente.

-¿Entrenarte?- la miro con una ceja alzada interrumpiendo su labor, Tigresa lo miro con seriedad, segura de lo que le solicitaba.

-… me pides muchas cosas… ¿sabes?...- la miro con seriedad y esbozo una mueca en su rostro.

-Primera lección…- Tigresa sonrió satisfactoriamente al escuchar esas palabras.

"Desde aquellos años pasados en el dojo de Shifu, del panda rojo, no había tenido un entrenamiento formal desde entonces, no había entrenado de esa forma, con la misma intensidad, al pensar en ello me acuerdo de las palabras de Lupo, aprender de la calle, mirando, imitando, solo que yo lo compensaba con los enfrentamientos constantes, la experiencia en batalla remplazaba el fuerte entrenamiento diario, pero ahora, ahora que estoy tan débil, tan fuera de forma, el combatir para recuperarme seria un suicidio, seria entregar el cuello a la espada, realmente te agradezco Yuanjia, brindarme el poco tiempo que te queda para entrenarme, entrenar a alguien como yo… gracias"

Habían pasado tres días, sin descanso alguno, sin detenerse, sin retroceder, Yuanjia había entrenado lo mas fuerte posible a Tigresa, como el herrero que forja la espada, el forjo a Tigresa a un nuevo nivel, el dominio en las armas fue un punto nuevo para Tigresa, siempre había luchado sin ellas, ella misma se consideraba un arma, sus garras, sus colmillos, su desproporcionada fuerza, todo en conjunto la hacían extremadamente poderosa y creyendo que nunca se vería superada confió en que ella era el arma definitiva, se apego a su estilo de lucha cuerpo a cuerpo y no amplio sus habilidades mas allá, ahora lo que aprendía de manos de Yuanjia la fortalecería aun mas de lo que podría imaginar, en tan solo un día recupero su fuerza, al segundo aprendió a luchar con las armas como extensiones de su propio cuerpo, como si fueran sus propias garras, como si fueran sus colmillos , y al tercero las unió, ambos estilos los combino buscando llevarlos mas allá de un simple equilibrio, lo que al viejo lobo le tomo aprender de sus hermanos en tres meses, Tigresa lo aprendió en tres días, estaba mas que sorprendido.

-Es suficiente por hoy, estas lista- El anciano estaba de pie con los brazos cruzados, mirando con satisfacción, mirando con orgullo, como el padre que mira a su hijo, orgulloso de sus logros; Tigresa respiraba un poco agitada, algo exhausta, sosteniendo dos espadas cortas en amabas patas, mirando con gratitud a Yuanjia, a su alrededor se encontraban los troncos de los arboles caídos, cortados en pedazos, segmentados y regados por los alrededores; la felina reverencio al que ahora consideraba como su maestro.

-Gracias por enseñarme todo lo que sabe- expreso con gratitud.

-Jajá, quien dijo que te lo he enseñado todo, un mago nunca revela todos sus secretos- respondió con una sonrisa en su rostro, Tigresa solo esbozo una ligera mueca de falsa molestia.

-Descansa el resto del día, mañana estará lista, entonces tendrás todo lo que necesitas- se dio vuelta y camino rumbo al pueblo, Tigresa quedo sola en medio de aquel campo, con la vista en el cielo, meditando, cerro sus ojos y sintió el aire fresco acariciar su pelaje.

-"El objetivo esta a la vista"- desde lejos la felina era observada por un sujeto encapuchado, no había duda de que se trataba de uno de los tres que anteriormente había estado con aquella Zorra de pelaje negro, parecía hablar con una extraña piedra de color verde jade la cual emitía un brillo espectral.

-"No lo pierdas de vista… eh infórmame… de todo…"- de aquella extraña piedra surgía una voz entrecortada pero clara, el encapuchado asintió y guardo el extraño objeto entre sus oscuras ropas, después se esfumo en el aire como una sombra.

Tigresa caminaba entre las calles del pueblo con bastante tranquilidad, la gente se había acostumbrado a su presencia, más no del todo, aun temían de ella y de su fuerza.

-¡Hey Gata!- la voz se escucho a sus espaldas, ella se giro y pudo observar al leopardo de días atrás, con una mirada llena de rabia y empuñando su espada con fuerza, detrás de el se encontraban sus compañeros igual de decididos que su líder.

-Esta vez no te vas a salvar-

-Esta vez estoy preparada- respondió a su amenaza, se coloco en posición a la vez que desenfundaba dos espadas cortas, el leopardo rio confiado y ataco, el chocar de las espadas emitió un ruido fuerte y chirriante, producto de golpear metal con metal, las chipas saltaron y las espadas vibraron, sin duda ese combate seria diferente, esta vez ella estaba lista.

