Ninguno de los personajes de la Guardia del León me pertenecen.
6
Corre y muere
Ayuda.
Su mente daba vueltas y no comprendía nada. Los gritos eran cada vez más fuertes y ensordecedores.
Quería escapar de ese lugar, quería volver a casa. Sólo que, muy en el fondo, sabía muy bien que eso no pasaría.
Quiero volver.
No sabía que pasaba a su alrededor, ni la razón de los gritos y sollozos que llegaban hasta él. En esos momentos sólo podía concentrarse en la silueta dibujada frente a él, grande, intimidante; siendo difuminada por el polvo y la sangre, esparcida por su cuerpo, tapando uno de sus ojos.
No, por favor.
La figura enseguida comenzó a caminar en su dirección, a paso lento y decidido. Mientras, él observaba, impotente, como su destino se acercaba, para terminar con su vida de una vez por todas. ¿De verdad iba a morir de esa manera? ¿Acabado, cubierto de sangre, en un lugar que no conocía? ¿Todo terminaría así?
Déjame ir.
Su mente daba vueltas, con todos sus pensamientos en aquel animal, que reía ante su desdicha y dolor. Y esa era una risa aguda y burlona. Ese tipo deseaba el peor sufrimiento a su adversario. Pero él quería que todo acabará rápido, quería que el dolor se fuera.
Aléjate de mí.
El sujeto se acercaba más y él seguía ahí, tirado, vencido y cansado. A cada segundo, se llenaba de más miedos y dudas, convenciéndolo de que ese era su final. Y quizá, muy en el fondo, eso era lo que quería.
Él miró a su alrededor, tratando de buscar una forma de escapar de la figura, sólo que su vista estaba nublada, y con esa tormenta de polvo, era imposible ver. Aun así, en un intento desesperado, comenzó a correr en dirección opuesta del sujeto, sin pensarlo mucho. Sus piernas tabaleaban, nervioso y temeroso, escuchando la risa del sujeto, cada vez más cercana. ¿Cómo es que había llegado a este punto? ¿Por qué temía tanto lo que ese tipo pudiera hacerle?
Las preguntas asaltaban su mente. Su respiración se aceleraba, a la par de sus patas, poco a poco cansándole de la persecución. De alguna manera, se sentía poco acostumbrado a correr con tanto nerviosismo y miedo. Eso le causaría más problemas si no se detenía. Claro que, ante el miedo, tenía el juicio cegado, sin darle descanso a su cuerpo. Lo único que escuchaba era la risa, esa infernal risa, cada vez más cerca. Y los gritos se sumaban, más fuertes, más agonizantes.
Y fue cuando, en un momento que volteó, pudo notar como el suelo que pisaba se movía estrepitosamente. Entonces fue tarde para detener su velocidad, pues la tierra se vino abajo, formando grietas y haciendo que el cayera de la misma manera. Dejando escapar un grito agudo, tuvo tiempo de agarrarse del borde, sacando sus garras y aferrándose con toda su fuerza. Una gran nube de tierra se creó cuando el suelo se desmorono, cayéndole sobre los ojos, haciendo que se quejara. Después de parpadear varias veces, bajo la mirada.
Un gran barranco se abría debajo de él.
Ante lo que veía, dejó escapar otro grito, imaginando lo que pudo haber pasado si no se hubiera sostenido del borde donde todavía había tierra. Su pecho ya no podía contener su acelerado corazón, y creía que iba a morir con tantas emociones acumuladas. Pudo haber caído a más de 8 metros de altura, matándolo instantáneamente. Llegados a ese punto, creía que eso no podía simplemente ser suerte.
Poco a poco, se fue calmando, tratando de recuperar fuerzas para volver a subir a la tierra firme y alejarse lo más lejos de ahí. En este pobre intento, trato de elevarse, usando la fuerza de sus patas y garras, sólo que estaba tan cansado de correr que le estaba siendo imposible. Hizo varios intentos, todos fallando, haciendo que más tierra se desprendiera del borde donde se sostenía. Debía apurarse o terminaría cayendo. Con este pensamiento, puso todo su esfuerzo en subir ese peligroso barranco y escapar.
