Hola de nuevo!! Aquí estoy con otro capítulo, en este descubriremos quién, o qué es Evangeline Wars… y también Marcus y Mandy…

Espero que os guste, es el más largo que he escrito hasta ahora.

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Draco sujetaba el libro con todas sus fuerzas, no sabía por qué, pero algo le decía que no debía soltarlo y dejar que se reuniese con la chica porque, no sabía por qué pero estaba seguro de que era con ella hacia donde iba el libro. Observó a Lynne mientras realizaba de nuevo el sortilegio pero se quedó paralizado cuando sus ojos se encontraron con las ranuras de color ámbar en la cara de ella. Sus ojos no tenían el color blanco que rodea al iris, excepto una dilatada pupila de color negro, el resto del globo ocular era de ese extraño color ámbar. El libro ya no tiraba de él, y su cuerpo ya no temblaba de nerviosismo, pero todo su ser se quedó paralizado por el miedo, un miedo que nunca había sentido ni siquiera ante la presencia de Lord Voldemort. Un miedo aterrador se apoderó de él impidiéndole siquiera pestañear. Porque en ese momento tuvo la certeza de que estaba frente al mismo demonio…

Al ver a Malfoy ahí, frente a ella, Lynne luchó con todas sus fuerzas por no dejarse llevar por la ira. Debía mantener el control, no era lo mismo desatar su furia contra una gata que contra un humano, sus superiores eran muy tajantes respecto a eso. Provocar que un humano matara a otro, apelando a su libre albedrío, estaba bien, entraba dentro de las reglas. Matar a un humano por posesión era un medio para lograr un fin. Asesinar a un humano por impulso, era saltarse las reglas. Saltarse las reglas suponía un castigo. Tomarse ciertas libertades a la hora de acatar a partir de la décima norma, era arriesgarse a una pequeña sanción. Desobedecer las diez primeras con alevosía significaba una muerte segura y, si el Príncipe se enteraba la muerte podría ser terrible. Y Lynne ya se había saltado una de esas diez reglas, había tenido la suerte de que nadie se había enterado… de momento; pero había un control acérrimo en lo referente a la muerte de los humanos. Sin embargo Draco la había visto transformada, realizando un sortilegio, había visto su sangre, la había descubierto… Enfocó su mirada sobre el chico, paralizado de miedo, con las pupilas dilatadas por el pavor, el vello de punta. Podía escuchar su corazón latiendo fervorosamente… La chica se levantó lentamente, dejó caer su capa negra al suelo, y se acercó al rubio sin apartar la mirada de sus aterrados ojos, se aproximó a su cuerpo lo máximo que dos cuerpos pueden estar sin tocarse.

Quería largarse de allí, ¿por qué demonios seguía ahí parado? Pero Draco no podía moverse, maldijo por enésima vez el momento en el que había decidido seguir a la chica… o lo que diantres fuera; ya ni siquiera quería saber la verdad acerca de ella, lo único que quería era estar en su cama, con los doseles cerrados y la cabeza bajo las sábanas, seguro y a salvo. Cuando vio a la joven levantarse pensó que su corazón no soportaría tanta tensión, a medida que se iba aproximando hacia él, despacio, consiguiendo que el Slytherin se volviese loco queriendo saber qué ocurriría a continuación (¿viviría para contarlo?) y deseando que ese momento no llegase nunca; a cada paso que daba, Draco estaba seguro, la temperatura bajaba varios grados produciendo en él constantes escalofríos imposibles de contener. A la vez que sentía emanar de ella un calor solo comparable con el fuego. Cuando estuvieron tan cerca que parecía que no hubiera separación entre ellos, pero la había, Lynne inclinó la cabeza lentamente, y posó sus carnosos labios sobre los de él. Entonces la oscuridad se cernió sobre el joven Malfoy.

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Marcus. Si, Marcus era su única salida, nadie conocía las reglas y castigos como Marcus, porque su antiguo compañero era el encargado de ejecutar las sanciones a las jerarquías inferiores. Él podría ayudarla a enmendar lo que había hecho, la pregunta era si el chico estaría dispuesto a hacerlo…

La hora del desayuno era la idónea para encontrar a alguien, pues no había nadie que no bajase a desayunar… el resto de comidas algunos se las saltaban con la intención de ir a la biblioteca, con la excusa de pasar el rato con sus amigos o su pareja, pero el desayuno nadie se lo saltaba. Por eso, cuando Lynne entró en el Gran Comedor vio a Marcus ocupando su asiento de siempre, sin dilación se dirigió hacia él.

- Marcus tengo que hablar contigo - le dijo sin haberse terminado de sentar. Podía haber utilizado su comunicación mental, pero al chico no le gustaba hacerlo y Lynne le necesitaba de buenas.

- ¿Vas a amenazarme de nuevo? - le preguntó él. Estaba de buen humor tras pasar la noche con Mandy y feliz por haberse comprometido con ella. Se aseguró que, ni siquiera Evangeline podía enturbiar su felicidad.

- No - contestó ella impaciente - Pero es importante, necesito hablar contigo ahora.

- Soy todo oídos - dijo Marcus.

- Aquí no.

- ¿Por qué no? - preguntó él - Este me parece el lugar idóneo. No pienso caer en tus truquitos Lynne, si quieres hablar habla.

- Marcus, aquí no - de verdad que Lynne trataba de mantener la calma, pero no pudo evitar que sus ojos comenzasen a cambiar de color - No pueden oírnos, he hecho algo que,… no me obligues a…

- Flint - Pansy interrumpió la conversación, Lynne agachó la cabeza para que Parkinson no la viese los ojos, pero eso no evitó que a la prefecta la invadiese la sensación de peligro.

