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CAPÍTULO
VII
El Susurro
Con una mirada fija y a paso lento, Kenshin llevó la yukata que Kaoru usaba para salir del baño con una toalla para que se secase el cabello, mientras pensaba; por un segundo, antes de tomar la yukata y la toalla él pensó en regresar al baño con las intenciones de abrir la puerta de una patada y saber de una vez por todas, qué tan lejos le permitiría Kaoru llegar.
Pero casi de inmediato lo rechazó, ¿en qué diablos estaba pensando?
Tocó la puerta al llegar con Kaoru y la llamó con un tono áspero:
―Kaoru. Traigo la yukata y una toalla ―informó esperando a escuchar el sonido del agua cayendo al suelo y de los pies mojados de Kaoru resonando en el frío suelo.
La puerta se abrió y para desgracia de Kenshin, lo único que pudo visualizar con nitidez fueron las manos de Kaoru salir mojadas para recibir las prendas. Estaban algo arrugadas, seguramente Kaoru las había mantenido adentro del agua todo el tiempo… al igual que el resto del cuerpo.
―Gracias ―y cerró la puerta de golpe si más.
¿Y ya?
―De nada ―dijo Kenshin con los dientes apretados tratando de mantener sus manos lejos de la puerta para evitar abrirla de un golpe como anteriormente se lo había planteado; usando gran uso de su ya desgastado control se quitó.
Miró su mano derecha y notó que estaba un poco mojada, seguramente Kaoru la empapó un poco al recibir las prendas.
El agua que ya había recorrido el cuerpo de Kaoru… un escalofrío recorrió la espalda de Kenshin; se alarmó ante la sensación, ese, ese tipo de escalofrío sólo lo recordaba de un sitio y de un momento…
»Battōsai… ¡es Battōsai! ―el recuerdo del sonido de un sable al desenvainarse hizo que Kenshin se tocase la frente.
―Iré a preparar la comida, por favor no tarde mucho.
―Claro, dame sólo un minuto ―contestó Kaoru desde adentro.
Y por fin pudo apartarse.
Se sobó las sienes hasta llegar a la cocina; no sabía exactamente qué estaba pasándole, porque no era algo mental (aunque no estaba tan seguro de eso), su propio cuerpo parecía empezar a actuar por sí solo como si poco a poco estuviese siendo… controlado por… alguien.
«Estás siendo paranoico» se dijo negando con la cabeza; quizás y debía relajarse un poco. El estrés no era bueno y ese sueño (que seguía sin recordar) no lo dejaba en paz, pero debía dejarlos de lado, no era bueno ni para él… ni para Kaoru.
A los pocos minutos en la cocina, Kenshin vio a Kaoru entrar usando una yukata rosada junto a un delgado obi*. Uno que remarcaba bien su silueta.
De pronto su garganta se resecó de pronto, y su corazón empezó a latir con mucha fuerza dentro de su pecho. Kenshin tuvo que desviar la mirada para poder evitar que Kaoru se diese cuenta de que por poco estuvo a punto de perderse en su imaginación al ver su yukata blanca, esperando a que algo pudiese transparentarse.
―Uff, realmente necesitaba ese baño ―susurró Kaoru ignorante de la actitud de Kenshin, meciendo su cabellera alborotada y húmeda de un lado a otro; sonreía tan ligera que, cuando Kenshin se dignó a mirarla a la cara, no pudo evitar sonreír también―. Gracias por haberme esperado con algo de agua caliente, realmente no sé qué haría sin ti.
Tal vez Kenshin no lo sabría jamás porque no estaba dispuesto a dejarla sola nunca más ahora que al fin sentía que todo su ser le pertenecía de nuevo a él; ya no a Yukishiro Tomoe, quien ahora seguramente habría de estar feliz junto a su primer prometido, Akira Kiyosato; ya no a su pasado, al fin las pesadillas se habían ido (lo de anoche no debía perturbarlo más) y sus sueños aunque no eran muchos, no eran infelices sino pacíficos (hasta hace unas horas); y mucho menos, ya no a sus enemigos aún vivos y dispuestos a cobrar alguna venganza, la policía se había comprometido con él y los allegados de Himura Kenshin para evitar cualquier tipo de incidente relacionado con antiguos rivales de Battōsai.