Desgraciadamente, mientras hacía esto, olvido la razón principal por la que cayó ahí: estaba siendo perseguido. En pocos instantes, él pudo escuchar pisadas aceleradas yendo en su dirección. Enseguida que pertenecían a su perseguidor, el sujeto que lo atormentaba. No lo dejaría en paz hasta verlo derrotado, o muerto en este caso. Porque si bien él no conocía la identidad de su adversario, sí que podía deducir sus terribles intenciones en su contra.
Y mientras, a través del polvo, la figura del sujeto se hacía más clara, al igual que su risa inconfundible, llenando el aire. Sabía muy bien lo que haría si se acercaba a él. Estando colgado del barranco era simplemente una oportunidad demasiado buena para desperdiciarlo. Sólo que él no estaba dispuesto a morir cayendo, humillado y lleno de miedos y dudas. Iba a utilizar toda su fuerza en sus patas, usando sus garras como soporte para salir de ahí y por lo menos tratar de enfrentar a ese sujeto, o escapar de ser necesario.
Así, escuchando más cerca a su adversario, puso todo su empeño en salir de ese barranco. Sólo que su mente estaba envuelta en una niebla espesa, confundiendo sus sentidos primarios, haciéndole creer que su perseguidor estaba más lejos, aunque en realidad estaba corriendo directamente a él, para clavar sus garras en sus temblorosas patas, en su fallido intento de subir.
Soltó otro grito horrible al sentir ese dolor agudo recorrer su cuerpo, haciendo su cabeza dar vueltas y sentirse morir. Apretó los ojos fuertemente, reteniendo las lágrimas y evaporando la intención de quejarse nuevamente. Los gritos, por su parte, después de esto, parecían haber aumentado de intensidad, sumándose cada vez más voces que estaban hablándole directamente al oído. ¿Sería su mente jugándole una mala broma otra vez? ¿Una clase de alucinación tal vez?
Ayuda.
Llegados a ese punto, a él no le importaba. Únicamente se concentraba en el dolor y desesperación que llenaban su cuerpo. Fue entonces que abrió los ojos, para mirar hacia arriba y conocer quien era el animal que acabaría con su vida. Pero al observar, el polvo continuaba cubriendo su rostro, sólo mostrando sus patas delanteras, las cuales estaba clavando en sus patas.
Déjame ir.
¿Por qué hacía esto? ¿Por qué torturarlo? Su risa se hacía más fuerte, causando que el dolor y enojo comenzaran a verdaderamente surgir en su interior.
No quiero morir, no quiero morir.
Fue ahí, cuando una ventisca de viento, sumado a los gritos, hizo de la situación la más terrible para él. No sabía que pasaba a su alrededor, ya que todo estaba sumido en la oscuridad gracias a la tierra. Lo unico que podía percibir era el barranco y su enemigo, riendo más fuerte tras ver la expresión en su rostro.
Aléjate.
A cada segundo, la presión de las garras en sus patas se hacía más fuertes, haciendo que sangrara profundamente pero aun así se rehusaba a soltarse del borde, aferrándose a su vida lo más fuerte que pudiera. Aunque también podía ver que la paciencia de su enemigo disminuía al ver que su tortura no daba resultados. Nuevamente, trató de subir apoyando sus patas traseras en borde para impulsarse, sólo que ya no tenía la energía necesaria para hacer esta pirueta. Era demasiado y la pérdida de sangre no ayudaba.
Ya no...
La risa del animal entonces se fue reduciendo, aplastada por los gritos provenientes de la distancia. Ya no comprendía nada, lo único que deseaba, era que todo acabará rápido. Sólo deseaba descansar y que el dolor desapareciera. Su cabeza daba vueltas, sabiendo que estaba a punto de caer, confirmado por el agarre de su adversario, el cual disminuía a cada segundo, haciendo que se resbalará más. Ya no podía sostenerse más.
Acaba con esto.
