Interludio: Religiones

- ¿Crees en Dios?

Hoy nos llego un nuevo inquilino. Duo Maxwell es su nombre.
En realidad llego anteayer, en la noche, pero todos estábamos dormidos y aparentemente se paso el día de ayer teniendo entrevistas con la escuela a la que asistimos Hilde y yo. Nuestra custodia parece empeñada en meter a este chico específicamente ahí, pese a que las clases ya han comenzado. Y si hay algo que distingue a Dorothy Catalonia es que si algo quiere, algo obtiene. El muchacho asistirá a partir de la próxima semana, con la única condición de que debe inscribirse a uno de los clubs.
Así es que en realidad la casa apenas y ha convivido con Duo Maxwell el día de hoy. Él y Erwin parecen llevarse bien, el chico tiene ángel con los niños. Y si Erwin es feliz, Hilde es feliz. Pero parece ser que el sentido del humor de Maxwell afecta también a Hilde. Ambos se llevaran bien.
Sally y Ren parecen aceptar al joven hasta cierto punto. Aunque por alguna razón, pese a que parece agradarle, Sally no parece confiar mucho en Maxwell de momento. Por su parte Ren simplemente es cauteloso con los que acaba de conocer.
Sally lo ha asignado a mi cuarto, lo cual es lógico, supongo, pero no significa que me agrade. Si hay algo que aprecio, es mi privacidad, y aunque no me gusta prejuzgar gente, Maxwell no parece la clase de persona que respete la intimidad de otros.
Pero bien dicen que las apariencias engañan.
Cuando lo traje al cuarto pensé que iba a seguir hablando sin parar como lo había hecho en el comedor, en la sala y en cualquier lugar. Algo que es fácil de notar es que el chico jamás cierra la boca. Pero, contrario a mis expectativas, Maxwell había permanecido en silencio por tres horas seguidas.