Y Kaoru al ver la mirada pasiva de Kenshin, sintió que él estaba meditando algo muy importante… tal vez algo que incluyese un anillo, imaginó soñadora, sonrojándose. Justamente como cuando le regaló esas rosas… pero en lugar de rosas, un brillante anillo… sí… sería genial.
―Kaoru, ¿te encuentras bien? ―preguntó Kenshin ladeando la cabeza, pensando que estaba enfermándose. Después de todo no era común que Kaoru se sonrojase por otros motivos; al menos no que él recordara.
La kendoka negó con la cabeza repetidas veces de forma muy rápida.
―No, no, estoy bien ―decía riendo nerviosamente, sintiendo la cara caliente―. ¿Y qué comeremos hoy?
―Lo que me pedirte ayer ―dejó que Kaoru se sentase y después puso enfrente suyo un plato de tallarines―. Es Yakisoba*.
El humo que desprendía el platillo fue una invitación a devorarlo. Y sólo tuvo que esperar a que Kenshin se sentase a su lado para empezar a comer con degustación cada fideo y cada sorbo del caldo. En repetidas ocasiones Kaoru suspiraba al terminar de beber.
―Qué delicioso ―dijo bebiendo lo último de su segundo plato. Tuvo mucha hambre.
Kenshin sonrió dándole un vaso de té. Kaoru lo aceptó gustosa y lo bebió tranquilamente; dando un gran respiro, Kaoru agradeció por la comida:
―Kami, Kenshin. Cada vez cocinas mejor ―halagó sobándose el estómago, satisfecha y con una enorme sonrisa que avalaba su oración. Kenshin recogió los platos y curvó sus labios notando con agrado, cómo Kaoru comenzaba a trenzar su cabello sobre su hombro derecho.
―Me alegra que le haya gustado ―articuló antes de dejarla ir a su habitación puesto que había tenido un largo y hastíame día. Kaoru se fue bostezando y agradeciendo nuevamente la comida y el baño.
Dejarla ir tan pronto fue duro ya que le hubiese gustado escucharla hablar sobre su día durante toda la noche; y sobre todo, quería saber si algún alumno de Maekawa intentaba hacer un movimiento extraño en dirección a Kaoru; siendo ella tan inocente tal vez no pudiese ver lo que algunos aprovechados intentaban con ella.
Y sin embargo, si algo definitivamente estaba a punto de quitarle el sueño a Kenshin, era que Battōsai permanecía callado, muy callado; y de hecho, ese hecho lo hacía sentir tranquilo desde que la batalla contra Yukishiro Enishi terminó. Pero ahora sentía algo de… miedo. Su instinto asesino y peligrosamente celoso estaba en calma y ya no se sentía amenazado con cuanto hombre se le acercase a Kaoru, pero desde la noche pasada… no podía describirlo con seguridad; algo había cambiado.
Al principio Kenshin veía a Kaoru como un extraordinario ser humano, generoso y conmovedor, aceptó vivir en su Dōjō y siempre creería que fue su mejor elección de vida; poco a poco llegó a verla como una chica de carácter fuerte y de afable compañía con la que nunca podría aburrirse o disgustarse; y entonces llegó Udō Jin'e a encender una llama que Kenshin creyó extinta con la partida de Tomoe.
Kaoru se fundió en su ser sin que él se diese cuenta. Y para cuando lo notó, ya era demasiado tarde.
Después de verla en manos de Udō, viajar por el río hasta perderse de su vista, Kenshin sintió una sensación equivalente a la de tomar agua hirviente en temporada de calor; y el verse a sí mismo, dispuesto a romper su promesa con tal de mantenerla a salvo… Kenshin se vio en un grave problema: Kaoru estaba siendo demasiado importante para él… y en tan poco tiempo.
A lo largo de su vida, con otras personas, Kenshin siempre había tenido cuidado de no involucrarse sentimentalmente con nadie que se le acercase; en un principio, cuando fue Battōsai, Kenshin se esforzaba por mantener alejados a todos los que se le acercaran porque no quería sentir compasión por nadie; y eso sólo fue un catalizador a que Tomoe se incrustara en su corazón de forma repentina y directa.