Los aldeanos se escondían en sus casas, mirando aterrados el combate, Tigresa combinaba su manejo con las espadas con sus habilidades físicas dando grandes saltos y vueltas, combinándolos con patas y espadazos ascendentes, descendentes, laterales, giratorios, era todo un espectáculo verla luchar, sin duda ya no estaban al mismo nivel ambos combatientes pues el leopardo le costaba repeler sus ataques y contratacar, ella esquivaba sus golpes y cortes con suma facilidad, el en cambio tenia que cubrirse con su Katana antes de recibir los golpes, eso le dejaba sin posibilidad de atacar pues la velocidad de ella le obligaba a concentrarse totalmente en reaccionar cubriéndose inmediatamente.

-¿Qué sucede?, ¿pierdes el ritmo?- pregunto fríamente con el objetivo de burlarse.

-Estas por ver… ¡mi verdadero poder!- de un salto retrocedió y enfundo su Katana.

-¡Laido!- en un abrir y cerrar de ojos desenfundo consuma rapidez su sable dejando una estela de color blanco a su paso, y tan rápido como la desenfundo la volvió a enfundar, Tigresa alcanzo a cubrirse con ambas espadas, había sentido la fuerza del impacto, pero no veía con claridad el verdadero alcance de ese ataque, algo andaba mal, miro a su alrededor y se asusto al ver como las casas y otros objetos de alrededor caían al suelo partidas en dos, miro sus espadas y observo como caían al suelo, sintió un frio escalofrió recorrerle el cuerpo entero, sintió algo húmedo en su pelaje, en su rostro, llevo su pata a su cara y sintió la delgada pero profunda cortada cruzándole el rostro en diagonal, desde lo alto de la ceja derecha hasta la parte inferior izquierda de su barbilla, palpo el liquido rojizo, sintió el calor, al ardor y el dolor del corte, un sentimiento de alivio paso por su pecho, se había salvado, por suerte o azares del destino, se había salvado e aquel fatal corte; el leopardo no hacia mas que mirar incrédulo, bien sabia que el acero de sus espadas impidió que su ataque cortara la cabeza de la Tigre de Bengala, apretaba sus colmillos con furia, y sus patas sangraban por tan fuerte que apretaba su espada.

-¿Cómo…es… ¡posible!? ¡Maldita sea tu suerte Gata!- un puñetazo le golpeo en el abdomen y lo mando a volar contra sus compañeros, derribándolos, furiosa por haber sido cortada, no le permitiría volver a tomar su espada.

-No volverás a cortar con esa espada, ¡Jamás!- Tigresa salto en el aire y girando hacia el frente gano tremenda velocidad y potencia, soltó una patada sobre el leopardo aplastándolo por la velocidad del giro y el impulso, creando un cráter en el suelo dejando al felino desecho y muerto, los demás vieron con horror como su líder ahora estaba acabado, ella los miro con frialdad y sin emoción alguna, no lo pensaron dos veces, salieron corriendo de ahí, arrojando sus espadas al suelo, no querían terminar como su compañero.

La lluvia comenzó a caer, a lavar la sangre derramada, a llorar por los muertos, por los imprudentes, por los locos que apostaron su vida y la perdieron; Tigresa estaba de pie bajo la lluvia, su herida se había cerrado dejándole una cicatriz que le cruzaba todo el rostro, no le tomo mucha importancia, le recordaba lo que pasaba cuando se descuidaba, cuando bajaba la guardia por un segundo, la marca de un error imborrable, imborrable como todos sus actos, como todo lo cometido hasta ahora, toda la muerte y la sangre, imborrable.

-Me entere de lo sucedido en el pueblo- no volteo a verlo, no estaba de humor para una reprimenda de parte de Yuanjia, el por su parte se coloco a su lado, mirando al mismo punto que ella.

-Me recuerdas mucho a mis hermanos, fuerte, rápida, decidida, orgullosa e imprudente, especialmente imprudente, así eran los tres, confiados de sus habilidades, de sus técnicas, de que nadie podría superarlos, y míralos ahora- los dos miraban aquellas tres tumbas de piedra, debajo del frondoso árbol, dignos sepulcros de héroes como ellos, verdaderos héroes de leyenda, y sobre aquellas tres tumbas a manera de lapida, estaba clavada la legendaria espada de los cuatro hermanos, la daga, la espada y la alabarda, forjadas y unidas en una sola arma, cuyo filo cortaba con solo verla, "La espada de los héroes", llamada así en honor a los cuatro hermanos.

