¡Buenos días! :)
Siento haber tardado en subir este capítulo, pero el calor del verano me fríe las pocas neuronas que me quedan después de haber terminado el semestre :'(
Estoy muy agradecida de que, a pesar de mi tardanza, sigáis la historia y os guste. De verdad que no tengo suficientes palabras para expresar mi gratitud *^*
Bueno, como siempre un abrazo a los nuevos favs y follows de la historia, también a todos los que la leéis y un besazo enorme a los que la comentáis: venus1485, FPhoenix, Fanfictioner . sq, Melissa Swan, erpmeis, paola-enigma, MissRegal93, QueenLanaP, followyourheart21, evilthoughts, LastTargaryen, MCMD, AB y The Little Phoenix.
Gracias!
Aquí dejo el capítulo, espero que os guste :D
Capítulo 7. Primer asalto
Todo era suavidad a su alrededor, sentía cómo si estuviera flotando en una nube de algodón, lejos de cualquier lugar dañino. O al menos habría sido del todo así si los martillazos que se sucedían en su cabeza no existieran. Estaba claro lo que le pasaba: resaca del copón. Se llevó la mano a la cara y la arrastró pesadamente hacia abajo mientras emitía un leve quejido. No sabía qué hora era. Intentó abrir los ojos, pero para ello tuvo que parpadear un par de veces e intentar acostumbrarlos a la luz que había en la habitación. Estaba tumbada en una amplia cama de matrimonio, sábanas de seda color marfil y ese olor a Coco Mademoiselle en el aire. Ladeó la cabeza y escudriñó el resto de la estancia, perezosa. Al fondo, un espejo enorme hacía las veces de pared y flanqueando a su izquierda un gran armario de madera de nogal, tocado por dos sillones de piel negra. A ambos laterales de la habitación habían dos puertas. Las lámparas, colgaban del techo y en los laterales de la cama se encontraban dos mesitas de noche repletas de artefactos: relojes, cofrecitos abiertos que dejaban ver un cúmulo de joyas –anillos y pendientes en su mayoría–, algún peluche e incluso un equipo de música. "Es una habitación de alto nivel" pensó y volvió a acurrucarse en la almohada "un momento…" se incorporó de golpe, apoyando ambas manos en el colchón, con tez preocupada "¿¡Dónde cojones estoy!?".
La incertidumbre que la invadió en aquel momento no tenía parangón. Se había despertado en la cama de alguien y lo peor es que no recordaba de quién podía ser. Además, estaba claro que no se trataba de un hotel por el modo en que estaba decorada la estancia y aquello solo empeoraba las cosas. Levantó instintivamente las sábanas y reprimió un grito al ver que se encontraba en ropa interior. "¿Qué hiciste anoche Emma Swan?" presionó la palma de la mano contra su frente, intentando que le ayudara a recordar. No tuvo éxito. Lo último que recordaba era haber estado en la barra del Dirty Cherries hablando con una mujer morena, bastante guapa. Su nombre… frunció el ceño, esforzándose por recordar "¡Kayla!" dedujo al fin. Ella era la última persona con la que recordaba haber estado pero… eso no quería decir nada, ¿no? Se mordió el labio al oír el sonido de lo que parecía ser alguien duchándose. Ahora sí podía asegurarlo, no estaba sola. "Mierda, mierda…" se dio un par de golpes en la cara, histérica. La última vez que había tenido una noche en blanco había sido hace mucho tiempo, años incluso. Emma tendría unos catorce y acababa de descubrir lo que era el alcohol. Neal y ella se despertaron en medio de la nada, disfrazados de canguro y esposados a una farola. ¿Por qué acabaron así? Nunca se supo.