Sin embargo, 10 años después, Kenshin se reprendió a sí mismo al llegar al Dōjō Kamiya con la joven kendoka a su lado poco después del suicidio de Udō y entrar a su cuarto diciendo que estaba cansado y necesitaba dormir. Lo que necesitaba era pensar y dar por hecho que estaba cometiendo un error.
El mismo que cometió con Tomoe.
Las fantasías de una vida mejor y de la deseada compañía femenina (como la de Kaoru) estaba siendo su principal tormento durante varias noches. Battōsai aún le perseguía y con él todo lo que ese nombre conllevaba.
"No tengo ningún aprecio por el nombre Battōsai"
Y eso siempre había sido uno de sus principales lemas desde que se unió a los Ishin Shishi; incluso desde antes de encontrar a Akira y a los hermanos Yukishiro, Battōsai era el nombre que parecía recordarle el monstruo que había decidido convertirse por un futuro mejor. Diciéndole día con día (con cada persona que lo llamaba) lo que era y lo que no era: Un asesino y un ser humano.
Su humanidad se hubiese ido al carajo pero afortunadamente no fue así.
Sin embargo, en un pasado no muy lejano, por más que se lo repetía en las mañanas mientras lavaba la ropa, el antiguo Hitokiri no parecía acatar al 100% lo que se decía a sí mismo con cada vez más desesperación: Kaoru no era para él.
Y de hecho, no fue hasta que ocurrió el desastre en el Dōjō Maekawa que Kenshin tuvo que mantener cierta distancia con Kaoru.
El asunto general de Isurugi Raijūta lo distrajo por una gran cantidad de tiempo, pero una vez que el hombre fue derrotado y el joven Tsukayama Yutarō se marchó al extranjero con las intenciones de una próxima recuperación debido a la lesión que le causó el maniático aquel, Kenshin regresó a la realidad.
Y su realidad era que recordaba muy a fondo lo que le había dicho el señor Maekawa:
»Desde que Kaoru ingresó; el número de alumnos en el Dōjō se ha incrementado bastante.
El número de alumnos…
Al diablo, ¿qué número de alumnos? El número de… aprovechados.
Aquella tarde sentado abajo del porche mientras Kaoru y Yahiko se peleaban porque el niño no quería entrar a bañarse, Kenshin dedujo que los ojos de Battōsai estaban abiertos después de 10 años, y no solo eso, sino que ahora estaban puestos sobre una nueva flor inocente.
Jazmín
Ese aroma que percibió desde que la escuchó llamándolo por primera vez:
»¡Espera! ¡Battōsai el asesino! ―¿Y qué mejor nombre pudo haber escogido para atraerlo a un camino lleno de aventuras, peligros y relevaciones?
La sostuvo para salvarla, pero tal parece que Kaoru necesitaba a alguien que la salvase de él… aunque conociendo bien ese lado suyo (Battōsai), Kenshin dudaba que alguien pudiese apartarlo de Kaoru tan sencillamente sin sangrar. Para más referencias, preguntar a la jefatura de policías.
Pero, Battōsai estuvo despierto hasta que Enishi metió las manos repentinamente y cerró los ojos de ambas personalidades de la forma más cruel posible; Kenshin y Battōsai nuevamente tuvieron que enfrentarse a su realidad: hombres como él no debían jamás perpetuar una preciosa alma como la de Kaoru, y Enishi se lo dio a entender de la peor forma posible.
Recordar esa horripilante escena en el dōjō con esa muñeca supliendo a su Kaoru otra vez hacía que el estómago del ex Hitokiri se contrajera como si le hubiesen dado un puñetazo.
El flashback dentro de su cabeza hizo que se apresurase a lavar los trastes, secarlos y dejarlos en su lugar; se limpió el agua de las manos en el hakama y usando sus habilidades de Hitokiri a relucir, Kenshin se apresuró a la habitación de Kaoru.
Apenas estuvo cerca hizo uso de su extrema paciencia para abrir el shoji lentamente para no despertar a la chica, a pesar de que todo lo que quería era abrirlo de golpe y verla molesta; viendo que estaba bien y lista para arrojarle algo a la cara por despertarla y verla refunfuñar; pero no quería importunarla sabiendo que el día de Kaoru había sido muy agitado.
