Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3

Las características especificadas son las siguientes:

Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)

Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.

Género: Romance/Hurt/confort


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Capítulo 7:

«Quizá»

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Yamato dejó salir otro suspiro con cansancio. No tuvo de otra más que descansar los codos sobre sus rodillas con una moral desgastada y una paciencia hecha añicos. Llevaba sentado en la misma posición casi media hora y, aunque pareciese poco, la calma lo abandonó los primeros cinco minutos.

Ya ni se molestaba en disimular sus muecas de desagrado o sus suspiros exasperados. Sabía que había perdido la batalla cuando ella tuvo conocimiento de su cita. Sonrió sin poderlo evitarlo.

─¿De verdad has pagado por esto? ─Escuchó decir a Mimi. Levantó la mirada hacia ella, viéndola extender algunas camisas del interior de su placar─. ¿Enserio, Yama? ─Se giró a mirarlo para enseñarle una camisa con cuello de polo negra.

─¿Qué? Son frescas ─Se excusó y la que suspiró con exasperación fue la castaña.

Cuando la idea de "salida de adultos" organizada por Hotaru sin consulta previa de su padre, terminó por ser aceptada tanto por Yamato como por Meiko, Mimi no tardó demasiado en enterarse. Sabía que su hija y la Tachikawa eran muy cercanas y como ésta última siempre lo instaba a que debía volver a salir y conocer otras personas, no fue sorpresa ser arrasado por la euforia de su amiga al saber que saldría con Meiko.

Y así como esperaba su intervención, también esperaba sus sugerencias ─imposiciones sin espacio a replica alguna─ para ayudarle con "la cita perfecta"; y con eso, iba incluida las prendas ideales ante tal ocasión. A pesar de que Yamato insistía con que no era una cita con fines románticos, Mimi lo ignoraba directamente, encargándose de averiguar los mejores restaurantes que, por conocimiento, podía elegir.

─¿Qué sucedió con el playboy de la secundaria y los primeros años de universidad? ─Preguntó Mimi enfrascada en juzgar cuál prenda merecía seguir en el placar de Yamato o ser rechazada.

─Nunca fui un playboy ─Yamato se llevó la mano a la nuca. No mentía, aunque debía admitir que solía preocuparse un poco más por las ropas que usaba pero era por la sencilla razón de tener una banda y ser, medianamente, conocido.

─Lo que digas, pero al menos te vestías mejor que éstas camisas polo o las playeras de nerd que ahora guardas en tu armario ─Aventó otras prendas más al suelo. Yamato ya no se molestó en protestar porque ir contra Mimi era como entablar una discusión con la pared. Cuando ella se enfrascaba en algo, nada podía contradecirle por mucho tiempo─. Si no te conocieras e ignorase el hecho de que Hotaru es tu hija, diría que sigues siendo virgen y vives en el ático de tu madre.

─¡Yo no…!

─Tienes suerte que yo te supervise las ropa qué comprarás a Hotaru ─Siguió diciendo Mimi, ignorándolo olímpicamente.

Yamato rodó los ojos sencillamente. Mimi adoraba molestarlo y aunque siempre terminaba cayendo en su juego, se acostumbró a sólo rodar los ojos y fingir que no sucedía nada más.

─Sólo porque me he estado ocupada con el restaurante no te he sacado a comprarte algo nuevo ─Dijo al entregarle una camisa negra casual y pantalones de mezclilla de corte recto─. Me gusta cuando llevas pantalones así. Te ves un poco más joven ─Le guiñó el ojo.

─Sigo siendo joven ─Murmuró molesto. Mimi rio ante su rostro y le acomodó unos mechones rubios y cortos con reflejos plateados.

─Di lo que quieras pero esas canitas no mienten ─Besó su mejilla─. ¿Debería de preocuparme por los zapatos? ─Yamato iba a hablar─. Olvídalo, te regalé un par de zapatos negros en tu anterior cumpleaños.

─¿Alguna vez dejarás de actuar así? ─Mimi lo miró curiosa. Yamato se encogió de hombros, sacando un poco de aire de sí mismo─. Parece que lo tienes todo bajo control. Podrías ir en mi lugar, si gustas.

La castaña rio, alejándose de él para comenzar a doblar las ropas que había lanzado fuera del armario.

─Desde que somos niños sabes que me gusta todo el asunto de organizar salidas, reuniones y para qué mentir, las citas son mis favoritas. ─Yamato la observaba hablando y doblando ropa, entonces entrevió un suspiro por su parte─. Supongo que es una cuestión de años ─Le dijo a son de broma─. Además, en lo que implicas tu o Hotaru, siempre me motiva a estar al tanto.

