Hola a todos chicos y chicas de fanfiction. Primero me disculpo por no haber escrito nada agradeciendo los reviews (si les soy sincera no tenía idea como usar fanfiction pero una amiga que sabe de esto me dijo que para dejarles un mensaje tengo que agregarlo dentro del texto de la historia jajaja).

Como algunas personas sabrán yo estoy subiendo esta historia en paralelo en otra página con la que estoy más familiarizada, eso no quiere decir que deje botada la historia aquí (por ningún motivo, no se asusten jajá).

Solo les quería agradecer mucho sus comentarios, realmente me animan mucho y respondiendo la duda de algunos tal vez sufran, tal vez no jajaja.

Tengan bonita semana y les aprovecho de avisar que las actualizaciones son los sábados, entre las 7 y las 8 de la noche hora de chile. (Si llego a no actualizar es porque la universidad me abdujo pero a más tardar tendrán su cap los domingos en la mañana).

Ahora sí, gracias por su atención y les dejo nuestro nuevo cap llamado "biblioteca" .


Solo quedaba un mes para el tan famoso campeonato y la nieve no se había hecho esperar sobre la tierra de Arendelle, la risa de los niños contrastaba con el humo de las chimeneas y la poca gente que se podía ver en las calles debido al frío invernal. Un par de ojos azules fríos y en un tiempo pasado inexpresivo ahora miraban divertidos como una pequeña batalla de nieve se libraba en el patio del castillo.

Se llevo una de sus pálidas manos a su boca ocultando una risa, aun cuando su apariencia exterior había cambiado, la gobernante de Arendelle aun tenia esas pequeñas muletillas que según su querida hermana menor la hacían ver "demasiado hermosa".

Sus mejillas tomaron un cálido color rojo haciéndola sonreír un poco más, respiro hondo pasando una mano por su cabellera plateada. Aun cuando había decidido reprimir todos aquellos pecaminosos sentimientos no pudo retenerlos durante mucho tiempo antes de que empezara a tener problemas para controlar sus poderes. Pasillos congelados, pisos resbaladizos y nieve por las esquinas del castillo la delataron frente a esa melena pelirroja que ahora jugaba en el patio junto con sus amigos.

Sonrió al recordar el confuso y totalmente inesperado incidente que le había permitido relajarse.

Hace dos semanas atrás

-Mi respuesta final es no, entiende Anna, este es un gran evento con caballeros profesionales que han peleado por años e incluso han matado a sus contrincantes durante otros torneos parecidos a este, será una masacre y el que hayan invitado a nuestro reino es solo una escusa para herirte no solo a ti sino a Arendelle completa – sin perder correcta postura y su mirada fija en esos ojos azules que cada vez la enloquecían más la rubia platinada había dicho su veredicto final luego de meses y meses de ruego por parte de su hermana menor para dejarle participar en aquel torneo.

-Pero he entrenado duro, ya logre derrotar a Kristoff muchas veces e incluso el dice que mi técnica a mejorado de una forma impresionante y que podría ganarle a cualquier caballero de esos pomposos reinos – ahí estaba de nuevo rogando por la oportunidad de demostrar su valentía, "¿Cómo se supone que te defenderé Elsa sino dejas que te lo demuestre?", ese pensamiento siempre en el aire de sus discusiones debido a la nula respuesta por parte de la mayor. En el fondo sabia que Elsa no quería responder esa pregunta porque la respuesta era muy simple, dejarla ir y enfrentar todos esos peligros –enserio dejarás que pierda esta oportunidad – su voz había pasado de la suplica a la tristeza y frustración, su hermana le ocultaba algo, en su interior lo sabia pero no había querido sincerarse.

-Anna… - dejando escapar un suspiro cerro el libro que estaba leyendo y se levanto haciendo el sonido que su Anna denominaba "el sonido de hielo", en efecto, su vestido hecho con pequeñas placas de ese material siempre hacia un sonido extraño al moverse muy rápido o al cambiar de posición, nunca supo como denominarlo hasta que la pecosa dijo ese sobrenombre sin pensar, de forma impulsiva como era ella.