Y fue entonces, en todo ese caos, el animal se inclinó ligeramente, mirando directamente a los ojos al caído. Y él al ver a su asesino, gritó en puro terror y agonía, abriendo los ojos como platos, mostrando la mueca de asco más gráfica que pudo. No podía creerlo, no podía ser. Esto fue la última gota, dejándolo a él en un estado de puro terror, enloquecido y sin saber nada.
Utilizando esto a su favor, el otro animal se elevó y rio una última vez, antes de tomar las patas de su enemigo y aventarlo al barranco.
Para él, todo paso muy lento. Los gritos se callaron, al igual que las voces. El animal que ceñó su destino paso a un segundo plano sin importancia, pues a su alrededor todo se oscurecía. Sentía como su respiración y corazón se detenían, mirando arriba, donde ya no había nadie.
Entonces lo escuchó.
De entre las sombras, una voz fue audible por todos partes haciendo eco en su cabeza. Estaba gritando su nombre. Ella estaba gritando su nombre.
―¡Kion!
Corría y corría, sin oportunidad de descanso.
La situación en la que estaban envueltos era más que terrible, con las hienas rodeando el barranco y los refuerzos retrasados, la misión peligraba. La Guardia del León sabía que no podía equivocarse y es por ello que Kion, Fuli, Bunga, Jasiri, Beshte y Ono debían apurarse a retener a las hienas lo más que pudieran. Al menos ese era su plan, hasta que los refuerzos de los otros reinos llegaran.
Iban corriendo en dirección al barranco y al ejército de las hienas, que ya iban a medio camino. Después de ver desde su escondite a la lejanía cual era el plan de sus enemigos, todos se pusieron en marcha sin pensarlo dos veces, mandando a Zazu a avisar al rey de la situación. Tal fue la adrenalina del momento y el deseo del líder de la Guardia por impedir el caos, que corría incluso más rápido que Fuli en esos momentos, cosa que dejo sorprendidos a los demás. Enseguida lo habían seguido lo más cerca que podían pero su velocidad por momentos aumentaba y cansaba a los demás.
Pero él no se detenía.
No puedo permitirlo, no puedo permitirlo.
Esa vocecita sin duda lo estaba presionando al extremo y el león sabía muy bien que no lo dejaría en paz hasta que todo acabará.
―¡Kion, Kion! ―él escuchó la voz aguda de Ono cruzar el cielo, volteando al instante― ¡Debemos separarnos para cubrir más terreno y detener a las hienas!
El león se dio la vuelta, pensando, sin parar de correr. Los demás lo miraron de cerca, imaginando por lo que su cabeza cruzaba. En segundos, él se volteó de nuevo a la garza y con mirada dura, asintió.
―¡Ono tiene razón! ―gritó con todas sus fuerzas― ¡Debemos separarnos en equipos! ¡Ono, Beshte, Fuli, vayan a la izquierda y separen a cuantas hienas puedan! ¡Bunga, Jasiri, van conmigo, nosotros desde la derecha y frente! ¿¡Todos entendieron!?
Kion volteó a los demás, quienes asintieron con firmeza. Enseguida Fuli fue hasta donde estaba Beshte y Ono; Jasiri haciendo lo mismo con Kion. Los equipos se dividieron poco a poco y en menos de los que pensaban, se alejaron el uno del otro, a una velocidad de miedo. Sumado a esto, el polvo con la tierra comenzaba a formarse a su alrededor, causando que su vista disminuyera por parte del equipo de Kion, mientras que con Fuli, ella sabía que al estar del lado derecho tendrían más terreno que cubrir, pero de la misma manera, más lugar donde atraer a las hienas y derrotarlas.
Los que más peligro enfrentaban era el equipo de Kion, quienes estaban más cerca del barranco y no tendrían tanto lugar para maniobrar. Aunque eso no le impediría a Kion hacer su mejor esfuerzo, incluso si en el intento se le iba la vida. Este era un un muy oscuro pensamiento pero no tenía tiempo para preocuparse por ello.