-Fueron imprudentes al creer que podrían contra los gigantes de la montaña, y tuvieron suerte de que al perder no perdieran la vida, solo fueran heridos en orgullo, cuando la forje, cuando uní las tres armas de mis hermanos lo hice con un propósito, unirnos, hacerles ver quela familia siempre esta unida y no importa que suceda siempre mantendremos ese lazo, esa unión, pero después de que venciera a los gigantes y todos regresáramos a nuestra cotidiana vida, la imprudencia se volvió a hacerse presente, la arrogancia y el orgullo también, fueron imprudentes al enfrentarse contra el portador del "Emblema del Guerrero", le derrotaron es cierto, pero fueron imprudentes al no medir las consecuencias de sus actos, que podían esperar de un objeto que solo trae muerte a quien lo porta, fueron orgullosos al sentirse privilegiados de ser considerados los segundos mejores luchadores, asesinos del mundo, fueron arrogantes al creer que podrían vencer al "Dragón", y míralos ahora, sepultados, descansando-

-Debió ser una perdida muy grande para ti-

-Fui yo quien los vio morir, fui yo quien cargo sus cuerpos hasta aquí, fui yo quien cabo sus tumbas y los sepulto, no fue una perdida muy grande, fue la mayor perdida de mi vida, la mayor tragedia, el mayor dolor y sufrimiento que sentí, nada se compara con ello, nada, es por eso que te pido que recapacites, se que esos malditos profanaron la tumba de tu madre, pero solo te llevaran al mismo destino que ella, a la muerte-

-Mi madre debe descansar en paz-

-Entonces creo que no podre hacer que desistas- Tigresa miro a Yuanjia con un rostro inexpresivo, dándole a entender que el tenia razón, no desistiría, el lo entendió, miro al suelo para después mirar nuevamente la tumba de sus hermanos, se aproximo a ella y tomando el mango de aquella arma la saco de la tierra, Tigresa no supo por que lo hacia.

-Entonces iré contigo, no permitiré que una mocosa imprudente como tu termine muerta, no lo permitiré, no repetiré el mismo error que cometí con mis hermanos- Tigresa sonrió, le recordó aquella vez, cuando Lupo le explico su "promesa".

-No, no lo permitiré, ya una vez perdí a alguien importante de esa manera, el se sacrifico por mi, no puedo permitir que hagas lo mismo que el- le miro preocupada, Yuanjia soltó una carcajada.

-Aun sientes culpa por la muerte de tu amigo Lupo, pero el era joven, yo soy un anciano, un anciano que vivió su vida y ya no tiene nada mas que esperar a la muerte, así que olvídate de mi y de mi bienestar, déjale a este anciano cumplir su ultimo deseo de vida, evitar que una mocosa termine muerta por su culpa, después de todo fui yo quien forjo la espada que usaras, hablando de eso, vamos, es hora de que la veas- Yuanjia avanzo rumbo a su casa, Tigresa miraba al suelo mientras sentía la lluvia caer sobre ella, le recordaba la noche en que Lupo murió, en que por su imprudencia fue asesinado intentando protegerla.

-¿Qué esperas?- la pregunta del viejo lobo le saco de sus pensamientos, suspiro y le siguió, después de todo el tenia razón, solo era un viejo que esperaba a la muerte.

-No quiero que consideres esto como una imitación, una copia, no, claro que no es una copia, aunque estuviera basada en la original, fue forjada en un diferente fuego, con diferente metal, de diferente forma y aspecto, esta no es la misma espada, es una muy diferente, podrías llamarla una espada gemela, diferentes en materia y alma, pero unidas por un simple lazo, forjadas por el mismo maestro, con destinos diferentes, diferente nombre- el lobo le extendía una brillante y larga espada, de metal negro, con un mango de color rojo, con el diseño de un gran dragón carmesí a lo largo de la hoja de doble filo, emitiendo ese brillo, como si ardiera en llamas.

-"La espada del Tigre", "La hoja Carmesí"- aquellos dos nombres la describían a la perfección, hecha para ella y solamente ella, la tomo entre sus patas y la admiro mas de cerca, blandiéndola.

-Es… perfecta- alabo el trabajo del maestro herrero.

-Entonces estamos listos, ¿A dónde nos dirigimos?-

-Al norte, tenemos que buscar al "Guerrero"-


¿Que les pareció?, me gustaría saber su opinión sobre la otra historia que subí hace poco, veré cuando actualizarla, pero en estos momentos aun ando un poco corto de tiempo así que quizá me tarde; ahora me despido y espero les haya gustado, nos vemos.

León a sus ordenes.

P.D: Respecto a la introducción que di, (el Capitulo 6), hay una curiosidad, no solo tiene que ver con esta historia "Ríos de Sangre" , tendrá mucho que ver con su continuación. "Maestra Víbora" agradezco su comentario y he de decirle, que solo ha tocado la superficie.