Hola a todo el mundo! Nuevo capítulo a mitad de semana para intentar que se os haga más corta jeje. Vaaa animaos a dejar algún review, si yo los adoro! Y os adoraré a vosotros si lo hacéis :) Venga, al ataque!
7. Siguiendo la pista
Cuando llegaron al castillo Elsa se retiró a su despacho, en el que desarrollaba toda su actividad como regente. Antes de despedirse de todo el grupo que había ido al paseo por Arendelle, le hizo una leve seña a Sei. Esta entendió que la siguiese cuando pudiese. "Ha llegado el momento de vernos las caras". Cada uno se fue a atender sus asuntos, y Sei se quedó remoloneando en el hall hasta que desapareció todo el mundo, entonces se encaminó al despacho de la reina.
Toc, toc, toc.
- Adelante.
El despacho era amplio y acogedor. Las paredes estaban tapadas por estanterías con decenas de libros. Al fondo había una gran mesa, donde supuso que la reina pasaría largas horas de trabajo, y tras ella, un luminoso ventanal con forma triangular. Cuando entró no vio a nadie, pero al girarse pudo ver a Elsa frente al retrato de un rey, su padre.
- Si quiere, Majestad, puedo venir más tarde, si estoy interrumpiendo…
- No, tranquila. Y por favor, ya no tiene sentido que te dirijas a mi como Majestad. Creo que ya hemos compartido muchas cosas.
Y tenía razón. Después de revivir esos pasajes de la noche de la fiesta era extraño estar a solas con Elsa, ahora conocía cada centímetro de su cuerpo, y le resultaba difícil obligar a sus ojos a permanecer en la cara de la reina y no dejarlos recorrer el resto de su cuerpo.
- Supongo que las dos estamos de acuerdo en que están por venir más recuerdos de aquella noche. – Dijo, mirando por primera vez a la morena, con las mejillas sonrosadas. Parecía que estaba haciendo un enorme esfuerzo por abordar ese tema tan comprometido para ella.
- Seguramente sí. Pero necesitamos saber cómo acaba la noche. Está claro que nos drogaron, pero intuyo que sólo pretendían drogarte a ti.
- Tuvo que ser el vino, fue lo único que compartimos.
- Exacto. Tu copa de vino. Alguien muy hábil filtró el veneno en ella.
- Pero no estuve con nadie en el rato que tuve la copa en la mano excepto…contigo.
Sei frunció el ceño. "¡¿Estaba insinuando que fue ella quien lo hizo?!"
- No pensarás que fui yo quien…
- Podría sospechar de ti perfectamente, tan solo hace una semana que te conozco. – Espetó Elsa con soberbia. - Pero por alguna razón…me fio de ti. Sé que no fuiste tú.
- ¡Ah, vale! Eso suena mejor. ¡Me habías asustado! - A Sei le invadió un repentino alivio.- Me he tomado este tema demasiado a la ligera hasta ahora, me ha costado reaccionar…creo. Pero me voy a poner manos a la obra para averiguar quién fue. Voy a pedir la lista de todos los invitados que asistieron.
- Es una gran idea, pero te he ahorrado parte del trabajo, ya tengo la lista y le he echado un vistazo.
Al parecer la reina no había renegado del todo de los sucesos de la fiesta, había puesto de su parte, al fin y al cabo. La otra gran cuestión que tenían que resolver era por qué se habían atraído de esa forma, pero ninguna de las dos parecía dispuesta a darle respuesta a esa pregunta.
- Wow, genial. No te creía capaz, al menos todavía.
Elsa la miró con los ojos entrecerrados. Sei cogió el papel, y antes de poder echarle un ojo alguien llamó a la puerta.
Toc, toc, toc.
- Adelante.
Kai se asomó por la puerta.
- Majestad, tiene una visita.
- Dígale que enseguida estoy libre.
- Uhm, ha dicho que la esperaría en el patio, tomando el aire.
Elsa lo miró incrédula.
- Está bien. En unos minutos voy. - Se giró hacia Sei mientras Kai se iba. - ¿Me espera en el patio? Qué raro.
- Se sentirá coaccionado o coaccionada en los despachos de la realeza.
- O tal vez sea la multitud de libros polvorientos.
- O la multitud de cuadros intimidantes.
Ambas rieron. La tensión que en un principio invadía la sala se estaba disolviendo poco a poco.
- Bueno, te dejo que vayas a recibir a tu invitado. ¿Puedo llevarme hoy esta lista?
- Sí, claro. Guárdala bien. – Elsa todavía mantenía la sonrisa.
Sei fue hacia la puerta.
- Por cierto, siempre he oído que tu padre fue un gran rey. – Dijo mirando el retrato de la pared.- Pero estoy segura de que tú vas a ser igual o mejor.