Yamato sonrió a Mimi. Bajó la mirada a las ropas que le había entregado su amiga. Aunque muchas veces sabía que Mimi podría ser muy molesta con sus bromas sobre su forma de vestir o sus hábitos de "abuelo", era consciente que su amiga amaba pasar tiempo con ellos, ayudar a Hotaru con alguno que otro proyecto de la escuela o suplirle de niñera cuando él debía hacer viajes a causa del trabajo. Mimi siempre estuvo en su vida, incluso imaginarla lejos le parecía ridículo pues, aunque no lo admita, la repercusión de su mejor amiga era vital.

Y no sólo hablaba por Hotaru. Miró a su amiga, oyéndole hablar de los tips que debe de tener en cuenta en su cita y pensó en Hotaru, en las palabras del psicólogo y en Meiko. Una duda asaltó su cabeza, una que no se había puesto a analizarla hasta el momento─. ¿No te parece extraño? ─Preguntó Yamato.

─¿Qué cosa?

─¿Por qué Hotaru nunca pensó en ti como quiere ver a Meiko ahora? ─Tras las palabras de Yamato, Mimi pausó un momento sus movimientos para mirarlo. Viendo que la pregunta era una muy seria y sin tintes de broma alguna, Mimi se encogió de hombros, sonriendo.

─Recuerdo que hace un par de años, me preguntó algo parecido ─Yamato la miró sorprendido─. Quería saber si alguna vez tú y yo seríamos más que amigos.

Aquella revelación causó más que ansiedad en Yamato quien no podía dejar de observarla atentamente, después de todo, Hotaru nunca había hecho una acotación semejante frente a él─. ¿Cuál fue tu respuesta?

─¿No es obvio? ─Rio divertida─. Le dije que éramos mejores siendo amigos. ─Yamato observó un momento los orbes otoñales con que su amiga lo miraba. Un momento de silencio con el que él se sentía algo inquieto─. Ella tiene miedo, Yama… Teme que dejes de amar a Hikari.

El rubio abrió la boca para contestar pero entonces, el sonido de pasos presurosos se hizo oír por el pasillo. Ambos adultos se voltearon hacia la puerta abierta, viendo llegar a Hotaru con varias cajas de DVD's en sus manos, todas de películas de Disney, las favoritas de la niña.

─¡Mi-chan! ─Llamó emocionada la niña─. ¿Qué película vemos hoy?

Su padre la vio avanzar a toda prisa, moviendo sus pies enfundados en las alpargatas peludas y abultadas que le había regalado Mimi en su sexto cumpleaños. La niña enseñaba con euforia las portadas de los discos a la espera de la decisión final por parte de su tía favorita.

─¿Qué prefieres ver tu, Ho-chan? ─Inquirió Mimi.

─No me decido… ─Miró la portada de La princesa y el sapo─. ¿No te molesta si vemos ésta?

─¿Bromeas? Es una de mis favoritas ─La radiante sonrisa en Hotaru no tenía precio─. Ve a colocarla en el lector que yo me encargaré de las galletas.

Hotaru asintió y con la misma emoción con que entró, se retiró. Ambos adultos la vieron marcharse mientras sonreían a sus espaldas. Yamato miró a Mimi.

─Sabes que yo nunca dejaré de amarla ─Mimi sostuvo su mirada sobre Yamato un momento, no dijo nada, sólo lo observó.

─Yo sé que no. Sé que tienes el corazón lo suficientemente grande como para seguir amándola, amar a Hotaru y… Bueno, a darte la oportunidad de conocer a alguien más ─Se acercó a él─. Ella tiene miedo pero sabe que Hikari seguirá siendo su madre, como que también tú necesitas sanar las heridas.

Acarició su rostro con su mano y Yamato se dejó descansar un momento en su tacto. Mimi era buena con las palabras, sabía cómo dar apoyo en los momentos que las fuerzas parecían flaquear. Nunca olvidaría el cómo ella estuvo a su lado cuando perdió a Hikari y cómo lo ayudó con Hotaru.

Mimi fue, por mucho tiempo, el hombro donde pudo recostar la cabeza tantas veces. No le alcanzaría la vida para agradecer todo el afecto que ella pudo concederle cuando él parecía no poder sopesar el dolor. Y nunca había cambiado su forma de verla. Quizá por eso Mimi tenía razón, ambos eran mejores siendo amigos.

