Acto VII: Al regreso
Bulma todavía tenía sueños en los que aparecía Vegeta. Aún no olvidaba su cabello extraño, su cara con forma de corazón, sus profundos ojos negros… sus manos, su piel, su voz, a pesar que hacía tanto que no la escuchaba. Aquella vez él se había marchado antes de que despertara (¿tal vez fue lo mejor?) y desde entonces no había pasado un día en que no se preguntara qué estaría haciendo, en algún lugar del vasto universo.
La muchacha estaba más expectante que de costumbre esos días, porque muy pronto la nave de Vegeta se quedaría sin baterías, y por tanto debería regresar. Aunque le preocupaba que simplemente hubiera conseguido una nueva nave con sus amigos… pero pensándolo bien, Vegeta era un desertor, así que eso no era posible. En esos momentos en que las dudas la asaltaban, le molestaba mucho ver la despreocupación de sus padres que tomaban todo con tanta ligereza (aunque por momentos envidiara eso). Además, en aquellos días su ánimo se sentía más vulnerable e irritable de lo usual.
Y finalmente el esperado regreso llegó. Lo supo con unos pocos minutos de antelación, al ver en el radar una nave fabricada por su compañía entrar a la atmósfera terrestre; tiempo suficiente para salir de su casa y verlo con sus propios ojos. La nave aterrizó; el tiempo pareció detenerse y empezaba a preocuparle que el saiyajin se encontrara en tan mal estado que le impedía salir por su propia cuenta, pero de hecho era por su propia ansiedad que cada segundo le parecía una eternidad. La puerta de la nave comenzó a bajar con inusitada lentitud y sólo cuando al fin pudo tener un vistazo del príncipe suspiró con aliviada alegría. Su ropa estaba hecha jirones, pero por lo demás se veía bien. Y la sonrisa altanera y suficiente en su rostro era un claro indicio que había obtenido buenos resultados de su entrenamiento.
- ¡Ah, mujer terrícola! –sonrió al verla- ¿Has subido de peso?
- ¡Pero qué grosero! –murmuró Bulma apretando puños y dientes. ¡No podía creer que eso fuera lo primero que le dijera al verla! El hecho de que no la llamara por su nombre pasaba a un segundo plano.
El saiyajin bajó de la nave, con aires de que el mundo le pertenecía, y caminó hacia ella sólo porque estaba en su camino hacia la casa. Se detuvo ante la mujer cuando estuvo lo suficientemente cerca para verla bien y alzó las cejas un poco sorprendido.
- Ah, ya veo que no has estado perdiendo el tiempo, huhu. –comentó- Felicitaciones. ¿Es lo que se dice en estos casos, no? –agregó, siguiendo su camino hacia la Corporación Cápsula, dándole la espalda.
Bulma se quedó sin saber qué decir, dividida entre la incredulidad y la indignación: ¿sólo eso iba a decirle? Lo que hasta hace un momento era su alegría, ahora se había convertido en rabia y frustración, por haberlo esperado tanto tiempo y obtener ese frío recibimiento.
Como estaba tan ofendida, Bulma decidió no dirigirle la palabra; pero como Vegeta estaba tan lleno de sí mismo ni siquiera lo notó. Ella pensó que era demasiado cansador seguir enojada con él, más aún si el guerrero ni se daba cuenta. Quería poder conversar con él, preguntarle cómo le fue en su viaje… habían pasado seis meses, seguro habría mucho de qué hablar. Por lo que pudo enterarse, había conseguido convertirse en eso que llamaban un Súper Saiyajin, y además con resultados más sorprendentes que Goku. Pero aún así no había dejado de entrenar ni un día, y planeaba irse de nuevo en cuanto las reparaciones de la nave estuvieran listas. Ya que ella ya no se dedicaba a esas tareas pesadas, las reparaciones y mejoras de la nave dependían totalmente del Dr. Brief, que era muy eficiente, pero mucho más disperso que su hija. Por esto el saiyajin tendría que esperar varios días para tener lista su nave. De todo esto se había enterado, pero aún preferiría que fuese Vegeta quien se lo cuente.