- ¿Querías algo Parkinson? - preguntó Marcus al ver que la chica se había quedado callada y miraba a Lynne fijamente.

- Eee, sí - la morena agitó la cabeza saliendo de su estupor - ¿Has visto a Malfoy?

- No, no le he visto desde la comida de ayer.

- Vale. Hasta luego Wars.

Lynne levantó una mano a modo de despedida sin alzar la cabeza, cuando lo hizo para mirar a Marcus, el chico se percató de que estaba más pálida que de costumbre. La miró alarmado comenzando a comprender.

- ¿Qué has hecho, Evangeline? - preguntó con fiereza levantándose y asiendo con fuerza el brazo de Lynne. Ella le miró con furia e intentó soltarse del agarre de Marcus, pero aún era más fuerte que ella, y la arrastró hasta un aula vacía. - Sella la puerta - la ordenó y Lynne lo hizo pese a su reticencia. - Repito, ¿qué demonios has hecho?

Marcus había visto a muchos de su especie asustados. Generalmente no tenían motivos para tener miedo pues eran las criaturas más poderosas del mundo. Solo temían a la ira de sus superiores y sus adversarios, pues nadie más podía acabar con ellos. A parte del Príncipe, por supuesto. Pero Lynne tenía motivos de sobra para tener miedo, ya que por lo que la chica le había contado, se había saltado dos reglas fundamentales, estaba tan desesperada que había acudido a él en busca de ayuda…

- No me lo puedo creer - dijo Marcus cuando Lynne acabó de contárselo todo, incluido lo del libro. - Sabes lo que eso significa si Liam lo descubre, ¿verdad? Y ten por seguro que se va a enterar.

- No tiene por qué - dijo ella.

- Por supuesto que lo hará, y cuando lo haga serás la primera en enterarte - la contradijo Marcus sin dejar de dar vueltas por el aula - ¿Cómo se te pudo ocurrir hacerlo? Intento comprenderlo, Lynne, pero no puedo…

- ¿Me ayudarás? - le preguntó Lynne. Marcus mantenía un debate interno, si la descubría se libraría de ella, aunque mandarían a otro menos considerado que ella. Dentro de lo malo, que la hubiesen enviado a ella, era lo menos malo… Tampoco podía olvidar su antigua "amistad", le costaba admitirlo pero sentía cierta lealtad hacia la chica que le miraba implorante. No podía dejarla a su suerte, iba contra sus principios… Suspiró antes de asentir quedamente con la cabeza.

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Evangeline se había equivocado en eso de que nadie se saltaba el desayuno, aunque claro, también podía ser que Hermione Granger fuese la excepción que confirmaba la regla. Pues la Gryffindor, pese a estar segura de que en la Historia de Hogwarts no se mencionaba a ninguna hija del fundador, tenía que comprobarlo. Y es que la lectura del diario la noche anterior la había turbado, consideró la posibilidad de hablarlo con la directora, pero la desechó por lo menos hasta que hubiera acabado de leerlo, no se lo fuesen a confiscar.

En efecto, en Historia de Hogwarts no mencionaban a la hija de Gryffindor, pero tampoco hablaban de la vida personal de ninguno de los fundadores. Decidió buscar en otros libros de historia antigua pero la sirena que anunciaba el comienzo de las clases la interrumpió y, tras recoger apresuradamente salió a toda prisa de la biblioteca.

Llegó a clase de Pociones por los pelos, pero Slughorn aún no había comenzado la clase, pues faltaban tres alumnos de su casa, cuando pasaron diez minutos y ninguno había llegado suspiró, no podía retrasarse más.

- ¿Alguien sabe dónde están los señores Flint, Malfoy, y la señorita Wars? - preguntó el profesor. Tras recibir una negativa colectiva volvió a suspirar - Bien, en ese caso quince puntos menos para Slytherin. Y ahora comencemos con la clase…

- Toma - al salir de clase, Ron le dio a Hermione una tostada que había cogido del desayuno - Tienes que dejar de ir a la biblioteca en el desayuno Hermione, tienes que comer.

- Gracias - le dijo ella besándole en los labios - Estoy muerta de hambre, pero quiero saber si Gryffindor tubo descendencia.

- Se supone que sí - intervino Harry.

- ¿Sabes si tuvo una hija? - le preguntó Hermione.

- ¿Y por qué te interesa eso ahora? - le dijo Ron. Ella se encogió de hombros mientras le daba un mordisco a la tostada.

- Pregúntale a la Dama Gris, es hija de Ravenclaw - propuso Harry - Seguro que ella sabe algo.

- ¡Es cierto! - exclamó la castaña - No sé cómo no se ha ocurrido antes….

- Ni yo - dijo Ron entrando en el aula de Transformaciones.

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Mandy Brocklehurst entro a Transformaciones cabreada, muy cabreada; y eso le hacía sentirse mal, pues no solía enfadarse, y mucho menos con Marcus… ¿Cómo era posible pasar de una felicidad absoluta, a un enojo semejante a causa de la misma persona? Y es que su prometido la había hecho quedar como una completa imbécil. No es que ella le prestase mucha atención a las apariencias; solía vivir en un mundo aparte donde solo existían Marcus y ella, pero también tenía amigas, y esa mañana cuando durante el desayuno les estaba contando la maravillosa tarde del día anterior, tras enseñarles el anillo que llevaba en su dedo anular y después de decirles lo feliz que era, Marcus había agarrado a Evangeline Wars, delante de todo el colegio, la había pegado contra sí, y la había obligado a entrar en un aula vacía antes de cerrar la puerta…

Ella confiaba en Marcus, se dijo, había confiado durante todos aquellos años, porque el chico no le había dado motivos para no hacerlo… hasta ahora. Porque las miradas que se habían dirigido sus amigas al ver la escena hablaba por sí misma, Mandy confiaba, pero sus amigas no y seguramente la mayoría del colegio tampoco, aunque a la Ravenclaw no le importaba mucho. Y estaba segura de que había algo que Marcus le estaba ocultando desde que comenzó el curso… Y Mandy confiaba, pero empezaba a dudar.