Ladeó la cabeza ambos lados, en busca de su ropa. Finalmente la encontró perfectamente doblada en uno de los sillones de la sala. Agarró con firmeza el borde de la sábana, intentando cubrirse lo máximo posible con ella, y se deslizó hacia un lateral de aquella inmensa cama. Tenía que intentar envolverse la sábana para poder levantarse. Empezó a enrollársela, como si de una túnica griega se tratase. Tan metida estaba en la tarea que se percató que el sonido de la ducha había cesado hacía un rato. La puerta del baño se abrió, haciendo que se sobresaltase y soltase por una milésima de segundo la sábana, volviendo a aferrarse a ella tan rápido como pudo.
- ¿Ya te has despertado, bella durmiente? –del baño salió una mujer extremadamente bella, con el cuerpo aun empapado a pesar que estaba envuelto en una toalla. El cabello también lo tenía recogido, en forma de turbante, pero aún así había un par de mechones rebeldes que habían decidido escaparse y caían por sus hombros y espalda. Sus ojos azules tenían un brillo aun más espectacular, enmarcados en su tez mojada. Parecía que aquella mujer había nacido para amar el agua y que el agua la amaba a ella. Parpadeó, boquiabierta. Sus sospechas eran ciertas, había pasado la noche con Kayla Jones.
- Sí, bueno, yo… –tartamudeó. ¿Qué se suponía que debía decir en un momento así? "Joder, esto es demasiado incómodo y violento" no conseguía recordar nada de nada.
- ¿Te estás preguntando qué haces en mi casa? –la morena alzó una ceja y se cruzó de brazos. Cuando Emma asintió con timidez, rió.
- Sé que queda mal y poco maduro decirlo, ya tengo una edad como para que me pasen estas cosas… pero tengo lagunas del tamaño del lago Ness acerca de anoche –agachó la mirada, intentando no seguir contemplando embobada el cuerpo de la modelo.
- Acabaste muy mal –oyó cómo los pasos de Kayla se acercaban y una mano, algo húmeda, sostuvo su barbilla y la alzó para encontrarse de bruces con aquellos chispeantes ojos– que no recuerdes nada de lo que hicimos me ofende –la miró fijamente.
- ¿Nada de lo que hicimos? –tragó saliva, tras lo que la morena sonrió pícaramente y aprovechó la guardia baja de Emma para sujetarla por los hombros y tumbarla en la cama, poniéndose rápidamente encima. En el proceso, la toalla que cubría el cabello de Kayla se desprendió y cayó a un lado, dejando que la brillante y mojada melena de la modelo cayera, liberando un delicado olor a champú– ¿Quieres saberlo? –Esta había pasado a sujetarla ahora por las muñecas y la rubia estaba completamente segura que podía sentir cómo su pulso se aceleraba al tenerla en esa posición. No estaba segura si quería saber qué había pasado la noche anterior, lo único que podía pensar era en lo terriblemente estúpida que había sido, en lo tremendamente sexy que era la mujer que tenía delante y en lo mucho que echaba de menos a Regina. No podía evitar sentir que la estaba engañando con todo aquello, aunque fuera un pensamiento idiota.
- No sé si quiero saberlo… –musitó en un hilo de voz, con la esperanza que aquello frenara a Kayla porque lo que era ella no sabía si iba a ser capaz de hacerlo.
