Capítulo 7

Pase mi domingo encerrado en mi cuarto, dibujando, no quería salir y verle la cara a Rogelio, el animal que tiene mi madre por esposo y yo por padre.

Toda la casa, menos mi cuarto que siempre está ventilado, apesta a una revoltura entre vómito y licor blanco, A pesar de que mi madre limpia los fin de semanas, el olor nunca se va.

había manchas negras, verdes, rojas y azules por todas partes, mis pinturas ya se había agotado cuando termine de hacer mi más hermosa creación, tanto que hasta ganas me dieron de pegarla en el techo para cuando abriera los ojos en la mañana, antes de ir al instituto, ahí estuviera el, viéndome con esos hermosos ojos color verde esmeralda, que brillaban como unos enormes luceros, tenía una hermosa sonrisa, y su cabello rojo como el fuego terminaba en innumerables picos, usaba una chamarra de cuero negro que lo hacían lucir súper sexy, deje el bastidor en el caballete para que se terminara de secar y baje las escaleras a toda velocidad, para evitar encontrarme con Rogelio, entre a la cocina, la cual por suerte permanecía vacía, abrí la alacena, y tome una maruchan de pollo, ya que mi mamá no estaba y no sabía hacer nada decente para comer, le puse agua y la metí al horno 3 minutos, me senté en la barra de mármol que esta al centro de la cocina, pensaba en Axel, como me hacía sentir, enserio lo amaba, pensaba como era mi vida sin él, mis tardes solo, en mi ventana, sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien contarle mis problemas, solo escuchando los gritos de Rogelio todo el santo día, ahora con Axel veo la vida de otro modo, ahora me doy cuenta que tubo sentido lo que tuve que pasar y recorrer en mi vida porque al final él era mi recompensa, yo no soy buen católico, de hecho nunca voy a misa los domingos y la verdad es que ni me gusta, pero ahora le tengo que dar gracias a alguien, a la vida, a dios, por haberme puesto a un ángel en mi camino, que me saco de la basura en la que vivía, y me hiso ser una mejor persona, él le da color a mi vida, gracias a él me despierto todos los días con una sonrisa en la cara por haber soñado con él, el débil pitido del horno me saco de mis pensamientos sobresaltándome un poco, me baje, abrí la puerta de esté, y ya con un tenedor en mi mano volví a subir las escaleras directo a mi cuarto, cuando un olor aún más fuerte del que ya apestaba la casa inundo mis sentidos, ahí enfrente de mí, un hombre, con la barba crecida y ya con algunas canas, su camisa negra estaba desfajada y manchada de varios lados, sus pantalones rotos de los costados de las piernas, tenía varias calvas en la cabeza que sobre salían de su cabellera negra y sucia, las ojeras debajo de sus ojos lo hacían parecer un drogadicto, y aún más con el cigarro que sus labios sostenían con fuerza.

Hey tú, ¡Rodrigo!

Roxas, me llamo roxas cuantas veces te voy a tener que repetir.

Mira mocoso tu a mí no me hablas así, así que dame sopa ándale.

Pase a su lado, provocando un ardor en la nariz y lagrimeo en los ojos por la pestilencia que desprendía

-que no me estás oyendo chamaco, tu a mí no me ignoras, en ese momento un tirón de pelo fue todo lo que sentí, cuando ya estaba tirado en el suelo, y ardiendo del brazo pues había tirado la sopa y había caído en mi brazo

-¡ha!, me quema por favor grite,

- pues que eso te sirva de lección, se trepo encima de mi tomándome por los brazos para que evitara pararme,

-aaaaa déjame, me quema,

-cállate, me soltó una cachetada,

-harás lo que yo ¡ordene!, mi brazo se quemaba, el ardor bloqueaba mis movimientos, las lágrimas empezaban a correr por mis mejillas

-no llores, pareces un maricón, aguántate como los hombres, no podía creer lo que había dicho, que me aguantara como los hombres, hice un esfuerzo enorme para poder hablar y después de unos momentos pude decir

-ha no me digas, que me aguante como los hombres, si tu ni hombre eres, le pegas a una mujer, no sabes ni que tienes hijos, eres un maldito mantenido y te la pasas encerrado en el sótano bebiendo y quien sabe que otras marranadas haces,

Un golpe fue lo que recibí por respuesta, mi cuello se torcía y mi nariz que seguía un poco frágil se destrozó con esto último, me tomo por los cabellos y me saco de la casa aventándome a el jardín con una quemadura de 2do grado en mi brazo, mi nariz de seguro ya rota, un ojo hinchado y mi boca sangrando.

-seré un mantenido y lo que quieras, pero esta, es mi casa y no te per mito que me hables así niño idiota, púdrete y lárgate porque a mi casa no vuelves a entrar.

Me levante como puede, el seguía en la puerta, me di la vuelta interceptando sus ojos, ya con la camisa roja y húmeda, de tanta sangre que me había escurrido, y sin pensármelo des veces, le levante el dedo y me largue de esa pocilga, que se hace llama casa.

Camine y camine, vagando por las calles sin rumbo fijo, a donde ir, sin un techo donde dormir, ya había llegado la noche, el frio me hacía temblar, por suerte mi nariz ya había parado de sangrar, y mi ojo, se había desinflamado un poco, pero estaba mareado el piso me daba vueltas, así que decidí sentarme en la banca de un parque, pero no cualquier parque, era el que quedaba a 3 cuadras del departamento de Axel, valla sí que lo extraño, me gustaría estar ahorita a su lado, en su sofá bebiendo un chocolate caliente, pero no quería ser una molestia, así que descarte la idea rápidamente, pues ya bastante había tenido el pobre, el viernes y sábado con migo en su departamento, cuidándome cuando el que en verdad necesitaba cuidados, era el, mis ojos empezaban a ceder, mi cuello se hacía para atrás recargándose en la superficie de la banca, relajándolo un poco, mi mente estaba en blanco, de pronto Axel estaba ahí, sin camisa, lleno de cortadas en la espalda, con las muñecas encadenadas a un poste llorando, con una expresión de dolor en su cara, las gotas de sangre caían por su espalda, que ya no era más que un simple pedazo de carne roja y despellejada, ya empezando a formar un charco rojo a su alrededor, corrí hacía el, acariciándole sus hermosas mejillas, le rogaba que me dijera quien le hiso tal atrocidad, pero no me respondía, ni siquiera podía levantar su cabeza, lo estaba viendo morir frente a mis ojos, y no podía hacer nada, gritaba que me ayudaran, pero no venía nadie, hasta que sentí una presencia detrás de mí y con una pequeña esperanza voltee, ahí estaba el, con una sonrisa vengativa en su cara, manchada por la sangre que había salpicado, de la espalda de mi ángel, esto si no se lo voy a perdonar nunca, me pare dispuesto a romperle la cara cuando de pronto, abrí los ojos.

Hola chicas espero les allá gustado este capítulo, espero sus comentarios

Mely 27.