Cuando bajó la mirada hacia su pupitre, encontró un trozo de pergamino doblado sobre la esquina de su mesa. Le dirigió una mirada al profesor para comprobar que no la miraba y abrió el pergamino sobre su regazo.

"¿Estás bien, Mandy? No te preocupes, seguro que hay una explicación. Marcus nunca te haría algo así. ¡Os vais a casar!"

La morena sonrió, cogió la pluma y escribió la respuesta en el mismo pergamino.

"Estoy bien, Claire, no te preocupes. Lo sé, Marck no haría algo así, en la comida hablaré con él. Gracias"

Le pasó la nota a la chica que estaba delante de ella que, al coger el papel le dio un apretón cariñoso en la mano. Mandy respiró hondo y acarició ausentemente el anillo de compromiso. No esperaría a la hora de la comida, iría a buscarle justo cuando acabase aquella clase, sí, bajaría al aula de pociones y no cesaría hasta que el chico le diese una explicación, y más valía que fuese buena.

- Claire - le dijo a su amiga al terminar la clase - Voy a buscar a Marcus, no creo que me de tiempo a ir a Historia, cúbreme.

- Claro - contestó la chica - Ya verás como hay una buena explicación. No te preocupes.

- Gracias

Bajó lo más rápido que le permitían las piernas y su pesado bolso, estuvo a punto de caerse por las escaleras en un par de ocasiones, pero al fin consiguió llegar a la mazmorra donde se impartía la clase de pociones, se apoyó contra la pared de piedra esperando a que Marcus saliese, pero no lo hacía y tampoco había rastros de Wars… Finalmente decidió echar un vistazo en el interior del aula para descubrir que no estaban ninguno de los dos… Ignoró deliberadamente el nudo que se le empezó a formar en la garganta. Tal vez habían salido antes de que ella llegase…

- Brocklehurst, ¿qué haces aquí? - Mandy se giró para encararse con Parkinson.

- Estoy buscando a Marcus - contestó. - ¿Sabes dónde…?

- No ha venido a clase - la cortó la prefecta - Cuando le veas dile que si se vuelve a saltar más clases va a tener que rendirle cuentas a Slughorn.

- De acuerdo - Mandy asintió retirándose el pelo de la cara con la mano.

- ¡Vaya! - exclamó Pansy al ver el anillo - ¿Os casáis? Que calladito se lo tenía Flint.

- Nos comprometimos ayer - contestó la Ravenclaw. Así que Marcus no había dicho nada del compromiso… Genial, la cosa se iba arreglando por momentos. - Nos vemos Parkinson.

Y echó a correr hacia Historia de la Magia, si no iba a hablar con Marcus, no iba a perderse ninguna clase por estar lloriqueando por los rincones… ella no era así, era una guerrera.

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Más tranquila, Lynne entró en clase de Defensa, en verdad no sabía por qué se molestaba, no tenía ningún sentido, pero el deber era lo primero. Cuando llegó, unos minutos tarde, la nueva profesora les estaba mandando colocarse por parejas, echó un vistazo alrededor en busca de un compañero para el ejercicio. Marcus no había ido a la clase, estaba en la biblioteca ocupándose del libro (de lo otro se encargarían más tarde) por lo que los de su casa eran impares y ya estaban todos por parejas, pero no le preocupaba, casi lo prefería, sonriendo, Lynne se acercó a Granger que por lo visto su flamante novio y su amiguito Potter la habían dejado sola… típico. Miró a Potter socarronamente, este le devolvió la mirada con fijeza.

- Hermione, ¿te pones conmigo? - le preguntó sin apartar la mirada del moreno. Granger, miró también a Harry antes de otear disimuladamente alrededor, era su única alternativa. Suspiró.

- De todas formas, no hay nadie más libre - contestó la Gryffindor. Lynne, lejos de ofenderse por aquella respuesta, sonrió.

- Que halagador - dijo. Hermione se sonrojó. La profesora dio por comenzada la clase, el ejercicio era una especie de duelo donde uno atacaba únicamente con hechizos de desarme y el otro tenía que esquivarlos con su propio cuerpo, sin varita.

- ¿Entusiasmada por el baile? - la preguntó Lynne esquivando un Desmaius por los pelos.

- No especialmente - contestó Hermione lanzando otro hechizo. - ¿Tu?

- Un poco - admitió sonriendo - Había pensado ir esta tarde o mañana a Hogsmade a comprarme una túnica de gala, que no tengo. ¿Tú sabes ya lo que te vas a poner?

- Pues la verdad es que no lo había pensado, tengo algún vestido muggle pero no sé si sería apropiado.

- En ese caso, ¿por qué no me acompañas? - preguntó Lynne - Nunca he ido al pueblo - Hermione notó la inflexión en su voz al decir la última frase, pero lo dejó pasar - Y de verdad que serías de gran ayuda. Una tarde de chicas, que siempre te veo con Potter y Weasley, un poco de compañía femenina nunca viene mal, y si quieres se lo puedes decir también a la novia de Potter… perdona, no sé su nombre.

- Weasley, Ginny Weasley - contestó Hermione - No lo sé, soy prefecta, no puedo saltarme las reglas…

- Puedo conseguir permisos, si es eso lo que te preocupa - Lynne la vio dirigir una mirada de soslayo a sus dos amigos. - Si es Potter lo que te inquieta, no puedo hacer nada al respecto, aunque tampoco tiene por qué saberlo… Me caes bien Granger.