Kion, Bunga y Jasiri estaban a pocos minutos de chocar con el ejército de las hienas. Por supuesto, cuando menos se lo esperaban, una parte sustancial de ese ejército terminó por separarse de los demás, yendo hacia la izquierda, en dirección del bosque. El equipo de Fuli había logrado que se fijaran en ellos y lo siguieran. Ahora Kion sólo tenía que encargarse de los demás... que no eran pocos y estaban aumentado la velocidad. Pero, para suerte de todos, el león ya tenía trazado un plan de como detenerlos y separarlos.
―¡Bunga, Jasiri! ―gritó él, ambos volteándolo a ver― ¡Quiero que escuchen y escuchen bien! ¿¡Ven la pila de rocas que hay allá?
A lo lejos, cerca de una formación de árboles, en una parte cercana al borde del barranco, una pila de grandes rocas estaban apiladas unas contra otras de manera peligrosa. Ambos asintieron ante la mirada de Kion.
―¡Bien, yo me adelantaré y rodearé a los demás por la izquierda!
―¡Y nosotros tiraremos las rocas para que tape el otro lado!
Kion sonrió como nunca lo había hecho tras escuchar las palabras de Bunga.
―¡Exacto! ¡Y así podré utilizar el rugido... si es necesario! ―dudó, con extrañas imágenes llegando a su cabeza― ¡De esa manera podré acorralarlos!
Jasiri asintió tras escuchar las palabras de su amigo. Bunga sonrió.
―¡Ahora, pongamos en marcha esto antes de que vuelva Fuli y los demás con la otra parte del ejercito! ―grito, tomando impulso, alejándose lentamente― ¡Cuídense y vean donde tiran las rocas!
Así, Kion se fue en dirección contraria, rápido y sin decir nada más. Bunga miró a Jasiri, viendo que tenía una mirada preocupada tras ver al león irse. Enseguida, volteó a ver al tejón mielero.
―¿Lista? ―gritó él, preparado para correr como nunca lo había hecho.
Ella sonrió.
―¡Nunca he estado más lista!
Y así, sin pensar nada más, ambos comenzaron a correr en dirección de los pequeños árboles y las rocas, dispuestos a ayudar a su mejor amigo y terminar con este problema de una vez por todas.
―¡Fuli, detrás de ti!
La grave voz de Beshte llegó a los oídos de la chita justo a tiempo para que se volteara y aventara a la derecha, esquivando las garras de la hiena.
―¡Gracias Beshte! ―exclamó, sin tener tiempo de dar un vistazo a su compañero y comprobar si estaba bien, ya que otra hiena trató de derribarla e inmovilizarla.
Así habían estado los últimos minutos tras que desviaran a cierta parte del ejército para que los siguieran dentro del bosque, con el objetivo de llevarlos hasta cierta parte donde los árboles eran más frondosos, para dejar que terminaran cayendo en un socavón creado por los continuos terremotos y sismos de la zona. Este hoyo gigante fue descubierto hace un par de días por la misma Guardia, pensando que quizá podrían poner un poco de tierra encima para que no fuera tan profundo. La chita agradecía que no lo hubieran hecho.
Fuli le había contado de su idea a Beshte y a Ono en su trayecto de dividir el ejercito de las hienas, recibiendo una aceptación por parte de sus compañeros. De esa manera, se propusieron ejecutar su plan de la mejor manera. Pero claro, como podía verlo en ese momento, había ciertas cosas que no salieron también. Sí que lograron llevar a las hienas que los perseguían como locos hasta la parte más frondosa del bosque, donde el socavón estaba al final de esa sección. Para su suerte, Ono los fue guiando desde el cielo, cosa que sus perseguidores no tenían, causándoles que tropezaran entre la oscuridad, así como terminar heridos.
En minutos, salieron del bosque, para terminar en un claro, en el cual, a unos metros estaba el hoyo. Sabiendo que el piso alrededor estaba endeble y no soportaría mucho peso; los tres miembros de la Guardia no se pararon pensar y continuaron en la carrera, hasta llegar a una peligrosa distancia del hoyo, aún con el ejército a centímetros de ellos, con la misma intensidad que antes o quizá mayor.