-No esta vez Elsie, siempre haces lo mismo, me llamas por mi nombre, luego suspiras y dices algo con lo cual quedas tranquila porque sabes que lo cumpliré pero esta vez no será el caso – la determinación en esa mirada de fuego hiso dudar a la chica mayor – por favor Elsa, déjame demostrarte – como si quisiera tener más respaldo a su argumento tomo las pálidas y heladas manos de su hermana mayor –déjame protegerte, déjame entrar aquí – levanto una de sus manos y la poso sobre la piel nívea de la frente de su interlocutora.

El sonrojo no se hiso esperar para ambas pero ya casi se habían acostumbrado a esos momentos a solas. En el almuerzo, la cena, compartiendo momentos en la biblioteca o en el despacho, por alguna razón que ellas desconocían terminaban abrazadas por largos periodos de tiempo, temblando ante el toque de la otra, suspirando en el cuello de quien hubiera quedado acurrucada en esa ocasión, sonrojándose hasta mirar hacia direcciones diferentes argumentando razones idiotas para alejarse de esas situaciones que ciertamente sabían no eran de hermanas, pero quien podría culparlas, pasaron años alejadas la una de la otra, el querer sentirse debía de ser normal.

-y déjame entrar…– con su delgado dedo dibujo una línea desde la frente de Elsa pasando por el lado izquierdo de su ojo, acariciando lentamente esas sonrojadas mejillas que hicieron morderse el labio inferior. Un estremecimiento por parte de la mayor casi logra sacarla de su embelesamiento cuando su dedo siguió bajando por su cuello sintiendo la vena del pulso latir rápidamente contra su yema. Pasó su dedo por su clavícula izquierda sintiendo tanto su respiración como la de su compañera comenzaban a acelerarse aumentando el sonrojo en sus mejillas y disminuyendo la distancia entre ellas. Cuando su dedo llego al borde del pecho izquierdo de su hermana mayor la conciencia la ataco como un animal hambriento por explicaciones, miro con miedo a esos ojos que esperaba solo la vieran con repudio o terror, su sorpresa fue mayúscula al encontrar a una Elsa totalmente sonrojada, con sus ojos abiertos pero no de horror o de asco sino más bien con ojos expectantes, como si quisiera que aquel dedo pecaminoso nunca hubiera detenido su trayectoria hasta donde suponía seria su destino final.

Anna quería continuar, demonios, esos sentimientos y emociones que la hacían desviar la mirada a las perfectas caderas que resaltadas por ese vestido de hielo o soñar despierta con esos labios mientras se mordía los suyos acomodando un mechón de pelo atrás de su oreja, tratando de disimular sus sonrojos y suspiros. Elsa, Elsa, Elsa, era lo único que había estado pensando los últimos meses desde el anuncio de él comiendo del torneo. No era estúpida, sabía que los torneos son extremadamente violentos y además no se enfrentaban a un enemigo común, era el enemigo número uno de la corona de Arendelle.

Levanto lentamente su dedo como pidiendo permiso para la acción de viajar un poco más abajo hacia su destino y el final de la frase que había comenzado a decir, la respuesta demoro lo que le pareció una eternidad a la pelirroja, una bella eternidad.

Con un suave movimiento de cabeza reviso que estuviera a una altura adecuada para señalar el lugar al cual quería referirse – aquí. La presión le hiso estremecer a la chica de piel como el hielo, sabia a que se refería a su corazón, el lugar más impenetrable con una barrera de hielo construida durante todos los años de aislamiento, pero sabía que la única que podría derretirla estaba frente a ella mirando con esos ojos de suplica. Esos sentimientos, su corazón acelerado y el sonrojo en sus pálidas mejillas, tener a su pequeña tan cerca no le ayudaba en nada, casi quería tomar para si esos labios con los que seguía soñando todas las noches.