─Bien, te dejaré cambiarte. Iré a preparar las masas de las galletas que luego… ─Yamato tomó su muñeca, impidiéndole alejarse. Fue un agarre suave, sin implementar fuerza alguna, pero el hecho de tocarla la hizo detener todo movimiento. Mimi lo miró, curiosa por aquel gesto y entonces él la soltó casi avergonzado.

Quizá.

─Yo… Gracias ─Formuló mientras su rostro iba tomando color─, por la ropa y…, por ser niñera también.

─Todo sea porque el playboy vuelva a sus andadas ─Respondió guiñándole el ojo y riendo del rubor que se adueñaba en él.


Las ocho puntualmente y él yacía a la espera de Meiko Mochizuki. Yamato levantó la vista al complejo de departamentos frente al cual se encontraba. Era bastante elegante y lucía costoso. No era para menos, pensó, después de todo se encontraba en uno de los mejores barrios de Tokyo.

Aguardó durante unos cinco minutos cuando la puerta principal del palier se abrió y vio a Meiko salir por éstas. Llevaba el cabello recogido en un moño alto y un vestido con ligeros volados en la falda de tonos oscuros. Lucía hermosa, además de que portaba sus infaltables lentes de armazón gruesos.

─Buenas noches, Yamato-san ─Saludó ella a lo que él respondió de igual manera. Le abrió la puerta de su vehículo y esperó a que subiese antes de rodear su auto y hacer lo mismo─. ¿Puedo saber los planes que tiene preparado?

─Para tu mala suerte, soy pésimo con los programas… Pero debo agradecer la intervención de Mimi ─Antes de arrancar el vehículo, le enseñó algunos lugares que llevaba anotado en un papel─. Son restaurantes de comida italiana, otros son de platillos más internacionales.

─¿Mimi? ─Preguntó Meiko, curiosa por saber quién era la mencionada. Yamato se mordió la lengua, había olvidado mencionarla.

─Es una buena amiga. Me ayuda bastante en temas donde no tengo nada de práctica ─Responde y enciende el motor─. Puedes elegir cuál te interese más.

Meiko tomó en mano el papel leyendo los nombres de todos los restaurantes que la mencionada mujer había escrito. Meiko miró a Yamato mientras éste conducía.

─¿Tienes alguna preferencia para ésta noche, Yamato-san?

─Creo que esa pregunta debo hacerla yo ─Responde sencillamente─. Siéntete libre de elegir, Meiko-san.

La azabache sonríe sencillamente para volver a centrarse en el papel que sostenían sus manos.

─Pues veamos las referencias de Mimi-san.


─Así… Con cuidado ─Indicaba Mimi a Hotaru al guiarla en introducir la bandeja metálica con las masas de cookies que habían preparado, dentro del horno. La niña siempre admiraba a Mimi mientras ésta hacía magia en la cocina; aquella noche era de películas Disney, galletas y chocolatada. El mejor panorama para las pijamadas que Hotaru adoraba tener con su tía favorita.

─¿Lo hice bien, Mi-chan? ─Preguntó Hotaru cuando Mimi cerró la puerta del pequeño horno en la cocina. La castaña sonrió y acarició el rostro de su sobrina.

─Ya casi me superas ─Hotaru sonrió y fue a por los vasos con chocolatada─. Llévalos a la sala, ¿si? Pondré el cronómetro.

La niña asintió y llevó las cosas al estar donde la película estaba pausada antes de iniciar. Mimi colocó el cronómetro con la intención de vigilar el tiempo que las galletas tomaban en hornearse. Acompañó a su sobrina hasta el sofá de dos cuerpos, ambas tomaron asiento juntas y Hotaru le dio play a la película.

─Adoro ésta película ─Dijo a su tía─. ¿No te cansas de verla conmigo?

─Claro que no, linda ─Respondió Mimi, dejando un beso en la coronilla de la niña. Hotaru se abrazó a su tía─. ¿Puedo preguntar por qué te gusta tanto?

─Sencillo ─La miró con emoción─. Es la película favorita de mamá.

─… ─Mimi guarda un momento de silencio al oírla. Un momento que Hotaru no toma en cuenta, pues la película le resultaba más importante─. ¿Ella te lo contó? ─Se animó a preguntar.

Hotaru asintió.

─Me confesó una vez que adoraba las luciérnagas por ésta película ─Una sonrisita se escapó en Hotaru─. Ray es su personaje favorito.

─Ella… ─Mimi se aclaró la voz, intentando no sonar preocupada─. ¿Ella te puso Hotaru por eso?