- Ya veo… –la morena sonrió con mayor afabilidad, pero no la soltó sino que la agarró con mayor fuerza. ¿Qué estaba pasando? Empezaba a sentir verdadero nerviosismo al permanecer de aquel modo. Kayla se acercó aun más a ella, con la vista fija en sus labios. No podía besarla. ¿Quería besarla? No lo sabía, no entendía nada… tenía el rostro de la morena a escasos milímetros, notaba su húmedo cuerpo contra el suyo y se sentía extasiada, embriagada por aquel olor a champú. Apretó los ojos, intentando dejarse llevar por sus emociones más primarias pero la única imagen que le venía con una fuerza sobrehumana a la cabeza era Rina. Justo cuando el contacto de sus labios era inminente, ladeó la cabeza y soltó un pesado suspiro. No podía hacerlo. Se mordió el labio inferior y oyó una pequeña risa de la morena. Kayka apoyó por completo su cuerpo en el de Emma, haciendo que esta notase la suavidad del mismo y la presión de su pecho contra el suyo– anoche bebiste demasiado, tanto que no podías conducir –le susurró, pegada a su oreja izquierda– buscamos a tu amigo por todas partes pero no lo encontramos así que pensé en llevarte a casa –rió de nuevo, haciendo que su aliento chocase con el lóbulo de su oreja y le erizase la piel– pero te quedaste dormida en el coche sin darme tu dirección y acabamos en la mía. Al llegar fuiste directamente al baño y, para ser sincera, me lo dejaste hecho una porquería… tuve incluso que quitarte la ropa y ponerla a lavar. Cuando volví te encontré tirada en la cama y durmiendo, así que te tapé y me acosté a tu lado –Emma parpadeó y giró de nuevo la cara, quedándose frente a frente con la morena– así que… no ocurrió nada, no tienes de qué preocuparte –soltó sus muñecas con una sonrisa divertida y se apartó, sentándose en el borde de la cama. La rubia también se incorporó.
- Siento todas las molestias que te causé anoche… –se sentía realmente avergonzada. Pero lo que más la abochornaba había sido el hecho de pensar que había tenido algo con aquella mujer que se asemejaba más a una diosa. "¿Emma Swan cómo has tenido el ego de pensar que te habías acostado con ella?" negó instintivamente con la cabeza– intentaré compensártelo de algún modo.
- No es nada, en el estado en que estabas no podía dejarte sola, cualquiera lo habría hecho –le sonrió con dulzura y cogió de nuevo la toalla/turbante, poniéndosela sobre los hombros– además… me gustan las chicas difíciles, Emma Swan –le guiñó un ojo mientras se ponía de pie. ¿Qué había querido decir con eso? Se ruborizó– como imagino que ya has visto, tu ropa limpia está en el sillón. Voy a vestirme, ahora vuelvo y te llevo a casa –después de decir aquello, Kayla desapareció por la otra puerta de la habitación, dejándola en un estado aún más confuso del que ya estaba.
Se levantó de golpe, dejando que la sábana cayera a su paso, y se dirigió hacia el sillón de piel. Cogió sus shorts tejanos de talle alto y se los puso "en cuanto llegue a casa iré directa a la ducha". Odiaba tener que salir sin haberse duchado, pero no podía abusar más de la amabilidad de la modelo. Se enfundó su camiseta de tirantes negra; camiseta que enseñaba media barriga, todo había que decirlo, y con la que le daba cierto apuro salir a la calle. Por último, se colocó los tacones negros y los ató con firmeza. Se paró frente al espejo de la habitación, contemplándose con una mueca de asco. Las ojeras de panda y la cara de demacrada no iba a poder arreglarla ni el maquillaje. Suspiró.
Palpó sus bolsillos en busca del teléfono móvil, pero no notó absolutamente nada. Por un instante el pánico la invadió pero después recordó que Kayla le había dicho que lavó su ropa, así que el smartphone debía estar en otro lugar. Buscó por la estancia y finalmente dio con él, reposando tranquilamente sobre una de las mesitas de noche. Respiró aliviada y lo agarró, desbloqueando la pantalla. Tenía decenas de notificaciones sin abrir, lo cual la aliviaba en sobremanera ya que quería decir que la modelo no había estado fisgoneándole. Abrió el panel de notificaciones deslizando el dedo índice y el resultado fue de lo más variopinto: 175 mensajes en whatsapp, 30 mensajes en Facebook y 13 llamadas perdidas. No sabía quién demonios podía haberla necesitado tanto como para semejante tsunami de información, pero qué le iba a hacer. Empezó por la aplicación de mensajería instantánea, descubriendo lo que en un principio ya intuía: la mayoría de mensajes provenían de grupos. Pasó por completo de leerlos, ya lo haría cuando tuviera tiempo. El resto eran de Mary Margaret preguntándole cuándo se suponía que iba a volver a casa. Facebook fue más de lo mismo, salvo que en este también se encontraban los típicos mensajes de algún chulopiscinas consentido que creía que podría llevársela a la cama con un "Hola nena, ¿Cómo estás?" Vomitivo. Finalmente, pasó a la sección de llamadas perdidas y, cómo no, había un par de Mary Margaret. También encontró de Neal "hostia… no sé nada de él desde hace horas, debería llamarle" con todo el jaleo no se había parado a pensar dónde demonios estaba su mejor amigo. Sin embargo, lo que más le sorprendió fue encontrar el nombre de Regina entre ellas.