Le dedicó una tierna sonrisa y se marchó. Dejando a una Elsa extremadamente sorprendida.
"Pues ha ido bien. Es una persona admirable, la verdad. Es firme pero cercana, es distante pero amable, es fría pero…¿cálida? ¡Es una mujer muy contradictoria! Pero ha sabido controlar sus poderes, algo es algo. Lo extraño es que aquella noche parece que también supo controlarlos…es curioso. Igual fue por el veneno. En fin, qué hambre, voy a ver qué tienen por las cocinas." En las cocinas estaba Gerda, con una enorme y deliciosa tarta de chocolate a su lado.
- ¡Oooooh pero qué pinta, Gerda! ¿La has hecho tú?
- Sí, y está recién hecha. Era para la reina, que parece un poco alicaída últimamente. No sé si le importará pero ya le he dado un pedazo al apuesto chico que ha venido a visitarla, él la ha empezado.
- Uhmm, o sea que ya ha habido alguien que la ha catado antes que yo… - dijo bromeando. – Y ¿quién es el guaperas?
- No recuerdo su nombre, puede ser…¿Ralf? ¿Grant? Ya sé, ¡Jack!
Sei se quedó petrificada. "Así que es el apuesto Jack el que espera a la reina en el patio. El apuesto príncipe que mantuvo una animada conversación con ella en la fiesta. El apuesto príncipe que está bajo sospecha." Miró la lista de asistentes que le había dado Elsa y buscó su nombre; ahí estaba. Claro.
- Jack de las Islas del Sur…- murmuró la joven.
- Sí, ese es, desde luego no parece como su hermano pequeñ…¿a dónde vas tan deprisa?
Pero Sei ya estaba abriendo la pequeña puerta lateral de las cocinas y asomándose a ver qué sucedía en el patio. Obviamente, con toda su discreción. Soplaba el viento. El cielo estaba oscuro y parecía que iba a llover de un momento a otro. Vio una figura inquieta pasear de un lado a otro. Sin duda era Jack. Su figura esbelta y su pelo pelirrojo destacaban en el gris y solitario patio. Enseguida apareció la reina Elsa y lo saludó con cortesía. Le pareció oír que él se deshacía en elogios. Intercambiaron unas palabras. Él le ofreció su brazo y ella lo agarró. Juntos, volvieron a entrar en el castillo.
Gerda estaba detrás de Sei tanto o más interesada que ella en comprobar qué sucedía con el atractivo príncipe y su preciada Elsa.
- Parece que se entienden bien, ¿verdad? – Dijo la mujer.
- Parece que sí. – Pero Sei tenía en mente una idea. Tenía que comprobar si era él uno de los interesados en la supuesta rebelión contra la reina, y por consiguiente, el que había echado el veneno en la copa.- Gerda, ¿sabes si este guapo caballero ha venido a Arendelle a caballo, o en barco, o en…algo?
- En barco, ¿por qué?
- No, nada, cosas mías. Me tengo que ir, pero no sin antes robarte un trozo de esa tarta.
Cogió un trozo y se encaminó al puerto. Ya había empezado a llover, pero todavía no era una lluvia molesta. De todos los barcos que había atracados no tuvo ninguna duda en distinguir el que pertenecía al príncipe. "El más grande y pomposo, ese lleva la bandera de las Islas del Sur." No tenía ningún plan a seguir, iría improvisando sobre la marcha. Al principio de la pasarela había un guardia que le impedía el paso, así que decidió tirarse al agua a cierta distancia, para que no la vieran, y subir por el ancla. Si nadie se enteraba de que había estado ahí mucho mejor, además, no le apetecía discutir con el guardia. Trepó hasta la cubierta, allí había otro hombre vigilando, esperó a que se diese la vuelta para bajar a los camarotes. Encendió un tenue haz de luz en la palma de su mano para ver mejor. Era un camarote elegante el del príncipe Jack. Revolvió todos los cajones y armarios, la cama, ropa, etc, esperando encontrar alguna carta que lo delatase, algún escrito, algún frasco con veneno, ¡algo que lo vinculase a una posible rebelión! Pero no encontró absolutamente nada. Maldijo por lo bajo y se dispuso a subir la escalera, pero alguien le esperaba arriba: Jack.
"Ups…debería haber sido más rápida."
- Nos conocemos, ¿no es cierto? – Preguntó el pelirrojo. – Estabas con la reina Elsa la noche del cumpleaños de su hermana.
- Exactamente. Ahí nos conocimos.
- ¿Puedo preguntar qué demonios haces en mi camarote? – Dijo con severidad.
- Registrarlo. – Respondió con indiferencia.
- ¿Registrarlo?
