-Dime que es mentira…-su voz salía enronquecida, agrietada por el llanto y el temor que le sacudieron el cuerpo sin piedad, las lágrimas no paraban de resbalarse por sus mejillas, sus ojos se cerraban con fuerza, arrugo la hoja entre sus manos, intentado en vano acallar los quejidos de su garganta.
-Makoto, repetí el examen una segunda y tercera vez, el resultado es el mismo, tienes un embarazo de mes y medio-Kisumi no sabía cómo calmar al castaño, verlo en ese estado, aquel en el cual nunca pensó verle, Makoto, aquel niño y ahora joven dulce que jamás quería preocupar a nadie, se derrumbaba frente a sus ojos.
Se levantó con suavidad hasta estar alado del contrario, le paso el brazo por los hombros estrechándolo con firmeza, Makoto apretó entre sus dedos la ropa del otro, la garganta le quemaba como fuego, quería gritar, gritar y dejarse ir en aquel mar de sufrimiento.
Un hijo, un niño de alguien que jamás le amo, de aquella persona que le destruyo la esperanza y el amor.
-¡No, yo no…! Kisumi, por favor dime que hay un modo…-las palabras salieron sin pensarlo, las manos le temblaban, alejo a Kisumi para que le encarara-Este niño-tenía miedo de recorrer los dedos por su propio vientre-¡Esto está mal, este niño no, no tiene que nacer…!-Kisumi presiono su frente contra la de Makoto, esas no eran las palabras del verdadero Makoto, Kisumi lo sabía, él estaba mal, Makoto había descubierto la infidelidad de Haruka, también había intentado perder la vida entre sus propias pesadillas, y a pesar de eso renació frágil en la sala de emergencias, esas no eran las palabras del niño de ojos verdes que el recordaba.
-Makoto escúchame, no digas cosas de las que te puedes arrepentir ¡ese bebé es tu hijo, tuyo, de nadie más! no llenes tu cabeza de otros pensamientos, esa criatura te dará el amor que tanto mereces, y ese amor nadie te lo arrebatara, ¿Crees que esta criaturita estaría feliz de perderte a ti?-dijo presionando la palma de su mano con calidez en el vientre del otro.
-Tú no lo entiendes, ¡Que amor le puedo dar si lo he perdido todo! Este niño ni siquiera tendrá el amor de su otro padre, ¿Cómo podría excusarme?-dijo mordiéndose los labios con rabia-¡Oh mira cariño ahí va tu otro padre, sabes él nunca me amo, solo fui su jodido juguete, aquel del cual podía abusar cuando su otro amante no estuviera!-
-…Makoto-
-¡Fui tan ciego y tan estúpido, estúpido, estúpido…!-
-Makoto, ¡Es tu sangre, tu familia, te necesita a ti!-sostuvo las manos del otro, las estrecho con fuerza, Makoto apretaba sus ojos con ira, su labio sangro ligeramente por la fuerza que infringió en él.
-Lo he perdido todo, arruine mi vida cuando pose mis ojos en él, cuando me deje deslumbrar por las cosas que el producía en mí, por creer que yo era suficiente…-
-¡Y lo eres, que el maldito imbécil de Haruka no lo haya notado es su maldito problema! Tu diste lo mejor de ti…y ya es hora de que dejes que sus acciones te hagan daño de esta manera, no lo mereces Makoto, jamás mereciste tanto dolor, pero debes afrontarlo, el escogió a Rin por sobre ti, pues bien, al fin y al cabo él es quien pierde a toda su familia, a ti y a ese pequeño que viene en camino. Ya no tienes que sacrificarte por un amor que no vendrá, ya no degastaras tu llanto en alguien que ya tomo su decisión-
-Kisumi lo ame tanto, ¿Por qué no me di cuenta antes? ¡¿Por qué me quería en su vida, por qué?!-se dejó abrazar por el contrario, no podía calmarse, había tantas emociones encontradas en su ser, sentía odio y rabia por lo sucedido, por no poder evitarlo, por darle al Nanase la oportunidad de quitarle todo, Haruka podía evitarlo, podía decirle que no lo amaba antes de su matrimonio, antes de su noviazgo, antes de llegar a esto, a un bebé, a alguien que no quería sentir en sus entrañas, a alguien que sentía miedo de fallarle, de perderlo, de dejarle ver lo poco que era en ese gran y jodido mundo.-Ya no quiero intentarlo Kisumi, ya no quiero intentar ser fuerte, ni por mí ni por nadie…-no podía serlo.