Para ser exactos, leer aquello le provocó una sensación extraña en el estómago, una mezcla entre cosquilleo y malestar a partes iguales. ¿Por qué la habría llamado la morena? ¿Qué demonios podía querer a aquellas horas? Revisó una y otra vez las llamadas perdidas y, en efecto, eran de madrugada. La primera a las 2:15, la siguiente a las 2:17, después a las 2:20 y de ahí había un salto hasta las 3:39. Frunció el ceño, algo confusa. Quizás Rina no podía dormir y su egocentrismo la llevó a querer despertarla a ella para incordiarla, no lo sabía con exactitud… lo único que tenía claro es que iba a estar aun más enfadada, si cabe, por no haberle cogido el teléfono "genial, ahora quizás te castiga sin asistir a ninguna sesión o cualquier otro escarmiento maquiavélico de los suyos". No quería enfrentarla en aquel momento, así que optó por ponerse primero en contacto con Neal. Marcó el número de su amigo, rezando interiormente que éste no se hubiera quedado sin batería. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos…
- ¿Sí? –una voz tosca sonó al otro lado.
- ¿Hola? ¿Neal? –Emma se sentó en la cama.
- ¿Emma? Dios, Emma… pensaba que te había pasado algo…
- No, no. Estoy bien… he visto las llamadas que me has hecho esta mañana, siento no haber contestado antes… estaba, bueno, durmiendo… –rió con algo de timidez debido a la vergüenza que le causaba confesar aquello.
- ¿Llegaste bien a casa entonces?
- Sí y no…
- Explícate.
- Verás… llegué bien, pero no a casa. Estoy en el piso de Kayla y…
- ¿¡Qué!? –la interrumpió– ¿¡Te la has tirado!?
- No, Neal… no seas bestia. Me emborraché y me dormí en su coche así que me trajo aquí. Nada más.
- Sí, claro… y yo crio pollos en Atlanta.
- Te lo digo en serio… –volvió a reír ante el comentario de su amigo– pero lo más importante es… ¿Tú dónde estás?
- Oh, de eso quería hablarte –el joven enmudeció por un segundo– tienes que venir a buscarme como sea.
- ¿Pero dónde estás?
- En Washington…
- ¿¡Qué cojones haces en Washington, Neal!? –se olvidó por completo que no estaba sola en el piso y su grito alertó a Kayla, quien entró con tez preocupada en la habitación.
- Eso mismo es lo que me pregunto yo, Emma… Y si me puedes decir por qué estoy atado con cadenas a un árbol y con la cara pintada de verde, también me harías un favor…
- ¿Cómo? –no pudo evitar echarse a reír al escuchar la descripción que le había proporcionado Neal.
- No te lo tomes a broma, Emms… esto es serio –a pesar del intento del joven por darle cierta gravedad al asunto, ambos estallaron en una sonora carcajada.
- Va… dime exactamente dónde estás e iré a por ti.
- Creo que en el jardín botánico, pero no estoy muy seguro –se hizo una pequeña pausa y se oyó cómo Neal preguntaba a alguien, prácticamente gritando, si se encontraba en dicho jardín– sí, es oficial, estoy atado a un puto árbol del jardín botánico más importante de los Estados Unidos de América.
- Al menos no estás disfrazado de canguro… –bromeó.