Y en ese tramo de apenas metros, los dos miembros tuvieron que tomar una velocidad impresionante para derrapar y alejarse del hoyo a tiempo, mientras que la garza alzó en vuelo mucho antes. De esta manera, cuando Fuli se había alejado lo suficiente, pudo observar como las hienas comenzaba a caer, con el piso cayendo bajo sus patas, empujándose unos a otros, en un pobre intento de escapar, sin éxito alguno.
Tras esto, Fuli no pudo si no alegrarse y celebrar con sus compañeros el éxito de su plan, logrando atrapar a esa gran parte del ejército de las hienas en un lugar del que no podrían salir a menos que ellos los dejaran irse. Claro, esto sucedería cuando Kion volviera de acabar con la otra parte de las hienas y ellos tendrían que ir a ayudarlos si era necesario. Curiosamente, lo habían hecho mucho mejor de lo que esperaban, sin los refuerzos que tanto anhelaban hace no mucho.
Por supuesto, en este bullicio, no notaron que no todas las hienas habían terminado cayendo como pensaban previamente. Algunos, más inteligentes que los otros, notaron desde un principio lo que tramaba la Guardia, apartándose del resto y siguiendo el trayecto hasta el claro, ocultos entre los árboles, silenciosos, incluso cuando los gritos de sus compañeros tapaban sus pisadas. Y así es como ahora se encontraba Fuli y Beshte, peleando contra los reminiscentes del ejército de las hienas, que si bien no eran más de siete, daban batalla de una forma bastante agresiva contra los dos, tratando de morder, arañar y simplemente dañar.
Ono los guiaba un poco desde el cielo, cuidándoles la espalda por cualquier ataque sorpresa.
―¡Twende Kiboko!
Beshte, con la fuerza que bien lo caracterizaba, terminó por tomar taclear una hiena hasta aventarla al hoyo, cuidando no tocar la parte débil del suelo. Tras escuchar como la hiena caía junto a sus compañeros, estuvo seguro que podía regresar a la batalla, junto con Fuli y quizá acabar con esto.
Mientras tanto, Fuli seguía concentrada con esa hiena con varias cicatrices en el cuerpo, así como una gran marca de zarpazo en la cara, que no la dejaba, empujándola cada vez más en dirección del socavón. Sin duda, su plan era ese, con tal de quitar un obstáculo menos y poder encargarse de Beshte después, sólo que las otras dos hienas restantes ya habían interceptado al hipopótamo y se encontraba pelando, teniéndolo a él esquivando las mandíbulas de las terribles hienas.
En esta batalla, la chita ya estaba al borde del cansancio pues su enemigo no daba signos de parar o sentirse atemorizado. Aparte, al estar tan cerca del hoyo, debía tener cuidado de donde pisaba si no caería, incluso si no era tan pesada como su amigo, seguía siendo un riesgo inminente e impredecible. El problema era que estaba prestando mucha atención a esto que descuidaba la pelea en la que estaba envuelta, la cual era más difícil de controlar con una hiena tan fuerte como la que tenía de enemigo.
Entonces, saliendo de sus pensamientos, de nuevo saltó atrás para esquivar una nueva mordida y soltar un zarpazo directo a la mejilla, causando la distracción de la hiena, quien no sabía que paso.
―¡Fuli, a un lado!
Antes de que pudiera decir nada, Beshte llegó corriendo a toda velocidad, junto con las otras dos hienas que previamente daban guerra, sujetas en su hocico. Esto era como una tecleada, dándole poder para que también tomara a la otra y terminara por aventar a todas las hienas dentro del hoyo, mientras ellas soltaban un grito de terror tras enfrentar a la Guardia.
―¡Gracias, Beshte, no sé qué haría sin ti!
El hipopótamo estaba tan cansado por eso que solamente asintió al cumplido de su amiga, respirando rápido y fuertemente. De verdad, esas hienas eran diferentes a todo lo que había visto antes; estás por lo menos daban más pelea y parecían tener en cuenta los puntos débiles que tenía, este siendo que al ser tan grande, su agilidad era menor. Incluso durante su batalla, Beshte pudo observar como usaban esto a su favor.
Fuli, por su parte, también notaba las hienas que si habían logrado llevarlas hasta el socavón, pero no sin antes ser perseguidos sin descanso, dando paso a varias heridas, así como problemas al tratar de llevarlos al bosque.