- Sí, no me fío de ti. – Clavó su mirada en los ojos del joven.
- Tú tampoco me agradas. No sé qué pintas en este reino pero espero que no tardes en largarte. Arrestadla. Que aprenda a respetar a los príncipes del Sur.
"De eso nada." Sei lanzó un fogonazo que deslumbró a todos los presentes. En ese intervalo de confusión aprovechó para saltar al agua, como ya tenía por costumbre últimamente, y perderse entre la espuma de las aguas del fiordo.
Entró a su habitación empapada, enfadada y frustrada. Primero porque no había encontrado nada de lo que esperaba y segundo porque el engreído de Jack había intentado capturarla. Es cierto que estaba en su derecho, pero Sei no se lo podía permitir.
Alguien llamó a la puerta. Era Riuna.
- ¿Pero de dónde sales con esas pintas? Ponte al fuego, anda. Sabes que el frío no te sienta bien. – Le dijo la mujer cariñosamente.
- Salgo del fiordo, para variar. Estaba huyendo del príncipe Jack y sus guardias. Me he colado a registrar su camarote.
- ¿¡Qué!? ¡Lo has registrado! Estamos todos actuando con la máxima cautela para no levantar un escándalo y vas tú y te cuelas en su camarote, ¡sin más!
- Era el momento oportuno, estaba con la reina, pero parece que se les ha acabado pronto la conversación…
- Yo creo que ha sido un acto de impulsividad. Pero bueno, lo hecho, hecho está. Veremos si toma represalias. Por cierto, ¿has encontrado algo? – La expresión de Riuna se tornó sombría.
- Nada.
Volvieron a llamar a la puerta. "¿Y ahora quién?"
- ¡Pasa!
Era Kai, el mayordomo.
- Señorita Sei. – Dijo el hombre con toda la sensibilidad que pudo. – Me temo que tiene que acompañarnos…
¿Cómo que acompañarlos? Sei se levantó como un torbellino y fue a ver quién estaba detrás de Kai, al otro lado de la puerta. Y ahí estaba el príncipe Jack, respaldado por sus guardias. Las represalias no se habían hecho esperar.
- Y…¿adónde se supone que tengo que acompañaros?
- A informar a la reina Elsa de lo sucedido, por supuesto. Ella se encargará de buscarte una celda a tu medida. – Una sonrisa malévola se dibujó en el rostro del pelirrojo.
- Ella no va a estar de acuerdo con esto. – Respondió la joven suplicando mentalmente a Elsa para que fuese piadosa.
- Eso lo veremos enseguida.
- ¿Qué es lo que hay que ver? – La voz autoritaria de la reina surgió al fondo del pasillo.
Su figura altiva se acercaba contoneándose ligeramente, dando pasos firmes, como la buena soberana que era. Era inevitable contemplar cada movimiento que hacía, era una figura demasiado atrayente y no pasaba desapercibida para ninguno de los presentes. Sei se fijó en que a Jack se le perdía la vista entre los vuelos del vestido. "Siento decirte, amiguito, que yo he tenido la suerte de ver más allá del vestido" Pero eso sólo lo pensó y no lo verbalizó, desgraciadamente. Elsa llegó hasta ellos.
- Majestad, esta chica se infiltró en mi barco y saqueó mi camarote. Estoy seguro de que las leyes de Arendelle tienen algo que decir al respecto, en estos casos de abuso. – Jack puso su mejor tono de cortesía.
- No he saqueado nada en absoluto, tiene que creerme, Majestad. Sólo lo registré. – Miró directamente a los ojos de la reina. – Tenía mis razones para hacerlo.
- Has escapado como una cobarde y una ladrona.
- Por favor…¿crees que iba a dejar que tus guardias me pusiesen una mano encima? NO. Estoy convencida de que preferías mi huida a que te calcinase de arriba abajo.
- No se puede asaltar el barco de los demás como…- estaba reprochando el príncipe cuando Elsa lo interrumpió.
- Entiendo su molestia, príncipe Jack, pero esta chica pertenece a mi guardia privada y está bajo el amparo de este reino, por lo que tiene permitido llevar a cabo ciertos…asuntos de seguridad. Arendelle le compensará el malentendido, le doy mi palabra. Ahora, si quiere, puede acompañarme a tomar el aperitivo de la tarde y discutimos el tema.
Sei se quedó sorprendida de lo bien que Elsa había salido de la situación, es más, de lo magistralmente que había sabido manejar las palabras para no revelar las sospechas de la morena de que Jack fuese el envenenador. Había leído la situación a la perfección. Sei la miró agradecida, pero la reina no le devolvió la mirada. Jack y su séquito se unieron a la rubia y se fueron, no sin antes girarse y dedicar una mirada de desprecio a la osada joven.