- Ya, podría haber despertado enfundado en un traje de arbusto –ambos rieron– ¿Cuánto vas a tardar en venir? Porque me da miedo acabar en comisaría con la tontería…
- Tengo que mirar horarios y precios del transporte público, o sino miraré de coger un taxi…
- Perdón por inmiscuirme –Kayla se acercó a ella– pero si quieres podría acompañarte, iríamos en mi coche.
- No, de eso nada. Bastante molestia te he causado yo ya…
- ¿Eh? ¿Qué dices?
- No hablaba contigo, Neal…
- Pues ya está, yo te llevo. Se acabó.
- Que no, Kayla… cogeré un taxi, de verdad.
- No me vale eso, voy a por las llaves del coche –tras decir aquello, la morena salió de la habitación.
- ¿Emma qué narices está pasando?
- Nada… que Kayla y yo vamos a ir a buscarte a Washington –espetó en un suspiro.
- Oh, menos mal que no había pasado nada, ¿eh? Si ya parece que estéis saliendo y todo…
- Calla, anda. Te cuelgo, vaya a ser que te quedes sin batería, en unas horas estamos allí.
- Quien se pica ajos com-… –colgó la llamada antes de oírle terminar.
"¿Y ahora qué?" se dejó caer en la cama y se llevó las manos a la cara, intentando respirar hondo. De Nueva York a Washington había como mínimo cuatro horas en coche y eso sin contar, claro está, el posible tráfico. No sabía qué excusa inventar para poder salir de aquel berenjenal ilesa y lo peor es que iba a ir a la capital con pintas de ramera de tres al cuarto. Emitió un breve quejido y pataleó un poco. Estas cosas solo le ocurrían a ella.
[…]
Aquel lugar era oscuro, no podía ver nada en su interior y sus ojos no terminaban de adaptarse a tal ambiente. Parpadeó y sentía que sus párpados pesaban toneladas. Movió las manos instintivamente pero notaba el cuerpo completamente muerto, inerte… era como si no quisiera colaborar. Alguien la estaba sujetando con fuerza, se giró de nuevo y se encontró con un rostro familiar, algo desdibujado por las sombras "mamá" balbuceó. Acarició las mejillas de aquella mujer tan delicadamente como pudo, llamándola una y otra vez, pero no hubo respuesta. Había cierto olor metálico en el ambiente y cierto olor como a carbón. No entendía qué estaba pasando y que su madre no le respondiera le preocupaba. No veía prácticamente nada, no oía prácticamente nada y a penas podía moverse. "Mamá" volvió a intentar, pero no hubo respuesta. Inevitablemente, se echó a llorar y lloró tan fuerte como su garganta dolorida se lo permitió. Entonces aparecieron unas luces que centelleaban en medio de aquella oscuridad, sonido de pasos, voces… no podía entender qué era lo que estaban diciendo pero cada vez las tenía más cerca, cada vez más y más hasta que una de esas luces le impactó de pleno en la cara, cegándola y obligándola a cerrar los ojos con fuerza: "tranquila pequeña, vamos a sacarte de aquí".
Emma despertó, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda y se incorporó prácticamente de un salto en el asiento de copiloto. Parpadeó un par de veces, aun algo inquieta y apoyó las manos en los bordes del asiento.
- ¿Cuánto he dormido? –preguntó en un hilo de voz.
- Oh, ya vuelves a estar consciente –Kayla rió y la miró de reojo– pues prácticamente todo el camino, de hecho nos quedan cinco minutos para llegar –puso el intermitente y cambió de carril.
- ¿Por qué no me has despertado? Debería haberte hecho compañía, encima que nos haces el favor y…
- Tenías una cara tan angelical durmiendo que me pareció un pecado despertarte –la morena la cortó en seco, sonriéndole y Emma se ruborizó un poco ante el comentario.
- No creo que ese fuera el caso… –musitó.