- No, no es Harry, es sólo que no sé si me necesitan esta tarde… - se excusó.

- Creo que hoy Gryffindor tiene reservado el campo de Quidditch. - La Slytherin sonrió, se le acababan las excusas - Venga, anímate, lo pasaremos bien.

- Está bien - aceptó Hermione suspirando - De acuerdo, pero tenemos que estar de vuelta antes de que termine el entrenamiento.

- Genial, será nuestro secreto… - si, por algo había que empezar, se dijo Lynne.

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Marcus no se podía creer que estaba ayudando a Evangeline, la tenía que haber dejado que se las apañase como pudiera… ella ya no era asunto suyo. Él tenía que estar disfrutando del día con Mandy, y no encerrado en la biblioteca buscando un libro que cada vez dudaba más que existiera. No se le había ocurrido, ¿y si era una trampa para que dejase a Mandy sola? No, Lynne no haría algo así, era demasiado simple.

- ¿Puedo ayudarle señor Flint? - Marcus se giró para encararse con la bibliotecaria.

- No, no creo - contestó él, aunque, tampoco tenía nada que perder - Bueno, tal vez… Estoy buscando un libro titulado Un mundo más allá de la magia, ¿sabe dónde puedo encontrarlo?

- Nunca hemos tenido un libro con ese nombre señor Flint - contestó la señora Pince.

- ¿Seguro?

- Totalmente.

- ¿No podría comprobarlo? - preguntó Marcus. La bibliotecaria le miró frunciendo el entrecejo y los labios en una mueca de disgusto porque el chico dudase de su credibilidad. Le hizo un gesto para que la siguiese antes de darse la vuelta para dirigirse a su escritorio.

Sacó una enorme encuadernación de debajo de la mesa cuyo grosor era similar al de un neumático muggle y lo abrió por la sección correspondiente a la U, fue recorriendo todos los títulos con la varita con gesto de hastío hasta que tras pasar tres páginas, se detuvo con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Podría jurar que… estaba completamente segura de que ese libro no formaba parte de la colección que tenían en el colegio, se los sabía todos de memoria…

- Bien, señor Flint, parece que tenía usted razón - dijo Pince - Según esto, Un mundo más allá de la magia debería estar en la sección de Historia Antigua, en el quinto pasillo de su derecha.

- Gracias, señora Pince - dijo el chico antes de salir corriendo hacia la dirección indicada. Pero una hora más tarde, Marcus Flint salía de la biblioteca con las manos vacías. El libro ya no estaba en la biblioteca…

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Hermione vagaba por los pasillos en busca de la Dama Gris, el fantasma de Ravenclaw, pero no tenía ni idea de dónde podría estar… Estaba en la séptima planta, donde se suponía que estaba la Torre de Ravenclaw según le había dicho Harry, pero no había ni rastro del fantasma, giró en una esquina, y otras dos más antes de darse cuenta de que no sabía donde se hallaba exactamente; el pasillo en el que se encontraba la chica estaba vacío, solo se escuchaba el eco que hacían sus pasos al andar. Ni siquiera se escuchaba el canto de los pájaros que hacía un momento sonaba, no pudo reprimir un escalofrío e inconscientemente miró hacia atrás. Aquello era ridículo, no había motivos para tener miedo, el castillo nunca había sido más seguro, no había ninguna amenaza sobre él, y además era pleno día. De acuerdo, estaba sola en un pasillo del que no estaba segura de cómo salir, y aquel silencio era algo perturbador, pero ese no era motivo para tener miedo, y ella no lo tenía se aseguró, simplemente estaba algo intranquila, sí, eso era, estaba incómoda. Se giró para intentar desandar sus pasos de regreso a su Sala Común, pero parecía que iban cambiando los pasillos de sitio a medida que avanzaba. Aquello era un auténtico laberinto. Cuando una nube ocultó el sol que se filtraba por las ventanas y las antorchas encendidas titilaron por una brisa fría que se apoderó del pasillo, Hermione comenzó a desesperarse. Metió su mano derecha en la mochila en busca de su varita para alumbrarse con ella, pero no la encontraba. Recordó que al salir del Comedor se la había metido en el bolsillo de la chaqueta. Rebuscó en todos los bolsillos del uniforme con el mismo resultado que con la mochila.

El miedo comenzó a hacerse más intenso, y aún más cuando escuchó unos pasos aproximándose acompañados de voces. Hermione se escondió tras un hueco en la pared de piedra y se dejó caer al suelo.

- ¿Cómo que no está? - escuchó decir a una voz femenina que se le hizo familiar.

- Lo tienen registrado, pero no está ahí - contestó otra voz de chico.

- Eso significa que alguien lo ha sacado - dijo la chica a quien identificó como Wars. - ¿Quién?

- No había registro de salida del libro - contestó la voz fría de Flint.

- ¡Maldita sea! - maldijo Lynne - Esto no puede estar pasándome a mí.

- Eso te pasa por escribir cosas que sabes que están prohibidas.

- ¡Malfoy! - exclamó de repente la chica.

- ¿Qué pasa con él? Además de lo evidente, que por cierto tendrás que enfrentarte a ello tarde o temprano. ¿O acaso crees que nadie se va a dar cuenta?

- Malfoy lo tenía anoche en la biblioteca - dijo ignorando a su compañero - Por eso no acudía a mí. Él lo cogió. Tengo que recuperarlo.

