Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Extra: la mejor cita
—Tengo planes— dijeron al mismo tiempo, cosa que hizo enrojecer a la chica.
—Dejemos a los tortolitos solos— se burló Marlene, guiñándoles el ojo.
Cuando los demás se fueron, Emmeline y Fabian se quedaron solo. Él la miró con una sonrisa coqueta, haciendo sonrojar a la chica.
—¿Qué esperamos? Me debes una cena— comentó alegre Prewett.
Emmeline asintió y tomándolo del brazo se desapareció rumbo a su hogar. Desde la cita que habían tenido un par de días antes, le había prometido recompensar su esfuerzo e invitarlo a cenar a su casa. En cuanto entraron por la puerta, el olor de la comida les llegó a sus fosas nasales.
Fabian se acercó al comedor, para ver la mesa servida. Había dos platos, uno frente al otro, en los cuales estaba el guisado que la chica había preparado durante la tarde. El chico miró a su novia con las cejas arqueadas.
—Ya veo que estabas segura que aceptaría la invitación— dijo con una sonrisa.
—Bu-bueno pensé…— comenzó a decir avergonzada, pero Fabian la calló con un pequeño beso.
—Vamos a probar esa delicia.
Se sentaron a la mesa y comenzaron a comer. El platillo aún seguía caliente gracias al hechizo que Emmeline le había puesto. Fabian sirvió el vino de elfo y levantó la copa para hacer un brindis.
—Para la mejor cocinera— dijo antes de apurar el trago.
La chica sonrió frente al halago, aunque le reclamó que eso no era cierto; él había cocinado mucho mejor en la primera cita. Fabian carraspeó un poco incomodo y respondió con un realmente cocinó mi hermana que a pesar de no haber sido más que un murmullo, Emmeline entendió a la perfección.
—¿Qué?— gritó fingiendo estar enfadada, pero por la sonrisa en su rostro, Fabian no le creyó — ¡No te ganaste esta deliciosa cena!
—Prometo recompensarte esta noche— le susurró al oído.
oOoOo
Cuando Emmeline se despertó, se sorprendió de ver a Fabian durmiendo plácidamente en su cama. Se recargó en el codo y se quedó observando al chico que tanto le gustaba. Tenía un rostro tan sereno mientras dormía, que no parecía que estaba luchando en una guerra. Observó los labios entreabiertos, que la noche anterior había besado con tanta pasión, la barba que comenzaba a crecer, el pequeño lunar que tenía en la base de la nariz y lo diferenciaba de Gideon, el cabello enmarañado que se le pegaba a la frente. Todas esas pequeñas cosas que la hacían enamorarse cada día más de él, cuando pensaba que no podía existir alguien tan hermoso en la tierra, a pesar de tener un gemelo, y lo afortunada que se sentía de tenerlo para ella.
Fabian se desperezó y abrió los ojos lentamente. Sonrió al atrapar a Emmeline observándolo con tanta atención y le dio un pequeño beso de buenos días.
—Te preparo un café— dijo levantándose de un salto de la cama y corriendo hacia la cocina.
La chica soltó una risita ante el comportamiento de Fabian. Desde ese momento supo que sería el hombre de su vida, solo esperaba que pudiera sobrevivir a la guerra para tener la vida que siempre soñó al lado del hombre que amaba.