- Que sí, te digo yo que sí –volvió a reír, esta vez con dulzura– aunque parecía que estabas teniendo una pesadilla, a veces hacías unos gestos que me preocupaban…
- ¿Sí? No lo recuerdo… –mintió con la mayor convicción que pudo, esperando que Kayla no quisiera tocar más el tema.
- Sí… bueno, no sería nada. Por suerte para nosotras, el jardín botánico este no es muy difícil de encontrar y tengo conocidos que ya han estado un par de veces así que dudo que nos perdamos –Kayla iba hablando pero hacia rato que Emma no la escuchaba. La rubia se encontraba sumida por completo en sus pensamientos cuando algo la trajo de vuelta a la realidad, la vibración de su teléfono móvil. Lo sacó de su bolsillo "imagino que será Neal…" y desbloqueó la pantalla. En esta podía leerse claramente: Llamada entrante "Regina". Tragó saliva– aunque tu amigo ha sido un poco idiota porque dejarse liar hasta estos extremos es…
- Un momento, me están llamando –la cortó repentinamente y se decidió a coger la llamada, deslizando hacia un lado el dedo– ¿Sí? –masculló con cierto pánico.
- ¡Por el amor de dios, Emma! –dedujo que, por el tono, la morena estaba muy enfadada– ¿¡Dónde coño te metes!?
- Salí de fiesta con un amigo, mi amigo se perdió y he ido a buscarle –la resaca del día anterior aun le duraba y lo último que necesitaba era a alguien gritándole y echándole la bronca, por mucho que esta fuera Regina y le gustase escuchar su voz.
- ¿Qué tu qué…? –se hizo una pausa y se oyó cómo la modelo suspiraba– cuando creo que no puedes asombrarme más te superas, Emma Swan.
- Soy una completa inútil, lo sé –no quería discutir con ella así que lo mejor en esos casos era ir dándole la razón y esperar a que el sufrimiento terminase.
- Pues sí, lo eres. ¿Quieres saber por qué? Pues porque me he pasado la noche entera preocupada por ti, ya que no te daba la gana cogerme el maldito teléfono –"un momento…" ¿Regina preocupada por ella? Se quedó en blanco, aquello era demasiado irreal.
- No estaba en condiciones de hacerlo –se excusó, pero tampoco quería mencionarle todo lo ocurrido.
- ¿Te pasó algo? ¿Estás bien ahora?
- Sí, estoy bien… Recogeré a Neal y volveré a casa –aquella faceta sobreprotectora de Rina se le hacía de lo más extraño, quizás no quería perder a su chica de los recados. Vete a saber.
- Bien, cuando acabes pasa por la mía –por el modo en que lo había dicho, sabía que no era una sugerencia sino una obligación.
- No sé a qué hora podré ir, ¿Seguro que no prefieres que nos veamos en otro mom…?
- No –la interrumpió– necesito que vengas.
- Está bien –los arrebatos de niña consentida de Rina a veces la sacaban de quicio, aunque si era sincera en lo más profundo de su corazón se alegraba del hecho que quisiera verla– ¿Entonces me llamabas para comentarme eso?
- No del todo… –se hizo un fugaz silencio– llamaba porque quería disculparme por mi comportamiento del otro día. Te dejé fuera de la sesión y lo siento. No quería perderte por ello, así que esta va a ser la primera y última vez que te diga algo así, ¿entendido? –por el tono, Emma inducía que le estaba costando una barbaridad decir tales cosas, lo cual valoraba aun más. Sonrió.
- Gracias, Regina –tenía muchísimas ganas de ver a aquella modelo consentida y egoísta, muchísimas. La quería y no podía evitarlo, así que cuando esta daba pequeños pasos como aquel su corazón se aceleraba irremediablemente.
- ¿Vendrás luego, no?
- Sí, en cuanto llegue y pase por casa a cambiarme iré.
- Está bien, esperaré entonces –la voz de la morena parecía más relajada.
- Voy a colgar, nos vemos luego.