Es por ello que la pregunta me sorprende.
A cualquier punto de la primera hora no me hubiera sorprendido en lo absoluto. Durante la segunda hora, solo me hubiera perturbado un poco. Pero luego de que el silencio durara por tres horas, hubiera pensado que simplemente duraría.
Volteo a verlo con expresión neutra, sin bien mis ojos deben de mostrar mi confusión. Él esta sobre su cama, viéndome fijamente, sus ojos no tan grandes como hace unas horas cuando lucia como un adolescente hiperactivo. Ahora su mirada parece mayor, mas madura, mas sabia, sus ojos violeta casi brillando como las pupilas de un gato a través de la oscuridad.
Parpadeo lentamente, observando como la luz de la lámpara junto al escritorio en el que estoy sentado pareciera darle cierta coloración rojiza a su trenza. Un ligero movimiento de su cabeza me hace notar que vuelve a posar sus ojos sobre un pedazo de papel arrugado, el mismo que lleva tres horas viendo fijamente sin parar. El papel es viejo, eso es obvio y también parece que en algún punto fue mojado e incluso en la oscuridad parece tener manchas de algo... comida o sangre, no estaba muy seguro.
He de admitir que estoy ligeramente intrigado por la pregunta. Él y yo aun no hemos hablado directamente, pero no quedan sino unos cuantos minutos (quince a lo mucho) antes de que Sally llame a la cena. Él sabe esto, Sally le dijo que horas estaban destinadas para desayuno, comida y cena y él tiene un reloj digital al lado. ¿Por qué tratar de iniciar una conversación ahora, cuando sabe que no hablaremos mucho y cuando se ha contentado con estar sentado ahí las ultimas tres horas?
¿Acaso me interesa porque? Yo también me aburro de las tareas, saben. Así es que hago aun lado mi cuaderno con lentitud.
- No estoy seguro – respondo calmadamente.
Miento.
Voltea a verme nuevamente, retirando sus ojos del papel.
- ¿Tu si? – pregunto esta vez yo, no realmente interesado, pero si algo curioso.
Sus labios forman una sonrisa llena de amargura y de odio, que aunado a la seriedad de sus ojos lo hacen ver aun mas grande. Podría aparentar 18 sin dificultad alguna. Quizás incluso más.
No se porque algo me hace pensar que ya lo ha hecho.
- Creo en los demonios. – responde, haciéndome fruncir el ceño en confusión. ¿Es un... satánico?
La sonrisa se hace más grande al volver a ver el papel.
- No me refiero a eso... no soy adorador del Diablo. – replica – Mas bien creo en el Caos, en la destrucción. Y es lo que los demonios buscan. – me voltea a ver de reojo. – No bromeo. – asegura al ver mi mirada incrédula.
Ríe sin humor alguno, sorprendiéndome con el vació sonido.
- Simplemente creo en esa grandiosa fuerza destructiva. – continua hablando – Ese innombrable, impenetrable poder que destroza todo por igual, hermoso u horrible, y deja solo polvo, cenizas y sangre a su paso. – termina de decir con ojos brillosos. Parece un viejo misionero, tratando de convertir nativos.
Levanto una ceja. Nunca he sido creyente.
- ¿Te refieres a la entropía? – le pregunto calmadamente.
Por un instante, creo que lo he sorprendido con mi respuesta tan pasiva, pero no estoy seguro ya que sonríe nuevamente, esta vez con algo más de sinceridad.
- Entropía... si, supongo. ¿Crees en la entropía, Trowa?
Frunzo el ceño, tanto por la pregunta como por el uso de mi primer nombre.
- Por supuesto, es un hecho científico. – señalo neutralmente – En realidad no es una cuestión de fe, así es que puedo asegurar que creo en ello.
Esta vez es él quien levanta una ceja y sus ojos parecen brillar con diversión
- ¿Oh? Entonces explique este hecho científico, señor Barton.
Mi ceño se profundiza al tiempo que siento como si este chico se estuviera burlando de mí.
- Es una ley natural del universo – contesto lentamente – Todo sistema natural se inclina hacia el caos. Todo, con el tiempo, se descompone, se rompe.
Repentinamente siento toda su atención en mí y preferiría que no lo estuviera. Su mirada es... bastante intensa.
- Bien... hecho científico. Entonces digamos que tomo esta increíblemente diseñada bolsa de plástico – dice, sacando una pequeña bolsa de supermercado de entre sus cosas. - ¿Qué es lo que tu hecho científico te dice sobre el destino de este pedazo de basura? – pregunta fláccidamente - ¿Qué le hará la entropía?
Me encojo de hombros, aún algo incomodo por la intensidad de su mirada.
- Eventualmente se echara a perder, se descompondrá y desintegrara.
- ¿Estas seguro de que esto sucederá? – pregunta con un brillo extraño en su mirada.
Lo medito por unos segundos, más que nada por su mirada que por realmente dudarlo.
- Es inevitable – reitero, asintiendo para fortalecer mi posición.
- Así que, lo que estas diciendo es que por la ley de la entropía, sabes que esta... cosa se desintegrara, se destruirá, ¿cierto? – pregunta intensamente.
Nuevamente tardo en responder, preguntándome a donde quiere llegar con esto.
- Si – vuelvo a decir, algo dudoso.
Me sonríe enormemente, pero no es la sonrisa tonta y obviamente falsa que ha estado usando todo el día. Esta es extrañamente oscura y triunfal, como una espada desenvainada en la oscuridad.
- Entonces la entropía es tu Dios – me informa con superioridad – Solo que prefieres llamarlo hecho científico.
Mi cerebro inmediatamente lo niega. Nunca he creído en Dios, no desde... ese crucifijo, esa chica, ese hombre, primeros errores, primera traición...
'Dios' no es mas que una herramienta que los humanos usan para sentirse seguros con lo que no entienden. El dios de las lluvias, cuando no sabían porque eran producidas estas, el dios del fuego, el dios del aire, el dios de la tierra, el dios del sol... no son mas que tonterías. Una mentira más en la humanidad. No hay ningún poder superior, todo es una manipulación de la gente que no puede aceptar que son ellos los que causan su propia destrucción.
- No creo en Dios – le digo con frialdad.
Duo vuelve a levantar una ceja, luciendo tremendamente divertido.
- Hace unos minutos dijiste que no estabas seguro. – me recuerda innecesariamente.
- Mentí – le informo, la frialdad aún en mi tono.
Algo relampaguea en sus ojos, pero se extingue antes de que logre identificarlo.
- ¿De verdad? ¿No será que es ahora cuando mientes? – me pregunta, sus ojos ya no lucen brillosos, sino oscuros, casi negros pese a la ligera luz de la lámpara. – Me has dicho con firme convicción que la destrucción es el inevitable destino de todas las cosas. Me has comunicado que sabes esto porque es un hecho científico. Pero no es verdad. Un hecho científico es solo algo que puede ser observado y comprobado como cierto. Tu no has observado esta bolsa pudrirse y desintegrarse, pero estas absolutamente seguro de que sucederá. ¿Sabes lo que eso significa? – dice, inclinándose levemente hacia mi dirección.
- ¿Que? – pregunto con irritabilidad. Esta conversación ya me harto y no puedo esperar más para que Sally nos llame a cenar. ¿Por qué aún no lo hace?
Su sonrisa se amplia y luce casi maligna entre las sombras.
- Significa que tienes fe. – me informa suavemente, casi reverentemente.
Parpadeo, asombrado por lo retorcido de su lógica. ¿Por creer en una ley del universo, en un hecho científico, tengo fe?
Parece ser que mi duda e incredulidad se reflejan en mi rostro, porque suaviza su sonrisa y habla tristemente.
- ¿Qué es la fe, sino una creencia absoluta en algo que no puedes ver ni tocar, pero sabes que es real?
Casi tiemblo ante sus palabras. Fe. Nunca he tenido fe en algo.
Mentira. Una vez tuve fe, pero ya no más. Nunca jamás.
También es una mentira. Sally, Hilde, Erwin, Ren...
"No" pienso, sacudiendo mentalmente mi cabeza.
Han sido amables conmigo por la razón que sea, pero esto no será eterno. Ciertamente no espero que me ayuden eternamente. Y tarde o temprano todos quieren algo para si.
Esa es otra ley del universo.
- ¡Trowa, Duo! – llama Sally desde el piso inferior - ¡Ya es hora de cenar, bajen por favor!
- ¡Ya vamos! – responde en un tono jubiloso él, guardando sus cosas en una caja de zapatos vieja y poniéndola bajo su cama. De un salto esta de pie y camina hacia la puerta.
Yo me levanto de la silla frente al escritorio y lo sigo, aún algo perturbado, pero me congelo cuando me voltea a ver de soslayo, su mano en la perilla de la puerta.
- Oh y Trowa – dice, posando sus ojos en los míos – Odio las mentiras, la próxima vez que no quieras contestar una de mis preguntas, solo dilo. – y sin mas sale y baja las escaleras con rapidez.
Yo me quedo unos segundos mas congelado, perturbado y... convertido aparentemente.
Y súbitamente, ya no me molesta tanto que me diga Trowa.

Interludio: Religiones – Fin