Disclaimer: Los personajes de esta historia, así como parte de la trama no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling y yo simplemente los uso para ir más allá de la imaginación.


CAPITULO 7

- Adivina quién soy – dijo una voz cantarina y alegre mientras cubría con sus manos los ojos de un estudiante de séptimo curso.

- Minerva, déjate de tonterías – cortó la fría voz de Tom Ryddle.

La joven bruja se descolocó y se quedó mirando extrañada a su novio. Hacía ya casi dos años que estaban juntos e iban a comenzar su séptimo curso en Hogwarts.

- ¿Te encuentras bien?

Tom relajó sus músculos al ver los ojos miel de su chica, y comprendió que había sido un poco rudo con ella. No pudo evitar sonreír y abrazarla.

- Lo siento cielo – dijo mientras la besaba dulcemente – ¿Qué tal el verano?

- Bastante bueno, aunque tuve que ir a hacer unas pruebas a Madrid para ingresar el año que viene el IET si sacó extraordinario en mi EXTASIS de Transformaciones…

- …que lo vas a sacar – la interrumpió el chico sonriendo, mientras la bruja bajaba la cabeza sonrojada y vergonzosa.

Y era verdad. Minerva era la mejor alumna de transformaciones que Hogwarts tenía la oportunidad de ver en muchos años, casi desde la época de estudiante del actual profesor, Albus Dumbledore.

- ¿Qué tal tu verano? – preguntó ella sonriente.

- Mi primer verano siendo mayor de edad – respondió el chico – Estuve haciendo un trabajo a media jornada en Borgin&Burkes, y no me fue mal. Aunque me hubiera gustado estar contigo.

Ella se rió. Tom podría ser frío y calculador, pero con ella era totalmente diferente. Era un chico distinto, sensible, dulce, atento, cariñoso…

- Nagini… - susurró él.

- ¡Hola chicos!

La potente voz de Charlus Potter, que venía acompañado de Dorea, interrumpió a la pareja. Tom saludó con la cabeza a ambos, mientras que Minerva lo hizo de forma afectuosa con sus amigos.

- ¿Qué tal os ha ido el verano? – preguntó Minerva.

- No me lo recuerdes. No pienso volver a invitar a Charlus a una cena familiar, ni dejar que ningún miembro Black se le acerque – dijo rápidamente Dorea.

- ¿Tan mal fue? – se burló su amiga.

- ¿Mal? Jamás en mi vida había pasado tanta vergüenza – se lamentó la bruja.

- Sinceramente, creo que las mujeres tienden a exagerar un poquito las cosas¿no crees? – susurró mientras Charlus a Tom.

- ¡Te he oído Charlus Potter! – le gritó Dorea - ¿Exagerar es para ti una conversación sobre uniones entre familias en mitad de la cena por parte de mi padre, mi madre y mi tía Belvina, sumando a mi abuela con las alabanzas a la noble y antiquísima casa Potter, mientras mi hermano Pollux iniciaba una discusión sobre la sangre-pura con mi tío Arcturus en presencia hermano Marius, añadiendo al plato a mi hermana Cassie defendiendo a los mestizos, sangre-sucia y squibs mientras mi tío Sirius amenazaba con desheredarla y borrarla del árbol? Y mientras mis primas Charis y Lycoris dándome una charla sobre protección sexual, que mejor olvidaré. Y da gracias que mi abuelo Phineas ya ha muerto, sus charlas eran muy interesantes según mis primos.

- Creo que me he perdido entre tantos parientes – susurró Tom a Minerva provocando que esta riera suavemente.

- En mi caso es bien fácil. Solo yo y mi padre – respondió la bruja.

En ese momento, el silbato del expreso de Hogwarts anunció a los alumnos su inminente partida, por lo que se apresuraron a subir y buscar un compartimiento vacío. Eso evitó que Minerva viese un destello de tristeza y rabia en los ojos del Slytherin.


- ¡Odio a la profesora Merrytought¡Vieja arpía!

- Charlus, deberías controlar a tu novia, empieza a darme miedo – dijo Minerva, sonriendo.

Pero el mago simplemente se encogió de hombros.

- ¡Nah! Ya se cansará.

- ¿Cómo puede decirme eso a mí? – seguía diciendo Dorea - ¿Cree que soy una niña? He visto más maldiciones en una cena familiar que ella en toda su vida... ¡y se atreve a ridiculizarme!

La bruja interrumpió su discurso al observar que Charlus y Minerva habían comenzando a intercambiar cromos. Les dirigió una dura mirada y dijo:

- Se supone que deberíais escucharme y animarme.

Ambos amigos la miraron con una sonrisa y Charlus la abrazó cariñosamente dándole un beso en la mejilla.

- Minerva y yo sabemos que eres una magnífica bruja. No le das tanta importancia a lo que te ha dicho Merrytought – y dicho esto Dorea sonrió agradecida – Además, se rumorea que va a retirarse cuando termine este curso.

