Capítulo 6
Quinn
Me reí de su comentario. —¿Cómo puedo ayudar con eso?
—Bien, un comienzo seria… —Los dedos de Rachel volaron sobre los botones de mi camisa—. Mantenerse a la par.
Me tomó un gran esfuerzo no alcanzar mi camisa y rasgarla. Pero podía ver que ella quería hacerlo. Ella quería sentirse en control. Empujó la camisa para fuera. Sus manos viajaron sobre mi pechos y brazos, como si tocase mis curvas con la punta de los dedos. Me quite la camisa, incapaz de esperar por ella más tiempo. Podía sentir su excitación y quería desesperadamente hundirme en su suavidad.
Me miró y agarré el eco de una pregunta en su mente.
¿Por qué diablos me escogió?
—Porque eres perfecta —susurré—. Y no quise a nadie en la tierra tanto como te quiero a ti.
Se sonrojó, pero podía sentir su placer por mis palabras. Ella colocó un beso en mi mejilla mientras sus dedos se peleaban con mi correa. Cuando no coopero, cayó de rodillas, determinada a hacer esa parte. Con un grito, lo lanzó a un lado. Sus ojos se desviaron para el contorno de mi pene luchando contra mis pantalones. Sólo su mirada lo hizo peor.
Cuando bajó la bragueta y empujó el cierre para abajo, sus dedos tocaron todo el camino deliberadamente. Casi me trague la lengua.
Mi erección saltó libre y Rachel la estudió con una mezcla de inseguridad y expectación.
Un rayo de duda y miedo atravesó su rostro.
—Para de pensar mal de ti misma. Puedo verlo en tu rostro y en tu mente. No me vas a decepcionar —le dije.
Ella se sentó en el suelo.
—Vamos a ser honestos por un momento. ¿Tienes que, unos millones de años de edad? Yo tengo treinta y dormí con una persona años atrás.
Gruñí y la levante hasta que nuestros cuerpos estaban presionados juntos. Todo vibraba. Incluyendo mi ataque de celos por su antiguo novio. —Primero de todo, estoy tratando muy duro no pensar en rasgarle la garganta a la otra persona, por tu bien. Segundo, tengo cuatrocientos. Y estuve esperando una vida por ti.
Mordisque su hombro, calmando las marcas con mi lengua. Ella se estremeció, tratando de agarrar el hilo de la conversación y perdiéndolo. No quiero que piense. Necesita sentir. Parar de analizar las cosas.
Mis manos bajan por su cuerpo, acariciándola tan hondo que podría arrastrar un dedo por su vagina. Su cuerpo tiembla de placer y gime.
Con un movimiento, la agarro y la coloco en la cama. Me mira, su respiración sin aliento y su mente girando con mil ideas. Todas ellas parecen buenas para mí.
Acostada a su lado, acaricio su piel suave, pasando los dedos sobre sus senos, su barriga y para abajo entre sus piernas. Ella se mueve inquieta y coloco una mano en su vagina.
—Lo que te falta en líneas suaves, lo compensas con práctica. —Ella susurro con la voz entrecortada.
Río, moviendo mi mano y acariciando el interior de su muslo.
—Voy a tomar eso como un elogio.
Tome un pezón en mi boca, raspando mis dientes a su alrededor, mientras mi dedo se movía en su núcleo liso. Ella se movía, gimiendo bajito y dándome mejor acceso.
Mis dientes explotaron por mis encías y me aleje, sin aliento. Su perfume en mis manos y en el aire era como una droga. Empujándome más al borde de alguna cosa. Ella era mi compañera. Las ganas de morder su carne suave y sentir el gusto de su sangre corrían por mí. Eso nos uniría, de forma irrevocable. Ella sería como yo y quería eso. Lo quería más de lo que podría soportar.
Sentí su estremecimiento y ella hizo un pequeño ruido.
—Ignora ese pensamiento.
—No estoy segura si lo entendí todo. Pero fue un poco… Intenso. —Su mano froto su hombro, preocupación mezclada con deseo y confusión en su mirada—. ¿Estás bien?
—Voy a estarlo. Solo necesito un momento.
Debo haber mostrado un poco de un colmillo, porque ella inclino la cabeza y jalo mi hombro con más fuerza. —¿Es sobre la sangre?
—Es sobre mucho más que eso —susurré.
Pasó por mi mente, su toque como la seda suave y me encogí. Ni siquiera tuve la decencia de esconder la verdad de ella.
—Quinn, yo…
Balance la cabeza, mirándola. —Está todo bien. No necesitas decir nada. Estoy bien. Apenas eres más de lo que estaba preparado. —Aplasté mi desespero, empujando la necesidad de reclamarla. Esta noche era para agradarnos el uno al otro. Mañana cuidaría de sí mismo.
Una sonrisa malvada apareció en su rostro y ella miró mi erección. —No sé nada sobre eso.
Sonreí y la empuje de regreso a la cama. —Provocadora.