─Así es ─Sonrió.

Mimi guardó un momento de silencio e intentó apreciar la película pero aquella confesión erizó los bellos de su nuca. Volvió a mirar a Hotaru. No era la primera vez que la niña hablaba de su madre como si estuviese presente. De hecho, desde que comenzó a hablar, era oírla mencionar a Hikari en todo. Muchas veces esos comentarios inocentes destrozaban a Yamato aunque él no quisiera mostrarlo.

Mimi acarició el cabello de su sobrina y ésta la miró con curiosidad.

─Dime, Ho-chan… ─Mimi tragó saliva un momento, intentaba no mostrarse nerviosa pero el tema siempre le erizaba la piel─. ¿Hikari…, tu mami, está aquí ahora?

Hotaru la miró un momento en silencio pero negó con la cabeza. Mimi dejó salir un poco de aire con alivio. Se sentía inquieta por alguna razón pero la negación de Hotaru parecía tranquilizarla un poco.

─No está con nosotras. Dijo que tú me cuidas así que fue con Papá ─Respondió sencillamente y regresó su atención a la película.

Mimi volvió a tragar saliva con dificultad. No debería de preocuparse, pensó. Yamato estaba bien, fue a su cita con Meiko. Sabía que nada malo iría a suceder pero oírle decir aquello a su sobrina la dejó sin aliento un momento.

Entonces el sonido de la alarma sonó, haciéndole pegar un respingo de susto. El anuncio de que las galletas ya estaban terminadas se hizo escuchar. Hotaru saltó con emoción del sofá y fue a la cocina. Mimi la siguió y ayudarla así a retirar las galletas del horno. Debía dejar de pensar en cosas extrañas, se dijo. Yamato estaba bien, no tenía que preocuparse.


La noche se cernía sobre ambos cuando se despidieron del local de comida italiana. Yamato le abrió la puerta y ella le sonrió como agradecimiento. Iban charlando con tranquilidad camino al vehículo del rubio. Fue una salida bastante agradable, pensaba el rubio mientras oía hablar a la azabache. La mujer a su lado era bastante tímida pero fue abriéndose de a poco en lo que iba su cena.

Pastas y un vino blanco para ella mientras él se acompañaba de agua fresca durante el tiempo que permanecían en Il Capo, una de las recomendaciones que Mimi le había detallado en su lista.

Una fresca brisa hizo a Meiko levantar la mirada hacia el cielo. Yamato se detuvo a observarla.

─Es una noche hermosa ─Comentó la azabache. Sintió la mirada del rubio y se sonrojó un momento─. Lo lamento, a veces me gusta mirarlo ─Dijo sencillamente, refiriéndose al cielo que los cubría─. Me recuerda que, a pesar de los malos momentos, siempre habrá algo bueno que nos espere al final.

Yamato meditó sus palabras y asintió distraídamente.

─Yo dejé de mirar el cielo hace mucho tiempo ─Confesó, retomando su camino. Meiko miró sus espaldas. Se le notaba cansado, pensó. Ella también poseía la misma postura, una que está cansada de los dolores.

Volvió a mirar el cielo.

Yamato le abrió la puerta de su auto para dejarla pasar. Hizo lo mismo cuando rodeó el vehículo. Un sabor amargo prevaleció en el rubio aunque no quiso hacerlo notar. Él había dejado de mirar el cielo, porque, a diferencia de Meiko que encontraba esperanza en él, Yamato sólo recordaba lo que había perdido.

─Es un lindo lugar ─Comentó Meiko refiriéndose al restaurante donde cenaron.

─Mimi no mentía al recomendarlo ─Concedió. Meiko asintió y volvió a mirar por la ventanilla, perdiéndose en el transcurrir de la ciudad, en cómo todo parecía ir deprisa cuando ella sólo quería detenerse y mirarlo despacio.

Yamato la observó de soslayo. Su mirada reflejada en la ventanilla cerrada y esos ojos cargados de una historia que rememoraba. Ambos estaban marcados por la pérdida, por el dolor, por tantas cosas que los hacía semejantes.

Quizá, demasiado semejantes.

Detuvo el vehículo cuando la luz roja del semáforo se lo indicó y encendió la estéreo. Habían veces que las coincidencias parecían tener más relevancia en nuestras vidas, aunque no creamos en ellas. Yamano no era partidario de las coincidencias, pues para él, las cosas siempre sucedían por algún motivo.

Pero oír en la radio All of the stars mientras la noche se mostraba despejada, desnuda, enseñando aquel brillo propio de lo que él asociaba a su pérdida, de todo lo que representaba su esposa, de todo lo que le recordaba el cielo, quiso creer en las coincidencias.