Quizá esta parte del ejército no es la más inteligente o audaz, pero no se rinden sin dar pelea. No me imagino como será pelear con los otros...
Tampoco se imaginaba por lo que Kion estaría pasando... Y algo en su cabeza conectó, recordando a su mejor amigo.
―¡Kion! ―gritó Fuli, dándose la vuelta, encarando a los demás― ¡Chicos, debemos ir con Kion, él sigue peleando con los demás!
―¡Hapana! ¡Es cierto, él sigue con las otras partes del ejército y a menos que use el rugido, no podrá con todo! ¡Debemos volver!
Con estas palabras, Ono ya comenzaba a tomar el vuelo, siendo detenido por la voz de su mejor amigo.
―¡Espera, Ono, tú no! ―exclamó Beshte tras pensarlo bien― ¡Tú ve por los refuerzos! ¡Dile al rey que los necesitamos YA, que si no, tendremos muchos problemas y por favor, vuelve rápido!
La garza, al ver el gesto decidió del hipopótamo, simplemente se llenó de determinación, sin pensarlo más, decidió acceder a esta propuesta.
―¡Está bien! ¡Ustedes cuídense, yo volveré con la caballería!
Tras decir esto, la garza salió volando a una velocidad vertiginosa, perdiéndose en el azul del cielo. Con una sonrisa, Beshte volteó a ver a la chita, que tenía un ceño fruncido y no parecía nada convencida.
―¿Estás seguro de esto, Beshte? Quizá necesitemos a Ono más adelante; después de todo, sigue siendo el que nos ayude con las tormentas de polvo que son tan frecuentes en estas batallas...
―Tranquila, Fuli, estoy seguro que no faltará e incluso traerá los refuerzos que nos prometió ―explicó él, mirando al cielo, tras escuchar cierto sonido muy a la distancia―. Y quizá sea mejor que nos apuremos... no queremos que Kion cargue con todo...
Beshte bajo la mirada y comenzó a avanzar, sin dar tiempo a Fuli de seguir replicando.
―¡En eso sí tienes razón!
Corriendo, la chita alcanzó a su amigo y una vez hecho, ambos tomaron impulso y salieron directo en la ayuda de su líder. Pero ella volteó la mirada arriba, observando, con horror, como se comenzaba formando una acumulación anormal de nubes a la lejanía. Justo como con el rugido. Justo como antes. Esto es lo que más asusto a Fuli, que temía lo peor estuviera por pasar de nuevo. Quizá algo malo ya había pasado... no lo sabía y eso era lo que más la incomodaba...
Kion, no quiero perderte, no otra vez... Sólo aguanta un poco más, ya voy contigo.
Matuca, la hiena, vio a través de los arbustos como los tres miembros de la Guardia del León se alejaban corriendo, decididos a ayudar a su líder, el león con el rugido ese. Al parecer su plan de quedarse escondido por más tiempo si que sirvió. Pobre tontos la otras hienas a quienes pidió ayuda y decidieron ir a pelear en vez de ser más cautelosos. De esa parte del ejército, él era el único que seguía de pie, sin rasguño alguno.
Estúpidos.
Y ese, en sí, era un insulto a todos. Para la Guardia, por confiar que las hienas no venían más preparadas; y a su propia especie, por ser tan extraordinariamente crédula, al creerse tan cosa como que atraparían a la chita y sus amigos, si los perseguían dentro del bosque, en la parte más frondosa, a sabiendas que ellos no conocían las Praderas, por lo cual podían tenderles una trampa. Justo como en la que estaba ahora la parte del ejercito de las Lejanías del Oeste.
De verdad, ¿quién hace eso?
A veces, Matuca se avergonzaba de ser una hiena, teniendo que enfrentar tal estupidez por parte de sus compañeros todos los benditos días.
Pero es como es, ¿qué se le va a hacer?