Hermione los escuchaba cada vez más cerca, y el miedo la impedía moverse. Pero no creía que fuese a hacerles mucha gracia encontrarla ahí agazapada espiando su conversación… Haciendo un esfuerzo se levantó y se colocó la mochila al hombro dispuesta a echar a correr en dirección opuesta a la de ellos, pero… ¿desde dónde venían? El maldito eco no la dejaba identificar el sonido. Cerró los ojos y decidió ir hacia su derecha y rezar porque fuese la dirección correcta. Echó a correr confiando en que los pasos de los dos Slytherin ahogaran los suyos, parecía que de momento no se habían percatado de su presencia, Hermione miró hacia atrás sin dejar de correr y chocó contra una mole de músculos ardiendo, rebotó contra ella antes de que unas manos fuertes la agarraran de los brazos. Alzó la vista hacia los ojos verdes de Marcus Flint y se percató por primera vez que estaba llorando.

- ¡Granger! - dijo el chico. Hermione temblaba, no sabía si de frío, calor o miedo; pero su cuerpo no dejaba de convulsionarse.

- Hermione, ¿qué te ocurre? - preguntó Lynne con preocupación.

- Es evidente lo que le ocurre - contestó Marcus mirando de mala manera a Lynne. - ¿Has visto que guisa llevas? Aléjate de ella hasta que te calmes un poco Evangeline. Yo me ocupo de Granger.

- ¡No! - gritó Hermione. Flint le asustaba, en ese momento no sabía quien era el causante del temor que la atenazaba, pero Lynne le inspiraba más confianza que el chico… por muy equivocada que estuviese - Lynne, sácame de este maldito pasillo.

La aludida dio un paso hacia ella intentando camuflar su aura, pero estaba demasiado cerca de la Gryffindor, Marcus tenía razón, ella no podía acercarse a Hermione hasta que se calmase y desterrase al imbécil de Malfoy de su mente.

- Hermione, escucha, Marcus te sacará de aquí, no te preocupes - le dijo con la voz más suave que pudo poner - Confía en mí, ¿de acuerdo?

Hermione asintió sorbiendo por la nariz. Marcus la rodeó los hombros con un brazo y la guió de vuelta a las escaleras, no sin antes dirigirle una mirada de reproche a la Slytherin. Aquello traería consecuencias…

- Lo siento - se disculpó Hermione ya más calmada - No sé que me ha pasado. No encontraba la salida y todo estaba tan silencioso… Nunca me había pasado nada parecido.

- No le des más vueltas, Granger - dijo el chico con voz seca, al percatarse del respingo que dio Hermione, quiso quitarle importancia - Estar a solas con dos Slytherin en un pasillo desierto es motivo suficiente para morirse de miedo, incluso para una Gryffindor capaz de enfrentarse con Bellatrix Lestrange.

- Vale, has conseguido que me sienta aún más ridícula - contestó Hermione soltando una risilla antes de limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano - Gracias Flint.

- De nada, pero no se lo digas a nadie - dijo Marcus - No quiero arruinar mi reputación sacando a la luz que he salvado el culo de una Gryffindor.

- Tu secreto está a salvo siempre y cuando tu tampoco publiques mi lapsus de pánico.

- Trato hecho - Se estrecharon la mano para sellar el pacto y Hermione se giró para bajar las escaleras - Hasta otra Granger, y no te pierdas otra vez.

- Gracias de nuevo Flint.

Marcus volvió hacia donde estaba Lynne. Al verla allí de pie con la túnica negra y su pelo rizado enmarcando sus rasgos de una perfección inhumana, dejando fluir todo su poder, sintió un atisbo de lo que pudo haber sentido Granger, y se compadeció de ella. Pero también pudo sentir el deseo que se apoderó de él, como en otros tiempos. Evangeline Wars era puro sexo, la tentación hecha carne, era vicio, corrupción, era inmoralidad, y era la perversión en persona. Él también lo fue una vez y al verla a ella, no pudo evitar añorarlo. Le causaba dolor físico repudiar lo que una vez fue, renegar de su naturaleza; pero el dolor que podría causarle dejar a Mandy sería mil veces peor…

- Eres una inconsciente - le dijo - ¿Cómo se te ocurre no camuflarte?

- ¿Cómo me iba a imaginar que iba a haber alguien rondando por aquí, en cuanto me ha olido tendría que haber salido corriendo? - contestó ella. - Pensé que estábamos solos, y estaba relajada contigo. ¿Habrá escuchado algo?

- Seguramente está tan asustada que ni se acuerda - dijo Marcus. - Buscaré en la habitación de Malfoy, por si lo mandó allí.

- De acuerdo

- Vámonos de aquí - propuso el chico dándose la vuelta.

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Hermione se sentía avergonzada, no entendía el por qué de su comportamiento, ahora, bajo el chorro caliente de la ducha su reacción le parecía totalmente ridícula. Todavía estaba sorprendida por el comportamiento de Flint, esperaba que se riera de ella, pero no lo había hecho; durante los últimos cuatro años se había preguntado en secreto, qué hacía una chica tan dulce como Mandy con una bestia como Flint. En ese momento, Hermione tenía que retractarse, pues el chico no era ni la bestia ni el orangután que la chica pensaba…

Se suponía que aquella tarde iba a ir con Wars a Hogsmade pero después del episodio que había protagonizado después de comer, no estaba segura de que la chica fuese a acudir a la cita. Recordaba vagamente la conversación que había escuchado mientras estaba agazapada en el pasillo. ¿Qué era lo que tenía Malfoy? ¿Y de qué se iba a tener que ocupar tarde o temprano? Ahora que lo pensaba, el rubio no había acudido a ninguna clase aquel día… Bueno, a decir verdad tampoco era que le importase mucho. Se puso unos vaqueros y un jersey de cuello alto, cogió el abrigo y salió de la Sala Común para encaminarse hacia el vestíbulo, donde había quedado con Lynne. Estuvo esperando durante unos cinco minutos, decidió esperar otros cinco, y si la Slytherin no aparecía volvería a su habitación a continuar leyendo el diario de la supuesta hija de Gryffindor.