Apenas abrió un poco para poder mirar adentro y ver el futón de Kaoru en medio de la habitación con ella usándolo. Su rostro estaba posicionado en dirección suya y tenía la boca un poco abierta; las manos estaban metidas dentro de las colchas y el cabello trenzado estaba lejos de la cara; y concentrándose un poco más, Kenshin pudo escuchar leves ronquidos provenir de ella. Su cuerpo moviéndose debido a su tranquila respiración, casi indetectable desde su ubicación hizo que el corazón del samurái se tranquilizara y cerrase el shoji con la misma lentitud con la que lo había abierto.
Se apoyó en la pared de madera dando un suspiro de alivio y se quedó ahí por un rato para admirar las estrellas; esas que siempre lo miraban desde abajo mientras él, a veces muy intranquilo, dormía en la intemperie o adentro de alguna morada que le hubiese abierto las puertas como agradecimiento a un favor.
Ahora lo miraban adentro de una casa que no solo le había abierto las puertas por una noche, sino que le había dado la oportunidad de encontrar nuevamente un motivo para vivir al máximo. De reír y de pensar que ya era hora de descansar, de dejar los problemas de la gente, a otras manos más jóvenes y fuertes.
Chicos como Yahiko o como algunos alumnos del Dōjō Maekawa, que ansiaban continuar con el camino correcto, ayudando gente y evitando que idiotas quisieran pasarse de listos con los más débiles, eran el nuevo amanecer en esta nueva Era Meiji.
Él pertenecía a la Era Tokugawa, por lo que era un samurái que ya no era solicitado en este tiempo donde debía prevalecer la paz, así que ya era hora de tranquilizarse un poco y ver por sí mismo; y aunque eso aún no le quitaba que a veces quisiera salir del Dōjō Kamiya y tratar de ayudar a quien fuese que lo necesitara, lo aliviaba a la hora de sentirse culpable por disfrutar de la paz mientras otros sufrían allá afuera.
»Eres un estúpido ―le había dicho Seijûro Hiko, su maestro, incontables veces. Kenshin siempre vio atrás de esas palabras y siempre agradeció a su shishou* por todo lo que hizo por él.
Kenshin se separó de la pared y con mucha tranquilidad en su interior, se dispuso a regresar a su cuarto y dormir un poco ante el nuevo día que le guardaba en unas horas.
Apenas dio un paso cuando escuchó algo adentro de la habitación de Kaoru:
―¡Ahh!
El pelirrojo se detuvo y con una mirada extrañada se preguntó si había escuchado bien. De hecho, se detuvo cerca del shoji de Kaoru pero no escuchó nada más.
Tal vez fue su imaginación.
Aunque ese sonido había sido muy… curioso, un gemido o un pequeño grito…
Con las mejillas sonrojadas y con su parte moral reprendiendo a sus instintos primarios, Kenshin se fue a dormir tratando de olvidar lo que supuestamente había imaginado.
Entre lo de ayer y su sucia mente no le sería sencillo dormir hoy.
…
Adentro de la alcoba de Kaoru, la chica mantuvo horrorizada su mano derecha sobre su boca.
Eso estuvo cerca.
―Kami ―suspiró Kaoru quitándose la mano de la boca mientras que la izquierda abandonaba su entrepierna.
Apenas había tenido tiempo de… tocar un poco.
Mal momento para curiosear un pequeño detalle que le había sido revelado en una conversación diurna con Megumi el año pasado. Y peor momento para descubrir su veracidad. Pero la curiosidad le había carcomido el alma en el baño.
Cuando escuchó su shoji abrirse lentamente, Kaoru creyó que estaba soñando, pero no fue así, con lo nerviosa y paranoica que estaba, ella pudo escuchar sin ninguna distracción que Kenshin había ido a verla. ¿Pero por qué precisamente esa noche?
Te ha gustado, replicó la voz en su interior.
Kaoru estaba con una sonrisa en la cara, algo en su corazón se exaltó, Kenshin la miró y el sólo pensar en sus ojos observándola hizo que Kaoru diese un respingo.
Y mientras Kenshin la miraba, ella se quedó en una posición muy incómoda (y a la vez tan placentera) mientras escuchaba de nuevo el shoji cerrarse y posteriormente, ver la sombra de Kenshin retirándose.