-Yo, yo estoy esperando un hijo de Haruka-se sentía lastimero al decir aquello, no era una buena noticia, por supuesto que no lo era, su madre se quedó muda ante ello, un ligero temblor le cubrió las manos y su expresión se volvió afligida, le había fallado, les había fallado a todos, su mirada se encontró con la de su padre que no estaba en mejor estado, vio como el mayor apretó la mandíbula y se giró sobre sus pies para dejar la habitación.
Cerro sus ojos momentáneamente, si tan solo pudiera cambiar las cosas, su vida, su futuro, su amor, todo aquello que lo llevo a aquel estúpido punto, se cubrió el rostro con las manos, en un intento vano de que su madre no viera las lágrimas que empezó a derramar.
-M…Makoto, querido…-sintió la calidez dulce de los brazos de su madre, pese a eso no se atrevió a mirarla a los ojos, ya no quería ver más decepción en los ojos de nadie, no podría soportarlo.
-L-lo siento, sé que no estarán orgullosos de mí, les he fallado tanto, yo…-
-Sshh, shh-susurro su madre sobre su oído-Todo está bien Makoto, todo estará bien…-
Y exploto.
-No puedo hacerlo, no puedo…-el aire parecía querer escasear en sus pulmones- ¡No voy a poder criarle, le fallare como a todo lo que…!-
-No, no Makoto, podrás hacerlo, lo superaras, como todo lo malo que ha pasado en tu vida, lo lograras porque eres mi hijo, mi niño dulce, mi niño de corazón de oro, podrás criarlo y amarlo como tal, como tu hijo…-susurro besando los ojos llorosos del contrario-Y nosotros estaremos ahí para ti, perdónanos a nosotros mi amor, a nosotros que no supimos protegerte antes, te juro que esta vez será diferente-
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…-sentía las caricias suaves sobre su cabello, y su espalda pero pese a eso el dolor nunca se fue.
-Ese muchacho tiene que saberlo-dijo rotundo el padre de Makoto, su esposa mantenía una expresión seria en el medio de su habitación.
-Me niego-anuncio-Es una decisión que solo Makoto tomara-aclaro, sentándose con pesadez en su cama.
-¿Cómo puedes decir eso?, ¡Ese muchacho tiene que tomar sus responsabilidades con Makoto, lo deshonro y nos vio la cara a todos! ¡Tú escuchaste al oficial que confirmaba su infidelidad!-dijo lanzando un grito de rabia, aquel que solo provocaba la ira del dolor por su hijo.
-¡Lo sé, y pienso lo mismo que tu pero no podemos meter a Makoto mas en esto! Él está herido, lleva apenas un par de días de asimilar la noticia de su embarazo, al igual que el engaño de su esposo…-ambos se miraban consternados, no sabían qué lugar tomar en aquel momento, proteger a Makoto siempre seria su prioridad por sobre todo.
