Las patrullas se enfilaban hacia el horizonte en la carretera. El sol del alba hacía relumbrar con tonos broncíneos y áureos las piezas de metal y los cofres de los automóviles. Finalmente, la caravana se detuvo al frente de una vieja granja abandonada. Junto a ella, había un auto abandonado. Asuka Sr. Se dirigió junto con otros oficiales al coche. Al pie de este, descansaba un cuerpo ensangrentado.
-Un asesinato más...- mumuró Keiji mientras los detectives y peritos de la escena del crimen aseguraban la zona...- Otro religioso...- señalo Aoyama mientras los peritos examinaban cuidadosamente el cadaver. Vieron el alzacuello blanco de cura católico en las ropas del hombre, que estaba parcialmente teñido de carmesí.
-Detective Asuka, tenemos el arma homicida!- gritó uno de los asistentes de la escena. Keiji y Aoyama avanzaron hacia el joven. En sus guantes blancos, sonstenía una pala ensangrentada.
-Estupendo!- gruño Asuka sartisfecho. Pero...una pala es algo distinto de los asesnatos anteriores que se hicieron con un cuchillo...- Este pobre sacerdote, parece que lo apalearon en la cabeza con la pala. No se veían desgarramientos en sus ropas...- habló tembloroso el joven policía.
-Quizás ha cambiado su modus operandi, o quizás es un asesinato completamente ajeno al Médico de la Plaga...- rumkió Aoyama. Creo que solo podremos saber hasta que hayamos procesado la escena por completo.
Los policías continuaron observando e inspeccionando la escena del crimen. No se dieron cuenta de que, alguien a lo lejos, vestido de negro, los observaba discretamente con unos binoculares...
Esa mañana del colegio Santa Paula fue como cualquier otra para los alumnos. Pero no así para las profesoras, que se les veía más estrictas, enérgicas y airadas de lo normal. Meimi se había llevado un buen castigo por hablar en clase de historia y no prestar atención. Mientras la pelirroja bufaba en el pasillo, molesta por la reprimenda impuesta, Daiki apareció a su lado.
-Ten más cuidado, linda. Se que te encanta ese programa, pero pudiste haber esperado al recreo para. Hablar de eso..- habló amablemente el joven. Meimi solo pudo girar los ojos en hastío.
-Ah, que pasa, Daiki? - refunfuñó la chica mientras resoplaba.- No deberías estar en clase tu también?-
El chico rompió a reír alegremente. La joven lo miró con extrañeza.
-Estas bien, amor?- preguntó la ojiazul.
-He de confesarte algo, linda. Grité en clase para que la maestra me sacara del aula. Solo para verte.- musitó el joven retorciéndose las manos, aun eufórico.
-Ay Daiki...no seas bobo..- suspiró con tristeza la chica, sin ganas de regañarlo.- Tu no puedes fallar en la escuela...- hizo un mohín mientras el joven la tomaba de los brazos.
Tengo algo que decirte...- mumuró el chico poniéndose serio. Vamos al baño de chicos...- La pelirroja lo siguió. Una vez que entraron en los sanitarios, asegurandose de que nadie los viese u oyese. Daiki habló.
-Como viste esta mañana en las noticias, han asesinado a un cura. No sabemos hasta ahora si esta relacionado, pero es muy posible que sí...- Necesito que me des tu testimonio. El departamento de policía respeta la privacidad de las personas. No sabrán que fuiste tú.
Eso suena bien, amor...-suspiró la joven. Pero...-vaciló- creo que puedo seguir al asesino sin que él se de cuenta. Vi su auto. Puedo localizarlo y evitar que mate a alguien de nuevo. Así ustedes podrían atraparlo. - Daiki sacudió la cabeza, desaprobando. La expresión de calma de Meimi cambió por una tensa, de nueva cuenta.
-No sé si sea lo mejor, Meimi...- el joven espetó gravemente. Meimi tragó saliva.
-Me ha citado el alcalde para hablar conmigo personalmente. Dice que mi padre se puede ocupar del asesino, pero que quiere aclarar ya el asunto de la ladrona. No sé que explicación voy a darle. Creo que lo mejor que podre decir fue que una fuente anónima me dijo que la ladrona no piensa cometer mas crímenes...Aunque no se si vaya a creerme...-se pasó la mano por la cara, aprehensivo. En todo caso...por ti, iría a prisión, Meimi...-
-Daiki, no!- exclamó la chica, fuera de sí, abriendo los ojos de par en par.- Yo...no puedo dejar que cometas esa locura...No quiero que arruines tu vida por mí...- Los ojos de zafiro se anegaron de pronto, mientras sus labios rosados comenzaban a temblar.
La chica besó a su novio, quién le acarició el cabello para reconfortarla.
-Daiki...tienes que confiar en mí...-Yo puedo ayudarte a solucionar este caso del asesino...-Por favor. -La pelirroja estrechó fuertemente las manos de su novio. Te daré mi testimonio e iré a invetsigar al asesino. Nadie mas lo sabrá...- Los jóvenes se abrazaron. El chico besó el cuello y las mejillas de la chica. Se separaron.
-Eh, Meimi...quiero decirte algo...- El joven se sonrojó de golpe. Su novia lo miró escrutándolo.
-Que pasa?-
-Manato me conto que él y Seira...estuvieron juntos, ya sabes...- El muchacho no miraba a Meimi a los ojos, quien estaba cada vez más desconcertada. -Yo...-mumuró el chico, y sin previo aviso, se lanzó sobre su novia, poniéndola contra la pared y besándola apasionadamente.
-Ah...-Meimi solo suspiraba y resoplaba.- Daiki, nunca te habías puesto asi de apasionado conmigo...- susurró Meimi abochornada...-Quieres decir que Manato y Seira...tuviero sexo?- La joven se estremeció, presa de la vergüenza.- Quieres que nosotros, también...? - La voz de la muchacha s ehabái convertido en un hilo de notas agudas, que quizás solo los ratones podrían oír. Daiki tomó el rostro de la joven entre sus manos.
-Si no quieres hacer nada ahora, lo es un bobo. No tenemos por que hacerlo si no quieres.- Meimi se sintió reconfortada. Aunque no lo podía negar, una parte de ella quería tener relaciones sexuales con su novio. Era tan díficil resisitirse, pero pensaba que quizás sería lo mejor.
-Bueno...-pensó la pelirroja. -Creo que, podemos hacerlo de muchas maneras. Se acerco seductoramente a Daiki y toco sus genitales. ¿Que tipo de ropa interior usas, guapo? - ronroneó de manera muy sensual. Daiki se pusó colorado.
-Creo que no fue buena idea propomnerte esto- Su voz tembló- Además, alguien podría vernos...- Y d ecualquier modo, uso boxer...- farfulló el joven, calado por los nervios, mirando a la puerta del baño sin cesar.
-Bah. -gruño Meimi.- No quieres tocarme? Te dejare hacerlo. Nada de sexo, solo tocarme.- rió juguetonamente. Quizás esto sirva para convencerte...- La chica se levanto la falda. Usaba unas pequeñas pantaletas de encaje con grabados que dejaban ver trozos de piel. Daiki no pudo evitar llenarse de un calor ebulliente, mientras le chica le sonreía pícaramente.
-Si quieres mañana me pondré un liguero para tí...- sisieó la chica mientras su novio examinaba sus bragas de cerca.
Los chicos duraron algunos minutos tocando y explorando sus cuerpos. No hubo penetración, ni siquiera coito oral. Salieron del baño riendose con risa floja, mientras nadie los veía. Se llevaron un buen castigo por haber llegado tarde a clase, pero había valido la pena.