Removiendo su mano cuidadosamente de su piel, Kaoru no pudo evitar que un chillido se le escapase, uno que quiso retener usando su mano derecha; ver a Kenshin deteniéndose fue terrorífico puesto que no quería que la encontrase así, no quería que la tachase de inmoral y pervertida.
Aún no era necesario.
»¿Qué haces, Kaoru? ―nada más imaginarlo diciendo eso mientras la veía recriminatoriamente hizo que todo color o calor abandonase el cuerpo de la kendoka; pero verlo irse a su habitación sin haber regresado a la suya la tranquilizó de sobremanera.
Ahora que ese asunto estaba resuelto había otro aún más importante. Unas ganas inmensas de ir al retrete llegaron en un muy mal momento.
Tratando de calmarse y de no hacer de su problema intimo más incómodo de lo que ya era, Kaoru trató de sentarse y levantarse procurando no hacer ruido, sus piernas temblaban un poco y se puso una pequeña manta encima; la noche era fría y con el sudor que había aparecido en pocos segundos bajo su cuello y frente podría enfermar.
Afortunadamente nada pasó, aunque salió como toda una loca, sintiéndose vigilada, en dirección al retrete; hizo sus necesidades (las piernas no dejaban de temblarle) y con una incómoda sensación de culpa se regresó a su cuarto con la cara increíblemente roja.
Kaoru estaba muy avergonzada. Había empezado tocándose por mera curiosidad, y había terminado imaginando un par de dedos más largos y menos suaves que lo suyos… junto a una mirada violeta menos amable observándola de cerca.
De hecho, debía admitir que en el baño, mientras se lavaba los brazos y las piernas, echó la cabeza para atrás e imaginó… algo que sólo había visto en historietas dibujadas por artistas sin trabajo, más precisamente, las que había encontrado tiradas cerca de la casa de Sanosuke una vez que estuvo ayudando a Yahiko a mudarse.
Recordar las posiciones de los cuerpos entrelazados en el papel, y después imaginarlas en ella y Kenshin, fue más que suficiente para que Kaoru suspirase mientras pasaba sus manos por todo su cuerpo.
El verdadero Kenshin estaba en la cocina, y no había nadie más que ellos dos.
Por lo que se permitió ser atrevida, en un momento de decisión y motivación impulsada por el recuerdo de esa historieta. Imaginar a Kenshin desliándole el kimono para dejarla completamente a su merced. Acariciarse desde su cintura hasta sus senos enfocando las manos que hace unos instantes le había llevado ropa nueva…
Incluso se mordió el labio al articular en su mente, palabras con la voz de Kenshin, que ella en el fondo deseaba escuchar: "Eres tan hermosa", oh sí. Ella caería a sus pies si él le decía algo como eso en la vida real.
Kaoru le dejaría tocar cada centímetro de su virginal cuerpo, ya no por una estúpida apuesta o un estúpido juramento. ¡Al diablo el apellido Kamiya! Ella quería entregarse a Kenshin porque lo amaba, porque sabía que de todos los hombres que ella había conocido, él jamás la lastimaría. Que incluso él estaba dispuesto a lastimar a cualquiera que le hiciera daño y que… sólo ella podía protegerlo a él.
No sabía en qué momento podría decírselo, pero Kaoru fantaseaba con poder abrazarlo íntimamente; deseaba poder saber qué se sentiría abrazarlo estando ambos desnudos, y no por una fantasía erótica (aunque la idea le haga sonrojar), sino porque deseaba sentir que él estaba dispuesto a mostrarse ante ella justamente como Kaoru deseaba mostrarse ante él. Sin máscaras, sin apariencias ni nada que los protegiese más que ellos mismos. Porque ella confiaba en él su vida, su alma y su corazón.
Por eso, por eso con esa revelación Kaoru decidió tocar más su cuerpo y descubrir las sensaciones que las manos de Kenshin podrían darles. Deseaba más que nada sentirlas y devolverlas. Qué dios la castigase si no aprovechaba la primera oportunidad.