- Hasta luego y Emma…
- ¿Sí?
- Ten cuidado –al pronunciar aquello, Regina colgó la llamada, dejándola con una estúpida sonrisa de boba pintada en la cara. Ni en sus mejores sueños había imaginado que la conversación pudiera haberse desenvuelto así.
Guardó el móvil en el bolsillo y se dejó caer en el asiento, había olvidado por completo la presencia de Kayla, quien ahora la miraba con una ceja levantada y pose interrogante.
- ¿Quién era? ¿Tu novio? –dibujó una sonrisa ladeada.
- No –Emma no pudo evitar echarse a reír ante la pregunta– era mi representada, quería saber dónde me había metido.
- Vaya… qué chica tan posesiva –bromeó, pero la rubia sabía que detrás de esa broma había parte de verdad.
- Lo es… pero también tiene sus cosas buenas de vez en cuando.
- Ya veo por dónde vas –Kayla hablaba mientras estacionaba el coche– así que la razón por la que no puedes ir un paso más allá conmigo es ella, ¿no?
- ¿Qué? –parpadeó– ¡No! Solo tenemos una relación normal entre manager y representada…
- Soy muy rápida captando los sentimientos ajenos –rió– pero si lo que dices es cierto, entonces aun tengo una oportunidad. Yo no voy a rendirme –cuando el coche estuvo aparcado, se giró y la miró fijamente– no voy a rendirme contigo, Emma Swan.
[…]
El viaje de vuelta fue menos ameno. Claro está que el motivo principal fue que no se lo pasó durmiendo, así que aquellas cuatro horas en el coche deseando llegar a Nueva York y ver a Regina se le hicieron eternas. Con todo, debía admitir que el reencuentro con Neal había sido de lo más divertido. Ambas llegaron al jardín botánico, rodeadas de una marabunta de gente con pancartas en contra del cambio climático y se encontraron con el joven atado a uno de los grandes árboles del lugar. Junto a él se encontraban tanto mujeres como hombres de todas las edades, también atados. Tuvieron que contar mil historias y aclarar mil asuntos para poder sacar a su amigo de allí. Al parecer, una chica que había conocido en Dirty Cherries le había sugerido de unirse a la "causa verde" y el borracho y alelado de Neal aceptó con tal de intentar llevársela a la cama, solo que en vez de en la cama acabó en Washington y atado a un árbol. Las anécdotas de la mañana que había pasado Neal y un par de preguntas, incómodas para el gusto de la rubia, acerca de la noche que compartieron ella y Kayla fueron las que más inundaron el ambiente durante el camino.
Al llegar a Nueva York, la modelo les dejó delante del portal de su bloque de pisos, recibiendo mil y un agradecimientos por parte de su mejor amigo. Estaba claro que Neal amaba a las mujeres y que Kayla, en especial, se había ganado toda su atención. Emma, por su parte, no sabía si aquello era algo que le molestara. El joven bajó del automóvil y en cuanto la rubia se dispuso a hacer lo mismo, la modelo la agarró de la muñeca y la atrajo hacia si, depositándole un casto beso en la mejilla.
- Ya nos veremos –pronunció con una pícara sonrisa dibujada en los labios.
La despedida había sido de lo más desconcertante. Igual que la noche y el día en sí. Sin embargo, no tenía ganas de seguir pensando, solo tenía un objetivo claro: ver a Regina. Entraron en el piso, intentando hacer el menor ruido posible para no alertar a Mary Margaret, pero fue en vano. La estudiante les estaba esperando, sentada en un sillón y con los brazos cruzados: su postura favorita cuando quería dar un buen rapapolvo. Emma le dio una palmada en la espalda a Neal y, desoyendo completamente las quejas de su compañera de piso, se metió en la ducha.