Por ahora, se debía concentrar en sacar a los demás y reagruparse con las otras partes del ejército, volviendo como nunca antes. Al menos él si tenía un plan, lo cual le ayudaría a dirigir esa parte del ejército, ya que su líder de escuadra se quedó con los otros en el barranco, ignorando completamente que no estaban ahí. Gran líder, sin duda.
Con esto, Matuca extendió el cuello por sobre los arbustos para ver si había alguien, encontrándose que toda la zona estaba desierta, inundada por los gritos de desesperación y enojo de las hienas dentro del hoyo a tan sólo unos metros de él. Saliendo de su escondite en la oscuridad, arrastrándose como precaución extra; silenciosamente a travesó una formación densa de arbustos y plantas, antes de salir al claro, para ver como el socavón era incluso más profundo de lo que pensaba.
Levantándose, comenzó dando pasos leves, sin apoyar su total peso en su patas, sabiendo que el piso era endeble tras ver a los demás caer de esa manera. Tras ir de puntillas por un rato, supo que sólo se pondría peor mientras más se acercara, por lo que decidió asomarse, lo más lejos del borde posible. La imagen que lo recibió fue la de todos sus compañeros, amontonados unos contra otros en el confinado espacio que no soportaba tantos animales en su interior. Si era sincero, la imagen tan patética que tenía frente le era bastante graciosa. Una pequeña risita incluso escapó sus labios, sin poder ser detenida por la hiena. Entonces, sacudió la cabeza, recobrando la compostura. Ahora, según pensaba tenía que encontrar un punto débil del suelo, en donde hubiera más suelo debajo y poder crear una especie rampa por la que todos pudieran subir.
―¡Oigan, todos...! ¿Ese no es... Matuca? ―una voz exclamó dentro del hoyo, un tanto distorsionada por el eco que había allá abajo. Enseguida, la hiena, tras escuchar su nombre, bajo la cabeza y se encontró con la mirada de sus compañeros, clavadas en él. Esto causo cierta sorpresa en Matuca, que prefería no ser notado de esa manera. Seguido de esto, varios vitoreos y llamados llegaron a sus oídos, exclamando ayuda.
―¡Oye, es cierto! ¡Matuca, bendito bastardo! ¿¡Cómo carajos saliste de aquí!? ―exclamó una hiena adulta, riendo al ver esto.
―¡Ese es el punto, nunca caí en el socavón, idiotas! ¡Preferí esperar un poco, a ver cual era el plan de la Guardia y miren como salió eso!
De nuevo, gritos y palabras eran más que incomprensibles, pero aun así, Matuca creía tener una idea de lo que querían.
―¡Pero no teman, compañeros! ―gritó él, con tono burlón y orgulloso― ¡Yo los sacaré, pero para ello, deberán seguir mis pasos!
Todos se voltearon a ver uno al otro. Todos gritaron un muy ruidoso "Está bien", a coro.
―¡Bien! ―exclamó Matuca, con cierta risita detrás de sus palabras― ¡Ahora, necesito que me digan si ven alguna parte donde haya piso todavía y no tenga tanta tierra debajo!
Un silencio inundó el ambiente, seguido de un murmullo bullicioso, todos preguntadose para que querría saber algo como eso. Claro, todos tenían la mirada aguda, viendo a todos.
―¡Eh, aquí hay algo! ―la voz dura pertenecía a una hiena en el extremo opuesto del hoyo― ¡Esta parte está cayéndose, pero todavía hay un poco de tierra!
Justo lo que necesitaba.
Riendo, Matuca miró a donde estaba el sujeto y se alejó lo más que pudo del borde, de esa manera rodear el socavón, quedando del otro lado sin problema. Acercándose más, la hiena estaba en donde se le fue indicado, mirando el suelo con precaución, pensando cual sería el mejor lugar para crear la rampa. Tras unos segundos, rodeando el mismo punto cerca del borde, puso su pata y lo señalizo, para lo que luego se alejó. Tomando impulso, corrió y terminó saltando hasta el punto, por lo cual el suelo crujió estrepitosamente, aunque sin consecuencias visibles. De nuevo, saltó en el punto, solo que estaba causando un ligero temblor bajo de él, por lo que enseguida salió corriendo.