- ¿En serio? – se sorprendieron ambas brujas.

- Eso me comentó Ryddle, dijo que se lo oyó comentar a Dippet.

Minerva se quedó pensativa.

- ¡Hey! – la sorprendió su amiga - ¿Te has perdido por Camelot o que?

- Estaba pensando.

- ¿En que si puede saberse?

- No es nada – sonrió Minerva – Os dejo, voy a ver si encuentro a Tom.

Y dicho esto, se alejó de sus amigos. No había querido confesar la verdad de sus pensamientos. Llevaba soñando desde verano con unos ojos rojos, y no sabía porque. Y en el mes que llevaban en Hogwarts, Tom estaba muy distante con ella.

Tan perdida iba nuevamente en sus pensamientos, que chocó de repente, provocando que sus libros cayesen al suelo entremezclados con los de la otra persona.

- Lo siento – se excusó.

- La culpa ha sido mía. Iba distraído. Siento haber tirado tus cosas.

- Yo también iba distraída...

Minerva levantó la mirada y halló frente a ella un joven de cabellos rubios y ojos azules. El chico sonrió.

- Soy Edward McGonagall, de Hufflepuff – dijo extendiendo su mano.

- Encantada – respondió la bruja dando su mano – Minerva...

- Henderson, Premio Anual – completó el chico – Eres muy conocida.

Minerva se sonrojó.

- ¿Te gustaría asistir a un duelo de transformaciones?

- ¿Hay duelos de transformaciones? – inquirió la chica.

- Bueno, es un duelo que organizamos entre los estudiantes de Hufflepuff. El profesor Dumbledore nos cede una aula para realizarlos, y había pensando que tal vez te gustaría venir. Al fin y al cabo, eres la mejor alumna de transformaciones, según dicen, desde el propio profesor. Podrías animarte a participar.

Minerva se quedó en silencio, y Edward fue poniéndose rojo. Se miraron.

- Perdóname – se excusó el Hufflepuff – No quería ser... bueno, no era mi intención... siento haber sido tan directo, perdóname... yo... bueno, lo siento...

- Tranquilo McGonagall – interrumpió ella – No pasa nada. Agradezco la invitación. Me gustaría mucho asistir.

- ¿En serio? – exclamó asombrado el chico – No quiero haberte puesto en un compromiso.

- No lo has hecho tranquilo – sonrió ella – de verdad.

- Bueno... pues... esto... el sábado a las doce hay duelo. Podríamos quedar en el Gran Comedor y de allí vamos.

- Allí estaré – agradeció ella – Estoy segura que será divertido.

- Gracias...

- ¡Minerva!

Ambos jóvenes se giraron. Tom Ryddle avanzaba hacia ellos por el corredor, con su habitual deslizamiento.

- Hola Tom – sonrió la bruja - ¿Conoces a Edwa...?

- McGonagall, de Hufflepuff – interrumpió él, con una voz fría.

Edward avanzó su mano para saludar al Slytherin, pero la retiro suavemente al notar la expresión del mago.

- Nos vemos Henderson – se despidió – Ryddle.

Cuando el Hufflepuff se perdió tras la esquina del corredor, Minerva se giró hasta encarar a su novio, con absoluta confusión. Tom, sin embargo, le dirigió una mirada de indiferencia, provocando malestar en la bruja.

- ¿Que narices te pasa?

- No me gusta ese tejón.

- ¡Merlín Tom¿Es que te has vuelto paranoico? Solo hablábamos.

- Ha chocado contigo y te ha invitado – siseó él.

- ¿Acaso es un delito¡Es solo un duelo de transformaciones, no una cita! No soy nada tuyo para que trates de controlarme de esta forma. ¡Es mi vida!

- Eres mi novia – respondió él.

- Pero eso no te da derecho a tratarme así – respondió fríamente, y se decidió – Y más aún cuando tu no estas dejándome formar parte de tu vida.

Y dicho esto, permaneció en silencio a la espera de una respuesta por parte del chico. Pero Tom siguió en silencio, y Minerva, dolida, se giró y trató de marcharse.

Pero Tom la agarró por el brazo y la giró bruscamente.

- No me des la espalda Minerva – siseó.

- Suéltame, me haces daño – dijo ella.

- Valiente Gryffindor – se burló Tom mientras la soltaba.

- Estoy harta Tom – dijo entonces ella, y el mago aprecio un deje de tristeza en los ojos de la chica – No se que te pasa, pero desde que empezó el curso has estado muy extraño. Y no has sido capaz de confiar en mí y contármelo. Y estoy cansada. Siento que nos hundimos y no se que más hacer para seguir a flote, porque yo sola no puedo.