- Perdona el retraso - la voz de Lynne la sacó de sus cavilaciones - No encontraba a Slughorn para que me firmase las autorizaciones.

- No te preocupes - contestó Hermione. Miró a la Slytherin y tuvo que admitir que su presencia imponía. - ¿Nos vamos?

- Si, vamos - dijo examinándola - ¿Te encuentras mejor?

- Si, si. La verdad es que no se qué es lo que me ha pasado - contestó Hermione bajando la mirada ruborizándose - Siento haberme comportado como una histérica.

- No tienes que preocuparte - dijo Lynne poniendo una mano sobre el hombro de la castaña y dándole un ligero apretón - A todos nos ha pasado alguna vez, en este castillo tan grande, con tantos pasadizo y con tanta magia en el aire… Lo raro es que no le pase a todo el mundo constantemente. Además, si no me equivoco en la séptima planta estuvo escondido el Horrocrux durante años, ¿no? Todavía quedan rastros de magia negra, y el Fuego Maldito.

- Vaya, no se me había ocurrido - admitió Hermione entrando al carruaje que las esperaba para llevarlas a Hogsmade - Es posible… Oye, ¿cómo has conseguido los permisos?

- Puedo ser muy convincente - respondió Lynne sonriendo - O pesada, como lo quieras llamar, forma parte de mi encanto.

- Ja, ja, ja - se rió la Gryffindor - Bueno es saberlo. ¿Qué quieres hacer primero: te enseño el pueblo o vamos directamente a comprar?

- La verdad es que estoy ansiosa por ir de compras, hace meses que no lo hago, pero me gustaría conocer el pueblo - tras pensarlo unos instantes contestó: - Compramos rápido y me enseñas el pueblo.

- De acuerdo.

- ¿Cuándo es el primer partido del curso? - le preguntó Lynne.

- Mm. Creo que el sábado, pero no estoy segura.

- Vaya, va a ser un día completito, ¿no? - observó - Primero partido y después baile.

- Si, cuando ganen, Harry y Ron van a estar insoportables.

- ¿Cuándo ganen? - repitió Wars alzando una ceja.

- Por supuesto, Gryffindor machacará a Slytherin - aseguró Hermione, y decidiendo tantear añadió: - Malfoy no tendrá nada que hacer contra Harry.

Lynne no tuvo que esforzarse por mantener la expresión de su rostro, al fin y al cabo, la culpabilidad no era un sentimiento que alguien como ella pudiera experimentar.

- De eso estoy segura - corroboró consciente del escrutinio al que la sometía Hermione - Me sorprende que su estupidez le mantenga sobre una escoba.

- ¿No te cae bien? - se interesó la castaña.

- ¿Te sorprende?

- La verdad es que sí - contestó Hermione - Pensaba que los Slytherin le teníais como el orgullo de las serpientes o algo parecido.

Lynne se rió.

- Te dije hace poco que no es bueno generalizar - dijo - Personalmente, me parece que es un metomentodo insufrible que se cree con el derecho y la autoridad para hacerlo.

- Vaya, ya veo que no le tienes en gran estima - la interrumpió Hermione, no le gustaba la expresión que estaba tomando la cara de su compañera de viaje. Lynne volvió a reírse.

- Perdona, me he dejado llevar - dijo aligerando la tensión - Hemos llegado.

- Vale, por allí están las tiendas de ropa - dijo Hermione señalando una calle ancha que se extendía frente a ellas.

- ¿Están bien? - preguntó Lynne.

- A decir verdad, nunca he ido - admitió la Gryffindor - Pero la llaman la Avenida de la Moda. Me han dicho que no están mal, pero no te puedo dar una opinión propia.

- De acuerdo, vamos allá.

Hora y media después, Hermione tuvo que admitir que se estaba divirtiendo, tal vez las salidas de chicas y las compras superficiales no estaban tan mal, Lynne le había hecho probarse las túnicas más ridículas de todas las tiendas, y las más provocativas. Una de ellas era totalmente transparente de un color dorado, que únicamente le cubría los pezones con un bordado de estrellas, y otro con forma de media luna en sus partes íntimas… Por su propia iniciativa ni siquiera la hubiese mirado, pero tuvo que admitir que había sido divertido probársela. Lynne sin embargo parecía que si iba a llevar la tienda entera, se estaba comprando millones de cosas, una de ellas era una falda que se había probado ella misma tras tomarla por un cinturón. Se preguntaba cuando encontraría Lynne la ocasión para ponerse aquel atuendo… Aquella tarde con la Slytherin era como entrar en una película típica de adolescentes americana y que tanto había criticado, pero dado lo mucho que se estaba divirtiendo decidió que no volvería juzgar aquello nunca había probado.

- ¿Te has decidido ya? - En ese momento Lynne asomó la cabeza en el probador en el que estaba Hermione mirándose al espejo en ropa interior. Se sobresaltó al verla y se sonrojó al percatarse de su vestimenta, o su falta de ella; pero la otra chica no pareció darse cuenta y no dudo en entrar dentro del vestidor con Hermione, que abrió los ojos sorprendida por la falta de pudor de su nueva amiga. - Yo creo que deberías llevarte la azul, te quedaba genial.

- ¿La azul? - si Hermione pensaba que no podía sorprenderse más por el atrevimiento de Lynne, confirmó que si podía al oír la sugerencia de la chica - Pero eso sería como ir desnuda.

- ¿Desnuda? - Lynne la miró a través del espejo y alzó una ceja - Solo tiene la espalda al aire, el resto es más cerrado que un hábito, hasta los tobillos.

- Tiene una raja enorme en la pierna - le recordó Hermione. - Casi llevo el culo al aire, y ni siquiera me cubre los hombros.