-Anna… - su nombre sonó casi como una súplica por parte de la mayor, ese sonido emitido por esos pálidos pero deseables labios termino por casi perder el poco de cordura que se estremecía en alguna parte de su cerebro, ¿había sido una súplica para alejarse o una para seguir?, ¿Kristoff tendría razón? ¿Acaso Elsa la amaba de la misma forma?, miles de preguntas se agolparon en su mente y por primera vez tomando en consideración la opinión de su amigo tomo la cintura de su Elsa y por un momento que pareció divino los conceptos de lo que es normal o correcto desaparecieron de su cabeza y corazón.

Sintiendo el cálido contacto de las manos de la pecosa solo pudo sentir su piel erizarse y estremecerse, con mucho nerviosismo poso ambas manos en los hombros de su Anna como queriendo que nunca acabe ese momento, apretó suavemente, suplicando un "acércate" que esperaba entendiera, y para su alegría si lo hiso.

El sonido del fuego crepitando detrás no pudo sacarlas de su ensueño, ambas mirándose, ambas casi jadeando por el calor y las emociones que sentían, corazones a mil por hora y mejillas totalmente sonrojadas las delataban ante los ojos de los demás aunque ellas negaran sus sentimientos por miedo al rechazo mutuo.

Sin ninguna palabra Anna comenzó a acercarse, ella de verdad quería sentir esos labios, esos fríos labios junto a los cálidos suyos, entrecerrando los ojos y parándose lentamente de puntillas para alcanzarla, "la diferencia de altura nunca me ha molestado" pensó y siguió avanzando ya sin pensar en ninguna culpa o consecuencia.

Elsa por su parte no podía creer lo que estaba pasando y termino por acomodar sus brazos por detrás de el cuello de la más baja, encontró divertido ver como esta comenzaba a elevarse lentamente para quedar a la altura de sus labios, entrecerró sus ojos esperando sentir esa calidez con la que solo había secretamente fantaseado.

Se abrían besado de no ser por el toque en la puerta de la biblioteca que las despertó de su pequeño sueño, ambas se miraron aun con sus respiraciones agitadas y corazones fuera de control pero no se dijeron nada, solo se separaron mirando hacia otra parte.

Por algún motivo del destino, el leal sirviente de la familia había parado ese mágico momento para poder llamarlas a cenar.

En el tiempo presente

Recordar ese momento le dio una pequeña esperanza, tal vez en el más loco de los casos tuviera alguna oportunidad, decidió sentarse nuevamente en su silla para seguir con sus tareas no sin antes mandar a llamar a Kai, había una carta que debía mandar a Southern Isles con el nombre del Caballero representante de su reino.


-Así que casi la besaste, eso significa que por fin están aceptando sus sentimientos – Kristoff rio divertido al ver a la pelirroja atragantarse con un pedazo de pan.

Después de entrenar y jugar un rato en la nieve decidieron ir a la taberna del pueblo a comer algo. Aunque a Elsa no le gustaba mucho que su hermana anduviera por el pueblo sin protección confiaba en su amigo como en Olaf para dejarla caminar por donde quisiera, al menos sabría que estaba protegida si algo llegaba a suceder.

Luego de des atragantarse con un largo sorbo de agua trato de contestarle tal atrevimiento al grandulón al frente de ella pero una voz a su lado la helo por completo.

-¿a quién casi besaste Anna? – era Olaf, el hombre de nieve que cuando pequeñas habían creado Elsa y ella pero que gracias a la magia de la mayor ahora tenía vida propia –no me digas que ya tienes novia, esto es tan emocionante, siempre supe que jugabas para el equipo contrario-.

Una boquiabierta Anna no supo cómo responder ante ese comentario a lo cual el pequeño hombre de nieve respondió – vamos Anna, no hay que ser experto para darse cuenta que tu miras hacia otros horizontes – un "estoy totalmente de acuerdo" por parte del dependiente de la taberna, seguidos por un "definitivamente" por parte de unas señoras que conversaban animadamente en la mesa junto a la suya y un "siempre lo hemos sabido pero no nos molesta en lo absoluto" de parte de unos pescadores que jugaban animadamente a las cartas hiso sentir una sensación de incomodidad pero a la vez felicidad.

