Otro domingo noche más subiendo Pain Paradise, es genial por el amor de Merlín. Quería dar las gracias a la "pequeña" gran Gui por ser una de las que deja review. Te quiero mucho, en serio. Ahora dejo de parecer una cursi telenovela y os dejo con el drabble de hoy.

Disclaimer: Jotaká tiene un poco descuidados a sus personajillos, pero es muy buena por dejarnos jugar con ellos.


Claro que te diviertes castigando a esos pequeños proyectos de malhechor que circulan por el castillo. Tu castillo, como dices de vez en cuando. Porque se supone que tú eres el que vela para que esté en perfectas condiciones. Y de pronto, la locura se desata en tu viejo castillo.

Un pantano en mitad del pasillo, animalejos variados correteando a sus anchas, fuegos artificiales diabólicos que cuanto más pequeños se volvían eran más peligrosos, y ella. Gritando como loca, Argus, corre, detén a esos o Argus, haz desaparecer los malditos fuegos artificiales. Le tenía quemado, hartito, hasta la coronilla.

Y es que Argus Filch, por mucho que dijera que los colgaría por los pulgares en las mazmorras, estás harto de que te tratasen como un criado. Diréis, pero si eres el celador de Hogwarts. Sí, celador, no criado-elfo. Pero lo que más te duele (aparte de soportar a eso gemelos pelirrojos del demonio) es que ella te trate como si tuvieras magia para hacer que todo eso desapareciera.

Era un squib. Sí y a mucha honra. Y cómo tal, no le gustaba que lo menos preciaran.

-Se acabó-Gruñes cuando Dolores se puso frente a él, dispuesta a crear la Tercera Guerra Mundial-No soy su criado, no soy el que puede arreglar todos esos estropicios de magia, no soy mago.

-¿Qué está diciendo, Argus?-La imitas como un mimo, haciéndole burla.

-Déjeme en paz, ocúpase de lo que usted misma ha creado, Suma Inquisidora de Hogwarts.

Por no tirarle la escoba contra la cabeza, la tiras al suelo con todas tus fuerzas. Al doblar la esquina te encuentras con Fred y George Weasley, con más fuegos artificiales de su propia invención, los hijos del propio diablo, si pidieran tu punto de vista. Te hacen señales de ánimo, diciéndote lo bien que lo has hecho. Pasas de ellos y te encierras en tu cuartucho. La señora Norris se acerca a ti y deja que le rasques detrás de las orejas. Ahora comprendes que en la única mujer que debes confiar es un tu preciosa damisela felina.