- La raja de la pierna es muy sexy y apenas se te ve - Lynne se agachó por detrás de la Gryffindor, y recorrió dicha pierna con su dedo mientras miraba la sonrojada cara de Hermione a través del espejo - Tienes una espalda preciosa que no debería importarte lucir - mientras hablaba, también acarició la espalda de la chica de forma sensual - Y el cuello de barco, resalta tus hombros, dándote gracilidad femenina - concluyó pasando el dedo corazón de ambas manos por las clavículas de la chica sin poder evitar una sonrisa al ver la turbación de su amiga y el leve estremecimiento que experimentó.

- Pero… - balbuceó la castaña.

- Pero nada, te la llevas - Lynne cogió la percha donde colgaba la túnica azul y avanzó para salir del probador. Se giró para echarle otro vistazo a la ropa interior de Hermione, era de algodón blanco, negó con la cabeza en señal de desaprobación, que poco morbo - Y vístete que vamos a comprarte lencería, con eso no excitarías ni a Goyle.

Y salió del probador dejando a Hermione más ruborizada aún.

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Mandy por fin había logrado localizar a Marcus en la biblioteca, lo curioso es que cuando le encontró no le estaba buscando. Lo primero que vio fue su espalda, una espalda ancha, con los músculos apreciándose bajo la camisa del uniforme, el calor del deseo se apoderó de ella con la misma intensidad que al principio de su relación; pero lo sofocó, lo que ella quería era una buena explicación para el episodio de aquella mañana. Respiró hondo y se colocó bien el asa de su bolso sobre el hombro antes de acercarse a él con decisión.

- Marcus, tenemos que hablar - le dijo con firmeza. Él dio un respingo sobresaltado al escucharla y se giró para encararla.

- Mandy, cielo - se acercó a ella para besarla, pero Mandy giró la cara de tal manera que los labios del chico solo rozaron su mejilla - ¿Qué ocurre?

- Tenemos que hablar - repitió y tuvo la satisfacción de ver palidecer ligeramente a su novio, que temía que hubiese descubierto quién era Lynne - Ahora.

- Pero me iba a poner a estudiar, ya sabes que hay que preparar bien los EXTASIS, y…

- Déjate de excusas Marcus, - le interrumpió - Ambos sabemos que ni te preocupan los exámenes ni necesitas estudiar. Vamos a hablar y lo vamos a hacer ahora.

El chico suspiró. Aquello iba a acabar mal.

- Está bien, vayamos fuera - aceptó. Mandy dejó que la tomase de la mano, por muy enfadada que estuviese no podía evitar sentir esa necesidad de tocarle. Anduvieron en silencio hasta salir del castillo y dejarse caer bajo un árbol de los jardines.

- ¿Y bien, de qué quieres que hablemos? - le preguntó Marcus con fingida indiferencia.

- De Evangeline Wars, del numerito que habéis montado esta mañana, y de lo que me llevas ocultando desde que comenzó el curso. - enumeró ella.

- ¿Estás celosa Mandy? - preguntó el chico alzando una ceja - Sabes que no tienes por qué estarlo, eres la única para mí, vas a ser mi esposa.

- No estoy celosa, Marck, estoy cabreada. Me has hecho quedar como una imbécil esta mañana. - le dijo - Pero eso es lo de menos, quiero saber que es lo que me ocultas. Si no confías en mí, Marcus, todo por lo que hemos pasado no sirve de nada.

- No digas tonterías, Mandy. Por supuesto que confío en ti - dijo Marcus. Tarde o temprano se tendría que enterar, y mejor que fuese por él - Lo que pasa es que no quería preocuparte, no tenía por qué meterte en esto.

- ¿Qué ocurre, Marck? - pregunto ella preocupada..

- No te alarmes, ¿de acuerdo? - advirtió cogiendo la mano de su novia - No tienes por qué preocuparte, pero…

- Pero qué, Marcus - le instó Mandy.

- Pero nos han encontrado - Mandy ahogó un grito tapándose la boca con la mano que tenía libre, mientras el chico le apretaba cariñosamente la otra. - ¿Wars es…?

- Si, Lynne es un demonio de mi jerarquía. - confirmó.

- De tu antigua jerarquía, querrás decir - le corrigió Mandy.

- Tu ya me entiendes.

- ¿Cómo han podido hacerlo? - preguntó la Ravenclaw. Él negó con la cabeza.

- No lo sé. Pero me temo que si ellos han podido encontrarnos, los tuyos no tardarán mucho.

- Ellos tienen más difícil localizarme a mí - dijo Mandy - Yo ahora soy humana.

- Pero pueden rastrearme a mí - dijo Marcus. - Y no se cómo reaccionarían si se encontrasen con Lynne, ella estoy seguro que querría aniquilarles, y no dudaría en hacerlo.

- Tenemos que irnos, empezar otra vez. - sugirió la chica - Lo que menos necesitamos es estar en medio de una guerra entre ángeles y demonios. Aunque mi Padre no mandaría a nadie a buscarme, sabe que soy feliz.

- Sí, bueno… - Marcus esquivó ese tema - Mejor prevenir que curar, tenemos que planearlo todo bien.

- De acuerdo, pero no entiendo por qué no me lo dijiste antes.

- No quería que te preocupases.

- ¿Y por qué iba a preocuparme? - preguntó Mandy - Si tú no ibas a volver con ellos.

Marcus titubeo un segundo, solo uno, pero fue suficiente para sembrar la duda en su novia.

- Por supuesto que no. ¿Cómo puedes pensar una cosa así? - contestó.

- Porque lo echas de menos, ¿crees que no me he dado cuenta de cómo miras a Wars? Veo la admiración y la envidia. Y si sientes envidia ten por seguro que nunca conseguirás ser humano del todo. La envidia es un pecado capital Marcus.