Hizo una pausa y observó al chico. Tom permanecía mudo y sin cambiar su expresión de indiferencia en el rostro. Minerva sintió un dolor en el pecho. Sintió rabia, desesperación, tristeza, resignación, miedo y amor.

- Bien – susurró – El sábado a las doce he quedado con McGonagall en el Gran Comedor. Bajaré a las diez. Si estos dos últimos años han significado algo para ti, estaré allí. Si no, no volveré a cruzarme en tu camino.

Ahora sí, Minerva se giró y se marchó conteniendo las lágrimas en sus ojos.

Tom la siguió con la mirada, sin cambiar su rostro. Pero dentro de sí, sintió por primera vez un vacío. Y luchó entre salir corriendo tras ella o permanecer quieto. Y decidió no ser débil, no ahora que conocía su pasado y su destino.


- ¿Estás segura Minerva?

Dorea observa a su amiga mientras se vestía en silencio. Llevaba así desde su pequeña discusión con Tom. Ambos se ignoraban en clase y en el Gran Comedor, y los rumores sobre su separación había corrido por todo el castillo. Tom evitaba ir por los corredores por donde sabía que iba la bruja, y esta hacía lo mismo.

Además, Minerva había prohibido a sus amigos que interviniesen. Esta vez, era cosa de ellos dos.

- ¿Minerva? – llamó la bruja.

La chica se giró ante el llamado de su amiga, y Dorea pudo observar una ligeras ojeras y unos ojos llenos de tristeza. Sonrió.

- Estoy bien – respondió en un susurro.

Dorea se acercó y la abrazó. Minerva correspondió con fuerza y la joven Black temió por un momento que su amiga fuese a derrumbarse. Pero la prefecta se separó y sonrió nuevamente.

Y tras esto, salió de la habitación. Dorea bajó poco después, y halló en la sala común a Charlus, mirando fijamente el hueco del retrato por donde debía haber salido su amiga. Se acercó y le abrazó por detrás.

- Más le vale a esa maldita serpiente aparecer – dijo él.

Su novia suspiró y le abrazó. También ella tenía miedo.


Edward McGonagall subió los escalones procedente de las bodegas en donde se ubicaba la casa de Hufflepuff. Había avisado a sus amigos de que llevaría una amiga a los duelos, pero no había querido decir quien era. Aún no se creía que Minerva Henderson hubiese aceptado ir con él. Todo el colegio conocía a la prefecta y Premio Anual, y, aunque ella lo ignoraba, era objeto de sueño de muchos chicos. A diferencia de muchas chicas, Minerva llevaba el pelo corto y tenía un aire atractivo diferente a las demás.

Edward llegó al Gran Comedor y divisó a la joven sentada en la mesa de Gryffindor, con las manos cruzadas sobre la mesa y mirando el infinito perdida. Y se sintió mal. Era consciente de los rumores que circulaban por el castillo de su separación de Ryddle, y él sabía que eran verdad. Había sido el último en verles juntos y, escondido tras la pared, había oído su discusión. En un principio deseó que él no apareciese, pero luego, al verla tan triste, deseó que cuando él llegase al Gran Comedor el sábado, ella ya no estuviese.

Pero no era así, ella estaba allí, sentada en silencio y sola en su mesa. Edward suspiró y se acercó con una dulce sonrisa.

- ¿Lista para el duelo?

Minerva levantó el rostro y al ver a Edward, sonrió. Pero el mago fue capaz de observar sus ojos rojos por refrenar las lagrimas.

- Lista – y dicho esto, la bruja se levantó.

- Henderson...

- Minerva – interrumpió ella – Mi nombre es Minerva.

- Minerva – repitió él - ¿Estás segura?

- Por supuesto – dijo ella – Me he preparado a conciencia. Voy a ganar ese duelo.

Edward quiso ignorar otro significado en la frase de la chica, que no fuese referido a las transformaciones.

- Vamos – dijo él, consciente de las miradas de los otros alumnos – Por el camino te explicaré las reglas.

Y ambos salieron en dirección al cuarto piso, sin advertir, que en las escaleras que llevaban a las mazmorras, unos ojos rojos como los que perseguían a Minerva en sus sueños, les observaba fijamente.


Terminé. Y antes que nada, quiero pedir disculpas a todos los fans de esta historia, por todo el tiempo de retraso, pero que es que me había bloqueado y no sabía como seguir. Espero que os guste el resultado.

Gracias a todos lo que seguís la historia, y a los reviews del sexto: Judith Malfoy, Koumal Lupin-Nott, Clau Felton Black, rachel black87, Yedra Phoenix y ArteMisa.

Por cierto, ya sabéis que estoy abierta a sugerencia y nuevas ideas, así que dadle clic al GO, y dejad un review con lo primero que se os pase por la cabeza.

Un beso, y gracias por seguir ahí.

PD: Prometo actualizar pronto, el capítulo 8 ya esta en marcha.