Estaba más que segura de lo que estaba haciendo. Entregarse a Kenshin no sería fácil considerando su poca experiencia, pero lo intentaría, y esperaba que Kenshin la aceptase, que no retrocediese y que la acunase en sus brazos como ella deseaba acunarlo a él: con fuerza y pasión. Más que nada la haría más feliz.
Pero…
«¡Estás enferma, Kaoru!» se dijo indignada, quizás no debía tener tantas fantasías de ese estilo con Kenshin, era demasiado morboso y hasta cierto punto, ridículo.
Y con un gran sonrojo, Kaoru se fue corriendo a su habitación sin notar que Kenshin no se había ido a su cuarto sino que se había detenido nuevamente para verla salir corriendo al retrete y regresar corriendo con una mirada de culpa imposible de ocultar.
Kenshin arqueó una ceja confundido. Definitivamente, Kaoru estaba extraña, presintió el samurái sintiéndose curioso ante las acciones de ella.
Pero prefirió marcharse para intentar dormir, estaba cansado igual que ella.
…
—Eres lo más importante para mí —dijo Kenshin acariciando la mejilla de Kaoru con la mayor delicadeza a la que era capaz de llegar.
Ambos en la oscuridad de la habitación de él; ambos sólo con una sábana tapando sus cuerpos, encarándose y sin vergüenza. Mirándose a los ojos de frente.
Con el cabello cubriéndole los pezones, Kaoru tomó la mano de Kenshin y la guio en un sensual camino desde su mejilla, pasando por su cuello, hasta en medio de sus pechos. Él sintió el corazón de su amada bajo su palma y sintió una profunda calma dentro de su alma.
—Sólo tú haces que lata así. ¿Lo sabes, verdad? —Kenshin asintió tranquilo, porque lo sabía bien—, ¿pero tú crees que estaremos a salvo? Aún hay mucho por hacer.
Kenshin abrió los ojos lentamente, extrañado. Kaoru soltó su mano y él la perdió de su campo de visión.
—¿De qué hablas? —preguntó confundido. Y asustado.
Kaoru ya no estaba con él y Kenshin ya no se encontraba en el Dōjō Kamiya junto a su amada, sino en las calles oscuras del Kyoto de hace 11 años. Sin su Sakabatō, sólo con las antiguas katanas de un destajador en manos y su antiguo traje de Hitokiri. Incluso se sintió con ganas de… trabajar.
Por si eso fuese poco, en su oído escuchó una voz masculina y desconocida para él que le susurró:
"Mata"
No supo en qué momento, no supo cómo ni por qué. Pero sintió un profundo placer desenvainar sus katanas para cortar las sombras de hombres que se movían con las intenciones de matarlo a él. Cubrirse de sangre oscura y más aún, de los últimos gritos de sus víctimas hizo que Kenshin sonriese, sintiendo un profundo calor en su cuerpo.
Uno, tras otro, y otro más; ¡la sangre no dejaba de caer del cielo con cada corte!
"¡No, Kenshin!"
El último cuerpo cayó. Y para cuando alzó su mirada hacia el cielo oscuro, un pétalo de jazmín caía en su dirección.
Moviéndose de un lado otro acercándose a él.
Iba a tomarlo, acunarlo y protegerlo. Estaba seguro de eso. Él podría protegerlo, ya no tenía miedo, él mataría lo que fuese con tal de mantener ese pétalo así de puro. Así de cálido.
Cualquiera que quisiera hacerle daño, tendría que preocuparse por su integridad física.
Ven…
Ven…
Por favor… ven…
Pero al alzar su mano con la intensión de tocarlo, pero vio la sangre impresa en ella y su corazón se detuvo mientras que algo oprimía violentamente su moral.
No, no era digno de tocarlo.
No debía tocarlo, iba a hacerle daño. Él lo sabía.
El pétalo pasó por su cara manchada por gotas sangrientas cayó en el río rojo, poco a poco se fue tiñendo de un color carmesí y eso pasó, desapareció. En el momento en el que lo hizo, Kenshin sintió que algo lo jalaba hacia abajo hasta caer.
Y despertar.
―Fin de Capítulo―
Definiciones:
1.- Obi: Lo que comúnmente se conoce como "el cinturón de la yukata o kimono".
2.- Yakisoba: literalmente "tallarines fritos", son originarios de China pero hoy en día están integrados enteramente en la cocina japonesa. Y también en mi fic XD.