- Estás desvariando Mandy, nunca volvería al Averno, nunca iría a ningún lugar donde tu no estuvieses.

- Espero que así sea, porque no sabes lo difícil que fue para mí caer, y menos voluntariamente.

- Supongo que no debe ser fácil dejar un lugar tan idílico como el Paraíso.

- ¿Eso era irónico, Marcus? - preguntó ella enfureciéndose.

- No - contestó Marcus suspirando - No, pero no te preocupes, ¿de acuerdo? - pasó un brazo sobre los hombros de Mandy, que apoyó su cabeza sobre el pecho del chico, escuchando los latidos de su corazón que sonaba ligeramente más rápido que el de un humano normal - Todo se arreglará.

- ¿Lo prometes?

- Lo prometo.

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Tras pasar otros veinte minutos en la tienda de lencería las chicas decidieron ir a tomar algo a las Tres Escobas. Al final Lynne había convencido a Hermione para que se comprase la túnica azul, y varias prendas íntimas de encaje, que la castaña se ruborizaba solo de verlas, todavía no entendía cómo se había dejado convencer.

- ¿Al final encontraste el libro? - la preguntó Hermione tras dar un trago a su cerveza de mantequilla.

- ¿Qué libro? - dijo Lynne fingiendo indiferencia.

- Me preguntaste por un libro el otro día en la biblioteca, el de muggles.

- ¡Ah, ese! No, pero la verdad es que tampoco he seguido buscando mucho - mintió.

- Puedo ayudarte, si quieres - le propuso.

- No, es igual, de todas formas no tengo mucho tiempo para leer, en las vacaciones de navidad intentaré buscarlo.

- Como quieras… ¿Has leído literatura muggle?

- Algo, pero nada interesante, la verdad - contestó Lynne - Algunos clásicos, pero a decir verdad me resultaron bastante aburridos.

- ¿Aburridos? - se sorprendió Hermione.

- Al final todos se reducen al amor, no es que no me guste, es solo que prefiero algo de acción, con suspense, pero no esos tejemanejes de malentendidos y lo rápido que pasan del amor al odio o del odio al amor…

- Entiendo - dijo Hermione - Puedo dejarte alguno, si quieres, de los últimos que han salido. El Ocho es de los mejores que he leído, y Ángeles y Demonios también me gustó mucho.

- ¿Ángeles y Demonios? - preguntó Lynne intrigada por el título.

- Oh!, Pero no tiene nada que ver, trata del Vaticano y una orden secreta que está en contra de la Iglesia Católica.

- ¿Crees en ellos? - preguntó la Slytherin sin poder evitarlo, le gustaba el peligro, ella misma era el peligro - ¿En los ángeles y en los demonios?

- ¿Por qué no? - contestó - De niña tampoco creía en la magia, y soy bruja, si existe la magia, ¿por qué no Dios y el Diablo?

- Buena teoría - dijo - ¿Y crees que podrían estar entre nosotros? - no lo podía evitar…

- Los demonios no lo sé, la Biblia no habla mucho de ellos, ni siquiera de la caída de Lucifer, a quien por cierto han eliminado del Nuevo Testamento; ni de Lilith que solo se la menciona una vez en el Éxodo - dijo Hermione cogiendo una gragea - Y los ángeles, puede ser, depende de la voluntad de Dios, ¿no? Si Él les manda bajar a la Tierra bajan, si no, no.

- ¿Por qué dices eso? - preguntó Lynne interesada de verdad, eso de los ángeles le había pillado por sorpresa. - Lo de los ángeles.

- Bueno, según lo que tengo entendido, ellos no tienen libre albedrío, supuestamente fueron creados para hacer la voluntad de Dios, ¿no? Lo que por cierto se contradice con la leyenda de la caída de Lucifer, ya que, según Ezequiel, los ángeles no pueden caer por eso mismo… Lynne, ¿te encuentras bien? Estás pálida.

- Si, si, perfectamente - contestó Lynne, aunque parecía un poco ida - Lo siento, Hermione, tengo que irme, ¿te importa volver sola al castillo?

- ¿Dónde vas? - le preguntó preocupada.

- Me acabo de acordar… tengo que hablar… tengo que hacer una cosa.

- Te puedo acompañar - se ofreció.

- ¡No! No te preocupes. El entrenamiento no debería tardar mucho en terminar - consiguió sonreír antes de añadir: - Y no queremos que Potter se entere de nuestro secretito, ¿no?

Hermione dudó, poniendo a prueba sus lealtades, era cierto que no quería que Harry se enterase de que había salido con Lynne, pero tampoco quería dejar a la chica en ese estado.

- ¿Cómo vas a volver sin el carruaje? - preguntó.

- Ya me las apañaré. Nos vemos esta noche.

Y salió por la puerta olvidando las bolsas con sus compras. Hermione las recogió y meneó la cabeza confundida antes de emprender la vuelta al castillo.

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Bueno, bueno… Pues sí, Lynne es un demonio, Marcus lo es a medias, y Mandy era un ángel que decidió caer para ser humana junto a Marcus… o no, porque como ha dicho Hermione, los ángeles no tienen libre albedrío por lo que no tienen la voluntad de caer si un superior no les manda a la Tierra… ¿Estará Mandy mintiendo, o Hermione equivocada? Porque Lynne ignoraba aquella información…

¿Y qué le ha pasado a Draco? ¿Dónde ha ido Lynne? ¿Habrá de verdad una guerra entre ángeles y demonios?

Todo eso y más en el próximo capítulo.

Espero vuestros comentarios.

Xoxo. Eli.

PD: a diferencia de Evangeline, a mi me encantan los clásicos… y todo lo que tenga letras para leer, en verdad. jeje


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