-Querido, deja que las cosas se calmen, Makoto no se encuentra estable, sabe que va a tener un hijo pero puedo ver en sus ojos todos sus miedos, todas sus dudas, dudas que necesitamos aclararle, debemos darle el apoyo que necesita, a él y a nuestro futuro nieto o nieta…-
-¡Pero…!-
-Sé que te duele terriblemente lo que le han hecho a nuestro hijo, a mí me duele más pero debemos afrontarlo, debemos estar a su lado, no podemos obligarlo a encarar a Haruka así de débil como esta, le daremos su tiempo y dejaremos que solo él decida si quiere hacer parte de la vida de su hijo a Haruka, si quiere que este responda a sus responsabilidades-
-Ese maldito no merece a nuestro hijo, no merece nada de lo que Makoto le entrego…pudimos haber-
-No, no podíamos, no sabíamos que esto sucedería, no teníamos ni la más remota idea de que Haruka llegaría a hacerle algo así a nuestro hijo, debemos cargar con eso…-dijo acariciando el rostro de su esposo para tranquilizarlo.
-¿Cómo lo viste…?-susurro el mayor con preocupación.
-Cansado, bastante cansado, debemos dejar que lo tome a su ritmo, creo que necesitaba de tus palabras allí abajo…-
-No sabía que decir, ¡Tengo tanta rabia por todo esto…!-dijo ladeando el rostro.
-Prométeme que hablaras con él, necesitaba de tu consuelo-el mayor asintió levemente.
-Lo prometo-susurro.
Miro fijamente el techo por largo rato, algo dentro de su cabeza no le dejaba dormir, trataba de entrecerrar sus ojos y conciliar el sueño inútilmente, quizá los últimos días le habían afectado más de lo quería pensar, su mente no dudaba en divagar en un millón de cosas, Haruka, su hijo, su hijo, Haruka, divorcio, divorcio, divorcio, su hijo, su hijo, un bebé, un niño que tendría que cuidar, solo.
Se levantó de golpe de la cama, un sudor frio le cubría toda la piel.
-¿Qué tipo de vida te puedo dar?-susurro a la nada, a la visión imaginaria de la criatura que sería su hijo, se mordió los labios, apretaba las cobijas entre sus dedos-Mereces una familia que te dote de amor, mereces a un padre y a una madre, no a alguien que solo ha tomado las decisiones equivocadas…siempre-tenía la voz enronquecida, dejándola salir como un hilo.
-Ni siquiera puedo creer que estés aquí-dijo sin atreverse a rosar su vientre, el temor de sentir a esa criatura era punzante.-No quiero creerlo-admitió-Si yo hubiera muerto…-rio débilmente, a punto de quebrarse-Te habría llevado conmigo, pero ahora estas aquí y ni siquiera soy digno de tenerte, no puedo aceptarlo, no tenías que venir en semejantes condiciones, esto ha sido mi culpa, lo lamento…-
Se pasó una mano por el cabello, se abrazó a sí mismo, miro ligeramente hacia el exterior de su ventana, un cielo con una cascada de estrellas en un infinito azul oscuro, el tintineo de su celular lo hizo girarse, soltó un suspiro exasperado al ver la pantalla, otra llamada de Haruka, bloqueo el contacto con rapidez cortando el rollo de golpe, su mano tomo el artefacto y lo estrello contra la pared, ya no quería oír la voz de aquel mentiroso, de aquel que solo robo sus sueños de una vida mejor, aquel que solo tomo sus sentimientos y los destrozo.
Otro temblor le recorrió el cuerpo haciendo que se doblegara, ahogo un grito, sentía el cuerpo ardiendo, como si algo dentro de él se desgarrara, levanto las mantas atemorizado, un quejido le robo el aliento, sangre, sangre que se escurría entre sus piernas.
-¡No, NO! ¡Ayuda, Ran, Ren!-suplico entre gritos, los menores estaban más cerca de su habitación, intento levantarse fallándole las piernas en el primer momento, dándose contra el suelo, sentía cada fibra de su cuerpo cobrando vida, no, no, esto debía ser un error, escucho los pasos apresurados por el pasillo después de su grito-¡MENTÍ, MENTÍ cuando dije que no debías nacer, mentí, p…por favor no me dejes…!-otro grito hizo eco contra las paredes, la puerta se abrió de manera violenta, Ren había tumbado la puerta de un solo golpe debido a que estaba cerrada.