Recordaba esa canción. ¿Cómo olvidarla? Era una que, cuando estuvo de moda en las emisoras, Hikari solía elevar el volumen de la estéreo y cantarlo a viva voz.

La imagen de su esposa cantando esa melodía mientras acariciaba su rostro, ambos tumbados en la cama, ambos embebidos en un amor casi torpe, casi infantil. Era su canción favorita, lo recordaba a la perfección. Como cuando él hacía viajes por su trabajo y ella siempre decía que no se encontraban lejos el uno del otro, después de todo…

─Vemos el mismo cielo ─Susurró para sí mismo, en un hilo de voz.

─¿Yamato-san? ─Preguntó Meiko a su lado.

Yamato la miró con sorpresa, recordándose a sí mismo que no se encontraba tumbado junto a su esposa mientras la oía cantar. Ella ya no estaba y él recibía bocinazos por parte de los vehículos tras él pues, a pesar de la luz verde anunciando su marcha, él no se movía en absoluto.

─Lo siento, me distraje un momento ─Respondió a modo de disculpa. No era una mentira. El recuerdo de un pasado feliz fue el espejismo del momento. Momento que parecía ser el dedo hincando en una herida intentando sanar.

Meiko parecía ser una mujer de palabras prudentes, de mirada disimulada y bastante oportuna al hablar. Le sonrió de manera comprensiva cuando él retomó la marcha del vehículo y no hizo una observación a lo sucedido. Se lo agradecía. El flashback reciente se sintió casi tan bello como un día de lluvia pero tan doloroso como la falta de cobijo bajo ésta cuando azotaba con fuerza.

Intentó hacer pasar el mal sabor que el recuerdo, que la ausencia provocaba mientras conducía. Quizá fue aquel intento por mantener todo bajo control el causante de que no previese las luces cegadoras acercándose a una velocidad imprevista.

Pudo haberse dado cuenta que aquel conductor ignoró el semáforo en rojo y arremetió con el acelerador. Pudo haber evitado cruzar ante la imprudencia del otro carril perpendicular. Pudo…

Las cosas sucedieron muy deprisa y las posibilidades quedaron reducidas a simples pensamientos dubitativos transcurridos en los segundos que implicó el impacto, el sonido sordo del golpe y rotura. De la potencia del airbag chocando contra su rostro y la imagen mental de Hikari sonriéndole. Cantándole. Girando sobre ella misma mientras reía.

No supo cuántos metros arrastró su vehículo aquel impacto, sólo podía tener la noción clara que el sonido, el tiempo y la realidad escapaban de sus manos.

La quietud llegó. El sonido seguía sintiéndose lejano y todo daba vueltas para él. En la incómoda posición que quedó recostado contra su asiento, pudo reconocer la negrura de la noche y las delicadas gotas brillantes de astros a la lejanía. Después de mucho había levantado los ojos al cielo y vuelto a admirarlo.

Era hermoso, pensó.

Yamato…

Muy hermoso.

¿Me contarías nuevamente la historia sobre Orihime y Hikoboshi?

Castaños ojos. Piel dulce y delicada. Cabello corto. Sonrisa angelical y una voz que podría igualar a la seda. No creía estarla imaginando pues la veía. La mujer que se encontraba recostada a su lado, observando con una devoción casi religiosa a la magnificencia del cielo.

Es mi historia favorita.

Claro que lo era. Cerró los ojos mientras relataba en su subconsciente la historia de amor entre dos seres que fueron separados por un puente. Y pensó en ellos y en el puente que los separaba.

¿Qué había al final del puente?


Notas de la autora:

¡Lamento la tardanza! D:

Había estado centrándome en retos y la facu que dejé un poco de lado éste fic como De besos y otras tonterías. Trataré de llevar a la par mis trabajos para que puedan leer una actualización en un tiempo aceptable :3

Muchas gracias por seguir ésta historia, por sus comentarios también. ¡Muchas gracias por sus palabras y buenos deseos! De verdad me hacen muy feliz leerles, me dan ánimos a continuar :D

Me alegro mucho que les guste y que mi parabatai disfrute con éste presente :3 Espero que éste corto y algo dramático capítulo con un giro algo brusco les guste. ¡Prometo que no habrá angst (más de lo que ya ha habido desde el primer capítulo xD)!

Y bueno, sin nada más que acotar, me despido deseándoles un bello inicio de semana :3

¡Hasta otra!~