Escuchó, en su carrera, como el suelo bajo de él caía, parando tras unos segundos. El silencio lleno el lugar. Matuca estaba dando la espalda al hoyo, sin saber si había funcionado su estrategia. Volteándose para encarar las consecuencias, noto que el polvo y tierra habían creado una cortina por la cual no se podía ver nada, con lo cual se tenía que acercar para ver el resultado. Dando pasos inseguros, se acercó y vio que la cortina de polvo se desvanecía, dando lugar a un hoyo, con un lado caído por el cual una rampa estaba construida a partir de la tierra debajo.
―¡Joder, que sí funciono! ―exclamó, riendo burlonamente― ¡Todos, miren, ya pueden salir!
Las hienas dentro del hoyo también tenían los ojos cerrados, tratando de no ver en esa dirección gracias a la tierra que les cayó encima. Al escuchar estas palabras, todos voltearon, escépticos ante la declaración de Matuca. Cuando vieron la rampa llegar a lo más profundo del hoyo, todos vitorearon y comenzaron a subir, a salir, respirando profundamente. En minutos, todas las hienas habían salido, celebrando que alguien por lo menos tenía algo de cerebro en la fila de las hienas. Después, todos se dispersaron en el claro, encontrando un pequeño estanque en el donde beber.
Las hienas, comenzaron a reunirse de nuevo en segundos alrededor del socavón, en donde se encontraba Matuca, pensando en lo que pasaría a continuación. Luego, tras notar las miradas de sus compañeros sobre él, ansiosos por más peligro, se levantó de donde se había sentado y subió a una roca grande, en donde pudo mirar a la legión de hienas.
―Entonces, Matuca... ¿ahora qué? ―gritó una hiena, mirando a su nuevo líder, que sin duda prometía tener un plan para acabar con la Guardia.
Y comenzó a reir tras las palabras que escuchó. No tenían ni idea lo que estaba por traer su increíble mente. Reía y reía, sabiendo que lo mejor estaba por venir en el inminente futuro. Su plan estaba en marcha.
Ha comenzado.
N/A: SANTA MADRE DE TODO LO SAGRADO Y HERMOSO EN ESTE MUNDO (lo hermoso es Fuli x Kion). USTEDES NO TIENEN IDEA DE LO DIFÍCIL QUE FUE CREAR ESTE CAPÍTULO, SOBRE TODO POR LO QUE HA PASADO CON MI JODIDA COMPUTADORA. Bueno, bueno, ya me calmó, pero de verdad, esto fue más complicado de lo que esperaba; siendo el hecho de que he tenido problemas con mi laptob desde hace ya bastante; involucrando el teclado y la memoria interna, componentes los cuales simplemente ya no sirven en esa vieja (muy pero que muy vieja) laptob.
Ahora, después de el fallo casi total del sistema, tuve la posibilidad de encontrar otra computadora... que era incluso más antigua que la que antes tenía. Lo bueno es que en esta si sirve el teclado y es justamente en la que estoy escribiendo estas mismas palabras. Aunque, como sabrán, yo edito y subo videos a Youtube (sí, ya se, ya se), y en está computadora en la que estoy no soporta el Sony Vegas, ni mucho menos Adobe Premiere, por lo cual tendré pronto que encontrar otra laptob...
En resumen, Cyonix ha estado perdido en la oscuridad, en busca de una computadora que sirva y soporté tanta mierda que le mete a su computadora (nunca revisen mi historial de Google, por favor). Así que disculpen por si este capítulo está atrasado y la poca actualización que ha tenido esta historia. También me disculpo, porque lo más probable es que el siguiente cap tardará más en llegar... sí...
Mientras tanto, vagaré por los infinitos cielos, por un solo vistazo de la luz de tu estrella... (lo siento, he escuchado demasiado Starset). Pero como decía, tendré que pedir que me den limosna en la calle para poder comprar una nueva compu, o al menos algo que si funcione. #PrayforCyonix
Como sea, dejen review, lo que les gusto, lo que no, etc.
Yo soy Cyonix y ya no puedo escribir por que a esta madre le está saliendo humo... (Joder, no otra vez).