El sonido del agua era el único que podía apaciguar las quejas y las excusas que tanto Mary Margaret como Neal iban compartiendo. Se alegró de no haber permanecido allí y haber "huido" hacia la ducha. Al salir, se secó el cuerpo lo más rápido que pudo con una toalla y se dio un par de pasadas de secador por el pelo. Le daba igual si quedaba un poco mojado, tenía prisa, mucha prisa. El conjunto escogido era de lo más simple, pero no había tenido tiempo a buscar nada más: jeans pitillo oscuros, camisa blanca de manga corta, algo holgada, y una parka de tela fina. Todo ello estaba combinado con unas botas marrones de cordones. Terminó de abrochárselas y salió del baño, volviendo a recibir los reproches de Mary, a los que esta respondió con un "hablamos luego, no tengo tiempo" y salió de casa.
Estaba oscureciendo y no era para menos. Con la tontería del viaje había llegado tarde a Nueva York y pese a las prisas que se había dado para arreglarse, no había conseguido salvar mucho tiempo. Se acercó al borde de la acera y alzó la mano pidiendo un taxi "así llegaré más rápido". No pasó ni un minuto y ya tenía un vehículo estacionado a su lado. Dio la dirección al conductor y se sentó a esperar. Emma apoyó la cabeza en la ventana y cerró los ojos, intentando asimilar todo lo ocurrido. Tenía que lidiar con lo que sentía por Kayla, ya que no entendía aun qué era y también tenía que hacer frente a esos sentimientos tan fuertes que tenía por Regina. Suspiró. Lo único que quería era verla.
El bloque de pisos gigantesco en el que vivía la modelo le dio la bienvenida. Entró prácticamente corriendo y cogió el ascensor. Tenía el pulso acelerado y estaba anormalmente nerviosa "calma, Emma, calma" respiró hondo y las puertas se abrieron a ambos lados. Caminó por el pasillo hasta llegar frente la puerta del piso de la modelo y, tras unos segundos previos de duda, llamó al timbre. El sonido de unos pasos acercándose la alertó, después el ruido de las llaves entrando en la cerradura. La puerta se abrió paulatinamente, dejando que quedase frente a frente con la mujer que hacía que su corazón se le acelerase a ritmos frenéticos. Regina, tan guapa como siempre, la miraba con ojos algo vacíos. Estaba vestida, lo cual ya le pareció de lo más extraño.
- ¿Puedo pasar? –no hubo respuesta, tan solo una pequeña mueca en el rostro de la modelo– ¿te pasa algo? –aquella era una pregunta estúpida, estaba claro que algo ocurría, aquella situación no era normal. De nuevo, nadie contestó– Regina, si no me das ninguna explicación no sé qué está ocurre y no sé qué pudo hacer…
- Está bien –la morena finalmente se dignó a contestarle, con un tono incendiario y lleno de rabia. Cogió lo que parecía ser una revista de la mesita del recibidor y se lo lanzó con fuerza al pecho, haciendo que la rubia lo sujetase como pudo con las manos– quizás seas tú la que quiera explicarme qué coño es esto.
- ¿El qué? –Emma parpadeó, confusa. No entendía nada de lo que estaba pasando y mucho menos entendía el por qué de ese cambio de actitud en la modelo. Apartó la revista de su pecho y se quedó mirando la portada hasta que una sensación de pánico la invadió por completo.
La revista, llamada Poisoned, ofrecía en primicia unas fotografías captadas la noche anterior en la discoteca Dirty Cherries. En ellas podían verse dos mujeres en actitud muy cariñosa, una morena absolutamente impresionante y una rubia de ojos aguamarina. El principal "escándalo" recaía en la foto que ocupaba el mayor espacio de la portada, la foto que mostraba un beso de lo más apasionado entre ambas mujeres. Todo ello venía acompañado de un gran titular que decía lo siguiente: Kayla Jones y su affaire de medianoche: ¿Quién será esa misteriosa chica?
¿Qué os ha parecido el capítulo? Me encantaría leer vuestras opiniones!
Pd: ¿Team Regina o Team Kayla? Jajajajaja #no