En eso pensaba cuando fue a hacerse una merienda. Se sirvió un vaso de leche y también quería algo de comer… pero como no sabía bien qué quería, tomó un poco de todo: frutas, queso, galletas, y una tarta de frutillas entre algunas cosas más. Se sentó a buscar algo que ver en la pequeña tv de la cocina, mientras terminaba su leche.
- Aaah… veo que al fin te estás alimentando como una persona normal –comentó la burlona voz de Vegeta que entró a la cocina, al verla rodeada de tantos platos con comida variada. -¿Aunque pensándolo bien, no es mucho para alguien de tu raza?
- ¡Pero cuál es tu problema! ¿Qué no ves que ahora debo alimentarme por dos, porque estoy cargando otra vida? –se enfadó la muchacha.
Vegeta sólo esbozó una sonrisa condescendiente, sin interrumpir su marcha hacia el refrigerador para servirse una bebida deportiva. El hombre sonreía mucho últimamente, pensó Bulma; el lado negativo de esto, era que aún el estar de buen humor no lo volvía más agradable.
Se sentó también a terminar su bebida, pero sin prestar atención ni a Bulma ni a la tele. Ella pensó que no había pasado ni siquiera un minuto, pero aún así era lo más prolongado que habían estado juntos desde que regresó a la Tierra, y no quería arruinarlo peleando otra vez. Esa era la oportunidad que había estado esperando para hablar, después de todo.
- Oye Vegeta… -comenzó Bulma, sonando ya más dulce y tranquila. –Estuve pensando en un nombre para el bebé, ¿cómo crees que deba llamarse?
- No sé, ponle el nombre que tú quieras –respondió indiferente, mientras robaba del plato de galletas de Bulma.
- Bueno… pensé que tal vez habías pensado uno… -trató de forzar la conversación, aunque después de esa respuesta tan indiferente era difícil.
- Yo qué sé ¿Y por qué me lo preguntas? Es tarea del padre ponerle nombre.
Bulma quedó atónita, con la boca ligeramente abierta, mirando al saiyajin. Se hubiera imaginado una respuesta así de una persona como Goku… ¿pero Vegeta?
Al escuchar un silencio tan denso Vegeta volvió lentamente la mirada hacia ella y la encontró mirándolo fijo, con mucha incredulidad. La galletita que acababa de llevarse a la boca se quebró y tragó lo que tenía con dificultad.
- ¡NO ME DIGAS QUE ESE HIJO ES MÍO! –se alarmó poniéndose de pie de inmediato.
- ¡NO ME DIGAS QUE APENAS TE ENTERAS! –se enfadó ella a su vez, haciendo lo mismo.
- ¡Pero cómo es posible!
- ¡YO TE DIRÉ "CÓMO" ES POSIBLE! – gritó la mujer hecha una furia.
Vegeta alzó los ojos al techo por un momento, en un intento por recordar.
- Sí… Ya recuerdo… -dijo al fin, poco convencido. –Está bien, entonces ese es mi hijo. –Volvió a tomar asiento y tomó otra galletita para reemplazar las que se le había roto, tan tranquilo como si nada hubiera pasado.
Bulma temblaba de rabia, se sentía insultada más allá de lo que podía decir: Había atesorado esa noche inolvidable y ahora descubría que su galán apenas lo recordaba como una anécdota trivial. ¡Lo veía ahí tan calmado y tenía ganas de retorcerle el pescuezo! Pero sentía cómo sus ojos se llenaban rápidamente de lágrimas y ya no podía aguantar los deseos de llorar. Para sorpresa del príncipe, le arrebató la galletita que estaba llevándose a la boca y la arrojó con rabia al piso, gritando "te odio" y saliendo furiosa de la cocina.
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Esta vez pude actualizar muy rápido ^^. Espero que les haya gustado… aunque tiene un final un poco problemático.
Quiero agradecer enormemente por los reviews y contestar mi pregunta; dicho sea de paso, la pregunta sigue abierta. No se olviden de decirme lo que piensan del fic, porque su opinión me interesa ;).
En el próximo capítulo: hay alguien que se agrega a la relación; tal vez traiga más problemas, o tal vez los acerque más y finalmente los convierta en una familia. Próximo capítulo: Trunks. No dejen de leerlo ^^/.