Si aceptaban el hecho de que como decía Olaf "miraba para otros horizontes" tal vez aceptaran el hecho de que la persona a quien ella amaba y deseaba con todo su corazón era… - ¿y bien? Quiero saber quién es – los ojos ilusionados por parte de el muñeco le pedían la verdad - ¿es bonita?, ¿es alta o es baja?, ¿es inteligente?-.

La situación había pasado de ser incomoda pero agradable a solamente incomoda y lanzándole una mirada de auxilio a su amigo mientras este comía tranquilamente se sintió perdida al tener que revelar la identidad de su supuesta "novia", pero el muñeco de nieve le hiso un gesto para que se acercara y pudiera susurrarle al oído.

-no te preocupes Anna, Kristoff ya me conto que estas enamorada de Elsa y me parece perfecto son la una para la otra – sintiéndose de piedra cayó en su asiento mientras ambos reían a carcajadas, todo había sido una conspiración por parte del grandulón, una broma por haberle ganado en el ultimo combate cuerpo a cuerpo del enteramiento de la semana pasada.

-oye no me mires así, te lo he dicho, ustedes son demasiado obvias que no se dan cuenta, incluso Olaf sabia antes que yo le contara – el muñeco asintió a lo cual la pecosa soltó un largo suspiro.

"Para que quieres enemigos cuando se tienen amigos" pensó y siguió comiendo, al menos ahora sabía que tenía el apoyo de las personas que más quería por si algo llegara a pasar, pero las palabras del rubio cada vez se le hacían más razonables.


El papeleo por el día de hoy había acabado pero decidió quedarse en el despacho hasta que su hermana pequeña llegara. Aun sentía que la decisión que tomo no era la correcta y el presentimiento en su pecho se acrecentaba a medida que se alejaba el mensajero con la respuesta al dichoso torneo, pero ya no había marcha atrás, y si esto debía hacerse se haría apropiadamente.

-mmm… ¿Elsa? – Levanto su mirada del libro que estaba leyendo para ver delante de ella a su pequeña pecosa mirándola con ojos interrogantes - ¿querías verme? – asintió ceremoniosamente y cerrando el libro se levanto del asiento.

-creo que ni Kristoff ni yo te podremos enseñar a tocar antes de entrar a una habitación – dijo la monarca en tono gracioso casi como si estuviera reprimiendo a una niña por una travesura – cierra la puerta tengo que contarte una decisión que he tomado-.

Con algo de miedo la pelirroja cerró la puerta tras de sí, y se acerco hacia su hermana quien tenía una mirada de ansiedad, como si lo que fuera a decirle fuera algo importante pero a la vez malo. Por un segundo pensó en lo pasado en la biblioteca pero saco ese pensamiento de su mente, esto era algo realmente importante para que estuvieran a esas horas de la noche en el despacho de la monarca aunque lo pasado entre ellas también tenía mucha importancia.

-todos los días, miro tus entrenamientos desde aquí – la voz de la chica de piel nívea la saco de su divagación mental – mire tus primeras caídas, tus primeros golpes e incluso cuando derrotaste a tu entrenador por primera vez – después de un largo suspiro agrego – cuando éramos niñas y no podía salir de mi habitación, vi como jugabas y crecías desde una ventana muy parecida a esta – pequeño sollozo hiso abrazar inmediatamente a la mayor por parte de la pelirroja – Anna, quiero que me prometas que suceda lo que suceda, no te expondrás a peligros innecesarios.-

-¿Por qué me dices esto Elsie? –

-Te he inscrito en el torneo como deseabas, serás el caballero que representara a Arendelle – una sonrisa tan luminosa como el sol por parte de la menor hiso dudar a Elsa con respecto a solo corresponder el abrazo o seguir con lo dejado a medias en la biblioteca – aunque primero debo nombrarte oficialmente como el caballero de Arendelle, ven, ayúdame a preparar la ceremonia.

Así pasaron casi toda la noche leyendo sobre ceremonias de nombramiento y los distintos ritos que debían cubrirse, además de las risas y los distintos chites que hacia Anna sobre la graciosa ropa que debían llevar, Elsa no podía de pensar en cuan cerca estaban ahora y se preguntaba "¿mama, papa, será que Anna corresponderá estos sentimientos?".