3.- Shishou: (Maestro) es así como Kenshin llama a Hiko en el Manga.
¡Chan, chan, channnnnnnn!
Espero que el este capítulo les haya gustado.
De aquí en adelante se aproximan los problemas de Kenshin, voy a jugar con su cabeza más y más hasta agotarlo, y también con la cordura de ustedes. Debo admitir que siento que mi cabeza está en juego también porque estoy desvelando cosas un tanto personales con las que me siento identificada con Kenshin pero nada especialmente grande XDDDDD.
Kaoru va a pasarla un poco mal pero no se preocupen, por el momento, todo bajo control XD.
Aviso que 3 historias van a ser enlazadas aquí. Supongo que ya se harán una idea de qué historias hablo ¿no? ;)
¡Ahora a contestar reviews!
Pajaritoazul: Vamos lento, pero tranquila, ya estamos entrando en calor. XD Kenshin es un poco indeciso cuando se trata de Kaoru pero como ya dije, he despertado su "descontrol" interno además de que vamos a ponerlos a ambos en aprietos XD.
Andrymchan: ¿Qué crees? Que ya he hecho ese tipo de fics y hasta el momento no me han salido nada mal XD sólo que no he escrito ese tipo de fics en este fandom, quizás lo haga en algún momento pero después de que termine este XD.
Alice Himura: Jajajaja creo que todas queremos ver a Kenshin perdiendo el control contra su oscuro invitado ¿no? XDDD pero él es fuerte y como vez aún se resiste; creo que Kaoru es como muchas chicas, que no se enteran de nada de las relaciones de pareja y cuando quiere formar una está toda desubicada puesto que no es su campo de ingenio XD pero como podemos ver, poco apoco está educándose con ayuda de las constantes peleas contra Megumi XDDDD
Lica: ¿QUÉ NO TE EXTRAÑÉ? O.O ¡Eso me ha herido! ¡En el fondo de mi kokoro! ¡No sabes la alegría que me embarga al saber de ti otra vez! Pero no querìa verme como una acosadora XDDDD Sé que vamos lento, pero como ves, poco a poco estoy pelando a este par de cebollas XDDDD
Lo del cuarto oscuro y sin ropa… ¡es tan tentador! El problema sería saber qué hacer para llevarlos ahí XDDD pero no creo que sea imposible XDDDD
En cuanto a Sano, creo que él tiene asuntos muy… muy importantes que atender antes de visitar a Kaoru y Kenshin, ¿no crees? :) Pero no te preocupes, muy pronto voy a revelar su historia también.
¿Tsubame embarazada? Mmmm buena pregunta XDDDD ¿Y si Kaoru está en sus días? Jajaja debo admitir que eso no lo había pensado, pero quién sabe, quizás sea una buena idea XDDD
Espero sorprenderte en uno de estos capítulos. ¡Qué estés bien! ¡Y no, no me olvido de ti!
P.D: el portugués me parece un idioma genial. Creo que intentaré leer fics en ese idioma pero por el momento estoy hecha bolas con el inglés. ¡Muchas gracias por tu oferta! ¡No te arrepientas cuando te pida ayuda, ¿sí?! :)
Dayenendc: Wow, ¿sabes? Siempre he querido saber si los carnavales en Brasil son como los pintan en las películas XD, honestamente siempre he querido saberlo porque se ven geniales; a veces los veo por las noticias pero hoy en día lo que más le importa a los medios de comunicación son los problemas.
¡Muchas gracias por tu review! ¡Saludos!
Krayteona: Jajaja jamás he leído un fic donde los dos personajes tienen sexo y sean viejos (en ningún fandom), voy a plantearme ese reto algún día XDDDDD ¡muchas gracias por tu comentario!
¡Chicas! ¡Ténganme paciencia! (sí, ¡más!) Tengo algo jugoso preparado, y no olviden que un fic de este estilo son como los pasteles, mientras más paciencia y dedicación se le imprima, más satisfactorio será el resultado final.
¡Qué estén bien y mándenme a una que otra de sus musas para que pueda adelantar el proceso! ¡Gracias por su apoyo y espero que al final todo esto quedé justamente como lo planeo!
¡Saludos!
JA NE! :)
